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Mi Vientre, Mi Venganza

Mi Vientre, Mi Venganza

Autor: : Bai Cha
Género: Urban romance
El aire en el estudio de "Sabor de Reyes" se podía cortar, no por la tensión culinaria, sino por un presagio. Yo, Sofía Ramos, diseñadora de moda aclamada, estaba allí como jueza invitada, solo para apoyar al prometido de mi exsocia, el famoso chef Ricardo "El Rey" Solís. De repente, la furia personificada irrumpió: Camila Vargas, mi rival más encarnizada y prometida de Ricardo, gritando una acusación que heló la sangre: "¡Sofía Ramos, esta ladrona no solo me robó el diseño con el que construyó su carrera, sino que también me está robando a mi prometido!" El estudio estalló en un frenesí, las cámaras enfocándome mientras las redes sociales me destrozaban con etiquetas como #LadyRobaMaridos. La situación empeoró cuando Camila me abofeteó en vivo, luego "presentó evidencia" de mensajes falsos y, finalmente, me empujó, golpeándome la cabeza. En mi desesperación por defenderme, grité: "¡El único hombre de la familia Solís que me importa es mi esposo, y estoy esperando un hijo suyo!" Mis palabras, destinadas a aclarar que me refería a Don Alejandro Solís, mi marido, fueron retorcidas por la turba. "¡Está embarazada de Ricardo!", "¡Qué descarada!", se leía en la pantalla gigante. Sentí un dolor agudo, un calambre. El terror me invadió. "¡Mi bebé!", grité. El público lo interpretó como una confesión. El odio se volvió tangible cuando un zapato me golpeó. Luego vi el horror: una mancha oscura creció en mi vestido. Sangre. Grité, rogando: "¡Llamen a Alejandro Solís! ¡Él es mi esposo!" Camila se burló, "¿Tu esposo? ¿Crees que somos idiotas?" Aprovechó la discreción de Alejandro para volverla en nuestra contra. "Alejandro," susurré a la cámara, "Ven por mí." La desesperación se convirtió en una fría determinación. Me humillaron, me agredieron, perdí a mi bebé por sus mentiras. Pero no sería en vano.

Introducción

El aire en el estudio de "Sabor de Reyes" se podía cortar, no por la tensión culinaria, sino por un presagio.

Yo, Sofía Ramos, diseñadora de moda aclamada, estaba allí como jueza invitada, solo para apoyar al prometido de mi exsocia, el famoso chef Ricardo "El Rey" Solís.

De repente, la furia personificada irrumpió: Camila Vargas, mi rival más encarnizada y prometida de Ricardo, gritando una acusación que heló la sangre:

"¡Sofía Ramos, esta ladrona no solo me robó el diseño con el que construyó su carrera, sino que también me está robando a mi prometido!"

El estudio estalló en un frenesí, las cámaras enfocándome mientras las redes sociales me destrozaban con etiquetas como #LadyRobaMaridos.

La situación empeoró cuando Camila me abofeteó en vivo, luego "presentó evidencia" de mensajes falsos y, finalmente, me empujó, golpeándome la cabeza.

En mi desesperación por defenderme, grité: "¡El único hombre de la familia Solís que me importa es mi esposo, y estoy esperando un hijo suyo!"

Mis palabras, destinadas a aclarar que me refería a Don Alejandro Solís, mi marido, fueron retorcidas por la turba.

"¡Está embarazada de Ricardo!", "¡Qué descarada!", se leía en la pantalla gigante.

Sentí un dolor agudo, un calambre. El terror me invadió.

"¡Mi bebé!", grité.

El público lo interpretó como una confesión. El odio se volvió tangible cuando un zapato me golpeó.

Luego vi el horror: una mancha oscura creció en mi vestido. Sangre.

Grité, rogando: "¡Llamen a Alejandro Solís! ¡Él es mi esposo!"

Camila se burló, "¿Tu esposo? ¿Crees que somos idiotas?" Aprovechó la discreción de Alejandro para volverla en nuestra contra.

"Alejandro," susurré a la cámara, "Ven por mí."

La desesperación se convirtió en una fría determinación. Me humillaron, me agredieron, perdí a mi bebé por sus mentiras.

Pero no sería en vano.

Capítulo 1

El aire en el estudio de "Sabor de Reyes" estaba cargado, no por el aroma de la comida, sino por una tensión que se podía cortar con un cuchillo. Sofía Ramos, la diseñadora de moda más aclamada de México, se sentía fuera de lugar. Estaba acostumbrada a la elegancia silenciosa de las pasarelas, no al circo ruidoso de un reality show de cocina en vivo. Había aceptado ser jueza invitada como un favor para la familia, para apoyar al prometido de su ex socia, el famoso chef Ricardo "El Rey" Solís.

Ricardo, con su filipina blanca impecable y su sonrisa de galán, presentaba su platillo estrella. Era el hijo de su esposo, Don Alejandro Solís, un hombre que no estaba presente pero cuya sombra de poder se sentía en cada rincón del imperio gastronómico que había construido. Por lo tanto, Ricardo era, en cierto modo, su hijastro, aunque la palabra siempre le pareció extraña.

De repente, una figura irrumpió en el set sin ser anunciada.

Era Camila Vargas, su antigua socia y su rival más encarnizada, la prometida de Ricardo.

Su rostro, usualmente compuesto por una máscara de dulzura calculada, estaba descompuesto por la furia. Se plantó frente a las cámaras, ignorando al presentador que tartamudeaba intentando recuperar el control.

"¡Estoy aquí para desenmascarar a una ladrona y a una hipócrita!"

La voz de Camila resonó en el silencio atónito del estudio.

Todas las cámaras giraron hacia ella, y luego hacia Sofía, que permanecía sentada en la mesa de los jueces, paralizada por la sorpresa.

"¡Sofía Ramos!" gritó Camila, señalándola con un dedo acusador. "No solo me robó el diseño que me hizo ganar mi primer premio, el diseño con el que construyó su carrera, ¡sino que también me está robando a mi prometido!"

Un jadeo colectivo recorrió a la audiencia en vivo.

El director en la cabina de control, un hombre con ojos de tiburón que solo veía números de rating, le gritó al presentador por el auricular: "¡No la detengas! ¡Sigue grabando! ¡Enfoca a Sofía!"

Sofía sintió un frío helado recorrerle la espalda. ¿De qué estaba hablando? ¿Robar un diseño? Era una mentira absurda. ¿Y robarle a Ricardo? La idea era tan ridícula que por un segundo pensó que era una broma de mal gusto. Ricardo era el hermano de Diego, su amado hijastro, el hijo de su esposo, Alejandro. Para ella, Ricardo era casi como un sobrino.

En la pantalla gigante del estudio, comenzaron a aparecer los comentarios de las redes sociales en tiempo real, un torrente de odio instantáneo.

"¿Neta? ¿La gran Sofía Ramos es una ratera?"

"#LadyRobaMaridos, qué asco."

"Siempre supe que tenía cara de mustia."

"Seguro se acostó con él para subir, las diseñadoras son así."

La etiquetaron en segundos, la juzgaron y la condenaron sin una sola prueba. El veneno del público se sentía como un golpe físico. Sofía apretó los puños debajo de la mesa, sus nudillos blancos. Quería gritar que todo era una mentira, pero la conmoción le había robado la voz.

El presentador del programa, un hombrecillo oportunista llamado Beto, se acercó a Camila con el micrófono, su rostro brillando de emoción sensacionalista.

"Camila, ¿estás diciendo que Sofía Ramos, la esposa del magnate Alejandro Solís, está teniendo una aventura con tu prometido, Ricardo Solís?"

La pregunta fue diseñada para causar el máximo daño, mezclando verdades y mentiras en una bomba tóxica. Mencionó a su esposo, Don Alejandro, y eso hizo que el corazón de Sofía se detuviera. Esto no solo la afectaría a ella, afectaría a toda la familia Solís.

Camila, aprovechando el momento, se echó a llorar. Eran lágrimas de cocodrilo, perfectamente actuadas para las cámaras. Se cubrió el rostro con las manos, su cuerpo temblando de sollozos fingidos.

"Yo los vi", gimió, su voz rota por una falsa angustia. "Se han estado viendo a mis espaldas. Ella lo sedujo, lo manipuló. ¡Y todo por envidia! ¡Porque ella nunca soportó que yo encontrara la felicidad con un hombre de la familia Solís!"

Sofía la miró, atónita. La audacia de su mentira era monumental. Camila estaba usando su obsesión con la familia Solís para destruirla. En el fondo de su mente, una voz fría y calmada le decía que no perdiera la compostura, que no le diera a esta víbora la satisfacción de verla derrumbarse.

"Camila", dijo Sofía, su propia voz sonando extraña y distante. "No sé qué juego estás jugando, pero esto es una calumnia. Ricardo y yo..."

No pudo terminar. La mirada de Ricardo, que hasta ese momento había estado congelado en su sitio, ahora estaba llena de pánico. Era un hombre que vivía de su imagen pública, y esa imagen se estaba haciendo añicos en vivo y en directo. Su debilidad, su incapacidad para detener a Camila en ese instante, fue la única confirmación que Sofía necesitó. Estaba sola en esto.

Dentro de ella, un secreto precioso y frágil que había guardado con tanto amor, comenzó a sentirse pesado. Estaba embarazada. Embarazada de Don Alejandro, su esposo. Nadie lo sabía aún, ni siquiera Diego. Y ahora, esta tormenta de mentiras amenazaba con destruir no solo su reputación, sino la paz de la familia que tanto amaba y la seguridad de su hijo no nato.

Capítulo 2

El control que Sofía luchaba por mantener se hizo pedazos.

"Camila, detente ahora mismo", dijo Sofía, levantándose de su silla. Su voz era baja pero firme, una advertencia. "Estás cruzando una línea muy peligrosa."

La respuesta de Camila no fue con palabras.

En un movimiento rápido y vicioso, se abalanzó sobre Sofía y le dio una bofetada.

El sonido agudo y seco resonó en todo el estudio, seguido de un silencio sepulcral. Las cámaras hicieron un zoom violento sobre el rostro de Sofía, capturando la marca roja que florecía en su mejilla. El dolor no fue tanto por el golpe físico, sino por la humillación pública y absoluta. Era un acto de violencia cruda, diseñado para despojarla de su dignidad.

"¡No te atrevas a hablarme así, ladrona!" chilló Camila, su rostro transformado por el odio. "¡Me robaste mi carrera y ahora quieres robarme a mi hombre!"

Sofía se llevó una mano a la mejilla, el ardor extendiéndose por su piel. La audiencia en el estudio estaba en un frenesí, algunos gritando, otros grabando con sus celulares.

Camila, envalentonada por su agresión, continuó su ataque. Sacó su propio teléfono, agitándolo en el aire como si fuera un arma.

"¡Y tengo pruebas!" anunció triunfalmente. "¡Aquí están los mensajes! ¡Los mensajes que le has estado enviando a Ricardo, diciéndole que lo amas, que deje a esta pobre tonta por ti!"

Mostró la pantalla a la cámara más cercana. Nadie podía leer lo que decía, pero el gesto era suficiente. La narrativa de Camila, por más falsa que fuera, ahora tenía una "evidencia" tangible. Ricardo, pálido como un fantasma, solo miraba el suelo, incapaz de decir una palabra. Su silencio era una traición.

La ira, una emoción que Sofía rara vez permitía que la controlara, finalmente estalló. Una furia pura y helada la inundó, quemando el shock y el dolor.

"¡Estás loca!" escupió Sofía, sus ojos fijos en Ricardo. "¡Tú sabes la verdad! ¡Diles la verdad!"

Luego, en un intento desesperado por aclarar la locura, por apelar al único lazo que debería importar, dijo las palabras que sellarían su destino en ese momento.

"¡El único hombre de la familia Solís que me importa, el único hombre en mi vida, es mi esposo!" gritó, su voz temblando de rabia. "¡Y estoy esperando un hijo suyo!"

En su mente, se refería a su marido, a Don Alejandro Solís. Era una declaración de amor y lealtad hacia él.

Pero en el circo mediático del estudio, en medio de las acusaciones de infidelidad con Ricardo Solís, sus palabras fueron malinterpretadas de la peor manera posible.

Un murmullo de horror y fascinación recorrió el plató. El presentador, Beto, abrió los ojos como platos, dándose cuenta del oro sensacionalista que acababa de caer en sus manos.

"¿Qué acaba de decir?" susurró alguien en la audiencia.

La respuesta llegó a través del torrente de comentarios en la pantalla gigante.

"¡DIOS MÍO! ¡LO ADMITIÓ!"

"¡Está embarazada de Ricardo!"

"¡Qué descarada! ¡Lo dice en la cara de la prometida!"

"¡Cancelar a Sofía Ramos AHORA MISMO!"

"¡Pobre Camila, qué humillación!"

Sofía vio los comentarios y sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Se dio cuenta de su error, de cómo sus palabras habían sido torcidas en su contra. Intentó corregirlo, pero ya era tarde. El malentendido era una bola de nieve rodando cuesta abajo, creciendo en tamaño y velocidad a cada segundo.

Camila vio su oportunidad y se lanzó a matar. Con una sonrisa maliciosa disfrazada de dolor, se acercó de nuevo a la cámara, mostrando esta vez una supuesta captura de pantalla en su teléfono.

"Miren", sollozó, "aquí está. Un mensaje que le envió a Ricardo anoche. 'Mi Rey, no puedo esperar a que estemos juntos, lejos de todo esto. Nuestro secreto estará a salvo'. ¿Lo ven? ¡Le llama 'Mi Rey'! ¡El apodo que yo le di!"

Era una fabricación burda, un montaje. Pero para el público hambriento de escándalo, era la prueba definitiva. Sofía miró la pantalla, sintiendo náuseas. Estaba atrapada en una pesadilla tejida con las mentiras de una mujer desesperada por la fama y la venganza. Y en esa pesadilla, ella era la villana, la adúltera, la destructora de hogares. La verdad parecía no tener lugar en ese escenario.

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