A primera hora de la mañana, Katherine Morgan abrió los ojos y se sobresaltó al ver un apuesto rostro a escasos centímetros del suyo.
Presa del pánico, su primer instinto fue mirar bajo el edredón, y se alivió al ver que seguía vestida.
Entonces, contempló con cuidado al sujeto que dormía a su lado, sintiendo una mezcla de confusión, vergüenza y arrepentimiento y, con la cabeza agitada, se esforzó por recordar lo sucedido la noche anterior.
Ayer, sus padres le pidieron que hablara con su novio, Darrell Clark, sobre los preparativos de la boda, pero se lo encontró tonteando con su prima, lo que la llenó a la vez de rabia y asco. Rompió con él en el acto y huyó a un bar, decidida a ahogar sus penas en alcohol, pero terminó borracha y yéndose a una habitación de hotel con un desconocido.
El lado bueno de todo esto fue que al menos no cometió ningún error irreparable, a juzgar por su cuerpo completamente vestido.
Sin embargo, para evitar enfrentarse al desconocido en su cama, levantó en silencio el edredón, dispuesta a escabullirse antes de que el otro pudiera despertarse.
De forma inesperada, antes de que pudiera levantarse de la cama, la puerta de la habitación del hotel se abrió desde fuera.
Una elegante anciana entró con expresión fría.
Katherine se asustó, pero solo pudo agachar la cabeza e intentar huir.
No obstante, la anciana bloqueó la única salida, y la miró con el ceño fruncido.
Fue entonces cuando Katherine vio claramente el rostro de la anciana y, al reconocerla, soltó sin pensar: "¿Señora James?".
Lainey James se quedó atónita al principio, pero cuando miró más de cerca a Katherine, sonrió. Sí, era la chica de antes.
A los cinco años, Katherine fue separada por accidente de su familia y acabó en un orfanato. Lainey trabajaba como voluntaria en ese mismo orfanato y fue allí donde se conocieron. Ya entonces se había encariñado con la niña, sensible y amable.
Más tarde, Katherine se reunió con su familia y la llevaron a casa, y eso fue lo último que supo de ella. No esperaba que volvieran a cruzarse después de tantos años, y mucho menos aquí, en esta habitación de hotel.
"Katherine, ¿eres tú? ¡Vaya que has crecido!". La expresión fría de Lainey se suavizó. Pero entonces su voz adquirió un tono preocupado. "¿Estás bien? ¿Este mocoso...?".
Mientras hablaba, dirigió la vista al hombre tumbado en la cama.
Katherine también miró y vio que el varón se había despertado, y que la miraba atentamente, como una bestia que observa a su presa con ojos hambrientos y codiciosos.
A la muchacha se le aceleró el corazón, tiró la vista a otro lado y trató de explicarse. "Señora James, no se preocupe... Nada...".
Antes de que pudiera terminar, Lainey le tomó la mano y se la acarició, como si quisiera consolarla. "No te preocupes, cariño. Me aseguraré de que nadie te lastime". Lainey estaba preocupada por el hecho de que su nieto, Esteban James, siguiera soltero. Por eso, cuando pilló a Esteban con una chica que casualmente era una vieja conocida suya, decidió hacer de celestina.
Lainey lucía una sonrisa amable cuando hablaba con Katherine, pero al dirigirse a Esteban, cualquier rastro de calidez se desvaneció en el aire. "Esteban James, ¡mira lo que hiciste! Eres tan desvergonzado como para hacer que tu abuela se preocupe por ti todos los días, y ahora, hasta te atreviste a lastimar a una buena chica como Katherine. ¡A ti te educaron mejor!".
Tras regañar a su nieto, Lainey adoptó un tono más formal al exponer su verdadero propósito.
"Ahora que las cosas llegaron a este punto, debes asumir tu responsabilidad. Los dos deben casarse tan pronto como sea posible, para que su reputación no se vea empañada".
Ante la mención del matrimonio, tanto Katherine como Esteban se pusieron pálidos.
"¡Abuela!", protestó Esteban. Pero antes de que pudiera decir nada más, Lainey lo cortó de golpe.
"No tienes derecho a oponerte, ¿me oyes? Eres un hombre y debes asumir la responsabilidad de tus actos. Mientras Katherine esté dispuesta, deberían casarse".
Lainey siempre fue una mujer dominante, y Esteban no podía hacer nada para rechazarla. Además, no era capaz de explicar la situación con claridad, por lo que solo pudo girar un poco la cabeza y lanzarle una mirada de advertencia a Katherine.
Al sentir la opresiva expresión del hombre, esta se sintió entre la espada y la pared.
Resultó que aquel desconocido era el nieto de Lainey. ¡Qué casualidad!
Pensando en cómo sus padres no dejaban de acosarla para que sentara la cabeza y se casara, Katherine echó otro vistazo al hombre de la cama. El nieto de Lainey no era feo y parecía más confiable que la mayoría de los hombres. Además, si se casaba con él, sin duda la señora la protegería.
Reflexionando sobre esto, Katherine apretó los dientes y se decidió. "Estoy de acuerdo, señora James".
A instancias de Lainey, Katherine y Esteban acabaron obteniendo su certificado de matrimonio media hora más tarde.
"¿Satisfecha?", preguntó Esteban a Lainey sombríamente. Era evidente que no estaba contento con este matrimonio forzado.
Lainey miró indignada a su nieto y le dijo: "¡Tienes suerte de haberte casado con una chica tan maravillosa!".
Solo entonces Katherine empezó a asimilar la realidad. Levantó la cabeza e intentó ver más de cerca a su esposo.
El hombre que tenía delante vestía un traje negro, con aspecto elegante y profesional. Tenía un rostro anguloso y facciones finas, y medía alrededor de un metro noventa. En conjunto, desprendía un aura distante y opresiva.
Quizá porque Katherine no dejaba de mirarlo, Esteban se giró de repente y la miró a los ojos.
En el momento en que su mirada se cruzó con la de ella, la muchacha apartó la vista asustada, sintiéndose como una niña a la que pillaban in fraganti.
Viendo esta pequeña interacción, Lainey se sintió aún más satisfecha con este matrimonio.
Cuando estaba a punto de presentarlos adecuadamente, sonó el celular de la muchacha que, al ver en el identificador de llamadas el nombre de su abuela, se le cayó la cara de vergüenza. Ni siquiera se tomó un momento para excusarse y se apresuró a contestar.
"¿Dónde demonios te metiste? ¿Cómo te atreves a quedarte fuera toda la noche? ¡Ven a casa ahora mismo!".
En cuanto se conectó la llamada, Myla Morgan empezó a maldecirla desde el otro lado de la línea. Luego, sin darle a Katherine la oportunidad de decir nada, colgó.
Katherine no pudo evitar suspirar cuando el pitido sonó en su oído. Guardó el celular y trotó hacia Lainey con una mirada de disculpa, diciendo: "Señora James, surgió algo urgente con mi familia, así que tengo que regresar primero".
"De acuerdo, adelante. Avísale a Esteban si necesitas ayuda".
Lainey no le complicó las cosas, solo les pidió a los dos que intercambiaran números de celular antes de separarse.
Después de disculparse varias veces, Katherine paró un taxi y se marchó.
Esteban hizo una mueca de desdén en cuanto el taxi se alejó.
"Qué imprudente eres, abuela. ¿Cómo pudiste obligarme a casarme con una mujer cualquiera? ¿No te preocupa que nos meta en problemas?".
Lainey chasqueó la lengua con desaprobación. "No es una mujer cualquiera; vivía en el orfanato donde yo trabajaba como voluntaria. Siempre fue sensata y amable, y sé que no ha cambiado. También sé que será una gran esposa, y seguro que tarde o temprano te enamorarás de ella".
"De ninguna manera", se burló el muchacho. "Le doy un año a este matrimonio. Si para entonces no sentimos nada el uno por el otro, me divorciaré de ella".
Lainey rodó los ojos. No se tomaba en serio sus palabras y estaba segura de haber tomado la decisión correcta. "Bien, pero tendrás que vivir con ella todo este año".
La cara de Esteban se ensombreció y en sus ojos brilló un atisbo de desagrado.
Entonces, a Lainey se le ocurrió una idea. Se frotó el entrecejo y dijo con pesar: "Soy tan vieja que olvidé por completo pedirte que llevaras a Katherine a casa. Se la veía muy alterada cuando contestó al celular hace un momento. Será mejor que la sigas a casa por si necesita ayuda".
Era lo último que Esteban quería, pero Lainey era una anciana persistente. No tuvo más remedio que obedecer, y obtuvo la dirección de Katherine de los formularios de solicitud de matrimonio que acababan de rellenar.
En cuanto Katherine puso un pie en el salón, le lanzaron una taza.
Se sobresaltó, pero logró agachar la cabeza a tiempo para esquivarlo.
"¡Arrodíllate, niña malagradecida!".
Sentada en el centro del sofá del salón, Myla miró a Katherine con hostilidad.
A su lado estaba sentado un hombre alto y delgado con unas gafas de montura dorada. No era otro que Darrell, el exnovio de Katherine, a quien había pillado liándose con su prima el día anterior.
Al verlo aquí, Katherine comprendió de inmediato por qué su abuela estaba tan enfadada.
"Yo no hice nada malo, ¿por qué debo ser castigada?". Entró en el salón y los observó con calma.
"¡Katherine estuvo fuera toda la noche y apesta a alcohol! ¡Debe haber estado con otro hombre! ¡Ahora ni siquiera la obedece!". Darrell abrió la boca y culpó de todo a Katherine, haciéndose el agraviado.
Myla ya estaba molesta por la supuesta insolencia de Katherine, y como Darrell echaba leña al fuego, se enfureció.
"¡¿No te enseñaron nada de moral en ese maldito orfanato?! ¡Eres tan rebelde como tu padre! ¡Me avergüenza llamarte mi nieta!".
"¿Sin moral? ¿Te avergüenzas de mí?".
Con una mueca, Katherine se hizo eco de sus palabras en tono incrédulo. Tragándose la rabia, sacó el celular, encontró el vídeo que había grabado el día anterior y pulsó para reproducir.
"Darrell, si hay alguien aquí que ha estado engañando, eres tú. No quería hablar de esto, pero eres tan desvergonzado que incluso has intentado poner a mi propia abuela en mi contra. Supongo que no me queda más remedio que demostrar que soy inocente".
Mientras se reproducía el vídeo, se oían jadeos y gemidos eróticos. Aunque uno no estuviera viendo el vídeo, podría imaginarse fácilmente lo apasionado que era el sexo.
La expresión de Darrell cambió en un instante. "¡Katherine Morgan! ¡¿Qué demonios estás haciendo?! ¡¿Cómo te atreves a reproducir algo así delante de tu abuela?!".
Myla tenía más de sesenta años y era una persona conservadora. ¿Cómo iba a soportar algo así? De inmediato agarró lo que tenía más cerca, un cojín del sofá, y se lo lanzó a Katherine con toda la fuerza que pudo.
"¡Mocosa...! ¿Cómo te atreves a hacer semejante cosa delante de mí? ¡¿Es así como te ha educado tu padre?! El dicho es cierto: ¡la manzana no cae lejos del árbol! Tu madre no trajo más que cargas cuando se casó con nuestra familia, e incluso murió antes de tiempo. ¡Luego entró en escena tu inútil madrastra, pero solo dio a luz a una niña! Peor aún, está enferma y necesita tratamiento en otra ciudad. ¡Qué lío! ¡Y tú! ¿Crees que puedes hacer lo que quieras porque tus padres no están?".
El cojín golpeó a Katherine, pero fue suave y no dolió. Lo que sí le dolió, sin embargo, fue el hecho de que su abuela estuviera tan disgustada y avergonzada de ella.
Myla siempre tuvo debilidad por la familia de su hijo mayor.
Katherine también era nieta de Myla, pero ella la trataba diferente a sus otros nietos.
La muchacha hacía tiempo que se había acostumbrado a ese trato, pero tenía que poner un límite. Fue su prima, Isabel Morgan, quien se enrolló con su novio, pero Myla la regañaba a ella por ser la desvergonzada. Peor aún, Myla arrastró a sus padres a la discusión y los insultó.
¿Por qué?
Katherine no quería seguir aguantando esta mierda, así que señaló a Darrell y le dijo secamente a su abuela: "No metas a mis padres en esto. Los desvergonzados son Isabel y Darrell, no yo. ¡Ellos son los que se acostaron a mis espaldas!".
Al oír esto, Myla se quedó de piedra. Frunció el ceño y miró a Darrell con desconfianza. "¿Qué está pasando?".
Darrell se asustó y desvió la mirada, sin saber qué contestar.
Isabel había estado observando esta farsa desde el piso de arriba. Al darse cuenta de que las cosas no iban según lo previsto, bajó corriendo y agarró enseguida el celular de Katherine. Cuando se vio a sí misma en el vídeo, se le fue todo el color de la cara.
Se mordió el labio y se inventó una excusa. "Abuela, es evidente que Katherine ha superpuesto mi cara a la de esta mujer. Quizá utilizó inteligencia artificial o algo así. El caso es que solo intenta incriminarnos a Darrell y a mí. Siempre te escucho, abuela, y sé que cualquier chica con sentido común tendría algo de amor propio. Nunca le robaría el novio a otra. Pero Katherine está enlodando mi nombre, arruinando la reputación de toda la familia Morgan".
Mientras hablaba, a Isabel se le escaparon algunas lágrimas, interpretando a la perfección el papel de víctima. Cuando levantó la mano para secarse las lágrimas, le guiñó un ojo a escondidas a Darrell.
Este asintió de forma imperceptible para demostrar que había comprendido. "Además, Darrell y yo solíamos ser una pareja cariñosa", continuó la chica, "pero Katherine interfirió en nuestra relación y me lo robó... Sin embargo, no quedó satisfecha... Ahora, mira lo que hizo: ¡incluso se acostó con otro hombre! Abuela, ayúdame, por favor".
Isabel sollozó con más fuerza.
Darrell añadió: "Sí. ¡Katherine me engañó primero!".
Myla siempre tuvo debilidad por Isabel, por lo que, tras oír esto, se sintió aún más disgustada con Katherine, y no pudo evitar maldecirla: "¿Por qué eres tan cruel? ¡No puedo creer que mi propia nieta sea tan despiadada!".
"¿Yo? ¿Cruel?". Katherine sonrió con amargura. Estaba muy decepcionada de su supuesta familia.
"Entonces supongo que solo publicaré este video en línea. Dejaré que los expertos decidan si es IA o no".
A Isabel se le ensombreció la expresión. Agarró la mano de Myla y dijo lastimeramente: "Abuela, no es que tenga miedo... Es solo que, si publicamos el vídeo, la reputación de nuestra familia quedará arruinada".
Isabel sabía cómo sacar de quicio a Myla. Durante toda su vida, lo que más le había importado era el buen nombre de la familia Morgan. Por supuesto, se negaba a permitir que nadie dañara su reputación.
Miró fijamente a Katherine y le dijo con frialdad: "Me temo que olvidaste tu apellido. ¿Cómo te atreves a proponer algo así? Está bien que no te importe tu propia dignidad, ¡pero arrastrar el nombre de la familia Morgan contigo es una crueldad! ¿Qué quieres exactamente?".
"Quiero...".
Pero antes de que la muchacha pudiera decir otra palabra, Myla la interrumpió: "¡Cállate! ¡Esto se acabó, no te atrevas a mencionarlo de nuevo!".
En cuanto terminó de hablar, una figura imponente apareció en la puerta de la sala de estar.
"¿Llegué en mal momento?".