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Mi amante salvaje

Mi amante salvaje

Autor: : Margarita Rincon
Género: Romance
El matrimonio de Maria habia fracasado, pero el divorcio no era una opcion que ella tuviera. Hector, su esposo, era un abusador que preferia morir antes de dejarle el camino libre a Maria. Hector era un hombre sin escrupulos, que no le importaba mas que el mismo. Pablo, un prospecto de hombre cariñoso,multimillonario y sexy, con una vida perfecta llena de lujos y comodidades tenia planeado darse un descanso de las mujeres después de llevar una vida bastante alocada, y olvidar los amargos recuerdos de su pasado. El destino juega en contra de todos y los lleva a la lujuria, la pasión y el desenfreno.

Capítulo 1 La primera vez mordiendo la manzana

Las puertas del armario se abrieron frente a María José, ella eligió un vestido negro entubado y se lo puso para después echarse una mirada en el espejo.

Se veía tan sensual como si tuviese veinte de nuevo, pero la realidad era que iba a celebrar sus treinta años.Se puso algo de crema brillante sobre el pecho y aunque tuvo temor de ir un poco escotada, no lo penso dos veces y salio de la casa.

Tomó la cartera entre las manos y se subió a la limosina que le había enviado su esposo Héctor, con quién llevaba dos años casada. Al llegar al restaurante donde iban a celebrar su cumpleaños todos la sorprendieron escondidos detrás de las puertas.

"¡Sorpresa!" Gritaron al unísono pintandole una sonrisa en los labios

"¿Por qué trajiste ese vestido?" Héctor se acercó rápidamente hasta María, terminando la llamada en la que estaba.

"¿Héctor de que hablas? Es mi cumpleaños, solo estoy elegante."

"Te hace ver cómo una mujerzuela. Estás enseñando todo el cuerpo, no te das cuenta? Te dije claramente que usaras el vestido marfil manga larga. No quiero que los babosos de tus amigos te esten mirando el resto de la noche. Hice un esfuerzo invitandolos"

Héctor no era el mejor de los esposos. Con sus celos y malos comentarios le había hecho pasar a María varios momentos incómodos a lo largo de su relación. Pero ella decía quererlo...En realidad no queria darse cuenta de lo abusador que se habia vuelto luego de casarse.

"María, Felicidades! Me encanta como luces, estás super guapa hoy!" Dijo Julia. Su amiga de Kinder. Esa que era menor que ella, pero aún así se sentían como si el mismo dios las hubiese traído al mundo el mismo día. Solo faltaba un lazo de sangre para unirlas más.

"Feliz cumple Majo, me alegra poder haber llegado a tiempo para celebrar contigo. Te traje esto" Su amigo de años Andres, se acerco y le entrego una pequeña bolsa que ella abrio de inmediato. Saco un par de aretes y una pulsera de diamantes.

"Oh Andres, no te hubieses molestado, esta hermoso." Le dio un abrazo.

"Vayamos a la mesa, tengo hambre." Hector tomo a Maria del brazo y la sento a su lado.

"Gracias a todos por sus buenos deseos y sus lindos obsequios" María fingió una sonrisa. " No saben lo agradecida que estoy porque todos se hayan tomado la molestia de venir y estar conmigo el día de hoy. Salud por eso."

Lo que le había dicho Héctor le calo en el pecho y sintió los ojos llorosos.

El cumpleaños transcurrió tranquilo. Decidieron cantarle las mañanitas con una torta que decía "Vive la vida, apartir de ahora vive para ti".

María creyó que era una señal para terminar con todo lo que la ponía mal aquella noche de su cumpleaños. Así que tomo a Julia de la mano y la llevó a un rincón para decirle.

"Vámonos a una discoteca, quiero beber hasta estar ebria"

" ¿Te aburriste? ¿Le aviso a los demás?"

"Quiero celebrar como en los viejos tiempos" dijo María y una sonrisa pícara se instaló en su rostro.

"Una botella para las dos y pista de baile. Suena tentador"

"Pero sin que nadie sé de cuenta"

"Sal por la puerta corriendo y yo los distraigo, enciende mi auto y no pases seguro."

Julia le entregó las llaves y volvió a la mesa donde empezó a hablar tan fuerte que también llamó la atención de los demas comensales.

María corrió fuera del restaurante y entró al estacionamiento buscando el auto de Julia. Un carro casi se la lleva por delante cuando las luces de este la encandilaron.

"¿Esta borracha o qué?" Gritó una adolescente sacando la cabeza por la ventana.

María soltó una risita y siguió corriendo por los grandes pasillos hasta conseguirlo y de inmediato entro en el y lo encendió.

Esperó unos cuantos minutos, hasta que por fin Julia llegó corriendo y se subió también.

"Vámonos rápido, les dejé una nota en una servilleta para que no hicieran escándalo y nos buscarán. Ya deben estarla viendo"

María manejó saliendo del estacionamiento y aceleró en la avenida. Llegaron a una discoteca lujosa ubicada en una mansión extra millonaria, afuera de esta habían hombres de traje fumando en las puertas del local con chicas sobre ellos. Y varios gorilas de brazos cruzados filtrando a los que querían pasar.

"Buenas noches, mi amiga y yo venimos de parte de Lord Ailend."

Julia estaba mintiendo. Ni siquiera tenía idea de quién era aquel hombre, pero ella lo había visto en una revista de la ciudad.

"¿Tienen algún pase dorado? "

"Oiga.. León." Julia leyó el nombre en la camisa. "Nos está haciendo esperar demasiado para entrar y créame que no quiere despertar la furia de su jefe. Le recomiendo que mueva su trasero a un lado y nos permita pasar."

"Oye relájate, podemos ir a otro lugar" María intervino.

"No, no iremos a otro lugar!" Julia levantó la voz. "Llamaré a mi pastelito Lord Ailend y se enterará de esto"

"Señorita lamentamos hacerle pasar esto, no se preocupe. Pueden entrar, y beban lo que quieran, la casa invita."

Otro gorila apareció cediendoles el paso.

La noche comenzó animada. Habían muchas chicas en bikini andando por todo el lugar. El club estaba dividido en dos plantas, así que era muy grande y difícil de perderse.

María había ido al baño despues de unos cuantos tragos y se había perdido entre los montones de pasillos de la mansión. Nada le preocupaba pues era su cumpleaños y tenia derecho a celebrar. Ya no soportaba los abusos de Hector.

Buscando la salida hacia las escaleras chocó su hombro con alguien y se quejó fuerte.

"Estás bien?" Le preguntó el hombre de traje. Su rostro estaba oscurecido por las sombras de las paredes.

"Me duele mucho el brazo y la cabeza"

"Déjame verlo, creí que solo te había tropezado"

Otras personas intentaron pasar justo por dónde ellos estaban y los tropezaron más.

"Ayyy ¿no pueden esperar a que me vaya?"

"Estás muy ebria, deja de buscarle problema a los demas."

"Déjame en paz, ¿Si?"

María le dió la espalda al hombre y continúo bajando las escaleras.

Mientras tanto Julia seguía tomando algunos tragos coqueteando con una chica en el sillón rojo de la mansion. Aquel lugar donde era permitido hacer todo tipo de cosas frente a los demas sin sancion. VIP y costoso, los fetiches de la gente eran raros...

A María no le interesaba serle infiel a su esposo, así que caminó hacia la pista de baile dónde movió las caderas al son de la música.

Unas manos grandes la tomaron por detrás pegando suavemente su cuerpo. Se giró de inmediato para quitárselo de encima pero aquella mirada negra se encontró con la suya y se quedó con los labios entre abiertos. Era el tipo del pasillo, y se veia muy atractivo desde la altura de Maria.

"¿Bailamos?" El hombre preguntó sobre la música.

María asintió rápidamente y se siguió moviendo con más sensualidad junto a el.

Cada vez era mas la conexion entre ambos y su pasion llego tan lejos que casi rompen la perilla de uno de los cuartos rojos del hotel junto a la mansion mientras intentaban abrir la puerta y se comian a besos desesperados.

La ropa salio a volar cuando ambos cayeron sobre la cama y aquel hombre de ojos negros embistio a Maria lleno de lujuria. Ella olvido que era casada, los tragos subieron a su cordura y la desvanecio.

...

"No puedes llevarte a mi hija así, estás loca. Si se te ocurre hacer algo prometo que acabaré contigo Sofía." Una voz estruendosa llegó hasta los oídos de María José.

Su cabeza dolía tanto que no lograba abrir los ojos y mucho menos saber porqué su esposo decía aquellas cosas.

Se sentó en la cama y todo calló en su lugar.

"¡Me acosté con otro hombre!" Pegó un grito al cielo y salió de la cama buscando su ropa. Estaba completamente desnuda y tenía chupones en el pecho. Iba a morirse si Héctor se enteraba de aquello!

"Oye que ocurre contigo?" La voz se acercó a la habitación que estaba con la puerta abierta y María José palideció.

Recogió su ropa y entró a una puerta que parecía ser un baño.

"Me acosté con alguien que no es Héctor... Yo tuve sexo con alguien que no es Héctor! El va a acabar conmigo"

"Lo de ayer estuvo increíble." Hablaron al otro lado de la puerta.

Ella se vistió rápidamente y maldijo para sí misma. No podía creer lo que estaba sucediendo.

¿Al menos nos protegimos? Pensó.

"Me iré para que puedas vestirte e irte más cómoda. Ya entiendo lo que está pasando." La voz hablo más fuerte y luego soltó una risotada.

"Eres una chica casada."

"¿Cómo lo supiste?"

"Acabo de ver tu anillo en el piso, junto con tu celular que está sonando. El remitente dice "Esposo Héctor mi amor".

"Cállate por favor"

"Feliz cumpleaños María José."

Fué lo último que el hombre dijo para luego salir de la habitación y abandonar el lugar.

María José en cambio levantó sus cosas y tomo el celular para llamar un taxi. Salió del hotel tapándose con una de las sábanas de la habitación y corrió para subir al Uber.

Recuerdos de la apasionada noche llegaron hasta ella y se mordió los labios. También había sido su mejor noche. Recordar lo que ese hombre le había hecho en la cama la puso a pasar saliva de nuevo. ¿Cómo olvidaría a alguien como el? ¿Que le diría a Héctor? Quizá los treinta habían llegado para cambiar por completo su vida.

Capítulo 2 Un amante salvaje

Cuatro años después de aquel encuentro:

"Mami, mi hermana no me quiere dar de su yogurt"

"Ana, dale un poquito de tu yogurt a Luigi por favor"

"Mami, el es muy tonto siempre me está acusando"

"Ana, respeta a tu hermano."

"Ella es muy egoísta."

"Vayan a jugar con sus pelotas y cubos de colores ¿Si? Luego iremos por un helado. Mami está trabajando en algo aquí"

María José era madre de dos pequeños morochos. Tenían tres años. Aquellos que habían pasado tan rápido como cuando el viento hace correr una hoja.

María José seguía con Héctor. Siendo un feliz matrimonio que había tenido dos hermosos hijos, fruto de la fiesta de cumpleaños de María José.

Si. Héctor no era el padre de aquellos niños, y María lo sabía pero se quedó callada para mantener el equilibrio en su vida. Héctor por otro lado, había sido engañado desde el embarazo.

" Te tardaste demasiado"

"Cerramos la oficina un poco tarde, llegaron personas reclamando en contra de una constructora y fue un desastre."

Héctor se excusó llegando del trabajo, entró en la cocina y besó los labios de su esposa.

"¿Dónde están mis pequeños?"

"Papi, papi" los morochos corrieron hasta él para abrazarlo.

"Juguemos con las pelotas, y después a comer" la pequeña Ana pidió.

"Tus deseos son órdenes princesa."

Se fueron a jugar mientras María siguió en la computadora leyendo algunos contratos.

"Hoy un tipo bastante extraño estuvo en la oficina, con una jóven para hacer el papeleo y casarse por el civil. Se va a casar con una mujer más joven que el, debe estar emocionado pero es turbio."

"Que bueno, ojalá les vaya muy bien." Comento María desganada. El matrimonio era una esclavitud sin amor, y sin paga. Sabía que Héctor estaba lanzando indirectas sobre la edad de María. Al parecer a él no le agradaba la idea de que ella tuviese treinta y cuatro años.

"Encárgate del caso. Mañana no puedo ir a la oficina. Van a presentarse a las tres y media y tienes que estar presente para que los abogadas hagan bien su trabajo."

"¿Y tú qué harás?"

"Viajaré a Brasil, Contreras me está esperando para comenzar la demanda en contra de la sucursal y no puedo darle más vueltas. Nos pueden contra denandar y perderemos la delantera. Me ausentaré unos días aquí, seguro ustedes sobrevivirán sin mí."

Héctor besó la coronilla de ambos chiquillos y se levantó caminando hacia la habitación matrimonial.

María lo siguió enojada. No era posible que el estuviese echándola a un lado.

"¿Por qué irás solo? Quedamos en que ambos íbamos a estar allá, es preparación para los dos, experiencia."

"Quiero que te quedes con los niños."

"Mi madre puede cuidarlos, quiero ir!"

"¿En serio vas a hacer esto? ¿Quieres que me enfade otra vez María José?"

"Héctor, estoy cansada de esto, de que quieras controlar lo que hago..."

"¿Cansada de que eh? Cállate. Y ni vengas con tus lágrimas de cocodrilo, no sé que te ha pasado desde hace años que lo único que haces es comportarte como una ridícula."

Héctor empezó a hacer su maleta, poniendo toda su ropa en ella mientras María José se limpiaba las lágrimas en el marco de la puerta.

"Eres grosero."

"Y tú una inservible"

"¡No me digas así! Respétame! No hago más que estar en esta casa día y noche para que todos tengan lo que necesitan. ¿Que te ocurre? Te convertiste en alguien que no conozco y aún así te tomas la molestia de ofenderme. Quédate tú todos los días aquí y has lo que yo hago! Sé ama de casa y luego me cuentas como te va, Héctor!"

"Desde que los niños nacieron solo te has alejado de esta casa así que ni intentes manipularme con mentiras y te has enfocado en el trabajo, tu madre es quien cuida a los niños, y yo, a mí me has dejado solo sin sexo, solo porque estás cansada siempre!"

"A mis hijos los he criado yo! Mi madre los ha cuidado un par de veces, porque la situación me obliga. Amo mi trabajo, ¡¿Que es lo que quieres, que me esclavice por completo en esta casa?!"

María José gritó.

Héctor se llenó de furia y fué hasta ella tomándola con fuerza y zarandeandola.

"Cállate María, no quiero hacer algo de lo que me pueda arrepentir despues. Y Vístete decente, las mujeres ancianas no son sensuales con ropa corta."

"Me puedo vestir como quiera."

"¿De verdad quieres hacer esto?"

"Héctor, quería ir a ese viaje y ahora me lo estás quitando." María sollozó.

" Ten en cuenta que hago esto por tu bien y el de los niños. Todo lo que hago es por el bien de ustedes, tu no sabes nada."

"Nunca creí que te convertirías en un monstruo."

"Soy tu esposo, y tú eres necia." Le acarició la barbilla y pasó uno de sus dedos por los labios. "Hazme caso y estaremos bien."

"Quizá podamos divorciarnos."

María pensó en voz alta y se arrepintió de inmediato. Los ojos de Héctor se achicaron y su labio inferior tembló. A María le asustaba cuando el actuaba como un psicópata, solía ser muy agresivo cuando estaba así.

"Los abogados que se casan no se divorcian, sería un vergüenza."

Héctor acabó su maleta y salió del cuarto. Se despidió de sus hijos y se fué.

María recogió el chiquero que había dejado en la habitación y luego les dió de comer a los morochos. Se quedaron dormidos tranquilamente en la habitación de ambos.

La casa quedó en silencio y ella respiró hondo buscando la fuerza que le faltaba para terminar con su martirio.

Se dió un baño de burbujas en su bañera acompañado de un vino que la hizo recordar aquella noche en que un tipo de ojos negros le dió la noche más feliz de su vida.

Extrañaba esos tiempos, en los que aún podía cometer errores y olvidarnos con facilidad.

Quiso de repente, volver a encontrarse con ese hombre. Deseo poderle ver de nuevo y proponerle una noche de pasión. Esperaba verlo antes de morir, o luego de que al fin pudiese divorciarse de Héctor.

Se metió en la cama y apagó la lámpara que había en la mesita de noche, intentó capturar algo de sueño pero su cabeza aún revoloteaba en cuatro años antes.

S

u cuerpo se estremeció y su entrepierna se humedecio ligeramente de inmediato, dejando un calor entre su intimidad. Los músculos de las piernas se entumecieron y no se dió cuenta en el momento en que bajó su mano para tocarse y darse placer por si misma.

Recordar su pasado no la hacía sentir culpable, más bien ardiente y lujuriosa. Héctor no era más que un simple hombre intentando dominar a su esposa. No servía para nada más que pasa volver infeliz a María José. Ni un buen sexo sabía darle.

Ella quería acción en su vida, necesitaba pasión y que alguien la tomara como suya. Necesitaba sentir ese calor corporal y unos labios comiendola con fervor. Que el tiempo le sobrara mientras la atendían en una cama.

María José necesitaba un amante. Alguien con quién pudiese saciar sus necesidades carnales y le hiciera olvidar el infierno que vivía con Héctor.

Ella quería un amante, y uno muy salvaje.

Capítulo 3 El padre de los morochos

El día siguiente en el que Héctor se fué de viaje, María José no perdió tiempo y marcó el número de su mejor amiga Julia.

Esperaba que le contestase de inmediato, traía un plan entre manos y quería contarlo.

"Vamos Julia contesta."

Caminó de lado a lado impaciente.

El teléfono la mandó a buzón unas tres veces pero ella no se dió por vencida y continúo marcando. Finalmente, luego de unos minutos contestó.

"Hey, ¿que pasa? ¿estás bien?" Julia contestó preocupada por la insistencia.

"¿Puedes venir a mi casa? Quiero hablar contigo, estoy cuidando de los gemelos y no..."

"Majo no estoy en la ciudad. Salí de viaje hace unos días por trabajo, ¿Puede ser luego? Aunque también dímelo por aquí, te escucho tengo algo de tiempo."

María José tragó grueso. Sintió algo de vergüenza por ser tan insistente con su amiga, así que no quiso molestarle más.

"No, tranquila Juli no te preocupes, luego nos ponemos al día. ¿Te está llevando bien en tu viaje?"

"Si, perfectamente. Estoy con un chico mayor" susurró al teléfono "No es nada serio, pero nos entendemos y eso me gusta, aparte de que lo hace divino."

"¿Si?" María se sintió intrigada. Tenían treinta, contarse los detalles sexuales a esa edad era un privilegio del que gozaban.

"Lo que más me gusta es que antes de ir a dormir desde que estamos juntos, me co*e muy duro. Y deja que su miembro caiga sobre mis pechos. Oh María, es lo mejor que he podido conseguir. Me complace en todos los sentidos."

Julia se sentía exitada porque en ese momento el hombre con quién estaba la empezó a tocar, luego de haber escuchado los detalles que le daba a su amiga.

"Va-vaya, eso fué caliente." María se puso nerviosa.

"Debo irme linda, hablamos en otra ocasión. Estaremos en contacto."

"Bien, adiós."

María colgó la llamada.

Fué hasta el dormitorio de los morochos y se aseguró que estuviesen dormidos.

Llamó a su madre para pedirle que se quedara con ambos niños unos días mientras ella resolvía unos asuntos en un pueblito cercano fuera de la ciudad. "Tengo mucho trabajo", fue lo que ella dijo.

Empacó sus cosas y salió del departamento con una sonrisa en los labios. Respiraba libertad.

Amaba a sus morochos, pero necesitaba algo de espacio y acción en su vida.

Llegó a un hotel lejos de donde vivía y se hospedó, pagando con la tarjeta de Héctor. No sintió ni un poco de remordimiento cuando pidió la mejor suit que había en el hotel cinco estrellas. Ella se lo merecía.

Su teléfono timbró, era Emilio, el secretario encargado del despacho de abogados que María tenía con Héctor. Ambos abogados, y dueños del despacho.

"Hola Emilio." Respondió María agitada tomando el ascensor para subir a su habitación.

"Señora, espero esté teniendo un buen día. La llamo para saber algo,disculpe la molestia."

"No te preocupes, sabes que no me molesta que me llames. Cuéntame, ¿Que requieres de mí?"

"El señor Héctor me ha dicho esta mañana que le pase el expediente de los casos para hoy, ¿está disponible para recibirlo?."

"¿Y que hay con eso? Envíamelos."

" No he acabado, también llamó hace media hora preguntando que está haciendo usted y dónde está. No supe que decirle, estaba muy nervioso y le corté la llamada, dije que había interferencia."

"¿Le cortaste la llamada a Héctor?" Una risa de satisfacción salió de María. Aunque recordó que debía ser profesional y no inniscuir a otros en sus problemas.

"Emilio, si vuelve a llamar dile que estoy comprando café o inventa algo machista. De esas tonterías que le gusta a él. Iré para allá en la tarde."

"Cómo usted diga señora María."

Cortó el teléfono y se enfocó en el presente. Al llegar al segundo piso, tomó el pasillo que le correspondía y sonrió luego de abrir la puerta de su habitación y encontrarse con la maravillosa vista que estaba frente a ella.

Habían ventanales gigantes por todos lados que dejaban admirar toda la ciudad.

Una cama Queen zise en el medio de dos paredes y un televisor enfrente de la cama. Dos mesitas de noches sin nada sobre ellas, y un sillón rojo al fondo que tenía un significado bastante erótico.

Su mente divagó unos segundos y después dejó la maleta a un lado de la cama y se metió a bañar.

Cuando salió estaba buscando su ropa y timbraron a la puerta. Su corazón aleteo con vehemencia.

De pronto sintió miedo de que Héctor estuviese detrás de la puerta.

Se asomó y vió a un pequeño de unos cinco años con su carita toda regordeta.

María abrió de inmediato y le habló.

"Hola ¿Que pasa chiquillo? ¿Estás perdido?"

"Sí, mi tío desapareció, estábamos jugando las escondidas y ahora no está. ¿Puede ayudarme a encontrarlo? Yo estaba escondido detrás de la planta y te vi entrar a tu cuarto"

El niño sollozó y María no supo que hacer.

"Respira mi amor, vamos a encontrarlo, solo tienes que calmarte."

"Es que no me quiero quedar solito."

"Dame un momento para ponerme algo de ropa y vamos a buscar a tu tío, ¿Sí?"

"No, no se cambie por favor, vamos así, usted se va a tardar mucho y mi tío se va a ir, vamos a buscarlo ya por favor!"

Sollozó más fuerte y sus mejillas se empañaron tiñendose de rojizo.

María tomó al niño entre los brazos, sostuvo la llave de la puerta en una mano y cerró tras de sí.

Caminó con el niño cargado por todos los pasillos buscando al tío. El se lo describió pero aún así ella no era capaz de formular una cara en su imaginación.

Bajaron por el ascensor y el niño seguía desconsolado y preocupado,aunque ya no estaba llorando.

Salieron al lobbyy y varias personas miraban a María por la forma en que iba vestida pero ella no de acordaba de eso.

El niño se lanzó de sus brazos e hizo todo un escándalo cuando vio a un hombre de espaldas y fué corriendo hacia el.

"Oye me olvidaste!"

María se quedó observando sin entender. El niño estaba enojado y golpeaba suavemente el brazo del hombre.

"Lalala No sé quién eres"

El hombre se dió la vuelta sonriendo dejando de hablar con una morena exótica, parecían ser íntimos amigos pero la ignoró de inmediato cuando el niño apareció.

"¿Brandon que te sucede? Por supuesto que no te dejaría olvidado."

"Tío, sino fuese por esa señora yo estaría siendo comidita para insectos."

El niño señaló a María rápidamente y ella palideció, de pronto recordó que estaba en bata de baño y descalza.

Aquel hombre tenía ojos negros y rostro perfilado. Mandíbula cuadrada y brazos fornidos bajo una camiseta grande. Alto, y de labios jugosos, era el...

Era el hombre que había embarazado a María José hace años.

Ese que no había vuelto a ver desde ese día.

El padre de los morochos. Habían vuelto a encontrarse.

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