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Mi única realidad

Mi única realidad

Autor: : Nury Oviedo
Género: Adulto Joven
Leonardo lo tenía "todo": Tenía una maravillosa esposa con quien esperaba una bebé, era un exitoso, empresario, sociable, atractivo, fiel, y sumamente sencillo en su forma de ser, pues no le gustaba alardear de lo que tenía. Desafortunadamente, su vida dio un giro inesperado... Se enfrentó a diversas situaciones que jamás imaginó: cómo afrontar la muerte de su esposa; enterarse que las personas que lo han rodeado a lo largo de su vida, no era lo que él creía; además, aprender del desafío, y a la vez, hermosa experiencia que implica el criar a su hija Emma, y es precisamente, ella su mayor razón para seguir adelante. - Esta obra está inscrita en la dirección nacional de derechos de autor. Registro: 10-1005-340.

Capítulo 1 Prefacio

Desde pequeña, me ha dado curiosidad: aquellas personas que, en algún momento de su vida, han sido "perfectas" en todo el sentido de la palabra. Aun así, es el mismo tiempo que se encarga de demostrar que no hay nada, ni nadie, que tenga una existencia sin inconvenientes.

Tenemos una casa, por la cual trabajamos tanto para hacerla realidad, y de pronto, un terremoto la destruyó; tenemos a nuestra familia completa, y un accidente o una enfermedad se los lleva o los vemos sufrir. Son ese tipo de noticias que nos hiere y es difícil sobrellevar nuestro día a día; sin embargo, siempre he admirado a aquellos que se levantan, que no se dejan doblegar ante las circunstancias.

Esta historia resalta la valentía de un hombre llamado Leonardo, quien lo tenía "todo": Tenía una maravillosa esposa con quien esperaba una bebé, era un exitoso empresario, sociable, atractivo, fiel, y sumamente sencillo en su forma de ser, pues no le gustaba alardear de lo que tenía.

Desafortunadamente, su vida dio un giro inesperado...

Se enfrentó a diversas situaciones que jamás imaginó: cómo afrontar la muerte de su esposa; enterarse que las personas que lo han rodeado a lo largo de su vida, no eran lo que él creía; además, aprender del desafío, y a la vez, hermosa experiencia que implica el criar a su hija Emma, y es ella precisamente, su mayor razón para seguir adelante.

"Cuando te levantes por la mañana,

piensa en el precioso privilegio

de estar vivo, respirar, pensar, disfrutar y amar".

- Marco Aurelio.

Capítulo 2 Sin un adiós

(5 años antes)

Estoy emocionado ¡En un mes nacerá mi hija!, es la primera y quizás la única, pues Sonia no quiere tener más hijos; tal vez, cambie de opinión.

Voy de camino a casa, pero me detengo en una floristería. A mi esposa le encantan los tulipanes, así que le voy a llevar unos. Cuando voy a entrar al almacén, suena mi celular; lo saco del bolsillo del pantalón, y veo que es un número desconocido.

-Buenas tardes -contesto.

-¿Hablo con el señor Leonardo Puentebello? -pregunta una mujer, su tono de voz es suave.

-Sí señora.

-Lo llamo del hospital La Inírida, la señora Sonia Jones tuvo un accidente automovilístico. Lamento decirle que falleció al instante por el impacto...

No escuché más, siento que me voy a caer; no siento mis piernas. Varias personas que están cerca me sostienen, sacan una silla de la floristería para hacerme sentar, y me dan un vaso de agua. Me hablan, pero no les presto atención.

Después de varios minutos, reacciono. Salgo de ahí, me subo al auto, y me dirijo al hospital; mis manos tiemblan, quiero llorar.

-Debe ser una equivocación, ellas están bien -me digo a mí mismo, mientras conduzco.

Ya en el hospital, me informan donde está el cuerpo; la veo, y sí, sí es ella.

-¡No puede ser! ¿por qué? -pregunto a su cuerpo, como si esperara que me respondiera; empiezo a llorar.

Me calmo un poco y pregunto por mi hija; me sorprendo: al enterarme que ella está viva, gracias a un doctor que estaba cerca cuando sucedió el accidente, y al percatarse que Sonia había fallecido, realizó una cesárea postmorten.

-Tuvo suerte la pequeña -me dijo un doctor.

No me gustó el comentario: ¿suerte?, ¿acaso es suerte llegar a este mundo sin madre?; sabía a lo que se refería él, pero igual me parecía un comentario inapropiado.

Le iba a responder, cuando me dicen que puedo pasar a ver a mi hija. Ella está en incubadora; está bien de salud, a pesar del accidente; sin embargo, debía estar allí porque nació antes de tiempo.

Fue una mezcla de sentimientos: Quería llorar porque Sonia ya no estaba, quería reír porque mi hija Emma no me había dejado solo...

Recordé aquella tarde, en la que Sonia llorando me decía que estaba embarazada, estaba decepcionada de sí misma: ella aún no había terminado sus estudios y en sus planes no estaba el ser madre, así que hace mucho me había hecho la idea de no tener hijos, y no me parecía malo; no éramos ni la primer ni única pareja que no los tuviera, pero ya que estaba en camino no me disgustaba la idea de ser padre.

De pronto, escucho a una pediatra quien me saca de mis pensamientos.

-Señor, sé por lo que está pasando y lo siento mucho, pero trate de no llorar delante de la niña: ella necesita a su padre fuerte; además, recuerde que usted es su espejo, su ejemplo a seguir; ahora usted tiene que pensar y hacer lo mejor por ella, como seguramente lo hubiera querido su esposa.

-Tiene razón, gracias.

-Tome, para que se seque las lágrimas -me entrega unas toallitas.

-Gracias.

Estuve un rato más con Emma. Le canté, eso sí canciones de adultos, pero con letra bonita, pues aún no sé de rondas infantiles; después, salí para empezar todo lo correspondiente a Sonia (hace tiempo me hizo prometer que, si moría antes de mí, quería que la cremaran), y también tenía que avisarles a todos lo que pasó (familia, amigos), y en eso estaba cuando veo a mi mejor amigo sentado, me dirijo hacia él.

-Rodrigo -llamo su atención.

-Leo, Te vez muy mal ¿Qué pasó?

-Vine por Sonia...tu... tuvo un accidente, chocó contra un muro.

-¿Qué? -se tapa la boca con sus manos-. Y ¿cómo está? o ¿cómo están?

Suspiré intentando no llorar -Sonia murió y Emma está en incubadora, pero está bien -siento que el mundo se me viene encima, otra vez.

-Ven, siéntate aquí -me muestra unas de las sillas-. No sé qué decirte, de por sí yo estoy mal, tu vienes, y me dices esto ¡lo siento tanto!

-No es tu culpa.

Él coloca su mano derecha sobre mi espalda y lloramos. Cuando nos calmamos, le cuento lo poco que sé de lo sucedido.

-Oye, ¿Qué ha pasado con Aleja? -le pregunto, mientras limpio mi nariz.

-Entró en coma -de sus ojos salen lágrimas.

-¿Qué?, realmente lo siento mi hermano, es injusto lo que nos está sucediendo.

Fue entonces, cuando empezaron a llegar nuestros familiares y amigos, pero la verdad, me da más duro ver a la mamá de Sonia: ella llora desconsoladamente y me duele. Me es difícil controlarme, rompo a llorar, así que decido salir del hospital.

Estando en casa alisto ropita para mi hija, ahora que está en la incubadora no la visten, pero debo llevarla para cuando le den de alta. Voy a la sala, cojo la botella del vino que tanto le gustaba a Sonia, y veo los portarretratos. Dentro de mí sale como una especie de rugido y lloro, lloro como nunca antes lo había hecho.

Toda mi vida lo había tenido todo, y no por eso me creía más que los demás; he sido buen esposo, buen hijo, buen amigo, buen estudiante, buen jefe. Siempre doy más de lo que debo; sin embargo, aquí estoy en el piso como si alguien me hubiera tirado en un pozo, ¿Qué voy a hacer?; No me mentiré: tengo miedo, miedo a lo desconocido, a lo que está por venir. Jamás imaginé algo así, yo que creía que todo lo tenía planeado, y eso planeado era un hecho porque todo lo que me proponía, sucedía, y esto no hace parte de lo que quería.

Me quedé mirando una fotografía de mi hermosa esposa.

-Pues a la chingada todo y todos; saldré de esto, lo haré por ti amor, lo haré por mí, por nuestra hija, por nosotros. A mí nada me queda grande y aunque ya no estés aquí, me encargaré de que Emma sepa lo maravillosa que fuiste.

Seguí bebiendo y bebiendo hasta quedarme dormido con el deseo de volverla a ver.

(7 días después)

Le dieron de alta a Emma ¡Por fin algo bueno!; además, la pude sacar sin las pipetas de oxígeno; aun así, es muy pequeña, así que me pongo la faja (o puchero como dice mi suegra) para iniciar con el método bebé canguro. Salgo a almorzar con mi madre y con mi suegra; de repente, surgió una conversación que muy dentro de mí sabía que iba a llegar:

-Hijo, he pensado que tú como eres hombre, que estás en duelo, trabajas, y fuera de eso no sabes de los cuidados de una bebé... Lo mejor es que Emma se quede conmigo; tú puedes ir a visitarla cuando quieras -dijo mi madre. (Catalina)

Agrandé mis ojos y me quedé inmóvil viéndola fijamente.

-Yo lo he pensado y lo mejor es que me vaya a vivir contigo, pues soy viuda y mi hijo John es totalmente independiente, así que te haría compañía, y de paso tendrías a la niña contigo todo el tiempo que quieras, ¿Qué dices Leito? -dijo mi suegra. (Amelia)

Odio cuando me dice Leito, solo lo hace cuando quiere algo.

-Lo correcto es que mi hijo tenga su duelo; él aún no se ha recuperado -dice mi madre, exaltada mirando a Amelia y se dirige a mi- Hijo, lo mejor que puedes hacer es vender esa casa que solo te atormenta con los recuerdos de Sonia y cómprate un apartamento pequeño, al igual estás solo.

-Pues mejor que haya recuerdos de mi hija, porque así mi nieta crecerá sabiendo quien es su madre o quien lo fue -expresa Amelia un poco resentida.

Me digo a mí mismo <>, me doy una cachetada mental e interrumpo alzando un poco la voz.

-Yo las adoro a las dos, pero ya decidí: Me voy a tomar un tiempo; antes de venir al hospital, hablé con mi abuelo quien se hará cargo de la empresa, ¿Quién mejor que él?, yo voy a estar todo el tiempo con mi hija, ahora somos ella y yo; además, ya contraté a una niñera y para que sepan arrendé la casa, porque los recuerdos me atormentan, pero no la vendo porque en la misma viví y fui muy feliz con Sonia, ahora bien, si quieren, pueden ir a visitarnos, serán bien recibidas, después les doy el dato de donde viviremos.

-Pero -dicen al tiempo.

-Pero nada, ya lo decidí.

Las dos ruedan los ojos, estaban realmente molestas. Me levanto de la mesa y ellas insisten en acompañarme, pero no las dejo, ahora solo quiero estar con mi hija, así que no les quedó más remedio que despedirse de nosotros.

Salí rápido para subirme a mi auto; me sentí como un niño huyendo del castigo que merecía, pero a decir verdad esas mujeres bravas sí que dan miedo.

-Ya decía yo, que se estaban tardando; creo que fui grosero, pero con ellas es mejor así -susurro mirando hacia la calle.

-¿Decía algo señor? -me pregunta mi chofer.

-No. Estaba hablando solo, discúlpeme.

-No hay problema.

Miro a mi hija, es hermosa. Es maravillosa esta sensación. <> Suspiro.

Capítulo 3 La loca del hotel

(Actualidad)

Es de noche, estoy entrando en uno de los hoteles de mi amigo Henry, pero no medí mis pasos y resulté lastimando a una mujer en la parte trasera de uno de sus pies y además manchando su falda beige larga; ella gira, se ve furiosa, yo agrando mis ojos a la expectativa de lo que me va a decir, es obvio que no será algo bueno.

-¡Oiga! Fíjese como camina -se mira la falda y el pie- ¡Mire lo que me hizo!

-¡Lo siento!

-Obvio no lo siente, la que lo siente ¡soy yo! -señalándose y haciendo énfasis en "soy yo", camina hacia el ascensor, se detiene y me grita- ¡Bestia!

Yo quedo como bobo mirando, pero no soy el único, alrededor mío hay varias personas que tampoco la ayudaron y ahora me están mirando como si yo fuera... "Una bestia". ¡Qué horror! Ni que lo hubiera hecho de aposta.

Llego al último piso en donde está el rooftop bar y allí veo a Henry con Marcus y Rodrigo.

-¡Qué bueno verte! -se pone de pie Marcus y me abraza.

-¡Me alegra verte también Marcus! ¿Cuánto tiempo estarás con nosotros?

-Un par de días, pero regreso en dos semanas para quedarme definitivamente.

-¡Vaya! Eso no me lo esperaba.

Saludo a mis otros amigos

-Es totalmente inesperado y también el que viniera con su medio hermana, por fin la conoceremos después de tantos años -dijo Rocco (Rodrigo)

-¿Enserio? -decimos unísono Henry y yo.

-Así es, por cierto, ahí viene ella -dice Marcus.

Volteamos a ver (no disimulamos nada). Fijé mi mirada en la loca que me gritó hace poco, ¡ay no! Que no sea ella.

-Leo, ¿a quién miras? -me pregunta Marcus.

Giro para verlo y a su lado está una chica morena.

-¿A quién mirabas? -me pregunta nuevamente.

-Ehhh, a nadie, ¿ella es tu medio hermana?

-Dejémoslo en hermana y sí -se dirige a nosotros tres -Muchachos, les presento a mi hermana y Lizzy, ellos son Henry, Leo y Rodrigo, mis amigos de la preparatoria.

La chica es muy linda, aunque no tiene algún parecido a Marcus.

Mientras hablábamos, de vez en cuando (yo) volteaba a mirar a la mujer gritona, quien tenía un pantalón negro, a cambio de la falda beige que yo le había dañado

(Altaír*)

Entro al rooftop bar con una amiga, me quiero distraer y qué mejor que este lugar; me encanta la vista de Manhattan, me gusta la comida de aquí, la atención...¡Me encanta todo!

Saludo a mi ex jefe que está con su prometida, ¡Qué chico es el mundo! menos mal no accedí a sus propuestas indecentes porque si no, aquí estaría sintiéndome como mosco en leche, pero ...pobre de ella.

Miro a mi lado y no está mi amiga, la busco con la mirada y la veo caminar hacia el fondo, voy hacia ella cuando escucho la voz de un hombre detrás de mí.

-Hola linda, ¿Cómo estás?

Me giro para verlo, no lo conozco. Lo miro de arriba – abajo, no está nada mal, pero no puedo ser tan fácil, no volveré a lo mismo.

-Bien, gracias -seguí mi camino cuando lo veo, mier***

¿Qué carajos hace él aquí?, bueno, eso es obvio, pero no puedo creer que el tipo que me pisó, dañó la maxi falda que me regaló mi mamá en mi cumpleaños y que por poco me la baja, sino fuera porque alcancé a sostenerla, se hable con Lizzy y con Marcus, y es que lo que más me molesta es que yo sí cuido lo mío como para que venga otro a dañarlo y más si es de mi madre.

Suspiro largo y profundo, doy media vuelta y decido ir en busca del tipo que me habló ahorita. Necesito distraerme.

Pasaban los minutos y el tipo con el que hablo aún sigue dolido porque lo ignoré hace un rato, lo que tiene de guapo, lo tiene aburrido y para completar no puedo evitar mirar a... ¿cómo se llamará?; lo cierto es que pareciéramos adolescentes, pues cuando volteo a verlo, él ya estaba viéndome y se hace el loco, al rato, me quedo viéndolo, él me mira y yo giro levemente mi cara hacia otro lado y así nos la hemos pasado.

En el momento menos pensado, Lizzy me hace señas y yo me debato entre si voy o no, pero con este aburrimiento me despido del tipo cuyo nombre aún no sé y voy a la mesa de ellos, quizás me den ganas de fastidiarlo.

(Leonardo*)

Veo a la loca esa venir hacia mi mesa, sólo espero que no me haga un escándalo.

-Chicos, les presento a mi gran amiga Altaír -dice alegremente Lizzy.

-Un placer conocerlos -ella extiende su mano solamente a H y a Rocco.

¡Vaya! Qué resentida.

-¿Qué quieres tomar? -le pregunta Marcus.

-Hmmm -ella mira mi copa, la toma y se bebe todo de una sola.

Quiero mandarla a comer ***

-¡Tranquilo! Puedes pedir otra copa ¿no?, al final es más fácil que ir al cuarto a cambiarse de prenda de vestir -me dice con una de sus cejas levantadas.

-Pues ya que eres tan rencorosa, con gusto te pido toda una botella, es más todas las que quieras.

-Tras del hecho me quieres decir alcohólica.

-Si eso es lo que entendiste... -la miro fijamente colocando mi brazo izquierdo sobre la mesa y apoyando mi mano sobre el mentón.

Nuestros amigos tienen cara de incógnita.

Ella abre su boca y aquí va otra vez, está furiosa, aunque para mi fortuna Henry interrumpe.

-¿Qué pasa entre ustedes?

-Lizzy, te juro que él no es así -dice Rocco

-¿Ah no? -Inquiere ella

Todos me miran como si yo fuera el malo, ella tiene esa cara de victoria, ahora entiendo su juego, solo quiere fastidiarme, hasta llegué a pensar que la falda había sido un regalo especial para ella, pero ya veo que no.

-Está bien, lo siento Altaír y cuando digo lo siento es verdad porque sé que me pasé contigo, pero te juro que lo de la pisada no fue intencional, solo fue producto de andar despistado y lo de la falda, yo te la compro y si tenía algún valor sentimental, pídeme lo que quieras. Yo te aseguro que no soy así de grosero, de verdad.

Ella me mira como incrédula, pero quiero ver hasta dónde llega.

-Está bien, te creo y acepto que exageré un poco, espero no me odies.

¿Un poco?

-Para nada.

Ojalá se crea el cuento la desquiciada, nunca antes alguien me había hecho un numerito.

Henry y Marcos desvían la atención cambiando el tema, ellos hace unos días se habían enterado que una nueva marca de autos salía al mercado y según ellos eran grandiosos y ya hasta nos estaban convenciendo a Rocco y a mí en comprar.

...

Nos empezamos a despedir, aunque yo me quedé un rato más pues estaba esperando a Fabio (mi padre), porque por alguna extraña razón me había acabado de llamar para pedir que habláramos y curiosamente la loca gritona volvió sentándose a mi lado.

-¿Así que te crees mucho no? -me dice ella mirando el panorama.

-¿Acaso te afecta?

-Cualquiera de 60 años se ve más joven y menos desagradable.

-¿Desagradable?

-Dejémoslo en sangrón.

-¿Sangrón?

-Ya tienes la idea de lo que quiero decir.

-Y si es así ¿Qué haces aquí?

Se hace un silencio incómodo.

-Aún no me respondes.

-Porque me parece haberte visto antes, pero no recuerdo donde y pensé que tu si me recordabas de algún lado.

-Y dices que me creo mucho, ¡pues no!, no tengo idea de quien seas y no me interesa saberlo.

-Está bien sangrón.

-¡Buenas noches! -mi padre habla detrás de nosotros.

-Hola Fabio -respondo.

Nos giramos para verlo, pero noto que ellos se quedan mirando, es evidente que se conocen.

-¿Qué haces aquí? -le pregunta a ella.

Altaír no responde, quedó pasmada, él la agarra del brazo izquierdo.

-Te estoy hablando ¿acaso le dijiste?

Ella solo se safa del agarre y sale corriendo sin decir nada.

Fabio está nervioso.

-Hijo, todo lo que te haya dicho esa mujer es falso, solo quiere dinero, es una interesada.

-Ella no me dijo nada en particular, ¿acaso es tu amante o tu hija?, si es así no me importa, ya nada me sorprende de ti.

-No, ninguna de las dos -agacha la cabeza.

-Si te esperé es porque quiero decirte por última vez, que me dejes en paz, no me busques, si quieres dinero trabaja, ¡aléjate de mí!

Salgo del hotel, no sé dónde se conocieron, pero sé que no es algo bueno y de tanto pensar solo se me ocurre lo que le pregunté, que fue una de sus amantes o que es su hija, pero mis padres hacen mucho se divorciaron y la cara de ella era como si le tuviera miedo, algo me dice que hay algo malo y lo averiguaré.

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