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Mi Pequeña Esposa.

Mi Pequeña Esposa.

Autor: : Exaly
Género: Romance
"En la protección inesperada, el amor puede florecer en los lugares más insospechados" Alberth, un empresario prestigioso y multimillonario, enfrenta una difícil decisión cuando su mejor amigo fallece en un accidente, dejándole la responsabilidad de cuidar a su hija de 18 años, Valeria. Dejando un video póstumo. Valeria solo puede heredar la fortuna de sus padres si se casa con Alberth Sandoval, una condición impuesta por su difunto padre para protegerla. De aquellos que la persiguen. Inicialmente reacio a la idea, ya que el tiene su novia, Alberth se da cuenta de que la única manera de evitar que los codiciosos tíos de Valeria se apoderen de su herencia y la alejen de su libertad es aceptando el insólito acuerdo. Sin otra opción, Alberth acepta casarse con la joven diminuta, pese a la diferencia de edad y las complicaciones que esto conlleva. A medida que viven juntos, Alberth y Valeria deben navegar las complejidades de su inusual matrimonio, enfrentando tanto los desafíos familiares como sus propios sentimientos.

Capítulo 1 Llamada inesperada.

Alberth

Estoy en mi oficina, en una reunión con los accionistas de la empresa. La venta de las pequeñas casas construidas en las residencias ha sido un éxito y, sobre todo, se nos han unido más accionistas para crear nuevas residencias en las afueras de la ciudad. Este proyecto será de grandes beneficios para las familias de bajos recursos.

-Señor Sandoval, tiene una llamada urgente-, me informa mi asistente, interrumpiendo la reunión. Acepto la llamada de un número desconocido.

-Hola, ¿con quién hablo?

-¿Usted es el señor Alberth Sandoval? Necesito que venga inmediatamente al hospital Central. El señor Edwards Smith Estrada ha solicitado su presencia. Tuvo un accidente y su estado es reservado. Sin embargo, solo pide por usted.

No, ¿qué pudo haber pasado? Ajusto mi corbata con nerviosismo.

-Voy enseguida-. Cuelgo la llamada y salgo a toda prisa de mi empresa, dejando a los accionistas desconcertados.

***

El trayecto al hospital se siente eterno. Cada semáforo en rojo y cada minuto que pasa aumenta mi ansiedad. Edwards es más que un socio, es mi amigo de toda la vida. ¿Qué clase de accidente pudo haberlo dejado en un estado tan crítico?

Llego al hospital y corro hacia la recepción, donde una enfermera me indica la habitación de Edwards. Al entrar, el ambiente frío y estéril del hospital me golpea de lleno. Ahí está, rodeado de máquinas que monitorean sus signos vitales. Se ve pálido y frágil, muy diferente al hombre enérgico que conocía.

-Alberth...-, murmura con dificultad, apenas consciente.

-Estoy aquí, Edwards. ¿Qué ocurrió?

Sus ojos se llenan de desesperación mientras intenta hablar.

-No fue un accidente...-, dice con voz entrecortada. -Sabes... hubo mano criminal... protege a Vale...

Mi mente corre a mil por hora. ¿Mano criminal? ¿Quién querría hacerle daño a Edwards?

-¿Quién? ¿Qué pasó exactamente?

Pero antes de que pueda obtener una respuesta clara, Edwards empieza a toser violentamente. Los monitores comienzan a sonar alarmas, y el equipo médico entra rápidamente para asistirlo. Me hacen a un lado mientras tratan de estabilizarlo, pero en cuestión de minutos, todo se detiene.

-Lo siento-, dice el doctor con una expresión grave. -Hemos hecho todo lo posible, pero no lo logramos.

El mundo se detiene para mí en ese instante. Edwards ha muerto y sus últimas palabras resuenan en mi mente. Esto no fue un simple accidente. Hay algo más oscuro detrás de todo esto, y debo descubrirlo.

Mientras salgo del hospital, una mezcla de dolor y determinación me invade. Debo honrar la memoria de mi amigo y encontrar a los responsables de su muerte.

Llamé a mi hombre de confianza, el cual es como un padre y a la vez amigo de Edwards. Jovanny respondió al instante.

-Alberth, buenas tardes. ¿Sucedió algo?

Solté un suspiro de tristeza.

-Edwards ha muerto -Solte con un nudo en la garganta.

-¿Pero cómo sucedió? Hace unos días regresó de las Bahamas.

-Me confesó antes de morir que ese accidente fue provocado. Debemos buscar a los culpables. Sin embargo, ¿quién podría ser? Nunca le conocí algún enemigo.

-Alberth, qué misterio. Por otro lado, ¿qué ha pasado con Valeria, estuvo en el accidente o ya sabe de esto?

-No lo sé. Creo que ni siquiera sabe que su padre falleció. Necesito ir a darle la noticia y sé que ella te tiene confianza. Ya ni siquiera la recuerdo; era una niña cuando la vi y luego, en las reuniones con Edwards, nunca asistía. En fin, no podemos seguir hablando. Te veo aquí en el hospital central. Necesitamos hablar con esa jovencita.

Colgué la llamada y miré un punto fijo. No puedo imaginar cómo tomará esta joven la noticia.

*****

Al encontrarme con Jovanny rápidamente entramos hospital central para realizar los trámites necesarios y coordinar el traslado del cuerpo de Edwards. La tarde estaba nublada, reflejando perfectamente nuestro estado de ánimo sombrío. Con el papeleo terminado y el cuerpo preparado, nos encaminamos a la mansión de Edwards.

La mansión, una imponente estructura rodeada de jardines bien cuidados, parecía más oscura y silenciosa de lo habitual cuando llegamos. La noticia de la muerte de Edwards al parecer aún no había llegado a sus ocupantes, y la paz del lugar pronto se vería interrumpida.

Jovanny y yo bajamos del coche fúnebre, llevando con cuidado el ataúd de madera oscura hacia la entrada principal.

-Ahí se encuentra Valeria-Me indico Jovanny hacia el Jardín la hija de Edwards, se encontraba en el jardín trasero. No era más que una sombra de la niña que recordaba; ahora, una joven de unos diecisiete años, de mirada profunda y serena.

Valeria regresaba a la casa, absorta en sus pensamientos, cuando notó el coche fúnebre y el movimiento inusual en la entrada. Sus pasos se aceleraron y sus ojos se abrieron con sorpresa y miedo. Al ver el ataúd, su rostro palideció, y por un instante, parecía que el suelo se abría bajo sus pies.

Martha, la nana que había cuidado a Valeria desde pequeña, salió apresuradamente de la casa al notar la conmoción. Su expresión era de confusión y preocupación. Al vernos con el ataúd, entendió inmediatamente lo que había sucedido, pero le costaba aceptarlo.

-¿Qué está pasando aquí? -preguntó Martha con voz temblorosa mientras se acercaba a Valeria y la rodeaba con un brazo protector.

Jovanny llamo a dos de los guardia para que ayuden con el ataúd, me acerqué a ellas con la cara seria, tratando de encontrar las palabras adecuadas. Miré a Valeria directamente a los ojos, mis propios ojos llenos de compasión.

-Valeria, lo siento mucho... -Expresé con un nudo en la garganta-. Tu padre ha fallecido, tubo un accidente de auto esta mañana. Sin embargo el me confesó antes de morir que el accidente fue provocado.

Valeria me miró incrédula, su mente intentando procesar la información. Las lágrimas comenzaron a llenar sus ojos.

-No puede ser... -susurró, su voz quebrada por el dolor-. ¿Cómo pasó esto? ¿Quién le haría algo así?

Jovanny, tomando la iniciativa, se acercó a ella y puso una mano reconfortante en su hombro.

-Vamos a descubrir quién hizo esto, Valeria, Prometemos encontrar a los responsables y hacer justicia. Pero por ahora, necesitamos ser fuertes y prepararnos para despedirnos de tu padre de la mejor manera posible.

Martha, con lágrimas en los ojos, asintió y tomó a Valeria de la mano, llevándola hacia la casa.

-Ven, querida. Necesitas descansar y estar con tu familia. Nosotros nos encargaremos de todo lo demás.

Mientras entraban a la mansión, Jovanny y yo intercambiamos una mirada de determinación. Sabíamos que la búsqueda de la verdad apenas comenzaba, y que proteger a Valeria sería una de nuestras principales prioridades en los difíciles días que se avecinaban. Quizás tendré que contratar más guardianes y Guarda Espaldas para protegerla.

Capítulo 2 Tristeza.

"La soledad es el silencio del alma, donde se escuchan los ecos más profundos de nuestro ser."

Alberth

Veo el cielo oscuro por la prominente lluvia. Estamos en el cementerio, el sepulcro de Edwards se está llevando a cabo y los únicos presentes son sus empleados, la nana de Valeria, ella, Jovanny y yo. Me siento mal por ella; verla llorar es tremendamente triste. Jovanny se le acerca y la abraza, reconfortando su dolor.

Pienso en lo último que Edwards me dijo antes de morir. ¿Quiénes serán sus enemigos? ¿Por qué razón lo querían muerto? Dejo de lado esos pensamientos al ver a una señora de pie cerca de un árbol. Ella llora a mares, me pregunto de quién se tratará.

-Alberth, creo que lo mejor será llevar a la chica a la mansión. Se nota débil. Acompáñala con su nana, mientras yo me quedo hasta el final -me dice Jovanny.

-Está bien, hermano -respondo.

Me acerco a la nana de Valeria y le digo que la ayude a llevarla al coche. La amable señora se acerca a la joven, quien reniega al principio, pero luego acepta llorando en los brazos de su nana.

-Vamos -le digo, ayudándola. Prendo mi camioneta y la ayudo a subir.

Manejo en dirección a la mansión de Edwards. Lo único que escucho es el llanto lastimero de Valeria, mientras su nana intenta reconfortarla.

-Mi niña, me duele el alma verte destrozada. Te acompaño en tu dolor, no te me derrumbes estoy contigo.

-Nana, quiero a mi papito de vuelta, lo necesito. Sin él no quiero vivir.

-No digas eso, cariño. Me matas a mí también.

Suelto un suspiro lastimero al escuchar esas palabras de tristeza.

Pasó más de una hora cuando llegamos a la villa de mi amigo. Aparqué la camioneta y ayudé a Valeria a bajar, pero antes de ponerse de pie, se desmayó. Rápidamente la levanté en mis brazos.

-Mi niña, Dios, dale fuerzas -susurra la señora Martha, indicándome la entrada de la mansión.

-Muéstrame la habitación y prepárale un té.

-Sí, enseguida.

Entré a la habitación de la chica y la recosté sobre su cama. Le tomé el pulso, que era débil, y luego toqué su frente, pero no tenía fiebre.

-Papá -susurra débilmente. Intento levantarme, pero sus manos me detienen-. No me dejes, papá; te necesito.

Está en una pesadilla. Me recuesto sobre el borde de la cama y acaricio su cabello. Ella sonríe entre sueños. Pobre, me pregunto qué pasará con ella ahora que su padre no está. Me imagino que su familia materna o su tío, hermano único de Edwards, se harán cargo de ella.

-Señor, aquí está el té -dijo Martha al entrar. Me levanto de la cama y le indico que le dé el té en pequeños sorbos.

-Debo irme. Cualquier cosa, no dude en llamarme.

-Está bien, señor. ¿Me pasa su contacto?

Asiento y le pido el móvil. Guardo mi número y luego marco al mío para que ella guarde el suyo.

-Gracias por todo -agradece, acercándose a Valeria.

Salgo de la mansión de mi amigo, sintiendo un sabor amargo y una profunda tristeza. Espero que la joven Valeria pueda superar esta irremediable pérdida, aunque lo dudo. La pérdida de un ser querido jamás se olvida, ni aun cuando pasen los años.

Al llegar a mi casa, me tiro sobre el sofá, cierro los ojos por el cansancio y aún mi cabeza está procesando la muerte repentina de Edwards. Los recuerdos de la noche anterior me invaden, la escena en la que todos estaban tan atónitos, incapaces de comprender cómo algo tan trágico podía haber ocurrido de manera tan súbita. La imagen de Valeria, con el rostro desencajado y los ojos hinchados de tanto llorar, me persigue.

-Alberth vas a querer que pida que te preparen el almuerzo-. La voz de mi tía Gloria me saca de mis pensamientos. Ella se acerca y se sienta a mi lado.

-Tía, gracias, pero no tengo apetito. Solo necesito un café bien cargado.

-Está bien. Lamento mucho la muerte de Edwards, quién lo diría. Que Dios consuele a sus familiares. -Asiento mirándola fijamente. Lo que no entiendo es por qué no hubo ningún familiar en el velorio, ni siquiera en el entierro.

-¿Todo bien, hijo? -cuestiona mi tía, sacándome de mis pensamientos.

-Sí, tía, todo bien. Iré a mi despacho.

-Está bien, te llevaré tu café...

Asiento, levantándome del sofá y caminando hacia mi biblioteca. Entro y cierro la puerta detrás de mí. Observo todo a mi alrededor, los libros ordenados en los estantes, el escritorio impecable. La soledad se siente más palpable que nunca. Esa chica se sentirá sola de por vida, así como lo estoy yo desde que mis padres murieron en ese crucero.

Me acerco a los cuadros en la pared, la imagen de mis padres y yo en tiempos más felices. Me entristece profundamente. Es lamentable no tener a nuestros padres cerca. A veces, me pregunto cómo sería la vida si todavía estuvieran aquí.

*****

Entro a mi despacho y dejo caer en el sillón de cuero, perdido en mis pensamientos. La muerte de Edwards ha reabierto viejas heridas que creía cicatrizadas. Suspiro profundamente, intentando aliviar el peso en mi pecho. La soledad se cierne sobre mí como una sombra constante.

-Aquí tienes tu café - articulo mi tía, entrando con una bandeja y dejándola sobre el escritorio. Me ofrece una sonrisa compasiva.

-Gracias, tía -respondo, tomando la taza entre mis manos. El calor del café es reconfortante, aunque no mitiga del todo el frío que siento por dentro.

Ella se queda un momento en silencio, luego acaricia mi hombro con ternura antes de salir del despacho, dejándome a solas con mis pensamientos.

Miro por la ventana, observando cómo las sombras de los árboles se alargan con el atardecer. La vida sigue su curso, implacable, indiferente a nuestras penas. Pero hoy, el mundo parece un lugar un poco más oscuro sin mis padres ahora sin mi mejor amigo Edwards y sus constantes bromas. Mañana será otro día, y de alguna manera, tenemos que seguir adelante.

Con un último suspiro, me obligo a concentrarme en los documentos esparcidos sobre el escritorio. Tal vez el trabajo pueda ser una distracción, aunque sea temporalmente, de esta tristeza que parece no tener fin.

*****

Había transcurrido una semana de intenso trabajo, incluso el hospital me tenía agotado. A veces hacía turnos extra para seguir en lo que me gusta, pero ser empresario y médico me estaba sacando canas anaranjadas. Amaba ser médico; mi especialidad era la medicina general. Sin embargo, al morir mis padres tuve que hacerme cargo de las empresas y ahora ni siquiera tengo descanso. Estoy considerando darme unas buenas vacaciones.

Joselyn aún no había regresado de su viaje y casi no teníamos mucha comunicación. Su trabajo de modelo la tenía muy ocupada. Dejando ese tema a un lado, por otro lado, no sabía mucho sobre la joven Valeria. Jovanny me comentó que al parecer habían aparecido sus tíos maternos y el hermano de su padre, pero la chica no estaba conforme con sus visitas. Podría ser que no eran tan cercanos. Hablando del rey de Roma y él que se asoma, desde la hora que según nos encontraríamos.

-Pensé que el café se pondría frío de tanto esperarte -comenté irónico cuando Jovanny se sentó.

-Pensé que eras aburrido, pero veo que no, hasta sarcástico te has puesto -rodé los ojos ante su broma.

-Eh, un poco. Quizás el trabajo no ayuda. Necesito un respiro.

-¿Y qué esperas? Eres joven, tienes dinero, empresas, barcos e incluso una novia famosa. Ve, tómate tu tiempo. Tu tía puede reemplazarte -sugirió, palpándome la espalda.

-Vaya, eres un gran consejero. Gracias -dije sinceramente. Jovanny sorbió su café negando con la cabeza. Quería preguntarle sobre Valeria, así que sin pensar lo hice.

-¿Cómo está tu ahijada?

Jovanny bajó la taza de café y me miró fijamente.

-Tengo entendido que planean llevarla fuera del país -mencionó Jovanny, volviendo a sorber su café.

-¿Por qué? -negó dudoso-. ¿Será que ella desea eso?

-Lo dudo. Tengo entendido que nunca se llevaba bien con su familia materna. Por esa razón, si se la llevan, será a la fuerza.

-¿Es eso posible?

-No lo creo. Mañana se dictará el testamento y debo estar allí, espero que Valeria cumpla rápido sus dieciocho.

Asiento, soltando el aire estancado

Después de despedirme de Jovanny debido a una urgente reunión, llegué a la empresa a terminar de leer los contratos, pasé medio día ahi, salí de la empresa llegué cansado a casa. Mi novia me llamó y hablamos brevemente antes de que me quedara dormido. Al día siguiente, me desperté y me vestí como siempre: ropa formal impecable y mi luego me coloqué mi reloj Rolex. Estaba listo para salir al trabajo cuando recibí una llamada.

Contesté el teléfono y, al escuchar la voz desesperada de Jovanny, fruncí el ceño.

-Alberth, el abogado de Edwards, solicita tu presencia o no se hará el dictamen del testamento. Incluso hay dos videos, y son para ti -dijo Jovanny, su tono lleno de urgencia.

-¿Qué? No estoy entendiendo. No soy parte de la familia. ¿Por qué solicitan mi presencia? -replicó, bufando de frustración.

-Alberth, trae tu trasero aqui, o iré a tu empresa y te traeré de las greñas -advirtió Jovanny, con un tono serio que dejaba claro que no estaba bromeando.

-Dios, dame paciencia, por favor... ya voy.

Dicho eso, colgué la llamada y me dirigí sin más demora a la mansión de Edwards. Ahora de que se trata.

Capítulo 3 Sorpresas.

Aparqué mi camioneta en la entrada de la mansión de mi buen amigo Edwards Smith. Un nudo de tristeza se formó en mi pecho al pensar en él. El guardia abrió el portón de acero y entré con pasos rápidos, notando varios coches estacionados.

Al entrar, me recibió una de las criadas, seguida de la señora Martha, que lucía demacrada. Ella me guió hasta el despacho donde aparentemente estaban los demás.

-Buenos días -saludé al entrar. Los únicos en responder fueron mi amigo Jovanny y el abogado. Valeria estaba absorta mirando el gran cuadro que colgaba en la pared.

-Alberth, toma asiento -me indicó Jovanny.

-Señor Sandoval, se requería su presencia -declaró el abogado. Los presentes estaban molestos.

-No entiendo por qué se requiere aquí a un desconocido en un momento familiar -protestó uno de los presentes, mirándome con desdén.

Lo miré seriamente. ¿Quién se creía que era?

-¿Y ustedes quiénes eran para mi padre? Nada. Así que no deberían ni siquiera estar sentados en su silla -mencionó Valeria, visiblemente molesta. Los presentes la miraban negando con la cabeza.

-Una jovencita como tú no debe meterse en estos asuntos -espetó un señor canoso. ¿Quién sería él?

-¿Por qué demonios...? -rugió Jovanny- Ella es la hija única heredera.

Nadie volvió a hablar.

-Podemos empezar -cuestionó el abogado. Negó con la cabeza, abrió su laptop, colocó una tarjeta USB, abrió los folders y luego miró a todos los presentes.

-Aquí debe estar presente la nana de la señorita Valeria, la señora Martha.

-¿Pero y ahora una empleada? ¿Qué le pasó a mi cuñado? -habló una señora morena.

-Señora, si no quiere salir de aquí, cállese -recalcó nuevamente Valeria-. Puede continuar, ya mandaré a buscar a mi nana.

Cuando todos estaban presentes, el abogado soltó un suspiro y empezó a leer el documento, mencionando nombres, sus empresas y las casas que tenían en los departamentos cercanos al país.

-Toda la herencia es para su única hija, Valeria Smith.

-¿Pero cómo? Mi cuñado tenía que dejarnos la parte de la fortuna de nuestra hermana. Llevamos años trabajando a su lado.

-No lo sé. Ya cumplí con mi deber, no me interrumpa. Ahora seguiré leyendo.

Los presentes estaban molestos y cuchicheaban entre sí.

-Jovanny Howard se hará cargo de una de las empresas y estará pagando a sus cuñados como empleados hasta que se jubilen. Cuando Valeria cumpla 25 años, se le pasará la empresa textilera y la ganadera.

-¡Qué clase de testamento es este! Me voy de aquí -gritó el señor canoso, saliendo del despacho.

-Prosiga -sugirió Valeria.

-Bien, la casa y todo lo demás son de su hija. Pero su hija Valeria deberá cumplir con ciertos requisitos para heredar.

-¿Qué? ¿De qué se trata? -cuestionó ella, levantándose de la silla.

-Querida sobrina, tu padre estaba loco, ¿no lo crees?

-¿Qué le pasa? -rugí molesto, y Jovanny igual.

-Mencionas algo más de mi padre y te saco a patadas de mi casa.

-Imagínate si no cumples, tampoco será tuyo -respondió uno de los tíos de Valeria-. Vamos, Rosa, mi cuñado no estaba bien cuando escribió su testamento.

Dicho eso, salió del despacho.

-Puede continuar, debo asistir a mi empresa -pedí desesperado. No tenía idea de por qué habían solicitado mi presencia.

-Señor Alberth, este video es para usted y la señorita Valeria.

-¿Qué? -dijimos los dos al unísono.

-Los demás pueden retirarse.

-Entonces, ¿estamos aquí por nada? -preguntaron dos señoras.

-Ustedes recibirán su pago mensual por cinco años. Pueden retirarse, señoras.

-Bueno, yo me retiro, te espero afuera Alberth -dijo Jovanny, dirigiéndose a mí. Asentí sin entender qué tenía que ver en todo esto-. Valeria, te veo luego, cariño.

-Está bien, padrino.

-Bien, solo escuchen sin interrupciones -dijo el abogado, reprodujo el primer video del difunto. Algo me decía que él estaba preparado por esa razón hasta ha dejado videos, me concentré en la gran pantalla.

El video comenzó a reproducirse y el rostro de Edwards apareció en la pantalla. Giré mi rostro hacia Valeria, quien empezó a llorar al mirar la pantalla.

-Quizás si están viendo este video, es porque estoy muerto y ni siquiera pude detener el mal de los que me perseguían. Creo que me confié -Edwards sonrió y luego continuó-. En fin, ya ni modo. Hija mía, princesa de mi reino, quizás todo lo que diré en este video no será de tu agrado. Sin embargo, debes cumplirlo o no podrás heredar lo que te pertenece. Por otro lado, tus tíos querrán hacer todo para llevarte lejos. Recuerda lo que te hablé cuando tenías quince años -giré los ojos hacia Valeria, quien lloraba sin parar-. Bueno, debes cumplir esto por tu bien y para que yo esté en paz, aunque muerto ya ni cuenta. No obstante, siempre deseo lo mejor para ti, y lo mejor para ti es casarte cuando cumplas diecinueve años.

-Pausa -pidió Valeria acercándose al abogado.

-Señorita, pedí que no interrumpiera, necesito acabar con esto.

-Entiendo, pero ¿por qué...?

-No lo sé, yo solo hago mi trabajo. Puede sentarse para continuar.

Dios, realmente tan joven y él deseaba que ella se casara. Negando, dirigí la mirada hacia la pantalla.

-Hija, sé que te negarás, pero lo hago por tu bien, para protegerte. No quiero que te pase nada malo, y sé que tu futuro marido te protegerá de aquellos que deseen hacerte daño, como lo hicieron con tu madre y ahora conmigo.

Esto es irracional. De verdad que la madre de Valeria tuvo una muerte repentina, y ahora él.

-Alberth -me concentro al escuchar mi nombre-, quizás pienses que estoy loco por este gran favor que te voy a pedir. Eres la única persona que sería capaz de hacer todo por querer verme bien. Por tal razón, te pido, no mejor dicho, te ruego que seas el tutor legal de mi hija Valeria Smith. -Abro los ojos sorprendido-. Sé que ambos están sorprendidos, pero es mi voluntad y quiero que se cumpla. Amigo mío, aquella promesa que me hiciste aquellos años, ese favor que un día te iba a cobrar, ahora quiero que me pagues casándote con mi hija cuando cumpla sus dieciocho años en noviembre. Los detalles se los dejaré en los videos privados que he dejado para ti, hija Valeria, y para tu futuro esposo, mi gran amigo Alberth. Los quiero mucho, cuídense y no confíen en nadie.

-¿De qué está hablando Edwards? ¡Qué locura!

-Mi papá no tenía que hacer esto.

-Se debe cumplir con ello para que ella herede. Usted entenderá en el próximo video, que solo usted verá.

-Yo no puedo casarme tan joven.

-Y yo no puedo casarme con una jovencita. Además, estoy comprometido. Edwards lo sabía, ¿con qué intención lo ha hecho?

-Señorita Valeria, su padre le dejó un video importante. Vea ese video cuando esté sola y luego me busca. Ahora debo irme.

Al salir el abogado, me quedé mirando la pantalla, aún procesando esa locura de Edwards. Casarme con su hija, una jovencita. ¡Qué locura!

-Finjamos un matrimonio falso -sugirió Valeria, sacándome de mis pensamientos.

-Esto es una locura. No sé qué hacer. Debo irme y luego veré ese video. No sé qué más sorpresa dejó dicho tu padre.

-Está bien, pero ¿qué haremos? -preguntó bajando la cabeza.

-No lo sé, me voy.

Salí de la mansión de Edwards. Jovanny estaba hablando por el móvil; al verme, colgó la llamada.

-Alberth, ¿todo bien? -negué, enojado.

-¿Tú sabías de esa locura de Edwards? -quise saber, a punto de ir a sacarlo de su tumba.

-Sí, varias veces mencionó que si algo malo le pasara y su hija quedara sin alguien que la protegiera, y ella no cumplía sus 25 años, te pediría un favor que tú le debías.

Vaya, él sabía todo y ni siquiera me lo comentó.

-Esto es una mierda. Yo no puedo casarme con una niña, para mí es una niña. Además, tengo a mi novia y hasta se me había olvidado ese favor que le debía. ¡Demonios!

-No sé qué decirte. Pero quizás puedes hacer algo, llegar a un arreglo.

-Me voy, pensaré qué hacer.

Entré a mi camioneta y salí acelerando. Reí negando, ¿acaso Edwards estaba loco?

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