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Mi Esposa Quiere a Otro que YO

Mi Esposa Quiere a Otro que YO

Autor: : NOU Eirene
Género: Urban romance
El olor a canela y chocolate amargo lo impregnaba todo, el dulce perfume de nuestro futuro. Soñaba con nuestra propia pastelería, el apellido familiar en la fachada, y los hijos que correrían entre nuestras mesas. Luciana, mi esposa, la influencer de la que me enamoré, era el centro de cada uno de mis días, mi motivación. Pero un día, una notificación de Instagram lo pulverizó todo. Una foto de Luciana y su exnovio, Máximo, en camas de hospital, las manos entrelazadas, una devoción que creí exclusiva para mí. Su pie de foto, una declaración pública helada: "A veces, el amor verdadero exige el sacrificio más valiente. Por ti, siempre, Máximo." El frío fue absoluto, el sueño de nuestro hijo, cenizas. Menos de un minuto después, su voz frenética al teléfono: "¡Roy, mi amor! Sé que es un shock, pero Máximo me necesitaba. ¡Su riñón falló, tuve que hacerlo!" Escuché cada palabra, una pala cavando la tumba de lo que fuimos. Mi voz solo pudo soltar, plana, irreconocible: "¿Qué quieres decir con que se acabó?". Entonces, salió la verdad más dolorosa, la que ella ignoraba que yo ya sabía: "Entiendo perfectamente. Abortaste a nuestro hijo sin mi permiso para darle un riñón a tu ex-novio." Ella minimizó el horror con frialdad: "¡No lo digas así! Era por amor, Roy. Un amor que tú, con tu vida tan simple y tus postres, quizás nunca entiendas." Con esas palabras, las últimas, supe que no había vuelta atrás. Adiós, Luciana. Adiós, vida. Un silencio ensordecedor llenó la cocina. Pero el juego no había terminado. Diez días después, Luciana apareció, pálida y exigente. Quería que la cuidara, que le hiciera la cena, que pagara las cuentas de su "amor verdadero". Y lo que es peor, la suya y las de Máximo. En mi tarjeta. La vi con sus ojos de manipuladora en el hospital, un lenguaje de ternura con él que jamás usó conmigo. Me di cuenta de que mi destino no era ese. Quiero el divorcio. ¿Pero cómo recuperas tu vida cuando la persona que la destruyó sigue intentando controlarte, incluso con un mariachi para hacer un espectáculo público? ¿Será Roy capaz de liberarse de las garras de esta mujer y volar hacia un nuevo comienzo en Madrid?

Introducción

El olor a canela y chocolate amargo lo impregnaba todo, el dulce perfume de nuestro futuro. Soñaba con nuestra propia pastelería, el apellido familiar en la fachada, y los hijos que correrían entre nuestras mesas. Luciana, mi esposa, la influencer de la que me enamoré, era el centro de cada uno de mis días, mi motivación.

Pero un día, una notificación de Instagram lo pulverizó todo. Una foto de Luciana y su exnovio, Máximo, en camas de hospital, las manos entrelazadas, una devoción que creí exclusiva para mí. Su pie de foto, una declaración pública helada: "A veces, el amor verdadero exige el sacrificio más valiente. Por ti, siempre, Máximo."

El frío fue absoluto, el sueño de nuestro hijo, cenizas. Menos de un minuto después, su voz frenética al teléfono: "¡Roy, mi amor! Sé que es un shock, pero Máximo me necesitaba. ¡Su riñón falló, tuve que hacerlo!" Escuché cada palabra, una pala cavando la tumba de lo que fuimos.

Mi voz solo pudo soltar, plana, irreconocible: "¿Qué quieres decir con que se acabó?". Entonces, salió la verdad más dolorosa, la que ella ignoraba que yo ya sabía: "Entiendo perfectamente. Abortaste a nuestro hijo sin mi permiso para darle un riñón a tu ex-novio."

Ella minimizó el horror con frialdad: "¡No lo digas así! Era por amor, Roy. Un amor que tú, con tu vida tan simple y tus postres, quizás nunca entiendas." Con esas palabras, las últimas, supe que no había vuelta atrás. Adiós, Luciana. Adiós, vida. Un silencio ensordecedor llenó la cocina.

Pero el juego no había terminado. Diez días después, Luciana apareció, pálida y exigente. Quería que la cuidara, que le hiciera la cena, que pagara las cuentas de su "amor verdadero". Y lo que es peor, la suya y las de Máximo. En mi tarjeta. La vi con sus ojos de manipuladora en el hospital, un lenguaje de ternura con él que jamás usó conmigo. Me di cuenta de que mi destino no era ese.

Quiero el divorcio. ¿Pero cómo recuperas tu vida cuando la persona que la destruyó sigue intentando controlarte, incluso con un mariachi para hacer un espectáculo público? ¿Será Roy capaz de liberarse de las garras de esta mujer y volar hacia un nuevo comienzo en Madrid?

Capítulo 1

El olor a canela y chocolate amargo de Oaxaca llenaba nuestra pequeña cocina, un aroma que solía ser el perfume de nuestro hogar. Estaba perfeccionando un nuevo postre, imaginando el día en que lo serviríamos en nuestra propia pastelería, la que llevaría el apellido de nuestra familia. El sueño de tener hijos, de construir ese futuro juntos, era el motor de cada uno de mis días.

Mi teléfono vibró sobre la encimera de granito. Era una notificación de Instagram. Luciana había publicado algo.

Abrí la aplicación. La foto me golpeó con la fuerza de un puñetazo en el estómago.

Eran ella y Máximo, su ex-novio, en camas de hospital contiguas. Sus manos estaban entrelazadas. La bata de hospital se le resbalaba por un hombro, y él la miraba con una devoción que yo creía reservada para mí.

El pie de foto era una declaración pública que aniquilaba nuestro mundo privado.

"A veces, el amor verdadero exige el sacrificio más valiente. Por ti, siempre, Máximo".

Sentí un frío que no tenía nada que ver con la temperatura de la cocina. El sueño de nuestro hijo, de nuestra pastelería, de nuestra vida, se desvaneció en el aire como el vapor de una olla.

Con un dedo tembloroso, sin pensar, le di "me gusta" a la publicación. Un acto mecánico, vacío, un último eco del hombre que había sido hasta hace treinta segundos.

El teléfono sonó de inmediato. Era ella. Su voz, usualmente melosa y calculada para sus seguidores, ahora sonaba frenética, casi triunfante.

"¡Roy, mi amor! ¿Viste mi post? Sé que es un shock, pero Máximo me necesitaba. Su riñón falló, estaba muriendo. ¡Tuve que hacerlo! Fue una decisión de vida o muerte".

Escuché su justificación, cada palabra una pala cavando más hondo en la tumba de lo que habíamos sido. No sentí rabia, ni siquiera tristeza. Solo un vacío absoluto.

"Lo vi", dije, mi voz plana, irreconocible.

"Sabía que lo entenderías. Eres el mejor esposo del mundo. Ahora necesito que..."

La interrumpí. No podía seguir escuchando.

"Se acabó, Luciana".

Hubo un silencio al otro lado de la línea. Pude imaginar su rostro, la confusión dando paso a la incredulidad y luego a la ira.

"¿Qué quieres decir con que se acabó? ¡Acabo de salvar una vida! ¿No entiendes la magnitud de lo que hice?".

"Entiendo perfectamente", respondí. "Abortaste a nuestro hijo sin mi permiso para darle un riñón a tu ex-novio".

"¡No lo digas así! Suena tan crudo. Era por amor, Roy. Un amor que tú, con tu vida tan simple y tus postres, quizás nunca entiendas".

Esa fue la última palabra que necesitaba oír.

"Adiós, Luciana".

Colgué el teléfono y lo apagué. El silencio de la cocina era ahora ensordecedor. Miré el postre a medio hacer sobre la mesa, una creación que ya no tenía sentido. Nuestro futuro se había convertido en cenizas.

Capítulo 2

Diez días después, la puerta principal se abrió.

Luciana entró arrastrando los pies, pálida y visiblemente más delgada. Llevaba unas gafas de sol enormes, como si quisiera esconderse del mundo, o quizás solo de mí. Dejó su bolso de diseñador en el suelo con un ruido sordo y se dejó caer en el sofá, esperando.

Esperaba que yo corriera a su lado, que le pusiera un cojín detrás de la espalda, que le preparara un té caliente, que la cuidara como siempre lo había hecho.

Me quedé de pie en el marco de la puerta de la cocina, con los brazos cruzados.

Me miró, su expresión se endureció al ver mi inacción.

"¿No vas a decir nada? Acabo de pasar por una cirugía mayor".

"Felicidades", respondí sin emoción.

Frunció el ceño, irritada. Sacó un papel doblado de su bolsillo y lo dejó sobre la mesa de centro.

"Esta es la lista de alimentos que necesito para mi recuperación. El médico dijo que es muy específica. Necesito que vayas a comprar todo y me prepares la primera comida. Estoy agotada".

Miré la lista. Estaba llena de ingredientes caros y preparaciones complicadas, el tipo de cosas que ella solía exigirme para sus "días de detox" antes de una sesión de fotos. La ironía era brutal.

"No puedo", dije con calma. "Tengo que hacer las maletas".

Sus ojos se abrieron de par en par. "¿Hacer las maletas? ¿A dónde vas?".

"Tengo un viaje de trabajo. A Madrid".

"¿Madrid? ¿Qué viaje de trabajo? Nunca me lo mencionaste. No puedes irte ahora, ¡te necesito!". Su voz subió de tono, volviéndose aguda y demandante.

"Es la oferta de Sylvia Hewitt. La que rechacé por ti hace seis meses porque no querías dejar Oaxaca. La que rechacé hace un año porque interfería con tu agenda de influencer. La que siempre he rechazado porque tus necesidades siempre fueron más importantes".

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