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Mi profesor es un psicopata

Mi profesor es un psicopata

Autor: : Carolina Chibiusa
Género: Otros
Sofía era una estudiante destacada y una hija ejemplar pero su mundo se pone de cabeza cuando su profesor califica su prueba con una nota que no merecía. Ese aparentemente insignificante detalle despojara a Sofía de la inocencia de sus 18 años, le mostrará lo crudo que puede ser el mundo pero, sobre todo, lo malvadas que pueden ser algunas personas, poco a poco descubrirá lo que su profesor tiene planeado para ella sin darle ninguna opción, ¿alguien podrá salvarla de su trágico destino o tendrá que resignarse? Descúbrelo. Esta obra contiene escenas de contenido sensible como es violación, secuestro, maltrato, violencia de género entre otras. No es un relato apto para menores de 18 años. Está distribuida en capítulos cortos para facilitar la lectura.

Capítulo 1 Calificaciones

Antes de empezar quiero advertir que esta novela contendrá escenas de violencia sexual y física, violaciones, secuestro y demases. Como autora quiero aclarar que estoy en contra de todo tipo de violencia y acto sexual no consensuado, mi intención más que nada es retratar la mirada de la víctima ante estos hechos.

Espero disfruten la lectura.

Mi nombre es Sofía, tengo 18 años recién cumplidos, estoy cursando cuarto medio en el colegio monte verde, vivo con mi mamá y mi hermanito, Dani, de 11 años, mi padre murió en un accidente cuando mi mamá estaba embarazada de Dani yo era demasiado pequeña como para entender lo que significaba la muerte, le preguntaba constantemente a mi madre cuando iba a volver mi papá hasta que un día me explicó que no iba a volver, que se había ido al cielo pero ella sabía que nos cuidaba desde allá arriba.

En cuanto a mis estudios soy realmente una muy buena alumna, quiero estudiar medicina y especializarme en cirugía para salvar la mayor cantidad de vidas posibles, siempre pensé que mi padre hubiera podido recuperarse con un mejor tratamiento ya que había llegado vivo al hospital, quizás no era así pero no podía sacarme esa idea de la cabeza. Bueno, por eso me he esforzado desde el primer día para tener buenas notas y un buen puntaje en la PTU (prueba de transición universitaria) para poder conseguir una beca ya que era la única manera de poder cumplir mi sueño.

Ese día fui al colegio como siempre, la primera clase del día era matemáticas. Nunca me había gustado ese profesor, lo tuve el año pasado también, hacía bien su trabajo pero tenía una actitud extraña y conmigo aún más, me miraba de una forma que me incomodaba, como si fuera comida, como si él fuera un lobo y yo una débil oveja, era un poco espeluznante... en fin, ese día nos entregaron las pruebas que habíamos hecho la semana pasada, la primera del año, al ver la mía casi me da un infarto, tenía un cuarto, mis calificaciones nunca bajaban del 6,5. El profesor anotó las respuestas en la pizarra para que revisáramos, todas mis respuestas eran correctas ¿por qué mierda me había puesto un cuatro?, me acerqué a su escritorio.

-profe... hay un error con la corrección de mi prueba – dije con timidez.

-¿si? Déjame ver... - dijo tomando la hoja de cuaderno donde había escrito mi prueba, tanto las preguntas como las respuestas estaban escritas a mano ya que no había podido imprimir los cuestionarios – ya veo... ¿podrías pasar por mi oficina después de clases para hablar sobre tu calificación?

-eeh... si, claro – respondí aunque no entendí por qué no podía corregirla ahí mismo.

-bien, entonces vuelve a tu puesto – dijo, en cuanto me di vuelta me tocó el trasero por encima de la falda, nadie lo notó porque estaban metidos en sus asuntos viendo si había algún punto que pudieran pelear, decidí ignorarlo, no quería hacer un escandalo.

Me senté pegando la vista en la mesa, me sentía avergonzada por lo que acababa de ocurrir ¿y si alguien se había dado cuenta? ¿Pensarían mal de mi por no haberlo enfrentado? Quizás podrían pensar que me gustaba, aunque eso era imposible, el profesor era un hombre de 40 años, tenía el pelo negro con algunas canas, ojos cafés con esa mirada de mierda que daba miedo, bajo y creo que tenía por lo menos 20 kilos de sobrepeso.

Luego salimos a recreo, mi amiga Cristal se sentó a mi lado en un escalón mientras compartíamos las galletas que había traído.

-escuché que el profe Roberto te llamó a su oficina para revisar tu prueba – dijo.

-si, me puso un cuatro y tenía buenas todas las respuestas, no sé que onda – contesté.

-yo que tu me quedo con el cuatro – me dijo como si temiera que me pasara algo.

-¿cómo me voy a quedar con el cuatro? Tengo las respuestas correctas, no es justo, además me bajaría el promedio.

-un cuatro no te va a perjudicar tanto, pero ir a su oficina si podría – me dijo con seriedad.

-¿a qué te refieres? – pregunté confundida.

-¿no te has preguntado por qué todos los años desaparecen niñas de cuarto medio?

-la verdad no... además no es como que sea todos los años ¿o si?

-el año pasado cristina López fue a su oficina a finales de marzo para discutir sobre una guía, dos semanas después, desapareció, a final del primer semestre la Coni herrera fue a su oficina para discutir una nota, una semana después también desapareció, a mitad del segundo semestre la Laura Peña también fue y desapareció 3 semanas después, y no son las únicas ¿no te parece demasiada coincidencia? – dijo con voz de detective, yo me reí.

-en serio debes dejar de leer tantas novelas de misterio, Crista, te estás volviendo paranoica... - dije risueña.

-es en serio, no te rías, el 2019 también desaparecieron 4 niñas de cuarto, todas, después de ir a su oficina, el 2018 fueron 3, el 2017 5 más, el 2016 otras 4 y el 2015 dos – insistió.

-¿y tú como sabes eso? – le pregunté.

-ya sabes que me gusta investigar aquí y allá, en serio, ese tipo es raro, además he visto como te mira, solo ten cuidado ¿si? – me dijo en serio muy preocupada.

-tranquila amiga, lo tendré – le prometí.

En eso sonó el timbre y tuvimos que volver a clases. El día pasó sin mayor novedad, Cristal seguía insistiendo en que no fuera a la oficina del profe pero yo no me iba a contentar con una calificación que no correspondía así que de todas maneras fui.

Capítulo 2 El principio del fin

Saqué la prueba de mi mochila antes de entrar, él me espera de pie cerca de la puerta.

-pasa, toma asiento – dijo, en cuanto me senté el cerró la puerta con llave.

Espera... ¿por qué cierra con llave?... Me empecé a poner nerviosa... ¿podría ser que cristal tuviera razón? No... no puede ser, "cálmate Sofía, solo vamos a revisar la prueba y luego me iré a casa tranquilamente, todo esta bien" intenté tranquilizarme.

-bueno... profe... como le dije en la mañana, hay un error con la prueba... mis respuestas están correctas – dije dejando la hoja sobre el escritorio para que la viera. Él se acercó a mi por atrás y puso sus manos en mis hombros con suavidad.

-lo sé perfectamente – dijo con una voz que me dio escalofríos – pero si quieres que te ponga la nota que corresponde tendrás que hacer algo por mi.

-¿a qué se refiere? Yo estudie mucho para esa prueba, no puede bajarme la nota solo porque si – dije girando mi cabeza para mirarlo.

-tranquila – dijo acariciando mi cabello – tendrás tu 7 pero, como dije, primero tendrás que cooperar conmigo – agregó y empezó a desabrochar mi blusa.

Me congele un momento, no podía creer lo que estaba pasando ¿Quién se creía que era? ¿A que se refería con cooperar con él?.

-suélteme – dije alejando sus manos de mi, me puse de pie – no sé que pretende, pero conmigo no – agregué, el rio a carcajadas.

-todas dicen eso... "le diré a mi papi", "no me toques", "haré que te despidan"... pero la verdad es que solo eres una niña tonta... - me pescó de los brazos violentamente y me acorraló contra la pared – hay dos formas de hacer esto... o cooperas o te haré cooperar – dijo – te recomiendo que lo hagas por las buenas si no quieres perder el ramo una y otra vez... si sabes que soy el único profesor de matemáticas ¿verdad? Si repruebas tendrás que repetir el ramo conmigo año tras año.

Me congelé de miedo ¿Qué pretendía? ¿Qué quería hacerme exactamente? ¿Por qué tal nivel de amenaza?. Acercó su cara a mi y empezó a besar mi cuello, sin soltar mis brazos.

-no hagas eso, ¡suéltame! – grité, el me dio una bofetada y luego me tapó la boca.

-grita otra vez y te juro que desearás no haber nacido ¿entendiste? – amenazó, afirmé con la cabeza mientras lo miraba llena de miedo.

Al ver que ya me había amedrentado terminó de abrir mi blusa y comenzó a acariciar mis pechos con brusquedad por debajo del sostén, quería salir de ahí, correr, gritar, golpearlo o algo pero no me podía mover, tenía demasiado miedo. Cuando sus manos empezaron a explorar debajo de mi falda intenté detenerlo, empujarlo, alejarlo de mi pero no pude, sin pensarlo demasiado le di un rodillazo en las bolas que lo hizo doblarse de dolor, aproveché el segundo para correr a la puerta y abrir el seguro pero el me tomó del pelo antes de que pudiera salir.

-esto no termina aquí, zorrita y... por si lo habías pensado... si le dices a alguien sobre esto te mataré, lo digo muy en serio ¿entendiste?.

-si, sí... déjame ir por favor – respondí.

El me soltó y salí corriendo sujetando los bordes de mi blusa desabrochada para que no se abriera, me alejé del colegio sin fijarme hacia dónde iba, solo quería alejarme lo más posible de ese infeliz, corrí hasta perder el aliento entonces me detuve... ¿dónde estaba? No reconocía nada, empecé a llorar como una niña pequeña, entonces mi celular sonó en el bolsillo de mi blazer, era mi mamá.

-Sofía ¿Dónde estás? – dijo con voz preocupada.

-emm... la verdad no sé... - dije, solo entonces me di cuenta que había dejado mi mochila en la oficina del profesor – alguien me robo la mochila, me dio miedo y salí corriendo – mentí.

-¿te robaron? ¿Pero estás bien? – dijo preocupada.

-sí, mamá, estoy bien, no te preocupes – dije aunque en realidad estaba muy lejos de estar bien. No puede evitar volver a sollozar.

-¿estás llorando?

-no, solo es alergia, en serio estoy bien – dije sintiendo que me derrumbaría en cualquier momento.

-envíame tu ubicación, iré a buscarte – dijo con seriedad.

-te la envío altiro, gracias mamá, eres la mejor – dije con los ojos llenos de lágrimas.

-ahora soy la mejor... eso si es grave – bromeó – quédate ahí y envíame la ubicación.

-si mamá, gracias, nos vemos – dije.

Corté, le envié la ubicación por WhatsApp y me acurruque en una esquina a esperar, me di cuenta que mi blusa seguía abierta, me la cerré hasta el último botón, me alegré de al menos tener mi celular y mis cigarros en los bolsillos, saqué un cigarro y empecé a fumar mientras esperaba.

Después de unos minutos sentí que alguien me observaba desde la otra esquina, pero al mirar hacia allá no había nadie. Entonces un mensaje de un número desconocido entró en mi WhatsApp decía:

"la temporada de caza ha empezado y tu eres la presa, no puedes escapar" me quedé mirando el mensaje por varios minutos hasta qué lo borró.

"¿Quién eres? ¿Qué quieres?" escribí luego de eso me bloqueó sin decir nada más. Recordé lo que había dicho Cristal... después de unas semanas desaparecieron todas... ¿también me pasaría lo mismo?... Tenía que decirle a alguien pero me daba mucho miedo... él había dicho que me mataría si hablaba y era imposible saber si los mensajes eran o no de él.

15 minutos después llegó mi mamá, al verme puso su cara de "¿Qué mierda pasó aquí?" pero no dijo nada, se lo agradecí porque tampoco quería hablar de eso.

-mañana te compraré una mochila y cuadernos nuevos ¿si?... Lo importante es que no te pasó nada – dijo mi mamá.

-si, tienes razón – respondí pero en realidad si me había pasado algo... quizás otras personas creyeran que no era gran cosa, solo me acarició, no era como si me hubiera violado pero estaba segura que si no fuera por el rodillazo que le di, lo hubiera hecho... esa no era la forma en que quería perder mi virginidad...

Cuando llegamos a casa me fui directo a mi pieza. En eso me llegó otro mensaje, era del profe (lo sabía porqué tenía los teléfonos de todos los profesores en caso de emergencia) enviaba una foto de mi mochila y escribía abajo "¿quieres recuperarla?" Me dio mucha rabia, no sé si con él o conmigo "quédesela, no me importa" escribí. Luego me fumé como 4 cigarros seguidos y me quedé dormida.

Capítulo 3 Persecusión

Tuve pesadillas toda la noche con mi profesor, me desperté como 5 veces con el corazón acelerado y sudando frío. A las 6 de la mañana me puse buzo para salir a trotar, después de saludar a mi madre que siempre despertaba temprano me puse los audífonos y salí. Necesitaba despejar mi mente, las imágenes de mis pesadillas se mezclaban con las de lo que realmente sucedió.

Después de unas cuadras sentí que alguien me seguía pero cada vez que volteaba no veía a nadie, "debe ser mi imaginación" pensé empecé a correr cada vez más rápido pero esa sensación de que había alguien detrás de mi no desaparecía "te estás volviendo paranoica Sofi" entonces reconocí un auto con los vidrios polarizados, lo había visto en una esquina 4 cuadras atrás. No le di importancia "seguro solo es coincidencia" pensé pero a lo largo de todo mi trayecto aparecía y desaparecía, no cabía duda, alguien me seguía... quise volver a mi casa pero temía que si lo hacía revelaría donde vivía y eso no era bueno ni seguro, así que corrí zigzagueando por las calles hasta que me pareció perderlo, solo ahí volví a mi casa.

Le ayudé a mi mamá a servir desayuno y empecé a comer en silencio mientras pensaba... ¿debería decirle que me estaban siguiendo? ¿Debería decirle lo que hizo el profe? ¿La amenaza que me había hecho era real? ¿Me estaba volviendo paranoica?... ¿Y si le pedía a mamá que me cambiara de colegio?... No sabía que hacer...

-¿y a ti que te pasa? – dijo mi madre de pronto.

-nada... ¿por qué? – respondí forzando una sonrisa.

-¿cómo que por qué? No has dicho palabra en toda la mañana, cuando por lo general me mareas con tus historias, además apenas has tocado tu comida – respondió ella visiblemente preocupada.

-no es nada, mamá... solo estoy un poco cansada, tuve mucha tarea en la semana – mentí, para mi nunca era demasiada tarea.

-bueno... creo que sería bueno que te relajes un poco, esta bien que seas buena alumna pero tampoco te sobrecargues.

-si, lo sé, no te preocupes tengo todo controlado – dije... bueno así como "todo" no, solo lo académico y eso si encontraba la forma de que el profe Roberto no me reprobara por haber salido corriendo... me pregunté si eso quedaría ahí o si iba a seguir insistiendo, aunque una parte de mi ya sabía la respuesta... por eso tenía tanto miedo.

El fin de semana me la pasé encerrada en mi pieza, Cristal me llamó como mil veces para que saliéramos o que nos juntáramos en mi casa pero yo no quería ver a nadie, ni siquiera a ella que éramos amigas desde kinder... el domingo fuimos a comprar una mochila y cuadernos nuevos, fue la única salida que hicimos.

El lunes tenía matemáticas de nuevo, no quería ir, no quería volver a tenerlo cerca... pero si faltaba perjudicaría las otras materias, además tenía prueba de biología... era inevitable, no podía faltar.

La primera hora fue biología, la prueba era sobre el sistema digestivo, muy fácil, la terminé en media hora, la entregué y me quedé leyendo el libro que nos habían dejado en lenguaje, hasta que terminó la clase.

Al salir a recreo me senté en una esquina alejada de todos mientras tomaba una coca cola, estaba demasiado triste y asustada, no quería ver a nadie, no quería hablar con nadie y sobre todo, no quería estar ahí.

-¿y tu... cuando decidiste hacerte una ermitaña? – bromeó Cristal acercándose a mi.

-qué eres cuatica – le dije - ¿acaso no puedo querer estar sola un rato?

-claro que sí pero, me evadiste todo el finde, apenas me saludaste cuando llegamos y ahora te pones aquí como si te estuvieras escondiendo de algo, eso es mucho más de un rato – dijo, en realidad si me estaba escondiendo pero no de ella, luego me miró con seriedad – no me digas que... no me digas que el profe Roberto te hizo algo el viernes – la mire asombrada.

-yo... bueno... - balbuceé, a ella no podía mentirle, se daría cuenta, me conocía mejor que yo misma.

-si te hizo algo tienes que denunciarlo – insistió ella

-¿a quién tienen que denunciar? ¿Hay algo que deba saber? – el profe Roberto apareció por sobre el hombro de Cristal.

-no, no, a nadie – me apresuré a decir.

-¡profe! Me asustó – exclamó Cristal – no... solo estábamos hablando sobre... sobre un trabajo que tenemos que hacer sobre violencia de género, de que es importante denunciar – inventó ella, siempre me sorprendió su capacidad de crear cuartadas creíbles en los momentos más tensos.

-¿un trabajo? – insistió el mirándome de una manera escalofriante.

-sí, sí... un trabajo – coincidí.

-¿para que ramo? – insistió él.

-historia – inventé yo.

-lenguaje – dijo Cristal al mismo tiempo.

-aja... - murmuró él – bueno, que les vaya bien con su trabajo inventado – agregó y se fue.

Me quedé helada... ¿nos había escuchado? Yo no dije nada pero era obvio que Cristal sospechaba ¿y si le hacía algo por mi culpa? Sin darme cuenta empecé a temblar.

-hey... ¿estás bien? – dijo, poniéndose a mi altura, sosteniendo suavemente mis brazos con sus manos.

-sí, sí... estoy bien – mentí.

-eres una pésima mentirosa ¿sabías?, estás pálida y tiemblas... en cualquier parte eso no es estar bien... vamos a enfermería – dijo, me ayudó a ponerme de pie pero, apenas nos paramos sonó el timbre.

-vamos a clases, estoy bien, lo prometo – insistí.

-bueno... - dijo ella dándose por vencida.

Teníamos historia, estábamos viendo la industrialización de los procesos económicos... nada muy motivante... tomé apuntes distraídamente, tenía mucho miedo y ganas de llorar, no era de esas personas que llorara fácilmente pero la situación me superaba... realmente no sabía cuanto más podría soportar.

Apenas tocaron el timbre corrí al baño, me encerré en un cubículo y solté todas las lágrimas que hace horas querían salir. La próxima clase era matemáticas, no quería ir... podría quedarme escondida ahí... nadie lo notaría ¿verdad?... No, espera... el profe había escuchado a Cristal interrogarme sobre él... ¿y si le hacía algo creyendo que le había dicho lo que pasó, mientras yo me escondía ahí?... Tenía que ser valiente... tenía que enfrentarlo de alguna manera... no podía huir por siempre... bueno solo había huido unos días pero, de todas formas, no podría arriesgar a Cristal. Lloré los 15 minutos que duraba el recreo, cuando oí la campana me lavé la cara y entré a la sala como si nada hubiera pasado, mi amiga me miró con preocupación, yo solo le sonreí.

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