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Mi gigolo

Mi gigolo

Autor: : Carolina Chibiusa
Género: Romance
Ella: una exitosa, fría y calculadora mujer con aires de grandeza que desde que tiene memoria sufre lo que se conoce en psicología como Alexitimia, la incapacidad de sentir cualquier emoción, con el tiempo descubrió que lo único que logra controlar sus ilegales instintos psicópatas es tener sexo desenfrenado en cantidades astronómicas, lo cual terminó en una seria adicción al sexo. Al principio lo hacía con cualquier desconocido que se le antojara, pero no demoró en hartarse de eso, era mucho problema "ey, Dame tu numero", "quédate a desayunar" "¿Cuándo lo hacemos de nuevo?" y eso cuando no empezaban a hablar de sentimientos o mencionaban la palabra con A "que fastidio" pensaba cada vez, probablemente el único sentimiento que conocía, aunque tampoco era que fuera tan intenso. En cuanto logró un buen nivel social y, por ende, un sueldo muy elevado se alimento de "acompañantes pagados", hasta que dio con un club de gigolos donde podía follar con uno distinto cada día todo lo que siempre quiso... hasta que conoció a un gigolo muy especial. Él: Un joven desilusionado de la vida, del mundo, de la gente y sobre todo del amor, algo que nunca conoció en su vida. Empezó a "trabajar" como gigolo a los 12 años cuando su madre adoptiva quiso explotar "su potencial" para su propio beneficio. A los 16 descubrió que la mayoría de la gente se quedaba con el dinero de su trabajo, así que hoyó de casa se unió al club de gigolos más caro y exclusivo del país donde le daban alojamiento y el 40% de las ganancias, que era muchísimo más que su espantosa madre cobraba por él. Con eso pensaba que al fin tenía todo bajo control... hasta el día en que la conoció... lo que más le llamó la atención eran esos ojos fríos e inexpresivos, no importa cuanto placer le diera, era como si no sintiera nada... o al menos eso pensó...

Capítulo 1 La mujer de hielo

Camile.

Un día más... trabajo, compañeros inútiles y conversaciones que no llevaban a ninguna parte. Después de revisar las estadísticas de los productos estrellas de la empresa.

A la hora de almuerzo fui al único restaurant que servía comida decente me senté en mi mesa de siempre, la que estaba en la esquina más alejada de la entrada. Entonces el imbécil de siempre se sentó en la silla desocupada frente a mi.

-¿me puedo sentar? -dijo después de sentarse, ya era como decima vez que lo hacía en el mes, en mi mete lo decapitaba con mis propias manos, pero eso ensuciaría mi linda ropa de diseñador y limpiar la sangre si que es un fastidio.

-¿en serio? Te he rechazado cada día sin falta, ¿acaso eres idiota o qué?

-Vamos camile, sé que tarde o temprano terminarás cediendo- dijo puso su mano sobre la mesa y la fue acercando lentamente a la mía, yo tomé el tenedor que estaba en mi lado y clavé su mano a la mesa, el imbécil lanzó un patético grito de dolor.

-Si tanto quieres la mesa, quédate con ella, pero si vuelves siquiera a respirar cerca de mi, te mato ¿entiendes?- dije molesta y luego susurrando en su oído agregué- y lo digo muy literalmente.

Salí del restaurante y conduje a mi club favorito "dulce pecado", creo que ya había probado a todos los muñequitos del lugar, pero esperaba encontrar algo nuevo.

-señorita Camile, un gusto volver a verla, ¿Qué se le ofrece hoy?

-¿tienes algo nuevo? Ya sabes, no me gusta repetir el plato...

-Me temo que aún no nos llegan chicos nuevos... -dijo algo incomoda, o eso creo.

-que lastima... -murmuré, este era el único club que abría tan temprano, tendría que esperar a la noche o violarme a alguien... Entonces lo vi, llevaba una cesta de ropa en las manos, tenía como 18 o 19, quizás era alguien de limpieza, aunque con ese físico sería un real desperdicio- ¿Cuánto por él?- dije señalándolo

-¡que buen gusto, señorita! Él es nuestra pequeña estrella, si no lo había visto antes seguro estaba con alguien, es muy solicitado...

-Sí, sí... ¿Cuánto? -repetí moviendo la mano con aburrimiento.

-300 lucas la hora, 500 por 2

-¡¿300?! ¿Qué tiene el pico de oro o qué?

-le aseguro que vale cada peso, pero si gusta le puedo buscar algo más económico- Dijo, si realmente me importara lo que ella pensara me hubiera ofendido, ¿pero que me importa lo que opine una puta vieja?

-llévalo a la habitación de siempre- Dije y le hice un cheque por $300.000

Subí a la primera habitación VIP, ya la conocía muy bien, cuando no lo hacía en el hotel la usaba para acostones rápidos.

-Me dijeron que querías verme- Dijo con esa voz de galán de telenovela, tenia cabello rubio oscuro, ojos ámbar, jeans negros y una camisa blanca que llevaba abierta.

-Sí, supongo que ya sabes la rutina, desvístete -dije, el sonrió a medias.

-me gustan las mujeres directas -Dijo y se tendio a mi lado mientras yo me sacaba la blusa y el sostén.

-¿Es que nunca te callas? -dije con aburrimiento, lo tomé de la cabeza y hundí su rostro en mi busto.

Él empezó a chupar y estimular mis pezones, la puta tenía razón, el hijo de perra tenía talento. Luego le hice chupar mi vagina, cuando ya me sentí lo suficiente caliente lo cabalgué como histérica, su pico me llegaba casi al útero, era delicioso...

-eso es... -jadee, creo que entendió que no me gustaba hablar porque solo me sonrió mientras acariciaba mi espalda, espera... ¿por qué de repente me parecía tan encantador? "debe ser la calentura" pensé, era la única explicación lógica.

Luego me dio por el culo, yo en cuatro en la cama y me embestía como todo un profesional, era obvio que a pesar de su corta edad tenía mucha experiencia en esto. De pronto sonó la alarma de mi celular "mierda" tenía que volver a la pega, pero aún no me había saciado.

-Para, tengo que irme -dije, me vestí ante sus confundidos ojos- te quiero para mi esta noche, muñequito, así que espérame, prometo que te daré una buena propina- Dije, lo tomé del pelo y lo besé con verdadera hambre...

Luego salí y conduje a la oficina... espera, ¿Por qué lo besé? Pensé, yo nunca besaba a mis muñequitos... ¿Qué más da? Solo es un juguete más... me dije a mi misma, volví a mi oficina y, como si no hubiera pasado nada, mandé a mi secretaria a comprarme un sándwich y una bebida.

Seguí en lo mío, era la gerente de finanzas de toda Latinoamérica así que tenía muchos números que revisar, afortunadamente para mi eso era un placer. Entonces entró Juan Pablo.

-Oye Camile, ¿a quien vas a llevar a la fiesta de la empresa mañana?

-¿oh eso era mañana? No iré- odiaba las fiestas, sobre todo las fiestas de trabajo dónde no me podía follar a nadie tranquilamente.

-Pero el CEO dijo que la asistencia era obligatoria y que todos teníamos que llevar a un acompañante, pero si quieres podemos ir juntos- Dijo con su voz de jote.

-¡No! -Exclamé escandalizada, no podía siquiera imaginar toda una velada con su espantosa compañía, ni siquiera era atractivo como para intentar follármelo- iré con mi novio- Inventé, apreté el comunicador y agregué- Laura, anota a Manuel Domínguez como mi acompañante para la fiesta.

-Como quieras -Dijo él y salió de la oficina como si estuviera ofendido.

Capítulo 2 El muñequito

Max.

Me quedé mirándola como salía por la puerta, había conocido a mujeres intensas antes, pero lo de ella estaba a otro nivel.

"te quiero para mi esta noche, muñequito, así que espérame, te daré una buena propina, lo prometo" por la forma en que lo dijo cualquiera diría que estaba citándome para una reunión de negocios o algo.

No había deseo, ni lujuria, ni siquiera calentura, realmente no podía leer lo que estaba sintiendo y yo suelo ser muy bueno en eso, por eso mis clientas siempre quedaban tan satisfechas, sabía exactamente lo que querían... pero en ella no, ella era como un tempano hambriento de sexo... eso me enloquecía.

"Despierta max, solo es otra clienta y ya, después de esta noche no la volverás a ver, igual como pasa con todas" pensé, no era como si me importara, ya estaba acostumbrado.

Era como ella dijo "un muñequito" realmente no había mejor forma de describirme, era guapo, cuidaba muy bien mi físico para que ellas quisieran "jugar conmigo" y me encantaba serlo, esas viejas calentonas y necesitadas me hacían rico. Entonces entró madame, yo aún no me vestía, me entretuve pensando en la señora que se acababa de ir.

-ten tu parte -dijo pasándome unos cuantos billetes- causaste buena impresión, la señorita te pidió pa la noche, eres una pequeña mina de oro, hijo de perra- dijo desordenándome el cabello, ella era casi como una madre para mi... o eso creo... en realidad nunca entendí bien el significado de esa frase.

-Gracias... es algo rara ella ¿no?

-si no fuera rara, no tendría que pagar por sexo -respondió madame encogiéndose de hombros.

-buen punto... como sea, voy a dar una vuelta y vuelvo -dije tomando mi ropa para volver a mi habitación.

-Dale, no llegues tarde si, ya sabes...

-lo sé, lo sé, la noche es lo más rentable.

-que buen niño... -dijo, yo solo me reí.

Después de bañarme y vestirme fui a la juguetería, quería comprar una consola de juegos para Jonathan, el tenía 13, pero se veía de 16, madame no le dejaba manejar su dinero con la excusa de que era muy joven "sí, ya he oído eso antes" pensaba yo, mi madre siempre decía lo mismo, la diferencia es que madame, al menos cuidaba bien de Jonathan y los demás, comida, ropa, medico, incluso les tenía un profesor, mi madre nunca se preocupó de nada de eso... pero en el club no había lugar para juguetes o juegos de niños, teníamos que ser grandes y maduros, por eso un poco antes de que empezara "el turno de la noche" sacábamos nuestros pequeños tesoros y nos poníamos a jugar a escondidas, definitivamente era mi parte favorita del día.

Como sea, en cuanto entré a la juguetería estaba ahí, la ultima consola, había estado ahorrando pa comprarla, Jonathan era la excusa, pero la verdad era que yo también la quería. Después de comprarla la eché a la mochila pa que pasara piola, pero al parecer no fue suficiente.

-tu mochila se ve muy abultada, ¿te fuiste de shopping? -Dijo madame.

-algo así, compré un par de libros, nada especial realmente- Dije como restándole importancia, aunque por dentro moría de nervios.

-Déjame ver, quiero ver con que está nutriendo la mente "mi muchacho" -dijo en un tono tan amable que daba escalofríos.

-Madame, en serio no es nada...

-Bueno, entonces no te importará que eche un vistazo- dijo, abrió la mochila y tiro la consola con los 3 juegos que había comprado, al suelo- ¡¿qué significa eso?! ¡sabes muy bien que aquí no aceptamos estas weas!

-Madame, por favor... solo es una consola, solo para los ratos libres...

-¿Acaso sabes donde estás? ¿Crees que esto es un salón de juegos o qué?

-sé que no, pero...

-pero nada, ¡ve a tu habitación y no salgas hasta que llegue tu clienta!, ¡y te quedas sin paga por dos semanas por idiota!

-¡¿qué?! ¡eso no es justo!

-si tienes para andar comprando estupideces entonces no la necesitas, ahora fuera de mi vista si no quieres que te quite el sueldo del mes.

Apreté los dientes y los puños y me fui a mi pieza, sabía que no sacaba nada peleando con ella, "maldita vieja bruja, a ver si se agarra a alguien para que nos deje de joder la vida" pensé, me tiré a la cama y cerré los ojos para intentar dormir, era lo mejor que podía hacer en una situación así.

A la noche madame me fue a buscar, la señora había llegado... ahora que lo pienso, ni siquiera me dijo su nombre. No nos quedamos en el club, fuimos a un lujoso hotel, con tan solo respirar ahí sentía que me estaban cobrando miles de pesos, bueno, a la señora, ya que ella pagaba.

Entramos a una habitación que era del porte de una casa, apenas cerramos la puerta me ordenó desvestirme y ella hizo lo mismo, empecé chupándosela y acariciando sus nalgas, sus fluidos eran deliciosos. Luego ella se subió sobre mi y me montó durante horas, luego me pidió que le diera por el culo, luego por delante, arriba, abajo, en la cama, contra la pared, en el sillón... ¿Qué mierda? ¿Acaso nunca se cansa? Pensé, ya no sabía cuanto más podría resistir... pero era un gigolo, no podía cansarme, excepto que si...

-En serio disculpa, dame solo unos minutos y podré seguir- Dije, miré mi reloj, eran las cuatro de la mañana "con razón, maldita ninfómana" pensé.

-Está bien, lo hiciste bien... mañana no vuelvas al club, quiero que te quedes aquí- Dijo, yo tomé una lata de Coca-Cola y empecé a beber mientras la escuchaba- y te prepares para ser mi novio -Me atraganté con la bebida, lo decía con una voz tan seria que cualquiera diría que estaba recitando un texto.

-¿Disculpa?

-creo que me expresé mal, tengo una fiesta en la empresa, necesito que fijas ser mi novio, te pagaré bien y será divertido...

-no creo que madame esté feliz con eso- dije pensando en lo molesta que estaba esa tarde.

-No le estoy preguntando a madame, te estoy contratando a ti, di que sí y yo me encargo de ella.

-¿de cuanto estamos hablando? -dije levantando una ceja.

-10 millones, pero serás mío hasta el domingo en la mañana.

-Señorita... creo que tenemos un trato- dije con mi voz seductora, ¡a la mierda madame! ¡eran 10 palos, con eso podría independizarme y ofrecer mis servicios por mi cuenta, no más comisiones, no más abusos, no más humillaciones!

-perfecto, desde ahora te llamas Manuel Domínguez -dijo, bueno... eso no me lo esperaba pero, ¡a la mierda!, por 10 palos seré la sirenita si quiera, da igual.

Capítulo 3 Preparando al muñequito

Camile.

Al otro día desperté y el muñequito estaba a mi lado, "cierto, me quedé con él" pensé nunca me había quedado toda la noche con alguien, no era del tipo de mujer que quería despertar al lado de alguien, era más del tipo que follaba y se iba, sin nombres, sin teléfonos y, por sobre todo, sin desayunos en pareja. "Será mejor que me vaya antes de que despierte" pensé.

Me dí un largo baño, me vestí y escribí una nota para que el muñequito supiera que hacer en mi ausencia:

"muñequito:

Tengo que trabajar, quédate en la habitación, no salgas, no hables con nadie, no hagas ni recibas llamadas, solo quédate aquí como el juguete que eres. Si tienes hambre puedes pedir servicio a la habitación, no bebas alcohol, no me sirve un acompañante ebrio.

Volveré a la hora de almuerzo y te conseguiremos un traje decente.

Camile"

-Buenos días señora -Me saludó él justo cuando terminé de escribir.

-oh... hola... yo... no esperaba que despertaras tan temprano... emmm- empecé a tartamudear ¿Qué diablos me pasaba? Yo no era así- Ten, tus indicaciones para la mañana- Dije tendiéndole la nota, tomé mis cosas y caminé rápidamente hacia la puerta.

-nos vemos... Camile- Dijo él, creo que intentaba sonar seductor pero lo único que me causo fue escalofríos.

Conduje a la oficina, como siempre fui directo a la mía, sin saludos ni perdidas de tiempo innecesarias. Estaba revisando los informes de Brasil cuando Juan Pablo entró de nuevo en mi oficina, en serio no entendía porque se empeñaba en estar cerca de mi.

-¿Qué quieres Juan Pablo? Estoy ocupada.

-quería saber si querías ir conmigo a la fiesta en vez de con tu novio imaginario.

-primero, mi novio es muy real y, segundo, no saldría contigo ni aunque mi vida dependiera de ello.

-Vamos linda... sé que debajo de esa coraza fría hay una mujer estupenda- Dijo poniendo un mechón de mi pelo detrás de mi oreja.

Tomé su mano con brusquedad.

-vuelve a tocarme y estas muerto- dije levantándome del escritorio.

-Vamos preciosa, seguro puedo derretir ese glacial.

-en serio, debes dejar de hacer eso- Dije empujándolo, él retrocedió un par de pasos hacia la ventana-pared.

-Vamos Camile, llevo invitándote desde que llegaste y siempre pones una excusa.

-¿Y tú acaso eres idiota? ¿4 años de negativas no te dicen nada?- lo volví a empujar y quedó pegado a la pared, entonces noté que la ventana a su lado estaba abierta, estábamos en un piso 20, si lograba que "se tropezara y cayera" al fin me libraría de él para siempre. Entonces lo tomé de la chaqueta y lo empuje por la ventana- Hasta nunca hijo de perra- dije antes de soltarlo.

Entonces, cuando me di vuelta mi secretaria nueva estaba en la puerta mirándome con horror.

-Él se tropezó, tu lo viste ¿cierto?- dije mirándola con intensidad.

-Sí, sí, claro -Dijo con temor.

-Bien, ¿tienes algo más que decir?

-tiene una llamada por la línea 1

-entiendo, yo me ocupo, esfúmate- dije y conteste el teléfono.

-Camile torres al habla- contesté.

-voy a ir al grano, ¿Qué hiciste con mi muchacho?- era madame.

-¿cómo conseguiste este numero? -contesté algo sorprendida.

-será mejor que me digas donde está, si no quieres que vaya y haga una escena digna de brodway en tu trabajo.

-¿una escena en mi trabajo?¿esa es tu amenaza?... como se nota que no sabes con quien estás hablando... déjanos a mi muñequito y a mi en paz y no le diré nada a mi buen amigo, Martín Domínguez, jefe de la PDI, de tu pequeña red de pedofilia- era mentira, yo no tenía amigos, pero ella no tenía porque saberlo.

-Bueno... no hay que ponerse graves tampoco... solo me importa mi comisión por el tiempo extra.

-te iré a dejar un cheque después del trabajo por lo que mereces de comisión.

-eso suena bien, dijo y cortó.

Saqué mi chequera y escribí un cheque por $1000 en los datos personales escribí para: la puta vieja.

Rut 8-8-8-8-8-8-8-8-

Dirección: camino chúpamela puta 69

"vaya, si que puedo ser creativa" pensé... no sabía porque me daba tanta rabia que insistiera tanto en cobrar su comisión, después de todo era su puto trabajo, pero no sé... sentía algo raro, era como si... ¿Cuál es la palabra? Cuando haces algo y otra persona se lleva el crédito... eso es... ¡injusto! Esa era la palabra, era injusto que madame cobrara comisión por un trabajo que consiguió él solo.

Apenas terminé de trabajar fui al club, le entregue el cheque doblado y salí antes de que lo abriera.

-¡Hija de...!- escuché que gritaba antes de subir al auto. Eso me hizo muy feliz, bueno un poco feliz, en realidad... no me molestó del todo.

Max.

Después que camile se fue llamé a servicio a la habitación y pedí todo lo que se me antojó, después de todo, no todos los días una vieja rica te pagaba el desayuno. Pedí hotcakes, pan de molde, cruasanes, jamón, tocino, queso, huevo, leche, jugo, fruta, pasteles y café... algo muy distinto al pan con mantequilla y café que tomaba cada mañana en el club, me bañé y vestí mientras llegaba todo, no tardaron en tocar la puerta, entró un mesero o algo así y dejó todo en mitad de la habitación, le dije que cargara su propina a la cuenta, "bueno, quizás exageré un poco" pensé cuando llegó el carrito con mi pedido, pero "a la mierda" solo se vive una vez ¿no?. Prendí el televisor y puse una película en la cuenta de streaming de camile que estaba grabada en el televisor, supuse que llevaba unos días en el hotel como para tenerla ahí.

Como sea, después de un rato recibí un llamado de madame, no contesté, no porque fuera un chico muy obediente, simplemente no quería hablar con ella, sabía que probablemente me castigaría al volver, quizás me pondría en aislamiento o algo peor, pero por ahora todavía me quedaban dos días de vida de ricos y pensaba disfrutarlos.

Comí la mitad de mi abundante desayuno y la otra mitad la terminé de comer entre 12 y 13 hrs. Una o dos horas después llegó camile, parecía cabreada... bueno, más de lo usual.

-¿Estás bien? -le pregunté.

-¿y eso a ti que te importa? -dijo, me tomó del brazo con brusquedad y tiró de él- vamos, necesitas un maldito traje.

-ok, pero en serio, ¿qué te pasa?

-¡Nada! ¿Qué acaso no sabes cerrar el pico? -exclamó... suspiré en realidad no sé porque esperaba una actitud diferente.

La seguí en silencio y manejó hasta una tienda de la marca Armani, todo ahí era más que elegante "wow, así que esto usan los ricos" pensé.

-¿Qué talla eres? -me preguntó.

-M -respondí, la talla s también me quedaba pero prefería la ropa holgada.

Sin decir nada más escogió tres trajes y me los pasó.

-pruébatelos -Ordenó ¿iba a ser así siempre?.

Los trajes eran increíbles, pero al parecer ninguno era suficiente para camile.

-¿en serio no tienes nada decente en esta puta tienda?- empezó a regañar al vendedor, sentí pena por él.

-Señorita... le aseguro que todas nuestras prendas son únicas en su clase- se defendió él.

-me da lo mismo si es único o no, necesito algo que haga ver a ese idiota como al rey de España, ¿tienes algo así o no? -Tuve que morderme la lengua para no contestarle "solo piensa en los 10 palos, unos días y ya no tendrás que volver a verla nunca" me dije y suspiré.

-creo que tengo lo que necesita -dijo, abrió una vitrina que estaba cerrada con llave y empezó a dar toda una explicación de lo fino que era el traje, que usaba no sé que tela y que fue diseñado por el mismísimo Giorgio Armani en persona y, bla, bla, bla...

-Dale, pruébatelo -dijo.

Yo obedecí, esperaba que le gustara ese, ya llevábamos como 3 horas ahí y ya empezaba a cansarme.

-Aceptable... muy aceptable -Dijo, me pregunté si alguna vez le había dicho algo bueno a alguien, probablemente no- lo llevamos.

Me volví a poner mi ropa mientras ella pagaba, luego me llevó a una peluquería... ¿qué? Aun no me tocaba corte de pelo.

-oye, oye... esto no era parte del trato.

-te dije que necesitaba que fingieras ser mi novio, ¿en serio crees que iré a la fiesta con un hippie así?

-ok, como sea...

Después de casi dos horas ya cumplía sus estándares y, como decía ella, me veía "aceptable, muy aceptable", "debí cobrarle más, ahora entiendo porque no tiene novio" pensé, era como si realmente no sintiera ni una pisca de empatía o como si, simplemente, le importara una mierda lo que yo podría sentir. "¿y aún te sorprende? Ni siquiera te preguntó tu nombre o tu edad, te dio un nombre falso y te vistió a su pinta... ¿Cuándo vas a entender que no le importas a nadie?, siempre has sido solo un objeto y siempre lo serás" decía una voz en mi interior... era cierto, no es como si la reina de hielo se fuera a enamorar o algo así, solo era un mero tramite y ya.

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