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Mi lobo mi humana

Mi lobo mi humana

Autor: : frangelisreverol
Género: Hombre Lobo
Moon, la chica de ciudad que llega al pueblo de Telluride, por el reciente fallecimiento de su abuelo, lo cual la llevaría a un sin fin de acontecimientos que la guiarán a conocer los secretos de su familia, y en el camino se topará con él, ese extraño que conoció de la manera menos esperada, abriendo paso a eventos sorpresivos que la harían dudar sobre lo que es real y lo que no. Él oculta un secreto el cual es peligroso, pero la curiosidad de la chica la llevaría a sumergirse en su mundo por un deseo más profundo de lo que podía imaginarse. -Las chicas como tu no deberían entrar al bosque solas. -No le temo al bosque... -Lo sé, pero no me refiero al bosque en sí, sino lo que hay en este lugar.

Capítulo 1 Telluride

Capítulo 1

-Moon... despierta, Moon... despierta-la voz de mamá y una sacudida provocó que abriera mis ojos, me había quedado dormida, nuestro viaje largo al lejano pueblo de Telluride en Colorado. Mis padres crearon la costumbre de visitar a mis abuelos maternos en navidad, sin embargo, en esa ocasión no íbamos exactamente por vacaciones, mi abuelo Elu había fallecido.

La noticia hizo que tuviéramos que volar a Telluride rápidamente, ni siquiera tuve oportunidad de empacar bien, ya que mamá siempre había sido muy apegada a su padre, ambos tenían una conexión que solo ellos podían entender, mi pobre madre estaba destrozada y la comprendía su padre el cual amaba muchísimo ya no estaba.

En el trayecto recorrido fue tan agotador que apenas mi cabeza tocó el espaldar del asiento de aquel coche alquilado, mis ojos se cerraron sin darme cuenta de que ya estábamos en casa de la abuela, Monre. Salí del vehículo y pude notar que había mucha gente ahí, cosa que no me sorprendió, ya que ese lugar era pequeño y prácticamente todos se conocían.

Avanzamos pasando la gran cantidad de coches estacionados y las personas hasta llegar a la entrada de la casa, justo al subir los escalones que conectaban al porche, la abuela apareció con un rostro lleno de congoja y sufrimiento, no obstante, al ver a mamá y a mí levantó levemente las comisuras de sus labios en una sonrisa que no dejaba de verse triste.

-Abril, Moon... Cuánta falta me hicieron-exclamó y caminó rápidamente para rodearnos a ambas con sus brazos, extrañamente la abuela, era muy alta, coda que me llamó siempre la atención, por el hecho de que ella no aparentaba mucho la edad que tenía. De hecho, el tiempo pasaba y yo podía estar segura de que no envejeció.

-Oh, mamá, lo siento tanto-lloró madre en el cuello de la abuela, quien la consoló acariciando su cabeza. Por mi parte, no pude evitarlo y también derramé lágrimas de tristeza por la partida del abuelo, él fue alguien muy bueno haciendo casi inconcebible aceptar que ya no estaba entre nosotros.

Con el pasar de las horas charlando con la abuela Monre, supimos la causa del fallecimiento. Al parecer él sufría del corazón y solo no despertó, ella comentaba que la noche anterior todo estaba bien, incluso bromeó sobre ir de vacaciones a California para tomar un poco de sol, sin embargo, esas vacaciones nunca llegarían por obvias razones. Ella se acercó para darle los buenos días, pero su cuerpo estaba helado y sin signos vitales, dando a entender que hacía horas que se había marchado.

-Me gusta pensar que fue la mejor forma, estaba feliz y durmió tranquilo, eso es lo importante -aclaró la abuela con la voz un poco quebrada. Mamá miró el ataúd con añoranza como si para ella todo fuera parte de un suelo y en cualquier momento despertaría. Observé mi entorno y algo llamó mi atención, o mejor dicho alguien...

Un grupo de personas justamente cerca de la escalera, todos tenían un aspecto bastante llamativo, de hecho nadie de los que se hallaban en ese lugar poseían un aspecto parecido. Todos eran hombres, con una estatura prominente y cuerpos fornidos, su color de piel era un poco tostado a pesar de que ese pueblo siempre estaba frío y la luz del sol siempre era suave, no generaba un calor como el de California.

Arrugué el entrecejo un poco y seguí fisgoneando para tener más información, entonces lo vi...

En medio de ellos un chico igual de alto que los otros, pero ese mantenía una postura autoritaria a diferencia de los demás, me generó curiosidad que sus brazos estaban cruzados haciéndolo parecer intimidante, de pronto sus ojos grises se posaron en los míos en una pesada e intensa mirada, la cual fue tan penetrante que no tuve fuerzas para sostenerla, bajé la cabeza y me sostuve el antebrazo con nerviosismo hasta que volví a mirar y ahí estaban, sus ojos puestos sobre mí como dos faros de luz en medio del mar extenso en la noche tenebrosa.

Giré el rostro intentando aparentar que no me percaté del sujeto, y noté que la abuela me estaba mirando. Le dediqué una sonrisa nerviosa y ella me la devolvió, sin embargo, me percaté de que ella cambió la dirección de su atención y fijó sus ojos justo a donde yo había mirado segundos antes. Su rostro se endureció en una mueca de intimidación y luego dejó de ver ahí como si nada.

Sentí tanta curiosidad que eché un vistazo, dándome cuenta de que aquellos hombres no se encontraban ahí. Era como si nunca hubieran estado en ese lugar, cosa que me hizo pensar de quienes se trataba y también la razón por la cual fueron al funeral del abuelo.

Luego del funeral, la casa quedó vacía, ya el cuerpo de aquel hombre bueno y querido por todos se encontraba bajo tierra, dejando un profundo dolor en cada uno de sus familiares cercanos. Mamá tuvo que tomar un calmante y papá estaba con ella en la habitación, mientras que yo me quedé con la abuela hablando en la cocina.

Ella me contaba historias de como se conocieron y el romance había surgido, mientras preparaba un chocolate caliente, lo puso en la mesada y se sentó frete a mí analizándome el rostro.

-Estás más hermosa que la última vez, y has crecido también-comentó en una voz maternal, yo sentí como las mejillas me ardían, puesto que los cumplidos y halagos no se llevaban bien conmigo.

-Gracias abuela, y tú también estás hermosa, aparte de que no envejeces-sugerí dando un soplido al interior de la taza para sorber un poco de la bebida achocolatada. Cerró los ojos a medias astas y puso su mano al lado de su mejilla, acercando su rostro levemente a modo de secreto.

-Es mi truco de hace años, no se lo digas a nadie-secreteo con un guiño de ojo. Yo hice un gesto de cerrar mi boca con llave

-Soy una tumba-contesté y ella sonrió, para luego formar una expresión triste

-Lo extrañaré tanto-murmuró en un suspiro-Él siempre fue tan alegra y ahora...-su voz se quebró y entonces me moví un poco hacia ella para poner mi mano sobre la suya, alzo su rostro y se quedó mirando mis ojos.

-Todos los vamos a extrañar abuela, él era un excelente hombre, por eso siempre tendremos buenos recuerdos-alenté.

-Es cierto-afirmó-No sabes qué feliz me hace que estés aquí, recuerdo hace algunos años lo pequeña que eras y siento nostalgia-comentó haciendo una mueca de lado.

-También yo, la verdad extrañaba venir aquí... Por cierto, ¿Aún está el trineo?-pregunté y ella asintió.

Ese trineo tenía muchos recuerdos, a los 5 años me lo obsequiaron para navidad y solía deslizarme por una pequeña montaña en el patio de la casa hacia el bosque, mi madre se turbaba mucho porque tenía que me perdiera en ese extenso lugar, sin embargo, la abuela siempre me permitía disfrutar mi niñez de esa forma.

Para ella yo debía vivir cada momento de alegría y formar recuerdos que al crecer fueran algo que me permitiera sonreír.

-Esperaré la primera nevaba para ir al patio y lanzarme-agregué terminando mi taza de chocolate. Mi mente de pronto recordó aquellos sujetos raros de la tarde, esos que la abuela miró mal y luego desaparecieron, lo que me llevó a preguntar. Abue, sabes, hay algo que quisiera saber-indague un poco escrutando su rostro. Ella inclinó la cabeza de lado y respondió suavemente.

-¿Dime pequeña?-expresó con amabilidad, yo empecé a juguetear con la taza y como no sabía fingir solo fui al grano.

-Es que bueno, en la tarde había unos hombres en casa, me parecieron muy raros, no los había visto antes, ¿Sabes quienes eran?-hable pausadamente y ella se quedó en silencio por varios segundos hasta que soltó un suspiro y me vio a los ojos.

-Amigos de tu abuelo, pero nunca me cayeron bien-confesó de forma honesta. Sin embargo, había algo en su respuesta que no conconcordaba, me parecía que faltaba una parte de la historia que no tenía idea si quería saber o era preferible mantenerme en la ignorancia.

Capítulo 2 No es casualidad

Capítulo 2

La noche fue un poco agitada, pese a mi mal dormir, ya que no me acostumbraba del todo a no estar en mi cama de siempre, yo podía sentirme feliz de visitar a la abuela, sin embargo, era una tortura adaptarme a la diferencia entre esa habitación y la que tenía en California.

Pero poniendo de lado aquella mala noche, también estaba la parte en la que me asomé por la ventana, ya que eso me generaba un poco de paz, no obstante, una figura extraña, no humana se escondía entre los árboles del extenso bosque, la seguí con mi vista hasta donde pude, por el hecho de que la oscuridad era un impedimento para poder tener un campo de visión bueno. La verdad no podría decir que sentí temor, fue todo lo contrario a eso, me generó mucha curiosidad saber que era esa sombra tenebrosa.

Estiré los brazos soltando un bostezo y al recordar que ya el abuelo no estaba, esa tristeza me invadió haciéndose pesada sobre mis hombros y pecho, miré al espejo y conseguí visualizar la última foto que nos tomamos en navidad, a veces olvidaba que únicamente loa veía en esa época debido a las vacaciones, y eso me llevó a reflexionar sobre la verdadera razón del del porqué, los abuelos se mudaron de California cuando yo nací.

Puse el pie en la madera del suelo y sentí una corriente fría que me estremeció, el tiempo avisaba que ya se acercaría invierno, así que me abrigue bien luego de darme una ducha para bajar a desayunar.

Mamá, la abuela y papá se encontraban en el comedor casi terminando de desayunar, a verme la abuela sonrió haciendo ademán para que me acercara a la mesa.

-Moon, pequeña, ven, te preparé tu desayuno favorito-indicó sosteniendo el mango del sartén para ponerlo de nuevo en la cocina. ¿Todavía te gustan los panqueques con crema y cerezas?-interrogó y asentí de inmediato, mamá amplió una sonrisa comentando.

-Siguen siendo sus favoritos, es lo que le preparo cada cumpleaños.

-Pues aquí no vas a tener que esperar tu cumpleaños para poder disfrutarlos-dijo la abuela a manera de complicidad.

-Gracias abue-contesté sentándome al lado de papá que disfrutaba su desayuno mientras que leía algo en el celular.

Mi abuela puso el plato frente a mí, el cual desprendía un aroma exquisito, no pude aguantar las ganas de cortar un trozo de ese delicioso panqueque y llevarlo a mi boca para deleitarme en su sabor maravilloso.

-Eh, Abril...-intervino papá, mi madre y abuela se le quedaron viendo mientras yo seguía comiendo-Sabes que mañana tengo esa junta importante en la empresa, y pues...-sonaba avergonzado, quizás por el hecho de tener que irnos en un momento tan difícil para la abuela.

-Entiendo, Josh, no debes sentirte incómodo, sé que tienes trabajo y agradezco hayan podido venir al funeral-explicó ella de manera comprensiva.

-¿Estás segura de que estarás bien mamá?-interpeló poniendo su mano sobre el brazo de la abuela y ella asintió, pero había algo en su rostro que no me convencía del todo, así que solo intervine.

-Puedo quedarme contigo, abuela-ofrecí y los tres me vieron muy atentos.

-Oh, por supuesto que no, cariño, tienes clases-se negó y yo encogí los hombros.

-No, abue, de hecho ya tengo todas mis materias aprobadas, los días que quedan de clases son para cumplir horarios-aclaré y a pesar de que ella no estaba de acuerdo, terminó aceptando.

-Bueno, desde ahora te advierto que vas a aburrirte mucho-advirtió y me reí.

-Sí, me preparas un plato de estos en el desayuno no tendré problema- bromeé dando otro bocado a mi desayuno.

***

Mamá y papá me abrazaron antes de subir al auto, loa vi alejarse mientras ella sacudía su mano levemente sonriendo hasta que desaparecieron de mi campo visual, sentí melancolía por el hecho de que no los iba a ver durante un mes completo, ya que el viaje de papá después de la junta, sería fuera del país.

Regresé a la casa acompañada de la abuela More, ella volvió a sus labores cotidianas y yo realmente no tenía idea de que hacer, por lo tanto, solo fui al patio colocando loa audífonos en mis orejas mientras contemplaba la lejanía de ese bosque enorme.

El sonido del piano retumbaba en mis oídos, por lo cual no podía escuchar nada del exterior, seguí caminando observando todo y el frío era agradable, algunas gotitas de los árboles caían sobre mi ropa atrayendo mi atención, alcé la vista mirando el cielo nublado y sonreí, estiré ambos brazos cerrando los ojos con el rostro en dirección a la copa de los árboles para poder sentir esas gotas suaves en mi cara, luego de varios segundos me enderece y algo se movió de entre aquellos troncos gruesos...

Arrugue el entrecejo cerrando los ojos a medias astas, y bajé el volumen de la música para caminar hacia ese lugar, las hojas crujían al acercarme lentamente, luego experimenté una sensación de temor, que me invadió por completo, retrocedí un poco, sin embargo, la curiosidad me ganó, así que tomé aire y avancé otros pasos, pero cuando estaba a punto de descubrir aquello, escuché la voz de la abuela.

-Moon, cariño-gritó, ya que estaba un poco alejada de la casa y volteé enseguida-Iré a comprar algunas cosas al supermercado, ¿Vienes?-preguntó, yo eché un último vistazo al lugar y ya no sentía esa sensación de ser vigilada, por lo cual di todo por olvidado y fui con la abuela al súper.

El trayecto de la casa al pueblo, donde se hallaba el área comercial, no era muy lejos. Nos tomó unos 15 minutos en coche, hasta que llegamos al sitio destinado. Bajamos del vehículo y caminamos al establecimiento, la abuela tomó un carrito y empezó a recorrer el lugar en busca de víveres para los próximos días. Yo, por mi parte, quise buscar algún libro, así que pedí a More que me permitiera algunos minutos en una librería para al menos tener algo para no aburrirme. Ella aceptó con la condición de no demorarme y salí del supermercado.

Las calles de Telluride, era pequeña y las grandes montañas se observaban ofreciendo una vista estupenda del lugar, ahí las personas eran amables, y en nada se parecían a la gente de California, que siempre parecían apresuradas. Las cosas en ese sitio se tomaban con más calma y a la vez podía respirar, armonía debido al hermoso paisaje turístico.

Caminé unas cuantas calles buscando una biblioteca, hasta que finalmente la encontré, en el aparador se observaban varios libros en exhibición, así que entre llevando mi mano a la puerta para empujarla, una campanilla sonó al estar dentro de ese cálido lugar, di unos cuantos pasos para buscar una estantería que tuviera algo interesante, hasta encontrar la que buscaba.

Sostuve algunos libros de poesía y novelas viejas, hasta dejarlos apilados en mis brazos, el peso hizo que torpemente los dejara caer y al inclinarme a recogerlos, observé una mano razonablemente más grande que la mía, ofrecerme ayuda.

Levanté la vista y ahí estaba.

Me quedé paralizada porque no tenía idea de cómo reaccionar, era ese chico de los ojos grises con mirada profunda e intimidante.

-Permíteme ayudarte con eso-dijo sujetando todos los libros, yo ni siquiera pude emitir un sonido, solo tenía la boca abierta como idiota, hasta que me di cuenta de mi estupidez y reaccioné.

-Oh, gracias, eres muy amable, pero no es necesario-indiqué y él negó.

-No hay problema-sostuvo y se enderezó llevando los libros al recibidor, lo seguí a pasos lentos y cautelosos, ya que era un completo extraño para mí y temía lo peor. Aquí tienes Richard, la señorita quiere estos libros-indicó explicando al hombre detrás del mostrador. Él empezó a marcar los precios de los libros, mientras el amable chico que me había ayudado permanecía observándolo.

Me sentí un poco incómoda, pero a la vez, como si realmente lo conociera, esa sensación extraña de que ya habías vivido el momento no dejaba de agobiarme, pero no me quedó de otra que ignorarla.

-Bien, son 37,95-indicó y saqué el dinero de mi bolsillo para pagar, el chico de los ojos grises me vio de reojo causando que mis manos temblaran y el dinero se cayera al suelo.

« Rayos, ¿Qué pasa contigo Moon? ¿Acaso eres tonta?»

Me regañé a mí misma.

Él se dobló para recogerlo y lo puso sobre el mostrador. Le entregaron los libros en una bolsa de plástico y me hizo una seña para salir de la tienda, tal y como si fuera uno de mis padres dándome órdenes.

Cuando estuvimos fuera de la tienda, me observó y sonrió.

-Pareces un poco asustada-comentó y yo amplié los ojos muy grandes.

« Se dio cuenta, ¿Ahora que hago?»

-Eh, no, no, es que... Bueno, no te conozco-expliqué.

-Ah, pues, hubieras empezado por ahí, me llamó Kitsune, es un placer-extendió la mano para estrechar la mía, torpemente la apreté y me sorprendió notar lo cálida que era, de hecho más de lo común para un frío como el de ese pueblo.

-Un gusto, yo me llamo Moon-respondí y él arrugó el ceño.

-¿Luna en inglés?

-Sí-contesté encogiendo los hombros

-Vaya, es una sorpresa-comentó y no pude entender a qué se refería, sin embargo, cuando estuve a punto de preguntarle escuché el claxon del auto de la abuela, seguido de un:

-Moon, vamos-llamó y giré un momento la cabeza, ella estaba haciéndome señas y luego vi a Kitsune nuevamente.

-Esa es mi abuela, ya debo irme, gracias por la ayuda-me despedí para avanzar rápido y subirme al auto. Cuando la abuela arrancó, lo observé una última vez y realmente había algo en ese chico que me parecía raro, y a la vez atrayente como si deseara conocer que pensaba realmente, era esa mirada fría y rígida la que me generaba curiosidad.

-Moon, cariño, ¿Qué hacías hablando con ese muchacho?-inquirió More y encogí los hombros.

-Solo me ayudó con los libros abuela, y le estaba agradeciendo-respondí de forma inocente.

-Entiendo, pero debes tener más cuidado con quien hablas, no lo conoces-aconsejó y eso me volvió a llevar al día anterior cuando los vi en el funeral.

-Pero abue, ellos eran amigos del abuelo-le recordé y ella soltó un suspiro.

-Lo sé, pero yo hubiera preferido que no, así que solo ten cuidado, sé que eres mayor para tomar decisiones porque ya casi tienes 18 años, pero solo quiero cuidarte mientras estés aquí, ¿Entiendes?-sugirió y me vi obligada a asentir, a pesar de que no estaba de acuerdo, porque mi curiosidad muchas veces me llevaba a situaciones que no podía evitar.

Y es que la idea de pensar en que no todo eran casualidades, me guiaba a que ese chico estaba ahí, por algo en específico.

Capítulo 3 Secretos

Capítulo 3

Dejé caer los libros sobre la cama y los observé detenidamente, para saber con cuál iniciar, opté por una novela vieja que había en esa librería y me recosté en la cama para leer. Abrir la tapa que era gruesa y de un material parecido al cuero, aunque un poco más suave y fino, en el inicio había una hoja en blanco y luego de eso una nota dedicatoria, que supuse se trataba del autor a alguien importante.

"Para Emily Swanz, sin la cual no hubiera podido hacer esto posible"

Pasé la página al primer capítulo, que más de parecer una novela, se me hacía algo como una historia, los párrafos eran largos y no había diálogos. A pesar de eso, seguí leyendo porque me pareció bastante interesante, ya que el autor, que por cierto era anónimo, utilizó un lugar que me daba aires a ese pueblo. Quizás un pequeño autor de ese sitio decidió realiza su sueño de publicar algún escrito, basándose en la historia de Telluride.

Los primeros capítulos se trataban de la niñez de dicho autor, contando lo hermoso que había sido llegar a ese sitio y contemplar las enormes montañas, también narró sobre los inviernos colmados de nieve blanca, que tapaba el techo de su casa, otro de los detalles que mencionó fue el bosque, para él ese lugar estuvo prohibido por sus padres desde una noche de invierno donde presenciaron un extraño suceso...

-Moon, cariño-tocó la abuela a mi puerta y mi lectura se vio interrumpida.

–Sí, abue, pasa-contesté dejando el libro cerrado sobre la cama junto a los demás. Ella entró lentamente y me observó con su típica expresión dulce.

-La cena está lista-me invitó. Entonces, yo la seguí bajando las escaleras. Ambas cenamos juntas un delicioso pastel de carne que era el especial de mi abuela, luego de eso ella se disponía para lavar los platos, sin embargo, yo quise ayudarla para no darle todo el trabajo.

-No te preocupes, abue, yo me encargo de limpiar la cocina, tú ve a descansar-le dije y ella, a pesar de que quería negarse, se le veía agotada y terminó aceptando.

-Te lo agradezco cariño-contestó dándome un tierno beso en la frente-No te duermas tarde-ordenó y luego salió de la cocina.

Empecé a fregar los platos mientras observaba por la ventanilla que se encontraba frente al lavadero, desde ese lugar se podía ver el patio de la casa que conectaba con el bosque, el cristal estaba empañado por el frío, sin embargo, tenía visibilidad hacia los troncos de los árboles y sus ramas que se movían al ritmo del viento de afuera.

Tenía un plato en la mano sacándolo con una toalla de papel, y mis ojos se volvieron a concentrar en esa ventanilla, entonces lo vi... Una figura de al menos 2 metros, tan imponente que causaba escalofríos, la cual no era humana y pasó tan rápido que me dejó perpleja, me costó reaccionar por la sorpresa, pero cuando lo hice, corrí a la ventana para asomarme y ver de qué se trataba, sin embargo, no pude visualizar absolutamente nada. Me cuestioné si había sido parte de mi imaginación por el sueño, pero algo dentro de mí, me decía que no era así.

Terminé asegurándome de que todas las puertas y ventanas estaban cerradas, temía que aquello que se encontraba afuera, pudiera entrar a la casa. Quizás yo era una loca que imaginaba cosas, pero podía jurar que se trataba de algo como ¿un perro?... No lo sabía, pero tampoco lo iba a averiguar, y eso me hizo pensar en la historia que no terminé de leer sobre ese autor anónimo.

«No pienses idioteces Moon, solo ve a la cama y olvida eso, por ese tipo de cosas la gente termina en cuartos con paredes acolchonadas y camisas de fuerza»

Me juzgué a mí misma, ya que no iba a dejarme engañar por mi mente, yo era lo suficientemente cuerda como para estar imaginando cosas, quizás el viaje fue muy agotador y aún me estaba pasando factura. Por lo cual, dejé las ideas de fantasía y me fui a la cama.

Con la pijama puesta me recosté mirando el techo al tiempo que escuchaba una música de fondo instrumental con los audífonos, poco a poco mis ojos se cerraron hasta que me sumergí en aquel país de los sueños.

-Moon, Moon, Moon...-aquella suave voz me llamaba, pero no podía ver de donde provenía. Sí, yo me encontraba en el bosque y no tenía idea cómo llegué ahí, ni siquiera supe en qué instante me levanté de la cama. Lo último que recordaba era haberme dormido, pero ahora me hallaba en medio de ese frío y tenebroso lugar, buscando esa voz, mis ojos recorrieron la neblina hasta encontrar una sombra a la distancia, sonreí y avancé apresurada hacia ahí, pero a medida que me acerqué noté que esa sombra crecía más y más, hasta que me sobrepasó en gran manera.

Me paralicé tanto que mis piernas parecía estar sembradas en la tierra, la forma de aquello parecía ser de una persona, sin embargo, cambió de manera drástica tomando apariencia de un sabueso gigante, hasta que por el aullido ensordecedor supe que se trataba de un lobo, no obstante, a pesar de que únicamente veía su sombra, yo estaba segura de que el tamaño de los lobos no pasaba de 1 m hasta unos centímetros más, pero ese no era uno común.

-¡Auuuuuuuu!-soltó un gran aullido, me tuve que llevar las manos a las orejas haciendo un gesto de aturdimiento, y al levantar mi cabeza contemplé que esa bestia venía hacia mí...

Desperté acelerada, mi cuerpo sudando por todas partes y la respiración agitada, miré a mi alrededor dándome cuenta de que seguía en la cama. Eso me alivió, porque aquel sueño parecía tan real que lo había confundido con la realidad.

Luego de eso no fui capaz de pegar el ojo en lo que quedaba de madrugada, así que únicamente me pegué al teléfono buscando información sobre Telluride, necesitaba saber si había algo fuera de lo normal, alguna cosa que se hubiera reportado recientemente, o al menos años atrás.

Porque tenía una corazonada de que algo pasaba, yo no deseaba preocupar a la abuela con ese tipo de preguntas, ya que ella tenía en otras cosas que pensar, el abuelo apenas llevaba un día de fallecido y agobiarla con algo que hasta podía ser parte de mi imaginación, era algo completamente estúpido.

El sol se asomó por la ventana de forma sutil y me alegré, no sé por qué, pero al parecer le estaba tomando un poco de temor a las noches en ese pueblo.

«No seas paranoica Moon»

Reflexioné

Ya que tanta paranoia me podía afectar. A pesar de que busqué hasta en las redes más extrañas del Internet, no logré nada, al parecer ese lugar era tan normal que ni siquiera se reportaban robos.

« Vaya, que tranquilidad»

Pensé

No sabía si sentirme aliviada o decepcionada, por el hecho de que eso quería decir que me estaba volviendo loca, y lo peor del caso es que de una forma sin vuelta atrás.

Luego de lavarme los dientes y bajar a desayunar, la abuela cumplió con lo prometido preparando mis panqueques favoritos, devoré el desayuno mientras ella me hablaba.

-Moon, cariño, hoy iré a visitar a una amiga, sé que las reuniones de viejas deben ser algo aburrido para ti, así que si quieres puedes quedarte en casa-comentó y la verdad es que a pesar de que yo tenía todas las ganas quedarme en casa, lo más indicado era ofrecerme a hacerle compañía.

-No te preocupes, abue, yo puedo ir contigo si quieres-me ofrecí y ella negó.

-Tranquila mi pequeña, no tienes por qué, además es cerca, solo me tomará 20 minutos en coche-dijo y esa fue su última palabra, ya que al intentar refutar esa idea ella volvió a negarse.

***

La abuela se fue a casa de su amiga y yo me quedé para no parecer que quería pasar por encima de sus decisiones, así que recorrí cada centímetro del lugar, incluso me atreví a husmear el álbum de fotos de los abuelos, sentada en el sofá de la sala. Pasaba las páginas de aquel enorme libro, y la mayoría eran fotos familiares donde yo estaba muy pequeña como para recordar esos momentos.

Sin embargo, hubo una que me llamó mucho la atención, se trataba de un grupo donde estaban varios hombres fornidos como los del día del funeral, todos posaban abrazados, incluyendo al abuelo llevándome a la incógnita de la identidad y cercanía de esos sujetos con mi abuelo, porque según More esa gente no le caía bien, pero debía existir algún motivo para eso.

Me dispuse a sacar la fotografía del álbum, pero un ruido estruendoso atrajo mi atención. Parecía algo como un quejido, entonces me levanté del sofá con rapidez en busca de aquel sonido.

Todo apuntaba al patio, así que me armé con un cuchillo de la cocina y salí de la casa de manera cautelosa, avancé lentamente y mientras caminaba las hojas caídas de los árboles en la tierra crujían. El quejido cesó, haciendo más difícil para mí poder encontrarlo, hasta que volví a escucharlo, pero ya no era un quejido como de animal, sino que había cambiado a uno humano.

Arrugué el ceño hasta que a la distancia pude observar unos arbustos moverse, puse el cuchillo frente a mí con firmeza y seguí avanzando mientras sentía que mi pecho palpitaba violentamente, trague saliva al quedarme de pie frente al arbusto para preguntar.

-Q-quien anda ahí -inquirí con voz temblorosa, pero solo escuché una respuesta débil.

-A-ayu-yuda-la voz casi agonizante. Tomé una bocanada de aire y rodeé el arbusto para poder saber de qué se trataba, pero al contemplar aquello mi cuerpo se quedó entumecido por la sorpresa.

-Oh, rayos, ¡¿Qué te pasó?!-exclamé alterada, al ver ese chico tirado, cubierto de tierra y sangre, no sabía que tan grave era porque no me atrevía a tocarlo, temía que en vez de ayudar solo podía empeorar todo. Aquél sujeto agonizaba en el suelo, su pecho subía y bajaba débilmente, ni siquiera podía apreciar bien su rostro porque tenía el cabello pegado mezclado con sangre. Lo que sí pude notar, fue su tamaño bastante razonable, su cuerpo semidesnudo y un tatuaje en su hombro que tenía forma de círculo. ¿Estás bien? Oye...-llamé intentando atraer su atención.

«¿En serio Moon? Qué pregunta más estúpida, ¿Estás bien? ¿De verdad no sé te ocurrió algo más obvio?»

Me juzgué mentalmente, ya que era muy obvio que no estaba bien, de hecho se veía bastante mal como para considerar que podía morir ahí mismo.

Empecé a mirar a todos lados, en busca de ayuda y recordé que en ese pueblo los vecinos no están cerca, me tomaría 5 minutos llegar a casa del vecino y en ese tiempo ese chico moriría, la otra parte mala era que la abuela se había llevado el auto y tampoco lo podía llevar a un hospital caminando sobre todo porque jamás iba a poder con semejante mastodonte.

-Carajo, ¿Qué hago?-me pregunté llena de preocupación, debido a que la cosa no pintaba bien. Estiré mi mano para tocar su brazo, la cual estaba temblando como perro recién bañado, ya que si eso se trataba de una trampa y ese sujeto quería hacerme daño.

«Mala idea»

Pensé, pero ya era muy tarde, mi dedo casi lo tocaba cuando él en un movimiento rápido tomó mi muñeca.

-¡Ahhhhhhhh!-grité aterrorizada. Me sacudí con fuerza y por instinto para defenderme saqué el cuchillo, pero con su otra mano libre sostuvo mi muñeca, ahora me encontraba a merced de ese extraño y quién sabía que me haría solo por mi estupidez y poco razonamiento.

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