Ahora que Luke había terminado la preparatoria, todo el mundo se preguntaba qué iba a hacer. ¿Iba a estudiar una carrera? ¿Se iba a unir al ejército? ¿Iba a ser un oficial de policía? Mayúscula fue la sorpresa de sus padres cuando les dijo que iba a tomarse un año sabático para descansar de tantos años de estudio forzado.
Si no hubiese sido por la lesión en su rodilla quizás hubiese tenido un futuro prometedor como jugador de fútbol americano. Sus raíces nativas le habían otorgado una contextura fuerte y maciza; y ahora que ya estaba en sus diecinueve años, su cuerpo empezaba a tomar una forma más definida. Había sido el mejor corredor de su equipo en la preparatoria; pero desgraciadamente un bloqueo ilegal por parte de la defensa del equipo rival fue suficiente para enviarlo una temporada a la banca, y para sepultar en el cementerio de Salem los sueños de convertirse en un jugador profesional de la NFL.
No había mucho para hacer en Salem en otra época que no fuese Halloween. Sólo en esas instancias parecía que el pueblo revivía, todos se disfrazaban, compraban golosinas, adornos y todo tipo de artilugios de bromas. Los niños y adultos salían a las calles en el clásico "dulce o truco" y los adolescentes aprovechaban para hacer travesuras de todo tipo. Pero durante el resto del año, Salem parecía suspendido en el aire, dormitando el sueño de un vampiro, esperando al primer día de agosto, donde las tiendas llenaban sus stocks de calabazas, murciélagos y calaveras, para tener su cenit en la Noche de Brujas, y volver a dormir hasta el año siguiente, al mejor estilo de Halloween Town en El Extraño Mundo de Jack.
Sin embargo, la ciudad siempre estaba llena de turistas que, curiosos por la historia de la ciudad, visitaban el lugar y la recorrían, asombrados de los datos que encontraban. Aunque, en esos días de calor, casi todos estaban disfrutando de las vacaciones de verano; esperando con ansias la noche del 4 de Julio para poder celebrar el orgullo estadounidense como debía ser: emborrachándose y explotando una parte del país con fuegos artificiales.
Luke salió de su trabajo de medio tiempo, soltando su largo cabello oscuro que, por normas de la cafetería, debía permanecer atado para atender a los clientes. Cerró la puerta de El Gato Negro y empezó a caminar por las calles de Salem mientras oscurecía, en camino hacia la parada del bus para ir a la casa de su mejor amigo. Mientras lo hacía se puso sus audífonos inalámbricos y reprodujo en su teléfono a una de sus bandas de rock favoritas. Así al ritmo de Pantera llegó hasta la casa de Alkali y llamó al timbre. Luego de unos minutos, un muchacho alto de color le abrió la puerta.
-¿Qué onda, hermano? -le dijo mientras se saludaban con choque de manos y puños.
-¿Ya llegaron? Espero no haber llegado tarde -le preguntó Luke a su mejor amigo mientras pasaba a la casa de su amigo. Menuda diferencia entre el "ellos" y "nosotros". Mientras que la familia de Luke vivía en las zonas donde se debía tener alambrados o rejas en las ventanas por seguridad, allí, en los suburbios, todos dejaban las cosas afuera, las puertas abiertas y las ventanas sin protección. Un muchacho de color viviendo en un barrio de blancos...
-No, aún no. Sólo estoy con Kevin. Aún no ha llegado el resto -le contestó Alkali, cerrando la puerta detrás de Luke-. Hay cervezas en el refrigerador por si quieres una.
-No me vendría nada mal luego de toda la tarde atendiendo a gente idiota -aceptó el muchacho.
Con su largo cabello ondeando mientras caminaba, entró a la cocina como si fuese la suya y abrió el refrigerador para sacar de su interior una botella de cerveza. La destapó con su llavero y se reunió con los muchachos en el jardín trasero. Allí estaba Alkali, sentado en una de las sillas del jardín, junto con Kevin, bebiendo cerveza y pasándose, entre pitada y pitada, un porro. El penetrante olor le cerró la garganta y lo obligó a toser.
-Yo también tosía las primeras veces, luego uno se acostumbra -se le burló Kevin, con los ojos tan rojos que parecía que había estado llorando, haciendo un contraste con el celeste de sus iris. El pelo rubio del muchacho permanecía corto por la escuela de policía, pero lo que sí había crecido era su masa muscular.
-Prefiero mil veces mi vapeador que esa mierda -le respondió Luke, tomando asiento donde el viento se lleve el olor de la marihuana.
-¿No deberías ir preparando el fuego? -le preguntó Kevin a Alkali, viendo como éste daba una última pitada al porro para luego apagar el resto.
-En un rato. Todavía no llegan los muchachos, primero quiero mostrarles una cosa -respondió Alkali. Levantándose momentáneamente del asiento para sacar su billetera y extraer de ella una tarjeta de color negro-. ¿Qué les parece? Mi primera black card. Con fondos ilimitados. Regalo de mi papá por mis dieciocho años.
-Felicidades... -masculló Luke, observando ese plástico con toda la envidia posible.
-Y miren cuál fue mi primera compra. -Alkali se puso de pie y regresó a la casa. Les indicó con la mirada que lo siguieran, y eso hicieron. Los tres muchachos regresaron al interior de la casa, siendo guiados por su amigo, que subió las escaleras hacia el piso superior e ingresó a su habitación. Dentro estaban los múltiples posters de la NFL y la NBA que le gustaban a Alkali, algunos de los trofeos que había ganado como mariscal de campo en el equipo de la preparatoria, su enorme televisor, su consola de videojuegos y su computadora.
Alkali tomó asiento en el sillón y movió el ratón. La pantalla se iluminó, colocó la contraseña y abrió el navegador de internet. Mientras tecleaba la página que estaba buscando, el historial completó la dirección.
Una página se abrió en la pantalla. En ella había muchas fotos, todas de diferentes edades, colores, tamaños, formas y nacionalidades, pero todas estaban muy ligeras de ropa. Luke parpadeó al ver eso.
-¿Qué es esto? -preguntó Luke, observando a detalle la página.
-Esto, mi hermano, es una página de chicas webcam -respondió Alkali, mientras movía el ratón hacia una de ellas-. Estas perritas te muestran y hacen lo que tú quieras con sólo invertir unos cuantos dólares.
-¿Y puedes quedar con ellas? -preguntó Kevin, muy impresionado por lo sugerente de las poses e imágenes.
-Yo he quedado con varias, aunque la gran mayoría son latinas o europeas. Hay algunas que viven en Nueva York, Miami o Los Ángeles -respondió Alkali.
-O sea, que no son de aquí... -resumió Luke, sorbiendo un poco de cerveza-. Para ti es fácil porque tienes cómo ir hasta allá, pero para nosotros no.
-Lo que gastan en una cita pueden invertirlo en diez minutos con estas bellezas, y van a ver mucho más, se los aseguro.
-Pero es todo virtual...
-Miren. Se los voy a demostrar -aseguró Alkali mientras hacía clic en una de las imágenes. Automáticamente se abrió un video, aparentemente esa muchacha estaba en vivo, llevaba muy poca ropa encima y tenía una actitud sexy y provocadora.
-Vamos a saludarla. -Alkali tecleó rápidamente y envió el mensaje.
-Hola, DickMaster -lo saludó la muchacha, corriéndose el cabello para mostrar un muy sugerente escote-. ¿Cómo estás, mi amor?
-Al parecer es latina -dijo Kevin, escuchando el fuerte acento que tenía al hablar-. Me sorprende que sepa hablar inglés.
-Miren ahora -anunció Alkali. Hizo clic en «show privado» y aguardó unos segundos hasta que TiniLove acepte la invitación; mientras tanto Alkali tomó el micrófono y lo acercó un poco más hacia él, subió el volumen de los altavoces y espero. TiniLove aceptó la invitación y la provocadora imagen de la muchacha se reprodujo en la pantalla del joven.
-Hola, mi amor. ¿Cómo estás? -le preguntó la muchacha, moviéndose sugerentemente.
-Hola, hermosa. ¿Me muestras tus pechos? -le preguntó Alkali mientras Luke y Kevin miraban eso espectáculo totalmente embobados.
-Por supuesto -le dijo la chica. Se quitó el sostén y le enseñó a su cliente las tetas más grandes que los muchachos hayan visto-. ¿Quieres que me toque para ti?
-Sí, por favor. Muéstrame todo lo que tienes -pidió Alkali.
TiniLove primero les enseñó como se bajaba la tanga que estaba usando para luego recostarse con las piernas abiertas, sin dejar nada a la imaginación, enseñándoles a los muchachos como se acariciaba suavemente con una mano mientras que con la otra masajeaba uno de sus senos.
-¿Así, amor? ¿Te gusta? -le preguntó la joven.
-Absolutamente divino -rio Alkali, observando como esa muchacha hacía lo que decía sin rechistar-. ¿Tienes un dildo? Quiero que te lo metas en el trasero.
Nuevamente, TiniLove hizo lo que se le pedía: tomó uno de los juguetes que, al parecer, eran sus herramientas de trabajo y empezó a introducírselo, lentamente. Comenzó a saltar sobre el artilugio mientras gemía y gritaba el nombre del usuario que la había contratado.
-Hermoso. Absolutamente delicioso -le dijo Alkali, aguantando la risa-. Muchas gracias, hermosa.
-Vuelve pronto -le dijo TiniLove, y Alkali canceló el show.
-Ahora miren lo que gasté en sólo tres minutos -dijo el muchacho mientras enseñaba el conteo de tokens-. En sólo tres minutos le vi hasta el alma y sólo gasté quince dólares. ¿Cuándo vamos a poder hacer eso con las chicas de por aquí?
Alkali se percató de que había algo en los pantalones de Luke que se movía y empezó a reírse.
-Creo que el show fue bastante para hacerte reaccionar, ¿no? -se burló el muchacho.
Luke se sonrojó e intentó ocultar su erección.
-Mira. Como sé qué hace mucho no tienes nada con nadie, y porque no quiero que andes con eso parado el resto de la noche, voy a dejar que uses mi cuenta para que te la jales con la modelo que quieras. Sólo por esta vez -le dijo Alkali mientras se levantaba del sillón para obligar a Luke a sentarse en él-. Siéntete libre de usar el tiempo que quieras. Eso no es problema.
-¿Luego sigo yo? -preguntó Kevin, mientras Alkali lo tomaba del hombro y se lo llevaba.
-¿Tu la tienes parada? -le preguntó.
-No...
-Entonces, no.
-¡No es justo!
-Hay pañuelos descartables en el primer cajón y lubricante. Disfrútalo -carcajeó Alkali, y arrastrando a Kevin con él, dejó sólo a Luke en su habitación.
Cuando la puerta se cerró, Luke observó a la pantalla. Había tanto para elegir... Y todas eran tan diferentes entre sí que no sabía por dónde empezar. Moviendo el ratón activó los filtros de búsqueda. Quizás sería mejor alguien de Estados Unidos, para superar la barrera idiomática... Las modelos disponibles eran notoriamente menos que las latinas, pero todas eran casi iguales... Poca ropa y poses provocativas. Pero había una que destacaba... Una mujer pelirroja que usaba una máscara que le cubría la mitad de la cara. Observó el nombre de la modelo: RedWitch.
Hizo clic en la imagen y la reproducción del video inició. Se notaba que era una mujer madura... Quizás unos treinta... Treinta y cinco años... La edad fue confirmada por el número que aparecía debajo de su sobrenombre, pero no importaba la edad que tenía, sus curvas eran muy bonitas. Pronunciadas y carnosas. Estaba usando una camisa blanca, algo transparente, que dejaba a la imaginación el resto. Cuando Luke inició sesión, lo saludó.
-Hola, DickMaster. Creo que es la primera vez que te veo por aquí -le dijo amablemente. Luke tecleó una respuesta, invitándola a un privado-. Claro, cuando quieras. Yo estoy lista.
El muchacho primero se bajó los pantalones y la ropa interior, sacó del cajón la caja de pañuelos descartables y el lubricante e inició la solicitud del show privado. Casi instantáneamente, RedWitch apareció del otro lado.
-Hola, querido. Bienvenido y gracias -ronroneó.
-Muéstrame las tetas -le ordenó Luke. RedWitch suspiró mientras se desabotonaba la camisa.
-No estaría de más que seas amable, querido -sugirió, pero hizo lo que se le pedía. Un exuberante par de tetas aparecieron frente a él, por la forma que tenían se notaban que eran naturales, y no silicona como en el caso de TiniLove.
-Lo siento, es que... estoy bastante prendido -se excusó-. Prometo ser más amable. Eres muy hermosa...
-Gracias, cielo -le dijo la modelo mientras se acariciaba y tocaba para él.
-¿Tienes un dildo a mano? -le preguntó.
-Claro que sí. ¿Qué quieres que haga con él?
-Quiero que te lo metas... mientras me muestras todo ese rico trasero -le pidió Luke, y agregó: - Por favor.
-Seguro que sí, cielito -ronroneó.
RedWitch tomó el dildo, se posicionó dándole la espalda, enseñándole cómo el juguete entraba en ella. Luke se acomodó en el asiento de tal manera que parecía que la mujer estuviese sobre él. Tenía todo su trasero a la vista, pero parte de su largo cabello rojizo lo cubría, así que RedWitch lo corrió para enseñar su espalda y dejar al descubierto sus muy exuberantes nalgas, redondas como una manzana blanca. Luke movía su mano al ritmo de los sentones de RedWitch, mientras gemía y resoplaba, y la modelo continuaba con su trabajo, dando su mejor esfuerzo.
Cuando toda la tensión de Luke fue finalmente liberada, RedWitch dejó salir un gemido junto con él.
-Gracias, eso fue... Muy rico... -susurró Luke, bastante mareado.
-De nada, cielo -susurró la modelo-. Vuelve cuando quieras. Te estaré esperando.
-Seguro. Gracias de nuevo. -Luke se despidió y canceló el show. Estaba bastante mareado pues todo había sido muy intenso, mientras tanto RedWitch volvía a aparecer en escena, como si nada hubiera pasado.
Se limpió, cerró la pantalla del navegador y bajó con sus amigos.
Las burlas de sus amigos duraron toda la noche, cosa que hizo enojar a Luke. Recordando las cosas que sus camaradas le habían dicho, el muchacho estaba cortando el césped de su casa, mientras sus padres estaban en el trabajo y sus hermanos menores jugaban en el jardín trasero. Hacía un calor insoportable y el Sol pegaba con fuerza.
-¡Ya te dije que no sé a qué hora vuelvo! -dijo la voz de Arthur, su vecino de al lado-. ¡Sabes que mis horarios son muy inestables, Sophie!
-Me parece inaudito que trabajando en el mismo lugar desde hace años tengas horarios tan inestables, Arthur. -Sophie siguió a su esposo, mientras ambos salían de la casa.
-Pues los tengo. Así es la vida de alguien que trabaja en un casino. Pero qué vas a saber tú sobre lo que es trabajar. Nunca lo hiciste. -Arthur subió a su coche y se fue sin despedirse de su esposa. Sophie se quedó mirando como su esposo se iba en el auto, de brazos cruzados y claramente ofendida por lo que su marido le había dicho.
-Buenos días, señora Prince -le dijo Luke, deteniendo la cortadora de césped. Sophie se giró para verlo y le sonrió. El cabello castaño de la mujer, apenas pasando la altura de los hombros, se movió, haciendo que sus ondas se muevan con el movimiento, y los ojos celestes de la mujer brillaban con la luz del Sol.
-Hola, Luke. Buenos días -dijo respondiendo el saludo-. Seguramente escuchaste lo que mi querido Arthur dijo. Lamento que hayas sido testigo del espectáculo.
-No pasa nada, señora. Son... cosas que pasan. Mis padres también discuten -aseguró Luke. Sophie suspiró, observando la enorme bolsa de basura que había quedado tirada, literalmente, al lado de la puerta de la cerca de la casa.
-Le dije a Arthur que saque la basura... Sabe que no puedo hacer fuerzas por mis muñecas... No sé para qué se la dejo al lado de la puerta si pasa de ella.
Tomó la enorme bolsa y empezó a arrastrarla hacia el contenedor de basura. Pero Luke se ofreció ayudarla.
-Permítame, señora Prince. Yo lo hago por usted -dijo el muchacho.
-Gracias, querido. Eres un encanto -agradeció la mujer. Mientras Luke tomaba la bolsa y la llevaba al contenedor, la señora Prince se ató su cabello en una colita, suspirando por el agobiante calor que hacía-. Déjame darte algo de dinero.
-No, señora. No es una molestia. Es un acto de caballerosidad.
-Pero... Aunque sea diez dólares. Para que lleves a una chica a tomar algo...
-En serio, no hace falta -aseguró el muchacho.
Sophie lo miró con una sonrisa.
-Bueno... En ese caso, más tarde te llevaré una tarta de frutillas, para que compartas con tus hermanos. Y no podrás decir que no porque sé que es tu favorita -rio la señora Prince.
-Eso sí lo acepto -dijo Luke.
-Nos vemos más tarde, cielo. Cuídate -dijo la señora Prince y se retiró, pero algo llamó la atención de Luke. Era una luna con flores que tenía tatuada en su espalda. El mismo tatuaje que había visto en la modelo de anoche.
¿RedWitch era la señora Prince?
Luke continuó cortando el césped, pero su mente estaba llena de preguntas. ¿Realmente era posible que la aparentemente respetable señora Prince fuera la misma RedWitch que había conocido en línea la noche anterior? La idea parecía completamente fuera de lugar, pero no podía evitar pensar en ello.
El joven no podía dejar de ver cómo la señora Prince se encargaba de su jardín. Sin duda era el exactamente el mismo tatuaje: una Luna Creciente con flores, y por lo que estaba viendo de la forma de sus curvas, especialmente sus nalgas, todo parecía indicar que sí, RedWitch era la señora Sophie Prince.
Después de terminar de cortar el césped, Luke se dirigió al interior de su casa, donde sus hermanos menores jugaban alegremente en la sala de estar. Debía de empezar a preparar el almuerzo para todos, y cerciorarse de que la cena esté lista antes de irse al trabajo, pero primero tenía algo que revisar. Luke subió a su habitación y encendió su computadora, decidido a investigar más a fondo.
Después de una rápida búsqueda en línea, descubrió que RedWitch era una modelo de cámara web bastante popular en ciertos círculos. Había participado en numerosos shows privados y tenía una gran cantidad de seguidores en sus redes sociales. La mayoría de la información que encontró coincidía con la apariencia física de la señora Prince, a excepción de su cabello pelirrojo. Pero ambas, tanto RedWitch como la señora Prince parecían tener en común la edad: aproximadamente treinta y cinco años.
Luke no podía creer lo que estaba descubriendo. ¿Cómo era posible que la respetable esposa de su vecino llevara una doble vida como modelo de cámara web? ¿Qué secreto ocultaba bajo su apariencia de ama de casa? Sentía una extraña mezcla de asombro, confusión y excitación por haber hecho esa conexión.
-¿Qué secretos guarda, señora Prince? -preguntó Luke en voz alta, mientras cliqueaba en unos de los hipervínculos que lo redireccionaban a su cuenta de venta de contenido. Las fotos que había en ella eran de lo más sugerentes, pero en todas aparecía luciendo la máscara que le cubría la mitad de la cara y el cabello pelirrojo. Si ese cabello era una peluca se notaba que era de primerísima calidad.
La curiosidad de Luke seguía creciendo, y a medida que investigaba más sobre RedWitch, descubría que ella tenía una gran cantidad de seguidores y fanáticos. Algunos de ellos pagaban generosas sumas de dinero por sus shows privados. La doble vida de la señora Prince se volvía cada vez más intrigante, y Luke no podía evitar preguntarse qué la había llevado a embarcarse en esa aventura.
Los comentarios que sus fanáticos y seguidores le dejaban eran de todo tipo, aunque todos tenían algo en común: todos eran muy subidos de todo, y en todos le ofrecían pagarle un extra a cambio de que se quite la máscara.
«Vamos hermosa. Sé que tienes un rostro angelical debajo de esa fea máscara.»
«La máscara arruina el efecto. Te pagaré cien dólares más si te la quitas, que dices?»
«Me pregunto qué hay debajo de esa máscara. Vamos, no seas tímida y muestra tu belleza.»
Mientras se acariciaba los labios, observando el perfil de la señora Prince en aquella página de shows por webcam, advirtió que la misma enseñaba los horarios en los que, por lo general, RedWitch estaba en línea: De Lunes a Sábados, desde las nueve de la mañana hasta el mediodía y desde las dos hasta las cinco de la tarde. Qué casualidad... Eran los horarios de trabajo del señor Prince. Esporádicamente se conectaba bien entrada la noche, pero esos eran sus horarios fijos.
Se fijó en la hora. Ya pasaban de las nueve. Se asomó a la ventana y no vio a la señora Prince en el jardín. ¿Acaso ya estaría en la plataforma a punto de dar el show? Se fijó en el perfil de RedWitch y se percató que la misma ya estaba en línea. Ingresó a su sala de chat y allí estaba la enigmática modelo, luciendo la misma máscara que había usado la noche anterior y una bonita blusa rosada que resaltaba aún más la blancura de su piel.
Estaba escuchando música: blues. Luke nuevamente se asomó a la ventana, pero no escuchó ningún ruido que proviniera de su vecina. Si estaba transmitiendo en ese momento, no tenía idea de en qué parte de la casa lo estaba haciendo. Seguramente tenía que ser una donde, en caso de que su marido llegase de improvisto, pudiese ver todo lo que pasara en la calle. Tenía a su alrededor una decoración muy bonita, se notaba que debía ganar bien como modelo porque ese mobiliario lucía caro y moderno, además de la silla que usaba para la computadora, o donde sea que esté transmitiendo.
Quiso escribirle un mensaje, pero la página lo obligaba a crear una cuenta. Resoplando y algo molesto, creo el perfil. El sobrenombre que se eligió salió sin querer: RedHunter. Él era el cazador y ella la bruja a la que estaba cazando.
Cuando ingresó, RedWitch lo saludó con una sonrisa.
-Hola, RedHunter -dijo sonriendo-. Creo que es la primera vez que entras, ¿no es así?
Rápidamente, Luke tecleó una respuesta.
«Sí. Es mi primera vez aquí. Gracias por notarlo.»
La señora Prince sonrió.
-Pues en ese caso tienes un regalo de bienvenida. ¿Qué prefieres? -RedWitch tomó de la mesita que tenía a su lado tres sobres de distintos colores-. ¿Negro, azul o amarillo?
Luke se quedó pensando. Ninguno de esos colores podía indicarle nada de buenas a primeras, así que eligió el color que más usaba.
«Negro. Elijo el sobre negro.»
RedWitch lo abrió y le mostró lo que decía la tarjetita en su interior.
-Te ganaste veinte segundos de caricias al Único. ¡Felicidades! -le dijo mientras se posicionaba de tal manera que todo su trasero quedaba a la vista, pero no se podía ver absolutamente nada, dejando todo a la imaginación. Lubricó su dedo con su propia saliva, y lo metió debajo de la fina tela de la tanga. Era evidente que estaba acariciando una parte que no había sido pensada para ese tipo de atenciones, pero que dejaron a Luke embobado, resoplando, caliente y deseando ver más.
«Me gustaría ver más...» suplicó en el chat. La señora Prince sonrió con seducción.
-Cuando quieras, estoy disponible para un privado -le dijo.
Era evidente que le había dicho «si quieres ver más, vas a tener que pagar», pero lo había dejado claro de una manera muy sutil. Mientras pensaba qué iba a hacer con esa invitación, la pantalla se congeló, avisando que la modelo se encontraba en un show privado. Seguramente alguno de sus muchos seguidores que quería ver más de cerca al Único...
Mientras esperaba a que ella regrese, se puso a pensar que iba a hacer. Deseaba con toda su alma ver más de lo que había visto ayer en casa de Alkali. Realmente había quedado loco, totalmente loco, al ver lo que había visto anoche, más lo que había visto hace unos momentos; pero era muy consciente de que pagar cinco dólares el minuto era una locura. Su familia necesitaba ese dinero. Tenía que ver otras maneras de poder seguir disfrutando de las hermosas vistas de RedWitch sin llevar a su familia a la quiebra.
En tanto pensaba qué hacer, RedWitch volvió de su show privado. A pesar de que tenía una sonrisa en la cara se notaba a la legua que estaba cansada.
Luke golpeó los botones del teclado.
«Ya volviste.»
La señora Prince leyó el mensaje y sonrió.
-Sí, ya estoy acá, cielo. ¿Pensaste mi oferta en un show exclusivo para ti? -le preguntó.
«Me encantaría, pero ando corto de tokens.»
-Deberías recargar apenas puedas. Te aseguro de que no te arrepentirás para nada.
«De eso estoy seguro... Con sólo mirarte puedo adivinar que serían unos minutos en el cielo mismo.»
RedWitch empezó a reír.
-Qué cosas dices, Hunter. Me haces sonrojar.
La conversación entre Luke (RedHunter) y RedWitch se volvía cada vez más intensa y sugerente. Aunque Luke estaba corto de tokens y no podía permitirse un show privado en ese momento, la modelo seguía coqueteando con él y parecía dispuesta a mantener la conversación interesante y la tensión en el chat era palpable.
Luke, aunque excitado por la situación, sabía que tenía que mantener la cabeza fría y no dejarse llevar por la emoción. Su prioridad era su familia y su situación financiera, por lo que gastar dinero en shows privados no era una opción sensata. Sin embargo, estaba decidido a descubrir más sobre la vida secreta de la señora Prince como RedWitch.
«Hace cuanto que eres modelo?», le preguntó. La señora Prince le sonrió.
-Desde hace algunos años -respondió sonriendo.
«Y lo disfrutas?», quiso saber.
-Por supuesto que sí. Me gusta hacer sentir deseados a los hombres, y que ellos me deseen a mí. -fue su respuesta.
Aunque en su interior, Luke pensaba que, quizás, el verdadero motivo por el cual la señora Prince estaba haciendo ese trabajo era por necesidad. No vivían en la mejor zona, y en teoría el trabajo de su esposo como trabajador de uno de los casinos de Salem tendría que ser suficiente para mantenerlos a ambos, pero al parecer el buen Arthur no estaba dispuesto a compartir las ganancias de su trabajo.
«Pues déjame decirte que eres absolutamente deseable. Me vuelves loco.» confesó Luke, observando y perdiéndose en el sugerente escote de la blusa color rosa chicle que usaba esa mujer en ese momento.
El chat continuaba escalando en tono y sensualidad. A pesar de sus preocupaciones financieras, Luke se sentía cada vez más atraído por la enigmática mujer detrás de la máscara. La señora Prince, o RedWitch, parecía disfrutar de la atención y el coqueteo, lo que aumentaba la tensión en la sala.
La confesión de Luke sobre lo atractiva que encontraba a RedWitch no pasó desapercibida, y la respuesta de la modelo no hizo más que aumentar la tensión en la conversación. Su sugerente vestimenta y la forma en que interactuaba con Luke dejaban claro que estaba dispuesta a seguir jugando con él.
-Eres muy amable, Hunter -respondió RedWitch con una sonrisa coqueta-. Me encanta saber que despierto pasiones. ¿Hay algo en particular que te gustaría ver?
La oferta de RedWitch era tentadora, pero Luke sabía que no podía permitirse gastar dinero en ese momento. Además, su curiosidad sobre la doble vida de la señora Prince como RedWitch seguía siendo su principal motivación.
«Por ahora me contento con tu hermoso tono de voz... Y lo que ese escote le deja a la imaginación», escribió Luke en el chat, mientras en sus pantalones ya asomaba un bulto duro y palpitante.
-¿Luke? -dijo la voz de Tasha en la puerta de su habitación. Más rápido que un bólido, Luke apagó el monitor mientras su hermana menor entraba.
-¿Sí...? -le preguntó rojo de la vergüenza.
No sabía cómo ponerse para tapar lo que era evidente en sus pantalones.
-¿Qué estás haciendo? -quiso saber Tasha.
-Yo, emm... Nada, sólo cosas aburridas. Nada importante -le dijo su hermano mayor-. ¿Necesitabas algo?
-Brandon, Brody y yo tenemos hambre -le dijo Tasha-. Queremos un sándwich.
Luke miró a su hermana pequeña con el ceño fruncido.
-Aún no es hora de almorzar. Si les hago un sándwich luego no van a comer. En el cesto hay frutas -le recordó.
-Pero no quiero fruta. Quiero un sándwich... -replicó su hermana.
Luke se presionó el puente de la nariz.
-Está bien. Les haré medio sándwich a cada uno, pero no más de eso o luego no comerán -advirtió.
Se levantó de su silla y siguió a Tasha hacia la sala de estar, donde sus hermanos lo esperaban para que sus caprichos sean cumplidos.
Mientras caminaba por el pasillo, Luke no pudo evitar preguntarse cómo iba a manejar la curiosidad que tenía sobre la señora Prince y su vida secreta como RedWitch. La tensión sexual y el misterio que rodeaban a la enigmática modelo de cámara web lo habían atrapado por completo, y sabía que tarde o temprano tendría que encontrar una manera de descubrir la verdad sin poner en peligro las finanzas de su familia o su propia privacidad.
Luke siguió a su hermana Tasha hacia la sala de estar, donde el resto de sus hermanos gritaban y reían en medio de sus juegos. Mientras sacaba del refrigerador algo de pavo, queso y tomate, mayonesa y kétchup, ya que a su hermana no le gustaba otro aderezo que no sea el kétchup, trató de dejar atrás la conversación caliente con RedWitch y concentrarse en la comida para sus hermanos, pero en su cabeza seguían dando vueltas las imágenes de la señora Prince, con esa forma de ser que no conocía de ella.
Para él toda la vida la señora Prince había sido una vecina ejemplar: no se metía en la vida de nadie, ayudaba a mantener la seguridad del barrio donde vivían, colaboraba con las actividades escolares de los niños, a pesar de que ella no tenía hijos; para Halloween y Navidad decoraba la casa, cambiando todos los años la temática de la decoración y daba los mejores dulces. No se imaginaba que, detrás de esa máscara de vecina ejemplar, existía una mujer tan sexual y atrevida.
La curiosidad lo consumía, pero sabía que no podía arriesgar el bienestar de su familia por satisfacer su propio deseo morboso. Tenía que encontrar un punto intermedio entre ambas cosas.
-Niños, a comer -anunció Luke, llevando el plato con los sándwiches a la mesa para que coman sus hermanos.
-¡Queremos comer en la sala! -le gritó Brandon desde la sala.
-¡Por supuesto que no! ¡Luego papá y mamá se enojan conmigo porque ustedes manchan todo de aderezo! -se negó Luke mientras dejaba los platos en la mesa de la cocina-. ¡O vienen a comer en la mesa o me los como yo!
-¡Qué molesto eres, ya vamos!
En lo que sus hermanos comían el snack que les había preparado, Luke navegaba por las redes sociales, respondiendo un par de mensajes desde su celular. Los muchachos estaban organizando un pequeño viaje a la Reservación de Lynn Wood para poder acampar allí y pasar unos cuantos días lejos de todo. Las opiniones estaban divididas porque Alkali prefería ir a la playa, no al bosque, y a Kevin no le gustaba la idea de acampar. En cambio, a Luke le daría lo mismo cualquier decisión, si tan sólo tuviera el dinero para hacerlo.
Cuando sus hermanos terminaron, ya era hora de empezar a preparar el almuerzo. No le gustaba la idea de tener que dejar a sus hermanos sin comer, pero lo cierto era que el dinero escaseaba, y a pesar de contar con dos salarios, eran cinco las bocas que alimentar, y los niños comían como un regimiento. Luke pensó cuales eran las salidas para poder darle a sus hermanos el almuerzo de ese día hasta que sus padres puedan cobrar el salario de ese mes y reabastecer la despensa, y la primera idea que se le ocurrió era buena, si no fuese por la persona a la que involucraba: la señora Prince.
En más de una ocasión, Luke y su madre le habían tocado la puerta a su vecina para preguntarle si no podría prestarles un paquete de arroz o si no había sobrado algo de la cena, y la señora Prince casi nunca les había dicho que no. En una sola ocasión tuvieron una negativa de su parte y fue por algo en particular: una pelea doméstica con su esposo. Esta memoria le hizo preguntarse si la señora Prince estaría dispuesta a ayudarlos nuevamente en esta situación.
Después de sopesar las opciones y recordar la actitud pasada de su vecina, Luke decidió dar el paso y tocar a la puerta de la señora Prince para pedir su ayuda. Sabía que era un acto de humildad, pero su prioridad era asegurarse de que sus hermanos tuvieran suficiente comida para el día, al menos hasta que sus padres pudieran resolver la situación financiera.
-¡Niños, ya vengo! ¡Pórtense bien! -les pidió a sus hermanos mientras tomaba las llaves de la casa y abría la puerta para atravesar el jardín, abrir la puerta de la cerca y caminar hacia el pórtico de la señora Prince. Cuando estuvo frente a la puerta de la casa de su vecina, vaciló un momento sobre si pedirle ayuda o no a la señora Prince. En este momento seguro estaba haciendo un show privado o chateando con algún cliente, no quería molestarla; pero también recordó que ella no sabía que él tenía conocimiento de su doble identidad, así que no tendría que ser sospechoso para ella que su vecino se acercara a pedirle un poco de su ayuda como ya lo había hecho en más de una ocasión.
Luke levantó la mano y tocó el timbre de la casa de su vecina. Aguardó unos segundos...
-¡Ya voy! -dijo la voz de la señora Prince desde el interior de su casa. Pasados unos momentos, Sophie abrió la puerta y se sorprendió de ver su joven vecino en el pórtico de su casa. Era evidente que tenía una gran habilidad para sacarse y ponerse le peluca, el antifaz y ropa común a gran velocidad, seguramente había practicado mucho en caso de que su marido vuelva a una hora no prevista.
-¡Hola, Luke!
-Hola, señora Prince. Espero no molestarla.
-No, para nada, ¿en qué puedo ayudarte?
Luke hizo una pausa antes de continuar. No quería sonar desesperado ni revelar sus problemas financieros.
-Verá, señora Prince, estamos un poco cortos de alimentos en casa hoy y me preguntaba si quizás tendría algo de comida extra que podría prestarnos. Solo necesitamos un poco para el almuerzo, y puedo devolvérselo tan pronto como podamos.
La señora Prince pareció considerar la solicitud por un momento, pero una sonrisa muy amable se dibujó en su rostro.
-Claro, Luke, no hay problema. Tengo algunos víveres adicionales. Ven pasa. ¿Qué les gustaría para el almuerzo?
Luke suspiró aliviado. Había logrado su objetivo sin revelar más de lo necesario.
-Cualquier cosa que pueda prestarnos estaría bien, señora Prince. No queremos causarle ningún problema.
Luke entró por primera vez en su vida al interior de la casa de su vecina. Tenía una decoración sencilla, pero muy bonita. No había más mobiliario que el necesario, lo mismo que algunos adornos y pinturas que alegraban con algo de color las inmaculadas paredes blancas. No había fotos ni desorden. Se notaba que la señora Prince no tenía hijos y estaba atrapada en un matrimonio infeliz, porque la casa olía a tristeza y soledad.
-No es ningún problema en absoluto, querido. Estoy segura de que podemos encontrar algo en mi despensa.
Luke había dado un paso importante al pedir ayuda a la señora Prince. A pesar de su inicial preocupación sobre cómo reaccionaría ella, la amabilidad y disposición de su vecina para ayudar lo reconfortaron. La sonrisa en el rostro de la señora Prince le dio confianza, y la oferta de buscar algo en su despensa dejó claro que estaba dispuesta a ayudar sin hacer preguntas incómodas.
Luke siguió a la señora Prince hacia su cocina, donde ella comenzó a buscar entre los armarios y la despensa en busca de algo para el almuerzo. La cocina estaba ordenada y limpia, lo que concordaba con la impresión de pulcritud que tenía de su vecina.
-Aquí tenemos algunas cosas útiles -dijo la señora Prince mientras sacaba algunos ingredientes-. Voy a darte un poco de todo, ¿qué te parece? Y también tengo algo de lasaña que sobró de la cena de anoche. Mi esposo no va a comerla y sería una pena que se desperdicie.
Luke apreciaba mucho la generosidad de su vecina y se sintió agradecido por su ayuda. Observó cómo la señora Prince sacaba de los armarios todo tipo de latas de conserva y paquetes. Estaba bien abastecida, y tenía de todo a su disposición.
-Es demasiado, señora Prince. Con la lasaña bastaba. Muchas gracias por su ayuda. Prometo devolvérselo tan pronto como podamos.
-No seas modesto, querido. Sé que tus hermanos tienen un buen apetito, lo que es muy bueno en los niños, y no necesito toda esta comida juntando polvo en la despensa -dijo Sophie mientras terminaba de sacar algunos paquetes de sal y de azúcar y los depositaba en la mesa de la cocina. Observó el montón de víveres.
-Supongo que tendré que hacer varios viajes hasta mi casa -sonrió Luke al ver todo lo que había que llevar, cuando sólo le habría bastado un paquete de arroz o unos cuantos huevos.
-Voy al sótano a buscarte una caja vacía -anunció Sophie.
-¿Quiere que lo haga yo?
-No, no. No... no sabrías dónde están -se negó la señora Prince-. Ya regreso, no me demoro nada.
Abrió la puerta de la escalera que conducía al sótano y desapareció tras ella. Había algo en la voz de su vecina cuando ella se negó a que Luke vaya al hacia esa parte de la casa.
Mientras esperaba a que la señora Prince regresara del sótano con una caja para llevar los alimentos, Luke observó la cocina de su vecina. La casa estaba impecable y ordenada, pero había algo en el comportamiento de la señora Prince que le llamó la atención. Su negativa a que él fuera al sótano despertó su curiosidad. Sabía que no debía dejar que sus pensamientos sobre la doble vida de la señora Prince como RedWitch afectaran su relación de vecindad, pero no podía evitar sentirse intrigado. Al parecer, era en el sótano donde tenía montado todo su estudio para las transmisiones.
Cuando la señora Prince regresó con una caja vacía, Luke no pudo evitar hablar con precaución:
-Gracias, señora Prince, pero podría haberla ido yo a buscarla al sótano.
-Lo sé, querido, pero... Es solo que el sótano está un poco desordenado en este momento. No quería que te molestaras en buscar una caja entre todo ese desorden. -la sonrisa de la señora Prince demostraba sinceridad, pero había algo en su tono de voz que dejaba salir a la luz la presencia de una mentirilla, pequeña, pero que escondía algo mayor.
Luke aceptó la explicación de su vecina, aunque aún quedaba un pequeño rastro de curiosidad en su mente. No quería presionarla ni hacerla sentir incómoda, así que asintió y agradeció nuevamente su ayuda.
-Entiendo, señora Prince. Gracias por su amabilidad y por la comida. Aprecio mucho su ayuda.
La señora Prince le entregó la caja y Luke comenzó a llenarla con los víveres que ella le había proporcionado. Era una cantidad generosa de alimentos, y estaba agradecido de que sus hermanos tendrían una comida decente ese día gracias a la señora Prince.
-Espero que esto les ayude, Luke. Si necesitan algo más en el futuro, no duden en pedirlo.
-Esto hará más que sólo ayudar, señora Prince. Muchas gracias.
Sophie ayudó a Luke a llevar la caja hasta la puerta de la cerca y se despidió de él con una sonrisa. Con algo de esfuerzo, Luke entró a su hogar y dejó la caja en la encimera de la cocina mientras tomaba su celular y abría la página web donde la señora Prince hacía sus shows, buscó su usuario y vio la miniatura: el sillón donde por lo general estaba sentada se encontraba vacío. Entró en la sala de chat y ya había algunos usuarios quejándose de la ausencia de RedWitch.
TheMasterFucker: Dónde carajos está? Me está haciendo perder el tiempo. Voy a irme a otra modelo que sí trabaje.
David233: Ya se tardó demasiado. Dijo que era sólo un segundo. Ya lleva desaparecida diez minutos.
JustARandomGuy: No entiendo por qué tarda tanto. Le doy otros cincos segundos. Si no viene me voy a otra sala.
Luke empezó a sentir cómo la sangre hervía en su interior. La señora Prince no era una muñeca inflable, algo que sólo se usa y se tira para placer propio, ella también tenía una vida. Estaba a punto de escribir algo cuando apareció RedWitch, luciendo su melena pelirroja y un apretado sostén de transparencias.
-Lo lamento mucho... Llamaron a la puerta y me demoré más de lo previsto -se excusó con una sonrisa.
JustARandomGuy: No hay problema, hermosa. Acá estamos todos... esperando por ver como te mueves. Quien era en la puerta?
-Sólo mi vecino. Nada serio -respondió sonriendo.
Frankie_is_Stan: Seguro te demoraste porque se la mamaste, no mi vida?
RedWitch dejó salir una carcajada.
-No, no hice eso. Aunque... Ganas no me faltan -respondió con una sonrisa lasciva-. Es un joven muy apuesto y atractivo, y ustedes saben que tengo un gran apetito sexual.
A Luke le latía el corazón tan fuerte que le dolía el pecho. ¿La señora Prince lo encontraba atractivo?
Tomó su teléfono y escribió como RedHunter.
RedHunter: Y si tuvieses la oportunidad, si tu vecino se te insinuara, lo harías con él?
Luke aguardó la respuesta con el corazón en la mano.
RedWitch miró el mensaje de RedHunter y soltó una risita juguetona antes de responder en la sala de chat.
RedWitch: Mi vecino, dices? Bueno, eso sería interesante. Y qué tipo de insinuaciones tendrían que ser, RedHunter?
La respuesta de RedWitch aumentó la tensión en el chat, y varios usuarios comenzaron a especular sobre la posible interacción entre ella y su apuesto vecino. Luke, bajo el disfraz de RedHunter, se encontraba en un dilema. Por un lado, estaba emocionado por la perspectiva de tener una conversación provocativa con la señora Prince en su identidad secreta como RedWitch. Por otro lado, le preocupaba que esto pudiera darle insinuaciones a la señora Prince sobre su verdadera identidad.
Mientras consideraba su respuesta, Luke sintió que estaba cruzando una línea y que tal vez debería detenerse antes de que las cosas se complicaran más. La doble vida de la señora Prince y su propia doble identidad lo habían llevado a un territorio peligroso. ¿Debería seguir con esta conversación arriesgada o retirarse antes de que fuera demasiado tarde?
«¿Qué posibilidades hay de que sepa que soy yo?» se preguntó Luke.
-Las mismas posibilidades que yo me entere que ella es una modelo de webcam -se respondió, y escribió.
RedHunter: Pues... decirte que eres hermosa, sexy, atrevida, que lo vuelves loco, que le encanta como eres y que en las noches sólo puede pensar en ti.
RedWitch respondió con una sonrisa coqueta:
-Vaya, Hunter, eso suena muy tentador. Tal vez debería prestar más atención a mi apuesto vecino en el futuro. ¿Quién sabe qué sorpresas nos depara la vida?
La conversación en la sala de chat estaba tomando un giro cada vez más provocativo, y varios usuarios estaban emocionados por la interacción entre RedWitch y RedHunter. Luke, en su papel de RedHunter, se sentía, ahora sí, totalmente capturado por los encantos y la sensualidad de su vecina.
Mientras los usuarios en la sala de chat continuaban comentando y especulando, la mente de Luke se preguntó si debía seguir con este jueguito secreto o ponerle fin antes de que las cosas se complicaran aún más. Pero más podía la tentación de lo prohibido, así que mandó al diablo a su consciencia, y mientras ponía a descongelar la lasaña que muy amablemente su sexy y dulce vecina le había dado, se prometió que, a como dé lugar, tenía que conseguir dinero para interactuar con el alter ego de Sophie Prince.