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Mi infierno eres tú

Mi infierno eres tú

Autor: : Zafiro D'Gold
Género: Romance
Maddy es una chica alegre, responsable, con sueños y metas definidas, pero cuando vuelve a encontrarse con Alexander, renacerá en ella los sentimientos que había reprimido y se dejará arrastrar a su mundo. Alexander guarda muchos secretos, su vida está en constantes altibajos, solo tiene una verdad definitiva y es que ama a Maddy, cuando se convierte en uno de los jefes más peligrosos de la mafia, querrá protegerla hasta de él mismo. Cuando el placer sobrepase los sentidos y el deseo nuble el juicio. La pregunta es ¿Podrán escapar o ella también quedará atrapada? Lo que ignoras, no te hará daño.

Capítulo 1 01. VEN A MI CASA

Maddy

Es un día como cualquier otro, la suave brisa de la primavera se siente en el aire como un susurro, el día es cálido y el canto de las aves despierta a todos, el sol también ha aparecido y está en lo alto del cielo llenándonos con su calor.

Miro el reloj de mi muñeca para darme cuenta de que ya voy unos minutos tarde. Salgo apresurada de la Universidad a la que tanto me costó ganarme una beca para estudiar Administración de empresas. Corro al trabajo como todos los días, es un lugar de comida rápida donde laboro de mesera. Un sitio de moda que siempre está lleno de universitarios y de los muchos transeúntes que pasan por el lugar, la paga es mala (diría que pésima), pero las propinas lo compensan. Gracias a eso gano lo suficiente para mis gastos y Dios sabe que necesito un trabajo, de lo contrario estaría viviendo bajo un puente.

Un pensamiento fugaz llega a mi mente: estudiando en una de las mejores universidades del país, pero viviendo de mendiga, mejor dicho, sobreviviendo de milagro; río ante mi pensamiento.

Al llegar cambio mis ropas por el uniforme impuesto por el amargado de mi jefe, no entiendo por qué esa obsesión de hacernos usar a todas las mujeres minifalda y una blusa pegada, por suerte el delantal logra tapar mis atributos... al menos los delanteros. Amarro mi cabello en un moño de ballet y estoy lista para empezar a atender al público. Agarro la cartilla donde está escrito los platillos que sirven cuando veo llegar a Martín, el moreno novio de mi mejor amiga Helen con su caminar seguro, su cabello rizado negro y su sonrisa resplandeciente, acompañado de Charles, su inseparable amigo de cabello castaño y ojos verdes.

-Hola, Maddy -ambos me saludan con una agradable sonrisa.

Los acompaño hasta su mesa favorita del lugar, suelen venir a este lugar muy seguido y tienen sus preferencias incluso en la comida. Les extiendo la cartilla, aunque esa acción está de más, puesto que ellos ya la conocen de memoria.

-Hola chicos, ¿qué desean pedir? -Les sonrío y preparo la libreta para anotar sus pedidos.

-Tráenos dos hamburguesas, las mismas de siempre... ya sabes, esas que tienen bastante queso y doble carne, una porción extra de papas, una hamburguesa de royal especial y tres refrescos con gas y bastante hielo -Martín me sonríe-, Helen se nos unirá pronto.

-Con todo la comida chatarra que comen me extraña que puedan ingresar por la puerta -Bromeo.

-No te conviene fastidiarnos -responde Charles-, o correrás clientes, serían menos propinas para ti.

-Déjala, está envidiosa de nuestros cuerpos atléticos -contesta Martín y los tres reímos.

-Voy por sus órdenes -Giro para irme hacia la ventanita que comunica a la cocina.

Me gusta fastidiarlos, pero la verdad es que tienen unos cuerpos envidiables producto de horas de ejercicios y de pertenecer al equipo de básquet de la universidad.

Atiendo a un par de clientes más y me avisan que ya está el pedido de mis amigos. Se los entrego y sigo con otra mesa donde están un grupo de tres hombres acompañando su comida con alcohol. No entiendo por qué el gerente acepta este tipo de comportamiento, solo ellos hacen esto y no me gusta atenderlos. Lastimosamente, siempre se sientan en una de las mesas que me toca atender.

Mi rostro se ilumina cuando veo a Helen, mi mejor amiga, hacer su aparición con su larga cabellera rubia que cae hasta su media espalda y mirada penetrante color marrón oscuro. Llama la atención de todos por donde camina por su seguridad y confianza, al llegar a la mesa le da un beso en los labios a Martín y a Charles y a mí nos saluda con un beso en la mejilla. Se sienta al lado de Martín y empieza a conversar.

-¡Bebé! ¡Tráeme otra cerveza! -me grita uno de los tipos que aparentemente ya está bastante ebrio.

Al escucharlo mi sonrisa se borra y todo el brillo de la hermosa tarde ha desaparecido, el tono de su voz no me indica otra cosa que no sea problemas. Frunzo el ceño enojado por esa acción y me preparo para luego acercarme con voz firme.

-Por favor, para la próxima pídalo con respeto, mi nombre es Maddy, no tiene por qué llamarme bebé.

Saco la libreta esperándome me diga que es lo que quiere pedir, aunque espero que quiera la cuenta para que se vayan de una vez.

-Estás muy delicada, hermosa, ¿por qué no dejas que papá te consienta? -Sonríe enseñándome los dientes y eso no me causa otra cosa que repulsión.

-Si no va a hablarme con respeto, llamaré a un compañero para que lo atienda -menciono de manera seria.

Doy la vuelta decidida a irme sin atenderlos cuando uno de ellos se pone de pie tomándome de la mano para jalarme haciendo que tropiece y choque contra su pecho.

-¿No que no querías? -Sonríe de lado impactando contra mi rostro su aliento a alcohol.

Intento soltarme de su agarre y empujarlo, pero no puedo porque me pega más a su cuerpo y coloca su mano en mi cintura. Todo ocurre en cuestión de segundos, pero es lo suficiente para hacer que todo pensamiento claro se esfume de mi mente, mi mano reacciona por sí sola estampándose sobre su mejilla izquierda. Logro mi cometido y me suelta para agarrar su mejilla que ahora está roja debido a mi golpe.

Sus amigos se ponen de pie y todos me miran molestos, como si esto hubiera sido mi culpa. Mis amigos al darse cuenta de lo que está pasando se acercan a darme su apoyo e intentar defenderme. Charles agarra al tipo del cuello exigiendo que me pida una disculpa. Estoy asustada porque todo se ha salido de control.

No puedo permitir que se haga esto más grande, o si no perderé el empleo que tanto necesito. Todos los demás comensales están con la mirada fija en el espectáculo que está teniendo lugar frente a ellos. Solo espero que el gerente no... mis pensamientos son callados cuando lo veo salir de su oficina. La sangre se me congela y no sé como explicar lo que está pasando.

-¡Suéltame! -grita el tipo logrando soltarse del agarre de Charles.

-¡¿Qué crees que estás haciendo?! -Sale molesto el gerente mirándome con furia.

-Este tipo me falto el respeto -respondo segura.

-Eso es mentira -se atreve a decir el tipo ebrio.

-Ellos...

-Ellos son clientes respetables, señorita Maddy.

-Pero me faltaron el respeto -Me siento indignada.

-Espero que le des un castigo ejemplar -menciona el tipo en tono de burla.

-Claro que lo haré -me mira para luego gritar-: ¡Estás despedida!

¿Qué? Me quedo sorprendida ante esas palabras, no puedo creer que no le importe que me hayan faltado el respeto. Es cierto que la política del lugar es que el cliente siempre tiene la razón, pero en este caso esa regla es absurda. Quisiera poder irme y lanzarle la libreta por el rostro, pero no puedo hacerlo, así que, decido dejar mi dignidad a un lado.

-No puede hacerme esto, por favor reconsidérelo -mi voz sale casi en un ruego al gerente, paso grueso y cierro los ojos por un segundo para tomar valor y vuelvo a ver al tipo que me mira con una enorme sonrisa-. Discúlpeme por favor -las palabras arden en mi garganta al salir.

-¡¿Qué haces Maddy?! -Helen me dice molesta mientras me sujeta del brazo para llamar mi atención-. Él te falto el respeto, él es quien tiene que disculparse.

Volteo a verla y le hago una expresión de súplica, pidiéndole que por favor no se meta.

-Por favor, señor, necesito el trabajo -Continúo en un afán de no perder el empleo que tanto necesito, pero el gerente opta por ignorarme y pedirle disculpas al tipo por lo sucedido.

-Señor, por favor, acepte mis disculpas y esta ronda es cortesía de la casa -Hace un gesto con la mano y el otro mozo se acerca con unos tragos.

Respiro profundamente y levanto el mentón, si ya estoy despedida no me iré sin decirle sus verdades.

-Quien se va soy yo, me niego a seguir trabajando en un lugar donde no se respeta a las mujeres, entre patanes se entienden -Salgo furiosa y desencajada caminando a paso rápido para salir del lugar con Helen corriendo detrás de mí.

-Espera Maddy.

No le hago y camino sin detenerme hasta que llego a un parque y es entonces que decido sentarme en una banca bajo la sombra de un enorme árbol. Intento contener las ganas que tengo de regresar y darle un buen golpe al gerente, se lo merece y nadie podría acusarme. Helen se sienta a mi lado mientras Martín y Charles llegan también detrás de nosotras.

-¡Es un desgraciado! -grita Helen molesta mientras me rodea en un abrazo.

-No sé qué haré ahora -murmuro con la mirada fija en la nada.

-Seguir adelante como siempre lo has hecho -me reconforta.

-Necesito conseguir un trabajo, de lo contrario terminaré viviendo debajo de un puente y no conozco ninguno que sea decente -ella me mira con una sonrisa tierna de comprensión-, ¿conoces algún puente decente? -Me toco las sienes intentando pensar como solucionar esto.

-No digas tonterías, vas a conseguir otro trabajo y será mucho mejor que este -dice Charles con una gran sonrisa en su rostro queriendo animarme.

-Sí, pero mientras lo encuentro necesito pagar mi departamento, comida y demás gastos.

-Estoy segura de que encontrarás algo pronto -Helen me anima mientras nos sentamos a comer un helado que los chicos han comprado.

-Mientras tanto te podemos apoyar -Martín me dice conforme come su helado.

-Eso nunca -lo miro seria y luego me relajo-, gracias Martín por el ofrecimiento, pero no podría aceptar.

-Sería solo un préstamo hasta que te recuperas de este mal paso.

Helen me mira y dedica una sonrisa triste, sabe muy bien que me fastidia esas cosas, aunque mis amigos tengan dinero, nunca les he pedido un dólar, quiero valerme por mí misma.

-Además, no hay necesidad de ningún puente -menciona Charles-, puedes venir a vivir conmigo.

Capítulo 2 ERES BIENVENIDA

Sonrío ligeramente negando con la cabeza.

-No, gracias.

-No tomes mi ofrecimiento a mal, mi casa es grande y vivo solo, puedes quedarte el tiempo que gustes -Me parece que su ofrecimiento es sincero.

-Muchas gracias, Charles, lo tendré en cuenta.

(...)

Los días pasan y me desespera el hecho de que no puedo conseguir nada, busco por todos lados y no hay un trabajo de medio tiempo que me permita concentrarme en mis estudios. Quizá debería dejar de estudiar, inmediatamente me cacheteo mentalmente por esa idea, ¡eso nunca! No me he quemado las pestañas todos estos años para terminar botando todo por la borda.

Suspiro cansada, ya casi es de noche y todo está aparentemente tranquilo, el clima es cálido y el olor a pan recién horneado de la pastelería cerca de mi departamento entra por la ventana. Ya llevo varias horas revisando todos los anuncios que pueda encontrar en línea, buscando un dormitorio más pequeño donde pueda mudarme para reducir gastos, ya que mi economía no es la mejor de todas en este momento.

El ruido de mi puerta me hace brincar, los golpes son repentinos y muy fuertes. Debo admitir que me da un poco de miedo asomarme a la mirilla, no sé que loco pueda estar suelto por las calles a estas horas.

Me asomo asustada y me asombra ver a Helen. Tiene el rímel corrido y está un poco despeinada, me apresuro a abrir la puerta.

-Helen, ¿qué te pasó? -pregunto preocupada.

-Rompí con Martín.... Es un imbécil -Me abraza cuando ingresa al departamento.

Le doy una sonrisa triste, pero la conozco y sé que es temperamental y precipitada y que sobre todo a pesar de sus peleas, siempre terminan volviendo porque los dos se aman.

-Pasa y relájate, ya hablarán cuando estén más tranquilos.

-Lo dudo mucho, a veces me hace desesperar.

-¿Qué estabas haciendo? -pregunta al ver la laptop.

Acomodo la pantalla de mi laptop para que Helen pueda verla.

-Terminé de estudiar y estaba buscando un dormitorio donde me pueda mudar para reducir gastos -agacho la mirada y suelto un suspiro triste-, ya ves que no he podido encontrar un trabajo y pronto se acabaran mis ahorros si sigo pagando un lugar como este.

Mi pequeño departamento no es de lujo, pero está ubicado en una zona segura y eso tiene su costo.

-¿Y las entrevistas de ayer? -pregunta sentándose a mi lado.

-Una quería pagarme una miseria que no me alcanzaría ni para cubrir las copias de la universidad y la otra me necesitaban para todo el día, la paga es buena, pero no puedo dejar mis estudios. Tú sabes cuánto me he esforzado por ganar y mantener la beca como para perderla ahora.

-¿Por qué no te mudas a mi casa? -Helen me pregunta emocionada, al parecer ha dejado a un lado su pelea con Martín.

-No podría hacerlo, no me gusta incomodar, aparte vives con tu hermano y él se molestaría... Ni siquiera lo conozco.

Helen siempre me ha hablado de él, pero nunca me lo ha presentado ni me lo he cruzado. Eso me parece raro, pero parece que es un hombre muy ocupado.

-Mi hermano es buena onda y muy comprensivo... Estoy segura de que no tendrá ningún problema en que vengas a vivir con nosotras.

-No podría Helen... Muchas gracias por la oferta, pero no quiero incomodarlos -respondo apenada.

-Para nada, tú eres como mi hermana y estaríamos juntas conversando, haciendo pijamadas, la pasaremos bien, mi hermano se la pasa con sus amigos y yo siempre estoy sola.... Además, tu misma dices que se te están acabando los ahorros, déjame ayudarte -Sonríe feliz.

-Agradezco mucho tu oferta, pero prefiero alquilar algo pequeño -Le sonrío, aunque por dentro estoy dudando

-¡Es suficiente! Me molesta que nunca quieras ayuda de nadie -se cruza de brazos-, créeme que solo seriamos nosotras porque mi hermano solo llega a dormir y me siento sola durante el día.

-No lo sé.

Me cuesta aceptarlo, pero es verdad que aun alquilando algo pequeño mis ahorros no me alcanzan, sobre todo si no consigo un trabajo pronto.

-Anímate, la pasaremos bien.

-Ayudaría en los gastos y solo sería por dos meses, hasta que me vuelva a estabilizar -Mi voz es firme.

-El tiempo que quieras -Da cortos brincos de felicidad y me abraza

-¿Cómo harás para convencer a tu hermano? -pregunto preocupada.

-¿Bromeas? No le puede decir que no a su princesa y esa soy yo -Se señala sonriente y orgullosa por lo que acaba de decir.

-¡Helen! En serio me da mucha vergüenza -manifiesto apenada.

-Deja la vergüenza que ya está dicho... ¡Te mudas a mi casa!, mañana mismo le digo a mi hermano -voltea la mirada-, por ahora -se pone de pie sacando de su bolso una botella de vino- me acompañarás a ahogar mis penas.

-Cuenta con eso -Le guiño un ojo sonriente.

No me queda más que reír y asentir con la cabeza, Helen toma dos copas de la cocina y abre el vino.

-Vamos a brindar ¡Para que todos los hombres se vayan al cuerno! -grita Helen.

-¡Salud! -Ambas brindamos entre risas, canciones y bailes.

Helen pasa la noche en mi departamento, al despertar le presto unos lentes oscuros para cubrirse, debido a las bebidas del día anterior su cabeza no puede aguantar los rayos del sol y la mía tampoco. Se despide para ir a su casa a cumplir con lo prometido. Me muerdo las uñas y me pongo nerviosa al pensar en que Helen tiene que convencer a su hermano.

Ellos viven solos porque sus padres murieron cuando Alexander, el hermano de Helen, tenía veinte años y ella quince. Su hermano se ha encargado de ella dándole todo lo que necesita y más. Prácticamente, se ha convertido en un padre para ella.

Alexander

Me siento en el comedor con una taza de café, un jugo de naranja y unos huevos revueltos con tocino, esto será mi desayuno esta mañana. Me siento un poco cansado, pero no es nada que una buena taza de café no solucione. Llevo mi mirada hacia las escaleras y miro mi reloj, ya es tarde, Helen debería haber bajado a desayunar, aunque no sé a qué hora ha llegado, anoche, llegué muy tarde y fui directo a mi cama.

Escucho el sonido de la puerta al cerrarse y mi gesto se frunce. Helen ingresa y respira profundo el aroma del café recién pasado.

-¿Recién llegas? -pregunto desde mi lugar de la mesa.

Helen se acerca a darme un beso en la mejilla y a servirse una taza de café bien cargado.

-Me quedé a dormir en casa de Maddy -menciona despreocupada e intento recordar de quien habla.

-¿Maddy? -después de pensar un poco logro recordar de quién me habla- ¿Cuándo conoceré a tu amiga misteriosa?

-De eso te quería hablar hermanito precioso -Levanto la ceja con una ligera sonrisa dibujada en mis labios, ella solo usa esa palabra cuando quiere pedirme algo.

Se sienta a mi lado en la mesa con su taza de café en la mano.

-¿Precioso? -repito divertido- ¿Qué es lo que quieres pedirme?

-Lo que pasa es que mi amiga perdió su trabajo de medio tiempo y ya se le están terminando sus ahorros.... Y... le dije que se podía mudar con nosotros -Helen me sonríe.

-¿Está pasando malos momentos? -Me preocupa que una chica de la edad de mi hermana esté pasando penurias- ¿Y su familia?

-Sus padres viven lejos, no tiene a nadie y se ha mantenido siempre ella misma, es becada en la universidad, así que lo que ganaba era para sus gastos.

Helen lleva una tostada a su boca.

-Si es becada es inteligente -sonrío-, quizá su influencia, teniéndola bajo el mismo techo te ayude con tus clases -me pongo de pie recogiendo mis platos sucios-, te enseñé hace poco y pude notar que no eres muy lista... diría que eres media tonta -La fastidio sacándole la lengua.

Tengo veinticinco años, pero cuando estoy con mi hermana me porto como un niño malcriado. ¿Qué puedo decir? Es mi diversión molestarla.

Helen termina su café y lo lleva a la cocina.

-¿Por qué dejó el trabajo? -pregunto intrigado.

-Un cliente en el restaurante donde trabajaba quiso pasarse de listo con ella y por supuesto que lo puso en su sitio, pero eso al gerente no le gustó y la despidió.

Helen se encoge de hombros y se levanta recogiendo sus cosas de la mesa. Asiento afirmativamente con la cabeza.

-Tenemos una habitación libre de visitas y... creo que no habría problemas en que venga por un tiempo -afirmo y Helen brinca de alegría para luego darme un abrazo.

-Gracias hermanito.

-Pero tendrá que ayudar con las cosas de la casa -advierto.

-Ella está dispuesta a pagar por la comida y...

-No, no me refiero a eso -la detengo-, lo que quiero es que ayude a mantener la casa limpia, no puede dejar su ropa tirada ni dejar sus platos sucios.

-Ella está acostumbrada a vivir sola y es muy limpia, no tendremos problemas con eso. Iré a darle la buena noticia -Helen se aleja y sube corriendo las escaleras.

Me quedo pensando en que si habrá sido buena idea aceptar, espero que sí. Después de todo, ¿qué problemas puede haber? Me pregunto cómo será ella, siempre la he escuchado mencionar, pero no la he conocido. Espero no estarme equivocando, saco un cigarrillo de mi bolsillo y salgo al jardín para encenderlo.

Mi teléfono suena y mi gesto se frunce al ver el nombre de quien está al otro lado de la línea.

-Aló -contesto y expulso el humo.

-Te estamos esperando -su voz gruesa y rasposa me causa fastidio.

-Ya voy.

Respondo seco y cuelgo la llamada. Me dirijo a la cochera y subo a mi Lamborghini rojo. Es hora de trabajar, solo espero hoy también volver vivo.

Capítulo 3 TE VOLVÍ A ENCONTRAR

Maddy

Ya ha pasado una semana y hoy será el día en que me mude a casa de Helen, me prometo a mí misma que solo serán dos meses. Tengo todo calculado, lo único que necesito es conseguir un trabajo que me permita costear mis gastos, sé que eso es muy difícil por ahora, pero estoy segura de que pronto encontraré algo.

Ayer Helen estuvo en mi departamento ayudándome a empacar mis cosas, he guardado mis libros y mi ropa. Salgo del departamento llevando conmigo una pequeña maleta y una mochila. El resto lo recogeré más tarde. Me siento un poco nerviosa, pero sé que voy a estar bien.

Miro las calles buscando la dirección, no me pude dar el lujo de gastar en taxi y el transporte público me ha dejado lejos. Parece mentira que nunca haya venido antes a su casa, siempre nos encontrábamos en mi departamento o en el campus de la universidad, así que será la primera vez que conoceré su casa.

Ya llevo varios minutos caminando por algunas calles y no me ubico, eso sin contar que es muy difícil caminar jalando la maleta. Anoche llovió demasiado y las calles están un poco resbaladizas.

Agacho la mirada y noto que las agujetas de mis zapatillas deportivas están desatadas, si continúo caminando así puedo caerme en cualquier momento. Me detengo para amarrarlas, así que me agacho. De pronto alguien choca conmigo cuando he terminado y estoy por ponerme de pie. Este choque hace que me tambalee y caiga sobre la banqueta mojada. Me he mojado el trasero con un pequeño charco de agua en el piso.

-¡Qué hacías agachada! -Escucho una voz gritarme y levanto la mirada sintiéndome enojada.

Únicamente me quedo en silencio tratando de controlar mi respiración, me he quedado sin aliento, no pensé que lo volvería a ver. Parpadeo un par de veces incrédula y vuelvo a la realidad cuando me doy cuenta de que aquel hombre no parece reconocerme y sigue molesto a pesar de que fui yo la que se llevó la peor parte.

Dice algunas palabras incomprensibles y avanza dispuesto a continuar con su camino. Muevo la cabeza como queriendo salir de su embrujo armándome de valor.

-¡Oye! -le grito mientras me pongo de pie y sujeto su brazo haciendo que voltee a verme- Tú eres el que chocaste conmigo, estoy bien... gracias por preguntar -no puedo evitar usar el sarcasmo y expresarme con voz dura.

Ambos cruzamos miradas y nos quedamos en silencio por unos segundos, por unos instantes espero que me reconozca, pero no lo hace. Solo me queda admirar nuevamente sus hermosos ojos azules que brillan como dos zafiros y su cabello alborotado color castaño. No hay duda, es él. Nunca olvidé su mirada.

-No te pregunte nada -responde al fin sin quitarme la mirada.

-¡Apúrate! -Alguien lo llama y se suelta de mi agarre para seguir su camino mientras lo veo alejarse.

No se acordó de mí, la tristeza me embarga. Si no lo hizo fue porque esa noche no significó nada para él, o al menos no como fue para mí. Los recuerdos de esa noche aparecen y una lágrima corre por mi rostro, la limpio inmediatamente para luego respirar profundo. Espero no volver a encontrarlo, agarro nuevamente mi maleta y me obligo a sonreír.

Tengo que olvidar este percance y no volver a pensar en él. Me siento dolida porque no se parece en nada al chico que conocí esa noche.

Continúo buscando la calle y más allá por fin encuentro la casa de Helen, arreglo mi ropa y me preparo para tocar el timbre, voy a conocer a su hermano y tengo que dar una buena impresión. Toco el timbre y respiro profundamente, hoy empieza un nuevo reto.

La puerta se abre y aparece una Helen emocionada detrás de ella.

-¡Llegaste! -Me abraza emocionada.

-Fue difícil dar con la dirección -expreso exhausta.

-Estás loca, es fácil -se hace a un lado para dejarme pasar-, seguro el taxi se equivocó y te dejó lejos.

Sonrío y pienso guardarme la información de que vine caminando. Al ingresar me quedo admirada ante la belleza de su casa, nunca había estado en un lugar tan bonito y elegante.

-Vaya, tu casa es hermosa -admito contenta.

-Y no has visto nada, ven te enseñaré -hace que deje mi maleta, mochila y sujeta mi mano para guiarme en un paseo por la casa.

Me lleva a la sala, comedor, cocina, salón de televisión, la verdad es que estoy asombrada con la moderna y elegante decoración. Salimos al enorme jardín de la propiedad para que me enseñe el jacuzzi y la piscina con cascada que cae de una pared.

-Vamos a qué conozcas tu habitación -Sujeto mi maleta mientras ella agarra mi mochila y subimos las escaleras.

Helen no deja de mirarme emocionada y yo también le sonrío contenta. Nos detenemos frente a una puerta blanca.

-Esta es tu habitación -Gira la manija de la puerta.

-Es muy bonita y grande -una vez más esta casa me sorprende-, únicamente la habitación y el baño son del tamaño de mi antiguo departamento -Sonríe curiosa.

Doy unos pasos admirando la decoración, hay un closet grande pegado a la pared, una cómoda como la que usan las modelos con todo y focos pequeños, no he tenido una así antes y sonrió al ver el escritorio, también veo una cama de dos plazas, mesas de noche y una lámpara.

-Espero te sientas cómoda -Helen me sonríe.

-¿Bromeas? Me encanta... gracias -le devuelvo la sonrisa-, aunque solo serán por unos meses.

Helen pone los ojos en blanco cuando hago esa referencia.

-¡Ya lo sé! -me toma de la mano- Vamos, te muestro la mía.

Me conduce por el pasillo, dejándome con la boca abierta al ver el dormitorio de Helen, es precioso y enorme, está decorado con tonos rosa pastel y blanco, no tiene nada que enviarle a una habitación de Disney. Después de que termina de enseñarme todo, salimos hasta que nos detenemos frente a una puerta grande.

-Esa es la habitación de mi hermano, tenemos prohibida la entrada -Me sonríe y seguimos nuestro camino sin prestarle más atención a ese dormitorio prohibido para nosotras.

Las horas han pasado y ya se hizo de noche, por fin he logrado terminar de acomodar mi ropa y las pocas cosas que traía. Decido ingresar a la ducha por un baño refrescante y que a la misma vez me permite relajarme. Ha sido un día agitado, salgo de la ducha y después de secar mi cuerpo me coloco un pijama que consta de un pequeño short y un polo de tiras de seda. Escucho la voz de Helen, llamarme apurada y corro para darle el encuentro, cuando estoy en el primer piso, me doy cuenta de que estoy en pijama y decido regresar para cambiarme o ponerme algo que me cubra más.

-Maddy, ¿a dónde vas? -me llama cuando me ve en las escaleras-, ven para ver una película.

-Excelente, pero no demoro -Empiezo a subir las escaleras.

-¿A dónde vas?

-Voy a cambiarme, estoy en pijama, va a llegar tu hermano.

-No te preocupes, estás bien... tampoco es que estuvieras desnuda -me sonríe y me alcanza las palomitas de maíz-, además él no vendrá hasta muy tarde, no creo que lo conozcas hoy.

Me fijo en que Helen tiene puesta su pijama que es parecido al mío. Nos dirigimos a la sala de televisión, ella se pone a buscar algo que ver. Estamos contentas y tranquilas, creo que no me equivoqué en aceptar su oferta.

Hemos elegido la película y se sienta cómoda a mi lado mientras que la función empieza. A la media hora la puerta de la cochera se abre y debo admitir que me pongo un poco nerviosa de saber que por fin conoceré a su hermano. Ese ser misterioso del que solo he escuchado hablar. Se escuchan unos pasos y unas llaves que son dejadas a un lado.

Llevo mi atención hacia la entrada de la sala de televisión, tiene puesta ropa deportiva, parece que llegara del gimnasio. Él nos saluda y por fin me encuentro con su rostro, mi mirada se cruza con la mía y solo atino a ponerme de pie para saludarlo.

"No puede ser... es él"

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