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Mi encuentro con un misterioso magnate

Mi encuentro con un misterioso magnate

Autor: : Sea Brat
Género: Moderno
Charlee fue abandonada en la boda y se convirtió en el hazmerreír de todos. Intentó mantener la cabeza alta, pero acabó humillada cuando recibió un vídeo sexual de su prometido y su hermanastra. Devastada, pasó una noche salvaje con un atractivo desconocido. Se suponía que iba a ser cosa de una sola vez, pero él siguió apareciendo, ayudándola con proyectos y venganzas, todo mientras coqueteaba con ella constantemente. Charlee pronto se dio cuenta de que era agradable tenerlo cerca, hasta que su ex apareció de repente en su puerta, rogándole otra oportunidad. Su amante magnate le preguntó: "¿A quién vas a elegir? Piensa bien antes de contestar".

Capítulo 1 Estoy soltero

"¿Estás saliendo con alguien?".

Charlee Sullivan, cuyo ajustado vestido escarlata enfatizaba su llamativa silueta, se apoyó casualmente en un reluciente auto deportivo color carmesí. Su delicado rostro, enmarcado por suaves ondas de pelo castaño rojizo, irradiaba sofisticación.

Sus ojos, habitualmente vibrantes, en esos momentos reflejaban una mirada gélida.

El hombre, agachado sobre su motocicleta destartalada, se enderezó al oír sus palabras.

Bajo el resplandor de la farola, sus rasgos rudos e innegablemente magnéticos irradiaban un aire de carisma indómito.

"Estoy soltero", respondió él con su voz profunda, la cual transmitía un encanto irresistible.

Charlee sonrió, inclinándose ligeramente.

Sus rizos cayeron hacia delante, cubiertos de colorido confeti.

"Pasa una noche conmigo y olvidaré los daños que le provocaste a mi auto", sugirió con valentía.

Ella no era de las personas que perdonaban fácilmente; después de descubrir que Liam Todd, su prometido, se atrevió a engañarla, anhelaba una forma de vengarse...

Y ese hombre, con su mandíbula afilada, su presencia imponente y su encanto natural, era todo lo que Liam no era.

Reflexionó que su prometido palidecía en comparación con ese extraño, quien parecía más que capaz de satisfacer todos sus deseos.

La mirada del hombre iba del vehículo de lujo abollado a su motocicleta destartalada, con un destello de diversión en su expresión.

A sus ojos, ese vehículo de lujo ni siquiera valía el manillar de su motocicleta.

Esbozando una sonrisa maliciosa, atrajo a Charlee hacia sus brazos, al mismo tiempo que con un tono burlón pero firme contestaba: "Trato hecho. De cualquier forma, no puedo pagar las reparaciones de tu auto. Pero, no te quejes después, hermosa".

Dicho eso, la cargó y sin mucho esfuerzo la llevó a un hotel cercano.

Tan pronto como entraron en la habitación, ella lo empujó sobre la cama. El hotel que eligieron era famoso por sus peculiares ofertas, por lo que Charlee rápidamente localizó unas ataduras en la mesita de noche, las cuales usó para atar las muñecas del hombre a la cabecera.

"Prefiero tener el control", afirmó, con sus mejillas brillando con un rubor provocativo.

A pesar de su falta de experiencia, su comportamiento audaz irradiaba confianza, similar al de una flor que florecía bajo una luz ambiental tenue.

Sin embargo, su autoridad no duró mucho y al final no le importó si el hombre había disfrutado por completo del encuentro.

"Ya estamos a mano", murmuró Charlee, jadeante y despeinada.

Con un movimiento rápido, el hombre invirtió sus posiciones.

Sujetando a la chica debajo de él y, con una mirada intensa que reflejaba un deseo desenfrenado, preguntó en tono burlón: "¿Eso es todo? Recuerdo que me prometiste que estaríamos juntos una noche entera. Aún es temprano...".

Antes de que ella pudiera comprender cómo fue que él se zafó de las ataduras, se sintió abrumada y su racionalidad desapareció por completo.

Imitando su anterior osadía, el hombre le cubrió la boca con la mano, obligándola a soportar. Poco después, las lágrimas brotaron de los ojos de Charlee, mientras gemía, debido a los intensos movimientos del otro.

Cuando el tipo dijo una noche entera, no había exagerado.

Charlee perdió la cuenta de cuántas veces se desmayó. La energía del hombre parecía interminable e insaciable, llevando al cuerpo de la chica más allá de sus límites.

Horas después, mientras Charlee se vestía de nuevo, no tuvo el valor de mirarlo a los ojos.

Su voz ronca tembló en señal de advertencia cuando declaró: "Tengo las imágenes del accidente. En cuanto salga de aquí, será como si nunca nos hubiéramos conocido. No puedes decir ni una palabra de lo que sucedió esta noche...".

Detrás de ella, la voz del hombre destilaba una diversión perezosa, pero aguda. "Muy interesante... Yo también tengo la grabación".

Sin entender las intenciones del otro, Charlee agarró sus pertenencias y se dirigió a la puerta.

Sus piernas temblorosas casi cedieron mientras se alejaba.

Al percatarse de eso, la risa profunda del hombre resonó. "¿Segura que no necesitas más tiempo para recuperarte?".

¡Qué tipo tan engreído!

Charlee cerró la puerta detrás de sí con todas sus fuerzas, casi tentada de golpearlo con ella.

No se percató de que la mirada del hombre a sus espaldas estaba cargada de un deseo de posesión casi obsesivo.

En el vestíbulo del hotel, una pantalla mostraba los titulares de última hora: "¡Revelación impactante! Hoy, dos familias de la élite de Jurgh que estaban a punto de unirse a través de un matrimonio se han enfrentado al escarnio público. Algunas fuentes afirman que el heredero Todd abandonó la ceremonia, furioso, dejando a la heredera Sullivan humillada".

Un transeúnte murmuró: "Se rumorea que el novio está muy enamorado de la media hermana de su prometida. Ahora que los señores Sullivan han reavivado la relación, ¿quién sabe qué sucederá? Quizás el heredero Todd termine con la hermana de su exprometida".

En la pantalla, Charlee apareció con un vestido carmesí y el pelo lleno de confeti. La cámara se detuvo en su sonrisa congelada, magnificando así el dolor que había detrás de ella.

Sorprendentemente, después de su intenso encuentro con aquel desconocido, Charlee se dio cuenta de que el dolor de la ruptura ya no era tan intenso.

Se había aferrado a Liam, convencida de que su relación de años era indestructible. Debido a lo anterior, él dio por sentado su afecto.

Sin embargo, nadie era insustituible. Ese extraño había logrado llenar el vacío de Charlee sin esfuerzo, gracias a que poseía una resistencia ilimitada...

Capítulo 2 Obsesión

"Hola. Quiero registrar mi salida", dijo Charlee.

Distraídas en un acalorado debate sobre las últimas noticias, las recepcionistas levantaron la vista. Cuando reconocieron a la mujer que estaba ante ellas y que acababan de ver en la pantalla, los ojos se les abrieron como platos y forzaron una sonrisa ligeramente incómoda.

Una recepcionista volvió a mirar la pantalla y luego a Charlee, claramente cautivada por su llamativa apariencia. Luego, mientras procesaba el pago, clavó la mirada brevemente en el cuello de la hermosa joven...

Poco después, mientras Charlee conducía de regreso a casa, recordó las miradas curiosas que las recepcionistas le dirigieron.

Movida por la curiosidad, sacó un espejo. Los enormes chupetones que tenía en el cuello eran difíciles de pasar por alto.

Sin dudarlo, extendió la mano para aplicarse un poco de base, en un intento por cubrirlas. Al final, la mayoría permaneció visible.

La resistencia de ese hombre era realmente excepcional; parecía que podría continuar eternamente sin cansarse.

Su encuentro había comenzado con un accidente automovilístico y rápidamente se convirtió en una noche de pasión sin preocupaciones. El recuerdo provocó que ella soltara una risa suave.

Treinta minutos después, llegó a bordo de su auto deportivo a la entrada de la gran villa de los Sullivan. En ese mismo momento, un Cayenne negro la alcanzó.

Cuando la puerta del Cayenne se abrió, Liam ayudó gentilmente a Stacey Sullivan a salir, tratándola con sumo cuidado. La mirada del hombre se volvió fría cuando vio a Charlee.

"Mantén tus problemas lejos de Stacey. Más tarde hablaremos".

El comportamiento serio de Liam le trajo recuerdos a Charlee de él poniéndole límites, como prohibirle comer helado durante su período o usar faldas para ir al colegio.

A decir verdad, hubo un tiempo en que casi adoraba esa faceta de él.

Ahora, solo le daba asco.

Mirándolo de frente, Charlee espetó: "Me parece que es el momento perfecto para hablar. Doy nuestro compromiso por cancelado".

Bajo la luz del sol, se erguía elegantemente; su piel tersa irradiaba perfección y su hermoso rostro emitía un encanto cautivador.

Esa declaración tomó al otro por sorpresa. Luego, cuando notó los chupetones que la joven tenía en el cuello, los ojos se le llenaron de ira.

Soltando el brazo de Stacey, caminó hacia Charlee y la agarró de la muñeca con tanta fuerza que casi se la fracturó.

"¿Dónde pasaste la noche? ¿Quién te hizo eso?", preguntó, luciendo como un esposo que se sentía engañado.

¡Vaya ironía!

"Suéltame", replicó ella, mirándolo con sus ojos gélidos.

"Todo este tiempo te he tratado bien, pero tú has actuado como una sinvergüenza. ¿Cómo pudiste dejar que los labios de otro hombre besaran tu cuello?". Liam se negaba a creer que Charlee pudiera haberlo traicionado de esa manera. Estaba convencido de que le había pedido a alguien que le hiciera esos chupetones solo para molestarlo.

Inmovilizada por su agarre, ella esbozó una sonrisa traviesa y espetó: "Pero no me besó solo el cuello. Sus besos cubrieron mi cuerpo por completo. Mientras hacíamos el amor, me susurraba palabras dulces".

Al caer en la cuenta de que Charlee había visto el video, el agarre de Liam se debilitó inadvertidamente.

"Hay una razón detrás de eso. No dejes que esto lastime a Stacey, por favor".

Entonces él era consciente de que estaban siendo grabados.

Sin duda, sabía cómo mantener viva la emoción en el dormitorio.

Incapaz de contener su frustración por más tiempo, Charlee le propinó una fuerte bofetada.

"¡¿Qué te sucede?!", gritó Stacey, mientras corría hacia su hermana; le rodeaba la cintura con los brazos y tiraba de ella hacia atrás con fuerza. "Liam es mi mundo. Si quieres, cúlpame a mí de todo. Él te trata muy bien. ¿Cómo pudiste abofetearlo?".

La súplica entre lágrimas de Stacey fue seguida por una risa baja y siniestra.

A continuación, esta susurró: "¿Qué se siente quedarse sola en tu propia fiesta de compromiso? Simplemente me raspé la muñeca, y Liam no podía dejar de consolarme con besos".

Al oír eso, un terror gélido se apoderó de Charlee. Sintiendo como si estuviera atrapada por una serpiente venenosa, empujó a Stacey lejos. En el momento en que tocó su brazo, la otra gritó y se cayó al suelo.

Al percatarse de que el vendaje que cubría la muñeca de Stacey se teñía de rojo, Liam corrió hacia ella.

Luego, preso de una intensa ira, gritó: "¡Charlee, le debes una disculpa a Stacey!".

"No seas tan duro", dijo Stacey con voz suave. Sujetó con delicadeza la gran mano del hombre, que apuntaba a Charlee, con una mirada llena de afecto, pero también de tristeza. A continuación, agregó: "Todo esto es culpa mía; no debí haber dejado que mis sentimientos por ti llegaran tan lejos. Como se supone que Charlee es tu prometida, es natural que esté tan molesta. Acepto lo que venga".

Su acto de compasión logró derretir el corazón de Liam, quien le instó: "Stacey, no llores, por favor".

Capítulo 3 Totalmente decepcionada

La mirada de Charlee se detuvo en la muestra de afecto de Liam y Stacey. Luego, dijo en tono mordaz y burlón: "Te has dado cuenta de que esto es culpa tuya, ¿verdad?".

Al oír eso, los ojos del hombre se oscurecieron con furia.

A continuación, miró a Charlee con sus ojos aguzados como una espada y declaró: "Esta vez te has pasado de la raya. ¡Stacey es tu hermana! A pesar de que casi muere, ¿continúas hostigándola?".

La risa de Charlee era tan gélida como su mirada cuando replicó: "¿Mi hermana? ¿Te refieres a la mujer que sedujo a mi prometido?".

"Eres una...". La ira de Liam aumentó mientras tranquilizaba a Stacey y la guiaba hacia la propiedad de Sullivan. Cuando pasaron junto a Charlee, se giró bruscamente hacia ella y ladró: "¡Espérame en la puerta!".

Habló con la autoridad de quien esperaba ser obedecido, confiado en la habitual obediencia de la joven.

Pero, en lugar de obedecerlo, Charlee pasó junto a él sin mirarlo dos veces, mientras su vestido rojo flotaba detrás de ella.

Con sus elegantes tacones negros repiqueteando contra el pavimento y sus labios carmesí curvados con desdén, exudaba una elegancia indómita, como una depredadora que no podía ser domesticada.

"Esta es mi casa. No tienes derecho a decirme qué hacer", dijo con frialdad, mirándolo por encima del hombro.

Debido a esa actitud desafiante, el hombre se quedó paralizado y sorprendido, mientras miraba su figura que se alejaba.

Había algo en ella que le parecía muy diferente, prácticamente desconocido.

"Liam...". La suave y delicada voz de Stacey resonó a su alrededor, devolviéndolo a la realidad.

Él explicó y su voz se hizo más suave: "Así es ella. No le hagas caso. Más tarde me haré cargo y me aseguraré de que no te vuelva a molestar. Volvamos para que descanses".

Los ojos de Stacey se llenaron de lágrimas, mientras agarraba el brazo del hombre con fuerza, reticente a soltarlo.

"Dijiste que te quedarías conmigo...", susurró ella con una voz temblorosa por el sentimiento.

Su súplica tocó una fibra muy sensible en Liam, quien respondió suavemente: "Por supuesto que me quedaré. Sé que hiciste todo eso porque te preocupas mucho por mí. Me quedaré a tu lado hasta que estés bien".

Entretanto, Charlee subió las escaleras, se dio una larga ducha y se cambió, antes de volver a ver a Liam y a Stacey, quienes iban entrando juntos a la casa.

De pie en el balcón, casi se atragantó al verlos abrazados, expresándose su afecto cerca de la puerta.

"¿No han tenido suficiente?", preguntó secamente al mismo tiempo que se reclinaba en el costoso sofá de cuero, con las piernas elegantemente cruzadas y exudando el aire de una felina al acecho.

De repente, una voz aguda resonó desde arriba: "¡¿Cuál es tu problema, Charlee?! ¡Te estás volviendo insoportable!".

La expresión severa de su padre, Keith Sullivan, se ensombreció mientras bajaba las escaleras, seguido por Hannah Sullivan, su exesposa.

Esta última se había instalado ahí, asumiendo oficialmente el título de señora Sullivan a los ojos de todos.

A pesar de que estaba vestida impecablemente, su actitud dura y hostil resultaba imposible de pasar por alto. Para Charlee estaba más que claro que esa mujer, al igual que Stacey, era una absoluta hipócrita.

Por esa razón, no se molestó en discutir. En lugar de eso, sacó su celular, presionó unas cuantas teclas y proyectó en el enorme televisor de la sala de estar una grabación de las cámaras de seguridad.

Un instante después, en la pantalla aparecieron Stacey y Liam fundidos en un abrazo íntimo, y con los labios presionados a un nivel que no dejaba nada a la imaginación...

"¿Por qué haces esto, Charlee?", inquirió Stacey, cubriéndose la cara como si se sintiera humillada. A continuación, corrió escaleras arriba, mientras sus sollozos resonaban por los pasillos.

Cualquiera que no conociera la historia completa podría pensar que Charlee le hizo un terrible daño, en lugar de exponerla.

"¡Stacey, no cometas una imprudencia!", gritó Hannah, siguiendo a la aludida rápidamente en señal de preocupación, asegurándose de que todos recordaran que era muy delicada, de modo que no debía alterarse.

Como era de esperar, Keith perdió los estribos y se apresuró a desenchufar el televisor.

Luego, ladró con furia: "Charlee, ¿estás decidida a destruir esta familia?".

"Quizás deberías hacerle esa pregunta a Stacey", replicó la joven, cuya decepción era evidente en su tono frío. Miró firmemente a su padre, llena de amargura y completamente vacía de calidez.

Desde que perdió a su madre, comprendió cuán frágiles podían ser los lazos familiares.

Durante dieciséis años, su madre había sacrificado todo para estar al lado de Keith. Sin embargo, solo una semana después de su fallecimiento, el hombre le dio la bienvenida a Hannah y Stacey en su hogar.

¿Cómo pudo ser tan cruel...?

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