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Mi romance con un CEO impasible

Mi romance con un CEO impasible

Autor: : Wolfy Trickler
Género: Moderno
Para vengarse de su traicionero prometido, Yvonne atrajo a Clayton a una relación que tendría ventajas para ambos. Sin embargo, cuando Yvonne vio a una mujer parecida a ella al lado de Clayton, reconoció que no era más que una sustituta. Al enterarse de la próxima boda de Clayton, se marchó con una generosa indemnización. "Clayton, este es realmente el final", declaró ella con decisión. Inesperadamente, el mismo día en que Yvonne iba a casarse con otra persona, Clayton apareció, con la desesperación reflejada en sus ojos, y se puso de rodillas: "Yvonne, por favor, no lo hagas. No te cases con él".

Capítulo 1 Ya lo decidí

En una habitación de hotel poco iluminada, la luz del crepúsculo se filtraba a través de los amplios ventanales franceses, proyectando un suave resplandor sobre Yvonne Lawson. En el cuarto, aparte del silencio, lo único que se escuchaba era una respiración pesada y ansiosa.

Yvonne rodeó con sus brazos el cuello de Clayton Gibson y sus dientes atraparon su labio inferior, dándole un mordisco juguetón, mientras su mano vagaba audazmente por su cuerpo, tirando finalmente del cinto de su bata.

"Finalmente serás mío", murmuró ella, curvando sus labios en una sonrisa burlona y quitando la última barrera entre ellos.

Al segundo siguiente, Clayton la presionó contra el cristal, mientras su aliento cálido rozaba su piel y su voz sonaba áspera por el deseo apenas contenido.

"Espero que hayas pensado en las consecuencias", murmuró, apoyando una mano contra la ventana y con la otra levantando la pierna de la chica. "Una vez que acabemos con esto, no habrá vuelta atrás para ti y Louis".

"Sí, soy consciente de ello", respondió la joven, con la mirada fija en su musculoso abdomen y sus brazos rodeando su cintura, acercándolo más a ella. "Ya lo decidí y estoy lista para lo que tenga que venir después".

Cuando descubrió que su novio, Louis Gibson, tenía una aventura con nada menos que su hermana, ella sintió como si le hubieran dado una patada en el estómago. Hubiera podido irse a su habitación, ahogarse en alcohol y tirarse a llorar sobre la almohada, pero en lugar de eso, decidió darles una cucharada de su propia medicina.

Clayton, un hombre soltero, de un metro ochenta y ocho centímetros de estatura, de veintiocho años e innegablemente atractivo, fue el elegido para cumplir su objetivo. Su fuerza física era evidente, pero lo más importante era su posición social.

¿Por qué no se acostaría con él y le pagaba con la misma moneda a Louis? Ojo por ojo, diente por diente. Era lo justo, ¿no?

De pronto, la mirada de Clayton, la cual tenía un rastro de ironía, se cruzó con la de ella.

"¿Por qué no dejamos de fingir? Me estás usando para vengarte de Louis, ¿cierto?", preguntó en tono burlón. "¿Y luego? ¿Vas a aprovechar cualquier oportunidad que tengas para vengarte? ¿Por quién me tomas?".

Yvonne, quien había estado a punto de ser la esposa de Louis, ahora estaba frente al tío de éste último, con un plan de venganza para enterrar el amor que alguna vez habían compartido. Si Louis hubiera permanecido fiel, su boda habría tenido lugar dentro de sólo un mes, pero había decidido tirarlo todo por la borda.

Acariciando el pecho del hombre con sus uñas perfectamente arregladas, ella descendió hasta su abdomen y rodeó su firme miembro con las manos.

"No puedes ocultar tus emociones, ¿verdad?", susurró sensualmente, provocándolo con los movimientos de su mano. "Esto que está pasando es porque ambos nos deseamos y lo sabes. Si realmente no quisieras hacerlo, no estarías aquí conmigo".

Luego de besar su pecho, la joven recorrió suavemente sus músculos con la lengua: "Si te arrepientes, entonces detenme. Muchos hombres me desean, así que cualquiera de ellos ocuparía tu lugar con gusto".

Aunque Clayton no era su única opción, su motivo para tentarlo era sencillo; podía ser su mejor arma.

Respecto a él, era obvio que no había acudido a ella con la intención de simplemente conversar. ¡Era casi seguro que no se retractaría de ayudarla con un plan de venganza como ese!

Abrumado por el deseo, Clayton la acercó y la estrechó entre sus brazos mientras su respiración se aceleraba. Entonces acercó el rostro hacia el suyo y la besó apasionadamente, haciendo que su lápiz labial se corriera por su piel.

Con una sonrisa perversa y una mirada intensa, murmuró: "¿Quién hubiera pensado que Yvonne Lawson, la hija de la prestigiosa familia Lawson, sería tan atrevida una vez que se quita la ropa?".

A decir verdad, ella poseía una audacia que lo hacía cuestionar su cordura.

La primera vez que se vieron fue en una reunión familiar meticulosamente organizada, donde Yvonne parecía tan recatada y sumisa que los mayores la veían como un ejemplo a seguir.

¿Quién diría que alguien tan tranquila no lloraría ni armaría un escándalo al descubrir la infidelidad de su novio? De hecho, en lugar de eso, ella decidió marcharse en silencio y más tarde, la noche de la fiesta de compromiso de su hermana con Louis, invitó a Clayton a un hotel.

Una vez ahí, la joven le aflojó la corbata, le quitó la camisa y se entregó a la pasión, teniendo como telón de fondo los amplios ventanales.

Agarrando con firmeza su esbelta cintura, Clayton dijo en voz baja y escrutadora: "Sé sincera, ¿esto es sólo para fastidiar a Louis o hay otro motivo?".

"Yo...", Yvonne acababa de abrir la boca para responder cuando él apretó su agarre.

Entonces posó sus ojos en los suyos y advirtió: "Piensa muy bien en lo que vas a decir".

Capítulo 2 ¿Realmente importan mis motivos

Incapaz de resistirse al deseo que la consumía, Yvonne se aferró a Clayton con fuerza. Con las piernas alrededor de su cintura, ella se incorporó y lo besó fervientemente.

"¿Realmente te importan mis motivos? Lo que verdaderamente deberías tener en cuenta es que me fascinas", murmuró, con una suave sonrisa en sus labios.

Aferrándose a su cuello, ella se acercó a su oído y agregó: "Ahórrate las preguntas y disfrutemos del momento...".

En respuesta, Clayton la miró con intensidad, la levantó sin esfuerzo y caminó hacia la cama con urgencia. Y así, mientras el salón de banquetes se llenaba de risas y música alegre, los audaces gemidos de la pareja inundaron cada rincón de la habitación.

Más tarde, Clayton tomó en sus brazos a Yvonne y la llevó al baño. Después de darse una ducha, ella regresó a la habitación y lo encontró de pie junto a la ventana. Con un traje impecablemente entallado, las gafas de montura dorada sobre su nariz y los gemelos abrochados en los puños de su camisa, él era la viva imagen del refinamiento.

En ese momento, la ardiente pasión que habían compartido sólo era un débil eco entre las cuatro paredes del cuarto.

La joven miró a Clayton y se puso a pensar en lo que acababa de suceder. Era difícil creer que el sofisticado hombre que tenía frente a ella hubiera cometido actos tan indecentes.

¿Quién habría pensado que alguien como él, de apariencia tan elegante y modales exquisitos, se había enredado con la ex de su sobrino?

Esbozando una sonrisa irónica, Clayton comentó: "Eso tomó menos tiempo del esperado".

Luego de echar un vistazo a su reloj, él se acercó y le dijo al oído: "Perdóname, me dejé llevar y te rompí el vestido. Primero bajaré yo y le pediré a alguien que te traiga un atuendo nuevo. Asegúrate de cubrirte bien. No querremos que alguien vea las marcas de nuestro encuentro".

Entonces, se detuvo al ver los ligeros chupetones que adornaban la clavícula de Yvonne y su respiración se aceleró por un momento.

Envuelta en una bata de baño, ella se reclinó en la cama y respondió con indiferencia: "La verdad es que no tengo ganas de asistir a la fiesta de compromiso".

Se suponía que ese iba a ser su día especial con Louis, pero su hermanastra, Malinda Lawson, se había metido en su relación para arrebatárselo. ¿Cómo iba a presentarse como invitada a la que habría sido su propia fiesta de compromiso?

Mirándola, Clayton preguntó en un murmullo persuasivo: "¿Qué pasó con esa osadía que mostraste hace un rato? ¿No se suponía que todo esto era para fastidiar a Louis?".

Entonces, se sentó junto a la cama, apoyó las manos a ambos lados de la joven y agregó en tono burlón: "Después de todo el esfuerzo que hiciste, ¿no quieres saber si todavía tienes algún lugar en su corazón? Te veo allá abajo en treinta minutos. Si no estás allí, nuestro trato se cancela".

Con eso, él marchó sin decir una palabra más, dejando a Yvonne sola en la habitación, mientras esta tenía la mirada perdida en el vacío y reflexionaba sus acciones, comenzó a tener dudas sobre su trato con Clayton. ¿Realmente era prudente aliarse con un hombre tan peligroso?

Sin embargo, a medida que sus opciones se reducían, se encontró incapaz de seguir sopesando los riesgos. Después de todo, Clayton era su última y única esperanza, y sólo aferrándose a él podría liberarse de sus problemas y recuperar lo que era legítimamente suyo y de su madre.

En ese momento, un golpe en la puerta la devolvió a la realidad mientras se secaba el cabello con una toalla.

"¿Tan rápido?", murmuró Yvonne.

Con el cabello alborotado, sin una pizca de maquillaje y con el dolor persistente por la intensidad de su encuentro sexual, ella no estaba en condiciones de recibir invitados.

Esperaba ver al asistente de Clayton, pero cuando abrió la puerta y se encontró a Malinda, la protagonista de la fiesta de compromiso de esa noche, no pudo evitar sorprenderse.

A mitad de su sesión de maquillaje, ésta última, siempre voluntariosa y complaciente, se dio cuenta de que había recibido un mensaje. Acababan de avisarle que habían visto a Yvonne acompañando a Louis a una suite apartada, donde permanecieron varias horas.

Sintiendo que su sangre hervía de ira, Malinda subió furiosa las escaleras e irrumpió en la habitación, donde encontró a Yvonne, despeinada y con la apariencia de alguien que acaba de tener sexo.

Con una expresión llena de rabia, la primera rugió: "¿Dónde está Louis? ¿Dónde lo escondiste?".

Arqueando una ceja, Yvonne le devolvió la mirada y replicó: "¿Y por qué debería saber su paradero? Al fin y al cabo, ¿no me lo habías arrebatado tú misma? Si no sabes dónde está, ¿por qué vienes a buscarme a mí?".

Yvonne y Louis habían estado comprometidos desde la infancia debido a un acuerdo familiar. Sin embargo, Malinda, hija de una amante, irrumpió en la vida de Louis, viéndolo a escondidas durante meses.

Con él desaparecido y su fiesta de compromiso a punto de tener lugar, ella se sintió tan ansiosa que tuvo el descaro de buscar a Yvonne.

Sin embargo, la respuesta de ésta fue una risa desdeñosa. ¡A pesar de su posición dentro de su familia, ella jamás se rebajaría a estar con alguien con quien Malinda ya se había acostado!

Capítulo 3 Unas bestias en la cama

Clavando sus ojos en Yvonne con una intensidad feroz, Malinda gruñó: "Te lo preguntaré una vez más. ¿Estuviste con mi prometido? ¿Te atreviste a seducirlo, zorra?".

"Eso no es asunto tuyo", respondió la otra, en un tono desafiante y con los ojos llenos de desdén.

Incapaz de seguir conteniendo su ira, Malinda se abalanzó hacia ella y la abofeteó con fuerza: "¡No eres más que una golfa! ¿Crees que tú, una mujer que sólo sirve para complacer a los hombres, se merece estar con Louis? ¡Su corazón me pertenece a mí, no a alguien con una identidad como la tuya!".

Luego del golpe, Yvonne se frotó su adolorida mejilla, donde quedó el contorno del anillo de Malinda.

Entonces, una risa aguda y desdeñosa escapó de sus labios mientras respondía: "¿De verdad eres tan ingenua? ¿Acaso no ves el tipo de persona que son tú y tu madre?".

"¿Acaso insinúas que mi madre es una rompehogares?".

Con una mirada satisfecha que con una mezcla dedesafío y un toque de amenaza, Yvonne pronunció lentamente: "Parece que eres consciente de ello".

Temblando de rabia, Melinda estalló: "¡Estás tentando a la suerte!".

Y así, ella levantó sus puños y se preparó para atacar a la otra.

Sin embargo, Yvonne tomó rápidamente una botella de jabón, le quitó la tapa y le echó el contenido encima.

"¡Ay no! ¡Mi maquillaje!", Malinda chilló histérica.

Sus amigas, quienes habían estado junto a la puerta, observando con evidente deleite cómo se desarrollaba la escena, se apresuraron a ayudarla.

"¡Amiga! ¿Estás bien?".

"¡Ahora sí te pasaste! ¿No ves que le costó horas terminar su maquillaje y lo acabas de arruinar?".

"Es cierto que Malinda te quitó a Louis, pero también es verdad que el corazón manda. Ellos están enamorados. ¿Por qué no puedes seguir adelante y continuar con tu vida?".

Ignorando sus absurdos reproches, Yvonne se limpió la sangre de la cara y aplicó un poco de corrector en la herida. A pesar de la alta calidad del maquillaje, el líquido le provocó un poco de ardor, haciéndola estremecerse.

"Yo te recomendaría que fueras a tu habitación y te arreglaras el maquillaje antes de que comience tu fiesta de compromiso. Esta noche es crítica para la unión de las familias Lawson y Gibson, además de que habrá bastantes invitados importantes. Si te presentas así, los titulares de mañana hablarán pestes de tu unión con Louis y sólo se centrarán en el caos que te rodea".

Mientras la retenían, todas las amigas de Malinda empezaron a aconsejarla con urgencia: "Este es tu día especial con Louis, ¡no desperdicies tu energía en personas que no valen la pena! ¡Ya nos ocuparemos de esa mujer que se atrevió a fastidiarte más tarde!".

"Concéntrate en lo que realmente importa, amiga mía. Mantén la calma y todo estará bien".

Con la mirada fija en Yvonne, Malinda apretó la mandíbula y susurró: "Ya verás lo que te esperará".

Con eso, dio un pisotón en señal de frustración y se alejó, seguida de cerca por su séquito de amigas.

Cuando llegó a la puerta, Yvonne llenó sus pulmones de aire y gritó: "¡Y una cosa más! No te culpo por seducir a Louis".

Al oír eso, Malinda se detuvo, se dio la vuelta y sonrió: "¿Cómo es que no me culpas? ¿Qué estás tratando de decir?".

La otra, reprimiendo un bostezo y visiblemente cansada, respondió: "Exactamente lo que escuchaste. No es ningún secreto que los hombres de la familia Gibson son unas bestias en la cama. Simplemente estás siguiendo los pasos de tu madre y usando lo que tienes para mantener a Louis a tu lado, pero no te preocupes, te entiendo".

"¡Basta! ¡Cierra la maldita boca!".

Pero antes de que Malinda pudiera decir algo más, Yvonne cerró de golpe la puerta de la habitación, cuyo sonido resonó por el pasillo.

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