Elena Rojas regresó a casa en la Ciudad de México tras años en el extranjero, donde la esperaban sus padres y el caos familiar de siempre.
Pero la familiaridad se hizo añicos al encontrar a su hermano menor, Miguel "El Rayo" Rojas, la joven promesa del fútbol, consumido por la angustia antes de un reality show.
Miguel estaba destrozado, no por la presión del programa, sino por los titulares venenosos que lo llamaban "LADRÓN" y "TRAMPOSO", acusándolo de comprar su lugar y robarle el sueño a otro.
Sus propios padres le daban la espalda, su padre lo veía como un circo ajeno a sus negocios y su madre le aconsejaba dedicarse a algo "más decente".
Ante la desesperación de Miguel y la indiferencia de su familia, Elena sintió una rabia helada. Si nadie más lo defendería, ella lo haría, sin importar el costo.
Elena Rojas sintió el aire húmedo y cálido de la Ciudad de México pegársele a la piel en cuanto salió del aeropuerto, una bienvenida familiar después de tantos años en el extranjero.
Su padre, un hombre de negocios cuya sonrisa rara vez llegaba a sus ojos, le dio una palmada en el hombro.
"Bienvenida a casa, hija. Tu madre ha estado insoportable estos últimos días, ya era hora de que llegaras a calmarla" .
Su madre, una mujer pragmática con los pies bien puestos sobre la tierra, le pellizcó la mejilla con un cariño que escondía una preocupación constante.
"Ay, mi niña, estás más delgada. ¿No te alimentabas bien allá? Mira que te he dicho que..."
Elena la interrumpió con un abrazo, riendo.
"Ya estoy aquí, mamá. Ya puedes alimentarme tú" .
La dinámica familiar no había cambiado en absoluto, era un rompecabezas de piezas conocidas: el pragmatismo de su padre, la preocupación ansiosa de su madre y, en algún lugar de la casa, estaría su hermano menor, Miguel.
Lo encontró en su habitación, con la mirada perdida en la pantalla de su laptop, la luz azulada resaltando las ojeras bajo sus ojos.
Miguel "El Rayo" Rojas, la joven promesa del fútbol que, según los titulares de hacía un año, tenía un futuro más brillante que el sol.
Al verla, una sombra de alivio cruzó su rostro, pero fue reemplazada casi de inmediato por una angustia que parecía carcomerlo desde dentro.
"Elena, qué bueno que llegaste" .
Se acercó a sus padres en la sala, con los hombros caídos y la voz apenas un susurro.
"Papá, mamá... el reality show empieza en dos días. La presión es demasiada... los comentarios, la prensa... ¿no podrían... no sé, hacer una llamada? Papá, tú conoces a gente..."
El señor Rojas ni siquiera levantó la vista del periódico financiero.
"Miguel, ya hablamos de esto. Entraste en ese mundo por tu cuenta, ahora resuelve tus problemas como un hombre. Mis negocios no tienen nada que ver con el circo del espectáculo" .
La señora Rojas suspiró, retorciéndose las manos.
"Hijo, ¿no puedes simplemente renunciar? Qué vergüenza, toda la gente hablando. Mejor dedícate a otra cosa, algo más... decente" .
La cara de Miguel se descompuso, una mezcla de desesperación y derrota. Se giró para irse, pero la voz de Elena lo detuvo en seco.
"Yo iré contigo" .
Todos la miraron. Elena dejó su maleta en el suelo con un golpe seco, una sonrisa desafiante dibujada en sus labios.
"Si nadie más va a defender a mi hermano, lo haré yo. Empaca mis cosas, Miguelito, que tu hermana mayor te va a acompañar a ese circo" .
Miguel la miró con los ojos muy abiertos, una chispa de esperanza luchando contra el miedo.
"¿De verdad?"
"Claro que sí. Además, no debe ser tan malo" , dijo Elena con una confianza que no sentía del todo. "Eres Miguel 'El Rayo' Rojas, el chico de oro. ¿Qué tan mal puede estar tu reputación?"
Se encogió de hombros, restándole importancia.
"Seguro son solo algunos fans celosos. Eres el segundo lugar en la liga juvenil, ¿no? ¡Eso es increíble! La gente te adora" .
Más tarde esa noche, mientras Miguel dormía agotado por la tensión, la curiosidad pudo más que Elena. Abrió su laptop y buscó el nombre de su hermano.
Lo que encontró la dejó helada.
La pantalla se llenó de titulares venenosos, foros repletos de odio y comentarios en redes sociales que eran auténticas dagas verbales.
"LADRÓN" .
"TRAMPOSO" .
"HIJO DE PAPI QUE COMPRÓ SU LUGAR" .
"SIN TALENTO, SOLO UN ROSTRO BONITO Y DINERO" .
"LE ROBÓ EL SUEÑO A LUIS CASTRO" .
Elena sintió un nudo en el estómago. La imagen pública de su hermano no era la de un héroe en ascenso, sino la de un villano despreciable, un fraude al que todo el país parecía odiar.
Miró la puerta cerrada de la habitación de Miguel y sintió un profundo arrepentimiento.
"La gente te adora", había dicho ella con tanta ligereza.
Qué estúpida.
Una rabia fría comenzó a subirle por la columna vertebral. Si Miguel se sentía avergonzado ahora, ella se aseguraría de que, para el final de ese reality show, los que realmente debían sentir vergüenza no pudieran volver a mostrar sus caras en público.
El estudio del reality show "Campo de Batalla: Convivencia de Estrellas" era un infierno de luces blancas y cámaras.
Estaban por todas partes: ocultas en las esquinas, montadas en rieles en el techo, e incluso pequeños lentes negros disimulados en la decoración. Un cartel gigante en la entrada lo dejaba claro: "TRANSMISIÓN EN VIVO 24/7. SIN SECRETOS" . La presión era palpable, un ojo gigante que nunca parpadeaba.
Elena caminaba con la espalda recta, llevando su propia maleta y arrastrando la de Miguel, que parecía encogerse a cada paso.
"Tranquilo" , le susurró ella. "Solo sonríe y no digas nada" .
Justo cuando entraban al área común, un salón modernista y frío, otro par de participantes llegó detrás de ellos. Un chico alto y musculoso con una sonrisa arrogante y una chica delgada y con aires de bailarina que los miraba por encima del hombro.
"Son ellos" , murmuró Miguel, su voz apenas audible. "Luis 'El Toro' Castro y su hermana, Sofía" .
Elena los evaluó de arriba abajo. A simple vista, parecían la imagen perfecta del éxito.
"El chico al que supuestamente le robaste el puesto" , susurró Elena de vuelta, con un tono de burla.
Luis Castro se acercó, extendiendo una mano que no pretendía ser amistosa.
"Vaya, vaya. Miguel Rojas. Pensé que no tendrías el valor de aparecer" .
Miguel, fiel a su naturaleza, intentó ser cortés.
"Hola, Luis. Un gusto verte" .
Sofía soltó una risita aguda y despectiva.
"¿Gusto? No creo que a mi hermano le dé gusto ver al tipo que le robó su lugar en la liga. Pero supongo que la gente con dinero no entiende de honor, ¿verdad?"
La hostilidad era tan densa que se podía cortar con un cuchillo. Elena se mantuvo en silencio, observando.
En la pantalla de un monitor cercano, pudo ver el chat en vivo de la transmisión, una cascada de comentarios que fluía sin piedad.
[¡Ese es Luis! ¡El verdadero campeón!]
[¡Fuera Rojas, ladrón!]
[Miren la cara de culpable que tiene Miguelito.]
[La hermana parece una perra, seguro viene a defender al hermanito tramposo.]
[¡Vamos, Toro! ¡Ponlo en su lugar!]
La narrativa ya estaba escrita y ellos eran los villanos.
El presentador del programa, un hombre con una sonrisa plástica, les pidió que se presentaran. Luis tomó la palabra de inmediato, su voz resonando con falsa humildad.
"Soy Luis Castro. Muchos me conocen como 'El Toro' . Un futbolista que lucha por sus sueños con sudor y esfuerzo, no con la chequera de papi" .
Luego, señaló a su hermana con orgullo.
"Y ella es mi hermana, Sofía Castro, una de las mejores bailarinas jóvenes del país. Ganadora del prestigioso trofeo 'Estrella de Plata' " .
Hizo una pausa dramática y miró directamente a Miguel y Elena.
"Nosotros venimos de una familia humilde. Todo lo que tenemos, lo hemos ganado con talento. No todos pueden decir lo mismo" .
La indirecta fue tan directa como un golpe en la cara.
Sofía, disfrutando el momento, añadió su propio veneno.
"Mi hermano es un verdadero artista del balón. No como otros que solo saben correr y tienen la suerte de que sus papis les compran los trofeos. Me pregunto cuánto les costó a los Rojas entrar a este programa" .
El insulto colgó en el aire, pesado y humillante. Miguel bajó la cabeza, su rostro pálido.
Elena, sin embargo, levantó una ceja. Una sonrisa helada, casi imperceptible, se dibujó en sus labios. El juego acababa de empezar.