Pues aquí estoy nuevamente. Yo... Samantha Morrison, frente a una nueva pitonisa, que no hace más que confundirme, incluso superando a la anterior.
- Las cartas le mandan un aviso - decía la señora, con un turbante rojo en su cabeza y múltiples collares decorando su cuello de aspecto agitanado - se puede ver en su futuro, tres cambios importantes - ella tenía toda mi atención - una muerte, una boda y un suceso que marcará el resto de su vida.
El cinturón que mantenía mi vestido gris clásico, aferrado a mi cintura, comenzaba a ahogarme.
- ¿ Puede ser más específica ? - pregunté nerviosa.
- Entre el ocaso y el amanecer, su vida será el centro de atención de muchas personas. Tendrá que aprender a elegir mejor en quién confiar, y sobre todo, debe desconfiar de todos, incluso de aquellos que más quiera. Dinero, poder, odio y envidia, se fundirán en un solo sentido... su destrucción.
La señora hablaba y yo entendía cada vez menos.
Soy una mujer de veintiséis años y me considero, inteligente. No podría esconder mi atractivo físico aunque quisiera, el cabello rubio cenizo, los ojos grises y un figura que he tratado mantener, son atributos que saltan a la vista de todos los hombres que se me arriman, pero debo confesar que a pesar de eso, no he podido triunfar en el amor. Nadie consigue llenar mis vacíos existenciales. Tengo un negocio propio, una familia numerosa y una independencia a medias, que me siguen siendo insuficientes para ser completamente feliz, amén de que me da mucha realización personal el saberme autónoma. Sin embargo, necesité, no sabría decir porqué, que alguien me dijera algo sobre mi futuro.
Y aquí estoy, en busca de eso, que solo me ha dejado más confusa de lo que estaba.
La anterior pitonisa, dijo cosas similares y esta, comienza a asustarme.
- ¿ Puedo saber quién va a morir? - esto había sido un error, nunca debí venir.
Mi cabeza no dejaba de regañarme por ser tan mística a veces y dejarme guiar por sensaciones absurdas, que terminan liandome los sentidos.
- No logro ver esa muerte. Pero todo se resume a un deceso.
Más enfadada conmigo misma que con Bianca, por haberme traído, salí de allí, con poco más que absurdas profesías como supuestos marcadores de mi destino.
-Necesito algún otro detalle, señora. Por favor.
Me molestaba el hecho de casi que implorar por más información, pero es que no había venido hasta aquí, otra vez a las manos de una adivinadora, para que me dejara todavía más incógnitas de las que ya de por si traía.
Ella cambia la posición de las cartas y cuando me las ofrece para que escoja una, saco del paquete que separa para mi, un as de bastos.
-¡Mmm! -masculla y me mira seria -solo puedo decirle que todo lo que sucederá luego de aquella muerte, le será sorpresivo e inesperado, una persona entrará en su vida como un vendaval y no habrá nada que pueda hacer para soportar sus vientos. Deberá dejarse llevar por la brisa que este hombre le dará a su vida y no luche contra él, puede ser la solución de todos sus problemas.
Resoplo frustrada y me cruzo de brazos molesta. Esta señora solo me cuenta enigmas que rozan en las metáforas y sigo estando igual de confundida que antes de venir aquí.
La culpa es mía, por querer saber lo que está escrito, cuando de cualquier modo sucederá.
- Pero no estés molesta Samy, conmigo acertó en todo - se defendía mi prima, mientras el chófer nos llevaba a casa.
Crucé los brazos bajo mi pecho, un poco irritada la verdad. Había sido un verdadero fiasco poner mis dudas en manos de algo tan espiritual y poco confiable.
- Solo quería saber sobre mi proyecto Bia, nada más y ni siquiera lo mencionó. - le explicaba, descruzando mis piernas, indicando a Lorenzo que se detuviera en un café que teníamos a la derecha.
Bajamos del coche, y caminamos juntas hasta el sitio. Escogí una mesa que diera a la calle, a ver si mirando el mundo avanzar, conseguía dejar de sentir está presión en mi pecho.
- ¿Salimos esta noche? - mi té helado había conseguido relajarme algo y ella, toda morena y con sus ojos casi tan azules como los míos, estaba ataviada en su brownie de chocolate, para variar. Era fanática a esos dulces.
- Pero en autos separados Bia, luego tengo que sufrirte en el viaje de regreso - dije, bebiendo mi té, ese último sorbo que sabe a final.
- Tía, de verdad... Que sosa eres a veces...
No pude evitar reírme. Éramos primas, pero muy unidas, casi hermanas y nos conocíamos tanto, que podía verla venir desde lejos.
Nuestra familia era en exceso grande. Mis abuelos habían tenido cinco hijos y cada uno de ellos, tenía al menos dos hijos. Yo era sola, porque mi mellizo murió de bebé... muerte súbita.
En fin, que todos éramos demasiados.
Cuando mi abuela murió, mi abuelo exigió que nadie se fuera de la propiedad. No quería a la familia separada.
Sin embargo, el hecho de vivir en el mismo sitio, no es necesariamente sinónimo de unión familiar. Tiende a ser todo lo contrario.
Total, que todos vivíamos en una enorme villa. Cada cual en sus bungalows, pero era una propiedad conjunta de la familia Morrison.
Yo tenía mi casa sola, hacía dos años había dejado la de mis padres y había montado mi propio negocio de bienes raíces, cosa que no terminaba de crecer, como yo quería. Sentía que el mundo conspiraba en mi contra y que nada salía tan bien como quería o trabajaba por lograrlo. Eran como resultados a medias o proyectos inconclusos por fuerzas del universo, prefería pensar para no sentirme una fracasada.
Justo por eso, me interesaba la opinión de una futurista, para saber si era en vano mi esfuerzo. Yo quería hacer mi propia fortuna, lejos de la riqueza de mi apellido. Era tan incómodo vivir a expensas de las carteras de otros. Me hacía sentir una oportunista. Alguien que tenía ciertas ventajas porque vivía de prestado en otra billetera. Eso me reportaba una independencia a medias.
Entre Bianca y yo, habíamos decidido hacía mucho, montar un negocio, sin que nadie lo supiera.
Ella compró un Palacete y se dedica a preparar bodas y bautizos, mientras yo, tengo mi empresa en ascenso, pero no logramos despegar del todo, ninguna de las dos.
- Esta noche - decía Bia - tu y yo, sexys en una fiesta privada, ya tengo invitaciones - que intensa era. Por no decir agotadora.
Ya había localizado un bochinche en algún lado y me tenía incluída.
- Pero en autos separados - yo insistí, mientras regresábamos a casa y ella resoplaba por mi tozudes.
No me apetecía nada salir, pero tampoco iba a negarme un poco de marcha. Quedarme en casa significaría, helado y más vueltas a mi cabeza, acerca del misterioso futuro.
En la propiedad estaban casi todos de viaje.
Unas inversiones del abuelo habían dado ciertos frutos y mis padres, mis tíos los papás de Bianca y mis primos, Caleb y Zach, también habían viajado para gestionar esa parte de la fortuna.
Solo mis tíos, los que menos soportaba y mi primo Owen, estaban en casa. No es que fueran malos, pero eran menos empáticos y más ambiciosos y eso, lo detestaba. Además del hecho de ser, los causantes de que mi tía Salime no estuviera nunca en la propiedad. Era la única divorciada de la familia y por celos entre mi tía Karla y ella, por el tío Manu, ella pasaba más tiempo en París con su hijo Coleen, que aquí con nosotros. Era mi tía favorita y mi primo adorado, pero nunca los veía. Yo no era muy de viajar y ellos preferían estar por allá.
- ¿Dónde van mis niñas? - preguntó él abuelo, nada más sentarnos a cenar.
- Vamos buscando guerra abuelo - dijo Bianca divertida y el nos sonrió extraño.
- Cuidense mucho entre las dos. Nunca dejen de apoyarse - ni siquiera protestó por los comentarios de mis tíos, que tanta mala idea le ponían a todo.
Había que comer todos juntos. Mis abuelos así lo habían dispuesto siempre y aunque podía ser un poco pesado para muchos, era el único momento en que todos compartían con el abuelo.
Dos horas después, y varios mojitos incluidos, yo estaba haciendo nada, en la bendita fiesta a la que Bianca me había arrastrado. Sinceramente, estaba arrepentida.
Solo me bastó, buscar con la vista a mi prima, para verla subir hacia una de las habitaciones, con Marcos, su amor prohibido. Un tío a punto de casarse y del que ella, no terminaba de librarse. No tenían remedio ninguno.
Como si eso fuera poco para desanimarme, veo a lo lejos a mi ex, que venía hacia mí, con cara de pocos amigos y esa fue mi señal.
Salí de allí y no me eché a correr de milagro.
Él era demasiado posesivo y esa, había sido la razón de nuestra ruptura y de todos nuestros problemas. Aún después de meses de no estar juntos, dónde quiera que me veía, me montaba una escena de celos y era agotador. Podía llegar a ponerse violento, aunque nunca me maltrató físicamente, alguna que otra vez se le fue la olla y tuvimos movidas épicas.
Hoy no era la noche para lidiar con Allan.
Cuando me subí al auto y le indiqué a Lorenzo que me llevara a casa, noté que no tenía mi móvil. Lo había dejado en el bolso de Bia, no quise traer nada que tuviera que cargar y ahora no tenía cómo avisarle que me había ido.
Le pedí a mi chófer que llamara al suyo y le informara a mi prima y luego de eso, nos fuimos a casa.
Me dormí en el trayecto, estaba agotada, bebida y me sentí de pronto tan relajada en el interior del coche que me dejé llevar por Morfeo, aunque fuese poco tiempo.
Cuando me despertó Lorenzo para que bajara, estábamos en la rampa de mi zona de la villa y mirando hacia mi casa, noté todo demasiado oscuro en mi bungalow.
Quizá era la somnolencia.
Tuve que dar la vuelta hasta la parte de atrás para entrar por la puerta de mi piscina, pues no tenía llaves y aunque en la entrada los de seguridad podían abrirme no iba a ir hasta allá.
La puerta de la piscina siempre estaba abierta.
Solo necesitaba acostarme. Estaba esperando que este día, acabara ya.
Al dar la vuelta, noto, que mi piscina está a oscuras. Siempre dejaba las bolas del suelo encendidas. Fuí hasta donde se enciende la luz y tropecé con algo, que me hizo perder el equilibrio y caer.
De pronto, sentí algo húmedo en mis manos y viscoso. Las luces se encendieron finalmente, no supe cómo y alumbraron todo, mis gritos hicieron eco en la propiedad y mi peor y primera profesía se hacía realidad...
Estaba sobre el cadáver de mi abuelo y con las manos llenas de su sangre.
Los guardias de la propiedad, que momentos antes no habían aparecido, los mismos que tampoco habían estado al tanto de la oscuridad en mi bungalow, vinieron como en manada y me levantaron del suelo. Cuatro de ellos, aunque solo dos me sostuvieron, los otros miraban horrorizados la escena.
Yo temblaba, lloraba y me convulsionaba sobre Roman, el guardia de mi abuelo, el más cercano conmigo. Ya tenía sus años pero seguía siendo protector.
El acariciaba mi espalda con cariño y evitaba que yo siguiera viendo, como la sangre coloreaba el suelo de mi piscina, en el que yacía mi adorado abuelo, ahora muerto. Él era el guardia de mayor confianza para todos. Y después estaban los demás. Unos mejores que otros.
Todos cumplían un rol que yo ignoraba.
De un momento a otro, cada uno tomó una conducta distinta y así, repartían el trabajo que tenían de imprevisto.
Unos llamaban una absurda ambulancia, que ya no tenía sentido alguno, pues al abuelo no vivía. Otros a la policía y Roman cuidaba de mí.
No supe cuando ni cómo. Solo sé, que minutos después, me ví en el salón de la casa principal siendo interogada por la policía, que aseguraba que mi abuelo, había sido asfixiado con alguna cuerda que no habían encontrado. Las huellas que allí debían estar, no podían ser identificadas, pues el arma homicida no aparecía.
La sangre en mis manos y en mi ropa, se veía sospechoso según ellos y ya les había explicado, que me tropecé y caí sobre mi abuelo.
Me parecía casi una falta de respeto, que sugirieran algo así, ignorando el dolor que me quemaba por dentro.
Mis tíos Manu y Karla, habían aparecido después y la tía no podía dejar de llorar... Su padre había muerto.
Su marido la consolaba, sentados en el sofá más apartado de la sala y aparte de ellos, nadie más, había aparecido.
Por más que llamaron a Bianca, no respondió. Hacía tiempo ya, había borrado el contacto de Marcos, por lo que no podía usarlo a él para dar con ella. Tocaba esperar.
La llamada con mis padres fue dolorosa. No podía hablar casi y mi papá estaba destruido por la situación del abuelo y por lo peligroso que podía ser todo. Incluso preocupado por mi seguridad y la de mi bungalow.
Alguien había entrado en una propiedad tan custodiada y matado a sangre fría a mi abuelo.
Habían cortado la luz de mi casa y burlado los guardias de la propiedad, incluso lo perros habían sido controlados de alguna manera, pues estaban sueltos y ni siquiera habían ladrado.
¿Cómo había sido posible eso?...
Pues con bastante tiempo de por medio.
Eso era algo, que descubriríamos después.
No habían querido llevar la contraria a mi abuelo y supuestamente, mi tío Manu, se ocupó de todo el tema de cremación y velatorio de las cenizas del abuelo. Justo como él lo dejó ordenado. No sabía en qué documentos. Pero no podía ni quería saber esos detalles ahora. No era el momento y luego no tendría ninguna lógica. Ya estaba hecho.
Éramos una familia demasiado conocida y aunque tratábamos de evitar a la prensa, en un caso como este, se hizo difícil. Se nos llenó la calle de reporteros.
Mi vestido negro, mis botas grises y mis espejuelos de sol, grandes y oscuros, definían mi tristeza y mi luto. El dolor no podía verse, pero mi expresión corporal lo dibujaba bastante bien.
Decidieron hacer la ceremonia en uno de los jardines traseros de la casa y allí estaba yo... Sentada en la primera fila, sin poder dejar de ver las dos gigantografías de mi abuelo, que acompañaban la base alta de madera oscura, dónde roposaba la urna con las cenizas.
Verlo reducido a aquel polvo me partía el alma.
Horas después, muchas hipócritas condolencias mas tarde y con una desolación incontrolable, subí al podio improvisado para despedir a mi abuelo y como pude, expresé toda mi admiración por aquel ser que tanto amé y que tanto me quiso.
Ese fue, el final de una era, me atrevo a decir... Lo que vino después de eso, fue mucho más que lágrimas.
Cuando alguien tan querido muere, esperas que el dolor te acompañe un tiempo, hasta que aprendas a lidiar con él.
En mi familia no había sido así.
Todos una vez que se cerraron las puertas de la propiedad, la prensa se retiró y el abuelo fue llevado hacia el cementerio a descansar al lado de la abuela, hicieron punto y aparte y salvo mi padre y la tía Salime que había llegado de París con urgencia y se veía devastada, el resto continuó como siempre. No sé cómo lo hicieron; pero lo lograron.
Habían pasado dos días ya.
Ni me quitaba la bata de dormir, porque no salía de mi casa, de mi cama y de mi pena.
Solo Coolen, mi primo amado, pasaba sus horas conmigo. El estaba menos afectado, pero me acompañó en mi dolor. Pasábamos horas hablando del abuelo o recordando la infancia que nos dió y eso, me hacía sentir que seguía cerca. Los recuerdos son vivencias a cualquier instancia y están disponibles en cualquier momento que los quieras volver a vivir.
- Tenemos que ir a la casa principal Sammy, van a leer el testamento y el notario llega en dos horas con la desición del abuelo - mi primo, me revolvía en el colchón para que me levantara.
- No quiero, ve tú y me cuentas - dije, desde abajo de mi almohada. Tapando mi cuerpo con capas de seda roja, ocultando mi hastío por la situación.
- Sabes que eso no es posible. ¡Venga!...
Fue tanta su motivación, y tanta la molesta insistencia, que al final claudiqué.
El sabía ser persuasivo.
Me metí a la ducha, aseé mi cuerpo y lavé incluso mi pelo rubio cenizo. Hasta mi cabello se veía apagado y triste. Toda yo era un reflejo de mi dolor.
Tomamos un café en mi cocina y cuando estuve lista, otra vez de negro y con el pelo seco y recogido y mis ojos azules menos rojos por el logrado control del llanto, nos fuimos a la casa principal, a leer el maldito testamento.
- Hola familia - dijo Coolen con su característico buen carácter y entramos siendo saludados por todos. Yo no dije nada, no tenía el ánimo y tampoco consideré que fuera necesario.
Como éramos tantos, no cabíamos en el despacho. Habían sacado una mesa para el salón y todos nos acomodamos esperando a que leyeran el dichoso testamento.
No podría contaros como fue todo aquello. Aunque quisiera no podría, porque fue tan grande lo que sucedió allí, que solo puedo decir, que el dinero es algo, que controla los sentimientos. Que motiva los pecados capitales y corrompe las almas más limpias. El dinero es algo tan tóxico, que ni siquiera vemos cuán intoxicados estamos, hasta que se nos tranca la glotis y morimos de asfixia... Metafóricamente hablando, claro está.
Cuando se trata de dinero, la humanidad desaparece o merma bastante. Las personas olvidan que son familia o seres queridos y empieza la lucha por el poder.
Increíblemente, mi abuelo había destinado toda su fortuna, que era muchísima, solamente a mí.
Todas y cada una de las propiedades, me pertenecían y nadie podía mover un dedo sin mi consentimiento. Estaba en shock.
- ¿Perdón? - aquella expresión salió de mi boca, y más de uno me miró con recelo y envidia - eso no puede ser. Lea bien, tiene que haber algún error.
- Su abuelo cambio su testamento hace dos meses, señorita y este es el que está validado y el que es efectivo ahora mismo. Usted es la heredera universal de todo el patrimonio Morrison - confirmó el notario y no supe ni como reaccionar.
Todas las miradas sobre mí. Todo el odio reflejado en rostros envidiosos, innecesariamente, me veían a mí. Nadie, ni siquiera yo, entendía como podía haber hecho algo así el abuelo. Estábamos poderosamente asombrados.
- Pues la rechazo. No quiero nada. ¿Quien es el siguiente heredero?
Aquella pregunta llevó al caos total.
Todos empezaron a discutir, sin ningún cuidado.
Muchos me acusaban de mosquita muerta. Mis padres me defendían como fieras. Otros estaban descolocados y exigían una explicación.
Bianca y Coolen, afirmaban que tenía que recibir la herencia, que era lo que dispuso el abuelo y no podía negarme. Todos habían armado una escandalosa situación, de la que solo salimos, cuando un intruso, ajeno a la familia, dió los buenos días.
Rubio, de traje oscuro, gafas negras, boca sexy. Ojos oscuros y penetrantes. Manos viriles y labios carnosos. Todo un misterio y potente aspecto, acompañaba al rubio que dejando las manos dentro de sus bolsillos, se acercó al notario y le dió la mano. A modo de saludo.
- Soy Aarón Stanley, albacea y heredero universal del señor Edmund Morrison...
Aquello ya fue, lo que casi nos provoca un infarto masivo y en colectivo.
Ni siquiera pudimos salir de aquel estado, cuando el notario prosiguió...
- Por orden testamentaria, todo este patrimonio será manejado, solamente por los señores Aarón Stanley y mi nieta Samantha Morrison, después de contraer nupcias y bajo el apellido Morrison, que el señor Aarón aceptará adoptar. Deberan casarse a las setenta y dos horas de mi muerte y desde ahí, gobernar el imperio Morrison. De no estar de acuerdo, todo será donado al gobierno y deberan abandonar las propiedades hoy mismo - estaba a punto de gritar y el siguió - el señor Edmund dijo lo siguiente... « No tengo porque explicar lo que he hecho con mi fortuna, pero espero que un día entiendan mi postura. Confía en mí, Sammy»
Aquellas fueron las palabras que cerraron el testamento de mi abuelo.
Silencio total. Nadie decía nada y todos se miraban entre sí.
Bien podía largarme y alquilar un estudio para vivir y seguir con mi negocio, pequeño pero mío, al margen de mi familia y toda esta locura,¿Pero qué clase de persona sería si hiciera eso?
Mi abuelo siempre fue alguien sensato y no creo,que hubiese hecho algo así, de la nada.
Sus últimas palabras me convencieron. Aquel, confía en mí Sammy, me hizo suya.
A partir de aquel momento, dejé de ser mía, para pertenecerle a otro. Eso sería algo, que descubriría mucho, mucho tiempo después.
- ¡Supongo que tenemos que asistir a una boda!
Todos me miraron cuando me levanté y dije aquellas palabras y Bianca sonreía, supongo que por ser quien organizaría todo o por el tremendo rubio, que se acercó a mí y tomándome una mano, besó mis nudillos y dijo...
- Sí...quiero.
2
A pesar de estar un poco en shock por lo que había oído, por lo que había dicho y por lo que veía, no pude negarme a aceptar.
Todo a mi alrededor parecía no existir por la fija mirada que me dedicaba mi prometido impostado.
Aquello era un sin sentido al que había que darle sentido, valga la redundancia pero; lo haríamos en otro momento porque en ese momento yo necesitaba espacio.
Retiré mi mano de entre la suya, un poco brusca debo decir, y salí de allí dando un portazo.
Sentí que me seguía alguien, no quería ni saber quién.
No tiré la puerta al salir, que era mi intención pero no miré atrás tampoco, simplemente me fuí de allí y no me detuve hasta mi bungalow. Atravesé los jardines casi corriendo y sintiendo como mis pies se esforzaban en aguantar mi ritmo hasta que llegué a mi casa.
Pero justo cuando estaba entrando, ya tenía la mano en el picaporte, sentí que tiraron de mi brazo y me detuvieron en la entrada.
- ¿Te has vuelto loca? - mi primo Coleen era quién me había seguido y estaba más que molesto. Se le veía desde lejos. Y más, teniéndolo tan cerca. Sus ojos inyectados en sangre, casi asustaban y le podía ver resoplando molesto.
Me solté de su agarre y me giré para abrir la puerta, me detuve del otro lado, dándole acceso a mi bungalow.
- Entra y siéntate - le dije y entró.
Cerré la puerta y le hice una seña para que se callara, pues él iba a empezar a hablar ya y yo necesitaba un trago. Me obedeció y nos fuimos directo a mi bar.
Me preparaba un martini mientras él exigía un ron cola.
Estaba sentado en el otro lado de la barra, esperando su bebida que yo preparaba con destreza.
Le ofrecí el trago. Me bebí el primer sorbo del mío y dando la vuelta, metiéndome entre sus piernas, que colgaban abiertas sobre la banqueta, dejé mi trago en la barra que diseñaba mi bar y le dije con gesto inquisitivo...
- ¿Que se supone que puedo hacer? - puse mis manos en sus muslos, él levantó las cejas y se apoyó con sus manos en mi cintura y nos retamos con la mirada - no me mires así, sabes que nunca dejaría de obedecer un orden del abuelo y por raro que parezca, ese hombre no va a adueñarse de la fortuna de toda mi familia y la tuya, si en mis manos está el evitarlo.
Le había dicho aquello, tratando de que entendiera mi punto y a su vez, tratando de entenderlo yo misma. Es que era muy surrealista todo.
- Lo sé Sammy, ¿Pero sabes lo que significa un matrimonio, casarte, por cuánto tiempo, bajo que reglas, con qué finalidad? Es que puedo seguir mencionando interrogantes con pocas respuestas cariño, esto no lo veo y a ese tío, terminaré matándolo si te lastima. No sabes ni quién es, cómo es, que demonios puede arrastrar por su vida y en menos de veinticuatro horas, serás su mujer cariño... Es una locura y lo sabes.
Si es verdad que lo sabía. Todas esas preguntas me las había estado haciendo en mi camino hacia acá; pero había pocas respuestas.
Apoyé mi frente en su pecho. Tenía tanta razón que asustaba. Me besó la coronilla y una voz, rompió el momento íntimo que compartíamos.
- Si no te importa, quiero hablar con mi mujer.
Los dos enderezamos nuestras posturas y observamos al intruso.
Aquel hombre, con las manos en los bolsillos y con porte elegante, pero amenazante, nos miraba como enojado.
- No es tu mujer y te aseguro que si de mí depende, nunca lo será - mi primo se levantó y lo encaró.
Tuve que ponerme en medio de aquellos dos hombres que parecían querer comerse con las miradas.
- Ni depende de tí - dijo mi futuro esposo - ni tu opinión cuenta. Ella es mí mujer, mañana firmará un papel que lo confirme, pero desde ya - la arrogancia de aquel hombre me estaba sacando de quicio - es mía y de nadie más. Completamente mía y si no sabes gestionar eso, deberías ir ensayando porque así será de ahora en mucho más.
Casi tuve que correr por delante de mi primo para que no se enfrentaran a los golpes, los dos.
Se había parado de la banqueta dejándome a un lado y ya iba directo hacia el rubio. Lo tomé del brazo y me puse con apuro delante de su cuerpo, que me obligó a presionar con violencia su pecho y empujarlo un poco hacia atrás. Derrapé un poco en el suelo de mármol negro de mi casa.
La fuerza que hacía, para detener a Coleen, era muy grande. Y el otro troglodita, hacía gestos de superioridad, que me estaban pidiendo a gritos, que le diera un patada en el culo y lo sacara de allí. Pero el maldito destino de mi familia y mi abuelo con su locura, me lo impedían.
- Tranquilo nene, todo va a estar bien, hablaré con él y nos vemos en un rato, vamos a la playa ¿Vale? - sabía que decirle nene, sería un calmante. Le sostuve el rostro y conseguí que me mirara a mí.
Desde siempre tuvimos un cariño especial juntos y él adoraba que lo llamara nene. Yo me rehusaba y él peleaba conmigo, por eso sabía que esa palabra ahora mismo, lo calmaría.
- No voy a dejarte sola con él Sammy - mi primo tomó mi rostro entre sus manos y besó mi nariz.
Le hice un ademán de asentimiento queriendo decirle que todo estaría bien, que sabría manejarlo y que no quedaba más remedio que hacerlo. Sin embargo nuevamente el intruso se involucró en mis planes.
- Estará sola conmigo y en mi cama durante muchas horas en las que te aseguro que tú no estarás.
Aquel hombre no me lo ponía fácil y ya me estaba mosqueando.
- ¿Quieres callarte de una vez? - le exigí, luchando con Coleen, poniendo gesto molesto y empujano a mi primo hacia la puerta, sacándolo de mi casa, bajo la mirada molesta de mi prometido.
Maldito destino.
- No quiero pero puedo hacerlo, aquí te espero - contestó sentándose en mi sofá, dejando caer su cuerpo con confianza y colocando las manos extendidas atrevidamente sobre el respaldo del mismo. Cruzó los pies a la altura de sus tobillos y se sonrió sardónico.
Cuando por fin logré sacar a mi primo, Bianca vino en mi ayuda.
Ella nos había visto desde la callesita que comunicaba las casas. Evidentemente iba a la suya y se nos acercó.
- Samantha, es una mala idea. No quiero que estés sola con él. No me fío - dijo repetitivamente mi primo.
Bia que ya estaba a su lado, empezó a tirar de su brazo pero Coolen no cedía. Su pelo castaño estaba húmedo de sudor y sus ojos grises se veían furiosos.
- No tengo más opción Coleen, piensa que es desición del abuelo. El no me pondría en peligro. Tengo que saber qué lo motivó a hacer algo así y hasta dónde, estaré empeñando mi vida. No tengo opción. Estaré con este hombre más de una vez a solas y eso, no puedo evitarlo. Confía en mí. Hablamos luego.
Le hice una seña a Bia y ella se llevó a nuestro primo, dejando ver por detrás de ambos, como una gran parte de la familia, se sentaba en el jardín del bungalow del abuelo, supongo que a analizar la novedosa situación.
Desde mi casa se veían todos muy calmados y conciliadores. Claro, era muy cómodo para ellos. La situación compleja la tenía yo y eso, que todavía no sabía bien de que iría todo aquello.
Respiré hondo, me calmé un poco y alisando la falda de mi vestido, entré a mi casa, siendo recibida por la arrogancia hecha hombre.
- No quiero que vuelvas a hablar así de mí, no soy tuya, ni tu mío ni nada por el estilo, así que marquemos las distancias desde el principio o esto no va a salir bien - fue lo primero que escupí nada más volver a verlo y al tiempo que cerraba la puerta.
- ¿En serio te parece que algo tan banal como eso, frente a todo lo que tenemos por delante, es lo más importante para empezar? - era irritante a la par que sensual su voz.
Cinco malditos minutos en mi vida y ya me la estaba haciendo de cuadritos.
Decidí ignorar su pregunta.
- ¿Por qué aceptas algo como esto? - sinceramente, no entendía como podía casarse, así, de la nada, con alguien a quien no ama. Ni conoce ni nada de nada.
Sin embargo su respuesta fue tan sincera que me dejó estupefacta.
- Soy el heredero universal de una fortuna billonaria, me caso con una mujer bellísima,joven e inteligente, viviré en un chalet de la hostia, tendré muchísimo poder, ostentaré un apellido de élite, siendo yo, el principal portador del mismo y encima, todos me harán la pelota por tener mi apoyo y un poco de mi dinero ... La pregunta correcta es,¿Por qué no lo haría?
Mencionó todo aquello con obviedad. Incluso su lenguaje corporal gritaba a todo pulmón lo evidente de su razón y lo absurda si se quiere, de mi pregunta.
La verdad tenía su punto , pero no me dejaría convencer así como así.
Me senté frente a él, cruzando mis piernas sin que pudiese despegar su mirada de ellas haciéndome sentir sexy y con cierto poder femenino en ese sentido y le dije, inclinándome hacia el...
- Eso no me convence. Falta mucho más en tus intereses que no me has dicho - no podía rendirme tan fácilmente. Quería mucho más de su notoria sinceridad.
- Ni tengo porque hacerlo - y ahí volvía a estar su conducta práctica y verdadera.
- ¿Estaremos todo el tiempo así, desconfiando el uno del otro? - pregunté irritada.
También era una pregunta lógica, pues sería bastante tiempo el que pasaríamos juntos como para encima tener que lidiar con una permanente desconfianza.
Sintiéndome agotada en el poco tiempo que llevábamos discutiendo las primeras pautas de nuestro futuro en común, decidí concedernos unos minutos de silencio.
Fuí a por mí trago y el vino detrás de mí, con una confianza admirable la verdad. Era un tío muy suelto.
- Probablemente - repitió, sirviéndose un vodka seco, pasando por encima de mí, obligandome a darle cierto espacio de movimientos para alcanzar la botella y posteriormente lo observé por unos segundos beber un trago - tenemos que hablar de otras cosas, como por ejemplo - bebió otro poco y dijo - de sexo. ¿Cuántas veces al día te gustaría que te follara?
Casi derramo mi trago. Estaba justo sirviéndomelo cuando soltó aquella frescura. Lo miré con la boca abierta, porque no podía creer lo que había dicho. Ya que fuera demasiado intenso, podía entenderlo. Tampoco es que tuviéramos toda la vida por delante, dada la situación apremiante en la que estábamos.
Pero que su pregunta, de tantas que podíamos reunir, fuera aquella, me parecía flipante la verdad.
- ¿No estarás hablando en serio? - le dije cuando salí de mi estado de estupefacción y conseguí proyectar mi voz.
- Suelo ser una persona seria - dió la vuelta por el bar y se detuvo frente a mí desde el otro lado, recostó su cadera contra la barra, cruzó sus brazos, miró mis ojos bajando un poco su cuerpo a mi altura y me dijo, como si yo fuera una idiota que no sabía procesar información clasificada, por decirlo de alguna manera - dime Samantha,¿Cuántas veces al día querrás que te folle?
Yo es que lo miraba, y no me lo podía creer. Seguía pensando que su pregunta era algún tipo de broma negra que no pasaría a mayor interés que el de molestarme.
¿En serio había preguntado lo que creo que había preguntado?
- Tú ninguna - le dije escueta como tirando a mierda lo que se veía, quería demostrar. No podía dejar que notara lo mucho que me había afectado su pregunta.
En el fondo era una buena pregunta, pues éramos jóvenes y era un hecho que necesitaríamos una vida sexual, pero su manera de gestionar la pregunta era el verdadero problema y la razón de mi conducta asombrada.
- Ohh muñeca - me hizo gracia el mote, pero me molestó su sonrisita presuntuosa - me encantará restregartelo cuando cambies de opinión - me puse sería y cuadré los hombros para poner peso a la futura conversación, pero mi postura hizo que mis pechos se levantaran y salieran hacia adelante, atrayendo su mirada y dijo con sorna - o restregartelo, básicamente.
- Mira basta ya - puse un tono más imperativo y duro, el arqueó una ceja y yo traté bde controlar una rosa nerviosa, cosa que conseguí - quiero que me digas que pretendes casándote conmigo, además del dinero claramente y ni se te ocurra hablar de sexo porque no pasará.
Él, con elegancia y refinamiento, cambió su postura y se encaminó conmigo detrás hacia la sala nuevamente. Tomamos los anteriores puestos y bebió nuevamente antes de dejar el vaso sobre la mesita de centro, se apoyó en sus rodillas con sus codos y entrelazando los dedos me dijo, mirándome fijamente...
- Seré breve - apuntó con sagacidad - no te quiero con ningún otro que no sea yo - ambos nos mirábamos intensamente, demasiado diría yo,como con ganas de matarnos - no me interesa nada de tu familia, nada de tu dinero, no me interesas ni tú, pero no soy ningún imbécil que de cara al mundo es un cornudo. Así que en tu vida, el único hombre soy yo y ningún otro.¿Me he expresado con claridad?...
Sentía y sabía desde ese instante, que nuestro matrimonio sería duro, porque este tipo tenía más misterios que yo bragas en mi gaveta.
Su chulería para hablar conmigo batallaba bastante con su postura de macho dominante y eso a mí, me ponía de los nervios... Pero en el sentido de cabreo.
Ni antes, ni ahora ni más adelante, permito que nadie me diga lo que puedo o no hacer más allá del abuelo que ya no está y él, solo me dió las mejores opciones ante la vida y es por eso y casi que solo por eso, que me voy a casar mañana con este hombre tan visiblemente cretino, que tengo justo delante.
Me acomodé sobre el mueble, sin perder su atención en cada gesto que hacía y le rebatí...
- Ya que tienes todo tan bien pensado, asumo - le hice un gesto de obviedad - que habrás analizado el simple pero importante hecho, de que somos dos adultos, sexualmente activos y que en algunos momentos necesitaremos intimar, no precisamente entre nosotros debo aclarar - me miró activando las comisuras de sus labios en una media sonrisa. Le gustaba este tema al idiota.
Un orgasmo. Eso era el placer que me estaba produciendo verlo perdido en mi argumento.
- ¿Te refieres a qué haremos cuando querramos echar un polvo? - preguntó él muy cansino siendo grosero y negué para él que levantó lo hombros como diciendo... ¿Qué?
- No hace falta que seas soez - le regañé y pestañó rápido - pero sí, eso básicamente pregunto.
- Iremos juntos a un sitio a pasar la noche con gente de muchos gustos y seguro encontraremos con quién divertirnos algunas veces y sin peligro de exposición, pues allí firmamos contratos de confidencialidad antes de entrar - ahora sí la íbamos a liar. Sabía por dónde venía y estaba a nada de darle un trompón.
Me incliné hacia adelante y dejé que viera mi escote porque mi pregunta importaba muchísimo más.
- ¡¿Me estás proponiendo ir a un club de sexo?! - me terminé parando frente a él, completamente insultada y el tío seguía sentado en su misma postura haciendo gestialidad de queja por el alto tono de mi voz.
- Yo no te estoy proponiendo nada. Ni matrimonio ni ninguna otra cosa. Yo solo te digo como haremos las cosas y ofrezco soluciones - se levantó también y poniéndose delante de mí dijo - que tú te escandalices por todo y seas incapaz de razonar con frialdad y objetividad, no es mi culpa. Tenemos un asunto en común y una vida conyugal por delante en la que tú te has negado a qué te dé placer y solo quieres consumir, los problemas cotidianos, pues yo te doy la solución a cada cosa que propones. Si tú escoges otros caminos, por favor no me hagas responsable después.
Estábamos muy cerca. Casi gritandonos a la cara y era el primer día de los dos para todo. El primer día de conocernos, el primero de hablar, de nuestra vida en común y el primero de discutir. Así como el de muchas otras cosas.
- No seas demagogo, que detesto eso - le espeté furiosa y tratando de controlar mis ganas de abofetearlo. Pero no evité señalarlo como un dedo.
- No es demagogia, es simplemente que estoy matizando para tí - jugó con un mechón de mi pelo y se lo quité de las manos viendo como hablaba mirando mis labios con deseo - que eres... - se quedó callado por un momento y nos miramos a los ojos, como esperando a que el otro cerrara el tema - eres demasiado bella. Si soy sincero. Es demasiado.
Y diciendo esto, que evidentemente no era algo que le daba gusto compartir conmigo ni era tampoco algo que había planeado decir, salió de la casa como mismo entró, sin hacer sonido alguno, ni dejar claro a qué había venido en realidad.
Ni dos segundos después de haberse ido, entró Bianca y me dijo, abriendo los ojos mientras miraba mi postura lela...
- ¿Que pasó? ¿Que dijo?...
- Ay Bia - me senté en la esquina de mi sofá, respirando algo agotada pero respondí - ese hombre, será una batalla constante.
Y ni siquiera pude decir nada más, cuando ya estaba volviendo a entrar con dos maletas enormes y, saludando con confianza a mi prima, subió por las escaleras de mi casa, como si yo no tuviera voz ni voto y me quedé, mirando con los labios mordidos por mis dientes a mi prima, que permanecía impávida.
Menudo marido me había escogido el abuelo.
Tal y como le había prometido a mi primo, me había largado a la playa pues el intruso en mi casa me superaba y ahora mismo no quería pasar más tiempo del que ya habíamos compartido juntos.
Necesitaba mi espacio para volver a ser persona y valorar las acciones a futuro.
Iba en el coche, junto a Coolen que conducía rumbo a la playa.
La música a tope y aún así, no podía dejar de pensar en mi prometido. Aarón Stanley.
¿Cómo llega de la nada alguien a tu vida y se reparte por cada pedasito de ella sin previo aviso?
- Hemos llegado - gritaba mi primo, sacándome de mi limbo. Ni siquiera supe cómo pasó tan rápido el camino. Sí que estaba ensimismada en mis pensamientos, diría yo.
Vivir en California tenía la ventaja de poder llegar a la playa en poco tiempo y disfrutar de un clima espectacular. Incluso ahora, que no era del todo verano.
- Venga nena - me decía Coolen - deja de darle vueltas a todo y hagamos como que nada ha pasado y estamos como hace un año cuando estuvimos aquí y nadamos juntos.
Coolen era el típico castaño, ojos verdes, pelo espeso y cuerpo de dios que no entendía porqué seguía soltero. Era de un carácter divertido, aunque bastante posesivo conmigo debo decir, y muy alto... Tanto que a veces no llegaba a su altura ni en tacones.
- No quiero que te acuestes con ese hombre Sammy - decía mi primo yendo el agua juntos.
Habíamos dejado las toallas sobre la arena y tenía por costumbre darme un chapuzón antes de echarme protector solar.
Era mediodía pero el sol estaba bien alto.
- Déjalo estar nene - tomó mi cuerpo y me subió a su hombro haciéndome gritar.
Salió corriendo conmigo encima y nos lanzó al mar. Menos mal que bajamos del coche en ropa de playa y tiramos las toallas a la arena.
Nadamos un rato y jugamos en el agua. Nos reímos de recordar tantas tonterías que hacía tiempo no hacíamos y en alguna que otra ocasión, recordamos con pena al abuelo.
- ¿Sabes que ha dicho la policía?- pregunté mientras me dejaba huntar el protector por él. Ya estaba acomodada en mi toalla.
- Aún buscan el arma con la que lo ahorcaron - soltó las tiras de mi parte superior y lo dejé hacer - mientras eso no aparezca no pueden avanzar suficiente.
Daba mucha pena pensar en todo lo que había pasado y aún no sabía, como podía estar tan aparentemente tranquila con todo aquel suceso que tuve que vivir.
Pero debía decir, que todo el tema de la boda me había dejado un poco lejos de mi propio dolor, pues era evidente que me venía muchísimo encima y tendría que lidiar con tanto, que me había abstraído un poco de mi pena.
Estaba relajada, casi sintiendo como mi primo me daba un masaje en la espalda con la crema. Parecía más bien eso.
Bajó por mis costados y yo tenía el rostro apoyado en mis brazos cruzados bajo mi cabeza. Siguió hasta mis caderas y de pronto lo sentí pretender safar la parte de abajo y reaccioné...
- ¿Que haces? - me giré un poco para verlo pero no podía moverme mucho, estaba con la parte de arriba aún suelta.
- Darte crema nena, no hay nadie en esta zona - aseguró aunque se detuvo, esperando que le diera un permiso que nunca concedí.
- Aun así Coleen, no es correcto que hagas eso, soy tu prima. No puedo sentirme a gusto si me manoseas el cuerpo en determinadas zonas cariño. No es correcto y lo sabes, te lo he dicho más de una vez.
Podía dejar que tuviera ciertas libertades conmigo pero había límites que siempre tenía que estar poniendo con él, pues aunque fuéramos muy cercanos no dejaba de tratar de saltar algunas pautas infranqueables para mí.
Se molestó evidentemente, pues se quitó de mi lado y se sentó en el suyo. Enfurruñado.
Me amarré bien la parte de arriba y me giré hacia él.
- ¿Si fuera él te dejarías verdad?, No te parecería tan extraño que te hiciera algo así.
- Primero que nada, el será mi marido pero no le daré acceso a mi cuerpo y aunque lo hiciera - puntualicé no sabía bien porqué - sería algo que los dos habríamos concensuado y nunca sería lo mismo Coolen, tu y yo somos primos, el será mi marido.
No veo porqué sería tan difícil de entender, pero igual lo exponía. A veces mi primo era tan posesivo conmigo que tendía a parecer más pareja mía que familia.
- Prométeme que no lo hará nena - me miró suplicante - que no dejarás que disfrute de tu cuerpo - se volvió a acercar a mí y me tomó el rostro entre sus manos, muy cerca de mí nariz - que no lo amarás Sammy, prométemelo.
Su pregunta era tan abstracta que me descolocaba un poco y solo por eso, preferí darle una respuesta ambigua...
- Habrá límites Coolen, tranquilízate.
Aquello no solo no consiguió calmarlo, sino que provocó que me diera más elementos a tener en cuenta... Elementos que eran más bien una declaración de intenciones por su parte... Solo que yo, no supe darme cuenta en ese momento.
- ¿Cuánto tiempo estarás casada con ese hombre?, ¿ Cómo quedará la herencia si te divorcias?,¿ Podrás ser libre para amar a otro de estar para siempre con él? - nos miramos a los ojos por las tiempo del que podría asegurar hasta que dijo - ¿Y si te vas conmigo a París y buscamos una manera de impugnar el testamento del abuelo?...
3
Hay momentos en la vida, dónde las circunstancias se presentan a tal velocidad, que necesitas demasiada agilidad mental para tomar el camino correcto.
Ese era mi problema en ese momento... Que no poseía esa cualidad para elaborar un plan de emergencia que incluyera una salida a toda máquina de la vida que me estaba esperando en casa, y con mi primo de polizón.
Además de que no sería capaz de dejar a mi familia en la calle, largarme a otro país y hacer como si nadie más que yo existiera... Eso sería de lo más egoísta que había oído, y desde luego no era una opción para mí.
- No digas tonterías Coolen - rompí el contacto visual y comencé a recoger mis cosas para irnos, ya no me apetecía seguir allí, hablando cosas sin sentido ni futuro - ya he tomado una decisión, he dado mi palabra y tengo al hombre con el que me voy a casar, en mi casa y deshaciendo las maletas.
Me levanté y el se veía un poco furioso. No era su costumbre estar así y desde luego, tampoco la mía presenciarlo.
- No haces nada porque en el fondo quieres estar con él y ser su mujer, te ha gustado el imbécil ese y quieres que te folle con frecuencia - gritó restregandome un dedo cerca de mi cara, dejándome completamente asombrada con su comportamiento violento.
Podía entender su preocupación por mi futuro al lado de aquel desconocido. Sabía también que era temperamental de vez en cuando. Y podía sobre todo, asimilarle cierto grado de celos de primo posesivo; pero lo que no podía ni quería permitirle, era que me tratara como a una puta y que sugiriera que estaba deseando acostarme con un tío, que no era de fiar según yo, que aún no conocía y que incluso, podía tirarmelo si quería y nadie podía extrañarse pues éramos pareja y mañana seríamos un matrimonio.
Le dí una cachetada a mi primo y se quedó medio atontado. No sabía muy bien si por mi acto o por su conducta.
Ni siquiera lo dejé que me dijera nada, pues salí de allí casi corriendo, furiosa y no me detuve hasta el auto, que al estar abierto me fue muy fácil sacar mis cosas de allí y ponerme la ropa afuera sin tener el cuidado de no ensuciarme de la arena que caía de mis pies.
Podía sentirlo gritar mi nombre, cuando, arrepentido por supuesto, se dió cuenta de lo que había hecho y trató de salir detrás de mí pero había que sacar el coche de allí y yo había decidido aprovechar ese detalle para distanciarme de él.
Había sido una pésima idea venir aquí con Coolen. Yo debía estar en mi casa, teniendo conversaciones productivas con mi futuro marido y no en la playa con un primo tóxico excusándome de cosas que no tenían excusa y que de tenerlas a él no era a quien debía darlas... Coolen no era nada más que mi primo y eso no le daba derecho a interferir en mis asuntos amorosos y menos en este, que involucraba el futuro de mi familia. Y la suya.
Por suerte no iba a ningún lado sin mi móvil. Busqué el mío y le pedí a Lorenzo que viniera por mí. Le mandé mi localización y me senté a la orilla de la carretera, sobre una piedra, a esperarlo.
Pude ver a lo lejos como Coolen sacaba el coche del sitio en el que estaba y retrocedía por el camino que habíamos utilizado para llegar a nuestra playa.
Siempre veníamos aquí, pues era apartada y justo por eso, teníamos que entrar el auto por una pendiente hasta casi la orilla de la playa pero la privacidad merecía la pena.
- Sube Samantha.
No podía creer lo borde que estaba siendo conmigo, cuando justo él había sido quien me había ofendido y no al revés.
Lo miré parado al frente de mis pies con el auto y negué con mi cabeza. No me apetecía hablarle.
Mi asombro solo pudo aumentar, cuando lo ví salir derrapando del lugar y dejarme los pies llenos de la tierra que levantó con las gomas, sin importarle como haría yo para salir de allí y sobre todo, sin importarle dejarme sola en medio de la nada.
Definitivamente a mi primo se le había ido la olla y yo no tenía ni el tiempo ni las ganas de llegar a conciliar nada con él.
Mirando hacia el suelo noté, que había una pequeña bolsa que se había caído de su Jeep, pues cuando puse mis cosas en el auto estaba allí y supongo que con todos el derrape que hizo, se calló por la parte de atrás.
Me agaché a recogerla y solo pude notar que dentro habían unos cuatro pomitos de alguna medicina y que se habían roto.
Tomé un cachito de cristal con etiqueta del suelo y pude ver que ponía claramente," Homatropina", que no sé para qué tendría mi primo algo así en su auto. Pero lo tenía.
Despedí a mi prima, que había salido a mi encuentro cuando supo lo que pasaba y que venía hacia mí casa con Lorenzo, me esperó en la entrada de mi casa y me preguntó cosas que no respondí, por lo que me contó que al parecer, no me había librado tan fácilmente de Aarón Stanley. Ahora lo tenía colgando perchas de ropa en mi armario, como si fuera suyo, aunque técnicamente lo era. Compartíamos herencia.
- ¿No podrías esperar a que nos casaramos para mudarte? - le pregunté nada más asomarme a la puerta de mi habitación, que ahora debía decir nuestra.
- Vengo de Londres, no puedes pretender que me quede en un hotel, cuando tengo casa propia, mucha propiedades y mi bella esposa sola aquí. Vengo para lo mío- dijo el muy idiota sin dejar de colgar su ropa en mi armario y de vaciarme gavetas que usaría para él. ¡Que bendita cruz!
No lo soportaba mucho. Bueno más bien nada. Era tan imbécil que repugnaba. Solamente mirarle la postura de engreído ya me irritaba y saberlo pagado de sí mismo me ponía mala. Pero mala mala.
- ¿No te parece surrealista que te vayas a casar en unas horas, vivas conmigo, tengamos tanto en común y ni siquiera nos conocemos?
Yo me había sentado en un sofá redondo en medio de mi vestidor y desde allí, veía como él, seguía acomodando su ropa y me pareció curioso que no llamara a nadie del servicio para hacerlo.
Crucé las piernas y me apoyé con mis codos sobre la piel desnuda de mis rodillas y todavía salada por el agua del mar.
- Puede ser - coincidió conmigo, acomodando corbatas en una gaveta - pero como no podemos llamar a tu abuelo para preguntarle la respuesta a tu interrogante, tenemos que improvisar sobre la marcha.
No se podía tener una conversación saludable y cordial con él. Evidentemente era un idiota y de los buenos. Imagino que ensayaba y todo para serlo aún más.
- A veces eres agotador - dije sincera y solté mi pelo, respirando profundo.
- Lo soy bastante. Me gusta agotar a las mujeres.
- ¿No sabes hablar son doble sentido? - pregunté manoteando para él.
- Mira muñeca - y dale con el muñeca, me molestaba que me llamara así y a él parecía encantarle - te voy ser todo lo sincero que pueda - recibió toda mi atención - yo no pedí esto y tú espero que tampoco, pero nos tocó. Cada cual lo hace por los motivos que sean y algún día, espero, sabrás los míos. De momento lo mejor es ser prácticos y vivir esto, como mejor se pueda. No te preocupes por mi especial sentido del humor que es parte de mi idiosincrasia - retomó su labor y yo suspiré resignada - simplemente tengamos la fiesta en paz.
No sabría decir porqué, ni por cuánto tiempo, pero guardé la bandera de guerra y decidí darle, el beneficio de la duda a mi futurísimo esposo.
Me metí al baño y traté de ignorar el hecho de que había un desconocido masculino dentro de mí casa, cerca de mi cuerpo desnudo y a punto de compartir desde la cama hasta la vida entera conmigo, aún no sabía por cuánto tiempo pero eso era algo, que no dejaría de hablar con él en cuanto saliera de mi ducha porque ya lo necesitaba. Moriría de ansiedad si no me daba un baño relajante enseguida.
Aarón
Debí ser más convincente.
Ella tenía que creer que mis intenciones no eran las que eran... Meterla a la cárcel.
Tenía mis dudas sobre ella, pero que hubiese aceptado un matrimonio así como así, sin siquiera poner o exigir que se estableciera un límite de tiempo, l delataba... Era una interesada y lo más probable era que ella hubiese estado en complot con su primo el intenso para adueñarse de la fortuna, después de matar a Edmund.
Tenía pocas dudas al respecto y acabaría saliendo de ellas, pues para eso estaba aquí y no pensaba dejar de conseguir mi objetivo.
Ha sido un plan muy estudiado por ambos y lo primero es comprobar, si ella lo estaba envenenando o no.
Así como la mayor de mis batallas aquí, era no dejar escapar ninguna pista que los llevara a relacionarme con la muerte de Edmund Morrison.
O al menos eso creía yo, en aquel entonces.
Ya estaba dentro de la villa, incluso desde el día antes, no me había costado ningún trabajo meterme aquí... Lo difícil empezaría después de la boda.
Era arduo mi trabajo y amplia la lista de sospechosos pero, había dado mi palabra de encarcelar a Samantha Morrison bajo cualquier circunstancia, y eso haría de ser ella culpable, como apuntaban las primeras pistas.
No tenía miedo a enfrentar a toda la maldita familia. Ese era un poco mi objetivo aquí. Pero igual, tener a una belleza de mujer como aquella, tan cerca, no era tarea fácil para ningún hombre. Y yo no era la excepción.
Aquella noche ella no comió. Mientras yo me preparé algo para cenar, la escuché llorar bajito y casi subo a consolarla pero no debía confiar en esa víbora, ya estaba advertido.
Despaché a su primito cuando vino y que ella no bajara a defenderlo, a pesar de oir el lío que montamos me hizo creer que no quería ver a nadie. Y me dió cierta satisfacción que a él tampoco lo quisiera ver... No entendía el porqué.
El resto del día pasó en paz. Me bañé en la piscina y tomé un poco el sol, pensando en Edmund y en otras muchas cosas, pero cuando llegó la noche y subí a dormir, la encontré hermosa, rendida profundamente y con aquellos labios perfectos dejando escapar pequeños suspiros que me dieron ternura.
Nunca he sido un tipo azucarado, pero ella se encargó, a partir de aquella noche, de provocar demasiadas cosas novedosas en mí.
Y hasta el día de hoy, siento que conocí el cielo, el día que la ví, vestida de blanco en aquel jardín y aceptando ser mi esposa.
Samantha
Había llegado la hora de la boda. Ni yo misma me lo podía creer pero así era y la vista que tenía ahora mismo delante de mis ojos me lo confirmaba.
El jardín trasero nadaba en flores prácticamente.
Mi prima se había empeñado en organizar todo en tiempo meteórico y había quedado precioso.
Todos y cada uno de los arreglos florales eran hechos en rojo. Pétalos de flores rojo sangre decoraban el lugar en sus diversas especies. Era un contraste hermoso, debo decir, pues las alfombras eran todas blancas.
Las mesas estaban preparadas bajo carpas que parecían de cristal y en el medio de todo estaba la pista que sería para bailar en la noche pero durante el momento de la ceremonia sería el sitio adecuado para que todos nos vieran casarnos, justo en medio del hermoso jardín.
- Me muero por acabar esto de una vez - decía mi futuro marido, saliendo en toalla del baño mientras yo observaba el sitio desde el cristal de la puerta de la terraza de mi habitación. La misma que ahora era nuestra.
- Ya somos dos - contesté fríamente y seguí observando como ajustaban los detalles finales.
La noche había sido muy tranquila, pues gracias a dios, el durmió en el sofá de la habitación. Al menos tuvo la descendencia de no meterse a mi cama. Entendía que fuera un matrimonio feliz a ojos de los conocidos, pero en esta casa, no hacía falta fingir.
No supe si lo decía con su acostumbrado doble sentido o como yo, estaba un poco apresurado por acabar la farsa. Se le veía bastante serio. Aún no lo conocía pero podía notar desde la distancia, que no estaba muy a gusto con la situación, cosa que me daba cierta tranquilidad y esperanza... Igual no era tan miserable e interesado como yo pensaba.
El día avanzó rápido y la hora se acercaba.
La familia había decidido, sin consultarme nada pues yo no quería ver a nadie ni saber nada más que aquello a lo que se me estaba obligando, que la boda sería al final de la tarde... ¡Que romántico!... Ironicé en mi mente.
En fin, que mi prima había usado parte de la indumentaria de otra boda, para montar la mía en tan poco tiempo y había contratado catering y camareros de emergencia, pero con dinero, todo es posible.
Un paquete llegó, de no se supo nunca donde a mi casa y era un vestido de novia realmente hermoso y a mi medida.
Supuse que tal vez venía de parte del novio que no quería darse a conocer o podía ser Coolen a modo de disculpa y resignación, pero la verdad es que pensaba casarme con un vestido de noche blanco, así que este hermoso djemplar fue una buena opción.
- Ni aunque lo intentaras quedarías más hermosa que ahora - la voz de mi tía Salime me halagaba y yo me miraba con indiferencia en el enorme espejo inclinado delante de mí - tu madre no acaba de entender lo que sucede y tu padre dice que es lo que el abuelo estipuló, pues no hay remedio Sammy, pero no lo hagas. Somos adultos todos, que cada cual se labre su futuro, no tienes que ser tú, quien haga el mayor sacrificio.
Me giré hacia ella y le expliqué, tranquilamente, que no había vía de retorno, que ese era mi destino y no huiría de el y que si el abuelo lo creyó necesario, por algo sería y no iba a ser yo quien dejara a toda mi familia con las maletas en la acera... Eso nunca.
La boda fue hermosa, a pesar del drama de la situación.
Éramos una familia de élite y muy conocida, por lo que hubo ciertas explicaciones que dar a la prensa y a los múltiples conocidos que se vieron de pronto en una boda y sin invitación.
Mi padre dijo que la boda ya estaba prevista desde hacía mucho, y que lamentablemente el abuelo murió días antes de la fecha establecida, que no se habían mandado invitaciones ni anuncios a la prensa por asuntos personales y de la intimidad de la familia pero que sin embargo; el abuelo hubiera querido que siguieramos con la ceremonia en la fecha prevista y por eso, se llevaría a cabo la boda.
Me sentía una hipócrita interesada. Caminaba del brazo de mi padre por la alfombra enteramente blanca y veía, como todos se mostraban alegres y felices de estar en el último chisme de la sociedad y sin embargo, nadie pudo darnos un pésame sincero días antes cuando murió el abuelo.
La vida de los ricos suele ser así de vacía... Muy llena de dinero y nada más. Escaso de todo lo que importa y con el sobrante más vacío que podamos imaginar.
- Tu procura que mi niña esté bien contigo y no le toques ni un pelo o te juro que te entierro vivo - le decía mi padre a mi futuro marido, disimulando con una amplia sonrisa, tan crudas palabras.
El novio sonrió. No dijo absolutamente nada y me besó los nudillos despacio, casi saboreando la piel de ellos, supongo que de ficción para el mundo, más que de realidad.
En el justo momento que la ceremonia avanzó hasta el punto en el que el abogado pregunta, si alguien se opone al enlace matrimonial, sentimos algún murmullo pero nada de importancia como para haber evitado el falso matrimonio.
En fin, que me ví, minutos después, delante del novio, ahora esposo, tomada por mi cintura y muy cerca de su boca...
- Recuerda que ahí detrás - susurró sobre mis labios y yo apreté sus antebrazos molesta - hay un papel que dice que eres mía y solo mía.
Y nos besamos.
Fue un beso enorme y cargado de tantas cosas que no podían caber en una descripción común. Las buenas y las malas, digo.
Sus manos subieron por mi espalda desnuda, justo al tiempo exacto que nuestras lenguas se divertían entre sí. No me resistí a seguirle el beso. Sabía hacerlo y yo me dejé llevar. Todos aplaudían y nosotros continuabamos inmersos en nuestras bocas.
Suspirabamos juntos dentro de los labios del otro y nos perdimos en la pasión irrefrenable de aquel beso que debía ser robado como mucho y terminó siendo regalado, porque me perdí en su boca tanto como él en la mía.
Llevó sus manos a mi rostro y me mordió los labios, volviendo a besarme mientras todos aplaudían y nadie se extrañaba de que los recién casados estuvieran tan fogosos y cariñosos.
La mano de mi primo Coolen en mi espalda, fue la acción que nos separó y a pesar de eso, ambos no dejamos de observarnos mientras otros nos felicitaban, unos ajenos a lo que pasaba y otros por disimular.
Una hora después de aquel beso indescifrable, nos vimos rodeados de luces, bailando en medio de la pista y más que casados... Casadísimos.
- Tu enamorado me va a dar muchos problemas, presiento - dijo Aarón en mi oído, sin perder ocasión de tocar mi piel desnuda.
- No sé a qué te refieres y tampoco me interesa.
- A Coolen.
Aquella respuesta de su parte me frenó y lo miré sin dar crédito a lo que decía.
- ¿Cómo puedes sugerir algo tan asqueroso tío? - comenté indignada y el retomó el baile, pegándome a él, más todavía.
- Soy un hombre y sé, cuando otro me mira con envidia, celos y despecho por una mujer. Mí mujer.
Esa frase al oído tan posesiva, confundió.
- Trata de buscar en tu cerebro - le señalé con cuidado su miembro - alguna otra idea más lógica, por favor te lo pido.
Sonrió divertido y me alegré de que captara la indirecta, bien directa.
Se detuvo, me tomó el rostro y nuevamente, aprovechando la cobertura que aquel público le daba, me besó con voracidad, después de comentar - vamos a probar si tengo razón o no.
Ese hombre sabía besar. Morder. Lamer. Jugar con mis labios y chuparlos mientras respiraba hondo en mi boca. Me acariciaba la piel de las mejillas y ambos cerramos los ojos perdidos en la extraña pasión que aquello parecía despertar en nosotros.
No podría decir cuánto duró el beso, pero lo que sí puedo asegurar es que me dejó muy confusa cuando sentí que la voz de mi primo adorado irrumpió nuestro furor...
- ¿Quieres dejar de besarla de esa manera, hijo de puta?
Mi tía se veía que se acercaba apurada y mi marido, me tomó de la cintura, notablemente retador y contestó...
- Es mi mujer, y solo yo puedo besarla de esa manera y tú tienes que aguantarte porque nunca podrás hacerle todo lo que yo sí puedo...