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Mi virgen Hermanastra

Mi virgen Hermanastra

Autor: : Viviana_t
Género: Adulto Joven
Eduardo es un CEO divorciado que se amargo el alma debido a su ex esposa, pero conoce a su hermanastra una joven hermosa y virginal y se prenda de ella, decide follar con Marlyn a escondidas y la obliga a no decir nada, solo que a ella también le termina gustando follar con su hermanastro. De las simples atracciones sexuales siempre termina involucrándose el corazón... es el precio que debes pagar.

Capítulo 1 mujerzuela

Cada beso era mucho más apasionado que el anterior, el nivel de calentura de su blanquecino cuerpo era cada vez mayor. Estaba a punto de explotar en miles de pedazos, situación que la hace sonreír.

Aprieta la ancha espalda de su amante hasta el punto de enterrar sus uñas en su piel, muerde ferozmente los labios de ese hombre como si quisiera arrancárselos entre tanto la verga de ese sujeto entra en su vagina sin piedad.

Riana inclina la cabeza hacia atrás y suelta un largo jadeo al sentir que estaba a punto de correrse.

-Vamos, metete la polla más adentro, quiero sentirte más.

-Joder siiii...

Su amante la sujeta por la cintura mientras que su pene entra y sale del interior de esa pelirroja, todo su cuerpo sudaba al punto de salpicar de sudor la piel de Riana. Baja la mirada para ver sus tetas firmes, las aureolas de su pezón eran un poco oscuras, pero se encontraban rígidas.

La piel bronceada de su cuerpo ya estaba toda erizada y brillante, era una mujer deliciosa, deliciosamente prohibida pensó el joven sobre ella.

Inclina la cabeza hacia abajo para tomar posesión de una de sus tetas, al meterla en su boca empieza a chupar con fuerza al mismo tiempo que la oye jadear con mucha más insistencia. Ella se aferra a su cuello mientras que él mete su verga en su vagina.

Desciende una de sus manos hacia la curva del culo de ella y aprieta hasta que ella se sobresalta, alza la mirada mientras que no suelta el pezón y puede ver como ella muerde levemente sus labios con mucha lujuria.

Eso lo motiva a penetrarla con arrebato.

-¡Ah! ¡Ah! Siii, mierda que rico me coges.

Riana suelta a su amante y termina por desplomarse en la cama mientras que su vagina es penetrada ferozmente por ese hombre, su cuerpo se retuerce de miles de manera entre tanto goza del placer que le propinan.

-Chúpame el coño, vamos, baja y lámelo todo -ordena.

El joven obedece y saca su polla del interior vaginal de Riana para luego agacharse y queda justo frente a los muslos abiertos de ella, separa los mismos un poco notando como las manos de ella empiezan a masajear su vientre hasta que uno de sus dedos llega a la altura de la protuberancia de su vagina.

-Vamos, no seas tímido, quiero que me la chupes.

El chico inclina la cabeza hacia el coño abierto de esa mujer, observa como ella se masturba la protuberancia y retuerce su cuerpo, él acerca su boca a la vagina de ella y pasa su lengua por el centro de la misma.

-¡Ahhhh! Si, de eso hablo, lamela.

El cuerpo de Riana se arquea un poco al sentir la tibia lengua de ese muchacho, ella muerde sus labios y frunce el ceño puesto que la sensación era increíblemente deliciosa. Estaba a punto de correrse, y quería hacerlo en la boca de ese chico.

-Chupa, chupa -demanda justo cuando sujeta su cabeza para acercarla más a su coño.

Él sorbe el interior de esa vagina saboreando el propio sabor de su polla y la esencia de Riana, se aferra a los muslos de ella para poder mientras que chupa con intensidad provocando sonidos morbosos.

-¡Aahhh! De eso habloooo...-arquea su cuerpo mientras que siente esa lengua entrar en la cavidad de su vagina.

Riana sonríe un poco cuando siente que ya estaba por correrse, ejerce presión de la cabeza del chico contra su vagina y esto lo lleva a él a proporcionar lamidas más intensas y punzantes que aceleraron la llegada del orgasmo.

-¡Aaahhh! Si ¡Ahhhh! Joder, que ricooooo-grita con todas sus fuerzas.

Su cuerpo se tensa por completo mientras que aquel joven sorbe los fluidos de su interior, luego libera su cuerpo, pero él sigue metido entre sus muslos situación que a ella no le disgusta.

Pero su mágico e inolvidable momento se ve arruinado por el sonido del abrir de la puerta de la habitación, ella abre los ojos y mira hacia la misma y cuando ve quien estaba parado bajo el marco de la misma sus ojos se ensanchan.

-¡Eduardo!

Eduardo Simonovi observa a su esposa desnuda y con las piernas abiertas para un sujeto que evidentemente no era él, el CEO vislumbra a un joven que al verlo se aleja de su mujer y muestra una expresión de asombro y miedo.

-Riana...

-Eduardo, yo...-ella se sienta en la cama y rápidamente toma una sábana para envolver su cuerpo -. Cariño, esto es...-señala la cama y todo lo demás.

-¿Qué? -él frunce el ceño al mismo tiempo que se cruza de brazos.

-Yo -la mujer peina su rebelde cabello.

-No tienes que decir nada, creo que lo que he visto aquí es más que suficiente para mí.

Ella alza la mirada y rápido se pone en pie para ir hacia donde estaba él, pero Eduardo da dos pasos hacia atrás cuando nota las intenciones de su mujer.

-¿Qué quieres decir? Si, me equivoque, yo reconozco que me equivoque, pero al menos pregunta porque he llegado a esto.

-¿Qué tienes que decir al respecto? -él espera paciente una respuesta aceptable por parte de ella.

-Yo, tú, es que tú me has olvidado en muchos aspectos, solo te concentras en trabajar y...

-¿Esa es tu excusa, Riana?

Ella muerde sus labios, no tenía excusa ya que no era la primera vez que le era infiel a su marido. La verdad es que no lo amaba desde hace mucho tiempo, pero tampoco podía dejarlo ya que él le propinaba la estabilidad que a ella le gustaba.

Sin embargo, aquella era la primera vez que la descubría siendo infiel. Quizás si lograba convencerlo pudiera lograr que la perdonara. Y para la próxima vez tendría que evitar follar en su propia casa.

-No puedes culparme de caer en la tentación cuando tú me has dejado sola muchas noches.

-Te he pedido muchas veces que me acompañes a esos viajes de trabajo, te lo pedí, no sé cuántas veces te dije que fueras conmigo. Eres mi esposa, mi compañera, ¿Qué más quería que hiciera? He estado para ti muchas veces, y así es como me pagas.

Ella frunce los labios, no podía dejarse ganar por esa tontería, ella no le gustaba viajar con él, prefería quedarse en casa follando con sujetos que si la llenaban.

-No quería viajar contigo por negocios, sino por placer.

-¿Acaso no lo he hecho todo eso por ti? -la mira fijamente mientras que la decepción hace mella en él.

-No fue suficiente, quiero que las cosas sean diferentes entre nosotros. Esto solo ha sido un error que no volverá a pasar.

-¿insinúas que es la primera vez que lo haces?

-Si, por supuesto mi amor.

El CEO observa a su esposa a los ojos y no se cree que ella tenga el descaro de seguir mintiéndole en la maldita cara. Él voltea a ver a ese sujeto que aún sigue en el suelo asustado, y por la expresión que él hace sabe que no era la primera vez que su mujer lo engañaba.

Era decepcionante...

Todo lo que sentía por Riana se desvaneció tan rápido, era increíble como puedes sentir amor por alguien y que de un momento a otro todo se termine.

Ese día casualmente había dejado unos documentos importantes en su despacho y tuvo que regresar a casa a por ellos para la junta de esa tarde, pero cuando ingreso en su residencia observa que el coche de su mujer más otro desconocido se encontraban aparcados en la entrada.

Le resulto extraño porque ella debía de estar en sus rutinas y no en casa a esa hora, y hasta donde recordaba sus amigas no usaban un modelo de coche tan peculiar y robusto. La curiosidad lo llevo a entrar a la casa con prisa y no más al ingresar escucha que su mujer estaba gimiendo.

No tenía que ser muy astuto para saber que su esposa estaba follando con un sujeto en su propia casa. Era una maldita perra.

Aunque no quería ver aquella escena, lo creyó conveniente ya que era lo que necesitaba para dar el paso final a esa maldita relación que al parecer era una completa farsa.

Y justo al entrar encuentra a un tío chupándole el coño a su esposa. Aquella vagina que muchas veces hizo suya, de solo recordar esa escena le hacía hervir la sangre.

Observa a su mujer con seriedad mientras que ella se mostraba como esperanzada.

-Búscate un abogado Riana, lo vas a necesitar.

La pelirroja siente un escalofrió recorrer por todo el cuerpo, parpadea varias veces. Sus piernas comenzaron a temblar, ella mira hacia atrás y ve a su entrenador mirarla asombrado. Luego reacciona y va detrás de su marido.

-Eduardo, Eduardo, por favor espera, no te vayas mi amor. Necesitamos hablar, perdóname, te juro que solo ha sido solo una vez, yo nunca...

-¡Cállate! Cállate de una maldita vez Riana -vocifera mientras que baja las escaleras.

-No, escucha, yo no...

Él se detiene al pie de las escaleras para verla detenerse mientras sujeta su sabana alrededor de su cuerpo. Era desagradable verla en ese estado, saber que se había revolcado con otro en su propia cama donde muchas veces ellos habían hecho el amor.

Esa maldita casa ya no era su hogar, solo era un cementerio de mierda.

-Puedes quedarte con esta casa donde seguramente has estado follando infinitas veces con tus amantes, pero eso será lo único con lo que te vas a quedar.

-¿Qué? No puedes, no puedes hacerme esto, Eduardo.

El CEO sigue su camino hasta la salida, sale al exterior y se dirige hacia su coche. Sabe que su mujer lo sigue sin importarle nada.

-Eduardo, no puedes hacerme esto maldita sea, escúchame -él hace amago de subir al coche y la ve que se coloca frente a su coche para no dejarlo salir.

-Quítate de allí.

-No me dejaras en la calle.

-¡Ya lo hice!

-Soy tu esposa legalmente, me corresponde la mitad de todo lo que te pertenece.

Eduardo sonríe de medio lado mostrando su lado traicionero.

-Lo único que está a mi nombre es esa casa, el resto no está a mi nombre.

-¡¿Qué?! -ella mira la casa y luego a él.

-Todos mis bienes están a nombre de mi padre, mis coches, mi empresa, todo lo demás... lo único que me pertenece es esa casa donde evidentemente tú la usas como burdel.

-No, no, eso no es cierto.

Él no era un idiota, siempre se aseguró de que sus bienes estuvieran bien protegidos, y casarse era como tener una perdida masiva ya que nunca se sabía si la esposa elegida era la indicada. Y mucha razón tuvo al poner sus bienes a nombre de su padre.

Lastimosamente, Riana no era la mujer indicada para él. Y esas alturas de su vida, sospechaba que no existía ninguna mujer que fuese capaz de ser fiel y leal a él. Baja la mirada al sentir tanta decepción e ira por dentro por culpa de una mujer.

-¿Tu padre? Todo está a nombre de tu padre, ¿enloqueciste?

-Mi abogado tratara contigo sobre el asunto del divorcio, como entenderás no pretendo seguir casado contigo -se sube al coche.

-¡Eduardo! ¡Eduardo! -grita mientras que golpea el capo del coche, pero Riana escucha que lo enciende y se asusta -. No hemos terminado de hablar, no puedes hacerme esto, ¿Cómo fuiste capas de engañarme todos estos años? ¡maldito desgraciado mentiroso!

El CEO tensa la mandíbula, ella lo llamaba mentiroso cuando era ella quien se estaba revolcando con otro en su propia cama. Acelera el coche y ella se hace a un lado de inmediato lo que le permite salir de la residencia en la que pensó que alguna vez fue feliz.

Fue en ese instante que se dio cuenta de que esa mujer lo había cambiado por completo, ese hombre dulce y tierno que una vez fue, ya no quedaba nada. Mierda, no creía que nadie se mereciera su amor.

-¡Eduardooooo! -mira por el retrovisor viendo como Riana corre detrás del coche.

Capítulo 2 un trato nada justo

Eduardo conduce en silencio y con la mirada fija en la carretera, el CEO aprieta el volante mientras que siente que los latidos de su corazón se aceleran con cada recuerdo vivido hace un momento. Niega y muerde sus labios.

Da un giro en el coche hasta que llega a una urbanización que bien conoce, mete el coche en la entrada de una mansión y al bajar del coche se encamina hasta el interior de la casa, cuando ingresa mira hacia arriba, pero no ve a nadie.

Frunce el ceño y es cuando ve a una de las empleadas de la casa.

-Bienvenido señor Simonovi.

-¿Dónde está mi padre? -la mujer parpadea varias veces al escuchar el tono de voz agrio del hijo de su jefe.

-Señor, el señor Claudio ha salido de viaje.

-¿Qué? ¿a dónde demonios ha viajado?

-A Oregón, Portland, señor.

Eduardo pica el puente de su nariz, a su padre se le olvido comentarle ese maldito pequeño detalle. Odiaba cuando se largaba de viaje sin avisarle, siempre que lo necesitaba estaba fuera de casa.

-Maldita sea...

-Señor.

-¿Dijo cuando regresaba? -pregunta cuando saca su móvil del bolsillo en el que ve muchas llamadas perdidas de su mujer -. Mierda con esta mujer.

-No, no, señor, no dejo dicha nada -responde asustada la sirvienta.

-No importa, prepara una habitación para mí, estaré aquí en casa por un tiempo.

La sirvienta se queda muy quieta cuando oye al hijo de su jefe, ella no sabía que hacer ya que el que daba ordenes en ese lugar era el señor Claudio, su hijo nunca daba órdenes y eso la confundía mucho.

Eduardo levanta la mirada para ver a la sirvienta allí parada como idiota.

-¿Qué diablos haces allí parada? No te acabo de dar una ordenen, ¿o es que eres sorda?

-No señor, pero es que...

-Ve ahora mismo a preparar una habitación para mí.

Ella asiente rápido y se sorprende aún más ya que el señor Eduardo era muy amable con todas las empleadas, nunca les hablaba en ese tono. La mujer pensó que algo malo debía de estar pasándole.

Y, por otra parte, ¿Por qué estaría queriendo quedarse en casa de su padre? Hasta donde ella sabía él tenía su propia casa donde vivía con su esposa. Pero ese no era su problema.

Eduardo marca el número de su padre y espera impaciente a que respondiera.

-Eduardo, ¿Qué pasa?

-¿Por qué demonios te has ido de viaje?

-No tengo porque rendirte cuentas de nada, muchacho. Ya estoy bien mayorcito para hacer lo que se me dé la gana.

-Necesito que regreses ya, hay asuntos que atender.

-¿Qué asuntos? ¿Qué puede ser tan importante que tú mismo no puedas resolver?

El CEO relame sus labios, su padre le estaba haciendo perder la maldita paciencia.

-Me voy a divorciar de la perra de Riana, necesito que regreses.

Eduardo escucha silencio por parte de su padre y aquello lo perturba aún más, no sabía lo que estaba pesando ese hombre, realmente Claudio era un hombre difícil.

-Finalmente abriste los ojos y te diste cuenta de que tu esposa es una maldita.

-Tus sermones te los guardas, solo quiero que regreses pronto -cuelga la llamada y cierra los ojos -. Maldita sea, todo el mundo es un inútil.

Su móvil comienza a vibrar, al ver la pantalla se da cuenta de que era su maldita esposa, ver su nombre lo enfurecía. Aprieta el aparato y termina por lanzarlo contra la pared destrozándolo por completo.

-Mentirosa...-musita con ira.

[...]

Al pasar un mes, Eduardo ya se había divorciado de Riana. Sus abogados trabajaron duro en ese proceso hasta que salió la sentencia bastante rápido. Aunque el día de la firma no fue para nada agradable ya que su ex mujer armo un completo drama por que la había dejado en la calle.

Pero él pensó que había sido lo mejor y una buena lección para ella.

Cuando regreso a la casa de su padre esa noche, lleva en las manos los documentos del divorcio, aunque se sentía aliviado de estar solo de nuevo, no dejaba aun lado de que era deprimente que hubiera atravesado por algo así.

No se casó para divorciase, se casó para envejecer con la mujer que eligió para ser su esposa. Pero al parecer las cosas no iban a ser como lo esperaba.

Mira la casa de su padre y maldice para sus adentro, desde que llamo al viejo aún no había regresado a los Ángeles y de eso hace un mes.

-Ese viejo, ¿Cuándo demonios piensan regresar?

Necesita organizar los asuntos legales para regresar todos sus bienes a su nombre, ya no tenía quien le quitara nada de lo que era suyo... al ingresar en la casa mira hacia arriba y al primero que observa es a su padre.

-Por fin has llegado a casa.

-¡Padre! ¿Cuándo has llegado? -observa al viejo descender por las escaleras enérgicamente.

A pesar de que era un tipo de 62 años, era un sujeto muy activo. Al menos no iba a morir tan pronto dejándolo a cargo de sus malditos negocios.

-Has demorado mucho en venir, ¿Qué diablos has estado haciendo en Portland? Hasta donde se no tienes negocios allá.

-Pero si algo importante -el hombre llega a su lado para palmear su espalda -. Ya me enteré que te entregaron la sentencia del divorcio, ¡te felicito!

-No hay que celebrar por mi maldito divorcio.

Eduardo lanza los papeles en la mesa mientras que se sirve un trago y se lo bebe enseguida, su padre lo observa y niega.

-Espero que no caigas en ese vicio.

-¿Por Riana? No lo haría, ella no lo vale.

-En efecto, no lo vale...-el viejo toma asiento mientras observa a su hijo beber otro trago -. Para que me has hecho regresar tan apresuradamente.

-Ya hablé con el abogado para que me devuelvas todos los bienes que están a tu nombre.

Su padre se queda callado y eso lo hace levantar la mirada al mismo tiempo que su ceño se frunce, no era usual ese silencio cuando hablaban de esos temas. Mira por encima de su hombro y ve al viejo sentado con expresión neutra.

-¿Qué pasa? -Claudio mira a su hijo con seriedad -. ¿Qué has hecho?

-¡Me case!

Aquella noticia no se la esperaba, Eduardo solo consigue tragar saliva en seco mientras que observa a su padre por encima de su hombro. Luego gira el cuerpo y recuesta su cuerpo de la mesa, aun con su copa a medio llenar se mantiene en silencio.

-Hace tres semanas me case, Eduardo.

No sabía qué demonios decirle a su viejo, ¿felicitarlo? ¿insultarlo? ¿mandarlo al diablo? El rubio baja la mirada para ver su trago, relame sus labios y frunce levemente el ceño.

-¿No dirás nada? -Eduardo se bebe su trago y deja la copa en la mesa para luego cruzarse de brazos.

-¿Te casaste por bienes separados? -el padre del mismo se sorprende por la respuesta de su hijo -. ¿Lo hiciste o no? -pregunta seriamente.

-No lo hice.

Eduardo muerde sus labios entre tanto, gira el rostro hacia otro lado, asiente sin decir una sola palabra. Su padre era un idiota.

-Todos mis bienes están en juego entonces.

-Eduardo -Claudio se pone en pie.

-Te pase todos mis bienes para evitar que la maldita de mi mujer se quedara con todo, y ahora tú te casas con una completa extraña que ahora le pertenece la mitad de todo lo que es ¡MIO!

Claudio se tensa cuando nota que su hijo estaba cabreado, no era para menos, él mismo fue que le sugirió que pasara sus bienes a su nombre para que cuando ocurriera una desgracia en su matrimonio su mujer no se quedara con nada.

Conocía a Riana, no era una mujer de fiar. Sabía bien que no amaba a su hijo, pero eso era algo que él mismo tenía que darse cuenta. Entendía la preocupación de su hijo con respecto a sus bienes.

-Eduardo-pone una mano sobre su hombro y su hijo lo ve a la cara-. No debes preocuparte, Mirella no es como crees que es -el CEO observa a su padre fijamente.

-¡Todas son iguales! Todas son unas mentirosas de mierda que solo buscan aprovecharse del mejor postor.

-Hijo, sé que estas dolido por lo que Riana te hizo, pero...

-No menciones a esa -el rubio se hace a un lado para alejarse de su padre-. Resuelve este problema Claudio, no pienso permitir que tu mujer se quede con lo que es mío.

El padre del mismo tensa la mandíbula, no le gustaba el tono de voz que su hijo usaba para referirse a su esposa, no pensaba permitirle que la tratara como a una cualquiera.

-Te voy a pedir que le tengas más respeto a mi esposa, Eduardo -el padre gira el cuerpo para ver a su hijo con seriedad.

-¿o qué? No puedes obligarme a que le tenga aprecio, estas viejo, estoy seguro de que te has casado con una jovencita que solo busca aprovecharse de ti -Eduardo se aproxima a su padre con rapidez -. No pienso dejar que esa mujer se quede con mi dinero y mucho menos con el tuyo.

Claudio frunce el ceño al escuchar a su hijo, estaba tan dolido que ahora pensaba que todas las mujeres eran un fracaso. Que daño tan grande le hizo esa mujer a su hijo, le iba a resultar difícil conseguir que su único hijo volviera a ser el mismo de antes.

-Que mal estas, hijo.

-No me vengas con tus charlas estúpidas, ya te dije que resuelvas este problema y no me importa lo que tengas que hacer, pero dile a esa chiquilla con la que te has casado que nada de lo que ve le pertenece.

-¡Eduardo! Ya basta de insultos, no te lo voy a permitir. Te recuerdo que esta es mi casa y tú eres el intruso aquí.

El CEO se tensa cuando nota que su padre defiende a esa mujer, aprieta la mandíbula y traga saliva, era evidente que no era bienvenido en ese lugar.

-Me largare de aquí, no te preocupes, que no pienso interrumpir tu nidito de amor con ella.

-Eduardo, Eduardo, no hemos terminado de hablar.

Pero el rubio ya estaba saliendo de casa mientras que su padre no paraba de llamarlo.

-Te voy a desheredar si sales por esa puerta -él se detiene en seco cuando lo oye, se da la vuelta para ver a su padre con el ceño fruncido.

-¿Qué dijiste?

-No te devolveré nada de lo que te pertenece si no te comportas adecuadamente con mi esposa.

-¿Enloqueciste? Sabes bien que todo es mío, yo mismo me lo gane solo.

-estoy más que claro con ello, pero todo está bajo mi nombre, por ende, soy el único dueño y si decido no devolvértelo no lo haré a cambio que...

-¿Qué? -el rubio da algunos pasos hacia su padre.

Claudio sabía que era un método muy ortodoxo que el que iba a emplear con su hijo, pero lo creía muy necesario con tal de hacerlo cambiar y mejorar ese carácter de mierda que tenía. Como pretendía presentárselo a Mirella si el mantenía esa actitud.

Evidentemente ella terminaría odiándolo y él a ella...

Era algo que no deseaba que pasara, quería que las cosas fueran bien entre todos. A fin de cuentas, eran una familia.

-Quiero que hagas un esfuerzo por llevarte bien con mi esposa, que ambos llevan una buena relación. Si esto sucede, prometo devolverte todo lo que es tuyo.

-¿Y si me rehusó me quitaras todo?

-No devolveré nada, Eduardo. Me conoces bien, sabes que lo haré.

-¿Me estas amenazando, padre? -él se ríe mostrándose burlón.

El viejo se cruza de brazos mientras que lo observa fijamente, aquel fue un claro indicio que de su padre no estaba bromeando con aquello, ahora tenía que actuar como un buen hijo delante de esa extraña.

-Tus juegos están yendo demasiado lejos, Claudio.

-Tendrás que aceptar las reglas del juego, Eduardo. Mi esposa llega mañana a los Ángeles, y tendremos una cena por la noche, quiero que asistas y des lo mejor de ti.

Aprieta la mandíbula por las ordenes de su padre, ya era un hombre de 40 años y todavía tenía que acatar mandatos de su padre. Pero si no lo hacía podía perder todo por un largo tiempo.

Tendría que jugar el juego de su padre, pero por supuesto a su estilo y no al de él.

-Bien.

-Si veo cambios en ti positivos, dentro de 3 meses regresare todo a tu nombre.

No le quedaba más que aceptar aquella mierda.

Capítulo 3 escarmiento para su hermana

Al siguiente día por la noche, Eduardo apaga el coche y observa la casa de su padre. Suelta el aliento contenido al saber que tenía que fingir ser buena persona ante una mujer solo por su propio dinero.

-¡Que patético!

Baja del coche más que cabreado, se encamina hasta la casa y abre la misma como de costumbre, en lo que cierra la puerta alza la mirada como siempre lo hace para ver hacia arriba, su padre siempre estaba allí cuando llegaba a casa.

Para su sorpresa, no era su padre quien se encontraba allí. De hecho, no había nadie allí, solo existía una figura femenina quien estaba bajando por las escaleras, Eduardo se quedará parado observando como aquella jovencita descendía por los peldaños.

Pensó que su padre había llegado al extremo...

Marlyn abandona su nueva habitación y se encamina hasta las escaleras para ir en busca de su madre, pero al empezar a bajar las escaleras se da cuenta de que alguien ingresa en la casa. Ella se detiene un momento para ver a esa persona.

Él también la observo fijamente como si estuviera esculcando su alma, aquella situación la hizo sentirse tensa e incómoda y prosiguió bajando las escaleras. Cuando llega al final de la misma nota que aquel hombre era enorme y tenía una mirada muy feroz.

Ella alza la mirada y lo observa cruzarse de brazos, Marlyn frunce el ceño levemente cuando él la mira fijamente, era como si estuviera juzgando por algo, pero ¿el que? No estaba en esa casa por voluntad propia.

-¡Así que eres tú! Nunca imagine algo así -Eduardo observa de abajo hacia arriba a aquella chica de cabello castaño.

-¿Perdón? -Marlyn no entendía que diablos quería decir ese extraño.

-Eres la que se ha involucrado con mi padre -la joven ensancha la mirada-. nunca imagine que él... ¿acaso no tienes vergüenza? -Eduardo le reclama ya que no soporta la idea de saber que esa niña era la esposa de su padre.

-¿Qué estás diciendo? Yo no...

-No intentes hacerte la víctima en todo esto -el CEO se inclina un poco hacia ella hasta que roza su mejilla con la suya propia -. No te quedaras con nada.

En ese instante Marlyn siente como los latidos de su corazón se aceleran al tener a ese hombre tan cerca de ella, se pone tan nerviosa que no sabe que responder. La verdad es que lo único que la mantenía tensa era la extrema cercanía de ese sujeto.

Se paraliza, pero logra mirarlo por el rabillo del ojo y puede ver la intensidad de sus ojos color café. Pudo vislumbrar unas motas verdosas que resaltaban bastante y convertían esa mirada en la de un león.

Marlyn se tensa al ver como él la estaba mirando, la joven parpadea y no sabe porque razón, pero todo su cuerpo estaba temblando, hasta las partes que no debían.

-¿Te queda claro?

-¿Eduardo? ¿Marlyn? ¡oh, vaya!, ya se conocen -el CEO se aleja de ella mientras que no le aparta la mirada.

-Si, ya tuve el placer padre -habla como si no hubiera hecho nada malo.

-me alegra mucho, yo solo espero que se lleven bien, porque a fin de cuentas ambos son hermanastros.

Claudio sonríe abiertamente al mismo tiempo que se sitúa al lado de Marlyn, en ese instante Eduardo observa a su padre con los ojos bien abiertos y la joven castaña también observa al viejo con sorpresa.

-¿Hermanastros? -dice el rubio mientras que mira a la castaña ante él.

-Ella es la hija de Mirella... no me dio tiempo de decírtelo ya que te fuiste muy rápido de casa, pero ella es Marlyn.

Ambos se miran a la cara con asombro, Eduardo nunca imagino que esa chica era la hija de la nueva esposa de su padre, él había creado que era su...

-Mucho gusto -dice ella con aquella voz tan dulce que lo obliga a fruncir el ceño.

-¡Oh! Querida, ya ha llegado mi hijo, ven a conocerlo.

Cuando el CEO gira el rostro puede ver que la esposa de su padre no era nada de lo que él pensaba que iba a ser. De hecho, era una mujer mayor, no tanto como Claudio, pero no era una niña como la que tenía en frente.

Vuelve la vista hacia Marlyn y esta observaba hacia otro lado, iba a tener que hablar con ella a solas para aclarar ciertos puntos. No importaba quien demonios era, su padre se casó con una mujer con una hija bastante grande, era evidente que esa herencia iba a estar muy reñida.

-Eduardo, que gusto verte. Tu padre me ha hablado mucho de ti-el rubio sonríe de medio lado, la verdad es que no deseaba estar allí, pero lo hacía por su empresa, no iba a perder todo solo por una mujer y su pequeña niña.

-Si, muchas gracias por invitarme a la cena.

-No pasa nada, esta es tu casa, solo quiero que todos nos llevemos bien.

Él asiente mientras observa las facciones de esa mujer, se notaba que era bastante sencilla, no parecía ser ese tipo de mujer que se le pasaba en una clínica retocándose el rostro. Mira a su padre y percibe como él la observa con tanta alegría.

Eduardo lleva la mirada hacia otro lado y nota como su nueva hermana lo estaba mirando, pero cuando se percató de ello volteo el rostro.

-Pasemos a cenar, antes de que todo se enfrié.

Claudio avanza con su esposa dejando atrás a Marlyn y Eduardo, ella camina tensa hacia el comedor mientras que Eduardo la mira de reojo notando lo muy pequeña que era. Luego niega y se pregunta cómo es que su padre se involucró con una mujer con una hija.

Durante la cena Eduardo no articulo muchas palabras, su tema de conversación era escaso, al igual que el de Marlyn, la joven se concentró en su cena, aunque el apetito que tenía era muy poco.

-¿Y qué edad tienes, Eduardo? Tú padre me conto que ya tienes tus propios negocios y que dependes solo de ti-él mira el rostro de esa mujer, era muy parecida a su hija, solo que ella no tenía los ojos grises como la hija.

-Tengo 40 años, y sí, soy bastante independiente -mira a Marlyn a quien le noto que ensancho la mirada al escuchar su edad.

-Marlyn ya tiene 18 años, pronto cumplirá los 19 -argumenta la madre y eso sorprende a Eduardo quien pensó que era menor de edad.

Mira a la joven con detenimiento dándose cuenta de que no era una chiquilla como pensó, sin embargo, le Valia mierda la edad que tuviera, tanto la madre como la hija eran un problema para él.

-Esperemos que nos acompañes para la celebración de su cumpleaños -Eduardo mira a su padre y este solo le propina una fiera mirada.

-Claro, porque no.

[...]

Al terminar la cena, Eduardo desapareció con la excusa de que había recibido una llamada, entre tanto Marlyn ya estaba aburrida de tener que ver a su madre sonreírle a su nuevo esposo. Así que se excusó con retirarse a su habitación.

Mientras que sube las escaleras se pregunta dónde se había metido ese tal Eduardo, era evidente que era muy arrogante, nada que ver tenía con su padre quien era muy amable. Bueno, era lo que le demostraba a su madre.

La joven niega...

Esa decisión de su mamá de casarse con ese hombre había sido muy precipitada, y sobre todo lo de mudarse a la ciudad tan repentinamente.

-¡Que molesto!

-¿Qué es lo molesto? -de la nada su cuerpo se vio contra la pared y con ello a Eduardo ante ella mirándola fijamente a los ojos.

-¿Qué es lo que haces?

-¿Qué es molesto? -ella frunce el ceño.

-Nada.

No podía hablar mal del padre de él, no estaba segura de como tomaría aquello. Además, si le iba con la cotilla al esposo de su madre podría causarle problemas a ella y era lo que menos deseaba, hacía muchos años que no veía a su madre sonreír de esa manera.

-¿Nada? -Eduardo frunce el ceño mientras que observa fijamente los ojos grises de esa chica -. Así que eres la hija de la esposa de mi padre.

-Si. Y no te preocupes, que no pretendo quedarme con nada del dinero de tu padre.

-Por tu bien, por el de tu madre y por el de mi padre será mejor que no hagas ese tipo de comentarios delante de ambos, ¿lo entiendes?

Marlyn lo mira fijamente, era un arrogante...

-Veo que no te agrado y mi madre tampoco.

-Estas en lo correcto, ninguna de las dos me agrada y no me gusta que estén aquí. Pero tu madre ya es la esposa de mi padre -Eduardo coloca una mano a un costado del rostro de ella lo que provoca que Marlyn se tense.

-Yo... yo espero que eso continue de esa manera y que tú no arruines ese matrimonio.

El CEO frunce el ceño cuando la oye hablar, gira un poco el rostro y piensa en algo descabellado, sin embargo, podía ser...

-¿Tú madre y tú están confabulando contra mi padre?

-¿Qué?

-¿Es eso? -Eduardo la sujeta del mentón para mantenerla sujeta mientras que la mira -. Por eso quieres que tu madre siga casada con mi padre, para quitarle todo.

-¡Estas loco! -Marlyn se libera de su agarre -. Por supuesto que no.

Ambos se miran a los ojos, Eduardo no entendía que diablos, pero el rostro de esa chica le parecía tan... tan llamativo. Mientras mantenía su mentón sujeto, sus labios se encontraban apretados y abultados.

Eran como una clara invitación a probarlo, pero ¿Por qué razón?

Entre tanto Marlyn estaba petrificada, ese hombre la mantenía sujeta de la cara y ella no lograba hacer nada para quitárselo de encima, ¿Qué demonios le pasaba? Parpadea varias veces mientras que observa esos ojos cafés.

Eduardo se concentra tanto en esos ojos grises que termina por aproximarse a los labios de Marlyn sin que él mismo pudiera evitarlo, al estar a poca distancia de los mismos, los roza y en ese instante una corriente eléctrica se apodera de su cuerpo.

Su mente se pone en blanco y acaba por probar la boca de su hermanastra, envuelve su cintura con uno de sus brazos e introduce su lengua en el interior de la boca de ella, devoro sus labios en cuestión de segundos mientras que estrecha el cuerpo de Marlyn contra el suyo.

La joven abre los ojos enormemente y coloca sus pequeñas manos sobre los músculos de Eduardo como para hacer el intento de alejarlo, pero realmente aquello era estúpido, él no se alejaría por un simple empujón de alguien que no tenía fuerzas.

Ella observa el rostro de ese hombre percibiendo la fuerza que mostraba al besarla, también podía sentir como la estrechaba, su cuerpo era tan frágil al lado de él quien era enorme y tan musculoso, sus ojos poco a poco van haciéndose más pequeños a medida que el beso se tornaba más intenso.

Algo no iba bien con ella...

Para cuando logra cerrar los ojos a su mente le vino la imagen de su madre sonriendo alegremente con su nuevo esposo mientras que ella se estaba besando con el hijo de su marido, ¿en qué estaba pensando? ¿pensaba arruinarle la felicidad a su mamá?

Termina por alejar a Eduardo y niega rápidamente.

-¿Qué haces? -niega -. ¿Por qué me besaste?

Eduardo no tenía idea de porque la beso, pero esa corriente que le hizo sentir esos labios lo supero, no lo hizo pensar con claridad.

-Esto puede arruinar la relación de nuestros padres.

-Parece que eso te importa mucho -responde con ira.

-Por supuesto que sí. Al parecer eres un idiota -ella se da la vuelta, pero Eduardo la coge del brazo y la obliga a regresar a su lado.

-¿Idiota? -gruñe contra el rostro de ella.

El rubio baja la mirada y observa los labios hinchados de Marlyn, al parecer las intenciones de esa chica eran muy claras. Y seguramente las de su madre eran las mismas, tenía que hacer algo al respecto para darle un escarmiento a esas dos.

Y pretendía empezar por su hermanastra...

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