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Mi Dulce Venganza de Amor

Mi Dulce Venganza de Amor

Autor: : Dong Lier
Género: Urban romance
En el vibrante mundo virtual de "Sueño de Mariachi", donde millones se sumergían, yo, Sofía Rojas, encontré mi refugio detrás de un avatar esquelético y poco agraciado, "La Calavera Alegre", buscando ser valorada por mis habilidades y no por la apariencia que tanto me agobiaba en la vida real. Mi ansiada paz se hizo añicos cuando el regreso de Isabella, el primer amor de Héctor Morales (El Charro de Oro, el jugador más famoso y mi pareja en el juego), expuso la cruda verdad: mientras yo le entregaba mi talento y mi corazón, él construía un juego entero para ella. La humillación pública fue instantánea e ineludible; fui despojada de mi puesto de liderazgo en el gremio que ayudé a construir, acusada de ladrona por tomar mis propios bienes y expulsada frente a millones de jugadores, con Héctor y el mundo celebrando el "triunfo" de Isabella. Sentí una profunda incomprensión y un dolor desgarrador: ¿cómo pude ser tan ciega? ¿Cómo pude entregarme a alguien que me llamó "conveniente", una "herramienta" que solo servía para mantener una imagen mientras esperaba a su "verdadero amor"? Pero las lágrimas se secaron y dieron paso a la rabia; la verdadera humillación no fue la suya, sino mi propia ceguera. Ese día, me prometí que el juego apenas comenzaba, y que mi venganza sería un platillo que se serviría frío, en la arena más grande de todas.

Introducción

En el vibrante mundo virtual de "Sueño de Mariachi", donde millones se sumergían, yo, Sofía Rojas, encontré mi refugio detrás de un avatar esquelético y poco agraciado, "La Calavera Alegre", buscando ser valorada por mis habilidades y no por la apariencia que tanto me agobiaba en la vida real.

Mi ansiada paz se hizo añicos cuando el regreso de Isabella, el primer amor de Héctor Morales (El Charro de Oro, el jugador más famoso y mi pareja en el juego), expuso la cruda verdad: mientras yo le entregaba mi talento y mi corazón, él construía un juego entero para ella.

La humillación pública fue instantánea e ineludible; fui despojada de mi puesto de liderazgo en el gremio que ayudé a construir, acusada de ladrona por tomar mis propios bienes y expulsada frente a millones de jugadores, con Héctor y el mundo celebrando el "triunfo" de Isabella.

Sentí una profunda incomprensión y un dolor desgarrador: ¿cómo pude ser tan ciega? ¿Cómo pude entregarme a alguien que me llamó "conveniente", una "herramienta" que solo servía para mantener una imagen mientras esperaba a su "verdadero amor"?

Pero las lágrimas se secaron y dieron paso a la rabia; la verdadera humillación no fue la suya, sino mi propia ceguera. Ese día, me prometí que el juego apenas comenzaba, y que mi venganza sería un platillo que se serviría frío, en la arena más grande de todas.

Capítulo 1

En el año 2038, el juego de realidad virtual "Sueño de Mariachi" era un fenómeno en todo México, un mundo de fantasía lleno de colores, música y tradiciones mexicanas donde millones de jugadores se sumergían cada día. Las plazas virtuales estaban siempre llenas de avatares vestidos de charros y chinas poblanas, y el sonido de las guitarras y trompetas nunca cesaba.

Pero en el foro oficial del juego, la conversación más popular no era sobre una nueva misión o un jefe difícil, sino sobre una jugadora: "La Calavera Alegre". Los comentarios eran crueles y directos.

"¿Neta que El Charro de Oro anda con esa calaca fea? Qué mal gusto."

"Seguro es una interesada. Quiere la fama del jugador número uno."

"Es un insulto visual, deberían banearla por tener un avatar tan horrible. Parece una calavera de azúcar mal hecha."

Yo era esa jugadora, Sofía Rojas. Leía cada comentario desde mi departamento en la Ciudad de México, y cada palabra se sentía como una pequeña piedra lanzada contra mí. Mi avatar, La Calavera Alegre, era una figura esquelética, decorada con flores de cempasúchil marchitas y patrones que yo misma había diseñado para que no fueran atractivos, una caricatura intencionalmente tosca.

Lo hice a propósito. En la vida real, mi apariencia me causaba una ansiedad constante. Desde niña, la gente siempre comentaba sobre mi cara, mis ojos, mi figura. La atención no deseada de los hombres, la envidia de otras mujeres, me hacían sentir como un objeto en exhibición. En "Sueño de Mariachi", quería ser invisible, quería que la gente me valorara por mis habilidades, no por una cara bonita que ni siquiera había elegido. Quería paz.

Pero mi relación con "El Charro de Oro", el jugador más famoso y deseado del juego, arruinó ese plan. Él era Héctor Morales en la vida real, el carismático CEO de TecnoCharro, la empresa que, irónicamente, estaba desarrollando un nuevo motor gráfico para videojuegos.

Últimamente, Héctor estaba distante. Sus mensajes en el juego eran cortos, casi monosílabos.

"¿Hacemos la misión de la Sierra Encantada hoy, mi amor?", le escribí esa tarde.

La respuesta tardó una hora en llegar. "Ocupado. Trabajo."

Sentí una punzada de soledad. Para compensar, me concentré en el trabajo que él mismo me había encargado: una serie de ilustraciones conceptuales para el nuevo proyecto de su empresa. Llevaba semanas dibujando sin parar, poniendo todo mi talento y mi cariño en cada trazo, imaginando su cara de sorpresa y orgullo cuando se las entregara. Creía que si le demostraba mi valía a través de mi arte, nuestra relación se fortalecería.

Esa noche, mientras daba los toques finales a un paisaje desértico lleno de criaturas fantásticas, una notificación apareció en la esquina de mi pantalla. Era una alerta automática de un servidor privado de TecnoCharro al que Héctor me había dado acceso para que pudiera subir mis avances. Un nuevo proyecto había sido creado. No pude evitar la curiosidad. Hice clic.

El nombre del proyecto me heló la sangre: "El Sueño de Isabella". Dentro, había docenas de archivos, diseños de un mundo de juego completamente nuevo, uno lleno de jardines de rosas y palacios de cristal. No se parecía en nada al estilo de "Sueño de Mariachi". Y en un archivo de texto, un registro de chat entre Héctor y sus desarrolladores.

"Asegúrense de que el avatar de La Dama de Rojo sea perfecto. Isabella se merece lo mejor."

Isabella. La Dama de Rojo. El primer amor de Héctor en el juego, una leyenda que se había retirado hacía años. Mi corazón se detuvo. Todo este tiempo, su distancia, su "trabajo"... no era para nosotros. Era para ella.

Capítulo 2

Me quedé mirando la pantalla, releyendo el chat una y otra vez, esperando que mis ojos me estuvieran engañando. Pero no había error. Héctor estaba construyendo un mundo entero para otra mujer. Un mundo para Isabella.

Recordé sus palabras de hace unos meses, cuando empezamos a salir en el juego. "Calavera, tu arte es único, tu alma es lo que me importa, no cómo te ves. Eres mi única musa." Mentiras. Todas eran mentiras. Yo no era su musa, era una distracción, una pantalla de humo mientras él esperaba el regreso de su verdadero amor.

Al día siguiente, tenía una cita en las oficinas de TecnoCharro para presentar los primeros bocetos de las ilustraciones. Mi estómago era un nudo de nervios. Por primera vez, iba a ver a Héctor Morales en persona. Me puse unos jeans sencillos, una blusa holgada y una gorra, intentando pasar lo más desapercibida posible.

La oficina era impresionante, un edificio de cristal y acero en el corazón de Santa Fe. Me recibió una asistente y me guio a una sala de juntas con una vista panorámica de la ciudad. Unos minutos después, él entró.

Héctor Morales era aún más guapo en persona que en las fotos de las revistas de negocios. Alto, con una sonrisa perfecta y un traje caro que le quedaba como un guante. Me saludó con una amabilidad profesional, sin una pizca de reconocimiento en sus ojos.

"Señorita Rojas, un placer. Héctor Morales. He visto su portafolio, tiene mucho talento."

"Gracias, señor Morales", respondí, con la voz apenas un susurro.

Durante la reunión, presenté mis ilustraciones. Él asintió, hizo comentarios inteligentes sobre la composición y el color, pero su mirada era fría, calculadora. Para él, yo solo era una ilustradora más, una empleada temporal. No tenía idea de que yo era la mujer a la que llamaba "mi amor" en el mundo virtual. La ironía era tan cruel que me daban ganas de reír y llorar al mismo tiempo.

Esa noche, al conectarme a "Sueño de Mariachi", una fanfarria ensordecedora sonó en todo el servidor. Un anuncio dorado cruzó el cielo virtual: "¡Con gran júbilo, damos la bienvenida de nuevo a la legendaria 'La Dama de Rojo'!"

El chat mundial explotó.

"¡No lo puedo creer! ¡Isabella ha vuelto!"

"¡El Charro de Oro debe estar feliz! ¡Su reina ha regresado!"

"¿Y qué va a pasar con la Calavera esa? Ya puede irse por donde vino."

Leí los mensajes, sintiendo cómo el suelo se abría bajo mis pies. La gente empezó a desenterrar viejas historias del foro. Hablaban de cómo Héctor había fundado su gremio, "Los Dorados", para Isabella. De cómo cada una de sus victorias legendarias había sido para impresionarla. Yo no era parte de su historia, solo un torpe paréntesis.

Isabella Vargas, La Dama de Rojo, no perdió el tiempo. Su avatar, una mujer de belleza deslumbrante con un vestido rojo sangre, apareció en la plaza principal. Y Héctor, El Charro de Oro, estaba a su lado, sonriendo como nunca lo había visto sonreír conmigo. La presión en el foro se volvió insoportable. Ya no solo se burlaban de mi apariencia, ahora me llamaban usurpadora.

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