Considero que todas las mujeres en nuestra etapa de vida pasamos por momentos de dudas, de muchas incógnitas acerca de ¿Cómo será nuestra primera vez?, algunas nos imaginamos ese momento como único, placentero, con rosas, besos, caricias y mucho amor, otras lamentablemente no cuentan con esa suerte, pues su primera vez se resume a un momento de tortura y sufrimiento, algunas lo disfrutan, sin mucho dolor y más placer, sonrisas, pasión y goce, ¡Y claro! Llegamos a mí, a la única realidad que pocas se atreven a contar.
La verdad es que la primera vez no es exactamente como lo vemos en algunas películas, en donde la protagonista es desvestida por su pareja (Bueno quizás esto sí es cierto) y entre besos y caricias es penetrada sin dolor, sin sangrado, sin un mínimo quejido, créanme eso es totalmente falso; cuando hablamos de una primera vez es porque jamás en nuestras vidas nos hemos dejado ni tocar ni penetrar por nadie, es decir, te encuentras realmente cerrada en todo su sentido de palabra, y hago mucho hincapié en esto, debido a que existen mujeres que dicen tener su primera vez, luego de haberse dejado incluso penetrar con el dedo, ¡Sí! Eso ya es parte de la penetración.
Cuando realmente estamos seguras de querer hacerlo, siempre existe ese miedo, ese temor a pensar si de verdad estaremos haciendo lo correcto, y tenemos esa batalla constante por unos minutos con nuestros compañeritos, el señor diablo y el señor ángel en nuestros hombros, uno que te dice que si es el momento, que debes cumplirle a tu cuerpo, a tu deseo y que no sirve de nada seguir esperando si en algún momento igual lo harás, y por otro lado, tienes esa luz interior que te habla sobre lo bonito de perder tu virginidad con alguien a quien realmente ames, y con quien realmente sepas que pasaras la mayor parte de tu vida, que debes pensarlo muy bien porque te desprenderás de lo más lindo que tienes como mujer, el ser pura en cuerpo...
¡Pero normalmente te gana el pecado!
En mi vida he tenido dos recuerdos realmente traumantes, uno donde le hice caso a mi demonio interno y otro donde decidí ignorarlo y esperar por lo que me decía mi ángel, y creo que ninguno de los dos me fue de ayuda.
En el momento que decidí pecar, y déjame llevar por lo que me decía mi pequeño amigo el diablillo, me di cuenta de que era la persona más cobarde del mundo – Si, así mismo como lo pueden leer –
Según mis expectativas, debía ser algo rápido, sin mucho drama y complicación, más sin embargo no llegue ni a probar un poco de ese drama, simplemente me dio miedo, un pánico me invadió por completo y ya estando desvestida dije las palabras mágicas – No puedo –
Tal vez no era la persona ni el momento correcto, quizás si debía saber esperar con paciencia – Eso me dije muchas veces hasta creérmelo – y claro es que solo yo debía creérmelo pues mi compañero como es de esperarse, quedo totalmente insatisfecho y molesto, aunque no me importó en lo absoluto lo que pensara o comentará, quizás si fui egoísta, pero, sentí que era mi decisión y la verdad es que no me encontraba preparada aun en ese entonces.
Tuvieron que pasar dos años más para que pudiera intentarlo de nuevo, en esta oportunidad me había enamorado perdidamente de una persona, alguien que no solo se había ganado mi corazón sino también ese deseo interno que no sentía desde hace mucho tiempo... una persona que lograba alegrar mi día con solo enviar un mensaje de texto, él conseguía sacarme una sonrisa sin siquiera preocuparse en hacerlo; de verdad que si lo amaba.
Habíamos hablado muchas veces sobre el tema, pues aun para la edad que ya tenía era extraño ser virgen, no era tan mayor, pero con 23 años tampoco era una adolescente... Muchas veces le hice saber mi deseo al estar con él, pues mi cuerpo me lo pedía a gritos, a veces sentía que él decidía por mí, y es que sudaba frío, sentía mucho deseo y soñaba mucho con él, pero no eran típicos sueños, eran sueños húmedos, esos donde de verdad sientes su respiración por tu cuerpo, que corre desde tu cuello hasta tu abdomen, acompañados de besos y caricias mínimas con los dedos que dan cosquillas y a la vez escalofríos.
Y así fue como decidimos matar esas ganas que nos estaban consumiendo en una gran cantidad de deseo.
Pero algo paso...
Siempre pasaba algo en realidad.
Un día debía llegar de viaje, y él nunca apareció.
Pasaron semanas, y esas semanas se convirtieron en un mes, unos días más tarde escribió para disculparse, pero ya todo en el interior estaba muerto, él lo había asesinado, lo había enterrado, y no fue un entierro bien hecho, pues aún lo seguía amando como la primera vez, pero al fallarte tantas veces, aprendes que no puedes perdonar esa misma cantidad de fallas.
Simplemente te cansas de ser lastimada y vuelves a sonreír, te levantas, te maquillas, eres hermosa de nuevo y sales a brillar como siempre debiste hacerlo.
Esa gran falla me enseño muchas cosas con relación al amor, y al tiempo que me estaba perdiendo, lo que no disfrutaba y lo que me faltaba por conocer de la vida, y sus maravillosas oportunidades, así fue como conocí a un chico en una de tantas salidas y borracheras, alguien que logro alimentar de nuevo ese apetito sexual que había dejado atrás, pero solo eso logro en mí, un deseo carnal y nada más.
Un día salimos a tomar unos tragos junto a otros amigos, luego ya más tarde en la noche decidimos ir a su apartamento, allí estuvimos solos, colocando música y tomando algunos tragos mientras seguíamos conversando, pero claro que los dos sabíamos lo que queríamos, la única diferencia entre él y yo, era que él ya tenía experiencia y yo aún era una pequeña aprendiz con solo la teoría y nada de práctica.
Luego de una botella entera, nos comenzamos a besar y posteriormente me cargo hasta su habitación, allí nos desvestimos rápidamente pues ambos estábamos ansiosos de lo que vendría luego de ese paso, y fue allí cuando recordé nuevamente que aún era virgen, pues cuando intento penetrarme me detuve, y quede de nuevo fría como un pedazo de hielo seco.
¡Claro que se sorprendió! Y realizo la gran pregunta que no quería escuchar - ¿Eres virgen? – no tiene idea de lo chocante, pedante e incómoda que se vuelve esa pregunta en ese momento, y no sabes qué cara colocar, no sabes cómo reaccionar, incluso... no sabes cómo responder con un simple – Si –
Pero él lo tomo más a favor, y uso la frase que ya había escuchado antes – Déjame ser el primero en tu vida –
De verdad lo digo con toda franqueza, esa frase suena hasta ridícula en estos tiempos.
Sin tanto preámbulo me hizo un oral, el mejor de mi vida puedo afirmar ahora que tengo más experiencia, ¡Sí que fue excitante! Él tocó cada punto correctamente donde correspondía, me hizo gemir, gritar, desearlo con solo jugar un poco con su lengua, y lo puedo decir con firmeza – Mis respetos para esa boquita – luego me sorprendió a mí con un pequeño frasco que saco ¡Lubricante con sabor a uva!
Si admito que quizás mi expresión no fue nada normal, pero ayudo mucho, pues realmente si estaba muy cerrada, y aunque mantenía las ganas de hacerlo con él, mi cuerpo no se adaptaba aún a la idea de que él era quien ocupaba el lugar, de otras manos que me habían acariciado hace algún tiempo. Me costó un poco sacar de mi cabeza a quien aún amaba en un momento en el que no debía ni pensar en él, y cuando sentí que lo logré, le dije – Bien hagámoslo, estoy lista –
Es increíble realmente como te imaginas ese momento, y cuando llega y lo estás viviendo todo es totalmente diferente, en todo sentido de su gran palabra.
Estuve mirando su rostro mientras me besaba e intentaba penetrarme lento, y debo confesarles que duele más de lo que pueden imaginar, no sé si es porque te concentras tanto en eso, que lo haces más dramático de lo que es, o solo por el hecho de que realmente si es doloroso, estuvimos alrededor de tres horas intentándolo debido a que me dolía demasiado, yo literalmente estaba cerrada. Lo intentamos en muchas posiciones y en todo el resultado era el mismo, y de momento nos dimos cuenta de que si había penetrado poco, pero aún faltaba, fue allí cuando opte por mi última opción, tal vez no fue la mejor, pero funcionó.
Volví a su recuerdo, y su cara era la única que veía, cerré mis ojos y escuchaba en mi cabeza claramente, su voz aun diciéndome que me amaba, y en un segundo logro entrar por completo ¿Dolió? Claro que dolió, sufrí más que nunca en mi vida, pero debo admitir que cada segundo de agonía valió la pena, debido a que el placer que luego sientes, lo recompensa todo, y llega un punto en el que sientes que eres adicta a eso, a sentir placer constante, y darte cuenta de que la primera vez no es quizás el más romántico y bello momento que muchos piensan, pero luego de experimentarlo, tu cuerpo te lo agradece cada día de lo que reste de tu vida.
Realmente...
¿Se puede creer en el amor a primera vista?
No estoy segura de haberlo vivido, de lo que si estoy segura es de haberme sentido por un momento de una sola persona, es como aquella sensación donde nos sentimos conectados sin necesidad de estar cerca el uno del otro, que al comienzo fue solamente un deseo "Carnal" por decirlo de un modo, aquellas ganas escondidas de sentir cada parte de su cuerpo junto al mío, las mismas ganas de devorarlo cuando me hablaba, cuando me besaba; supongo que eso fue lo único que creamos entre los dos, deseos reprimidos de ser uno solo en cuerpo.
Ese día que nos conocimos únicamente intercambiamos palabras para involucrarnos dentro de temas educativos, algunos apuntes, ejercicios entre otras cosas, nada fuera de lo normal; pero como todo se da sin llamarlo pasó... Salió aquel tema desde el típico "¿Estás soltera?" hasta aquel "¡Somos muy parecidos!", y eso era lo peor, que éramos demasiado iguales.
Ninguno de los dos pensaba en una relación, en realidad nos aterraba el pensar llegar a algo serio, así que nos concentramos en ser solo amigos, ¡Amigos con derecho!; Nuestro primer encuentro marcó el inicio de todo lo que vendría más adelante, fue verdaderamente increíble, tanto para mí, como para él; cabe destacar que muy a pesar de sentir estos increíbles deseos por él, por su cuerpo desnudo encima del mío, a mi lado y debajo de mí, jamás había estado con un hombre, por lo que era atemorizante pensar en ser suya sin saber cuál era el significado real de la palabra sexo.
Un día simplemente me dejé llevar, viví con tanto miedo por un tiempo que oculte mi erotismo de mi misma, pero aquella tarde luego de clases fue distinto; como de costumbre se ofreció a llevarme a casa y yo acepte, y durante el camino sentía sus manos frías y grandes sobre mis piernas, acariciando lentamente cada parte de ellas, sentía como subían y con un gentil movimiento circular, acariciaba mucho más allá. Sin pensar mucho decidí actuar, baje su cierre y llena de deseo le hice el mejor oral según yo lo había contemplado, pude saborearlo, chuparlo, acariciarlo y finalmente tragar hasta su último suspiro. Seguidamente, nos acercamos a una casa vecina, mi cuerpo aún se encontraba caliente por él... recuerdo perfectamente el momento en el que me cargó hasta la habitación, nos quitamos la ropa desesperadamente y en un segundo tenía su rostro entre mis piernas, él mordía con suavidad mis muslos, las lamia y continuamente me hacía gemir de placer, y ya estando completamente mojada y excitada introdujo su dedo medio en mi vagina... ¿Dolió? Un poco, supongo que mi deseo fue tan grande que solo sentí un poco de ardor.
Continuamos con lo nuestro, para hacerlo menos doloroso yo estuve al comienzo encima de él, lubrique tanto que solo sentí un poco de presión al momento de ser penetrada, pero teniendo su miembro dentro de mí, ya solo podía pensar en no sacarlo, lo deseaba, lo quería y lo disfruté.
Esa noche al llegar a casa solo sentía ardor, quizás por el movimiento – No puedo negarlo – no fue suave y lento, lo hicimos de muchas formas, yo jamás le confesé que era virgen, solo me atreví a decirle que había pasado mucho tiempo sin estar con alguien, y seguramente me encontraba cerrada, apretada, lo cual aún dudo que me haya creído, pero de igual manera lo hicimos, así como muchas veces más.
Nos habíamos acostumbrado tanto a lo habitual que decidimos innovar lo que siempre habíamos imaginado en ese preciso momento, y los dos quedamos mucho más que complacidos.
Aquel encuentro donde no hubo necesidad de utilizar una habitación, pues cada esquina de esa casa, nos hacía una llamada de pasión, entre besos, caricias, mordidas, encendimos nuestros cuerpos a una temperatura sobrehumana, cada prenda quedó en diferentes partes de la casa, y nosotros terminamos en la cocina, conscientes de lo que estaba ocurriendo pero ansiosos por seguir, ¿Algo salvaje? También quisimos vivirlo, y descubrimos que nos aumentaba el placer, no necesitábamos más, pues luego de muchas horas logramos agotarnos.
Los días continuaban pasando y éramos como dos simples amigos, aparentando delante de las personas que solo nos conocíamos de vista y trato, y ocultando que con solo mirarnos a los ojos, nuestros cuerpos gritaban, anhelaban volver a estar juntos, ¡Sí! Ese deseo que continuaba cada vez más incrementándose, nos consumía poco a poco en un tornado de pasión.
Esperábamos cada segundo a solas, para "Matar aquellas ganas" pero sentíamos que era imposible, pues cada minuto era una eternidad, y comenzamos a hacernos notar delante de todos, pues al pasar nuestras miradas nos delataban, nuestros labios se mordían solos, se encontraban cada vez más sedientos del otro y nuestro pulso se aceleraba mientras nuestro cuerpo se calentaba.
Nuestra aula de clases fue testigo de muchos actos, los baños, los centros comerciales, aquel McDonald's de la esquina, e innumerables hoteles y posadas, y sentíamos que todo iba de maravilla, hasta que un día comenzamos a cambiar.
Nos comenzamos a alejar el uno del otro.
Mis amigas se dieron cuenta, así como sus amigos, intentábamos disimularlo, sin embargo cada vez se hacía imposible, ya no nos mirábamos de la misma forma, pues nuestros sentimientos habían cambiado, pero seguíamos negándonos a aceptar aquella realidad a la cual le temíamos. Así que apareció ella en nuestro camino, la chica con la cual decidió formar pareja. Era extraño pues había pensado siempre que él le temía al compromiso, pero estaba equivocada. Yo le temía aún más, aunque sin duda alguna, mi temor principal era perderlo a él.
Estaba ocurriendo, lo que muchas veces mi mejor amiga me advirtió – ¡Sigues con el juego, y terminarás enamorada de él! – Estaba pasando de verdad y era doloroso, increíblemente doloroso, ya no solamente lo extrañaba en deseo, sino de la manera más personal que nunca, extrañaba mirarlo, sonreírle, hablar con él, absolutamente todo, ¡Guao que si era doloroso!
De pronto luego de siete largos meses, que parecieron años, llegó el mensaje que tanto esperé... ¡Terminamos, estoy de nuevo para ti!
No obstante al leerlo, sentí tristeza, pues no lo quería de esa manera, ya era diferente, ya había cambiado todo dentro de mí, y ahora quien lo reclamaba no era mi cuerpo, sino mi corazón, mi egoísta corazón.
Pasaron muchas semanas, y nada ocurrió, sentí de nuevo deseos, pero no podía volver a caer en lo mismo, mi mejor amiga me decía a diario que debía confesar lo que sentía, que me sentiría mucho mejor luego de hacerlo, pero me daba miedo. Se supone que la primera vez en la que una mujer mantiene relaciones sexuales siente miedo, ese pequeño temor que es inexplicable, pero cierto, pues, yo sentía un miedo mayor a ese, tal vez era el pensar que lo terminaría de alejar para siempre, y me encantaba la idea de tenerlo aunque sea como amigo, como los amigos que habíamos sido desde un inicio, y al otro segundo reaccionaba y decía ¡Basta! No puede seguir pasando.
Y ganó ese deseo, volvió a ocurrir, unas veces más, pues amaba cada segundo a su lado, cada parte de su cuerpo era también parte del mío, cada mordida suya, era como un mensaje de pertenencia, yo le pertenecía, sin embargo sentía que él no me pertenecía a mí...
Juegos que comienzan perfectamente y terminan mal, siempre uno sale más lastimado que el otro, nunca deja de ser solo un hecho "Típico" y afrontar ahora que debo alejarme de él aparentando que todo sigue como en un inicio es muy rudo, no obstante el orgullo es algo tan negativo, tan fuerte, que es difícil dejarlo, y preferimos seguir mintiéndonos en un mar de profundo dolor y negación, antes que aceptar que ya no eres solo un amigo.
Seguía ocurriendo... ¡Sí! Claro que seguía sucediendo, una y otra vez repetimos lo que más nos gustaba hacer, el estar juntos como uno solo, pero en cuerpo, sin ataduras, sin ningún tipo de relación seria que nos dificultará nuestro momento de placer, y en realidad era increíble, creo que una de las cosas que más amaba de ti era el mirarte a los ojos cuando te encontrabas encima de mí, pues sentía que muy dentro había un poco de amor, un amor como el que yo sentía desde un inicio, cuando esta locura comenzó y cuando supe que no era buena idea y aun así seguí sin medir ningún tipo de consecuencia
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Recuerdo ese día como el mejor de todos, cuando recibí su llamada luego de dos semanas sin saber nada de él, justo allí cuando miré el celular y al atender me dijiste – Necesito verte – y claro que sabía que significaban esas palabras, y en cierto aspecto yo también necesitaba verlo, acariciarlo besarlo y sentirlo, pero debía ser rápido, él iba saliendo de viaje y yo necesitaba volver a la oficina.
Ese día esperaba afuera de la torre empresarial en su carro azul, salí de la oficina con la excusa de que buscaría unos documentos a firmar con urgencia, me subí y lo besé en los labios, lo miré y acaricié su rostro con ternura, él tomó mi mano y la besó, seguidamente la bajó hasta su miembro y yo seguí su juego, un oral mientras manejaba, nuestro deporte favorito, se estacionó detrás de un colegio, en una calle algo solitaria, ¡Gracias a Dios los vidrios tenía papel ahumado! El más oscuro que podía haber visto en mi vida, y me alegra pues sirvió de mucho.
Colocamos el asiento un poco hacia atrás y lo inclinamos para que él pudiera estar más cómodo, baje mi pantalón y me senté encima de él, cómo amaba estar, sintiéndolo dentro de mí, cada segundo en el que era penetrada era excitante; él apretaba con fuerzas mis muslos y seguidamente mi trasero, mientras me hacía gemir, el coche se balanceaba cada vez más y las personas en su alrededor, que eran muy pocas, lo observaban extrañadas, mientras nosotros veíamos su pasar y reíamos a carcajadas provocándonos los más placenteros gemidos, sus labios por mi cuello y sus manos grandes y perfectas apretando mis senos y aquel placentero susurro al oído que me repetía constantemente diciendo – No pares, sigue así – me harían explotar de placer.
Si, ese también fue nuestro lugar, y el favorito de todos.
Pero no bastó, – Y si lo hice acabar muchas veces dentro de mí – pero jamás era demasiado, de regreso a la oficina un oral provocó otro momento perfecto, en el cual casi chocamos, y valió la pena cada susto, pues también llegó, y mientras saboreaba y tragaba, él sonreía y me recordaba que era perfecta para él.
¡Y aun así no fui suficiente!
Al llegar de ese viaje, noté algo diferente, pero supongo que no quise darle la importancia que en realidad se merecía tener, yo solo seguí actuando en la misma posición que ya venía desempeñando como actriz secundaria de la historia, la actriz porno que él quería que siguiera siendo, su dama de compañía.
En dos meses confirmó su relación, una chica nueva y muy diferente a las anteriores, pero se supone que no debía afectarme, yo seguía sonriendo ante su mirada de deseo. Supuse que ella no le era lo realmente buena en la cama pues terminaba buscándome cada fin de semana, y creo que eso aumentaba mi ego y mi deseo por él, pues estábamos hablando de un hombre nuevamente comprometido; pero no era cualquier hombre, era el hombre del cual me había enamorado años atrás, y el cual mi cuerpo deseaba constantemente.
Nadie debía enterarse de lo nuestro, y es que era demasiado placentero como para arruinarlo, nuestra última vez fue justo ese día, nuestra graduación, a unos metros de su novia, su compañera, y mientras ella tomaba con su familia orgullosa de él, nosotros lo hacíamos en los baños públicos. La música era lo bastante fuerte como para que alguien nos escuchara así que era el volumen indicado, si fue algo incómodo pues el espacio era relativamente pequeño, sin embargo, así estuve en muchas posiciones, el Kama-Sutra se volvería diminuto al lado de las cantidades de posiciones que nosotros creamos.
Salimos del baño, primero él y a los dos minutos yo, cuando él ya se encontraba con ella en su caluroso beso, beso que aún contenía restos de mí, caminé a su lado como dos extraños que no se conocían y el corazón tan chiquito que apenas latía.
Esa noche fue devastadora ¡Rayos que sí lo fue! Lloré como nunca y terminé embriagada a tal punto de no recordar nada luego de las 3 am, desperté en casa de mi amiga de mayor confianza, y mientras todos dormían, yo tomé mis cosas y salí... pensé y pensé y lo comprendí, sería ella al final la indicada y no me equivoqué.
Luego de 7 meses sin tocarlo o sentirlo, sin contestar ninguna de sus llamadas, llegó la noticia, una propuesta, un anillo que era tan hermoso como ella, y no sé si de verdad se lo merecía, pero ahora lo tenía, y yo... yo no existía.
Ese viernes en la tarde de mayo quedará en mi memoria siempre, cuando recibí ese mensaje – Escapémonos por favor, necesito verte – casi me dejé convencer, por un deseo, por unas ganas que sentí que jamás tendrían un fin, un punto y final – Pero lo hiciste, me diste el motivo perfecto para rechazarte – cuando a los 5 minutos de hablar publicó la imagen de su prometida, la imagen que decía "Me siento orgulloso de ti" y allí comprendí todo, lo entendí y fue increíble... Respiré profundo y le contesté – Haz que ella también se sienta orgullosa de ti, eso es un no.
– Gracias por el consejo, disculpa – Mencionó.
Y no volvimos a hablar, pero hoy... hoy me encuentro aquí, frente a la computadora, escribiendo para no llorar, y recordando porque no es malo recordar, con una sonrisa en el rostro al saber que eres feliz, pues te acabas de casar, y quizás sea duradero, quizás logres ser sincero a su lado, fiel, honesto, eso espero... No obstante a todo eso, jamás me arrepentiré de haberte conocido, de haber disfrutado, de haberte sentido – Un buen recuerdo jamás se olvida – aunque un "Nosotros" no exista, y aunque al final de la historia no dejamos de ser lo que fuimos en un inicio, ni compañeros, ni conocidos, solo fuimos simplemente... Amigos.