Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Moderno > Mi Hermosa Mamá y Su Pretendiente Misterioso
Mi Hermosa Mamá y Su Pretendiente Misterioso

Mi Hermosa Mamá y Su Pretendiente Misterioso

Autor: : Gabbi Galt
Género: Moderno
Eliana cayó en la trampa que le tendieron su mejor amiga y su prometido teniendo relaciones sexuales con un chapero en el club y quedó embarazada de él. Cinco años después de haber dado a luz a mellizos, regresó a la ciudad y trabajó para el Grupo Moran, donde conoció al CEO, Maurice. Maurice era un hombre sobresaliente de negocios que hacía bien su trabajo. Pero para mantener un bajo perfil, vivió una doble vida. Además de Maurice, también jugaba el papel de Preston. El destino volvió a reunirlos a los dos y los envolvió en una emocionante historia de amor. Todo se volvió más complicado cuando Eliana se enfrentó a Preston, el hombre con el que se había acostado antes, una vez más. Ahora que estaba siendo perseguida por dos hombres, ¿cómo podría elegir? ¿Cuándo descubriría Eliana el secreto de la identidad de Maurice? ¿Cuándo iba a saber Maurice que ya tenía dos hijos propios? ¿Cómo enfrentaría Eliana a este hombre cuando un día la verdad saliera a la luz? Ven y descúbrelo.

Capítulo 1 Caer al mar

"Algo me pica y me incomoda... Ayúdame".

Eliana Pierce sintió que su cuerpo ardía. Se retorció, besó con devoción la nuez de Adán del hombre y le rogó que tuviera sexo con ella.

Nadie podría rechazar a una mujer tan hermosa como ella. Era bonita, encantadora y sensual.

"Tú lo pediste", pronunció el hombre, y su nuez se balanceó de arriba abajo. Cautivado por sus encantos, la tomó por la cintura, la levantó, y se inclinó para empezar a penetrarla.

"Ugh...". La chica comenzó a gemir por el placer.

Por el sonido de su voz, era difícil saber si sentía dolor o estaba excitada, y pronto, su arrollador deseo la obligó a tomar al chico por los hombros con desenfreno.

Las embestidas rápidas y duras del hombre la hicieron alcanzar el orgasmo en cuestión de nada y, tirada en la cama, su cuerpo temblaba como una hoja seca.

Estaba muy agotada, quería descansar y, antes de cerrar los ojos, vislumbró una llamativa cicatriz en el pecho sudoroso de aquel sujeto.

A la mañana siguiente, Eliana se despertó con resaca.

Nada más abrir los ojos, sintió el dolor recorrerle el cuerpo, en especial en la parte inferior, y se frotó las sienes, en un intento de recuperar la sobriedad.

'¿Qué demonios pasó? ¿No estaba bebiendo en la habitación de Erica? ¿Quién era ese tipo con el que me acosté?', se preguntó.

La noche anterior, Erica Duffy la había invitado a una fiesta en un crucero, y luego...

¡Bang! La puerta se abrió de repente.

"¡Dios mío, Eliana! Anoche, tú...".

El asombro estaba escrito por toda la cara de Erica, pero el hombre a su lado, Asher Harrison, se veía todavía más sorprendido.

Presa del pánico, Eliana se cubrió con la sábana, pero no fue suficiente para cubrir los chupetones que tenía por todo el cuerpo, especialmente en el cuello y los brazos.

Además, el aroma que desprendía el cuarto indicaba que, en efecto, había tenido sexo con un hombre la noche anterior.

"Asher, yo no...". Eliana quería explicarle a su novio lo sucedido.

"Eliana, ¡de verdad le pediste a un gigoló que se acostara contigo! ¿Cómo pudiste hacerlo? ¡Engañaste a Asher!", clamó Erica, indignada. Parecía que era ella a la que acababan de serle infiel.

En ese momento, Eliana la miró con incredulidad, y exclamó:

"¡Yo no hice nada! Erica, ¿por qué mientes?".

En apenas unos segundos, Eliana pensó en todo lo ocurrido anoche y ató cabos.

"¿Qué demonios...? Ya entiendo... ¡Asher! Erica preparó todo esto, yo...".

"¡Cállate! ¡No eres más que una puta!", rugió Asher, interrumpiéndola. Sus ojos brillaban con rabia, y su voz estaba cargada de asco.

"Eliana, no eres más que una zorra. ¡Eres igual a tu madre! Las dos disfrutan seduciendo a los hombres. Si ella no hubiera hecho algo tan estúpido, el Grupo Pierce jamás habría quebrado. ¡Es su culpa que el Grupo Pierce terminara así!", clamó el varón.

"¿De qué hablas, Asher? ¿Qué le pasó a mi madre?", preguntó Eliana.

Se sentó en la cama, y su mente quedó en blanco.

"¡No vuelvas a mostrarme tu cara!", espetó el chico y se marchó enojado. Una vez estuvo lejos, Erica pintó una sonrisa pícara en sus labios.

"¡Asher, espérame!", chilló.

Eliana recuperó la compostura al darse cuenta de algo, se levantó, se puso una bata de baño y lo siguió hasta la cubierta. Necesitaba hablar con él.

"Asher, ¿qué quisiste decir con eso de recién? ¿Cómo se fue a la quiebra el Grupo Pierce? Y... ¿Cómo murieron mis padres?".

Lo agarró del hombro, visiblemente nerviosa y, al verla en ese estado, la culpa brilló en los ojos del chico, pero pronto fue reemplazada por la ira.

"¡Vete a la mierda! ¿No te acabo de decir que no quiero verte más?", gritó, y trató de librarse de su agarre.

"Solo dime la verdad y prometo que te dejaré en paz. Por favor... Necesito saberlo".

Ella siguió aferrándose al muchacho, y ardientes lágrimas de dolor y desesperación comenzaron a rodar por sus mejillas.

Ni siquiera se dio cuenta de que estaba de pie junto a la barandilla.

Más allá de esa última protección, justo debajo de sus pies, no había más que un mar fiero e ilimitado.

"No sé de qué hablas, ¡déjame ir!".

Asher perdió la paciencia y la empujó, presa de un ataque de rabia.

Eliana, sin tener tiempo para estabilizarse, se tambaleó y terminó cayendo por la borda.

"¡Eliana!", gritó él y estiró la mano, pero no pudo agarrarla.

"¡Ahh!".

Pronto, el mar turbulento se la tragó, y ni siquiera tuvo la oportunidad de pedir ayuda.

La gente, que dormía tranquila en el crucero, comenzó a despertar, pero ninguno sabía que una mujer que cayó por la borda moría lentamente en pleno mar.

Cinco años más tarde, en el aeropuerto, Eliana Pierce empujaba un carrito con equipaje.

Adrian Pierce, a su lado, puso una expresión seria y dijo: "Mami, deja que te ayude".

Ella bajó la cabeza y le acaricio el cabello. "¡Qué hijo tan considerado tengo!", exclamó gustosa.

"¿Y yo, mami?". Asomó la cabeza Aileen Pierce, su hija, que se encontraba sentada sobre el carrito. Sus ojos brillantes, que la miraban con devoción, la hacían lucir más que adorable.

"Bueno, eres lo suficientemente considerada como para aumentar el peso de nuestro equipaje", comentó Adrian con sarcasmo desde abajo.

Al escuchar a su hermano, Aileen se puso de pie y lo miró con enojo.

Eliana se rio mientras veía a sus hijos interactuar, con los ojos llenos de amor.

En ese momento, su teléfono comenzó a vibrar y, tras ver el recién llegado mensaje, su sonrisa desapareció.

Era de Jonathan Bowman. "Llámame cuando llegues. Conseguí una niñera y un auto para ti", decía.

En tanto sus ojos seguían pegados al teléfono, no pudo evitar pensar en lo caballeroso que aparentaba ser ese hombre, y dudó de si llamarlo o no.

Como estaba demasiado absorta en sus pensamientos, no se dio cuenta de lo que les pasaba a sus hijos.

Aileen sostenía su juguete favorito, un oso de cristal redondo, y jugaba felizmente; pero, de repente, un transeúnte chocó con la niña, lo que provocó que el oso cayera al suelo. El aeropuerto estaba abarrotado, así que, cuando el pobre oso cayó, fue pateado por la gente.

"¡Mi oso!", exclamó Aileen a todo pulmón.

"¡Aileen, espera!", gritó su hermano.

Aileen fue tras su oso, y Adrian corrió tras ella.

El oso rodó hasta los pies de un hombre.

"¡Por fin te tengo!".

Aileen levantó al oso con una sonrisa de oreja a oreja y miró hacia arriba.

El hombre que estaba frente a ella era alto y de buena complexión. Llevaba un traje negro puro, y sus rasgos faciales eran agradables a la vista, además de tener ojos profundos. Su intimidante presencia hacía que los transeúntes se mantuvieran alejados de él, pero a Aileen, en cambio, la cautivó.

El sujeto bajó la cabeza y la miró a los ojos, que se parecían mucho a los suyos.

Los ojos de Aileen brillaron, y rodeó con sus brazos el muslo de aquel hombre desconocido.

"¡Papá!", exclamó.

Capítulo 2 Reencuentro

Maurice Moran se quedó atónito.

Miró a la niña aferrada a su pierna, y pensó que era encantadora. Sus redondos ojos estaban fijos en él, lo que lo cautivó hasta el punto de no poder dejar de verla.

Era la primera vez que veía a una niña tan linda como ella y, mientras aún la contemplaba, le preguntó:

"¿Dónde está tu madre?".

Al mismo tiempo, Eliana buscaba con desespero a sus hijos en el aeropuerto y, de repente, escuchó la voz de un hombre familiar que venía detrás de ella.

"¡Eliana!", gritó él.

Al voltear, vio a un caballero que sostenía un gran ramo de rosas brillantes y la miraba.

Se quitó los lentes de sol y pudo ver su rostro con claridad.

Era Asher.

"Eliana, ¿de verdad eres tú?", preguntó él con voz temblorosa y emocionada.

Cinco años atrás, ese hombre la empujó por accidente desde la cubierta de un crucero, y desde entonces no se supo más de ella.

En los últimos miles de días y noches la perdonó por su traición, con la esperanza de que ella volviera a él.

Dio un paso al frente y trató de abrazarla.

"¿Qué crees que haces?".

Una voz chillona vino de cerca y, al darse cuenta de quién era, el chico bajó las manos.

Cuando Eliana miró a la mujer que acababa de hablar, una sonrisa juguetona curvó sus labios.

'¡Qué casualidad! Todos mis enemigos se reunieron', comentó para sus adentros.

La mujer resultó ser Erica.

"¿De dónde saliste, zorra? ¿Cómo te atreves a seducir a mi esposo? Tú...".

Erica dejó de hablar a mitad de la frase, y abrió los ojos de par en par con horror, señalando a Eliana mientras temblaba y era incapaz de pronunciar palabra.

Su presencia de Eliana la desconcertó, después de todo, ¡se suponía que estaba muerta!

"¿Eres un fantasma o un ser humano?", inquirió.

La otra arrugó la cara, y sus brillantes labios se curvaron en una sonrisa. Para ser justos, en realidad sí se parecía un poco a un hermoso fantasma.

"¿Qué pasa, Erica? ¿No esperabas que saliera de las profundidades del infierno para encontrarte?".

El mero hecho de oírla decir eso asustó a Erica hasta la médula, y un escalofrío le recorrió la columna.

Recordó cómo, cinco años atrás, conspiró para que Eliana perdiera la virginidad, provocando su ruptura con Asher. Es más, la otra incluso terminó cayendo por la borda y siendo tragada por el mar.

'¿En serio volvió para buscar venganza?'.

Cuando el pensamiento cruzó por su mente, tembló de miedo.

A Asher, en cambio, no le pareció mal, e incluso olvidó por un momento el hecho de que ya estaba casado.

Su corazón se llenó de alegría al ver el regreso de su verdadero amor, y no pudo evitar estirar la mano, queriendo tocar ese hermoso rostro que había anhelado día y noche.

Pero, al instante, Eliana lo abofeteó.

"Eliana, ¿te volviste loca?".

Erica la fulminó con la mirada, tocando la mejilla enrojecida de Asher y sintiendo pena por él.

Sin embargo, Asher la apartó y miró a Eliana con cariño.

"Eliana, no te mentiré... Me la merecía. Ya te perdoné por engañarme, ¿hay alguna posibilidad de que estés dispuesta a volver conmigo?", preguntó.

Esta vez, Eliana se sintió asqueada por el comportamiento desvergonzado del otro.

"Mi... Qué confesión de amor tan conmovedora, ¿no? Si no hubiera muerto una vez, estaría llorando. Siento reventar tu burbuja, pero no necesito tu perdón. ¡Erica preparó todo eso solo para poder casarse contigo!".

Asher miró a Erica y cuestionó: "¿Qué quiere decir con eso?".

El rostro de la otra palideció. "¡No escuches sus tonterías!", espetó.

Estaba a punto de producirse una divertida interacción, pero, justo entonces, una transmisión por los parlantes del aeropuerto resonó:

"Tenemos un anuncio de emergencia. Si hay algún pasajero que haya perdido a sus hijos, por favor, presten atención. Tenemos dos niños aquí, una niña y un niño. El nombre de la niña es Aileen Pierce, y el del niño es Adrian Pierce. Si son sus padres, por favor, diríjanse a la sala de servicios del aeropuerto lo antes posible. Repito, por favor, procedan a...".

"¡Adrian y Aileen!", gritó Eliana, y se apresuró a ir al salón de servicio, dejando atrás a la pareja.

Asher quiso seguirla, pero Erica lo detuvo, y solo pudo ver como la otra desaparecía en la distancia, perdido en sus pensamientos.

Al ver esa reacción, Erica apretó los dientes, y el odio llenó sus ojos.

De nuevo, Eliana la venció.

Había estado tan enamorada de Asher, que hizo todo lo posible para casarse con él, pero, aunque pasaron cinco años, aún no podía quitarse su estigma de encima... y ahora la maldita perra volvía a la vida. Casi se derrumbó al verla.

En cuanto Eliana llegó a la sala de servicio, vio a Aileen y a Adrian sentados en unas sillas.

"¡Oh, mis bebés! ¡Estaba aterrada! ¡Pensé que los perdería!".

Se apresuró y los abrazó. "¿A dónde se fueron?".

"¡Estaba buscando a nuestro papi!", dijo Aileen, muy emocionada.

"¿Papá? ¿Quién?", cuestionó la chica sin entender nada.

"Todo esto es su culpa. Ella vio a un tipo guapo y lo llamó 'papi'", se quejó Adrian.

Al oír eso, Eliana se preocupó por el comportamiento impulsivo de su hija.

"Aileen, nunca vuelvas a hacer eso, es muy peligroso. ¿Entendiste?".

La niña asintió en señal de obediencia.

Su madre resopló y se inclinó ante el miembro del personal a su lado.

"Lamento haberlos molestado. ¿Quién los trajo aquí? Me gustaría agradecerle".

El miembro del personal le sonrió y respondió: "Sus hijos tienen mucha suerte de haber conocido a un hombre prominente de buen corazón. Fue el CEO del Grupo Moran quien los trajo aquí".

A la muchacha le dio un vuelco el corazón tras oír eso, tomó a sus hijos y salió corriendo, haciendo que los niños se asustaran.

Pero ya el hombre se había ido, y lo único que pudo ver fue un Maybach (un Mercedes de lujo) pasando delante de ellos.

Había un hombre dentro y, al pasar junto a ellos, subió la ventanilla y desapareció pronto, dejando a Eliana que ni siquiera alcanzó a verle la cara con claridad.

Capítulo 3 Un buen hombre

Mientras el motor del Maybach rugía, Maurice pasó a toda velocidad junto a Eliana y los gemelos y, justo antes de cerrar la ventana, vio al grupo de tres.

Frunció el ceño y se sintió un poco molesto con esa mujer, aunque no la conocía.

'¡Qué mujer tan descuidada! ¿Cómo diablos pudo perder a esos niños tan lindos?', se preguntó.

Pero, cuando el precioso rostro de Aileen cruzó por su mente, se le ablandó el corazón.

En un parpadeo, el auto desapareció en una esquina, dejando atrás a una Eliana aturdida.

"Mami, ¿qué te pasa? ¿Sigues molesta conmigo?", cuestionó Aileen en un susurro, alcanzando la mano de su madre.

Adrian le reviró la mirada a su hermana. "Todo es tu culpa, ¿por qué llamaste 'papi' a un extraño?", espetó.

"Mami, te prometo que no lo volveré a hacer", juró con solemnidad la pequeña.

No fue hasta entonces que la muchacha recobró el sentido, y solo le sonrió a su hija con suavidad. "No estoy molesta contigo", dijo.

"¿Entonces por qué no me contestabas?", curioseó la nena e hizo un puchero, confundida.

Ante esto, su madre se sumió de nuevo en el silencio, pensando que esto no era más que coincidencia.

En estos últimos cinco años no olvidó que alguien había intervenido para hacer que el Grupo Pierce quebrara y, tras investigar muchísimo, por fin encontró algunas pistas.

Descubrió que Asher también estaba involucrado, pero él era un simple peón... Había alguien más detrás de todo lo que pasó.

Solía pensar que su padre se había tirado de un edificio porque no podía soportar el revés de la compañía, y que su madre también se suicidó porque no pudo aceptar su muerte; pero ahora se preguntaba si eso no era todo.

Según veía, el Grupo Moran estaba detrás de todo eso.

"¡Mami, no me contestas de nuevo!". Aileen hizo un puchero y estrechó la mano de su madre con fuerza.

Por fin, la muchacha dejó de pensar en el pasado y, acariciando las cabecitas de sus hijos, dijo:

"Vamos a buscar a la persona que vino a recogernos".

Tomó sus manos, y los tres aguardaron en la entrada del aeropuerto.

Al cabo de un rato, un Lincoln se detuvo frente a ellos.

"¡Señorita Pierce, por fin llegó!". Una amable mujer de mediana edad bajó del auto. "Puede llamarme Kimora. El señor Bowman hizo arreglos para todo. Primero, por favor, entren al auto".

Aileen y Adrian saltaron, emocionados. "¡Genial! Jonathan envió a alguien a recogernos".

Eliana y los gemelos subieron al auto y fueron llevados a la casa que Jonathan arregló para que ella viviera.

Tras guardar sus cosas, la muchacha sacó vacilante su celular y, por fin, hizo una llamada.

"Gracias, Jonathan", dijo con cortesía.

"Eliana, no hace falta ser tan formal". La voz de aquel hombre era baja y agradable al oído. "Sé que volviste a casa para investigar el asunto del Grupo Pierce, y me gustaría ayudarte con eso. No dudes en llamarme si me necesitas".

"Gracias de nuevo".

Además de agradecer, la muchacha no sabía qué más decirle a Jonathan.

Fue él quien le salvó la vida cuando cayó al mar y, después de ser rescatada, descubrieron que estaba embarazada.

El médico dijo que estaba en mal estado, y que abortar podría poner en riesgo su vida. Así que, gracias de nuevo a la ayuda de Jonathan, consiguió dar a luz a Aileen y Adrian.

Le debía la vida a ese hombre, pero no importaba cuánto lo intentara, no conseguía amarlo y, como se daba cuenta de que él si sentía algo por ella, se le hacía difícil enfrentarlo.

Sería muy cruel de su parte rechazarlo, pero tampoco podía convencerse de aceptarlo. En una frase: estaba atrapada entre la espada y la pared.

Después de colgar, se sacudió la cabeza, buscando deshacerse de todos esos pensamientos desordenados, pues ahora no era momento para entrar en una relación romántica. ¡Su prioridad número uno era investigar la verdad sobre lo sucedido con el Grupo Pierce!

Volvió a mirar su teléfono, y pulsó la oferta de trabajo del Grupo Moran.

"Querida señorita Pierce, ¡bienvenida al Grupo Moran!", decía el mensaje.

Apretó los puños con fuerza e ideó un plan.

La repentina quiebra del Grupo Pierce y la muerte de sus padres... ¡Tenía que averiguar qué pasó por su cuenta!

Al día siguiente, Eliana fue a la sede del Grupo Moran, con una ubicación privilegiada, y de la que debían destacar sus altas Twin Towers, que eran magníficas.

La recepcionista la llevó al área de oficinas, y le avisó en un susurró: "Esta es Gabrielle Aston, la directora del Departamento de Diseño".

Ella asintió e ingresó al despacho.

Una mujer se sentó en un sofá que se encontraba al centro, y la observó de arriba abajo, lo que incomodó a Eliana que, sin embargo, mantuvo la calma y sonrió con cortesía. "Hola, soy Eliana Pierce", se presentó.

"Bienvenida al Grupo Moran", dijo Gabrielle y sonrió mientras la miró con seriedad y dijo: "Tengo una reunión con un cliente esta noche, ven conmigo", "¿Esta noche?". La muchacha se sorprendió, pero lo ocultó enseguida. "Está bien", contestó.

Gabrielle asintió con satisfacción, se levantó y caminó hacia la puerta, moviendo las caderas. "Sígueme", indicó.

Eliana estaba lista para cumplir con las formalidades. Cuando salieron del ascensor, vio que las caras de los empleados se pusieron serias, como si se enfrentaran a un enemigo formidable.

Una figura alta salió de una sala de reuniones, rodeada de ejecutivos de primera línea; vestía un traje a la medida y tenía una postura digna. Obviamente, no era un simple empleado.

Eliana se lo quedó viendo, porque se le hizo familiar.

El varón se detuvo en el pasillo y giró la cabeza.

"Eliana", la llamó Gabrielle desde atrás.

Ella fue arrastrada a un lado antes de que siquiera pudiera reaccionar, y el rostro de Gabrielle se oscureció, al mismo tiempo que su mirada se volvió fría. "Tienes que conocer tu lugar desde el principio. El señor Moran es despiadado y distante. Si muestras algún sentimiento inapropiado hacia él, serás despedida de inmediato", advirtió.

Ese hombre era Maurice, el CEO del Grupo Moran.

La muchacha se lo pensó por un momento y bajó la cabeza, en señal de obediencia. "Entendido".

Gabrielle resopló y entró en la oficina, pero la otra no se movió; en cambio, levantó la vista y se fijó en el pasillo.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022