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Mi vecino, mi tormento

Mi vecino, mi tormento

Autor: : Miri Baustian
Género: Urban romance
Ellos eran vecinos, sus casas estaban pagadas. Emanuel era engreído y hasta déspota en su manera de actuar, y le molestaba bastante que su vecinita prescindiera de su saludo y que con su hermano fuera pura simpatía. Hasta que coincidieron una madrugada, a la salida de una discoteca y terminaron teniendo relaciones sexuales. Al día siguiente él la humilló apenas la vio, es que estaba acompañado por su futura esposa y evitó problemas. Solange sintió que el mundo se le venía abajo, la noche anterior le había entregado su virginidad y creyó que habían comenzado una relación. Las consecuencias llegaron al mes siguiente, cuando a Solange le faltó la regla, ella, con odio hacia Emanuel, por las humillaciones recibidas, nunca confesó de quién era el bebé. Sus padres estaban avergonzados de que su hija adolescente estuviera embarazada y la enviaron a Italia, con una tía que nunca pudo tener hijos. La vida cambió para Solange, porque fue recibida con verdadero cariño. Años después, al fallecer su tía, ella se convirtió en la dueña de un imperio económico. Sus caminos se cruzaron nuevamente al tener negocios en común, en dónde ella tenía el poder. La vida para Emanuel, en el plano personal, había cambiado, descubrió que su esposa lo había engañado, que el que creía su hijo, no lo era y que el interés de la mujer que tenía a su lado, era lo que regía su vida. Sin embargo, él seguía siendo el arrogante como siempre. La atracción que sentía por Solange era tan fuerte, que se convirtió en una obsesión, pero al no reconocerlo, solamente planeaba hacerla pasar malos ratos, desatando momentos desopilantes, porque Sol siempre lograba dar vuelta la situación y dejarlo mal parado. Hasta que descubrió que tenían un hijo en común y dejó de lado su infantil comportamiento, dando paso a un amor pocas veces visto.

Capítulo 1 Bruno

Por Emanuel

Estaba esperando que se abriera el portón del garaje de la casa de mi padre, cuando en la puerta de la casa de nuestros vecinos, veo a Solange, charlando, como siempre con Morena, su amiga.

Digo como siempre, pero me refiero a que ellas son amigas desde que las conozco, sin embargo, hacía muchos años que no veía a la señorita maleducada.

Aunque en su momento le hice tragar toda su estupidez.

Miré de reojo, seguía siendo bella, bellísima, sexi, sensual y todos los adjetivos que se me pudieran ocurrir, pero también era malcriada, déspota, antipática, y terriblemente estúpida.

Ya se lo dije una vez, era la tonta que vivía al lado de la casa de mis padres.

Si bien hacía muchos años que no la veía, estaba seguro de que seguía siendo igual que antes.

Morena se despidió de ella en el momento en que yo estaba entrando a la mansión familiar.

-Hola mamá ¡Feliz cumpleaños!

-¡Gracias! Te esperaba por la noche, con Gloria.

-Quedate tranquila, que ella va a venir, yo pasé un momento, por si necesitaban algo.

Digo mientras le entregué un hermoso ramo de rosas rosas, las preferidas de mi madre.

-Hijo, siempre sos maravilloso.

Mi madre realmente cree que soy el mejor del mundo, siempre nos adoró, tanto a mi hermano como a mí, aunque con Ricky están algo distanciados.

Él se abrió camino por su cuenta con otra empresa, lejos de nuestro rubro y si bien colabora con la empresa familiar, no es constante y discute bastante con mi padre por ese asunto.

Ricky es socio de una importante cadena de gimnasios, que se hallan dispersos en los puntos top de toda la capital y en las ciudades más importantes del país, siempre en barrios cerrados o de cierta categoría.

Sus gimnasios son reconocidos en muchos aspectos y las cuotas que cobraban no las podían pagar cualquier empleado.

A mi padre le molestaba que en lugar de dedicarse en un 100% a nuestros negocios, haya prescindido, en parte, de nosotros.

Hace mucho que pienso que Ricky está ocultando algo, o que ese tema va a ser la ruptura de nuestro grupo familiar.

Por mi parte, tampoco puedo decir mucho.

Me ponen como ejemplo en las empresas, pero mi vida privada es un fracaso total, cubierta de desesperanza.

Me casé con la mujer que me impusieron mis padres, fusionamos varias empresas con los padres de mi esposa.

Sin embargo, puedo decir que yo le tenía cierto cariño, no puedo decir que estaba enamorado como un loco por ella, aunque en un momento creí que habíamos logrado cierta armonía.

Nos casamos porque ella estaba embarazada, mejor dicho, adelantamos el casamiento por ese motivo, porque de todas maneras nos hubiésemos casado igual.

Todo marchaba medianamente bien.

Cuando me casé tenía 23 años recién cumpliditos y un flamante título de abogado, mi mujer era hermosa, su familia era la ideal para unirnos a ella, aunque luego descubrimos que no lo era tanto, ya que estaban casi en la ruina y pretendieron engañarnos.

Claro que yo, personalmente, le levanté todos los muertos, como se dice normalmente, es decir, pagué unas cuantas deudas millonarias, aunque eso no fue gratis para ellos, porque hoy por hoy, el 80% de sus acciones, están a mi nombre.

Claro que al estar casado con Gloria, todo quedaba en familia...

Nació mi hijo, y todo marchaba aparentemente bien, el primer año de matrimonio creí que esa era mi vida ideal, hasta que me enredé con una secretaria de una de mis empresas.

Mi hermano apenas aparecía por el lugar y mi padre me permitía hacer y deshacer.

Fue un amorío de paso, pero me sirvió para darme cuenta de lo aburrido que era mi matrimonio y de lo fría que era, últimamente, Gloria en la cama.

Cuando lo pensé dos minutos, creo que ella cambió desde el momento en que quedó embarazada.

Recuerdo que al principio pensé que era por su estado, pero luego de que naciera Bruno, nada cambió.

No nos llevábamos tan bien, aunque su familia parecía adorarme, claro, los salvé de la ruina y su hija estaba casada con un hombre que se hizo cargo de la situación, ella vivía como una reina y nos presentamos juntos en todos los eventos familiares y sociales.

Todo marchaba medianamente bien, aunque yo, con mucha discreción, cada tanto me tiraba una cañita al aire.

En mi casa, Gloria era la gran señora, una dama que siempre estaba impecable, se ocupaba de nuestro hijo, que lamentablemente era un niño bastante débil, solía enfermarse a menudo y hemos pasado muchas madrugadas con nuestro pequeño en una clínica, hasta que se mejoraba, pero nunca lo hacía en un 100%, solía tener recaídas y los médicos no encontraban la razón.

Suponía, en ese momento, que eso, en parte, también desgastó nuestro matrimonio.

Hasta que en una de sus internaciones, nos llegó la peor de las noticias, tenía una especie rara de leucemia, que no era detectable a simple vista o con unos pocos análisis, es que cada vez profundizaban más los estudios, porque estábamos todos preocupados, incluso los médicos.

-Solamente el 10% de los niños tiene este tipo de leucemia.

Dijo el médico que estaba hablando con nosotros, estábamos los dos devastados.

-El niño se va a salvar, pero requiere un trasplante alogénico, de un donante, es decir de uno de sus progenitores hematopoyéticos.

Prosiguió hablando el médico que era el especialista en ese tipo de enfermedades.

-Su hijo tiene leucemia linfoblástica aguda, también llamada, LLA.

-Usted dijo que se podía salvar si los donantes somos algunos de nosotros dos.

Le dije al médico.

-Sí, es cuestión de hacerles los análisis para saber quién de los dos es compatible.

Gloria estaba muy pálida y temblaba, no era para menos, nuestro pequeño hijo estaba muy grave.

Nos hicimos ambos los análisis correspondientes.

Entiendo que apuraron los resultados.

Estábamos en la habitación con nuestro retoño, cuando se acercó el médico y nos pidió, menos amable que de costumbre, que fuéramos a su consultorio.

-Señores no me gusta perder tiempo.

No entendí su comentario.

-¿Son los progenitores?

Gloria se retorcía las manos, y yo, como un imbécil, no entendía porque estaba de repente tan nerviosa.

-Sí.

Le contesté con seguridad.

El médico solamente miraba a Gloria.

-¿Sabe que está en riesgo la vida de su hijo, qué pende de un hilo?

Le preguntó casi furioso.

Gloria lloraba sin control.

-Señora ¿Es consciente de que la vida del niño pende de un hilo?

Repitió.

-No entiendo.

Le dije al médico y yo tampoco estaba siendo amable.

Él profesional sacó unos papeles de una carpeta que estaba en su escritorio.

-Señora, usted es sumamente egoísta.

-¿Qué sucede? ¿Por qué trata así a mi esposa?

El médico osa sonreír casi con desprecio.

-Estos análisis no mienten.

Dice con un gesto grave.

-¿Habla usted o lo hago yo?

Le preguntó el médico a Gloria, casi sin paciencia.

-Lo lamento...

Me dijo Gloria.

-¿De qué estás hablando?

-Pensé que iba a ser yo la que pudiera brindarle todo para el trasplante.

-No te preocupes, no sos menos madre por eso, yo...

Le dije para contenerla.

-Señora, ya basta de perder tiempo, ¡Es la vida de su hijo!

-Ema... no sos el padre de Bruno.

Dijo bajando su cabeza.

-¿Qué?

Eso no me cabía en la cabeza.

Me casé con ella por cientos de acuerdos económicos, sí, que al final muchos fueron puro engaños.

Pero también lo hice porque ella estaba embarazada.

¿Todo fue un engaño?

¿Nos vieron la cara a mi familia y a mí?

Recuerdo haber mirado a Gloria con mucha bronca y que pese a no ser el padre de Bruno, sólo pude pensar en esa criatura, que sentía como si fuera mi verdadero hijo.

-¡Llamá ya al padre! ¡Que se haga cargo de Bruno!

-Es que no sé si va a querer...

Me dijo llorando.

-¿Sos idiota? No es cuestión de que quiera o no, es la vida de su hijo.

Dije con odio, antes de salir del consultorio.

En ese momento tuve ganas de irme al diablo, pero lo pensé dos segundos y volví a la habitación del niño, que no tenía la culpa de nada.

Mi suegra no entendía mi cara, yo ni siquiera la miré.

Gloria apareció al rato y le pidió a su madre que nos dejará solos, que necesitaba hablar conmigo.

-Que tu madre se quede, que lo sepa.

Gloria terminó confesando la verdad.

Horas después apareció el padre de Bruno, yo me fui, no tenía porqué compartir nada con ellos.

El pequeño se salvó, gracias a Dios.

Era un angelito, que no tenía la culpa de nada.

Realmente estaba impactado por la noticia, pero lo que más me enfureció fue que Gloria pretendió ocultar la verdad a pesar de la salud de su hijo.

Prefirió llevar todo hasta las últimas consecuencias.

Al padre yo lo conocía de vista, era un "amigo" de ella.

Ya poco me importaba, mi orgullo estaba herido, no por amor, la despreciaba demasiado para que me duelan sus mentiras, me molestaba que expuso, por el tiempo que perdió, a Bruno.

Gracias a Dios el niño se salvó, mi matrimonio está en veremos, porque aunque pasaron algunos años de ese momento, nunca me divorcié, había mucho en juego y decidí acomodar todo los papeles primero.

Sé que cada día que pasa, Gloria se pregunta si es el último día en nuestra casa y ese es el peor castigo que le puedo brindar, ella adora mi mansión, porque en realidad, hasta esa casa que alguna vez estuvo a nombre de los dos, ya no lo está.

Estamos en el último tramo de todas las negociaciones, Gloria está a punto de quedarse en la calle.

Perdió hasta lo poco que aportó al matrimonio, su familia la odia y mi familia la odia aún más.

Mis padres la desprecian, pero siguen viviendo de las apariencias, de lo que no tienen idea, es que yo tengo resguardado hasta el último centavo que pusimos para salvar las empresas Vanucci y que la familia Vanucci se está hundiendo cada día, no por mi culpa, es que ellos llegaron a ese punto porque gastan más de lo que ganan y debo decir, a mi favor, que hace falta derrochar mucho para gastar tanto dinero.

Ya no es mi problema.

Capítulo 2 El tanque de agua

Por Emanuel

El ruido de unas bandejas de metal chocando entre sí, me trajo a la realidad, me había perdido en mis pensamientos, esos que son recurrentes, es que tengo mucho resentimiento dentro mío.

-No mamá, no es para tanto.

Dije mientras le daba un beso en la frente.

Mi padre estaba dando unas instrucciones a la gente que estaba por allí.

No entiendo la necesidad de festejar el cumpleaños en casa, nos podríamos haber trasladado a la casa de fin de semana, o haberlo hecho en un salón, pero ella eligió pasarlo en casa.

-Voy a verificar cómo está quedando todo.

Dice mi padre, mientras se dirige al parque trasero de la propiedad.

Lo sigo por inercia, o, mejor dicho, porque también estoy acostumbrado a controlar absolutamente todo y sé que lo hago bien.

Aprendí a delegar, eso me costó, pero al hacerlo, me pude concentrar en lo importante y expandir varias de nuestras empresas.

Es cierto que mis suegros o ex suegros, tienen un 20% de sus empresas y que yo, con el 80 % restante y hubiera podido darles más vuelo a esas empresas, pero no quiero hacerlo, posiblemente estoy siendo mala persona, o tal vez sólo justo, pero, en definitiva, tengo el poder.

Los empleados que están trabajando en la casa de mis padres, preparando todo para el cumpleaños número 55 de mi madre, apenas me miran, creo que no les caigo muy bien y no me importa caerles bien, mi padre es un poco más agradable con ellos y mi madre les permite una confianza con la que no estoy de acuerdo.

Estos últimos años hemos crecido mucho y para dar el gran salto final, solamente nos falta cerrar un trato muy importante con una empresa italiana, tengo entendido que la CEO, ya llegó a nuestro país, ya que la reunión está programada para la semana próxima.

-Ema, por favor, no quiero distraer a los empleados de sus labores ¿Te podrás fijar que le sucede, nuevamente al tanque?

Mi padre da muchas vueltas, posiblemente el tanque de agua no tenga nada, pero le gusta estar seguro, sobre todo quiere que esa noche todo sea perfecto.

Años atrás me molestaba revisar personalmente ese tanque, una vez se rompió el flotante y mi padre, desde ese momento, cada 3 meses, lo revisa, o mejor dicho, me pide que lo revise, para eso tengo que subirme, por no decir treparme, por la pequeña escalera para llegar a ver si todo está en condiciones, la altura en donde pusieron el tanque es imponente.

Subí sin problema y tal vez, y sólo tal vez, con un poco de ansiedad, es que al ver a Solange charlar con Morena en la puerta de su casa, tuve algunos recuerdos de una situación que sucedió unos cuantos años atrás.

Me fijé rápidamente de que todo estuviera bien, y luego, miré con una ansiedad desmedida, el parque de nuestros vecinos.

La vi, estaba tan hermosa como siempre, aunque sus rasgos eran menos infantiles que hace 6 años atrás.

Ella estaba en bikini, y jugando con un niño.

Mi ansiedad era porque necesitaba ver ese cuerpo y no sólo recordarlo, porque sabía cuánto le gustaba a ella estar en el parque, al sol o en la piscina.

Recuerdo que a veces ella, tomaba sol desnuda...

Nunca me imaginé que estaría jugando con su sobrino, el hijo de su hermano mayor.

Escuché una voz masculina y pensé que era Eduardo, su hermano.

-Cielo, ya le dije a la mucama que nos sirva algunos refrescos.

¿Cielo?

Pensé en mis adentros.

Algo no me gustó.

El hombre se acercó a ella y la abrazó sin pudor.

El niño se alejó un poco de ambos.

-Solange, estabas jugando conmigo.

Le reclamó a mi bella y antipática vecina.

-Sí mi cielo y podemos jugar los 3.

-No me parece.

Le contestó la criatura, mientras veía como daba unos cuantos pasos hacia atrás y luego de mirarlos, ellos seguían abrazados, comenzó a correr hacia la piscina, se había alejado para tomar carrera.

No sé si lo calculó, el tema es que saltó a la piscina, tirándose estilo "bomba", cerca de donde estaban ellos, salpicándonos con ganas.

-¡Dante!

Lo regañó Solange.

-Ya te dije, Solange... Sola... no tenés que estar con él, tenés que estar sola o conmigo.

El niño me cayó muy bien.

Porque algo me molestó en ese abrazo, que no terminó en caricias más profundas o en besos apasionados, por el accionar de esa criatura.

Mi sonrisa, no la pude evitar.

Calculé rápidamente y ese niño llamado Dante, tendría la misma edad de Bruno...

Suspiré profundamente antes de bajar.

Espero que Solange esté sola, como desea su sobrino, así se la van a bajar esos humos, de creerse la mujer más hermosa, de creerse la Venus de Milo, solamente es una chica bonita, como cientos de miles...

Pero ella se cree única, siempre se sintió poderosa.

Una cuota de ese poder, se la quité yo, al menos eso intenté...

Bajé lentamente por esa escalera tipo caracol y con una baranda demasiado baja para mi altura, mientras bajaba, recordé la primera vez que mi padre me exigió revisar ese tanque, el día que de verdad se había roto el flotante, no recuerdo si continuamente rebalsaba el tanque o nos habíamos quedado sin agua...

Recuerdo mi enojo por tener que revisarlo yo.

- ¿Por qué tengo que hacerlo yo?

Le reclamé a mi padre en ese momento.

-Sos más joven que yo y tenés más estabilidad.

No me refería a eso y él lo sabía.

Decidí ser más claro, yo era bastante inmaduro y me llevaba el mundo por delante, o al menos, pretendía hacerlo.

-Contratá a alguien o decirle al jardinero, sólo es fijarse si el tanque de agua está limpio.

No sabía por qué, me molestaba un sábado a la mañana, no era tan temprano, es verdad, pero seguía siendo la mañana y era un sábado que por fin no cursaba en la facultad.

Ese día no había clases, por desinfección del edificio en donde cursaba y mis planes eran dormir hasta el mediodía.

Pero no, mi progenitor quería que yo lo ayude con ese maldito tanque, creo que lo hacía sólo para molestarme, al menos en aquel momento pensaba eso, porque entendía que de eso se tenía que ocupar el jardinero.

Para eso estudio, para ganar dinero y no tener que ocuparme de estas tonterías, pensaba y no sé porque recuerdo tanto esa conversación y lo que pensaba, eso había sucedido... Trato de hacer cuentas, hacía más de 6 años....

-También le podés decir a Beto.

Le había reclamado a mi progenitor.

-Es más chico.

-Sí, de edad, pero tiene mi tamaño.

-Subí de una vez, por favor, destapá el tanque y si está en condiciones lo tapás y listo y si algo está mal, le digo al jardinero.

-¡Él puede hacerlo!

-Sos caprichoso, es hora de que aprendas a hacer el mantenimiento de una casa.

No estaba de acuerdo, pero decidí subir, porque él no iba a cambiar de opinión y de todos modos ya me había levantado.

Recuerdo que se escuchaba la música que nuestros vecinos ponían a un volumen bastante fuerte.

Odiaba esa música y a esos vecinos, bueno, no a todos, sino a la hija más chica de esa familia, era antipática como ella sola, era una mal educada, jamás saludaba y siempre me miraba por arriba del hombro.

Entendía que era casi una criatura, en aquel tiempo debía tener 16 o 17 años, pero no era tan chica como para pasar sin saludar.

El hermano sí me saludaba, es algo más grande que yo, por eso tampoco teníamos mucho contacto, sólo un simple saludo.

El tanque de agua de nuestra casa estaba sobre una especie de torre, cerca de la medianera que separa los dos terrenos, creo que ellos tienen una pequeña piscina, eso había comentado mi madre alguna vez, yo no lo sabía con exactitud y tampoco me importaba.

Tal vez yo también era antipático.

En realidad, no me metía en la vida de los vecinos, pero ellos sí se metían conmigo al escuchar esa música tan alta.

Música pop, debe ser la madre de Solange la que está escuchando, no me caía tan mal esa señora, pero no podía escuchar tan fuerte.

No podía dejar de pensar en ese momento... o en lo que sucedió ese día por la noche...

Subí, más bien prácticamente trepé, la escalera era incómoda, aunque no era tan insegura porque tiene una especie de contención, pero a medida que pasaron los años, siempre pensé que debíamos haber hecho más alta la baranda.

Escuché que cambió la música, era un tema en inglés, me pareció raro.

Mi humor cambió, porque ese tema sí me gustaba, pero igual lo escuchaban muy alto.

Nada me venía bien ese día.

Seguí subiendo y cuando estaba arriba, otra vez cambió la música, habían puesto reggae.

Me asombro de mi memoria y de todos los detalles que voy recordando.

Miré hacia el parque del vecino, no sabía quién escuchaba música tan variada.

Yo era más cerrado al escuchar música.

Escuché risas y mis ojos buscaron a las dueñas de esas carcajadas.

Veo a la antipática de Solange y a una amiga de ella, que también es del barrio, se llama Morena, era la que estaba charlando con ella, cuando hoy entré a la casa de mi madre, esa chica, de adolescente al menos saludaba cuando la encontraba por el barrio.

En aquella ocasión, me quedé quieto por un momento, estaban tomando sol casi desnudas, en bikini, sí, pero sin la parte de arriba.

Mis ojos no podían apartarse del cuerpo de Solange.

¿Qué comió?

Por eso recuerdo todos los detalles, verla así, en aquel momento, me comió la cabeza.

Mierda...

Ella, ajena a mi presencia, se levantó para cambiar otra vez la música, estaba escuchando a través de su celular, que estaba en la sombra, pero debía tener conectado algún parlante, porque de verdad se escuchaba muy alto, aunque en ese momento yo había dejado de prestarle atención al sonido.

Morena era más rellenita, sin llegar a ser gorda, pero Solange era...

Mi miembro se endureció al mirarla...

Sus tetas no eran muy grandes, pero... eran tan paraditas que me dieron ganas de chuparlas hasta desfallecer.

Cuando se paró, para cambiar de canción, mis ojos se fueron a su culo.

Al verla caminar por su parque, yo estaba tan duro como el cemento.

Ella, ajena a todo, volvió a su lugar, bailando al son de la canción que había puesto.

- ¡Qué contenta, amiga!

Le dijo Morena.

No me importaba para nada esa mocosa y sin embargo había perdido el control de mi cuerpo, claro que en esa época yo tendría 22 o 23 años.

-Sí, hoy vamos a bailar y lo voy a ver.

Así que tenía un noviecito o algo, pensé.

Muero por saber a dónde van a bailar, iría y si la cruzo...

¡Lo que le podría hacer!

Mi desprecio por Solange, en aquellos años, era mucho y mi deseo, también.

Capítulo 3 La moral de mi padre

Mi padre me pregunta, como siempre, si estaba todo bien, yo bajé rápidamente, no quería que Solange me encuentre trepado al tanque, es tan estúpida que debe seguir pensando que el mundo gira en torno a ella y seguramente va a pensar que me subí allí para espiarla, es egocéntrica y estúpida.

Recuerdo aquella vez cuando revisé el tanque por primera vez, que mi padre me preguntó a los gritos, por si no lo escuchaba...

- ¡Manu! ¿Te fijaste?

Todavía recuerdo la voz de mi padre.

Lo que menos quería, en esos años, era que me vieran, Solange gritaría y me acusaría de espiarla.

Ahora pienso igual, pero antes tenía más pudor, porque era lo que estaba haciendo, la estaba espiando, pero sin querer, porque fue fortuito subirme a revisar el tanque y que ella estuviera casi desnuda, tomando sol.

En aquel momento no le contesté a mi progenitor, sólo estaba mirando la delicia de ese cuerpo de esa chica tan desagradable, subí los dos últimos escalones y destapé el tanque, tratando de no hacer ruido, para que ellas no me vean.

Algo de ruido hice, pero ellas no miraron.

Debe ser por la música a ese volumen tan fuerte que escuchaban.

El tanque estaba limpio, pero tenía el flotante caído, era ese el problema, en este momento no recordaba que había sucedido....

Mi padre insistía desde abajo ¿Por qué no espera hasta que yo baje para saber cuál era el problema?

No le contesté, sólo le hacía señas, para que espere, creo que me entendió, porque no volvió a preguntar nada.

Yo hacía de cuenta de que estaba revisando algo, pero no podía dejar de mirar a Solange.

Recuerdo todo como si hubiera pasado ayer...

Morena se puso de espalda y Solange agarró un pomo de bloqueador solar o algo así y se lo pasó por la espalda de su amiga, hasta recuerdo que mi antipática vecina estaba arrodillada, provocativa, parecía que me quería calentar, sólo que yo creía que no me había visto...

Pasó la crema por la espalda de su amiga y luego por la cola, lo hizo sin ningún pudor.

-Con tu culo, Oski va a terminar loco está noche, ponete la minifalda blanca.

Escuché que le dijo y estoy asombrado porque recuerdo hasta la conversación de ellas, hablaban fuerte, debía ser por el volumen de la música.

Morena no le contestó nada.

Pero se ató la malla y ahora era ella la que le estaba pasando crema por la espalda a Solange.

No llegó a la cola, ahí me gustaría pasarle...

- ¡Bajá!

Me dijo mi padre, es que yo estaba tardando demasiado.

Tapé el tanque, tratando de no hacer ruido.

Cuando bajé dos escalones, Solange miró hacia donde estaba yo, lo hizo con una sonrisa y comenzó a reírse.

¡La mocosa se dio cuenta de que la estaba mirando!

¡Ese bailecito fue para que la mire!

Me sentí un idiota.

Es una...

¡No tenía el más mínimo pudor!

Estaba seguro de que iba a pensar que me gustaba.

Sí, reconozco que... me gusta.

Nunca la había visto como una mujer, es que no debía tener ni 17 años, para mis 22 era una nena... con unas tetas y un culo para darle todo el día.

Pero eso lo descubrí ese día.

Terminé de bajar y le comenté a mi padre que estaba el flotante caído, que habría que comprar unos y eso lo puede cambiar el plomero.

-No, eso lo podés hacer vos.

- ¿Te volviste loco?

Le pregunté asombrado a mi papá.

-Es verdad que podemos llamar al plomero, pero es fácil de cambiar y lo podés hacer sin ningún problema, tardás 5 minutos.

- ¿Por qué?

Mi padre solía pensar que un hombre tenía que saber hacer el mantenimiento de una casa.

-Para que aprendas a mantener una casa y no dependas de nadie.

-Si tenemos dinero y yo trabajo, puedo abonar al profesional que necesite.

-Hijo, no sabés las vueltas que da la vida y no te cuesta nada aprender a hacer pequeños arreglos en una casa.

No estaba de acuerdo y se lo dije, pero él insistía y me pidió que lo acompañe hasta la ferretería, quedaba a cuatro cuadras, y cuando estaba agarrando las llaves del auto, mi padre me dijo que vayamos caminando.

Creí que se había vuelto completamente loco.

-Tenés que valorar todo lo que tenemos y aprender a ser menos pretencioso y egocéntrico.

Yo no me sentía egocéntrico, y mis pretensiones eran válidas, al menos en ese momento lo creía así.

Mi título de abogado ya casi lo tenía, me faltaba una materia y en la red de empresas de mi padre ya me destacaba y no por ser el hijo de...

Yo me superaba día a día y me parecía que todo lo que decía mi padre, estaba demás.

Acompañé a mi padre hasta la ferretería, no podía creer tanta tontería de su parte.

Él fue hablando de valores y de muchas tonterías.

Al menos en esa época yo lo consideraba así.

Cuando estábamos volviendo, me dijo que yo era prepotente con nuestros empleados y hasta con los vecinos, lo dijo porque justo estaba saliendo de su casa, Solange con su amiga y ella, cosa muy rara, saludó a mi padre, yo no le contesté, porque dijo:

-Buenas tardes, señor.

Era evidente que ese señor no era para mí.

Lo debe haber dicho para demostrar que saludaba a mi padre y no a mí, es una mocosa maleducada... que me había vuelto loco cuando la vi casi desnuda y bailando descaradamente, porque sus carcajadas fueron porque se dieron cuenta de que las estaba mirando.

Eso me molestó y me humilló.

-Yo no pienso saludar a esa pendeja maleducada.

Le dije a mi padre.

- ¿Qué te hizo que le negás hasta el saludo?

- ¡Te saludó a vos, no a mí!

Mi padre sonrió.

- ¡Sos más chiquilín que ella!

-No, yo soy un hombre y ella es... ella es la mal educada.

-Manu, basta de tonterías, te rebajás a la altura de una criatura, de verdad, hijo, crecé, por favor, prácticamente sos abogado y como vos decís, sos un hombre, al menos podés saludar a los vecinos, los valores y la educación...

- ¡Basta padre! Saludo a los vecinos, sólo que a Solange no la soporto y no la voy a saludar, mi saludo vale y se lo doy a quien se lo merece.

Mi padre no estaba de acuerdo con mis palabras, pero yo tampoco estaba de acuerdo con las suyas.

fan

Pasaron muchos años de aquella charla y sigo pensando más o menos igual... no soporto a Solange y por otro lado... está tan sexi como antes...

No, no está como antes, está mucho mejor que antes, pero sigue siendo una mujer engreída...

Es demasiado bella como para que no lo sea, Gloria, que es bella, sin ser tan llamativa como Solange, a veces es insoportable en su manera de ser y eso que la vida le pegó en la cara con respecto a la enfermedad de Bruno y con respecto a nuestro matrimonio, que ya prácticamente no existe y también en la parte económica, porque estoy seguro de que cada día piensa que la voy a echar.

Gloria, a partir del momento en que me enteré de que no era el padre de Bruno, se mudó a otra habitación, y yo son muchas las noches en las que no vuelvo a dormir.

Alguna que otra vez volví a tener sexo con mi esposa, ella creyó que podíamos arreglar nuestro matrimonio...

Eso jamás va a suceder, el sexo fue porque sin dudas es una mujer bella y estaba ahí, no precisé salir a buscar compañía, sin embargo, mi desprecio por ella es mucho y no llega a complacerme cuando lo hacemos.

Sus engaños fueron muchos.

Llegó mi hermano a la casa de mis padres, también fue para ayudar con lo que ellos pudieran precisar, mi madre siempre lo recibe muy bien, igual que a mí, sin embargo, mi padre a veces lo trata con cierta distancia, aunque trata de disimularlo.

- ¡Está Solange!

Exclamó mi hermano, como si fuera un tema trascendental, hasta me pareció que la nombraba con cierto cariño.

Si ella le gusta, está perdido, porque está acompañada, yo mismo vi como ese tipo la besaba.

De todos modos, no es que ella piense en Ricky como algo más que un amigo, si es que siente por él, la misma simpatía que demuestra mi hermano.

-Sí, tu madre invitó a sus padres, somos vecinos desde hace 30 años y nos une cierta amistad, también vienen sus hijos.

En ese momento me mira y me apunta con el dedo.

-Sé que no te cae bien Solange, espero que te comportes.

-No me trates como a un chiquillo, simplemente pienso que ella es una maleducada, pero no te preocupes, si la tengo frente a mí, la saludo y lo hago sólo por mamá.

Mi hermano me miró, abrió su boca y luego la cerró sin decir nada.

Creo que él se lleva bien con nuestra vecina...

Los vi hablando muchas veces cuando éramos adolescentes, sin embargo, no tiene nada que decir, porque él no sabe nada de aquella noche...

Pasaron muchos años desde ese momento.

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