Capítulo 1- El acuerdo de sus vidas
Narrador
Seth estaba de pie frente al altar, sus manos entrelazadas detrás de la espalda para contener el leve temblor que traía la ansiedad. No había amor en este matrimonio, solo un acuerdo frío y estratégico. Para Seth, esto era un trámite, un paso más en el tablero de ajedrez de su vida. O eso había pensado hasta ese momento.
El murmullo entre los presentes se apagó cuando un rayo de luz bañó la silueta de su futura esposa.
Seth se obligó a respirar, pero el aire le quedó atrapado en el pecho al verla caminar hacia él. El vestido blanco parecía flotar a su alrededor. Su cabello caía en suaves ondas, y un velo delicado enmarcaba un rostro que parecía diseñado para tentar a los hombres. No era solo su belleza lo que lo descolocaba, era algo más profundo, algo que no había anticipado.
Su garganta se secó, y un calor extraño subió desde su pecho hasta su cuello y un hormigueo lo recorrió por completo.
La lógica y la frialdad que lo habían llevado hasta aquí se desmoronaron en un instante. Seth tragó saliva, forzándose a recordar que esto no era real, que ella era simplemente una pieza más de su estrategia. Pero su cuerpo no parecía entenderlo. Su corazón latía con fuerza, su respiración era irregular y una presión desconocida se asentó en su estómago.
Cuando ella llegó al altar y levantó la mirada para encontrarse con la suya, el tiempo pareció detenerse. Por un segundo, Seth olvidó que este matrimonio no era por amor, y su cuerpo, por completo fuera de su control, se inclinó instintivamente hacia ella.
- Respira, Nebra... Te ves muy tensa... Pero estás muy hermosa.
Apretando sus labios, Spencer trató de parecer serena cuando, en el fondo, solo quería desistir de tal locura, y huir, pero subiendo el par de escalones tomados de la mano, una vez ante el juez del distrito, este se colocó de pie para iniciar
- Estando todos presentes, iniciemos
Tomando la palabra, el hombre de traje ante ella, empezó su discurso sobre los deberes, y derechos de los futuros esposos, y haciendo la pregunta más importante de sus vidas, el corazón de Nebra casi se detiene. ¿Que si estaba lista para casarse con Seth? Por supuesto que no lo estaba, era solo que no podía desistir justo en ese momento en el que él más la necesitaba.
- Señorita, Nebra Spencer, ¿acepta usted como esposo al señor Seth Arias? Para amarlo, y respetarlo, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte los separe.
Desviando la vista al hombre junto a ella, Nebra frunció el entrecejo de su frente al escuchar su apellido. ¿Arias? Ella podría asegurar que cuando lo conoció aquel día tormentoso él se presentó como Seth Green, no como Arias. Conectando sus miradas en ese instante, él aclaró su garganta, pensando que ella se arrepentiría de casarse con él, y regresando a la realidad de que todos los presentes se mantenían a la expectativa de la respuesta, asintió antes de decir
- Acepto... Acepto a Seth Arias como mi esposo.
Pensando que algo no andaba bien del todo, Nebra tragó el nudo en su garganta mientras el juez del distrito se centraba en su futuro esposo, quien se mantenía imperturbable a su lado luciendo un traje negro que lo hacía ver más apuesto de lo usual, y llegando su turno de hablar, volvió a preguntar
- Señor Seth Arias, ¿acepta como esposo a la Señorita Nebra Spencer? Para amarla, y respetarla, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte los separe.
Sin titubear siquiera unos segundos, Seth asintió, dibujando una pequeña sonrisa en sus labios al ver que estaba cada vez más cerca de obtener lo que le pertenecía, y reteniendo el aire, respondió
- Por supuesto que sí. Acepto a Nebra.
Diciendo eso último, observándola a ella, los presentes a sus espaldas murmuraron un poco antes de seguir, y juntando sus manos, el juez, frente a ellos, concluyó.
- Siendo así... Por el poder que me confiere el estado, teniendo a estas personas como testigos. Yo los declaro marido, y mujer. Señor Arias, puede besar a su esposa
Girándose un poco, los dos quedaron uno frente al otro. Nebra sintiendo cómo sus piernas empezaban a temblar, por más que Seth la había ayudado cuando casi se quita la vida, jamás lo había mirado con otros ojos que no fueran como su salvador. Ahora no solo tendría que fingir ser su esposa, sino que también tenía que besarlo ante todos.
Elevando su mano despacio, un poco temeroso por su rechazo, Seth Arias acarició la mejilla de Nebra como venerándola antes de besarla, y empezando a acortar la distancia entre los dos, murmuró antes de juntar sus labios
- Lo siento, Nebra... Pero debo hacer esto.
Uniendo sus labios, estos se encontraron en un ardiente roce que hizo sus corazones agitarse, y tomando a Nebra por la cintura, Seth la atrajo a su cuerpo para evitar que escapara de él. Se supone que él se casaba con ella por amor, no por un acuerdo que los beneficiaría a ambos, por lo que tenía que mantenerse en el papel de hombre enamorado.
Sintiendo cómo el tiempo se detenía, y los presentes desaparecieron. Sin apartarse de él, Nebra rodeó el cuello de Seth con sus manos, mientras escuchaba cómo los aplausos inundaban el salón, y siendo golpeada por la realidad, reaccionó cuando el beso se tornó intenso.
- Ante ustedes, los señores Arias.
Girándose hacia los presentes, quienes aplaudían, por primera vez desde que llegó, Nebra observó a los invitados, y encontrando entre ellos a una persona muy conocida para ella, palideció enseguida.
¿Qué se suponía hacia él allí? ¿Cómo fue qué...?
Sin despegar la mirada de Federico, quien la observaba de la misma manera, pero molesto, Nebra apretó la mano de Seth que se encontraba a su lado, e inclinándose solo un poco hacia ella, al ver que algo le inquietaba, preguntó
- ¿Estás bien, Nebra? Estás pálida.
Apretando sus labios mientras sus piernas no dejaban de temblar, Nebra forzó una sonrisa antes de asentir, y empezando a acercarse a ellos los presentes, la primera en felicitarlos fue la madre de Seth.
- ¿Nebra? Es un placer conocer a la esposa de mi hijo, aunque me hubiese gustado que fuera en otra ocasión, y no el día de su boda. Mi nombre es Liliana.
Abrazándola sin previo aviso, tomándola por sorpresa, a la mente de Nebra llegaron los recuerdos de aquel oscuro día, en donde descubrió el engaño del hombre que amaba, quien se encontraba casado con la mujer ante ella, y liberando un sollozo, entendió que este tipo era el padre de Seth.
- Él es mi esposo, el padre de Seth... Federico Arias.
Sintiendo un enorme nudo formarse en su garganta, Nebra desvió la vista a su esposo, quien se hallaba rodeado de invitados, y obligándose a sonreír para no exponer al hombre frente a todos, dijo
- Un placer, señor Arias.
Respondiendo de la misma forma, manteniéndose en el papel de padre amoroso, Federico le extendió la mano a Nebra quien la tomó sin otra salida, y sonriendo abiertamente, él respondió.
- El placer es mío, Nebra. Es evidente que mi hijo tiene buen gusto, su esposa es hermosa.
Sintiendo sus ojos cristalizados, Nebra apretó sus labios conteniéndose para no abofetearlo allí mismo, por lo que le hizo, e interviniendo la madre de Seth, la invitó.
- Pero mejor tomemos asiento, tenemos tanto de que hablar. Necesito conocer a la mujer que estará junto a Seth por el resto de su vida.
Sin poder dejar de mirar a Federico, los recuerdos amargos la invadieron, e iniciando la fiesta, Nebra tuvo que seguir en el papel de esposa cuando en verdad quería que la tierra se abriera, y se la tragara viva.
Capítulo 2- ¿Dejar a Seth?
Narrador
Sintiendo el vestido cada vez más asfixiante, Nebra empezó a sentir la necesidad de salir de allí, huir del lugar. Federico, durante toda la fiesta, no le había quitado la mirada de encima, lo cual la incomodaba en sobremanera. Pidiendo disculpas a los presentes, se colocó de pie de la mesa familiar para colarse al baño de damas por algo de aire, y caminando hasta este, dio un respingo, cuando su hermana, Dalia, la siguió en silencio, tomándola por sorpresa
- Casi me matas del susto, Dalia
Soltando un sollozo llevando las manos a su pecho al verla entrar en el sanitario, Nebra recargó ambas manos en el lavado intentando procesar todo lo que estaba pasando, y llegando a su lado la jovencita de solo diecisiete años, preguntó conociéndola muy bien
- ¿Acaso esperabas a alguien más, Nebra?
Enarcando una ceja, Dalia cruzó los brazos a la altura de su pecho mientras esperaba una respuesta, y liberando el aire retenido, Nebra negó
- Por supuesto que no... Es solo que esperaba estar a solas.
Negando, Dalia supo enseguida que Nebra mentía de manera descarada, y apoyando una mano en su hombro, preguntó
- ¿Él es Federico, cierto? ¿El mismo hombre del que esperabas un hijo?
Llevando ambas manos a su rostro, Nebra reprimió las lágrimas al recordar al pequeño que no logró ver nacer por culpa de este hombre, y soltando un sollozo, admitió, sabiendo que su secreto estaba a salvo
- Así es Dalia. Es él... Ahora resulta que él es el padre de Seth...
Pensando que tenía la peor suerte del mundo al ser el padre de Seth el mismo hombre con quien tuvo un romance en el pasado. Nebra respiró un par de veces, intentando contenerse antes de regresar a la mesa, y fingir amar a su salvador, y abrazándola de pronto, Dalia murmuró
- Sé lo que significó, Federico para ti, pero no puedes olvidar todo lo que ese tipo te hizo, Nebra.
Asintiendo un par de veces con sus ojos cristalizados, Nebra se separó de Dalia, quien era su única razón para vivir, y sonriendo débilmente, soltó tomando su mano.
- Lo sé, Dalia. Eso no puedo olvidarlo. Ahora, debemos regresar. Seth espera a su esposa, y el show debe continuar
Apretando sus labios, sabiendo que lo que su hermana estaba haciendo no era nada fácil, Dalia bajo su rostro antes de caminar a la puerta, y tomando esta antes de salir, murmuró
- Nebra, eres una mujer fuerte, mi ejemplo a seguir. No olvides lo mucho que te quiero, y admiro.
Observándola con sus ojos cristalizados, Dalia salió a la fiesta en donde los presentes celebraban la unión de Nebra, y Seth, sin saber que todo era un arreglo para el obtener la dirección de la empresa familiar, y escuchando como la puerta del baño era abierta de nuevo, Nebra dijo sin mirar de quien se trataba, pensando que era su hermana quien se había regresado.
- No me digas que has vuelto por un abrazo, porque sabes que odio lo sentimental que eres.
Dignándose a elevar su vista después de unos segundos en silencio mientras lavaba sus manos, Nebra vio a través del espejo a Federico, quien solo la observaba con el mentón elevado.
- No sé a quién esperabas, pero no estaría tan mal si abrazas a tu nuevo suegro.
Frunciendo el entrecejo de su frente, Nebra se colocó erguida al ver ante ella al responsable de su sufrimiento, y girándose para verlo a la cara, dijo con repulsión
- Federico Arias...
Dando un par de pasos para acercarse a ella, el antes mencionado recorrió a Nebra, con su mirada de arriba a abajo, e introduciendo las manos en su bolsillo, respondió
- Así es... Ese soy yo, el padre del hombre con el que te acabas de casar
Tragando grueso ante esa realidad, Nebra elevó su mentón, deseando parecer que su presencia no removió nada en ella cuando sí lo hizo, y abriendo su boca, preguntó
- ¿Qué mierdas quieres, Federico? ¿Qué haces aquí corriendo el riesgo de que todos nos vean?
Sonriendo de lado con ciertos aires de superioridad, este negó al ver que Nebra no había cambiado desde la última vez que la vio. Seguía siendo desafiante, y obstinada como él la recordaba, lo que ocasionó su separación en el pasado.
-Solo vine aquí, por qué quiero saber ¿Qué crees que haces? ¿Casarte con Seth? ¿Acaso, al ver que no lograste atarme a ti, engatusaste a mi hijo?
Formando sus manos un puño, Nebra se contuvo para no mandarlo a la mierda en ese preciso instante, y empezando a reír, respondió
- Pues lamento decepcionarte, pero las cosas no son como tú piensas. Me casé con Seth por amor, porque es un hombre realmente maravilloso, y no por interés... Y por si lo olvidas, lo nuestro terminó, por tu culpa, después de obligarme a perder a nuestro hijo
Observándola verdaderamente molesto al recordarle esto, Federico se mantuvo firme en el mismo punto, y manteniéndose en silencio unos segundos, dijo
- Sabes muy bien que ese niño no tenía que nacer, que era un verdadero error... De haber nacido, se habría echado a perder todo.
Sintiendo cómo la herida que creía cerrada se abría, los ojos de Nebra se cristalizaron al recordar al pequeño que esperaba, y empezando a reír por lo ingenua que había sido al creer que él en verdad la amaba, soltó
- Cierto que si él nacía tu matrimonio ideal, el que no sabía que existía, se acabaría... Perdón, don Federico, por creer todas tus mentiras, por creer que me amabas de verdad.
Deseando salir de allí, Nebra pasó por su lado, y elevando su mano, Federico la sostuvo de su brazo antes de escapar.
- ¡Deja a Seth! Divorciate de él, y regresa conmigo...
Desviando la mirada a la mano que reposaba en su brazo, Nebra se mantuvo estática, por lo que acababa de escuchar ¿Dejar a Seth?, y tragando grueso, Federico siguió
- Permitiré que te embaraces de nuevo si es lo que quieres, que cumplas tu sueño de ser madre, pero debes dejarlo primero.
Observándolo a la cara, Nebra abrió su boca buscando las palabras necesarias para responder a tal propuesta, y sabiendo que ella aún lo amaba, siguió
- Solo sal de aquí, y acaba con este teatro de una buena vez. Tú, y yo sabemos que no lo amas.
Llegando a su mente los recuerdos de lo sucedido, Nebra tiró de su brazo sin pensarlo dos veces, y zafándose de su agarre, sonrió llena de incredulidad.
- Eres increíble, Federico. Durante el año que fui tu amante, inocente de la existencia de tu esposa, jamás te escuché tan desesperado. ¿Dejarme tener un hijo? Un niño que acabaría con la imagen de esposo perfecto que quieres transmitir. Esto es asombroso. La ambición te ha hecho caer muy bajo
Apretando sus labios al ver que la mujer ante él, no era la misma Nebra que creía todo lo que el decía, Federico supo que estaba en graves problemas
-No me da la gana. Amo a Seth, y así intentes matarme, no lo dejaré.
Con un par de lágrimas rodando por sus mejillas, Nebra le dio una última mirada a Federico, antes de salir del sanitario con algo de prisa, y chocando con una persona que no vio un par de pasos después, escuchó
-¿Estás bien?
Su tono característico hizo que la piel de Nebra se erizara al ver de quién se trataba, y limpiando las lágrimas al ser escaneada por sus enigmáticos ojos azules, solo asintió.
-Discúlpame, Seth, salí de prisa, y no te vi.
Centrando la mirada en el baño del que recién salía Nebra. Seth regresó la mirada a ella algo inquieto, y llevando la mano a su cintura, preguntó
- ¿Lista para seguir con este teatro?
Nebra, un poco nerviosa, apretó sus labios antes de seguir, y siendo guiada por su ahora esposo, regresaron a la fiesta en donde fueron el centro de atención como la nueva pareja.
Capítulo 3- Abrumada
Narrador
Continuando con la fiesta, en un par de ocasiones a Seth, y a Nebra les tocó mantenerse en el papel de esposos, en donde no solo tuvieron que tomarse de las manos para un par de fotografías, sino que también tendrían su primer baile juntos, lo cual los tenía muy nerviosos.
-No olvides sonreír, los ojos de todos están puestos en nosotros.
Llevando una mano a la cintura de Nebra, este sintió cómo una descarga eléctrica recorría su espina dorsal, y tirando de ella con delicadeza, la atrajo a su cuerpo mientras tomaba su otra mano para empezar a moverse al ritmo del vals que empezaba a sonar.
-Pareces una novia real, Nebra.
Centrando su mirada en ella, Seth murmuró sin dejar de moverse al ritmo de la melodía, y abriendo su boca en busca de aire, ella se mantuvo en silencio unos segundos sin saber qué decir. Por más que él le había salvado la vida aquel día, y le había dado asilo en su casa, tras Federico dejarla en la calle, no era que ellos eran grandes amigos.
Todo lo opuesto, Nebra apenas veía a Seth al llegar a la casa agotado. Lo poco que ella hacía por él, era mantener todo en orden, ya que no quería ser una carga. Hablaban lo básico, por supuesto, ella siempre agradecida por su ayuda.
Sin despegar la mirada de él, Nebra seguía sin decir nada más perdida en sus ojos azules, y aclarando la garganta una vez que el silencio se hizo incómodo, Seth preguntó.
-¿Puedo saber por qué estabas llorando hace un rato en los sanitarios? Parecías alterada
Palideciendo ante la pregunta, Nebra sintió cómo sus piernas empezaban a temblar. ¿Acaso él había visto a Federico? De haberlo hecho, estaba perdida. Seth la había ayudado mucho hasta ahora, pero ella en ningún momento había contado a detalle todo lo que le había sucedido, ni quién era realmente el responsable.
-¿Nebra? ¿Sucede algo?
Al ver que seguía de la misma forma, Seth mencionó su nombre en un intento por hacerla reaccionar, y apretando su cintura mientras bailaban, Spencer regresó a la realidad.
-Me siento un poco abrumada, Seth... Todo esto va muy rápido. Hace dos semanas me pediste que me casara contigo, ahora, estoy aquí rodeada de personas desconocidas, solo Dalia es importante para mí.
Asintiendo, sabiendo que tenía razón, Seth liberó el aire retenido en sus pulmones. Sabía que esto era difícil para ella. Generalmente, las mujeres, cuando caminaban al altar, ven este día como algo especial al casarse por amor, pero ella, lo estaba haciendo solo por él, para ayudarlo en su plan.
Bajando su rostro un poco, Seth acercó sus labios a la mejilla de Nebra, y sintiendo cómo su aliento caliente chocaba con su piel, murmuró
-Eso lo sé, Nebra, y de verdad te lo agradezco.
Separándose de ella, Seth le regaló una sonrisa que hizo que el corazón de Nebra se agitara, y negando tratando de salir del aturdimiento que ocasionó su cercanía, respondió
-No tienes nada que agradecer, todo lo opuesto. Soy yo quien está en deuda contigo.
Siguiendo la pieza de baile, que parecía ser eterna, Nebra recostó su rostro en el pecho de Seth, y apoyando la mejilla en su cabeza, el líbero un poco de aire. Esto se trataba de un matrimonio arreglado, de un pacto entre los dos para obtener lo que querían, por lo que los sentimientos no debían de existir.
Terminando la canción, los demás invitados ingresaron a la pista de baile, y llegando a su lado Federico, y Liliana, este dijo una vez frente a ambos.
-¿Nos conceden la siguiente pieza? Liliana quiere bailar con su hijo, y yo... Conocer mejor a mi nuera.
Apretando su mandíbula al ver el descaro de su padre, Seth se sintió tentado de echarlo de la fiesta, pero sabiendo que el lugar estaba repleto de personas, se contuvo, y procedió a liberar la mano de Nebra, quien rogaba mentalmente para que su esposo se negara.
-Solo será una canción, una vez termine trataremos de irnos de aquí.
Murmuró Seth cerca de su oído antes de ser interrumpido por su madre, quien lo halaba, y tomándola de la cintura Federico, la segunda canción inició.
- ¿Qué has pensado de lo que te propuse hace un momento?
Empezando a moverse al ritmo de la música, Nebra sintió repulsión por su pregunta ¿Cómo podía ser tan descarado este hombre? Se encontraba en esa fiesta con su esposa, y pretendía que ella enviara todo a la mierda, así nada más. Después de lo que él le hizo, estaba verdaderamente demente
- Tu silencio me dice que lo pensarás. Nebra, te conozco tan bien, que sé que aún me amas
Cerrando los ojos, Nebra siguió moviéndose al ritmo de la música, mientras sentía que el toque de Federico la quemaba, y remojando sus labios al ver que ella se mantenía en silencio, agregó
- ¿Te dije lo bien que te queda ese vestido?
Dándole una mirada cargada de desprecio, Federico sonrió ante la inexistente respuesta de su antigua amante, y acercando sus labios a su mejilla, volvió a decir.
-No finjas que ya no te gusto ¿Acaso olvidas lo mucho que nos divertíamos juntos?
Sintiendo cómo su respiración empezaba a agitarse, y las ganas de golpearlo la invadieron. Nebra con ambas manos, empujó a Federico para alejarlo de ella, y girándose en sus talones, solo abandonó la pista de baile, para dirigirse al jardín del lugar para tomar algo de aire.
- ¡Maldito desgraciado!
Con un par de lágrimas descendiendo por sus mejillas, Nebra tomó la falda de su vestido para caminar un poco más rápido, y llegando al final del sendero rodeado de flores, una vez frente a la fuente, se detuvo para pensar con claridad
¿Qué podía hacer? ¿Salir corriendo? Ya estaba hundida hasta el cuello con esta farsa, por lo que tenía que seguir a toda costa
- ¿Has venido por un poco de aire?
Escuchó a su lado una voz desconocida que la hizo dar un respingo de la impresión, y girándose para ver de quién se trataba, observó a un hombre al cual jamás había visto en su vida
- Nebra ¿no? Por lo que veo Seth va en serio con el asunto de asumir la dirección, el muy desgraciado se casó.
Llevando el cigarrillo que tenía en su mano a sus labios, este desconocido con aires despreocupados, y traje desarreglado, caminó hasta colocarse de pie a su lado, para ver el agua de la fuente fluir, y liberando una bocanada del humo, agregó.
- Por cierto, me llamo Simón. Soy el hermano menor de Seth. Bienvenida a mi peculiar familia.
Bajando su rostro, Nebra sonrió al parecerle Simón, un joven agradable, y llevando de nuevo el cigarro a sus labios, exhaló otra calada de humo.
- Por cierto, somos algo complicados, no te tomes nada personal.
Limpiando las lágrimas que ya se habían secado de sus mejillas, Spencer le sonrió débilmente, y escuchando cómo un par de pasos se acercaban a ellos, ambos se giraron para ver quién era.
- Estas aqui...
Acercándose a Nebra algo agitado por la caminata, Seth con sus enigmáticos ojos la recorrió para ver si estaba a salvo, y tomando su mano, le preguntó
-¿Sucedió algo?
Negando, Nebra apretó sus labios para no decir algo de lo que se pudiera arrepentir, y centrando su mirada en Simón, dijo.
-Por lo visto, ya has conocido a mi esposa.
Tirando el cigarrillo una vez terminado, Simón lo pisó con su zapato, y dando un par de pasos hasta quedar junto a Seth, respondió.
-Por supuesto. Muy agradable por cierto. Por desgracia, todos sabemos que esto es una farsa, solo para hacerte con la dirección de la empresa.
Sonriendo de lado, Seth negó al ver que su hermano seguía siendo el mismo de hace 5 años atrás, directo, y sin condescendencias, y palmeando su hombro, agregó.
-¿Tú lo crees, Simón? Yo digo que no. Yo amo a esta mujer.
Girándose hacia su hermano, que lo observaba con el ceño fruncido y los labios apretados, claramente incrédulo. Seth extendió su brazo para tomár la cintura de Nebra, y atrayéndola con firmeza hacia él. Sintió su suave respiración detenerse, pero no retrocedió.
-Me casé con ella porque la amo profundamente, no por la absurda imposición del abuelo.
Dijo con voz firme, manteniendo su mirada fija en la de su hermano. Pero cuando notó que aún había dudas en sus ojos, Seth decidió que las palabras no serían suficientes. Sin vacilar, inclinó la cabeza y buscó los labios de Nebra. El primer contacto fue suave, casi como una caricia, pero en un instante el beso se volvió más profundo, más urgente. Su lengua rozó la de ella, encontrando una respuesta que lo sorprendió. Nebra, que al principio solo recibía el beso, pronto deslizó sus manos por sus brazos hasta llegar a su pecho, agarrando su camisa con fuerza, como si aferrarse a él fuera inevitable.
Seth no pudo evitar un suave gemido contra sus labios, hundiendo los dedos un poco más en su cintura, atrayéndola aún más cerca. Nebra respondió con igual intensidad, olvidándose por completo del motivo de aquel beso. Por un momento, todo lo demás dejó de existir; su hermano, las dudas, el acuerdo que ambos sabían que había detrás de aquel matrimonio.
El sonido de la voz de Simón los devolvió a la realidad.
-Si tú lo dices, Seth... Fingiré que te creo, ahora regresaré a la fiesta antes de que nuestra madre se vuelva loca. Por cierto, Felicidades.
Ambos se separaron, jadeando ligeramente, pero sin dejar de mirarse. Los ojos de Seth estaban cargados de un fuego que apenas podía contener, mientras Nebra intentaba recomponerse, sin éxito.
-¿Ya se ha ido?
Preguntó Seth, rompiendo el hechizo con voz grave, y asintiendo, Nebra, confirmó que estaban solos. Luego, como si su toque hubiera sido un arma de doble filo, la liberó, dio un paso atrás y se aflojó la corbata para poder respirar.
Nebra lo observó, confusa y con el corazón latiendo desbocado, mientras Seth volvía a su postura habitual, como si nada hubiera ocurrido.
- Ya el auto nos espera. Vamos a despedirnos de los invitados, y larguémonos de aquí.
Tomando su mano, Seth pretendía regresar con su esposa al salón, para la escena final, y deteniendo su andar, ella preguntó muerta de pena.
- ¿A dónde se supone que vamos?
Reteniendo un poco el aire, Seth se mantuvo en silencio unos segundos, y decidiéndose a hablar al fin, dijo algo que dejó a Nebra, rígida.
-A nuestra luna de miel.