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Mi Vientre, Su Infidelidad

Mi Vientre, Su Infidelidad

Autor: : Zi Ya
Género: Urban romance
Creí que mi vida finalmente se completaba cuando el milagro de un embarazo, tan anhelado y costoso, anidó en mi vientre. Pero la alegría se hizo añicos con una notificación de Instagram que reveló a mi esposo, Mateo, el mariachi que yo había impulsado con mi herencia, en los brazos de Sofía, su joven corista. La imagen de ella sentada en su regazo, con un mensaje de "Te amo, mi mariachi", y su descarado comentario burlándose de mí, me heló la sangre. Él llegó a casa, y en lugar de remordimiento, solo hubo excusas patéticas y un desprecio cruel: "Sofía me da vida. ¿Tú qué me das últimamente? Puras quejas." Me culpaba a mí, a mi soledad, a mi deseo de ser madre, por su infidelidad. "Querías inspiración. Aquí la tienes," le dije, marcando el número de mi padre, luego el de la clínica de fertilidad para un nuevo procedimiento. "Sí, una interrupción. Nunca he estado más segura de nada en mi vida."

Introducción

Creí que mi vida finalmente se completaba cuando el milagro de un embarazo, tan anhelado y costoso, anidó en mi vientre.

Pero la alegría se hizo añicos con una notificación de Instagram que reveló a mi esposo, Mateo, el mariachi que yo había impulsado con mi herencia, en los brazos de Sofía, su joven corista.

La imagen de ella sentada en su regazo, con un mensaje de "Te amo, mi mariachi", y su descarado comentario burlándose de mí, me heló la sangre.

Él llegó a casa, y en lugar de remordimiento, solo hubo excusas patéticas y un desprecio cruel: "Sofía me da vida. ¿Tú qué me das últimamente? Puras quejas."

Me culpaba a mí, a mi soledad, a mi deseo de ser madre, por su infidelidad.

"Querías inspiración. Aquí la tienes," le dije, marcando el número de mi padre, luego el de la clínica de fertilidad para un nuevo procedimiento.

"Sí, una interrupción. Nunca he estado más segura de nada en mi vida."

Capítulo 1

Ximena sintió una oleada de náuseas subir por su garganta, un sabor amargo y metálico que ya conocía demasiado bien. Se aferró al borde del lavabo de su taller de cerámica, el frío del mármol apenas calmando el sudor en sus manos. El mareo era una constante en las últimas semanas, un recordatorio agridulce de que el milagro que tanto había buscado, por el que había llorado y gastado la herencia de su madre, finalmente estaba anidando en su vientre.

Con una mano temblorosa, desbloqueó su celular. Iba a escribirle a Mateo, su esposo, para contarle que las náuseas matutinas se habían convertido en náuseas de todo el día, pero que no importaba, que era la mujer más feliz del mundo.

Pero no fue un mensaje lo que encontró. Fue una notificación de Instagram.

Una etiqueta.

Su dedo se deslizó casi por inercia, abriendo la aplicación. La pantalla se iluminó con una foto que le robó el aliento y le heló la sangre en las venas.

Era Sofía, la joven corista de la banda de mariachis de Mateo. Estaba sentada en el regazo de él, con sus brazos delgados rodeando su cuello. Mateo, vestido con su impecable traje de charro, sonreía a la cámara con una familiaridad que era exclusivamente de Ximena, o eso creía ella. La mano de Sofía, adornada con uñas rojas y afiladas, descansaba posesivamente sobre el pecho de Mateo.

Pero lo peor no era la imagen. Era el texto que la acompañaba.

"Celebrando el éxito con mi inspiración. Gracias por creer en mí cuando nadie más lo hizo. Te amo, mi mariachi."

Y debajo, un comentario de la propia Sofía, añadido hacía apenas unos minutos: "@Ximena_Ceramics ¿No te da gusto que tu esposito esté triunfando? Deberías agradecerme, sin mi musa, seguiría estancado."

La náusea regresó con una fuerza brutal, pero esta vez no era por el embarazo. Era por la traición. El celular se resbaló de sus dedos y cayó al suelo, la pantalla estrellándose en una telaraña de fracturas, un reflejo perfecto de su corazón en ese instante.

Se quedó allí, de pie, mirando el desastre. Años de sacrificios pasaron ante sus ojos como una película muda. Vendiendo sus piezas más preciadas para financiar la primera grabación de Mateo. Pidiendo dinero a su padre para pagar las giras. Defendiéndolo ante su familia, que nunca confió en él. Soportando inyecciones, tratamientos hormonales dolorosos y la humillación de las clínicas de fertilidad, todo mientras él estaba "de gira", "componiendo", "buscando su inspiración".

Y ahora entendía quién era esa inspiración.

Escuchó el sonido de la puerta principal abriéndose. Mateo. Su paso era pesado, arrastrando los pies. Entró al taller sin siquiera mirarla, dejando caer su estuche de la guitarra con un ruido sordo.

"Qué día, mi amor. Estoy muerto. Pero valió la pena, el show estuvo increíble. La gente se volvió loca."

Se acercó para besarla, pero Ximena retrocedió como si su contacto quemara.

"¿Qué te pasa?" preguntó él, su tono cambiando de cansado a irritado en un segundo.

Ximena no respondió. Simplemente señaló el teléfono roto en el suelo. Mateo frunció el ceño, se agachó con fastidio y lo recogió. La pantalla aún mostraba la publicación de Sofía.

Él no se inmutó. Ni un ápice de culpa. Solo un suspiro de fastidio.

"Ah, eso. No es para tanto. Sofía es una niña, le gusta el drama."

"¿Una niña?" la voz de Ximena era un susurro roto. "¿Una niña que se sienta en tus piernas y te dice que te ama?"

Mateo finalmente la miró, y en sus ojos no había arrepentimiento, sino desprecio.

"Ximena, por favor. No empieces con tus escenas. Estoy cansado. Sofía es joven, tiene energía, me da vida. Me inspira. ¿Tú qué me das últimamente? Puras quejas, citas con doctores y mal humor."

Cada palabra era un golpe. La culpaba a ella. Por su propia infidelidad, la culpaba a ella.

"Yo te he dado todo," dijo Ximena, sintiendo cómo la tristeza se transformaba en una rabia fría y lúcida. "Mi dinero, mi tiempo, mi cuerpo. Te di la oportunidad de tener una carrera."

Mateo soltó una carcajada amarga.

"¿Tú me diste una carrera? Mi talento me dio una carrera. Tu dinero solo fue un empujón. No te sientas tan importante. Además, ¿de qué te quejas? Ya conseguiste lo que querías, ¿no? Ya estás embarazada. Deberías estar feliz, preparando el cuarto del bebé, no jodiéndome la vida con celos estúpidos."

Esa fue la última gota. El bebé. El bebé que tanto había deseado, concebido en un nido de mentiras. El bebé que la ataría para siempre a este hombre cruel y egoísta.

Una calma aterradora se apoderó de ella. Miró a Mateo, pero ya no veía al hombre que amaba. Veía a un extraño, a un parásito.

"Tienes razón," dijo con una voz carente de emoción. "Debería estar feliz."

Se dio la vuelta, caminó hacia su mesa de trabajo y tomó su agenda. Buscó un número que no había marcado en meses. El de su padre, en Oaxaca.

Marcó. Su padre contestó al segundo tono, su voz cálida y profunda llenando el silencio del taller.

"¿Xime? Hija, qué milagro. ¿Todo bien?"

Ximena cerró los ojos, aspirando profundamente el olor a arcilla y tierra húmeda de su taller, el olor de su verdadero yo.

"Papá," dijo, su voz firme por primera vez en mucho tiempo. "Quiero volver a casa. ¿Hay un lugar para mí en la galería?"

Hubo un silencio al otro lado de la línea, pero no de duda, sino de alivio.

"Hija, la galería siempre ha sido tuya. Te estamos esperando."

Colgó el teléfono y se volvió hacia Mateo, que la miraba con una mezcla de confusión y molestia.

Luego, con una determinación que la sorprendió a sí misma, abrió su agenda de nuevo y marcó otro número. El de la clínica de fertilidad.

"Buenas tardes," dijo al teléfono, su voz clara y sin temblores. "Hablo para cancelar mi cita de seguimiento. Y para programar otro procedimiento. Sí, una interrupción."

La recepcionista al otro lado de la línea guardó silencio por un momento, claramente sorprendida.

"Señora... ¿está segura? Después de todo lo que ha pasado para lograrlo..."

Ximena miró a Mateo, cuya cara había pasado del desprecio a la incredulidad absoluta.

"Nunca he estado más segura de nada en mi vida."

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Capítulo 2

La sala de espera de la clínica era blanca, estéril y silenciosa. El tipo de silencio que grita. Ximena se sentó en una de las sillas de plástico, con las manos entrelazadas sobre su vientre plano. Un vientre que había sido un campo de batalla durante años. Lleno de hormonas, punciones y esperanzas rotas. Ahora, era el escenario de su última y más dolorosa decisión.

Una enfermera de rostro amable se acercó a ella.

"Señora Orozco, el doctor la verá en un momento. ¿Necesita algo? ¿Un vaso de agua?"

Ximena negó con la cabeza, esbozando una sonrisa forzada.

"Estoy bien, gracias."

La enfermera le dirigió una mirada cargada de compasión. Conocía su historial. Había estado con ella en cada tratamiento fallido, en cada prueba de embarazo negativa. Podía ver la confusión y la tristeza en sus ojos.

"Lo siento mucho, de verdad," susurró la enfermera antes de retirarse.

Ximena cerró los ojos, tratando de no pensar. Tratando de no recordar la pequeña imagen borrosa en el ultrasonido de la semana pasada, el pequeño punto de luz que le habían dicho que era el latido de un corazón. Su bebé. Un bebé que no nacería en un mundo de mentiras.

Su teléfono, el nuevo que había comprado esa misma mañana después de destrozar el otro, vibró en su bolso. Lo sacó.

Era un mensaje de Mateo.

"Mi amor, ¿dónde estás? Fui a tu taller y no estabas. Anoche me porté como un idiota, perdóname. Estoy estresado. Hablemos, por favor. Te compré los churros que tanto te gustan."

Una risa seca y sin alegría escapó de sus labios. Churros. Pensaba que podía arreglar una traición de este calibre con churros. La absoluta ceguera de su egoísmo era casi cómica.

Borró el mensaje sin responder.

Un segundo después, otra notificación. Un mensaje de un número desconocido.

"Hola."

Ximena frunció el ceño.

"¿Quién eres?" tecleó.

La respuesta fue instantánea.

"Soy Sofía. ¿Podemos hablar?"

El mensaje desapareció un segundo después. "Este mensaje fue eliminado". Típico de ella. Lanzar la piedra y esconder la mano.

Ximena sintió una oleada de ira. ¿Cómo se atrevía? ¿Después de la burla pública, ahora quería hablar?

El teléfono comenzó a sonar. Era el mismo número desconocido. Ximena dudó un instante, pero la rabia pudo más que la prudencia. Contestó.

"¿Qué quieres?" espetó.

La voz al otro lado era melosa, falsamente dulce.

"Ximena, ay, qué bueno que contestas. Mira, yo solo quería explicarte lo de la foto. Fue un malentendido. Mateo y yo solo somos amigos, de verdad. Él me ha ayudado mucho, es como un hermano mayor para mí."

Un hermano mayor. La desfachatez era increíble.

"Ahórrate el cuento, Sofía. Vi la foto y vi tu comentario. Sé perfectamente qué clase de 'hermano mayor' es para ti."

Hubo un sollozo fingido al otro lado de la línea.

"No, de verdad, no es lo que parece. Yo no sabía... él me dijo que ustedes ya casi no estaban juntos, que lo suyo era más una costumbre. Me siento fatal, Ximena. No quise lastimarte. Yo te admiro mucho como artista."

La manipulación era tan burda, tan transparente. La típica táctica de la otra: hacerse la víctima, la niña inocente que fue engañada por el hombre malo.

"No me interesa tu admiración ni tus mentiras," dijo Ximena, su voz cortante como el vidrio roto. "Y para que te quede claro, no fuiste tú la que me lastimó. Tú solo eres un síntoma de la enfermedad. El problema es él."

"Pero..."

"Pero nada," la interrumpió Ximena. "Disfruta de tu 'inspiración'. Te lo regalo. Pero te doy un consejo: asegúrate de que tenga dinero, porque es lo único que le va a quedar. Y ni siquiera eso por mucho tiempo."

"¿De qué hablas?" la voz de Sofía ahora sonaba confundida, despojada de su falsa dulzura.

"Hablo de que la fuente de financiamiento de tu 'hermano mayor' se acaba de cerrar. Permanentemente."

Sin esperar respuesta, Ximena colgó y bloqueó el número. Se sintió un poco mareada, pero también extrañamente poderosa. Era la primera vez en años que ponía un límite, que se defendía.

"Señora Orozco," dijo la enfermera desde la puerta. "El doctor está listo para verla."

Ximena se levantó, alisó su ropa y caminó hacia el consultorio con la cabeza en alto. Dejaba atrás un matrimonio fallido, un hombre egoísta y una joven sin escrúpulos.

Y también, una parte de sí misma. Pero sabía, con una certeza dolorosa, que era necesario para poder reconstruirse.

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