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Mi versión de tí

Mi versión de tí

Autor: : Emi Estrada
Género: Romance
Nosotros no éramos el prototipo de personas perfectas el uno para el otro, eramos tan diferentes y tan iguales a la vez ¿Las almas gemelas podrían ser una para la otra? Ó ¿solo coincidencias de igualdad para llevar otras vidas? Sebastián, un chico que me mostró que existían otras formas de amar, otros cielos que aún no había conocido pero a pesar de eso vivíamos bajo uno mismo, habian muchas veces que no comprendía lo que decía hasta que todo empezó a tener sentido, un chico que me enseñó a lo largo del tiempo que pasamos juntos el verdadero significado de la frase "No juzgues a un libro por su portada" porque en él había mucho por descubrir, tanto que me pregunto si acaso lo llegué a conocer por completo o solo descubrí una parte de él, esa parte que te hace querer aferrarte al amor que existió entre los dos, a querer proteger los recuerdos que creamos juntos Mía, yo quizás no encontré la mejor manera de ayudarlo, talvez la había, talvez no, dejé que su vida me consumiera, pero cuánto lo amaba, nuestra historia muestra el momento en que dos personas están destinadas a conocerse pero no concordaron el el momento correcto de sus vidas, ¿Aún así seríamos capaces de sobrevivir a los peores momentos y vivir nuestras vidas juntos? Éramos el claro ejemplo de cuando luchas contra corriente aún agotando hasta la mínima posibilidad para tener un triunfo Es una historia de superación personal, esto es por mí, esto es por ti, lector o lectora, que tienes esa duda acerca del amor entre dejar ir o continuar aferrado/aferrada a esa persona, para que tengas más amor propio y amor hacia los demás, todos hemos tenido una persona que cuesta demasiado soltar y en alguna ocasión pensamos que quizás podríamos cambiar su forma de pensar y actuar,nos confundimos con teorías algunas veces si y otras no, las personas si cambian, pero no cambian por alguien sino para alguien, y a veces ese alguien no somos nosotros a veces sí, porqué hay personas que curarán nuestras heridas y volverán a abrir nuevas, hay personas que dan incluso lo que no tienen para hacer felices a quienes aprecian, soltar cuesta demasiado y retener también. ¿Acaso nuestro amor sería lo suficientemente fuerte o se convertiría en dependencia emocional? Una vez dijiste que te enseñé lo que era vivir sin dolor, gracias a tí ahora yo sé el verdadero significado de esa palabra, dolor por tí, dolor por mí, sin embargo el dolor y el amor tienen el mismo color (Todos los personajes de esta historia son ficticios, fueron creados con fines de entretención únicamente)

Capítulo 1 Prólogo

-Si hablamos de él... No sé cómo llegué a este punto de locura... -suelto con un suspiro que lleva consigo nostalgia.

-¿Sabes que locura es una palabra demasiado fuerte para ser utilizada? -me pregunta aquella mujer de piel morena, con cabello atado en una cola alta.

-Lo sé pero... -apenas logro pronunciar viendo de reojo a la psicóloga.

Ella sostenía una libreta y un bolígrafo anotando lo que decía. Volviendo mi vista a aquel techo blanco, extendiendo mi mano hacia arriba sin pensar en nada.

-No te estreses, tómate tu tiempo -me dice intentando hacer que no entre en crisis, sabía que me estaba sobresaltando.

-Eso intento... -le menciono tratando de relajar mi mente cerrando los ojos.

Tengo sueño, mucho sueño o ¿quizás sean ganas de nada? Solo logro preguntarme ¿Cómo llegué a este punto? ¿Cómo él hizo que llegara a perderme en mis pensamientos?

-¿Estas lista para contarme que pasó?

-Yo... -niego con la cabeza, será otra sesión sin decir nada al parecer.

Mi hermano espera afuera preocupado ¿Cómo les explicaré que de nuevo no soy capaz ni de dar el primer paso? Además se trata de su amigo.

-Mia Skylers, vamos a un paso lento pero vamos seguras ¿está bien?

-Si... -digo en un susurro nada convencida.

Esto es notado por la psicóloga que centra su atención en mi, con una mirada intrigante bajo aquellos anteojos pequeños que resaltaban sus ojos negros, la cuál me sorprende con una pregunta.

-¿A que le tienes miedo?

¿A qué le tengo miedo? Me pregunto para mi misma, mi mirada se desvía de ella perdiéndose en los recuerdos ¿Es realmente miedo? De nuevo la presión impacta mi pecho.

No lo soporto y me levanto de la camilla en la que permanecía recostada, la psicóloga asombrada intenta detenerme pero antes de que pueda hacerlo me encuentro cruzando la puerta rápidamente, por suerte Ale mi hermano está hablando por teléfono, parece muy ocupado y no lo culpo, estando al mando de la empresa familiar y aún cargando con el estrés de tener que acompañarme a estas terapias por órdenes de mi madre.

Antes de que pueda reaccionar por completo ya he corrido por dos pasillos cuál si solo quisiera escapar, pero al doble en el tercer pasillo siento un leve golpe al tropezar contra alguien, cierro los ojos al impacto y luego los abro lentamente observando unos zapatos deportivos negros de hombre acompañados de un pantalón negro estilo vaquero ajustado.

Quedo casi en shock al reconocer ese tipo de vestimenta pero mi mirada sube lentamente al sentir una cálida y conocida mano sobre mi mejilla, su pulgar se desliza lentamente en forma de caricia mientras sus labios entonan suavemente mi nombre, aquel sonido me hace estremecer, abro los ojos como platos por el impacto de aquellas pronunciación, subo la vista completamente atónita y me encuentro con un cabello negro un tanto acolochado y perfectamente recortado, una mirada penetrante fija en mi y sus labios en una línea recta curvandose demostrando una sonrisa, una jodida sonrisa deslumbrante ante mis ojos.

-¿Estas bien? -Pregunta en un gesto de amabilidad.

Me hace sobresaltarme y caer de nuevo en cuenta a la realidad.

No le contesto nada pero de mis ojos seguramente brotaban lágrimas, lo supe por la reacción preocupativa en sus ojos pero, ¿Como se podía atrever a preguntar si estaba bien?

-Es ¿Es ironía no?...

No puede ser que se haga el inconsciente, que pretenda hacer como si nada pasó, su mano se deslizó por mi antebrazo fijándose en mi codo, haciendo que una corriente eléctrica provocada por el rose de su piel recorriera mi cuerpo, mis ojos se quedaron fijos en el, jamás había sentido la sensación de desear con tanta fuerza a una persona, solo quería besarlo, es que joder su sola presencia me derretía, sentía ese nudo en el estómago y en la garganta.

No sé cómo pude soltarme de entre sus brazos, darme la vuelta y seguir corriendo ¿Era malo el como nos relacionabamos ¿verdad...? En realidad, ya no sabía lo que era correcto o no, no a estas alturas de mi vida cuando todo se veía tan ¿falso? ¿Lejano...?

Sentía muchas cosas llevándome a un espacio donde no queda nada, o al menos eso pensaba al encerrarme en el baño. Entonces escuché que Sebastián golpeaba la puerta un par de veces llamándome.

-Mia... -susurró.

Luego de unos momentos, cuándo pronunció mi nombre débilmente solo se escuchó silencio.

Seguramente se fue, por mi parte ya me encontraba sobre el lavamanos devolviendo todo lo que había comido que era ¿Nada desde ayer? Solo recuerdo haber tomado agua y un sándwich que mi madre me obligó a comer antes de venir acá.

Por suerte al encender el grifo no hubo problemas en que todo se fuera por el tubo de cañería, agradecía al ingeniero que hizo tan espaciosos estos artefactos, rocié un poco de cloro y levanté la vista al espejo de enfrente, mi rostro estaba tan pálido como una hoja de papel, tenía un poco de mi cabello rubio claro pegado a mis mejillas, me incliné más para lavarme mejor el rostro y luego elevé de nuevo mi vista al espejo, mis ojos azules claros electrizantes estaban opacos, casi sombríos con ojeras bajo estos, nunca me había dado cuenta de cuán consumida me encontraba a mi misma hasta encontrarme en esta situación.

Estaba mucho más delgada que de costumbre, ahora ya ni siquiera recuerdo como era mi vida antes de conocerlo, se que tenía una pero, no se si era lo suficientemente feliz, seguramente no, ó quizás sí, el asunto es que llegó a ser el complemento de mi vida y las cosas no siempre fueron así.

No, no lo eran, él era la persona más dulce que pude haber conocido ¿Porqué ahora todo cambió?... No lo sabía, ¿Él sería capaz de hablar acerca de lo que sucedió...? De cierta manera me da miedo, porque no sé como reaccionarán los demás y por otro lado eso no me importa en lo más mínimo, me importa él, nadie más que él.

[...]

Alejandro.

-¿A dónde se fue?... -susurraba viendo a los costados, más para mí mismo que para alguien más.

Estaba solo en la sala de recepción, colgando el teléfono, dando un suspiro cerrando leve los ojos mientras con mi otra mano acariciaba mi sien en señal de desaprobación, sentado en un sillón blanco, observando de reojo como de pronto un chico pelinegro se acercaba, dando una sonrisa levantaba leve la mano en señal de saludo y desánimo.

-Hola, Ale -me saluda al verme en aquella posición, seguro mi rostro lo decía todo sin dar explicaciones.

-Lo siento hermano, salida suspendida -curvo un poco los labios en señal de desaprobación mientras él no apartaba la vista de mí-. Rapunzel escapó

-Oye, que malo eres con tu hermana -dice dando una sonrisa leve, me calmo un poco y ahora es él quién coloca una expresión de preocupación, como si estuviera meditando o dudando en preguntar algo-: ¿Ella dijo algo acerca de porqué se siente mal?

-No, simplemente permanece callada según la psicóloga o escapa como hoy -le explico con un poco de cansancio mental por esto-. Sinceramente creo que mamá exagera con verla mal, yo la veo como cualquier joven de su edad.

-¿Crees eso?

-Porsupuesto, mi madre le suma ansiedad y depresión, seguramente terminó con su novio y como resultado está triste es todo.

-¿Mía con novio? ¿La chica con la que muchos quieren salir y no acepta a nadie?

-Lo se suena raro -doy una sonrisa carismática-. Pero no le veo otra explicación a su carácter, sin mencionar las pesadillas en las noches cuando grita entre sueños a su "nene"

-Mmmm la ha tenido complicada...

-Deberíamos buscarla, pero a este paso es posible que ya esté en casa.

-Te acompaño, entre ambos será más rápido...

[...]

Mía

-¿No siempre fue así cierto? -me dije en voz suave, luego de salir de la clínica psicológica.

No necesitaba ir muy lejos para relajarme, tan solo a un parque bajo un árbol a unas cuadras del centro psicológico, solo necesitaba recostarme bajo él, observar como la luz se filtraba por entre las hojas y liberar de mi mente todo pensamiento, aunque aquí era muy difícil, es uno de los lugares en los que más compartí con él, o mejor dicho, nuestro lugar favorito.

El lugar en el cuál hicimos tantas tonterías que aunque nuestra historia llegue a su fin, no quiero olvidar, me niego a aceptar que todo haya acabado así, porsupuesto que recuerdo lo lastimada que estaba antes, como llegó a sanar mi corazón... No podía llegar a sanarlo y después herirlo él. Pero si bien algo es verdad es que me ayudó a salir de la peor depresión en la que había estado hasta el momento, ahora me siento peor pero tengo mejores momentos que recordar.

[...]

Noviembre 09, 2016.

-Estoy harta... No puedo más -mencioné dando un suspiro bajando la mirada deteniéndola en el piso.

Pero mi desanimo fue opacado por sus dedos en mi frente, dedos de un chico, un chico que me estaba brindando apoyo, en cuanto levanté la mirada me encontré con su sonrisa cálida e ojos comprensivos.

-No digas eso tonta.

-Es que, no sé si pueda superar esto... -mencioné desilusionada, mientras él apartaba la mirada de mí fijandola en el cielo.

Se que el cielo es un hermoso paisaje y es especial para varias personas por su hermosura y tranquilidad que brinda, pero, sus ojos buscaban en aquel espacio otra cosa, cada vez que veía hacia arriba lo notaba, su mirada veía algo que yo no podía ver con facilidad, pero ¿Que era?

-Me doy por vencida, no puedo olvidar...

-¿Porque dices eso? -inquirió-. ¿Si aún no lo intentas?

-¿Crees que no lo he intentado? Me es imposible olvidar estos dos años.

-Al parecer no lo suficiente, observa.

-¿Que cosa? -le pregunté quitando la vista del cielo y fijandola en sus ojos, ellos se desviaron de mi y se fijaron en su mano derecha.

Recogió hierba seca de la que crecía al rededor de la sombra del árbol al que estábamos sentados, elevó su mano en el aire con el puño cerrado mientras me decía que algunas cosas solo se mantienen porque nosotros le ponemos resistencia de alguna manera.

Sus palabras me parecieron muy sabias, nadie nunca me había dicho eso, pero tenía razón, me aferró a una persona porque yo quiero, pero entonces dejó escapar el pasto seco de su puño dejando que el viento arrasara con todo, mientras me decía que soltar es tan fácil como lo que había hecho, una vez que todo se libera hay más libertad, todo lo decía con una seguridad y madurez tan pero tan perfecta que no me restaba mas que creer en sus palabras.

-Bien, hora de dejar la tristeza de lado.

-¿Como planeas que hagamos eso? -dije manteniendome sentada pero él extendió su mano hacia mi para ayudar a ponerme de pie.

-Nos liberaremos de los momentos pasados con nuestros ex, seremos libres como el viento.

-¿De qué estás hablando? -le pregunté confusa, pero unió nuestras manos.

Comenzando a correr en dirección circular, no me quedó más que moverme y para cuando me di cuenta estábamos girando tomados de las manos, mi sonrojo se volvió extremo, mientras él solo reía, empecé a reír también y a disfrutar aquel momento ridículo talvez a los ojos de la demás personas del parque, pero divertido al de nosotros, para cuando terminamos de girar se tropezó cayendo ambos por el suelo, por enorme casualidad cayó sobre mí, sus labios quedaron realmente cerca de los mos, era la segunda vez que teníamos un acercamiento así..

Su respiración estaba tan acelerada por las vueltas que habíamos dado, él podría besarme con solo inclinarse unos centímetros más, ¿Lo haría?... ¿Se atrevería a besarme? ¿Así empieza nuestra historia? Su mano se deslizó suavemente tomándome por los antebrazos, estaba totalmente perpleja por lo que sucedía, levanté la mirada y observé directamente a sus ojos, aquellos ojos tan profundos color marrón fijados en los míos, su nariz se acercó lentamente a la mía comenzó a hacer un lento desliz, entrecerré lentamente los ojos sus labios se acercaron a los míos pero en ese momento aparté el rostro a un lado.

No se si fué por miedo, por temor a lo que podría ocurrir, cerré los ojos un momento y sentí como un leve peso se quitaba de sobre mi, lo observé de reojo y en ese momento me extendió la mano para ayudarme a levantarme, demostró una sonrisa, una jodida sonrisa calmada que me dió la seguridad de que todo estaría bien pero, tenía mucho miedo, por más que se acercara a mi algo se encendía dentro pero era casi nada, no podría sentir algo por mi mejor amigo... Mi mejor amigo...

Capítulo 2 Aquí empieza todo

Noviembre 26, 2016.

Mia

-Ya, ya superala... -intenté decir colocando mi mano sobre la espalda de Dante, él es mi mejor amigo, nos conocimos en una fiesta hace dos años, desde entonces nos hemos vuelto muy cercanos en el plan él está mal, yo lo apoyo, yo estoy mal él me apoya y este es uno de esos momentos en los cuales me corresponde a mi apoyarlo, si se preguntan ¿Que le sucedió? Se enteró de que su novia o bueno ahora su exnovia Pars le fue infiel, Pars es una chica muy hermosa, tiene ojos cafés tan claros que parecen color miel y cabello castaño, su altura comprendería los 1.65 metros eso la hacia parecer tierna y tiene muchos chicos tras de ella, aún así, se veía tan enamorada de Dante que por un momento creí que podrían ser esa pareja inseparable, ella era mi amiga también, menos cercana claro que Dante, pero mi amiga.

-¿En serio crees que podría Mía?

-Te tomará tiempo pero lo harás -respondí suspirando.

-Quiero distraerme, cuéntame ¿Como van las cosas con Edwhard?

-Pues con él, van bien -respondí de forma seca, por más buen amigo que sea Dante no puedo perturbarlo hablándole de algo lindo y de amor cuando se que él está sufriendo, Edwhard es un chico alto, de tez blanca cabello negro con tendencia a ser rizado y ojos café, no falta mencionar que es mi primer amor, llevamos un año de relación, no es demasiado pero es suficiente como para saber que quiero pasar el resto de mi vida con él, pero en esos momentos no le puedo hablar a mi mejor amigo de lo maravilloso que es, solo quedaría frustrado, aún así se que notó que lo veía con una mirada compasiva, pues de inmediato se quitó los lentes, dejando ver sus ojos verdes e cerrandolos de inmediato llevó su mano a la frente dejando su cabello entre sus dedos, su cabello castaño lucia ya revuelto, Dante no era de esos chicos que se vestían con pants holgados y camisetas negras, pero su estado de depresión le dió un giro de 180 grados a su vida.

-Mia... Que esté mal, no significa que no pueda escuchar lo bien que te va a ti sentimentalmente.

-Es solo que no quería incomodarte -mencioné haciendo una pausa a lo que decía, es tan buen amigo que puede leer perfectamente en que estaba pensando, pero al parecer en lugar de hacer bien solo lo frustré más, pero aún así intenté hacer las cosas más amenas- Tu has estado para mi, esta vez quiero ayudarte yo.

-Quiero distraerme no recordarla ¿Podrías irte?

-Estoy haciendo nada malo -espeté inmediatamente, parecía cansado de hablar, talvez en cualquier momento perdería los estribos y levantaría la voz, pero no sucedió eso.

-Quiero jugar, por favor...

-Está bien -dando un suspiro me levanté caminando hacia la puerta a la cuál señalaba para que saliera de su habitación, voltee a verlo de reojo antes de salir y observé que jugaría la play, por eso decidí mejor cerrar la puerta y bajar por las escaleras al nivel de abajo.

Al llegar a este piso observé a su madre, ella compartía los mismos rasgos faciales que Dante, tez blanca, cabello castaño y ojos verdes, llevaba una bandeja con bocadillos para nosotros dos, pero me excuse diciendo que me debía retirar, definitivamente no quería subir de nuevo y ver la mirada de Dante insinuando que me había advertido que me fuera, deseaba poder ayudarlo como el me ayudaba a mi pero lo cierto es que no era buena con los consejos así que salí de su casa y empecé a caminar por los lugares transitables de la calle, definitivamente los bocadillos que preparó la madre de Dante se veían deliciosos, me abrieron el apetito, por lo tanto para remediar el hambre que me dió antes de dirigirme a casa entré a una cafetería, al abrir la puerta en seguida sonó la campanita advirtiendo que un cliente había entrado, pero mi sorpresa fue que en la primera de las mesas estaba nada más y nada menos que Pars, con un chico que no conozco, es obvio que es una cita. -valla que hipócrita eres le dije en voz alta, estoy perfectamente segura que me escuchó porque se quedó observándome, pero claro yo estaba muy ocupada caminando hacia una mesa vacía al fondo, en seguida se acercó a atenderme un mesero, le pedí un capuchino y caneles para acompañarlo, tomó mi orden y en seguida se retiró, desde aquella mesa podía observar como Pars y su acompañante... ¿Extraño? Charlaban pero claro solo volteaba a ver disimuladamente de vez en cuando, su charla más parecía una discusión, el mesero en seguida volvió a mi mesa dejando mi pedido y al momento que se retiraba noté como Pars también de su lugar y salía rápidamente de la cafetería mientras su acompañante se quedaba con una expresión de pesar observando hacia mi mesa, le hice una expresión de pesar fingida mientras le daba un sorbo al capuchino, se puso de pie pero en lugar de alejarse sus pasos se empezaron a aproximar hacia mi mesa, era un chico de cabello con tendencia a ser acolochado, ojos color marron, tez blanca, no tenía barba pero si que vestía una camiseta de color negro con una chaqueta de cuero del mismo color y unos vaqueros ajustados color negro, se quedó parado un momento frente a mi mesa, nuestras miradas parecían una competencia de "quien voltee pierde" fruncí el cejo y en seguida se sentó en un aciento frente a mí. -Oh claro que puedes sentarte -Le dije en un gesto de ironía pues no había permitido que lo hiciere, y el suspiró cerrando los ojos terminando con el juego de miradas mientras yo volvía mi vista a los caneles tomando uno dándole una mordida, concentrada en seguir comiendo e ignorar a aquel chico del frente, no se que quería pero definitivamente no me interesaba.

-Sebastián Estévez -Se presentó.

-A que bien -Dije sin prestarle importancia a lo que decía, aunque su apellido me pareció de procedencia española, Steivs en pronunciación, pero yo no iba a presentarme, solo seguía con la mirada fija en lo que estaba tomando lo cuál causó que él diera un suspiro de decepción.

-¿Está bien que actúes tan descortés?

-¿Está bien que te sentaras a una mesa sin ser invitado? -cuestioné sin alzar la vista- Solo falta que quieras que compartamos los aperitivos.

-No se responde una pregunta con otra y no me gusta lo dulce, no creo que una chica debería comer tanto dulce.

-Mmmm... -Dije haciendo únicamente ese sonido con los labios cerrados para posteriormente dándole otro sorbo al capuchino ignorándolo más.

-Okey, traté de ser amable, ahora iré directo al punto...

Capítulo 3 Tú culpa

Mía

-No me interesa me voy -dije en un tono calmado a punto de levantarme de la mesa, pero en ese momento sentí su mano sobre la mía, de inmediato fruncí el cejo apartándola, observándo esta vez directamente a sus ojos pero con cierta molestia, aún con ello pude notar que sus ojos no concordaban con nada con su aspecto de chico malo, parecían tener hasta cierto punto un toque de ternura pero aún así mi mirada hacia él seguía siendo apática, misma apatía que pareció ser captada por él.

-Espera, hablemos con más calma, solo te quiero pedir un favor.

-¿Un favor?

-Sí, no podrás negarte a hacerme un pequeño favor ¿Verdad?

-Porsupuesto que puedo

-Solo estoy acudiendo a tu lado humanista, por favor

-habla, yo decidiré si sí o no -levanté la ceja izquierda inquiriendo en una respuesta y volví a sentarme mientras él levantaba las manos en señal de paz pero decidí ignorarlo apartando la mirada a otro lugar, entonces lo escuché hablar de nuevo. -Quiero que le ofrezcas una disculpa a Pars.

-¿Disculpa? -Mencioné en un tono irónico volviendo a verlo con cierta molestia mientras el colocaba las manos sobre la mesa entrelazando los dedos.

-No tiene que ser algo sincero -sugirió- escucha ella... -No interpuse determinantemente sin dejar que terminara de hablar- esto es ridículo -Pronuncié en tono irónico hasta cierto punto riendo pero fui interrumpida por él.

-Ella parece una chica dura, pero te aseguro que con lo que dijiste se dolió mucho.

-¿Y acaso mentí?

-¡¿Sabes que?! -levantó la voz- Traté de acudir a tu amabilidad, pero eres muy inconsistente, no eres mi capaz de ofrecer una simple disculpa y... -y nunca haré lo que me pides -finalicé su discurso en voz baja levantándome de mi lugar observando cómo las personas sentadas en otras mesas volteaban a ver curiosas hacia esta- Me voy -Corté la conversación dejando el dinero de lo que había consumido sobre la mesa encaminando mis pasos a la salida.

Ni siquiera voltee a ver hacia atrás ¿Quién se creía he? Me cuestionaba mientras caminaba a casa, agradecería no volver a encontrar a ese tipo nunca, no sé porque me llegó a disgustar tanto su tonta manera de justificar lo que Pars hizo, pero bien como lo decía un profesor de historia no hay que llevar los problemas de afuera a casa. Casa, es temprano para llegar, pero aún así luego de abrir la puerta enorme de metal para entrar al jardín observé a los alrededores, mi madre al ser una de las empresarias más importantes del país por no decir la mejor tiene esta lujosa corporación, Exonnwhite-Moblife, aunque la empresa se encuentra ubicada en otro lugar de la ciudad nuestra vivienda consta de una amplia área, es como mantener una reserva natural enmedio de la ciudad ¿Suena raro? Si pero díganle eso a mi madre, es amante de la vida natural, aunque la mayor parte del tiempo se la pasa haciendo investigaciones encerrada en su laboratorio y solo sale a recrearse al jardín, mi padre normalmente se encuentra entrenado en una habitación especial para ello, es como tener un gimnacio en casa, de vez en cuando suelo acompañarlo pero es solo cuando no tengo alguna clase de la preparatoria, suelo salir muy temprano de casa, en un tiempo antes de que Alejandro entrara a la universidad solía llegar temprano para pasar tiempo en familia, pero la verdad es que me aburría mucho al estar sola en este enorme castillo pero vacío, porque mi hermano se la pasaba viendo películas cuando estaba en casa u revisando los papeles de la empresa, normalmente trabaja desde casa exceptuando los fines de semana en los cuales asiste todo el día y la pregunta de oro ¿Porque no le ayudo? Porque mi madre confía en él, es sumamente perfecto a su ojos, siempre obtuvo las mejores calificaciones y no es que lo envidie, tengo muy buenas notas tanto como el, en este país Estados Unidos podría llegar muy lejos solo con eso, pero a pesar de eso siempre los hermanos mayores son la figura de la familia, pero bien no es que me afecte tanto, no después de conocer a Dante y ser compañeros de clase, de alguna manera la soledad se vio opacada por salidas en la tarde, juegos de la cuáles no comprendía nada pero aprendí para poder pasar momentos divertidos, comidas en su casa, películas y charlas largas en las que las bromas se hacían presentes.

Justo este día que regreso temprano a casa veo a Ale en la sala, tranquilamente sentado en un sofá viendo una película, mi hermano es mucho más alto que yo, considerando que mi estatura no pasa de 1.70 metros la de él llegaría a los 1.85 tiene el cabello castaño a diferencia del mío, pero compartimos el mismo color de ojos azulado y piel pálida, no es tan delgado como yo pero si es un tanto musculoso como papá. -hey estoy en casa -Le saludo al verlo en la sala.

-Enana, ¿Te peleaste con tu amiguito? -Me pregunta- Es raro verte acá

-No exactamente, solo quiere estar solo.

-Entonces si pelearon -concluye.

-No, no -intervengo, aunque odio que tenga razón al sacar conclusiones rápidas- Bueno, no lo que se dice una pelea.

-¿Porque no me cuentas?

-Solo terminó con su novia -Solté sin más ignorando su mano que me invitaba a sentarme a su lado empezando a subir las escaleras- en momentos así prefiere estar solo, o bueno eso creo, la verdad que nunca supe que tuviera otra novia con anterioridad así que ya te imaginas cuánto le duele.

-Espero se recupere pronto

-Ojalá -Mencioné en un suspiro llegando a la parte superior de las escaleras.

Empezando a caminar por el pasillo para llegar a mi habitación, no es que no me guste socializar con mi hermano, pero estoy segura que también prefiere su espacio al ver películas y hablar con su novia la cual promete presentar pero nunca lo hace porque mis papás nunca pueden estar libres cuando nosotros lo estamos para una comida y una larga convivencia, al llegar a mi habitación solo tomé un libro esperando a que Dante me llame diciendo que salgamos a un parque o algo para matar el aburrimiento como dice él, pero esa llamada nunca llega así que decidí continuar con mi lectura diaria de una novela, aunque a decir verdad cada vez se hacía más tarde, tanto que me quedé dormida y olvidé cenar, no tuve consciencia de lo que pasaba hasta el otro día cuando el despertador empezaba su concierto. Medio adormecida me levanté de la cama directo a la ducha, poniendome mi uniforme el cual consistía en una falda cuadriculada color celeste que me llegaba a media pierna arriba de la rodilla, una blusa blanca manga larga y calcetas negras con una corbata del mismo color. Medio maquillada salgo rápidamente al pasillo aún peinandome, ¿No les pasa que en las mañanas el tiempo no alcanza para nada? Pues esa era mi rutina, guardaba el cepillo de cabello en mi bolsón y bajaba a desayunar con mi familia, luego iba a lavarme los dientes y un chófer me llevaba al colegio, la misma rutina de siempre, llegar al salón y sentarme en mi aciento junto a la ventana adelante de Dante, pero esta vez aún no había llegado, empezó el periodo de clases y nada, era extraño que alguien tan puntual como el no se presentará, porque si algo había que aplaudirle era sus llegadas a tiempo del señor puntualidad, pero está mañana, nada... Asi que en el receso de cases el cual consta de 45 minutos salí a marcarle al jardín, no sin antes comprar un vaso de leche chocolatada. Siguiendo la línea marcada del campo de entrenamiento, daba un sorbo a la pajita del vaso desechable mientras mantenía el teléfono en mi oido marcando una y otra vez su número hasta escuchar su voz en el otro extremo- Hey al fin me respondes

-¿Qué quieres Mia? -Preguntó en el otro extremo del teléfono.

-¿Cómo qué? No viniste a clase -Respondí.

-Oh, si justamente no tenía ganas

-¿Solo por eso? Tu no eres así

-Tienes razón, pero mañana iré

-Está bien Dante, pero al salir del colegio paso a tu casa

-Preferiría que no

-¿Me estás evitando?

-No te lo tomes así, simplemente quiero estar solo eso es todo

-Pero siempre nos hemos apoyado... -Dije con algo de angustia en la voz, era la primera vez que pasaba esto, él me había apoyado mucho, justamente en peleas que teníamos con Edwhard, sus consejos eran lo que nos mantenia juntos, ellos siempre han sido amigos y que tú mejor amiga y tú mejor amigo salgan hacia todo más simple, aunque esta vez al parecer solo seríamos mi novio y yo.

-Lo sé, pero dame espacio por favor

-Está bien, cuídate -dije sin más, cortando la llamada, dando un vistazo al otro lado del campo.

Suena extraño pero este lugar también es utilizado por los chicos de la universidad a la que asiste mi hermano, resulta que los dueños del colegio también son los de la universidad así que mientras nosotros usamos estos espacios para clases de atletismo obligatorias y práctica de los club's de fútbol ellos la utilizan en sus tiempos libres para divertirse, sin mencionar que su edificio está a tan solo unos metros del nuestro, pero bueno no es que sea algo realmente relevante, así que caminando lentamente hacia adelante por la grama solo observaba la pantalla de mi teléfono chateando con Edwhard, diciéndole donde estaba, pues va un año más adelantado que yo justo en la clase 3-A mientras yo aún voy en 2-A, así es, este año es el último de él luego irá a la universidad pero si irá a esta que es tan cercana no le veo lo problemático, podemos seguir viéndonos como siempre, ¿No les pasa que cuando conocen perfectamente un área pueden caminar justo por ese lugar apenas dando un par de vistazos de vez en cuando y luego ir viendo tranquilamente el teléfono? Bueno ese era mi caso, hasta que sentí que por ir descuidada de alguna manera topé suavemente con el brazo de alguien, pero no le presté atención, simplemente dije un débil -Ay perdón. -haciendome a un lado pasando junto a esa persona sin voltear a ver, lo sé era descortés pero vamos estaba muy centrada en el teléfono aunque su voz de pronto me hizo detenerme y dejar de ver el teléfono.

-¿Así que después de todo si sabes pedir perdón pelirubia?

-¿Me estás acosando? -dije dándome la vuelta observando interrogante al pelinegro que me observaba con una expresión de superioridad.

-Así que esa es su respuesta señorita ¿Cuántas veces le he de repetir que no se responde una pregunta con otra?

-¿Es que te pedí tu opinión? -Pregunto para sacarlo de quicio lo cuál no sucede.

-No pero me gusta que ya me trates de tú -Sonríe descaradamente arqueando una ceja en señal de extrañeza

-piérdete -Le corto la conversación.

-No puedo aunque quisiera -me espeta en contradicción- estoy en mi derecho de estar acá como universitario

-Que bien -le dije dando un vistazo a la universidad, nunca me imaginé encontrarme con aquí, de cierta manera aún estoy asombrada pero no quita que sea un fastidio luego de nuestra charla, intenté irme pero entonces su voz me detuvo de nuevo.

-¿Así que eres así de malhumorada con todo mundo?

-No, simplemente con los tipos como tú

-¿Imposibles de resistirse? -cuestionó engreído

-Nefastos -Sentencié- con aires de superioridad -recalqué dándome la vuelta de nuevo pero entonces sentí un jalón de su brazo tomando el mío obligandome a darme la vuelta mientras su otro brazo rodeo mi cintura, sus ojos encontraron los míos, su mirada era profundamente penetrante aunque teniendo su rostro tan cerca en unas milésimas de segundo pude observar su sonrisa de satisfacción, por lo cual sin pensarlo dos veces por aquella violación a mi espacio personal le lancé el contenido del vaso que llevaba en la mano sobre su camisa haciendo que tanto la tapa como el vaso cayeran al suelo y el quedara completamente empapado y en su sorpresa aprovechaba para soltarme.

-¿Es que acaso estás loca? -dijo con una voz de fastidio.

-Es lo mínimo que te mereces, ¡Idiota! -le grité enfadada mientras él me veía con una molestia en su mirada, pero aún así pensaba seguir reclamando pero una voz me detuvo.

-¿Qué está pasando aquí?...

-Edwhard... -Me dirigí a él hasta observarlo de frente- Nada amor, este tipo ya se va. -Dije cruzandome de brazos volviendo la vista a Sebastián con cierto desprecio mientras él sacudía su camisa.

-Este, tiene su nombre -me reprochó.

-¿Quién es este tipo Mía? -pregunta Edwhard.

-No sé, no recuerdo su nombre -le respondo mintiendo para que Sebastián notará que no me interesa en lo más mínimo tratar con él.

-Oh, eso dolió pero bien que lo sabes -Nos interrumpió Sebastián

-Vete al demonio -Le dije frunciendo el cejo incrédula al ver aquella sonrisa insinuosa por media cara que demostraba, pero sin responder nada más hizo una expresión de sinismo levantando las manos de nuevo como en la cafetería en son de paz dándose la vuelta marchandose del lugar, pero mientras lo observaba alejarse enojada Edwhard levantaba el vaso del suelo y me observaba con una expresión pesorosa- ¿Qué? -le espeté.

-Hace mucho que no te veo así de enojada

-Ese tipo, puede cabrear a quien sea -digo en mi defensa.

-No decías recordar su nombre, parece que tienen historia juntos

-Lo encontré en una cafetería -Dije con desdén contándole mi "interesante" historia de cómo me había hecho perder los estribos en público, el parecía desinteresado pero hasta cierto punto molesto mientras caminabamos de vuelta a las instalaciones de clases.

-Pero pareces muy cercana a él -prosiguió.

-Ni en sueños -rodee los ojos- por cierto ¿Salimos hoy a ver una película? -mencioné en un tono dulce frente a la puerta de mi salón pero su mirada seguía siendo neutral.

-No, tengo entrenamiento

-Bueno te espero, Dante no quiere hablar con nadie hoy así que...

-No -me cortó en seco

-¿Disculpa? -cuestioné anonadada

-Siento que hoy estás distinta a otros días -intentó explicar- en todo el camino acá solo te quejas de ese tipo, ni siquiera preguntaste como estaba, cada vez nos vemos menos.

-Es que es imposible no ponerse de mal humor con alguien como él -Me excusé- pero bueno ¿Cómo estás amor? -dije de nuevo de manera tierna intentando darle un beso pero de nuevo me alejó.

_¿Ves? Ahí vas hablando de él de nuevo e intentando hacer que olvide el tema con un beso, eso te hace ver culpable

-¿Culpable de qué? -Esta vez me empezaba a cabrear pero por él.

-Bueno seré claro, no quiero que me pongas los cuernos con ese pendejete

-¿Que? -Lo ví anonadada, formando con la boca un gran cero, sabía que Edwhard podía ser muy celoso, a cierto punto lo hacía ver tierno, pero esta vez se estaba pasando al mencionar eso, como si fuera posible... Incluso sonreía irónicamente cabreandome más yo misma, no estaba de humor para que sus celos me causarán gracia sino molestia- ¿Cómo se te ocurre? Después de casi dos años juntos decir que...

-Tengo que volver a clase, hablamos luego -me interrumpió.

-No, ¿Es que como se te ocurr... -iba reclamar pero entonces vi a la profesora de mi siguiente clase que se acercaba a la puerta del salón, así que suspirando decidí darme la vuelta y entrar a a clase antes que ella, seguramente Edwhard se retiró, los siguientes dos periodos de clases fueron desesperantes, ni siquiera podía ir a agobiar a Dante con mis problemas, tenía que encontrar otra salida y la única planeada era la de clases a casa porque ni siquiera podía salir con mi novio por nuestros problemas, por lo cuál llegué a casa molesta, Alejandro me intentó detener antes de que subiera las escaleras para decirme algo pero no lo escuché estaba muy ocupada corriendo hasta llegar a mi habitación y tumbarme en la cama maldiciendo. Ah, las cosas no pueden ir peor y todo por ti culpa...

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