•Gotas de lluvia•
-Mis zapatos se llenaron de lodo- es la octava vez que la escucho quejarse. Me cruzo de brazos deteniendo nuestros pasos. . Un bufido cansado sale de mis labios al cerrar la sombrilla.
-Tu fuiste la que me invitó a tomar un café Lucy, así que no te quejes- mi amiga rueda los ojos y yo niego con la cabeza buscando un lugar donde sentarnos. Le señalo una mesa alojada frente al ventanal de la cafetería.
Caminamos hasta allí para tomar asiento, hay muy pocas personas en la estancia dado que a empezado a llover, últimamente el clima a tenido cambios de humor muy drásticos.
¿Será a caso bipolar?
En los meses de junio empiezan las temporadas de lluvia y aunque amo este clima, tiende a ser demasiado tedioso cuando no tienes coche.
-Buenas tardes chicas, ¿qué les puedo ofrecer?- Pregunta la mesera que llega a tomar nuestros pedidos. Me quedo observando un pequeño moretón en su hombro descubierto, varios escenarios de ella se vienen a mi mente.
Quizás se golpeó con un objeto.
Quizás práctica algún deporte arriesgado. Incluso podría pertenecer al equipo de danza regional donde, los ensayos son algo bruscos.
O quizás su pareja la maltrata.
-Yo quiero un descafeinado y una dona de chocolate- la joven anota el pedido de mi amiga y regresa la mirada hacía mí. Sonrió amablemente. Nunca sabes cuándo una sonrisa puede mejorar el día de una persona.
-Un capuchino y una galleta de avena con nuez estarán bien- .Asiente con la cabeza y después de decir que nuestro pedido estará listo en cinco minutos se aleja.
-No puedo creer que estamos a dos semanas de salir de terminar el curso, vacacionar y la profesora Martínez se haya ido con un permiso a California.
-Su hija se va a casar, era obvio que tenía que estar allá. Ve el lado positivo, quizá la siguiente profesora no te repruebe por decirle que su esposo se divorció de ella dado su carácter de mierda-.Me cruzo de brazos y levanto una ceja, Lucy hace una mueca dejando caer su cabeza sobre la mesa.
-Ni me lo recuerdes, necesito un diez este semestre si no quiero tronar el curso.
-Como lo dije, quizá la siguiente es la vencida- me encojo de hombros. En ese momento llega la chica que nos atendió y trae nuestros pedidos. La castaña le dio las gracias antes de empezar a comer.
Mi atención se centra en la ventanilla que está al frente, veo como la lluvia empieza ha parar y grandes pero pocas gotas resbalan en el vidrio. Los olores a café, panecillos y tierra mojada se filtran por mi nariz, cierro los ojos soltando un suspiro casi inaudible.
-¿Estás bien?- Los abro de vuelta solo para encontrarme con la mirada tan peculiar de Lucy, asiento con la cabeza y levanto una galleta sonriéndole. El sabor dulce de la vainilla es mi favorito.
-¡Oh! Casi olvido preguntarte ¿Cómo te fue en la cita con el
Médico?- Trago saliva y muerdo mi labio inferior nerviosa. En verdad no quiero hablar de ello, pero sé que Luciana es más terca que yo y no dejará de insistir.
-Pues...- arrastro la palabra alargándola más de lo debido.-Me fue bien en lo que cabe, aún debo llevar un control en los medicamentos y de más- hago un ademán restándole importancia.
-No creí que la anemia fuese tan problemática, llevas más de dos meses con ella-. Me volví a encoger de hombros dándole poco interés.
-Es menos molesta que el período, se va a enfriar tu café- apunté. Una vez terminamos nuestra bebida, pagamos la cuenta, salimos con cuidado del local, no quería resbalarme y caer de trasero por los charcos de lluvia en la banqueta. La lluvia cesó aunque no completamente, aún pequeñas gotitas de agua fría caían como brisa empañando mis lentes.
El camino a casa es calmado y silencioso, deben ser alrededor de las siete de la tarde, el cielo está nublado y hace ver más oscuro todo, a pesar de que la estrella de fuego a esta hora aún desprende rayos iluminando las calles.
-No quiero que sea mañana. ¡¿Por qué el domingo tenía que ser tan corto?! ¿Qué tal si la siguiente profesora es una de esas horribles maestras que salen en la televisión?
-Luciana eres muy Dramática- acusé,
Ruedo los ojos. Cruzamos hacía la siguiente calle en la cual se aloja
mi pequeña casa. -¿Cómo sabes si no llegará un guapísimo profesor como en las novelas de Escritlibre? Nos miramos a la cara y una estruendosa carcajada sale de nuestras gargantas.
-Sigue soñando- comenta.
-¿Por qué?, todo puede pasar-
Sonrío de lado.
-Si seguramente, y mucho más probable aquí en México. El día que eso pase, veré a un profesor de educación física con un estupendo abdomen marcado, y no comiendo frituras mientras nosotros damos vueltas a la cancha- reí negando.
-¿Estás discriminando a nuestro
País?- Me llevo una mano al pecho y hago una seña de ofensa.
-¡Por Dios Andrea!-. Levanta sus manos siendo exagerada- Si llegase a pasar eso ten por seguro que sería en ciudades como Nueva York, Inglaterra o Alemania. Aquí ningún dios griego va a venir para darle clases a unos intentos de adultos jóvenes universitarios.
-Si tienes razón, mira ya llegamos a mi casa-.Dije rápidamente para cambiar de tema, mis estados de ánimo bajan y suben de una forma impredecible.
-Bien, nos vemos mañana, me quedaría pero mamá quiere que esté presente para ver el boxeo con papá-Asentí con la cabeza y me despedí de ella como normalmente lo hago.
Luciana vivía a dos calles más adelante que mi casa. Una vez se perdió de mi campo de visión me dispuse a buscar mis llaves en mi bolsa, al encontrarlas las metí en la cerradura y giré está abriendo la puerta. Entré a mi pequeña casa de una sola habitación, coloqué el seguro colgando las llaves a lado, suspiré un tanto agobiada, encendí la pequeña pantalla plana en el canal de dibujos animados. Hacía que la sala fuese un lugar un poco más acogedor.
Me quité la chaqueta de cuero café claro a junto con la blusa de mangas violeta, entré al baño abriendo la llave de la ducha dejando salir el agua en espera de que está se regulará. Desprendí de mi cuello el collar que traía al igual que los aretes, dejé mis lentes sobre la tapa del retrete mientras retiraba todo rastro de maquillaje de mi rostro para después desnudarme y entrar a la ducha. Usualmente me miraba algunos años más joven sin ese maquillaje, tantas capas, tantos colores vividos, me hacían sentir segura.
El agua tibia relajó de inmediato mi cuerpo, me recargué en la pared cerrando los ojos y pensando. Luciana estaría en estos momentos llegando a su casa, saludando a sus padres y compartiendo tiempo con ellos. Muy en el fondo deseaba tener ese tiempo con mi familia, pero sabía que mi tiempo ya había pasado.
Salí de la ducha diez minutos después, sequé mi cuerpo envolviéndolo en mi bata de ducha. Mi mirada quedó centrada en mis brazos, en especial, en esas finas cicatrices de lecciones que la vida me dio. Cumplí diecinueve años hace unos meses, Luciana y su familia me hicieron una fiesta sorpresa, debo admitir que sin ella, yo no estaría aquí, ha sido mi fuerte, más que amiga es una hermana para mí.
Me pongo mi pijama, la cual consiste en un shorts de seda negro y una blusa del mismo material con mangas hasta los codos. Tomo mi celular y voy descalza hasta el único sillón que hay frente al televisor. Reviso algunos detalles que Norma me ha mandado, ella es la encargada de una tienda de ropa en el centro, trabajo allí ayudando a las personas a encontrar ciertas prendas y organizando los conjuntos de los estantes. Ese empleo eso único que me sostiene, agradezco a la beca que pude sacar hace más de un año, pues con ella he pagado la universidad todo este tiempo.
Asisto a clases desde las nueve de la mañana hasta la una de la tarde, Lucy y yo compartimos clases, ambas estudiamos Filosofía y Letras en un programa limitado. Una carrera cuyo título no es tan importante en nuestro país. Aún así, nos arriesgamos a ser la diferencia. Cuando estas terminan trabajo de una a ocho de la noche todos los días a excepción de los domingos que es mi único día libre.
Luego de ver alguno que otro programa en la TV, empiezo a leer, sin embargo la curiosidad por saber quién será nuestro nuevo asesor en el cierre de las clases, me pone ansiosa. La alarma de mi celular me recuerda que debo tomarme los medicamentos para la anemia, no me gusta tener que medicarme y odio las pastillas, pero es algo diario que he estado haciendo desde hace un mes cuando se presentó esto. Desde entonces uso maquillaje todos los días, pues mi piel ya era pálida antes, y ahora con esto tiendo a parecer un muerto viviente.
Cuando el sueño no me permite seguir despierta, considero que es momento de ir a dormir, me salgo de mi aplicación para leer y apago las luces dejando solamente una lámpara encendida en el corredor. Me cepillo los dientes y recuesto en mi cama, a lado de esta hay una ventana la cual suelo mirar hasta que mis ojos se cierran.
•Mirada Profunda•
Me agacho debajo de la cama para sacar una de mis zapatillas deportivas, debo dejar de ser tan desordenada, tengo una sección especial para zapatos en el clóset y aún así tiendo a dejarlos regados por todos lados. Me los coloco y me aseguro de verme bien en el espejo, durante mucho tuve una batalla conmigo misma, pero eso terminó ya hace un año. Traigo puesto unos jeans negros, una camiseta blanca con el logo de un pájaro en negro y una chaqueta negra.
Tengo una estatura promedio, no soy alta ni muy baja, mi cabello es negro y ondulado hasta más debajo de los hombros, mi guardarropa consiste en ropa cómoda, casi siempre me aseguro de usar mangas. Tomo mi celular junto con la mochila para salir de casa. En el momento que abro la puerta una fría brisa me golpea el rostro, respiro profundo el olor de la mañana, cierro la puerta con llave y empiezo a caminar. Hay algunas mujeres quienes acostumbran a barrer la banqueta de su hogar al amanecer, otras a regar las plantas o mantener sus actividades deportivas activas..
Me pongo los audífonos para seguir mi camino tranquila, hoy me desperté con un extraño presentimiento, como si me faltara algo y de un momento a otro la sensación de encontrarlo es bastante reconfortante.
Después de quince minutos de camino veo las instalaciones, saludo a uno que otro compañero, ellos me regresan el gesto, aunque debo admitir que me gustaría, no ver una mirada de lástima en su simple acción. No soy la única con problemas en esta universidad, en este mundo. Sigo hasta el aula de Escritura y Redacción, la cual será mi primer clase, después de ella sigue Filosofía, por fin sabremos quién ocupará el lugar de la profesora Bertha. Luego de recorrer los pasillos y llegar a mi casillero, saco los libros correspondientes depositando otros. Al cerrar la puerta pego un pequeño grito de sorpresa cuando la cara de mi amiga aparece de forma sorprendente.
-Wow- hago una pequeña mueca- luces terrible- Espero. Su cabello está despeinado, tiene pinta de no haber dormido nada. A parte que hay un poco de pasta dental en la comisura de sus labios.
-Gracias por el cumplido, anoche no pude dormir pensando en que necesito ese estúpido diez. Si no paso la materia tendré que recusar la clase- se recarga derrotada en los casilleros, me cruzo de brazos observándola seria.
-Si hubieras estudiado en lugar de ir a la fiesta de los Rodríguez nada de eso hubiese pasado- Suspiro colocándome la mochila. Bufa cansada y empezamos el trayecto hasta el aula doce.
-Tenía que ir, Damián estaría allí al igual que todo su grupito, a parte déjame recordarte que yo te invité a esa fiesta- levanta su mano señalándome.
- Claro y de haber ido estaría la misma situación.
El timbre sonó, las clases empezaron como eran de costumbre, anotaciones resúmenes y cuestionarios. Sinceramente no dejaba de ver el reloj en espera de la siguiente clase, sentía una opresión muy rara en el pecho. Cuando el tiempo transcurrió fue el cambio de aula, casi arrastro a Luciana para llegar rápido al salón de Filosofía.
-Bien vamos a conocer a nuestra profesora, que de seguro será una mujer gorda de mal aspecto y carácter de mierda.
-O quizá será una mujer elegante con un quinto divorcio - Volvimos a reír ante mí comentario, mis compañeros empezaron a llegar y tomar asiento, yo estaba sentada justo atrás de mi amiga a unas bancas en medio del salón. No me gustaba estar en frente mucho menos hasta atrás.
-¿Vieron al tipo que de bajó de ese auto?- Se escuchaban rumores en una esquina.
-¿Qué estará haciendo aquí?- le murmuró Amelia a Sophie.
-No lo sé, seguramente algún modelo para la publicidad de la universidad.
Luciana y yo arrugamos la frente al escuchar el chisme de mis compañeras. Hablaban de alguien, pero dudo mucho se trate de un modelo para promover el plantel, la escuela no gastaría ni un solo centavo en ello ¡Suena ridículo!
Cuando la puerta del aula fue abierta todos guardamos silencio, abrí mis ojos hasta más no poder al ver quién había entrado.
-Oh..por...Dios- Exclamó la castaña entre sílabas. Incluso olvidó que era Atea. Ella me miraba sin poder creerlo. Y yo estaba más que impactada, más bien todos en el aula lo estábamos.
-Buenos días jóvenes, me presento, soy Christopher Conrad su nuevo profesor de Filosofía.
Un hombre que no podía tener sangre de este país corriendo por sus venas, estaba parado justo en frente de nosotros, un tipo extranjero, muy alto, incluso tuvo que bajar la cabeza para entrar por la puerta rechinante del salón, su cuerpo hacia perfectamente un molde de músculos perfecto, la barba le hacía ver un tanto mayor, quizás treinta o treinta y cuatro años máximo, nunca había visto unas cejas tan malditamente sexis en un hombre. Tragué saliva en el momento que nuestras miradas se encontraron. Por un mínimo instante creí ver un brillo amarillo en sus pupilas. Cómo un destello dorado.
Me removí incomoda viendo hacía el pizarrón, segundos después me vi forzada a regresar hacia él, no dejaba de verme y todos en la clase se dieron cuenta de ello, sin quererlo mi alrededor se hizo pequeño, aquel muro que había puesto hacia el exterior hace mucho, se rompió con una sola mirada. Luciana se dio cuenta de ello y carraspeó la garganta para volver a todos en la realidad en la que vivíamos. Aunque ahora dudaba que está fuese la realidad.
-Bien, pondré el título del tema en la pizarra, posteriormente se pondrán de pie y se presentarán para aprenderme sus nombres-. Sus brazos delineaban con un marcador rojo en extravagante caligrafía, note que siempre hacia una línea curva después de terminar la letra «i», esto hasta que se detuvo..
-Dudo que pueda aprenderse los nombres de todos en una sola clase- Susurró Quintana.
-Cállate Sebastián- Musitó moviendo los labios Raquel desde la última fila. Rodó los ojos.
-Joven Sebastián no debe subestimar a nadie, pues todos son capaces de todo. Le aseguro que en la vida hay cosas más complicadas que memorizar un simple nombre- Soltó con una enorme ligereza, impresionándonos a todos. Era imposible que él supiese cómo se llamaba.
«Quizás me distraje y observó como Raquel movía los labios. O como Agustín susurró su nombre» Negué. Apenas y escuché yo, no podría haberlo oído
.
Cuando terminó de escribir el título en la pizarra se giró tomando una lista en sus manos.
-Háganme el favor de presentarse- Ordenó cruzándose de brazos, persona por persona, alumno por alumno se puso de pie, dijo su nombre y edad. No obstante lograba captar sus miradas dirigidas a mí. El ambiente era tenso, podía sentirlo, como si quisiese decirme algo y estuviera buscando el momento preciso.
«¿Le conocía de algún lado?»
Claro que no, recordaría al hombre más atractivo y varonil que he visto en mi vida.
-Luciana Durán, y tengo diecinueve años- terminó de presentarse Lucy. Tragué saliva cuando me puse de pie, vi como me repasó con la mirada desde los pies hasta la cabeza.
-Mi nombre es Andrea Ramos, tengo diecinueve años-Solté lo más segura posible, cuando la verdad es que no dejaban de transpirarme las manos.
-Gracias señorita Ramos, siguiente- Me dejé caer en mi asiento y agaché la cabeza, pues sabía que si la levantaba me toparía con esos ojos profundos, observándome de manera predispuesta.
Empezó a explicar su forma de evaluar y no me pareció tan complicado parece ser que Luciana tendría suerte esta vez. Un gran suspiro salió de mis labios cuando sonó el timbre de salida. Inmediatamente todos se fueron puesto que seguía nuestro descanso.
Cuando guardé todas mis cosas y salí a lado de Lucy, él seguía observándome, ni siquiera disimulaba.
-¡Aún estoy en shock, no puedo creer que ese modelo sea nuestro maestro!
-Te dije que todo podía psar en la vida -muerdo mi labio inferior.
-Él no dejaba de verte, ¿lo conoces de algún lado?- Su pregunta me tomó por sorpresa.
-No claro que no, quizá me confundió con alguien- me encogí de hombros.
-¡Hola chicas!- Carol, una compañera del club de lectura nos saludó sonriente.
-Hola- respondimos al unísono.
-¿Ya se enteraron que el nuevo profesor es británico?
«¿Sí es británico qué está haciendo aquí?»
Esto era muy raro y a la vez fabuloso.
Llegamos a la cafetería a comprar nuestros almuerzos.
-Cuando termines no olvides tomar tus medicamentos, yo tengo reunión con el equipo de básquetbol- asentí con la cabeza y me despedí de Lucy, ella y Carolina son aficionadas al deporte, yo por mi parte prefiero mantenerme alejada de el.
Me ubico en una de las mesas del final, a pesar de llevar ya casi dos años aquí, no he hecho muchos amigos, a Luciana la conozco desde que tengo diez y a Carolina, aunque es más amiga de Lucy que mía, he convivido con ella desde que ingresé. Sin embargo no compartimos clases, su carrera pertenece a la sección de Contaduría.
Veo el emparedado que está en la mesa y no me dan muchas ganas de comerlo, pero aún así lo hago, porque mi otra yo se quedó en el pasado, aunque las consecuencias de mis actos han afectado mi presente. Una vez termino recuerdo mis pastillas, las busco en la mochila y saco una botella con agua para tomarlas. Abro el jugo de durazno que compré y vierto las vitaminas en gotas. Por alguna razón siento que alguien me observa y por instinto elevó mi cabeza hacia el frente. Dejo de respirar cuando me topo de nuevo con su mirada.
El profesor Christopher está recargado en la pared de la entrada, su mirada sigue fija en mí, pero hay algo diferente en ella, su ceño está fruncido y luce confundido.
«¡¿Dios será que es un psicópata y soy su próxima víctima?!»
Una pequeña risa sale de mis labios a causa de mis pensamientos. Cuando vuelvo la vista al frente ya no se encuentra ahí. Ahora la que frunce el ceño soy yo.
- Vamos Andy, son alucinaciones mías, esos medicamentos- negué con la cabeza y me puse de pie tomando mis cosas estaban por dar el timbre, y debía asistir a la clase de Lógica.
Si te ha gustado el capítulo no olvides votar y comentar.
•Carrera•
Días antes.
POV: Christopher.
-Estoy aburrido Christopher- arrugó la cabeza el Lobezno de cabello castaño.
-Entonces busca algo que
hacer Alan - respondo ocupado, continuo revisando los documentos de la manada. Los recursos han estado en su punto más alto, de las mejores estaciones en mucho tiempo. Un pequeño gruñido sale de mi garganta cuando no logro evitar que una almohadillas se impacte en mi rostro.
─¿Qué carajos haces Alán?- Me crucé de brazos. Encogió los hombros sonriendo.
-Juguemos carreras como los viejos tiempos- solté una carcajada ante su petición.
-¿Cuántos años tienes ciento dieciocho? Déjame trabajar y haz algo bueno, busca a Camilo.
-No quieres hacerlo porque sabes que soy más rápido que tú- Elevo la comisura de mis labios. ¿Ahora mi hermano es competitivo? Suspiro cansado. En los años que llevo como Alpha de la manada he tenido que lidiar con mi hermano menor, ya que nuestros padres fueron asesinados por vampiros. Desde entonces Alan adoptó una actitud diferente hacía mí, viéndome como una figura de autoridad en lugar del vínculo de hermandad que me gustaría tener con él.
-Sabes que voy ha ganar, no tiene caso que pruebes algo que no vas a conseguir
-Estaba por replicar cuando la puerta del despacho es abierta y mi Beta entra por ella.
-Alpha, Alan, ¿Qué pasa? ¿Y esas miradas?
-Reto a Christopher a una carrera pero tiene miedo de perder.
-Debería, eres uno de los más rápidos de la manada -le giñe el ojo a mi hermano.
«¿Qué ya no hay respeto?»
•Al parecer la manada a olvidado tu fuerza y destreza. Ahora pareces más un bibliotecario que un guerrero•
Gruñí interiormente a mí Lobo.
Quizás un poco de ejercicio me venga bien.
-Haremos está estúpida carrera, pero rápido, tengo muchos asuntos de la manada que terminar. Y quiten esa sonrisa de sus caras-. Accedí más que nada porque necesitaba descansar la vista, estirar las patas, y digamos que odio los desafíos.
-¡Genial! Ahora, ¿Por qué no hacemos esto más interesante?- Mi Beta se cruzó de brazos. Alan y yo lo miramos con duda, Camilo era un tipo aficionado a la bromas y juegos, algo tenía en común con mi hermano, sin embargo yo me mantenía alejado de ello, me entregué a los deberes y trabajo. Ya hace varios siglos dejé incluso de buscar a mi mate, supe que la diosa luna prefería que estuviese solo, para así, cumplir mejor con mi deber como líder de la raza Licana.
-Vamos a hacer una apuesta – Soltó con un hilo de superioridad.
-¿Y qué clase de apuesta?- Apreté el puente de mi nariz estresado.
-Ya lo verá Alpha- Camilo llamó a Alan y ambos se mantuvieron viendo fijamente, sabía que se estaban comunicando por su link de lobos. No deseaban que supiera lo que tramaban. Luego de un par de minutos se separaron, me vieron con burla.
-Si Alan gana la carrera, irás a otro país a impartir clases como maestro suplente de Filosofía por quince días-. En cuanto las palabras entraron a mis oídos y fueron digeridas por mi mente, una sonora carcajada salió de mi garganta, no tenía ni idea cuánto llevaba riendo pero si lo suficiente para que una lágrima escapará de mis ojos. Bien no había reído en mucho tiempo.
-Eso es ridículo, ¿no sé les ocurrió algo más irreal?-Espeté molesto.
-Llevas encerrado en estas oficinas casi un siglo, te vas a pudrir, ambos queremos que salgas y conozcas, no se, otros aires-. El rizado hizo movimientos con la mano dando a entender que lo que decía era en serio.
Suspiré y me puse de pie, si ellos querían que jugara está bien, jugaría, pero con las mismas reglas.
-Si yo gano, Alan trabajará en la construcción de las nuevas casas, durante un año y tú-señalé a Camilo- Serás destituido de tu puesto Leal, por el doble de tiempo de Alan-. Ambos abrieron los ojos desmesuradamente, asintieron con la cabeza a duras penas.
-Tienes que ganar cueste lo que cueste Alan.
Reí para mis adentros, salí del despacho dejándolos solos, debía prepararme para el dichoso juego. Nadie le gana a un Alpha y menos al Alpha supremo.
Luego de darme una ducha y ponerme algo cómodo, salí de mi habitación, bajé las escaleras del castillo sin apresurar los pasos, debía estirar los músculos. Al salir me topé con ya todos reunidos, y cuando digo todos esto incluía a varios de mis subordinaros que tengo a mi guardia. Cory la mate de Camilo, Stela la mejor amiga de mi hermano al igual que dos compañeros de batalla, Yulian y Lía.
-Si querías público para ver tu derrota debiste haber traído a toda
la manada- murmuré ligeramente.
-Eso lo veremos hermano-Nos adentramos al bosque, la ruta ya había sido colocada meticulosamente. Aquel que fuese el primero en pasar el lago de la luna ganaría la carrera.
Yulian y Lía se quedaron al frente mientras los demás ya estaban listos para observar detrás de la meta. La loba de cabellos violetas poseía la habilidad de observar movimientos a gran distancia de forma tan lenta, que formaba parte de una buena estrategia en la batalla.
-¿Empezamos Alpha?- Yulian traía consigo un cronómetro en la parte interior de su muñeca, a diferencia de los demás, sus sentidos le permitían localizar a grandes kilómetros, la energía corporal de toda creatura, dando alerta en caso de que un intruso sin invitación merodeara por el territorio.
-En la cuenta de tres-Gritó Lía.
-Uno, dos ...
Y escuché un gruñido de la morena cuando rápidamente tomé la delantera transformándome en un enorme lobo negro, era el único de ese color en la manada. Alan rápidamente consiguió alcanzarme, su lobo era de un color canela combinando con sus ojos.
Aceleré mis pasos queriendo terminar antes que nada, esto para volver al trabajo.
•No debiste apostar Christopher•
Tenía mucho tiempo sin hablar con Carter mi lobo interior. Y cuando asimilé lo que me dijo maldije mil veces. No sé cómo demonios Alan estaba yendo más rápido, obligué a mi cuerpo a dar el límite pero no podía alcanzar a mi hermano.
•Esto te pasa por estar tantos años encerrado sin entrenar•
Le gruñí a Carter y a mi mismo cuando Alan cruzó el lago proclamándose ganador.
Traspase la laguna, notoriamente avergonzado.
Camilo tenía una sonrisa cínica que al mostrarle mis dientes y enojo quitó de inmediato. Cory se acercó brindándome una tierna sonrisa, colocando un par de prendas detrás de las rocas en el bosque, lo mismo hizo Stela con Alan. Cambié mi forma a la de un hombre y me vestí.
•Parece ser que nos vamos de viaje• Zarandeó Carter alegre, me quedé pensando por un instante, esto no podría ser una coincidencia. Salí de entre las rocas para ver cómo felicitaban a mi hermano. Me crucé de brazos y todos callaron al ver mi expresión.
Yulian y Lía llegaron a los segundos viendo el resultado. Fruncí el ceño al ver como Cory le entregaba algo a Camilo y este se acercaba hasta mí.
-Aquí tiene Alpha-me tendió una carpeta. Lo miré dudoso y me hizo una seña para que la abriera. Al hacerlo ahí se encontraba un boleto de avión a México y varios documentos tal como un permiso falso de profesor en la carrera de Filosofía y Letras extranjeras.
«Hijos de la Luna»
-Lo tenían todo planeado- Murmuró furioso. Los presentes me sonrieron y asintieron, todos habían sido cómplices.
────•: ☽ ∙✦∙☽:・────
-¿Por qué diablos escogieron ese país?, ¿A caso no existía un lugar más lejano? Espero que no haya ningún inconveniente que necesite de mi presencia, les juro que les cortaré las extremidades si...
-¡Chris! Relájate, sigue haciendo las maletas. Nada va a pasar en tu ausencia hermano.
-Alan tiene razón, buscamos opciones en países exóticos, Cory encontró una publicación en una red social para vacantes, fue el destino. Su seguridad digamos que no es excelente así que los papeles no deberán meterte en problemas, a parte dicen que su gastronomía es fantástica, hablas todos los idiomas de este mundo, será fácil.- rodé los ojos y volví a lo que estaba haciendo.
-Relájate tómalo como unas vacaciones- Fulminé con la mirada a mi hermano menor y cerré el equipaje.
Habían pasado dos días desde la carrera mismos que ocupé en planear como rayos iba a actuar como profesor. Lo bueno de todo esto es que la materia se me facilitaba gracias a los años de experiencia.
-Cuando vuelva si no encuentro todo en orden, despertarás en una fosa con tarántulas- mi compañero palideció, una de sus fobias eran las arañas.
Salí del castillo. Algunos lobos me escoltarían hasta las afueras del territorio.
«Solo serían dos semanas ¿Qué podría pasar?».
. Gracias por leer.