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Mi Mate... Mi Alfa, Mi Amor.

Mi Mate... Mi Alfa, Mi Amor.

Autor: : Venus_Ysb
Género: Hombre Lobo
La historia gira en torno al amor de los protagonistas, dos Alfas guerreros, que además de ser gemelos idénticos, ambos son sumamente altivos y dominantes; y una joven Omega virgen, Freya, a punto de entrar en su período de celo. Los tres se conocen en circunstancias muy adversas y desfavorables para que surja la amistad y mucho menos el amor. Al contrario, lo que hay en el corazón de la hermosa Omega, quien vio con sus propios ojos como los suyos eran masacrados sin piedad por los soberbios Alfas, es puro rencor y odio. Sin embargo, tras varios sucesos, algunos forzados, otros no, nace un sentimiento muy fuerte que bien podría o abrir el camino hacia el amor verdadero o encender la llama del odio más vengativo. ¿Cuál de los dos gemelos Alfas será el dueño absoluto del corazón de Freya? ¿Seguirán siendo tan unidos como siempre o su pasión por ella los cegarán al punto del enfrentamiento?

Capítulo 1 1. Los Alfas Gemelos.

Desde el punto de vista de Freya

¿Has pensado alguna vez cómo sería la vida de un hombre lobo si su destino no lo decidiera la diosa Luna? Todo sería muy diferente, se podría elegir qué camino tomar y a quién amar.

Lamentablemente, ese no es mi caso. Mi destino ya estaba sellado desde el día que nací como hombre lobo. El hecho de haber nacido como Omega significaba que estaba entre los más bajos. Mi propósito era servir a los más superiores, los Alfas, y complacerles en todo lo que ellos querían. No debía hablarles, ni mirarlos a los ojos.

Una de mis tareas era ser sumisa y dejar que el alfa me criara a su antojo hasta que pudiera producir tantos cachorros como él quisiera: yo quería libertad, pero solo así la obtendría. Ese era el destino de un Omega en nuestra manada.

Esa estúpida regla fue creada por el hombre lobo original, que, según cuenta la leyenda, fue el primero en hablar con la diosa Luna.

En realidad, yo creo que el imbécil lo hizo porque vio que los omegas eran más débiles. Notó que los Alfas se volvían más posesivos para con ellos, y pensó que un Alfa con Omega era más poderoso que uno sin él.

Cada vez que un Alfa se retiraba para dejar que su hijo se hiciera cargo de la manada, los Ancianos daban al nuevo Alfa la oportunidad de elegir un Omega para ser su Luna y tenerla a su lado.

Pero eso no significaba que fuera su pareja, no. Aunque teníamos que tener un compañero, la regla no se aplicaba al Alfa o al Omega indistintamente. Dado que un Alfa elegía inmediatamente a un Omega, ambos estaban directamente destinados a rechazar a sus compañeros para cumplir con las reglas de la manada.

Después de que el alfa eligiera a un omega que complaciera su corazón, el beta tenía la oportunidad de elegir también, pero su regla era diferente. Un beta, a diferencia de un alfa, podía elegir o rechazar a un omega.

Luego de la ceremonia, cuando la noche del ritual de selección termina, el alfa se dirige a su cámara para estar con la omega hasta que ésta quede preñada o se le permita salir de su habitación.

Entonces la omega pasa sus días sirviendo al alfa hasta que su propósito se cumpla, luego él le concede la libertad necesaria después de haber destetado a sus cachorros.

El reinado continuó así de generación en generación hasta que un incidente sucedió hace unos cinco años.

Nuestra manada fue invadida por los gemelos Alfa. No había ninguna manada que no hubiera oído hablar de ellos... de Magnus y Gunnar. Sus nombres significaban fuerza y guerrero, respectivamente.

Los atormentadores de territorios y asesinos de toda vida, por muy fantásticos que sonaran sus nombres, la realidad era que hacían honor a ellos, pero para mal.

Mataron a nuestro Alfa, Beta, guerreros y a la mayoría de nuestros hombres mayores de veinte años. Luego nos exigieron que poniéndonos de rodillas jurásemos nuestra lealtad a ellos.

Les habíamos visto matar sin remordimientos o vacilación, y nosotros ni siquiera éramos lo suficientemente fuertes como para intentar luchar contra ellos.

Así que, hicimos lo que cualquiera en su sano juicio haría. Todos nos arrodillamos y les juramos lealtad. En ese momento, yo sólo tenía doce años y mi corazón estaba lleno de ira y rabia hacia ellos porque entre los miembros de la manada que mataron estaba mi padre, al que tanto adoraba y amaba.

Mi madre murió cuando yo nací, así que me quedé sola con él, me enseñó lo que era el amor y me dio todo lo que podía desear. Para mí era todo lo que tenía y era tan feliz, que nunca en mi vida había pensado en huir o suicidarme.

Sin embargo, el día que los gemelos se hicieron cargo de nosotros, intenté hacerlo más de una vez. Y debido a eso, me castigaron severamente, durante una semana estuve encerrada en un lugar oscuro sin comida ni agua y me encadenaron a una cadena de plata que era muy dolorosa para cualquier hombre lobo.

Después de esa experiencia cercana a la muerte, dejé de huir o de hacerme daño. Elegí vivir en el reino del infierno que todos en mi territorio llamaban hogar, pero sabía en el fondo que no todo el mundo estaba muy contento con ellos.

Los gemelos eran los alfas más famosos entre todos los países, ganándose su primer apodo como gemelos de Lucifer a los quince años.

Los gemelos no siempre fueron así, según algunos de los ancianos de la manada que quedan, que rara vez hablaban de ellos por miedo.

Hace años, ocurrió un incidente que los convirtió en los peores alfas de toda la historia de los hombres lobo.

Aunque eran fríos y peligrosos, había unas cuantas lobas que intentaron seducirles, pero desgraciadamente acabaron muertas o heridas.

Muchos pensaron que eran homosexuales, y yo también empecé a creer que los rumores eran ciertos porque habían pasado cinco años y todavía no tenían ni luna, ni criadora, ni pareja.

En realidad, no les importaba lo que dijeran sobre ellos los miembros de la manada, y en esos cinco años nadie les había visto con una mujer, ni en la cama ni en ningún lugar.

Los gemelos eran los hombres más atractivos de nuestra manada, muy tranquilos, trabajadores, inteligentes, pero también muy despiadados, peligrosos e inflexibles.

Hice todo lo posible por alejarme de ellos y de todos los de arriba, pero se hizo difícil porque hace apenas una semana, los alfas gemelos ordenaron a los mayores que siguiéramos con las reglas originales, la cultura y la vida de nuestra manada. Esto significaba que la elección de un Omega se produciría tarde o temprano. Muchos pensamientos pasaron por mi cabeza.

«¿Por qué han retomado las reglas y la cultura de nuestra manada después de todos estos años? ¿Fue porque querían un cachorro, o porque estaban cansados de los rumores?»

Nadie podía responder mis preguntas, sólo sabía que mi cumpleaños número 18 sería dentro de una semana. De encontrar a mi pareja, le rogaría que huyera conmigo. Debido al vínculo de pareja que compartiríamos, estaba muy segura de que accedería a mi petición, después de todo, nadie querría hacer daño a su pareja pasara lo que pasara.

Me levanté de mi pequeña cama y me dirigí a la ventana con un suave suspiro. Mi deseo de cumpleaños era que si iba a estar emparejada que fuera con un guerrero. No quería que fuera un Delta o un Beta porque había visto cómo se comportaban con una compañera y no todo eran rosas y corazones como creía. La mayoría eran espinas y vasos rotos.

Así que yo, dentro de mis posibilidades, mantendría un perfil bajo y lucharía por mi libertad de una forma u otra.

Capítulo 2 2. Miradas de depredador.

-Freya deja de holgazanear ya, ¿quieres que te castigue? -preguntó en voz alta Gertrude, nuestra jefa Omega.

-No, lo siento señora. -susurré y seguí limpiando el suelo de la cocina.

No era mi intención holgazanear o ser perezosa, era solo que mi mente estaba inquieta pensando en la ceremonia que se avecinaba, realmente no quería ir a ningún lado y odiaba el hecho de que cada Omega tuviera que vestirse bien y hacer todo lo posible para complacer a los Alfas.

-Haz más presión con las manos. -Me ordenó y se marchó mientras yo lo hacía.

Algunos de mis mayores temores eran ser rechazada por mi pareja o tener mi primer celo sin encontrarla.

La mayoría de las omegas de nuestra manada fueron rechazadas porque sus compañeros temían enfrentarse al alfa si éste acababa eligiendo a la misma omega, y la mayoría de las omegas que entraron en celo antes de encontrar a sus compañeras fueron entregadas a los superiores como recompensa.

Todo era un desastre y horrible, las omegas solían terFreyar embarazadas, si el tipo que las embarazaba era lo suficientemente amable, permitía que la Omega tuviera al cachorro, pero si era despiadado, hablaba con los alfas que decidían expulsarla de la manada o hacer que la Omega abortara a la fuerza.

Después del aborto o del exilio, muchas se volvieron locas y otras quedaron traumatizadas, no quería que me pasara eso, así que estaba muy asustada.

-Trabaja, trabaja y trabaja, no pienses mucho, aunque rara vez comes o duermes. -murmuré en voz baja para mí y luego me tensé cuando sentí que unos ojos me miraban fijamente.

Refunfuñé con fastidio y seguí fregando el suelo, en los últimos dos años me había sentido observada, en repetidas ocasiones, desde la distancia por más de una persona. Primero me pareció que era uno, luego la sensación se convirtió en dos, me esforcé por respirar su olor, pero no pude detectar nada, su aroma estaba perfectamente enmascarado o me estaba volviendo loca porque estaba pensando mucho, cada vez que me giraba o miraba a mi alrededor no veía a nadie.

Me resultaba extraño porque solo tenía esta sensación cuando no estaba cerca de alguien, era común que los betas, deltas y guerreros masculinos desearan y espiaran a las omegas hermosas, pero yo no era bonita, al menos así me veía.

Comencé a tararear mi melodía favorita y continué trabajando, cada Omega conocía su deber y cuál era su papel, en mi caso, mi trabajo consistía en limpiar la casa de la manada cada mañana, los dormitorios de los superiores estaban fuera de los límites para mí porque una omega mayor que ya había experimentado su celo era la única permitida allí.

Después de terFreyar en la casa de la manada, se suponía que debía ayudar a limpiar los alrededores, tras lo cual comía si tenía suerte, pero si no tenía suerte, no encontraba nada que comer.

-¡No estás emocionada! -La voz de Eva me sobresaltó.

-¡Eva! -grité sobresaltada pegando un brinco.

-Uy, perdón, ¿te he asustado? -preguntó burlonamente.

-Sí, lo hiciste. -respondí y luego me giré al sentir de nuevo que los ojos que habían estado sobre mí regresaban.

-Lo siento. -me dijo de nuevo.

-Está bien, oye, dime una cosa, cuando entraste aquí, ¿no sentiste que alguien te observaba? -pregunté.

Miró a su alrededor y luego se arrodilló a mi lado.

-Sí, claro. -susurró.

-¿De verdad? -pregunté.

-Sí, y sé quién lo hizo. -respondió ella.

Rápidamente dejé de fregar y me le acerqué.

-¿Quién? -pregunté con los ojos bien abiertos.

-Mi hambre y mi conciencia. -respondió.

La miré con rabia mientras ella se echaba a reír.

-Loca. -Me burlé.

-Deberías acostumbrarte a ese tipo de sentimientos, en primer lugar esta es una casa de manada llena de machos doFreyantes y en segundo lugar eres una hermosa Omega que atrae a los machos con facilidad, en tercer lugar tú...

-Suficiente. -dije seriamente y le interrumpí.

-¿Qué? -preguntó ella.

-Ya lo has dejado claro, tu punto de vista. -respondí.

-Freya, ¿Cuándo aceptarás lo que realmente eres?, el día que te abraces como Omega, ese será el día en que te ames y entiendas que has sido bendecida por la diosa para nacer como eres, vamos, levántate.

-Yo no soy como tú, Eva, tú ya estás en tu primer celo y te sientes libre ahora, tal vez aún no has conocido a tu pareja, pero el hombre que te cuidó no es otro más que el buen Cristian. -Le respondí.

Todos en nuestra manada sabían quién era Cristian, era lo que llamábamos la mano derecha de los gemelos, era como ellos, pero a la vez muy diferente, era bueno en el combate cuerpo a cuerpo, su lobo era también uno de los más grandes y fuertes de la manada, cuando se ponía serio daba miedo.

Mataba y torturaba a cualquiera que le faltara al respeto, pero cuando se trataba de mujeres era como una persona diferente, era amable, simpático y comprensivo, muchas mujeres iban a él, pero él elegía con quien quería pasar la noche, le atraían sobre todo las mujeres que tenían baja autoestima y poca confianza, no entendía por qué, pero las prefería mucho.

Eva siempre se recluía antes de su primera carrera, rara vez me hablaba y solía llorar cuando se burlaban de ella, estaba muy triste y una vez intentó suicidarse.

Cuando tuvo su primer celo se suponía que debía ser entregada a uno de los principales guerreros, pero Cristian intervino y la reclamó para la noche, con la sangre Beta corriendo por sus venas nadie se atrevió a oponerse.

Al día siguiente, Eva salió como una versión diferente de sí misma, estaba muy contenta y con más confianza de la que yo podría tener, no quise preguntarle qué había pasado durante su celo, así que me callé y decidí dejarlo pasar.

-Bueno, qué puedo decir, tuve mucha suerte. -respondió.

Me levanté y me reí discretamente.

-Tienes mucha suerte. -respondí y luego cogí el cubo de agua y el trapeador.

Levanté la vista y vi a Eva inclinándose hacia abajo. Me reí y le lancé un paño hacia ella.

-Deja de hacerte la loca. -dije en voz alta, luego me di la vuelta y me golpeé el pecho con fuerza.

Mi corazón se aceleró de inmediato, estaba tan asustada que ni siquiera levanté la vista, el hecho de que Eva se hubiera inclinado para mostrar su respeto y sumisión significaba que uno de los superiores estaba ahí.

-Ten cuidado la próxima vez y mira por dónde vas, guapa. -Sonó la voz de Cristian.

Levanté la vista rápidamente y respiré aliviada cuando me sonrió, era realmente muy agradable y bien guapo.

-Lo siento, señor. -respondí con una sonrisa.

Mi sonrisa desapareció inmediatamente cuando vi a los gemelos bajando las escaleras.

-Hasta luego, señor. -dije rápidamente y salí corriendo con Eva detrás de mí hacia afuera.

-¿Hasta luego, señor?, ¿Quién le dice eso a uno de alto cargo? -preguntó ella en voz alta.

-Me asustaron los gemelos y me entró el pánico -respondí con sinceridad-, no estaba pensando.

-¿Por qué no te harían daño a no ser que hicieras algo malo, has visto siquiera cómo eran? -Preguntó.

-No, es nuestra regla nunca mirar a los superiores a los ojos, pero hoy la rompí cuando miré a Cristian, por suerte solo miré a los gemelos sin mirarlos de cerca, solo espero no meterme en problemas.

Lancé un suspiro al viento y miré al cielo.

-Yo también. -dijo Eva y luego caminó a mi lado hacia nuestras habitaciones.

Capítulo 3 3. Tiemblo.

-Freya, Freya, despierta.

Eva me trataba de despertarme mientras me sacudía suavemente.

-No quiero. -respondí murmurando, luego me di la vuelta y miré al otro lado.

-Hay una pelea afuera y se trata de nuestros alfas. -dijo en voz alta.

En un segundo estaba de pie. Mi curiosidad lo superaba todo, sueño, hambre, todo.

-¿En serio? -pregunté en un susurro.

-Vámonos ya, apresúrate, vamos. -dijo en voz alta, luego me cogió de la mano y salió corriendo de la habitación conmigo.

Parpadeé varias veces para ahuyentar el sueño de mis ojos mientras intentaba acompasar mi ritmo al suyo.

Era muy temprano, el sol apenas estaba saliendo. No sabía por qué, pero tenía muchas ganas de ver qué pasaba.

-¡No me asustas, gemelo inflado!

Sirius gritó fuerte con voz quebrada. Se produjeron muchos chillidos de asombro y murmullos.

Rápidamente aceleré el paso y salí al exterior, donde encontré a muchos miembros de la manada de pie, lejos de la casa de la manada.

Sirius, como siempre, parecía muy borracho y agotado. Se encontraba a unos metros de los gemelos, que permanecían tranquilos cerca de la puerta de la manada.

Aunque parecían tener una disposición tranquila, en el fondo sabía que estaban muy molestos porque nadie les había llamado tan abiertamente homosexuales. Lo que Sirius estaba haciendo era, literalmente, cavar voluntariamente su propia tumba.

Se rió a carcajadas y luego les señaló con el dedo.

-¿Cómo se hace eso? -preguntó entre risas.

Me acerqué con precaución para ver claramente la reacción de los gemelos.

Sirius miró a su alrededor durante unos minutos y luego levantó las manos con una amplia sonrisa.

Me daba pena porque era uno de los mejores guerreros de nuestra manada, además era amable con todos y muy servicial, pero en cuanto se emborrachaba se convertía en todo lo contrario, insultaba a todos los que conocía y además acosaba agresivamente a muchas lobas, apareadas o no.

A los hombres lobo les resultaba difícil emborracharse con alcohol, pero en cuanto el alcohol se mezclaba con unas gotas de acónito, su sistema inmunológico se debilitaba y les hacía emborracharse con facilidad.

Una sobredosis de hechizo de lobo resultó fatal para un hombre lobo y le causó la muerte. Era veneno para nosotros, los hombres lobo, al igual que la plata y la oitis.

La oitis roja era una flor que rara vez se encontraba en las altas montañas, su jugo servía como veneno que corroía a cualquier ser sobrenatural de adentro hacia afuera en cinco minutos. Tampoco tenía cura.

-Sirius, ¿qué tal si vas a descansar un poco? -dijo Cristian con severidad y se detuvo al lado de los gemelos con los brazos cruzados.

-Oye, Beta, ¿por qué tienes tantas ganas de hablar por ellos, si ellos tienen boca, eres su perra o qué? -preguntó Sirius en voz alta mientras los murmullos se hacían mucho más fuertes que antes.

Cristian gruñó con advertencia y quiso moverse, pero se detuvo cuando uno de los gemelos le sujetó la mano.

Los gemelos rara vez hablaban, casi siempre miraban aburridos y trataban a todos como si fueran inferiores.

-Sí, aguanta a tu perra y llévalo a tu habitación después, ¡basura, escoria! -Y sin más, Sirius escupió mientras mi corazón latía desbocado por el miedo.

Uno de los gemelos caFreyaba lentamente hacia él, cada movimiento que hacía tenía un dominio extremo, era el de un depredador tras una miserable presa, un viento frío pasó por delante de mí haciéndome temblar y encogerme, no se podía negar que los gemelos eran más poderosos que un alfa ordinario, algo en ellos era muy intimidante, poderoso y doFreyante.

Se paró frente a Sirius, quien se esforzó por mirarlo a la cara, pero fracasó terriblemente, y tuvo que bajar la mirada al suelo. Entonces chilló de miedo.

Aunque como hombre estaba borracho, su lobo interior no lo estaba, su lobo en realidad reconocía a los gemelos como sus líderes, le importaba que estuviera obligado a servirles y someterse a ellos.

-Lo siento, por favor. -suplicó.

Inhalé bruscamente cuando el gemelo levantó la mano y la rodeó lentamente alrededor del cuello de Sirius, asegurándose de que sus garras se clavaran bien en su carne. Los gritos de él se hicieron más fuertes a medida que la sangre salía de su herida.

Con cada segundo que pasaba, el agarre del gemelo se tensó y sus garras se clavaron más profundamente mientras lo observaba con una sonrisa, era como si quisiera que luchara lentamente por su último aliento antes de morir.

Cuanto más apretaba, más me aterrorizaba. Mis ojos se llenaron de lágrimas cuando los recuerdos de mi difunto padre volvieron rápidamente. El maldito bastardo no tuvo piedad mientras lo masacraba, ellos también tenían sonrisas en sus estúpidas caras mientras lo veían sangrar, los odiaba mucho, los odiaba a todos.

Mi garganta se secó y mi mi visión se nubló, mi cuerpo estaba caliente y empecé a sudar mucho. Mi respiración se volvió agitada y ruidosa.

-Freya, ¿qué pasa? -preguntó Eva preocupada.

El otro gemelo, que estaba observando todo, se acercó y susurró algo al oído de su hermano.

Cuando ambos miraron en mi dirección, puse una mano en mi boca y bajé la mirada con miedo. No sabía por qué miraban en mi dirección, solo sabía que no era una buena señal que miraran los dos hacia mí.

-¡Ahora vuelvan todos a sus lugares! -ordenó Cristian en voz alta.

-Freya, ¿puedes caFreyar? -Me preguntó Eva en voz baja cuando todos comenzaron a regresar a sus habitaciones y a sus áreas de trabajo.

No quería molestarles, tenía las piernas pegadas al suelo y no me quedaban fuerzas para moverme, así que respondí:

-Sí, puedo. -Mentí y luego di un paso adelante arrastrando los pies con dificultad.

Estaba a punto de caer cuando unas fuertes manos me levantaron como en un baile, levanté la vista rápidamente y vi a Cristian mirándome con una sonrisa.

-Parece que necesitas una mano. -susurró suavemente.

-Gracias, hace unos minutos estaba bien, pero ahora parece enferma. -comentó Eva rápidamente sin esperar mi respuesta.

-¿Dónde están sus habitaciones? -Preguntó.

-El edificio que queda a tu izquierda. -respondió.

-De acuerdo, si no le importa, jovencita, la llevaré hasta allí. -dijo suavemente.

-Gracias, señor. -respondí con alivio, y luego me tensé al ver que los gemelos no habían dejado de mirarnos.

Sin pensarlo, enterré rápidamente mi cabeza contra el pecho de Cristian y cerré los ojos.

-Está bien, no tienes que tener miedo de nada, no te dejaré caer. -susurró.

Sabía que no lo haría, después de todo era un alma bondadosa con las mujeres.

Caminó conmigo en brazos hacia el edificio Omega. Me aparté lentamente de su pecho y noté que un par de omegas femeninas me miraban fijamente.

-¿De qué lado? -preguntó mientras empezaba a subir las escaleras conmigo en sus brazos, ignorando las miradas.

-A la izquierda. -respondió Eva.

-De acuerdo. -dijo y luego sonrió.

-Señor, muchas gracias, es solo que yo....

-Está bien, además no me importa llevar a una mujer hermosa como tú en mis brazos. -respondió con una sonrisa.

En ese momento deseé tener una pareja que fuera tan amable como Cristian, así de cariñosa, pero los deseos eran sólo eso, deseos, rara vez se hacían realidad.

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