Camila esa mañana no quería levantarse, le dolían los huesos, la cabeza, porque estaba con gripa, pero se volteó y vio a su madre durmiendo en una cama dónde solo cabía ella, e hizo el esfuerzo, se sentó en su cama y se obligó a levantar su cuerpo para ir a trabajar.
Con lo que ganaba apenas podía pagar los gastos de medicina y comida de su madre, por eso trabajaba en dos sitios diferentes para tener un poco más de dinero, no alcanzaba para mejorar la vivienda, se tenían que conformar con lo poco que poseían, una casucha destartalada, heredada de su padre fallecido, donde el techo tenía múltiples goteras cuando llegaba la lluvia.
Al llegar a la cafetería,le había advertido al encargado que no se sentía bien de salud, pero éste la miró y solo refunfuño diciendo:
- Vaya a atender la clientela, así entras en calor.
Ella resignada, no le quedó más remedio que obedecer, se dirigió a hacer sus obligaciones, pronto se olvidó de ella y se concentró en su madre, porque cuando pensaba en esa mujer que le había dado la vida, entonces le salían alas en los pies, y así lograr la mayor cantidad de propinas por servir las mesas de aquella lujosa cafetería.
Tenían una asidua cliente del restaurante, siempre se sentaba en el mismo lugar y llegaba a la misma hora y ése día no era la excepción, allí estaba haciéndole señas para que ella se acercara.
- Buenos días, ¿lo mismo de siempre bella dama?- preguntó ella amable.
La mujer la miró y dijo:
- ¡Necesito hablar contigo, siéntate!
Camila alzó una ceja, señal característica de que algo le extrañaba.
- Hablar conmigo, ¿de qué?- se atrevió a preguntar.
- Te va a interesar, ¿Puedes sentarte?- preguntó la mujer.
- En horas de trabajo no me lo permiten señora- dijo Camila mirando hacia la oficina.
- Entonces, estoy de regreso a la hora de tu salida dice y treinta pm? - dijo- Tráeme el servicio de siempre.
Camila anotó en su libreta y salió a buscar lo que la mujer siempre pedía, un café que disfrutaba en pequeños sorbos y luego se iba hasta el otro día que volvía por lo mismo, pero ésta vez, le había invitado a conversar y le dijo que volvería a la hora de su salida para que tuvieran una conversación.
Era una extraña para ella porque jamás había cruzado más de dos palabras, estaba un poco inquieta, deseaba que llegara la hora para ver qué era lo que ésta mujer necesitaba de ella.
Las horas de trabajo se hicieron largas para Camila, a cada rato estaba mirando las manecillas del reloj, que al parecer de ella, ese día se movían en cámara lenta.
Al fin le tocó sacarse el mandil o delantal que la identificaba como empleada de aquella cafetería tan exclusiva.
No tenía mucho tiempo, pues a las dos pm entraba en el otro trabajo que quedaba muy cerca de allí.
Pronto empezó a caminar, veía en todas las direcciones posibles hasta que vió a aquella mujer que le hacía señas para que ella se acercara, estaba bastante nerviosa, pero sin embargo se decidió a interesarse de lo que ésta señora quería hablar con ella.
- Buenas tardes- saludó.
- Entra al auto - dijo la mujer.
- Lo siento señora, lo que vaya a decirme que sea acá donde mire la gente - dijo Camila.
- Tienes razón de sentir tanta desconfianza, no tienes porqué temer, no es nada malo, al contrario es algo que va a cambiar tu vida, te lo aseguro,- dijo la mujer- pero está bien, vamos hasta aquel restaurante y allí nos sentamos para hablar ¿Te parece?
- Empiezo a trabajar a las dos pm, espero sea rápido necesito almorzar- dijo Camila.
- Entonces vamos, te invito a almorzar, y mientras, te hablo de lo que deseo que escuches- dijo la mujer.
Se dirigieron hasta un restaurante que estaba a pocos metros de allí para caminar detrás, se sentaron y espero a que la otra pidiera un servicio, luego empezó a decir:
- Me llamo Astrid Wood, mucho gusto Camila - dijo la mujer extendiendo su mano perfectamente cuidada.
- Hola señora Wood, tiene una gran ventaja sobre mí, imagino que investigó sobre mí- dijo Camila con inteligencia.
- Imaginas bien, sé quién eres, dónde vives y con quién, me tomé esa libertad porque necesito de tus servicios.
- ¿Es usted policía, o de alguna agencia de inteligencia?- preguntó Camila con extrañeza.
La mujer hizo un mohín de desagrado y dijo:
- ¿Cómo se te ocurre? Solo soy una persona influyente que le gusta averiguar sobre las personas que trabajarán para ella- dijo la mujer.
- Entonces se supone que voy a trabajar para usted y por eso se tomó la molestia de investigar mi vida- dijo Camila con la mirada fija en la mujer.
- Así es Camila- dijo Astrid- necesito que escuches la propuesta que tengo para tí, como te dije soy una mujer influyente, con mucho dinero, casada, pero soy estéril, no salgo embarazada.
A éste punto Camila seguía sin entender, pero la mujer le había picado el interés y quiso seguir escuchando, el mesero se acercó y la voz de la mujer se apagó por unos momentos, después continuó diciendo:
- Es allí donde entras tú, necesito tener un hijo, que aunque estoy casada felizmente por tres años, no he logrado concebir por las causas que te expuse- dijo ella escogiendo muy bien sus palabras.
Camila parpadeó varias veces tratando de asimilar lo que escuchaba de aquella mujer, pero su mente seguía sin tener claro lo que aquella señora influyente quería proponerle.
- La verdad señora Astrid Wood, aún no entiendo lo que desea de mí- dijo Camila ingenuamente.
- Ésto es lo que te propongo, que te embaraces de mi marido para yo poder tener el hijo que tanto necesitamos - dijo Astrid Wood - voy a pagarte un millón de dólares por ayudarme a tener ese niño Camila.
- ¿Embarazarme de su esposo? ¿Acaso se volvió usted loca?- exclamó Camila indignada - un hijo es sagrado señora y el día que yo tenga uno, le aseguro que no lo venderé.
- Camila, tu madre está enferma, tu casa se está cayendo, con ese dinero puedes mejorar tu vida,- dijo Astrid persuasiva - mira tu realidad y lo que yo te estoy ofreciendo; un millón de dólares, mejor estilo de vida,solo necesitas aceptar tener a mi hijo en tu vientre.
- No señora, no sería su hijo, sería mío, ni pensar en esa idea tan absurda que se le ha ocurrido - dijo Camila indignada - busque a otra que se preste a esa barbaridad, yo no estoy disponible - dijo Camila levantándose para seguir su camino.
Astrid se levantó también y la tomó suavemente del brazo y le depositó en la mano un pedazo de cartón dónde estaba el número telefónico de la mujer.
- Esto es por si cambias de parecer, se que te parece descabellado, pero si conocieras las verdaderas razones, estarías dispuesta a ayudarme Camila Cruz, - dijo Astrid manipulando la situación- piensa en tu madre, podrías mejorar su salud, vivir en un lugar cómodo, estudiar una carrera universitaria, yo solo necesito tu vientre, me harías muy felíz si me das un bebé que será el heredero de una gran fortuna, millones de dólares.
Camila ya no quiso seguir escuchando, salió de aquel lugar sin mirar atrás, no quería ni siquiera considerar aquello tan absurdo que le pedía aquella mujer tan elegantemente vestida y de hablar tan suave, apuró el paso, ni siquiera probó la comida que ella había pedido para ella.
Las palabras de la mujer resonaban en su cabeza una y otra vez, no quería escuchar más, se tapaba los oídos como si con aquel gesto se fuera a apagar la voz de Astrid en su cabeza.
Al llegar al lugar del otro trabajo, se detuvo al frente, observó que era aún muy temprano, así que se dirigió a un pequeño parque y allí se dispuso a comer, no tenía hambre, aquella conversación literalmente le había quitado el apetito.
Al llegar a casa su madre no estaba, pero había una nota de la vecina, se dirigió al hospital y allí su vecina la esperaba.
- ¿Dónde está mi madre, señora Nora?- preguntó contrariada.
La mujer la saludó con un abrazo y respondió:
- Está en observación, tuvo aporreos y un corte en la frente, le tuvieron que coser unos puntos.
Camila se agarró su cabeza con ambas manos y exclamó:
- ¡Por Dios! ¡Entonces fue grave la caída!
- Ella dice que solo estaba caminando y se tropezó, pero tú y yo la conocemos, de seguro se subió en alguna silla a alcanzar algo - dijo la mujer
- ¡Qué cosas con mamá! Voy a verla ¡Gracias señora Nora!- dijo buscando el lugar donde estaba recluida su madre.
- ¡Acá te espero!- le dijo la mujer.
Ella se internó en el pasillo buscando a su madre, la vio, un doctor estaba con ella, la madre de Camila al verla dijo:
- Allí está mi muchacha, doctor.
- ¡Que bueno que llegó señorita, ¿puedo hablar un momento con usted?- dijo él médico.
- Sí claro ¿Cómo está mi madre doctor?- preguntó ella preocupada
- La señora está lista para ir a casa, tuvo varios aporreos porque la caída fue aparatosa- dijo él médico- al parecer intentó tomar un utensilio de una parte alta y perdió el equilibrio, la prótesis le lastimó el muñón de su pierna, es urgente colocarle una nueva, ya ésta no le es útil, le mandé algunas cremas para los moretones, tiene una herida que ya fue suturada, acá también envié analgésicos y debe realizar estos exámenes pues tenía la presión bastante alta, por eso no la envié a casa de inmediato, ya está en los rangos normales, por eso los exámenes, apenas tenga los resultados, debe traerla de nuevo, pase por administración para los gastos médicos.
- ¡Gracias doctor!- dijo ella yendo a buscar a su madre.
Ésta se encontraba sentada en la cama, esperando por su hija, al ver a Camila dijo:
- ¿Ya podemos irnos a casa?
- Si mamá, nos vamos a casa, pero primero veamos la cuenta para pagar - dijo Camila.
Buscó la vieja silla de ruedas que obviamente necesitaba también una renovación, en administración le extendieron la factura, ella sacó el poco dinero hecho en el día, la mujer le dijo:
- Debes firmar una nota de crédito, así no te puedes ir no puedes quedar debiendo.
- Prometo pagar- dijo Camila.
La mujer llamó al doctor y éste dijo:
-Necesito que hagas lo que te pedí, para mejorar la salud de tu mamá, ve y mañana traes el dinero.
Camila tuvo que pensar en considerar la propuesta de aquella mujer influyente.
- No te angusties mamá, son circunstancias, ya voy a solucionar - dijo ella- ahora debo cuidarte para que tu salud mejore pronto, necesitamos hacer unos cambios en nuestra vida madre, me tocará hacer algunos sacrificios para obtener más dinero.
- ¿De qué estás hablando Camila?- preguntó la madre sin comprender- espero que no sea un disparate lo que tienes en mente. Ella escogió muy bien las palabras para contarle a su madre acerca de la oferta que había recibido.
-Mamá, una mujer me está ofreciendo un millón de dólares por salir embarazada y darle al bebé - dijo sin respirar.
La madre de Camila abrió sus ojos cómo platos ante lo que escuchaba y exclamó:
- ¡Santo Cristo! ¿De qué barbaridad hablas?
- No es ninguna barbaridad mamita, al principio dije que no, pero viendo todo lo que necesitamos voy aceptar esa propuesta - dijo ella muy decidida.
- ¿Cómo vas a tener un hijo?- preguntó la madre de Camila - ¿Tienes algún novio?
- No mamá, ella, según entendí, implantará en mi vientre un espermatozoide de su marido y así yo quedaré embarazada,- dijo Camila - una vez lo tenga, ella se llevará al bebé a vivir con ellos, tú y yo ya no nos vamos a preocupar por necesidades económicas.
- ¡Ay hija!, ¿pero eso no es peligroso?- dijo la madre de Camila.
- Mamá, es un riesgo que debo tomar, no tengo otra opción, tu necesitas tratamiento, además de una prótesis nueva- dijo ella resignada, voy a aceptar mamita, tu no puedes seguir enferma por falta de atención y por ser pobres.
Esa noche Camila Cruz miró una y otra vez la pequeña tarjeta con el número de la mujer, decidió esperar al día siguiente para hablar con Astrid Wood.
Mientras, Astrid conversaba con su esposo, era un hombre alto, muy bien parecido, cabello castaño oscuro, ojos azul claro, de aspecto obstinado y frío, además que amargado, su esposa quien lo había convencido de encontrar un vientre fértil e implantar el semen de él en una desconocida para darle un heredero a la gran dinastía Callister.
Lamentablemente era infértil, cuánto hubiera deseado dar hijos a su esposo para cumplir con las exigencias de los abuelos de Bruce Callister, quienes después de éstos años al ver que el matrimonio no daba frutos le exigían que se divorciara de ella y que se casará con otra que sí fuera una mujer fértil.
El matrimonio de ellos era aparentemente feliz, los dos habían convenido contraer nupcias sin estar enamorados, pero no deseaban separarse. El primer año de matrimonio se lo tomaron tranquilos, ya llegaría un hijo, no había apuros de ambas partes, pero entonces los abuelos empezaron a exigir un nieto para tener un heredero, si no el primo de Bruce sería quién se llevaría todo el esfuerzo de Gerrit Callister por tener un hijo de un año en su matrimonio. Bruce y Astrid decidieron ponerse a trabajar en ello, pero el hijo no llegaba, empezaron a hacer exámenes, pero estos revelaron una cruda verdad, el útero de Astrid estaba seco y sin vida.
Él abuelo le había sugerido el divorcio, pero Bruce no deseaba separarse de su esposa, aunque era Gerrit Callister quien siempre le decía lo que debía hacer, ésto le hacía sentir amargado, por temor a enfrentar a su abuelo, entonces a Astrid se le ocurrió esa brillante idea.
- ¿Estás segura que eso funcionará?- había dicho él escéptico.
- Claro que lo hará Bruce - dijo ella-
ya tengo a la persona idónea, la he investigado y se que aceptará.
Confiaba en que la chica lo pensaría mejor, dejó pasar unos días, pero en la mañana recibió una llamada, era la chica.
- Buenos días señora Wood, lo pensé mejor y decidí aceptar su propuesta- dijo Camila sin titubear.
- ¡Excelente, lo sabía! ¿Dónde nos vemos? Así hablamos de lo que haremos ahora- dijo Astrid emocionada.
Camila lo pensó y luego accedió a obedecer diciendo:
- En mi casa, primero deseo hablar de cómo he de recibir mi beneficio económico.
- De eso hablaremos querida, lo primero es hacerte los exámenes para determinar cuándo estarás más apta para ser inseminada- dijo Astrid- nos vemos en un rato.
Media hora después estaba en casa hablando con Camila, quien preguntó:
- ¿Cuándo me dará el dinero?- preguntó.
- Apenas logres el embarazo voy a depositar ese millón de dólares en tu cuenta personal - prometió Astrid.
- Señora, si accedí, fue por mi madre, está enferma y necesito comprar medicamentos, además de una prótesis para su pierna nueva e ir cubriendo muchas carencias a nivel de salud.
- No te preocupes,- dijo Astrid metiendo la mano en su bolso - toma éste adelanto, espero te alcance para que vayas solucionando lo inmediato, puedas comprar los medicamentos y todo lo que tú madre necesite, deja ése trabajo hoy, vamos de una vez, para realizar tus exámenes.
Camila se fijó en la cantidad de dinero que había recibido, habían muchos billetes eran unos 20 mil dólares, los dobló y guardó en su bolso y se dirigió con la mujer para realizar los exámenes
Ella iba sin decir nada más, su vida desde ese día tomaría un giro inesperado, todo sería diferente, tenía tantos planes en su cabeza; después de realizar lo que le pedía la mujer, tomó su pequeño bolso, necesitaba comprar la medicina de su madre, realizar los exámenes y pagar el hospital
Camila salió, primeramente a la farmacia para comprar el tratamiento de su madre, luego iría a buscarla para ocuparse de su prótesis, aunque iba a averiguar los precios, otra cosa que iba a adquirir era una silla de ruedas.
Estaba llena de emoción por poder ayudar a mejorar la condición de vida de su mamá, entró al establecimiento a buscar las medicinas, cuando iba saliendo se encontró de frente con un hombre, quien la derribó al piso, todo lo que llevaba salió en varias direcciones, el individuo lanzó una maldición y ella lanzó un grito por el impacto al ser golpeada.
Intentó levantarse, pero el hombre le tomó por un brazo y la ayudó a terminar de incorporarse, diciendo:
- ¡Maldita seas muchacha! ¿Acaso no ves por dónde caminas?! ¿Estás distraída? ¡Por poco me lanzas al suelo!
- ¡Usted me lanzó todo lo que traía señor! ¡Es usted quien debe pedir disculpas por estar distraído!- dijo ella contrariada.
El hombre al notar la actitud de la muchacha, se sintió ofendido por como le habló la muchacha y respondió insolente.
- ¡Eres una torpe, debes mirar por dónde caminas!
Camila vio toda la medicina esparcida por el suelo, notando que unas ampollas o inyecciones se habían roto.
-¡Por Dios se rompieron éstas medicinas!- dijo intentando recoger las otras que estaban esparcidas por el suelo.
- ¡Quítate de mi camino!- dijo él molesto.
Ella se quedó quieta dejando que él se alejara y luego se ocupó de recoger lo que se había esparcido.
Un hombre que había visto todo lo sucedido se acercó diciendo:
- ¿Me permite ayudarla? Entremos nuevamente para reponer el medicamento roto por favor - pidió él.
- ¡No sé preocupe, no es necesario, yo la puedo comprar de nuevo!- dijo ella nerviosa.
- De ninguna manera, yo deseo hacerlo, voy a ocuparme de los daños ocasionados por ese idiota de Bruce Callister.- dijo él de manera divertida para aliviar la tensión de ella.
-¿ Lo conoce?
- Sí, pero no hablemos de él- dijo el hombre.
La llevó hasta el interior de la farmacia y adquirió las medicinas que faltaban por haberse roto.
- Déjeme seguir reparando los daños, le invito a tomar un jugo para que pase el susto - dijo él.
Ella bastante abrumada se negó a aceptar la cordial invitación.
- ¡Ay no señor! No es necesario, ya está bien con reponer las medicinas rotas - se excusó ella.
- Si no acepta, entenderé que no le gustó que mi ayuda- dijo él manipulando
- Está bien, vamos por ese jugo - dijo ella.
Salieron hacia un pequeño restaurante, entraron y al sentarse él dijo:
- Me presento señorita, soy Richard McIntyre, a tu servicio, ¿Ya desayunaste?
Ella lo miró condescendiente y respondió:
- Está bien, me dijo un jugo y ya subió al desayuno - dijo ella - soy Camila.
- Gracias Camila, generalmente desayuno en casa, pero salí muy temprano y solo me tomé un café, ya iba a tomar mis alimentos cuando ví el incidente- dijo él- voy a pedir desayuno para los dos.
- Gracias tampoco desayuné- dijo ella- lo hago muy temprano por mi trabajo, pero me hice unos exámenes y necesitaba estar en ayuno.
- En serio y eso, ¿Estás enferma?- se atrevió él a preguntar.
- ¡Oh no, es por rutina, básicamente para un trabajo- confesó ella- soy muy pobre y me están ofreciendo ganar un buen dinero, como mi madre está muy enferma, me arriesgué y acepté.
- Espero no sea legal- dijo él bromeando - por aquello de una propuesta indecente.
- ¡Ah!, ¿es una película verdad?- dijo ella.
Llegó el servicio que habían ordenado y disfrutaron de aquella comida como viejos amigos, después de terminar el dijo:
- ¿Quieres que te lleve a algún lugar?
- No claro qué no, he abusado de su tiempo Richard - dijo ella.
- No es ningún abuso, ha sido un placer Camila, me relajó conversar contigo, espero volver a verte, me agrada mucho tu compañía, si tu propuesta no funciona, puedo ofrecerte trabajo, allí está mi número y mi dirección,- dijo él - lo que necesites no dudes en llamarme.
- Gracias, eres muy amable- respondió ella sonrojándose.
- Quizás no vuelva a verte más, me agradas mucho, nunca me había sentido tan bien en una compañía femenina, me gustaría conocerte más,- dijo él-pero somos de mundos diferentes y creo que no frecuentamos los mismos lugares.
- Si se nota que eres un hombre de dinero- dijo ella.
- Camila, nunca había sentido ésto por ninguna mujer, me agrada lo que me haces sentir, y deseo despedirme de tí con un beso, ¿ Me das permiso para besarte?
Ella cabeceó afirmativamente y dijo en voz tenue:
- Si, hazlo.
Él la tomó suavemente de sus hombros y tomó sus labios en un beso tierno, pero apasionado, Richard, exploró la cavidad tibia de la boca de ella, disfrutando de aquel maravilloso contacto, su lengua saboreo cada rincón de la boca de Camila, fue un maravilloso y mágico momento para los dos.
- Jamás olvidaré este beso, Camila - dijo él - quizás no volvamos a vernos.
Ella se quedó allí mirando como se alejaba aquel hombre que le había impactado sus emociones al punto que le dió permiso para besarla ardientemente, obviamente que ella jamás olvidaría aquel beso, no era su primer beso, pero había sido único y especial.
Camila tenía 23 años y ya había tenido un novio, por lo tanto sabía lo que significaba un beso, pero aquel beso de Richard McIntyre, fue especial para ella, un hombre que se veía que tenía full dinero, la había besado y «¡Que beso tan divino!» pensó ella.
Era una chica que no pasaba desapercibida, de rasgos físicos armoniosos, ojos grandes y de color almendra, de origen latino, su madre muy jóven había emigrado hacia el norte buscando una vida mejor, allí había conocido a su papá, aunque latino, ciudadano americano, ella y su vida era toda una novela, por las muchas cosas que había vivido hasta entonces.
Richard reflexionaba sobre lo que acababa de sucederle, esa chica Camila era pobre, a leguas se veía que llevaba una vida sencilla, pero sintió el impulso de besarla y se dió cuenta que le había gustado más de lo que imaginaba, él sabía mucho de besos, pero éste fue único y especial, sonrió, le gustó esa muchacha, claro que él estaba comprometido para casarse muy pronto, su vida al lado de su novia, hasta ahora era tranquila, nada transcendental,Stella era hermosa y sofisticada, ella ni siquiera sé parecía a la sencillez de Camila.
Dos años de novios, ella vestía a la moda, era elegante, comía en los lugares más exclusivos de la ciudad, tenían vida íntima, de vez en cuando, había necesidad entre los dos, pero éste beso despertó algo en Richard que pensó que no existía.
Sonrió con ironía, Stella sería la esposa perfecta, no molestaba, tenía gestos cariñosos hacia él, pero nunca había sentido un beso con ella como con Camila.
Esa mañana había acompañado a Bruce, iba al Banco de esperma, al parecer quería donar para una inseminación, al salir de allí habían diferido en algo y se había enojado dejándolo atrás, pues se dirigían a desayunar, el incidente con Camila rompió los planes de ellos y terminó dando un beso a la muchacha atropellada por su amigo Bruce.
En eso sintió la voz de él decirle:
- ¿Dónde te habías metido? Te busqué por todos lados y terminé desayunando solo- dijo Bruce.
- También desayuné, pero lo hice muy bien acompañado- dijo Richard.