Leander.
Tomo un libro de la sección fantasía, hago la compra y lo guardo en mi maletín. Hoy hay un intercambio de regalo por el día de San Valentín, y mi amigo secreto me ha pedido esto como regalo. Luego pido un uber que me lleve directo al trabajo, y ya en el auto, desvío mi vista en las calles, viendo a todas estas personas, y vuelvo a preguntarme como cada día, ¿alguno de ellos será como yo?
No hay forma de que pueda identificar a otro de mi especie si aparenta bien ser un simple humano, como lo aparento yo, mi padre, e incluso mí hermano. Pero desde que tengo uso de razón, mi lobo Near y yo hemos querido saber qué se siente tener una vida plena siendo nosotros mismos.
Lo único que sé, es que mi familia, los Cox, hemos sido desterrados de la comunidad en donde otros hombres lobos habitan con sus cachorros y sus compañeras. Como no tenemos el privilegio de compartir con ellos, siempre que hay luna llena, voy con mi hermano al bosque más lejano, con la esperanza de encontrar a otros como nosotros, renegados; pero no hemos encontrado a ninguno.
Tal parece que los únicos hombres lobo prisioneros del sistema humano, somos nosotros tres. Aunque el que realmente sufre más, soy yo, al tener el deseo de ser libre.
Entro finalmente a la empresa de Bienes Raíces y las miradas en la sala de la primera planta se fijan en mí, como siempre.
-Buenos días, Kath, Devora, Kristin, y...
Mi sonrisa se congela y desaparece gradualmente al querer nombrar a Annie, porque un olor diferente está presente en la sala.
Mi corazón se acelera. Siento a Near agitado en mi interior, y solo puedo intentar encontrar la fuente de ese olor; miel, y algo cítrico que no sé descifrar muy bien. Me marea los sentidos unos segundos que se hacen interminables. Y no encuentro la fuente.
-Annie, cariño, ¿cómo es que puedes olvidar mi nombre?
Reacciono ante la mujer morena, y mi sonrisa vuelve. Así que solo asiento, un poco perdido, y voy directo al ascensor para subir.
-¿Qué se supone que fue eso? -cuestiono a Near, confundido.
-No lo sé, Leander. Quiero volver a oler eso, necesitamos encontrar la fuente -responde por nuestra conexión.
Suspiro.
-Olvídalo, tenemos trabajo que hacer.
Y antes de que mi lobo pueda responder, lo envío al fondo de mi mente, bloqueándolo. Esto no funciona todo el tiempo, porque cuando Near quiere algo, se arrastra hasta sacarme un gruñido en medio de muchas personas, intentando salir a la luz; pero controlarlo se ha vuelto mi especialidad, por obligación.
-Hasta que por fin llegas -dice mi jefe con el rostro hastiado de siempre cuando entro a su oficina-. Dime que hiciste el informe.
-Lo hice -respondo entregándole las cosas en mi maletín-. También traje tu discurso para la reunión y envié las gráficas a tu correo.
-Joder, Leander, ¿cuántas veces debo decirte que no reviso mi jodido correo? Para eso eres mi asistente.
Aprieto los puños, respirando profundo. A veces me pregunto por qué sigo trabajando como subordinado de un tipo que solo tiene dinero gracias a sus padres, que solo piensa en follar y, permanece en pie por sus aliados, y por mí.
-Solo lo envié en busca de su aprobación, señor.
Mi jefe ve mi maletín abierto sobre el escritorio.
-¿Te gusta leer libros de fantasía?
Cierro el maletín y salgo de la oficina para ir a mi pequeño cubículo sin siquiera responderle. Ni siquiera es capaz de concentrarse en una maldita cosa.
Mi día de trabajo transcurre como siempre, llevando contratos a mi jefe, haciendo informes, agendando citas, buscando su jodido café, hasta que llega la hora del intercambio. Nuestro jefe se va sin despedirse como siempre, y el personal y yo nos quedamos para la pequeña reunión. La mayoría de las empleadas son mujeres, a excepción del portero, algunos chicos del cafetín, y yo.
-¡Que empiece el intercambio! -grita Kath-. A mí me tocó... -Deja suspenso-. ¡Joaquín!
El portero se alegra por su regalo, el cual parece que es el que él sugirió en la lista. Los minutos pasan con todos los demás intercambiado sus regalos, pero frunzo el ceño al ver a Devora con obsequio.
-Ahm... Bueno, va a parecer extraño pero eh... ¿"D"? ¿No eres tú, Devora? -le pregunto. La rubia niega con la cabeza-. ¿Alguien pidió un libro de fantasía?
Todos enfocan su atención en mí, pero ninguno me confirma.
-Qué extraño -me dice Near de la nada, y casi brinco del susto porque aunque le había quitado el bloqueo, este no se había reportado en el resto del día-. ¿Nos hicieron una broma? ¿Por qué? Les caemos bien a todos.
-Bien, esto no es gracioso -digo a todos, sonriendo, en medio de la sala-. ¿Alguien falta por regalo? -Cuando todos niegan, me doy cuenta de que... A mí tampoco me han dado un regalo-. ¿Y mi regalo?
Los murmullos llegan, me dan miradas de pena. Y me siento pesado. Me llevo bien con los humanos, pero son tan impredecible a veces. No sé quién podría haberme hecho esto.
-Lo sentimos, Leander. La verdad es que... No sabemos qué ocurrió -expresa Devora.
Todo el personal de inmediato se lamenta porque, de no ser porque tienen otros compromisos, me llevarían a algún lugar como recompensa. Les hago saber que todo está bien, pero incluso Near se siente triste, no por no recibir nuestro regalo, sino que por la jugarreta de algún idiota.
Salgo de la empresa, y exhalo por la nariz, viendo de un lado a otro porque, desde hace unos días, siento que algo me observa. Tomo asiento en una banqueta de la calle mientras espero el uber, pero de repente, siento algo ligero posarse a mi lado, erizando mi piel.
Levanto la mirada para encontrarme con los ojos verdes más preciosos que he visto en mi vida, y tengo que comenzar a controlar a Near con todas mis fuerzas cuando la mujer desconocida me da una sonrisa amplia, señalando el libro en mis manos.
-¿Asesino de brujas?
Jadeo a mis adentros por el tono angelical de su voz, entre una niña y una mujer. Con las mejillas un poco rosadas por el frío, el cabello castaño claro corto casi rozando sus hombros, cejas pobladas y esos ojos verdes que juro que brillan mientras me observan, como si pudiese tocar incluso a un desesperado Near por revelarse.
-Ahm... Era un regalo -confieso, y coloco de inmediato mi mano frente a ella-. Leander Cox.
La mujer hermosa toma mi mano con una risita, y de inmediato cierro los ojos porque sé que Near puede reflejarse por este sencillo toque. Nos marea, acelera nuestro corazón.
-¿Era un regalo? Qué extraño... -Ella sonríe, sacando de su bolsa de cuero un reloj negro de bolsillo que me deja con la boca semiabierta-. Creo que mis compañeros me jugaron una broma el día de hoy. Debía regalar esto pero... por alguna razón, nadie pidió un reloj de bolsillo... Es anticuado, ¿quién lo querría?
-Leander necesito que me dejes salir -me ruega Near.
-¿Estás loco? Vamos a matarla de un susto -le respondo por nuestra conexión.
-¿Está todo bien? -cuestiona la mujer, pero de repente, un auto blanco toca corneta.
-¡Dania! ¿Qué haces allí? ¡Se nos hace tarde! -le dicen unas chicas.
Me siento desesperado con la idea de que se vaya. No entiendo qué sucede.
-¿Ya te vas?
-Sí, eh... -Aparta un mechón de su cabello por detrás de su oreja, y puedo notar una pequeña marca de nacimiento cerca del lóbulo-. ¿Quieres venir? Digo, si no tienes novia o...
-No tengo compañera -respondo de inmediato.
Ella no deja de verme, con esa sonrisa que comienza a desarmarme lentamente, agitando hasta lo más profundo.
-Bien, entonces estás invitado al club de solteros que irán a festejar San Valentín.
Cuando ella se levanta, y grita algo a sus amigas, vuelve la atención a mí y me extiende la mano, invitándome a caer en su enigma.
-No voy a poder controlarme si pasamos más tiempo con ella, Leander -gruñe Near, pero no lo comprendo.
-¿Pero qué te sucede? ¿Acaso no crees que es hermosa?
-Es la mujer más hermosa que he visto en toda nuestra vida -expresa, y puedo sentir el problema-. Pero no creo que quieras romper nuestra promesa.
Entonces mis ojos se clavan en los verdes esmeralda de la mujer llamada Dania, y con un nudo indescriptible en mi garganta, hablo.
-Espero que te vaya bien esta noche, Dania. Yo tengo que irme a casa.
La mujer se sorprende por mis palabras. Y siento mucho dolor mientras Near aulla triste en mi mente al ver su rostro hermoso decepcionado.
-Bien... -Se alza de hombros, recuperándose-. Fue un placer conocerte, Leander... -Sacude la mano mientras se aleja, y siento que con ella algo de mí se va-. ¡Lee el libro! -grita desde la distancia-. ¡Es lo que yo pedí de regalo para el intercambio!
Mi corazón se detiene, Near parece congelado, pero por más que intentamos entender lo que sucede, no lo hacemos; porque yo pedí un reloj de bolsillo como regalo en la empresa, y porque cuando comienzo a correr para detener el auto blanco, este desaparece como por arte de magia.
-La dejamos ir -se lamenta Near.
Pero ni siquiera puedo responderle porque, aunque sea un misterio lo del intercambio, Near y yo nos hemos hecho una promesa importante; y esa promesa es no mantener relaciones íntimas con otra mujer que no sea nuestra compañera.
Aunque Near está tan loco como yo por hacer nuestra a esa extraña humana.
Leander.
-Bien vamos, ¿quién está jugando conmigo? -cuestiono a todos.
Cinco días. Han pasado cinco días desde San Valentín, y cada mañana encuentro pequeños obsequios en mi escritorio. El primer día fue una caja de galletas con un ligero sabor a naranja que Near y yo dudamos en comer, pero terminamos amando. El segundo regalo fue una pulsera negra con un dige extraño que Near piensa que proviene de Egipto; luego fue un cupcake, un collar con el mismo dige, y hoy, de nuevo galletas.
-Eres el favorito de Dios, galán -me dice Kristin, coqueta-. No recibiste un regalo la semana pasada y ahora recibes uno diario. ¿Quién es la mujer que se ha arriesgado a conquistar a este bombón, eh?
Las demás chicas ríen pero solo juegan conmigo. Ninguna de ellas ha sido la causante de esto. Todas saben que no tienen oportunidad conmigo porque trabajamos juntos desde hace tres años y me he negado a todos sus intentos de coqueteo. Quizás piensan que soy gay, y eso es lo mejor.
-Come una, quiero saber si son de naranja -suplica Near.
Ruedo los ojos pero no le hago caso porque ya está comenzando a irritarme la situación. No me gusta tener más intriga de la que ya llevo. El día siguiente de mi encuentro con la humana Dania, fui a la empresa en donde vi salir aquel auto blanco; pregunté a la recepcionista por ella, pero mencionó que nadie con ese nombre trabaja allí. Así que he estado llegando al trabajo más temprano de lo usual solo para sentarme en la maldita banqueta de la calle y esperar verla entrar a cualquier otro sitio cercano, pero justo hoy Near dijo que debemos parar.
Aunque solo lo ha dicho porque está emocionado con los regalos en mi escritorio.
Tras otro día común en el trabajo, llega la noche y me despido de todas las chicas. Me encuentro esperando el uber, en la jodida butaca, y lo único que hago es revivir nuestro encuentro.
Near no lo quiere admitir pero sé que piensa constantemente en ella. No sabemos por qué. Nunca nos había pasado con otra humana.
-¿Y si no es una humana? -le pregunto a Near.
Él se sacude en el interior de mi mente.
-No es una mujer lobo.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque lo sé.
-Near... -Mi vista va hacia la esquina de donde la vi partir-. ¿Crees que nuestra compañera sea como nosotros?
-No lo sé, Leander. No sabemos mucho sobre nosotros.
Suspiro. Es verdad. Nuestro padre no responde muchas de nuestras preguntas, y no es como si pudiéramos encontrarlas en otra parte porque somos renegados, y no podemos arriesgarnos a ser descubiertos por los humanos.
Lo único que sabemos es que cuando veamos a nuestra compañera, lo sabremos.
¿Pero cómo?
Joder, si tan solo mamá estuviera viva, todo sería más fácil.
-¿Podemos tener de compañera a una humana?
-Leander... -Near gruñe, al parecer cansado.
-¿Cómo sabemos que no es ella? Digo, no la puedo sacar de mi cabeza, tú tampoco...
-¡Leander hay una pelea!
Su gruñido me alerta y mi olfato detecta sangre. Joder. Escucho los golpes contra la piel fácilmente, y no puedo quedarme tranquilo hasta saber qué sucede. Hay gritos cuando me aproximo a un callejón, y entonces puedo ver a la distancia, casi a oscuras, cómo tres hombres mantienen acorralado a un chico joven, el cual tiene toda la cara llena de sangre y suplica por su vida.
Near da vueltas, furioso, porque podemos darnos cuenta que el chico es bueno y ellos son unos matones. Entonces aprieto mis puños.
-¡Dejen al chico en paz!
Los hombres giran hasta verme. Dos de ellos ríen mientras uno se acerca a mí.
-¿Y tú quién eres eh? -dice un humano fuerte y calvo-. Regresa a tu trabajo, hombre. No es tu asunto.
Respiro hondo cuando los otros dos se llevan a rastras por el suelo al chico que no puede ni gritar por ayuda.
-No voy a regresar a ninguna parte. He dicho que lo suelten. ¡Ahora!
Mi última palabra sale casi en un gruñido de Near, y sé que mis ojos han cambiado de color, a un miel más intenso, porque no me estoy esforzando demasiado en ocultar a mi lobo.
-¡Llévenlo al auto! Yo me encargo de este tipejo... -vocifera el calvo, y luego me mira con una risita maliciosa.
Antes de que pueda ponerme una mano encima detengo un golpe con mi maletín. Él se sorprende por mi rapidez pero viene a mí con más furia, así que esquivo su golpe; y luego, quedando atrás de él, aprovecho a golpear su costilla. Solo me basta darle dos golpes profundos, darle la vuelta y partir su nariz con mis puños, cuando el humano cae al suelo.
Mientras corro hasta el otro extremo del callejón, puedo olfatear un ligero olor a naranja y miel que me desconcentran un momento. Near también se da cuenta, pero bufa queriendo transformarnos por su molestia con los hombres, así que lo controlo diciéndole que puedo manejarlo.
Vemos al joven luchando con todas sus fuerzas para no ser llevado al maletero del auto. Me acerco mientras estiro mi cuerpo un poco. Hace años que no golpeaba a nadie y se siente bien.
-He dicho que lo suelten. Ahora.
Los dos hombres se vienen contra mí al verme con las manos llenas de sangre. Ambos piensan dar lo mejor de sí pero soy más rápido y fuerte, así que a uno le golpeo justo el centro del estómago cortándole el aire, mientras que al otro le rompo la pierna y el brazo.
El chico joven parece tener miedo de mí porque grita por ayuda, y en ese momento, otro hombre sale del auto, con un arma, tomando al chico para entonces apuntarlo.
-¿Quién rayos eres? -escupe el hombre armado.
-Suelta al chico y no tendrás problemas.
Como no he matado a ninguno de los demás, no me sorprende que pronto todos estén rodeándome, aunque heridos. Near está fuera de control, empujándome hasta el fondo cada vez más fuerte.
-¿Acaso te crees súper héroe eh? ¡Idiota hijo de perra! -grita el que le rompí la nariz.
-No pienso volverlo a repetir -gruño, agitado, sintiéndome cada vez más caliente.
-¡Solo mátalo y ya! -dice otro.
El hombre que tiene el arma intenta apretar el gatillo hacia mí pero entonces Near me desplaza, haciendo romper en el aire nuestra ropa, golpeando el suelo con fuerza con sus cuatro patas, gruñendo fuerte, viendo a todos los humanos malos con odio.
Hay jadeos asombrados.
-¡¿Qué mierda?! -grita uno.
-Near, acábalos -le ordeno.
-Será un placer -gruñe gustoso.
...
Regresamos a casa después de dejar al humano en un hospital. El chico pronunció llamarse Carlos, y nos contó que esos hombres son unos matones de un prestamista, él les debe dinero porque su madre está enferma, y no ha podido pagarles. Carlos nos hizo la promesa de no decirle a nadie lo ocurrido, y yo me encargué de deshacerme de los cuerpos de los matones.
Entro a casa medio desnudo, con la chaqueta de uno de los matones cubriéndome las pelotas ya que mi ropa quedó destruida.
-¿Huele a sangre humana? -gruñe mi padre, Gabriel, llegando a mí-. ¿Qué es esto? ¿¡Otra pelea, Leander!?
Bajo la cabeza, por respeto, y luego lo miro.
-Defendimos a un humano.
-Oh, como si eso lo hiciera mejor -masculla, molesto.
-¿De quién es ese auto, Leander?
Ante la pregunta de mi hermano Adriel, papá sale de la casa y maldigo. Todo se viene abajo cuando papá revisa el maletero y ve toda la sangre. En menos de un minuto me tiene en el sótano, atado a una silla, con esposas de plata pura en mis muñecas, eso me debilita, hace imposible que Near salga.
-¿Los mataste? ¡Mataste a humanos!
-Lo hice -declaro, furioso.
Odio que me trate como un niño pequeño. Cada que hago algo que no le gusta, Gabriel me trae aquí, y me tortura con estas jodidas esposas, a veces incluso por días, "solo para que aprenda la lección". Siempre menciona que debemos mantenernos alejados de los problemas con los humanos, que jamás dejemos salir nuestro lobo.
-¡Y lo dejaste salir! ¿Sabes cuantas malditas cámaras hay en esta jodida ciudad? ¿Y si alguna te vio, Leander? ¿Y alguien descubre lo que somos? ¡Cómo vamos a hacer! ¡Nuestros rostros estarían en sus redes y televisión! ¡Y no podemos regresar con los nuestros!
-¡Pues esto es por tu culpa! -estallo, cansado-. ¡Somos renegados por tu culpa!
-No...
-¡Si tan solo pudiéramos tener una vida normal como otros lobos nada de esto estaría pasando! ¡Near quiere salir todos los días a correr! ¡Nos sentimos cada día más deprimidos! ¡Mi vida entre los humanos es una tortura! ¿No lo es para ti?
-Yo no tengo vida desde que tu madre murió, ¡y por tu culpa!
Tras el grito de mi padre, la tensión en el sótano se disipa, pero rompe mi corazón. Mi hermano nos ve y se lleva las manos a la cabeza mientras mi padre se desploma en el suelo y comienza a llorar. Puedo sentir a su lobo también demasiado triste.
-¿Por...? ¿Por qué es... mi culpa?
No lo entiendo. Mamá murió después de dar a la luz a mi hermano Adriel, una extraña enfermedad la atacó, ¿por qué me echa la culpa?
-Papá... -lo llama Adriel-. Papá ya es suficiente... Dile la verdad.
Mis ojos van hacia Adriel, luego a papá. La desesperación me consume, cuando los ojos de mi padre se clavan en los míos.
-No puedo decirle, es un riesgo...
-Papá, ¿qué demonios sucede?
Intento moverme pero las esposas me mantienen inmóvil.
-Si no se lo dices tú, se lo diré yo -señala Adriel.
Mi corazón bombea fuerte, puedo sentir a Near angustiado.
Entonces mi padre se acerca a mis rodillas, viéndole con dolor.
-Lo siento, Leander... Hijo mío... Haz de pensar que te odio, pero no lo hago, yo solo...
Mi padre comienza a llorar, entonces mi hermano menor continúa.
-Mamá murió protegiéndote, Leander... Vivimos con los humanos porque estás destinado a encontrar a la bruja de una profecía que vive entre los humanos. Ella es una bruja que todos los Alfas de nuestra especie quieren conseguir para tomar el control de la humanidad.
Miro a mi hermano y luego a mi padre, pasmado.
Esto sí tiene que ser una jodida broma.
Dania.
Mientras Leander conduce el auto de aquellos matones, con una mirada mía desde la distancia hacia las cámaras estas entran en fuego.
Qué hombre lobo tan tonto.
¿Cómo puede andar por allí transformándose sin evaluar su alrededor o tomar precauciones?
De no ser por mí seguro los humanos lo descubrirían.
Suspiro cuando estaciono mi motocicleta cerca a su casa. Tengo una vista perfecta así que espero que todos estén dentro de la casa para, desde la distancia, encender el auto y llevarlo de vuelta a aquel callejón.
Estoy a punto de seguir al auto en mi moto cuando puedo ver en la ventana de la cocina cómo un chico parecido a Leander busca agua del grifo. No sé qué relación tienen, y no tengo demasiado tiempo así que tampoco me preocupo en escuchar qué sucede. Simplemente me voy, salvándole el trasero al extraño hombre lobo.
Una vez que dejo el auto en su lugar me dirijo a mi departamento, hago la oración en mi altar dedicado a mi diosa, y cuando caigo en la cama, no puedo dejar de repetir aquellas imágenes en mi mente con el corazón acelerado. El cómo Leander no dudó en defender a ese humano, cómo mostró valentía, su fuerza, y quedando en el aire, reveló su hermoso lobo.
Quedé impresionada al verlo. Leander pretendiendo ser un simple humano es algo hermoso de ver, pero en su forma lobo, entre dorado oscuro con blanco, y luego verlo completamente desnudo en su forma humana, fue algo... Mucho más impactante y espectacular de admirar.
La primera vez que vi a Leander fue un día que busqué a mi amiga Mary del trabajo, su auto estaba dañado así que no tuve problemas en sacar la moto. Yo estaba en la entrada esperando por ella, era de noche, cuando sentí que algo cosquilleó y al mismo tiempo comenzó a tirar de mí. Miré a todos lados, buscando algo que me diera respuesta, y entonces lo vi.
Un guapo hombre de cabello dorado oscuro, alto, corpulento, pero con un aura tan triste. Él estaba sentado en una banqueta hablando consigo mismo, y cuando su taxi llegó, sus ojos mieles observaron todo el lugar, buscando, entonces de inmediato murmuré un hechizo que me hiciera invisible para él.
Pude ver sus ojos mieles cruzar con los míos aunque no podía verme; sus ojos destellaron, vi una sombra pasar por ellos, y entonces lo supe. Él no era humano. Era un hombre lobo. Y yo... Una bruja que comenzaría a interesarse mucho más en él.
Leander es el primer hombre lobo que veo en años. Fui criada en una pequeña ciudad de México, y luego, cuando tenía unos quince años, mis padres y yo nos mudamos a Egipto, y allí conocí a otros "humanos" tan diferentes como yo. Conocí a una pequeña familia de lobos, y también a unos practicantes de la hechicería.
Estando en Egipto por dos años enteros, aprendí mucho más sobre la hechicería, y dominé casi todos sus hechizos. Compartimos con aquella familia de lobos, y pude presenciar la transformación de toda la familia. Recuerdo quedar maravillada por su especie, pero no pude cuestionar mucho sobre su pasado porque mis padres me mantenían en constante vigilancia.
Al recordar el pasado la nostalgia me invade, así que caigo en mi cama, suspirando.
Desde que tengo uso de razón sé que soy diferente a cualquier otro humano con un don especial. Jamás he conocido a una bruja que no sea practicante de la hechicería. He estado buscando todos estos años alrededor del mundo a otra como yo, intentando encontrar respuestas, pero no las consigo.
¿Por qué puedo manipular objetos, emociones y mentes desde siempre? ¿Por qué es que en todos los libros estos hechizos solo aparecen como hechizos practicantes y no por naturaleza? ¿Por qué mis padres me hicieron jurar que jamás debía acercarme de nuevo a otros hombres lobo? Tengo tantas preguntas que al parecer jamás podrán ser respondidas.
Pero aquí me encuentro, repitiendo en mi mente la silueta masculina de Leander, su imponencia, su sonrisa, mientras me acomodo en la cama acariciando el camino entre mis senos. Jamás había deseado ser tocada de esta forma por nadie hasta la semana pasada, cuando nuestras manos se unieron por primera vez.
¿Sabrá que soy una bruja?
Imposible. Me he lanzado un hechizo para que nadie pueda reconocerme, y deshacerlo para Leander sería ponerme en riesgo ante otras especies que desconozco.
¿Por qué me siento tan atraída hacia él? ¿Es porque mis padres me lo prohibieron o porque Leander es especial?
Joder, si tan solo me hubiera dado la oportunidad de llevarlo conmigo a la fiesta. Estuve planeando hasta el último detalle para ese día; desde manipular el jodido intercambio y hacerle saber qué regalo querría yo, hasta conseguir su reloj de bolsillo. Todo debía salir perfecto, como una primera cita "casual", pero nada salió como quería.
"No tengo compañera", recuerdo sus palabras.
¿Entonces espera a la mujer que le ha destinado la diosa de la luna para aceptar una cita?
¿Pero cómo puede saber él quién es su compañera destinada si vive entre humanos? Mi corazón da un vuelco cada que pienso en esto. Y es porque sé que los hombres lobos solo son destinados a mujeres lobos; por más que he buscado en libros no he leído un caso que me diga lo contrario. Solo pueden cruzarse con su propia especie por el bien de sus cachorros.
He estado observando a Leander desde hace un mes entero y lo que más llama mi atención es el hecho de que no parece tener otra rutina más allá de ir a su casa y el trabajo. Nunca me he permitido seguirlo hasta el bosque porque ese lugar me causa terror, pero sé que lo hace para liberar a su lobo en las noches de luna llena.
Quisiera tocar a su lobo, quisiera saber por qué no vive con otros de su especie, ¿por qué está tan triste siempre? ¿Qué es lo que esconde? Me encuentro incapaz de manipularlo a mi antojo porque deseo con ansias obtener todo de él sin que yo se lo pida, además de que no sé si su lobo podría darse cuenta de que algo sucede. Quiero conocerlo, es una necesidad que hace latir mi corazón cada vez más fuerte.
Mi mano se detiene una vez que consigo alcanzar mi clímax pensando en aquel hombre desnudo, imaginando cómo sería tenerlo sobre mí, y caigo rendida por tan agotador día.
...
Al despertar, tomo una ducha, cocino y me preparo para salir. Decido colocarme un vestido amarillo sencillo que me llega a las rodillas, botas marrones y una chaqueta de cuero del mismo color, junto a aretes de mariposa, el cabello sin planchar, y un maquillaje sencillo. Mi instinto me dice que es mala idea salir en moto, así que tomo el auto. Veo el cupcake de naranja en el tablero y sonrío.
Él debe estar pensando que la persona que hizo la jugarreta en el intercambio es la misma que ha estado dejando regalos en su escritorio, y sí, soy yo, manipulando al portero que llega más temprano que los demás a la empresa para que deje el obsequio en su sitio. No he querido subir a su piso de trabajo, aunque el día de San Valentín no resistí a entrar a la primera planta en cuanto él lo hizo. Nadie pudo verme pero sé que él pudo olerme así que fue por ello que oculté mi olor de él en la noche.
-¿Podrías dejar esto en el escritorio de Leander por mí, por favor?
El portero asiente ante mi petición sin preguntas, sumiso por completo, y entonces vuelvo a mi auto; pero mi corazón da un vuelco cuando un taxi se para frente al mío, y de él, veo bajar al hombre lobo que me tiene cautivada.
Hoy ha decidido usar su traje color marrón, y suspiro por la coincidencia.
Suplico en baja voz para que el portero regrese rápidamente, pero Leander solo avanza hacia dentro después de mirar un rato la puerta. Me escondo porque sé que siente que lo observo, y mis manos aprietan el volante con nerviosismo porque vaya a ser descubierta de alguna forma.
Lo curioso de mí e incluso lo más insólito, es que puedo manipular las emociones de otros, pero jamás las mías. Así que pronto mis manos se encuentran sudando por mis tontos nervios.
-¿Qué hago? -me pregunto viéndome al espejo.
Joder, ¿me veo bien? ¿Es buena idea intentar socializar con él justo hoy?
Vamos que le he salvado el precioso trasero anoche, al menos debe invitarme el almuerzo, o una cena... ¡pero él no sabe que lo salvé ni que soy una bruja! ¿Cómo puedo explicarle todo?
Solo sé una simple humana, Dania, me repito.
Salgo del auto y mis pies se dirigen hasta la empresa, paso la recepción y luego tengo una sala llena de pequeños cubículos. Me detengo en medio de la sala, y entonces fijo mí vista en el ascensor con el corazón más que agitado, esperando.
Las puertas del ascensor se abren dejando salir a hombre lobo junto al portero; y cuando el viento sacude un poco mi cabello, el rostro de Leander se fija en el mío. Puedo ver su mirada oscurecerse, el reflejo de su lobo queriendo venir hacia mí, y entonces maldigo, incapaz de moverme, porque es demasiado tarde para bloquear mi olor.