La alarma, que había sido ignorada cerca de dos horas atrás, estaba sonando con todo el volumen posible. Brooke arrojaba todo lo que le iba a servir en el interior de su mochila, mientras sentía que no alcanzaría a llegar a tiempo.
-Brooke, ¡Deja de correr así! Un día de estos terminarás rompiéndote una pierna, y no necesariamente será desearte buena suerte en el teatro- se quejó la madre de Brooke a sus espaldas.
La joven estaba intentando no llegar demasiado tarde a su primer día de clases; estudiaría diseño de moda, era algo que había soñado desde que tenía memoria; más aún, viendo a su modelo favorita, y a la cual le había seguido los pasos desde su comienzo en el mundo de la moda. ¿Algún día la conocería? Era incierto, pero no descansaría hasta lograrlo, así fuera dentro de un par de años.
Brooke, en ocasiones, sentía como si el tren de la vida estuviera marchándose sin ella, muchos de sus amigos y de las personas cercanas estaban haciendo sus vidas y avanzando rápidamente en sus proyectos personales, y Brooke, bueno, ella simplemente era...
-¡Brooke! ¡Cuidado con la escalera! - advirtió mi madre viendo que corría en dirección a esta, el impacto me detuvo en seco. -¿Estás bien? - preguntó.
Ella simplemente era... un desastre.
-¡Oye! ¡¿Podrías dejar de tirar todo al suelo?! - exclamó Alex entre desconcertado y enfurecido.
-¿Cómo me dices que debería reaccionar? Mi novio me engañó y además de eso ¡ES UN ESTAFADOR!- gritó Brooke con lágrimas en sus ojos, se culpaba de haber sido tan ciega como para caer en la red de Andrew. -Soy una tonta- sentenció.
-Yo soy tu novio ¿Recuerdas? - elevó una de sus cejas, bastante inconforme.
-¿Qué parte de FALSO no entiendes, Alex? - suspiró la pelinegra dejándose caer en el sofá. De un solo tirón retiró la peluca rubia que había en su cabeza, una pesada bocanada de aire se escapó entre sus labios al gruñir.
-Ok, fingiré que eso no me dolió- llevó su mano al pecho.
-Les recuerdo- intervino Margaret, la hermana de Alex -que él también me engañó a mí.
El ambiente se tornó pesado, pero había alguien que no se dejaría caer tan fácil.
-Si él tiene la osadía de volver a contactarme, les juro que me vengaré de la manera más vergonzosa posible- sentenció Brooke dando su palabra. Segundos después, su teléfono celular comenzó a sonar. -Es él- suspiró con una sonrisa ladina, los presentes se aproximaron para escuchar mejor la conversación, todos tres estaban en el mismo barco.
La alarma irrumpió en los sueños de Brooke; ella, aún dormida, extendió su mano para poder silenciarla y lograr descansar cinco minutos más. Aunque nunca eran cinco minutos, eran en su mayoría treinta o sesenta. Por supuesto, Brooke tenía que correr con todas sus fuerzas para alcanzar el metro que la llevara a dónde quiera que tuviese que ir, en esta ocasión, tenía una cita con su novio, Andrew.
Andrew era un chico dulce y atento, uno que no dudaría en ofrecerle ayuda cuando lo necesitara; un ser que poseía uno de los más cálidos corazones, cuya sonrisa podría darles vida a miles de sistemas solares. A los ojos de Brooke, no había nadie más que Andrew, cada que se tomaban de las manos, el corazón de Brooke se aceleraba y sentía que todo alrededor desapareciera.
Brooke calculó mal la distancia entre ella y la alarma, ocasionando que su mano pasara de largo y tropezara con uno de los vasos de cristal que había llevado para tomar su vitamina.
-¡Brooke Simon! - Gritó su madre desde el piso inferior.
Los ojos de Brooke se abrieron de inmediato; dejando todo el sueño que traía, se lanzó de la cama para organizar el desastre ocasionado por su torpeza, no había día en el que no chocara, tropezara, cayera, rompiera o perdiera algún objeto o incluso a ella misma. Su coordinación era buena; sin embargo, parecía no haber explicación lógica para su «condición»
Aquella chica había pasado un par de minutos escogiendo la ropa que usaría en su cita, quería lucir a la perfección, por lo que no permitiría que ni siquiera un cabello de su cabeza estuviera fuera de su lugar. Su deseo era entrar como estudiante de diseño de moda, por lo cual, su apariencia, pensaba ella, debía ser impecable. Después de haber encontrado el conjunto ganador, se apresuró a cambiarse, puesto que ya faltaban diez minutos para que la hora de su cita llegara.
Ambos habían quedado en encontrarse frente a uno de los parques favoritos de Brooke; en ellos, había demasiadas flores y aves, además de eso, el enorme árbol de cerezo que tanto le fascinaba a ella que brindaba sombra a todas las personas que se sentaran bajo él.
Para Brooke, no había ningún otro mejor sitio para estar.
Las cortas piernas de la chica se movían lo más rápido que le permitían. Cinco minutos después había llegado al encuentro de Andrew, una sonrisa bastante tierna se había posado en el rostro del mayor.
-Debo admitir que te encuentras demasiado bella hoy- tomó la mano de su novia; sin embargo, había algo que faltaba en el rostro del castaño.
-¿Está todo bien? - preguntó Brooke acariciando la mejilla contraria, era un gesto que le agradaba a Andrew, aunque ahora, se mostraba reacio en recibir sus caricias.
-Tenemos que hablar- Anunció su compañero desviando la mirada.
El corazón de Brooke parecía haberse detenido por completo. «¿He hecho algo mal?» se preguntó, comenzó a jugar con sus manos. Su mirada no se despegaba de su compañero, quería respuestas, quería saber qué era lo que había sucedido.
-¿Recuerdas a mi tía Leonilde? - la pelinegra asintió.
-¿Qué sucedió con ella? ¿Le pasó algo? - cuestionó Brooke con preocupación.
-Sí, ella... Está bastante enferma- lanzó un suspiro -mi prima se encuentra fuera del país y necesitan que alguien les ayude a cuidar de la tía Leonilde. Seré voluntario para ir- aclaró.
-Eso quiere decir ¿Qué te irás de la ciudad? - preguntó ella en un tono bajo de voz.
No quería despegarse de su novio; sin embargo, no quería interferir entre su relación familiar y mucho menos evitar que ayudara a los suyos.
Andrew asintió con suavidad y por un momento obtuvo el valor para sostener su mirada.
-Soy la única persona que podría ayudarle en un momento como este- tomó las manos de su compañera y depositó un dulce beso en ellas. -No quiero irme y dejarte aquí. Pero jamás podría pedirte que fueras conmigo cuando estás próxima a entrar a la universidad, que con tanto trabajo te aceptó. Me sentiría fatal, al hacerte renunciar a tus sueños. Brooke, mi querida Brooke, volveré lo más pronto que pueda, mi vuelo sale en menos de una hora y media, lo mejor es que me apresure para llegar a tiempo- sin añadir nada más, Andrew estrechó entre sus brazos a la menor, no daba la mínima señal de querer soltarla.
Brooke se encontraba conmocionada por la noticia, tanto que ni siquiera sus lágrimas aparecían a pesar de desear llorar y de estar observando cómo su primer amor atravesaba la puerta del aeropuerto.