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Mi vida con el hombre más rico

Mi vida con el hombre más rico

Autor: : CATHERINA CAMPILLO
Género: Moderno
Meagan se casó con un hombre sin un centavo por culpa de su hermana. Pensó que su esposo no era más que un tipo pobre y que tendría que vivir el resto de su vida en la miseria. Poco sabía que su esposo, Zayden, era en realidad el magnate de negocios más poderoso y misterioso de la ciudad. Tan pronto como escuchó un rumor sobre esto, Meagan corrió de regreso a su estrecho apartamento y se arrojó a los brazos de su esposo. "Todos dicen que eres el poderoso señor Friedman. ¿Es eso cierto?". Él le acarició el cabello con cariño. "Simplemente nos parecemos, eso es todo". Meagan le sacó la lengua. "Pero ese hombre insiste en que soy su esposa. Es muy molesto. Cariño, si puedes, dale una lección, por favor". Al día siguiente, el señor Friedman se presentó en su compañía con moretones en la cara. Todos estaban estupefactos. ¿Qué demonios le había pasado a su jefe? Él sonrió. "Mi esposa dio la orden, así que no tuve más remedio que obedecer".

Capítulo 1 Noche de bodas

"Es tarde. ¿Por qué no ir a la cama?".

La voz profunda y encantadora del hombre resonó de repente, devolviendo la mente errante de Meagan a la realidad. Meagan Allison, una señorita recién casada, miró hacia arriba, y se encontró con los ojos profundos de su esposo, los cuales transmitían emociones impredecibles que ella no podía descifrar.

Agarrándose nerviosamente el ruedo de su vestido, ella sintió que el corazón le latía cada vez más rápido.

Desde que entró en esa habitación, ella había estado sentada en el borde de la cama casi sin moverse, por lo que su espalda ya se sentía algo rígida. De hecho, ella todavía no se había quitado el vestido de novia, pues no sabía qué hacer o esperar. Para cuando el hombre terminó de ducharse y salió del baño, ella se dio cuenta de que estaban a punto de pasar su primera noche como pareja casada... Eso no era cualquier cosa; era su noche de bodas.

Al pensar en ello, Meagan tembló de pies a cabeza. Y es que ella ni siquiera había tenido la oportunidad de conocer bien a su marido. Después de todo, era simplemente una sustituta, un reemplazo de otra mujer que se suponía originalmente iba a casarse con el hombre en la habitación.

Como la hija ilegítima de una familia rica, Meagan se vio obligada a casarse con ese hombre pobre en lugar de su media hermana para cumplir con el compromiso arreglado por los cabezas de las dos familias. Además, también se esperaba que ella adquiriera una cantidad considerable de bienes de ese matrimonio.

Con eso, se podrían pagar los gastos médicos de su madre, su hermanito podría seguir estudiando, y toda su familia podría vivir una buena vida. Toda esa carga era de ella y solo de ella ahora.

Reflexionando sobre el hecho de que su vida había cambiado drásticamente, Meagan respiró hondo y caminó temblorosa hacia el baño. "Yo... Yo también me voy a duchar...".

Ante eso, las pupilas del hombre se dilataron de repente.

Meagan llegó al baño, y estaba a punto de cerrar la puerta cuando se dio cuenta de que la madera era vieja y que ni siquiera había seguro en la cerradura. Entonces no pudo evitar tragar grueso. Si bien su vida hasta el momento no había sido un lecho de rosas, no fue algo tan abismal como esto.

En un santiamén, se le aguaron los ojos, pero por mucho que quería llorar y liberar sus frustraciones, solo pudo quedarse parada en el baño por un rato, sin siquiera poder quitarse el vestido.

Afuera, el hombre parecía haber entendido lo que estaba pasando por la mente de su esposa, así que dijo con voz magnética: "Voy a salir a fumar. Puedes tomarte tu tiempo allí".

Eso pareció darle un poco de alivio a Meagan. Para comprobar si él de veras se iba, ella apoyó la oreja contra la puerta y se quedó escuchando con atención. Una vez que él hubo salido de la habitación, la puerta de esta se cerró con un crujido, y después Meagan ya no escuchó nada más.

El día anterior a su boda, un violento huracán había asolado la ciudad. De hecho, varias vallas publicitarias gigantes habían sido derribadas, e incluso árboles enormes fueron arrancados de raíz y partidos por la mitad. Las carreteras en todas las partes de la ciudad estaban llenas de ellos entre escombros. A pesar de toda esa situación, la boda de Meagan siguió en pie.

Obviamente ella no solo no tuvo un auto nupcial decente para recogerla, sino que también tuvo que caminar una distancia bastante larga solo para viajar en un minibús discreto que la llevaría a la aldea. Sus zapatos y su vestido de novia estaban sucios por el barro húmedo; todo parecía un desastre total.

Como personas supersticiosas, los ancianos de las familias dijeron que casarse en tales condiciones solo resultaría en un futuro miserable.

Sin embargo, a Meagan no le importaba su propia felicidad, y todavía era así.

Después de ducharse, se secó el cabello y por fin salió del baño.

Parecía que su esposo aún no había regresado de fumar.

Completamente sola, ella miró a su alrededor y observó la casa de adobe de dos habitaciones solo para notar que había goteras en algunos lugares. No obstante y para su sorpresa, aunque todo estaba un poco destartalada, un poco de mantenimiento y limpieza podrían hacerla lucir lo suficientemente bien. Meagan se encontró dejando escapar una leve sonrisa, y luego decidió ordenar la habitación antes de que regresara su esposo.

Sin embargo, mientras se arrodillaba sobre las sábanas para hacer la cama, el hombre apareció de repente.

Siendo tomada por sorpresa, ella olvidó que solo llevaba una toalla de baño todavía, y con su movimiento repentino cuando se dio la vuelta, no se dio cuenta de que ya se había deslizado por su cuerpo. Entonces soltó un grito y rápidamente se cubrió el pecho con los brazos después de notar lo que acababa de suceder.

Pero incluso antes de que ella pudiera cubrirse, el hombre ya le había visto el cuerpo desnudo tan claro como el día.

Presa del pánico, Meagan jaló la colcha de la cama para cubrirse, y la vergüenza era tal que se puso roja ipso facto.

Incapaz de olvidar lo que acababa de ver, el hombre tragó grueso, y la mirada en sus ojos se volvió más complicada. Esta vez, caminó lentamente hasta ella y habló en una voz baja y fría que, de alguna manera, implicaba un poco de intimidad. "Ya es tarde. Vamos a la cama".

Cuando él dijo eso más temprano, sonó como una mera sugerencia, pero ahora era bastante imperativo.

El corazón de Meagan latía tan fuerte que pensó que se le iba a salir por la garganta. Con los ojos cerrados, de pronto sintió un brazo alrededor de su cintura, y lenta pero firmemente, ella cayó en los brazos del hombre mientras su espalda quedaba presionada contra el pecho de él.

Capítulo 2 Reemplazo

La mente de Meagan se quedó en blanco y su cuerpo empezó a temblar cuando sintió un pecho musculoso y caliente presionando su espalda.

Al mismo tiempo que el hombre la envolvía con toda su masculinidad, ella escuchó que su corazón estaba a mil por hora.

Entonces respiró hondo con la intención de calmarse un poco, pero descubrió que sus extremidades seguían tan rígidas como antes.

Sin embargo, justo cuando él estaba a punto de tocarla, una extraña razón lo hizo detenerse.

"¿Sabes quién soy?".

Tomada por sorpresa, Meagan se quedó sin palabras.

Ciertamente era una pregunta simple, pero había una implicación detrás de ella. Él era su esposo y esta era su noche de bodas, por lo que lo más natural era que consumaran su matrimonio.

Muerta de nervios, Meagan respondió con torpeza: "Tú... Tú eres Zayden Whitman".

Al escuchar esto, el hombre quiso estallar en carcajadas, aunque se controló para solo dejar escapar una risita.

Zayden Whitman...

Bueno, eso era lo que Meagan sabía, porque de hecho, ella no era la única que escondía un secreto.

Pero la verdad era que este hombre no era el verdadero Zayden Whitman, quien se suponía era el novio. De la misma manera, Meagan no era Winona Allison, la supuesta novia.

No obstante, desde el momento en que vio a Meagan, él supo que ella también era una sustituta. Aunque no sabía la razón exacta por la que Winona había sido reemplazada, podía suponer que una chica nacida en cuna de oro jamás querría casarse con un pobre campesino.

Pero todo eso ya no importaba ahora. El punto era que Meagan había reemplazado a la novia real y él al novio, así que estaban a la par.

"Zayden...".

Cuando escuchó que Meagan lo llamaba, el hombre volvió a sus sentidos, bajó la cabeza y se encontró con sus hermosos y brillantes ojos.

¡Se veía tan bella!

Mordiéndose el labio inferior, Meagan envolvió tímidamente los brazos alrededor de su cuello y murmuró: "Perdón... Es solo que estoy demasiado nerviosa... Ahora somos marido y mujer, pero puede que me cueste un poco de trabajo acostumbrarme a esto... Como sea, si quieres podemos empezar".

Mientras su nariz se llenaba de diminutas gotas de sudor, ella trató de comportarse con naturalidad pero terminó moviéndose torpemente.

Entretanto, el corazón de Zayden dio un vuelco. Al ver que la chica estaba a punto de besarlo en los labios, él tomó sorpresivamente sus manos y la apartó con suavidad.

Sin entender lo que sucedía, Meagan frunció ligeramente el ceño en confusión.

Él había hecho el primer movimiento para que tuvieran intimidad, ¿no? ¿Entonces por qué la había alejado de repente?

"No tenemos que apresurarnos. Estoy seguro de que estás agotada, deberías dormir un poco y descansar".

"Zayden, yo...".

"Necesitas algo de tiempo para acostumbrarte a esta nueva vida y yo no pienso obligarte si aún no estás lista. Mientras te preparas para tener un esposo, prometo no ponerte las cosas difíciles, ¿de acuerdo?", con eso, el hombre se tumbó a un lado de la cama y le dio la espalda a Meagan.

Mirando su piel desnuda, ella también se acostó en silencio, y cuando menos se dio cuenta, él ya estaba roncando.

Fue entonces cuando quiso aprovechar esta oportunidad para observarlo detenidamente.

Honestamente, era bastante guapo. Tenía un rostro anguloso, sus cejas eran elegantes y su brazo musculoso era un reflejo de lo bien tonificado que estaba su cuerpo.

Al pensar en esto, las mejillas de Meagan se sonrojaron y su corazón latió rápidamente, por lo que prefirió darse la vuelta para no despertar a Zayden.

Eventualmente fue sintiéndose adormilada, aunque su mente seguía llena de frustración por las burlas y comentarios que recibió de parte de Winona y su madre antes de casarse.

Ambas le dijeron que la familia Whitman tenía una buena relación con ellos desde hacía décadas, por lo que habían hecho un arreglo para unirse.

No obstante, después de irse a la quiebra, los Whitman se escondieron en un pequeño pueblo de montaña y perdieron toda su fortuna. De hecho, se decía que Zayden era una persona terrible y era conocido por ser un rufián, incluso que ya había sido arrestado en varias ocasiones.

En aquella conversación, Winona exclamó con arrogancia: "¿Un rufián? ¿Cómo pueden esperar que me case con un tipo así? Por otro lado, tú y ese tal Zayden seguramente son bien avenidos. Tu madre era una golfa, ¿no? ¡Hasta tu hermano es un bastardo! Por lo tanto, ve y cásate con ese hombre. ¡Los dos son tan repugnantes que se merecen el uno al otro!".

Desafortunadamente, la actitud de su padre no fue mejor, pues solo comentó con indiferencia: "Piénsalo bien, Meg. Cásate con Zayden en lugar de Winnie y te daré el dinero suficiente para curar a tu madre de su enfermedad".

Irritada, la madre de Winona también intervino, tocándose fuertemente las sienes con los dedos: "¿Por qué dudas tanto? ¡Una perra como tú jamás encontrará algo mejor! Incluso llevarás el apellido de la familia Allison. ¡No sé qué más quieres!".

De pronto, Meagan se despertó sobresaltada de su pesadilla, respirando frenéticamente y con la frente llena de sudor.

Entonces se dio cuenta de que ya estaba amaneciendo, y Zayden, quien se suponía que estaba durmiendo a su lado, había desaparecido.

Capítulo 3 Estás muy delgada

Meagan se vistió y salió al patio, y tal y como esperaba, vio a Zayden allí haciendo algunos ejercicios matutinos.

Él llevaba el torso desnudo y levantaba unas mancuernas. Todos sus músculos eran muy tonificados y estéticamente hermosos. Su sudor brillaba al darle los rayos de sol que estaba saliendo. Con sus ojos sobre él, Meagan sintió como si estuviera mirando a un guerrero espartano.

Ligeramente ruborizada, lo saludó. "¿Te levantas así de temprano todas las mañanas?".

Mirándola, Zayden asintió con indiferencia y continuó con su entrenamiento.

Meagan comenzó entonces a mirar alrededor del patio. Este no era demasiado grande, pero estaba un poco desordenado. Había sacos de arena, guantes de boxeo, bates de béisbol y mancuernas por todos lados. Era como un gimnasio casero al aire libre. De repente, ella se puso un poco nerviosa al recordar el rumor de que él había sido encarcelado varias veces antes. Obviamente no se atrevió a preguntar si eso era cierto, pero teniendo en cuenta el físico de Zayden, era evidente que podía pelear con cualquiera.

Ese hombre le parecía muy misterioso, y no pudo evitar preguntarse qué tipo de persona era realmente, sin tener en consideración rumores sin fundamento.

Sin embargo, ella escuchó que la mayoría de los hombres en el área tenían un machismo naturalizado al punto de incluso golpear a sus esposas se había vuelto normal, especialmente cuando estaban borrachos, ella no se atrevió a arriesgarse.

Mordiéndose el labio, reunió valor y se acercó a Zayden. "Ehm... ¿Ya desayunaste?".

Después de unos segundos, Zayden respondió en un tono monótono: "No, todavía no. Puedes hacer algo para los dos".

"Está bien", soltó ella con un asentimiento, y corrió a la cocina.

De hecho, ella era buena cocinando, y estaba confiada de ello. No mucho después, terminó de cocinar un poco de gachas, huevos fritos y un plato de carne de res a la plancha especialmente para Zayden.

Cuando él entró a la casa, se sentó directamente en la mesa del comedor, y al levantar la cabeza, vio los ojos sonrientes de Meagan. Tomado por sorpresa, el corazón se le aceleró. Como si quisiera recompensarla por su arduo trabajo, agarró un trozo de carne y se lo sirvió a ella.

Las cejas de Megan se fruncieron, pues ella había preparado eso especialmente para él. De hecho, estuvo a punto de negarse. No obstante, él le dijo en voz baja: "Come un poco también. Necesitas más proteínas; estás muy delgada".

"Ah, de acuerdo...".

Frunciendo los labios, ella no quiso negarse más. Lo cierto era que tenía muchas cosas en mente que quería hablar con Zayden.

Primero, quería disculparse por lo sucedido la noche anterior. Y es que todos los hombres debían desear hacer el amor con su nueva esposa en la noche de bodas, pero ella reaccionó como si él la estuviese forzando, aunque sabía que no era así.

En segundo lugar, quería preguntarle sobre sus planes a futuro, pues ahora que eran pareja legalmente, deberían hablar sobre sus metas en conjunto.

Además, ella tampoco sabía cuál era el trabajo de él ni cómo los mantendría.

En otras palabras, tenían muchas cosas que necesitaban saber el uno del otro.

Sin embargo, Zayden mantuvo la cabeza gacha y solo se concentró en su desayuno. Cada vez que levantaba la mano para llevarse la cuchara a la boca, los callos en los nudillos eran bastante visibles. Lo más probable es debido a que golpeaba los sacos de arena con mucha frecuencia.

Cuando Meagan vio eso, se tragó sus palabras con miedo.

La primera comida después del día de su boda fue larga y silenciosa, lo cual hizo que Meagan se sintiera muy incómoda. No obstante, eso era algo de lo que no podía huir. Desde el momento en el que se casaron, ya no había vuelta atrás.

"Por cierto, ¿estás libre hoy?", consultó ella, finalmente rompiendo el incómodo silencio.

Como no esperaba tal interrogante, Zayden quedó un poco desconcertado. "¿Por qué? ¿Qué ocurre?".

"Nada, solo voy al centro a devolver mi vestido de novia a la tienda en la que lo alquilé", respondió ella con una sonrisa nerviosa.

El rostro de Zayden se congeló por un momento. A él no le había importado un carajo nada relacionado con la boda, así que ni siquiera sabía que el vestido de novia de Meagan había sido alquilado. Para la mayoría de las mujeres, casarse era el evento más importante de su vida, y querían atesorarlo y recordarlo, por lo que con gusto comprarían su vestido de novia para conservarlo. Al pensar en eso, los ojos de Zayden se entrecerraron ligeramente con una sensación extraña.

Al ver que él volvió a guardar silencio, Meagan se apresuró a explicar: "¡No te estoy pidiendo que me acompañes! Puedo ir sola y tú puedes ocuparte de tus cosas si tienes algo que hacer. No tienes que preocuparte por mí".

"De acuerdo", dijo él sin oponerse.

Cualquiera diría que solo parecían compañeros de habitación, pues todavía no había ni una pizca de intimidad entre ellos como para que los llamaran pareja.

Después de limpiar brevemente el vestido de novia, Meagan lo empacó. Entonces salió de la casa y tomó varios viajes en autobús antes de llegar a la tienda de vestidos de novia. Aunque había salido temprano en la mañana, era casi mediodía cuando por fin llegó.

Durante los preparativos de la boda, a excepción de lo que su padre prometió verbalmente, los Allison no la ayudaron en nada, de modo que ella tuvo que buscar sola en esa tienda hasta encontrar un vestido de novia que encajara con su estilo y tuviera un precio razonable. El lugar no era tan grande, pero el personal actuaba como si fuesen la tienda más exquisita de todas. Especialmente para alguien como Meagan, quien solo alquiló su vestido de novia, la menospreciaron.

Cuando recibieron el vestido, una empleada dijo con desdén: "Señora, ¿crees que vamos a poder alquilar esto de nuevo? ¡Mira lo sucio que está! ¿Recuerdas haber recibido esto en este estado?".

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