"DANNA D'AMARO" Chief Executive Officer
Estar parada frente a aquella puerta, es una de las cosas más complicadas que debe hacer Marina a diario y a las cuales, no se puede negar.
La joven asistente respira profundamente, sujeta la carpeta contra su pecho y toca la puerta.
-¡Puede pasar!
La joven oye la voz seductora que proviene desee dentro de la oficina y abre lentamente la puerta.
-P-permiso, jefa -tartamudea.
Diana puede notar los nervios en su asistente y eso es algo que le fascina: Ver que todos le temen.
Todos conocen el carácter fuerte de Diana y sus arranques repentinos, cuando alguien la contradice o cuando algo no sale como lo desea. No es fácil recibir un halago de ella, ni menos topársela cuando no ha tenido un buen día.
El hombre se voltea de espaldas a la asistente, acomoda su traje para evitar que Marina perciba lo que estaba ocurriendo en aquella lujosa oficina.
-¿Qué deseas Marina? -Le pregunta en un tono firme.
-Sra Danna, le traigo los documentos para la firma de la plataforma digital Virtuale Spazio.
-Está bien Marina, colócalos sobre mí escritorio. -Le ordena y la chica obedece.- Trae un café para Marcos y un té para mí.
-En seguida se lo traigo, con su permiso -responde mientras sale de la oficina y cierra cautelosamente la puerta.
-Siempre te sales con la tuya -afirma Marcos.
-¿Lo dudas? -sonríe elevando su ceja izquierda- ¡Siempre querido! siempre logro lo que me propongo.
El hombre la rodea por la cintura con sus musculosos brazos, la atrae contra su cuerpo e intenta besarla. Ella lo aleja colocando sus antebrazos en el pecho fornido de Marcos.
-Relájate querido. Ya regresará la secretaria y no quiero bajo ninguna circunstancia que sospeche que estamos juntos -dice mientras camina hacia el ventanal.
La elegante mujer, lleva tacones altos, falda ceñida a las caderas, por debajo de las rodillas y una hermosa camisa en chiffon con adornos de Swarovski que mandó a hacer en uno de los atelieres más famosos de París.
-¿Tanto te importa el que dirán? -cuestiona.
Diana voltea de forma violenta hacia él.
-¿De verdad crees que me importa para algo, lo que piensen de mí? -espeta.
-Sé que no, pero me sorprende que no quieras que sepan que tenemos algo.
-Es que 'nosotros' no tenemos absolutamente nada querido. -El tono sarcástico en su voz, es evidente- Tú y yo, sólo follamos de vez en cuando, -se mofa- y eso, sólo cuando mis picos de serotonina bajan o cuando deseo aumentar mi oxitocina. Es algo que aprendí en los libros que guardaba mi abuela. Todo tiene que ser natural.
-Bien, entonces no tengo nada que hacer aquí. -replica- Te dejo para que termines de cuadrar tus negocios.
-¿Te molestaste querido? -Le pregunta de forma burlona.
-¡No! Recordé que debo hacer unas diligencias y prefiero no interrumpirte -añade mientras saca del bolsillo del pantalón la diminuta pantie roja de seda y encajes que recién acaba de quitarle a su amante.
La huele y coloca sobre el escritorio. Ella arquea su ceja izquierda y la toma. Se sienta en su silla giratoria para colocársela.
En ese instante tocan a la puerta, ella saca rápidamente la pantie y la guarda en la gaveta de su escritorio.
-Adelante Marina. -dice mientras con un gesto le pide a Marcos abrir la puerta.
El pelirrubio abre la puerta. La joven entra nuevamente sosteniendo en sus manos la bandeja. Marcos toma la taza de té, se acerca al escritorio y se la entrega a Diana; luego toma la taza de café.
-Puedes retirarte Marina. Si necesito algo, te llamo.
-Sí, señora, con su permiso -responde y sale por segunda vez de la oficina.
Marcos se sienta en el sofá de cuero negro que está frente al escritorio de Diana.
Ella bebe su té sin dejar de mirarlo. Pasa la lengua por la orilla de la taza.
Él, en tanto, toma su café y la observa con deseo y apetito carnal.
-Dicen los antiguos magos, que si colocas una pantie en el café de un hombre, lograrás tenerlo a tus pies para siempre. -comenta con picardía.
Marcos se levanta y camina hasta donde está ella. Coloca la taza sobre el escritorio. Se aproxima y la ayuda a levantarse. Ella deja que él la tomé y la sujete con fuerza acicalándola contra su pecho.
-No creo que necesites de ello. Me tienes entero para ti. Sólo falta a que te decidas a huir conmigo.
-¿Estás loco? ¿Acaso piensas que todo este Imperio que cree lo voy a dejar sólo por un polla exquisita?
Aquellas palabras suenan excitantes, Marcos comienza a besarla con vehemencia. Sus manos se desatan sobre el cuerpo esbelto y suave de Diana. Ella disfruta del placer de sentirse viva. De saber que puede despertar deseo y pasión en cualquier hombre más joven, sin que la fortuna que posee, sea su único atractivo.
La pelinegra acaricia su ancha espalda, descendiendo por su lumbar hasta llegar a sus glúteos. Lo aprieta con fuerza. Él se estremece. A veces le cuesta entender como una mujer tan fría y calculadora como ella, puede ser a la vez tan apasionada y única.
Marcos sujeta a su amante por las caderas mientras camina en retroversa hacia el sofá, Se sienta. Diana sube su falda hasta los muslos, el pelirrubio baja su cremallera y ella se coloca a horcajadas sobre él.
Con la habilidad de una amazona, Diana se contonea sobre su polla, robándole suspiros y gemidos al apuesto hombre.
Si Marcos tuviese que describir a su amante diría que es una diosa egipcia, llena de secretos y con un poder increíble para doblegar y encantar a cualquier hombre, incluso a sus más acérrimos adversarios en el mundo de los negocios.
Ella se mueve cadenciosamente, elevando sus caderas y dejando que su polla entre y salga de su vagina. Marcos la sujeta por la cintura con fuerza y dirige sus movimientos para hacer que su miembro encaje profundamente en ella. Él está por tener un orgasmo, su cuerpo se tensa y su respiración es cada vez más agitada.
-¡Joder! Quiero correrme dentro de ti. -bisbisea.
Diana se levanta, se para frente a él y lo observa fijamente, mientras le dice:
-Hazlo, quiero ver como te masturbas frente a mí.
Marcos desliza su mano de arriba hasta abajo, mientras jadea y frota cada vez más rápido su polla hasta ver como la lava blanca producida por aquella erección volcánica descienda por las laderas de su miembro. Luego se levanta, va hasta el baño, se limpia y trae una toalla húmeda para limpiar los fluidos de Diana.
-Ve a hacer tus diligencias. Yo voy a revisar el contrato con la Innovation Tecnology.
–Está bien mi amor, cómo tú quieras.
–Ah, dile a Marina que no quiero que me moleste bajo ninguna circunstancia. Estaré ocupada el resto de la mañana.
Marcos sale de la oficina. Ella se levanta. Camina hasta el baño. Limpia su rostro con la toalla húmeda. Retira todo el semen de su rostro, cuello y pecho. Luego acaricia si piel. "Realmente está suave" se dice si misma mientras se observa al espejo. A sus treinta y ocho años, verse mucho más joven de la edad que tiene.
Una combinación perfecta de inteligencia, experiencia y belleza.
Sale del baño, se sienta, toma la carpeta, la abre y saca el documento de unas siete páginas. Comienza a leer el contrato. Es una meta más alcanzada.
"Ahora tendré mi propia plataforma para difundir mis emporios. Nadie me detendrá, eso se lo juré a mí padre. Quien a pesar de ser un excelente soñador, no pudo tener el éxito que hoy poseo" piensa mientras va revisando detalladamente cada una de las cláusulas.
En ese instante su móvil comienza a sonar. una llamada. Atiende la llamada no sin antes ver de quien se trata. Hace un gesto de desagrado, pero finalmente atiende:
-Hola querida. Ok. Yo paso por allá. Cuídate mucho. Besos.
Coloca el móvil sobre el escritorio. Se arregla el cabello. Se acomoda la camisa. Toma su cartera, sus lentes de sol y su sobretodo rojo.
Por todo el pasillo, la observan encantados sus trabajadores, tanto mujeres como hombres. Es una mujer hermosa, elegante, decidida y emprendedora. Todo lo que tiene lo ha logrado con su astucia y buenas ideas para los negocios.
Entra al ascensor. Baja hasta el último piso y camina hacia el estacionamiento.
Allí la espera Tarcisio, su chofer de confianza. Le abre la puerta. Ella sube al Audi Q5 2021 color negro, que acaba de comprar para sus viajes de negocios.
-Adoro este olor a cuero nuevo -comenta extasiada.
-¿A su casa? -pregunta el hombre de cabello platinado.
-No, Tarcisio, vamos a la clínica donde está internada mi hermana. Me mandó a llamar. Veamos de qué se trata ahora.
-A su orden mi señora -responde él.
El hombre dirige hacia donde Diana le informó. Hay algo de tráfico por la hora tope. Toma un desvío. Una de esas rutas que él conoce perfectamente.
Ya antes había sido funcionario de la Policía Estadal. Y durante más de diez años fue guardaespaldas de su padre; ahora era su hombre de confianza y un leal confidente..
Llegan a la Clínica. Ella se baja. Deja su cartera y chaqueta, sólo se coloca los lentes de sol. Camina hasta el edificio.
Siempre le causa ansiedad tener que volver a ese lugar. Nunca el pasado desaparece por completo.
A lo lejos ve a Raquel, la enfermera que la llamó. La mujer se aproxima hasta ella:
–¿Qué ocurre ahora Raquel?
–Su hermana tuvo un episodio de esquizofrenia e intentó lanzarse por la ventana.
–¡Dios mío!– dice colocando su mano en la boca.
–En estos momentos está sedada. Se necesita su autorización para recluirse en una de las habitaciones de menor riesgo para ella.
–Está bien. Quiero verla– responde Diana.
–¡Muy bien, sígame!
Raquel camina hacia la habitación donde está Isabella. Diana va detrás de ella. Llegan hasta la habitación. Diana se asoma por la ventanita de vidrio.
Raquel amaga para abrir la puerta. Danna la detiene.
–Mejor, será no molestarla.
–Como usted diga. Vamos entonces a administración para que dé la autorización y para que pueda ser trasladada en unos minutos.
–Gracias por cuidar de ella, Raquel.
–De nada, usted sabe que cuenta conmigo.
Danna firma la autorización. Sale de allí, como siempre consternada; sube a su automóvil, y regresa a su opulenta casa. Luego regresa a la habitación de su hermana. Isabella está acostada, con los ojos cerrados, se ve tan ausente, que en vez de parecer dormida pareciera estar muerta...
Desde muy joven he sido algo insistente en todo lo que hago. Me ocupo siempre en hacer todo bien, buscando la perfección. Todo lo que tengo hasta ahora es la combinación de esfuerzo, más inteligencia.
Isabella es mi hermana menor. Fui para ella como una madre. Desde que mamá sufrió aquel fatídico accidente, apenas yo tenía cinco años, tuve que ayudar a mi padre, cuidando a Isa para que él pudiese trabajar y mantenernos.
Mi padre es Massimo D'Amaro un emigrante italiano que llegó a este país desde muy joven pero que siempre fue trabajador y un soñador empedernido.
Para él, ayudar a la humanidad a ser feliz es su sueño; por lo que siempre ha hecho lo posible por hacernos feliz. No hubo nada que durante la infancia nos faltara, salvo el amor de mamá. Aún así, nunca sentí que fuese necesario su afecto porque nuestro padre se encargaba de que no lo sintiéramos.
A medida que crecíamos, si pude sentirlo. Sobre todo cuando tuve mi primera menstruación. No sabía que hacer, ni como decírselo.
Esa noche cuando llegó del trabajo, yo estaba en mi habitación con Isa. Y le pareció extraño que no saliera a recibirlo como siempre.
Pronto estaba allí, en la puerta mirándonos.
–A ver principesse ¿por qué no salen a recibirme? ¿ya se olvidaron de su padre?
Isa corrió a abrazarlo. Adorábamos cuando nos hablaba en italiano.
–Ciao papà.
Se acercó para darme un beso en la frente como de costumbre.
–¿Te sientes mal?
–No papà. Tudo bene.
–Traje algunas golosinas para que veamos juntos una película.
–Ve con Isa, yo debo estudiar para el examen de mañana.
–Mañana es sábado Diana. ¿Qué te ocurre?
Él debió imaginar lo que pasaba. Mandó a Isabella a la cocina para que comiera algunos chocolates.
–Sabes que puedes contarme lo que sea, bambina.
–Sí papà.
–Haz uso de ese comodín entonces y di para papà ¿qué ocurre?
–Estoy menstruando.
Su abrazo fue tan reconfortante que no fue necesario ni una sola palabra.
–¡Ti amo papà!– le dije abrazándolo con todas mis fuerzas.
–¡E ti amo raggazza!
Salió del cuarto y fue hasta su habitación. Trajo un paquete envuelto.
–Aunque no lo creas, he esperado este momento– dijo mientras me entregaba el paquete.
Mis ojos se iluminaron de alegría y comencé a destaparlo.
–Gracias papà– respondí.
Dos paquete de toallas sanitarias diurna y nocturna. Un perfume con olor a mujer.
Es el mejor regalo que recibí durante toda mi vida. Porque ese sería mi motivación a ser una mujer.
Esa noche vimos una película infantil, sobre todo por Isa, quien apenas cumplió los seis años. Ella es menor que yo por cinco años.
Transcurrieron los años en un pestañear de ojos. Mi padre había montado un pequeño negocio de comida italiana. Y tanto yo como Isa, nos encargabamos de atender las mesas.
Siempre había algún livinidiso que nos quería comer con los ojos. Pero nunca me afectó su instinto básico. Isabella por el contrario resultó ser más sensible a los elogios de alguno de ellos.
Cuando tenía veinte años conoció a Marcos, quien era hijo de uno de los empleados de la cocina, sin haber cumplido un mes juntos, se fue a vivir con él. Papá estuvo muy triste durante esos días.
Yo en tanto, seguí en casa, apoyando a mi padre. Él ya tenía un tiempo sin una mujer a su lado por lo que decidí presentarle a la mamá de Gianella. Fue como amor a primera vista, estaba feliz de ver a mi padre enamorado de Paulina.
Siempre me he encargado de resolver la vida de los seres que amo. Es mi misión retribuirle a papà todo lo que ha hecho por nosotras.
Con respecto a Isa, siempre la aconsejé e incluso los primeros meses cuando se fue con Marcos, la apoyaba con parte de mí sueldo para que no tuviese que pasar por inconvenientes económicos.
Ya luego que vi, que ella era realmente feliz en su forma simple de vida. Dejé que siguiera su camino. Eso es otra de las cosas que suelo hacer, dejar que cada quien tome sus decisiones y sea feliz como mejor pueda hacerlo.
No sé en qué momento Isa comenzó a sufrir de períodos paroxísticos y se convirtió en una drogadicta indirecta. Si no podía dormir, debía tomar clonazepam, si no podía controlar su distimia, tomaba licor o en su defecto Sertralina, si por casualidad se sentía ansiosa, nada como una buena dosis de Alprazolam.
Allí comenzó a caer en excesos y hoy está en esta clínica con un cuadro de esquizofrenia agudo.
No me gusta tener que visitarla y verla de esa manera, ausente, aletargada. Por ello prefiero pagar una buena clínica y que ellos se encarguen de sus cuidados.
Entro a mi bañera, ya Herminia la ha preparado como me gusta: espumosa y con pétalos de rosa. Puedo sentir el aroma de las flores y extasiarme en ese olor. Cierro los ojos mientras oigo Nocturno en Fa mayor de Chopin.
Necesito relajarme y no pensar mucho. Es lo que me ha llevado hasta ahora al sitial donde estoy. Foco. Ese es el verdadero secreto para el éxito.
Puedo sentir el agua fresca entre mis piernas y el roce de los pétalos acariciar mis pantorrillas y antebrazos. Sumerjo un poco mi cuerpo, dejando siempre mi cuello algo levantado para no mojar mis cabellos.
Alguien toca, me salgo un poco. Estiro mi mano y tomo la toalla para salir de la bañera. Por segunda vez tocan. Exasperado grito:
–¿Qué carajos ocurre?– preguntó mientras camino hacia la puerta.
–Señora disculpe, tiene una llamada de Doña Paulina. Dice que es urgente.
Salgo apurada del baño y le arrevato de las manos el inalámbrico.
–Sí dime ¿Qué ocurre?
La noticia que recibo es impactante, palidezco. Dejo el teléfono.
–Búscame algo de vestir. Ligero.
Herminia corre hasta el cuarto contiguo y busca en el guardarropas. Llega con un conjunto de algodón deportivo. Apresurada me visto. Quito el gorro de baño. Suelto mi cabello. Tomo la cartera, mi celular.
–Avisa a Tarcisio que vamos a salir ya!
–Si señora– responde mientras baja las escaleras corriendo.
Yo tomo el elevador para llegar hasta el primer piso. Tarcisio ya está con el carro parado frente a la entrada. Me abre la puerta. Subo. Cierra y se sube.
–¿A dónde señora?
–A la clínica central Tarcisio. Es papá. Apúrate por favor.
Salimos de la mansión. Llegamos en diez minutos. Me bajo y entro apurada a la clínica.
–Señorita por favor, la habitación del Sr. D'Amaro.
–¿Quién solicita información?
–Soy su hija inepta– respondo dando un golpe sobre el mostrador.
–Disculpe señora Diana. Es la 26-C
Camino hasta el elevador. Subo. Llego al tercer piso y camino apresurada, a ratos corro. Finalmente estoy frente a la habitación. Entro. Me acerco:
–Papà stai bene?
Él me mira sin poder responder por el respirador artificial.
Veo sus ojos. Con ellos me habla. Siempre ha sido así.
–El médico dice que fue un paro cardíaco– responde Paulina.
–¿Va a estar bien, verdad?– preguntó mientras la sujeto por ambos brazos.
–Debe permanecer en observación esta noche querida.
–Yo me quedaré con él. ¡Quiero hablar con el doctor!
–Vendrá antes del cambio de guardia a verlo. Ya le colocaron tratamiento. Sólo debes calmarte.
La miro algo irritada por la frialdad con la que me habla. Siempre he sido muy ecuánime y emocionalmente controlada. Sólo que cuando se trata de papá, todo cambia. Él es mi todo.
–Disculpa pero no creo necesario tener que recordarte de quien se trata. Es mi padre.
De pronto el monitor cardíaco comienza a disminuir. Corro hacia donde está él. Mientras le grito a Paulina para que llame al médico.
–Papà no lasciarmi!– digo mientras recuesto mi cabeza sobre su mano.
Entra la enfermera, quien me pide salga de la habitación. No quiero dejarlo. Me resisto, hasta que el doctor entra acompañado de un pasante, quien toma el eletroshock para hacerle presión en el pecho y revivirlo. Cierran la puerta.
Oigo desde afuera de la habitación al doctor contando, oigo que el monitor suena por segundos y vuelve a dejar de sonar.
Aparece el doctor. Se quita los guantes y camina hacia donde estamos.
–Lo siento, el señor Massimo acaba se fallecer.
No recuerdo que pasó. Abro los ojos, veo que estoy en una camilla y a mi lado Marcos me mira con tristeza.
Reacciono e intento levantarme. Siento un dolor en mi brazo izquierdo. El catéter intravenoso me lastima al moverme.
–Cálmate Diana, ya no puedes hacer nada. El viejo se nos fue– dice mientras me abraza.
"Hasta que nos volvamos a ver" el epitafio incrustado en la lápida es la promesa de amor más grande que puede haber entre un padre y su hija.
Diana llora desconsoladamente en el brazo de Marcos. Es casi mediodía, alrededor de la tumba están las pocas amistades de la familia.
Julio se acerca hasta donde está Diana:
–Lo siento mucho mi amor!
Ella levanta el rostro y lo mira con desprecio.
–¿Qué haces aquí?
–Cálmate no te pongas así. La gente nos mira.
–Sabes que eso no me importa, maldito.
Él la mira sorprendido. Se acerca una rubia muy elegante y bien atractiva. Lo hala por el brazo. Diana no puede creer que él esté allí con su amante.
En ese momento, el sacerdote comienza el rezo. Ella se centra en lo que realmente debe ser lo único importante, rendirle honor al hombre que más ama y él único que siempre la amó incondicionalmente.
Las palabras de despedida de Paulina, la hacen quebrarse aún más. Gianella la abraza intentando darle ánimo. Marcos la aleja un poco para que pueda relajarse.
Termina el entierro, camina abrazada de Gianella hasta el carro. Tarcisio la espera. Abre la puerta. Ella se lanza sobre él.
–¡Se fue mi viejo, se me fue!
Al verla así tan vulnerable, Tarcisio la abraza y de sus ojos salen algunas lágrimas.
–¿No llore mi señora! Él siempre estará con nosotros.
Ella lo mira. Asiente con la cabeza. Él la ayuda a subir al auto. Regresan a la mansión. Diana sube hasta su habitación. Se recuesta en su cama. Revive los momentos de su infancia junto a su padre e Isabella.
Recuerda entonces, que su hermana no sabe sobre la muerte de su padre. Respira profundamente. Marca un número en su teléfono y a los pocos segundos, Herminia toca la puerta.
–Entra de una vez.
La mujer entra y se coloca frente a ella.
–¡Dígame mi señora!
–Llama a la clínica psiquiátrica, averigua como sigue Isabella. Dependiendo de lo que te respondan, avísale que papá está muerto.
La mujer se sorprende por tener que hacer algo que no suele hacer. Toma de su delantal, el teléfono inalámbrico y llama.
Mientras tanto, Diana se desviste y entra al baño. Se sumerge en la bañera. Deja que el agua moje su rostro y sus cabellos. Siente en su alma un vacío inmenso.
El sensor se activa y comienza a sonar Nocturno en fa mayor. Esa canción la transporta inmediatamente al día anterior en que recibió la noticia de que su padre estaba en la clínica.
Llama a Herminia. La mujer entra.
–¡Desconecta el equipo!– ordena en tono exasperado.
–Sí, señora– responde nerviosa.
–¿Hablaste con Isabella?
–No señora. La enfermera me dijo que continua sedada. Que ellas le comentaran cuando lo crean conveniente.
–¿Conveniente? La muerte no es conveniente. A veces me gustaría estar en su lugar. Para ella todo siempre fue más fácil.
–No diga eso mi señora. Dios la proteja de alguna enfermedad de esas.
–Lárgate Herminia. Quiero estar sola. No me molestes por nada, ni por nadie. Nada absolutamente nada me importa.
La mujer, se voltea y sale apresuradamente de la habitación.
Diana permanece allí por unos minutos más. Finalmente se sale de la bañera. Toma la toalla y camina hasta su habitación. Duerme por un par de horas. Despierta algo cansada. Toma su móvil y verifica sus mensajes. Tiene varios audios. La mayoría son para darle condolencias. Los salta uno a uno.
Nadie puede imaginarse su dolor. Eso piensa. De pronto oye un mensaje de Marina:
"Señora Diana, sé que en estos momentos lo que menos desea es que la moleste. Pero es para recordarte que este fin de semana está pautada la inauguración de la plataforma Virtuale Spazio; todo está listo para esa actividad. Necesito me confirmé si habrá algún cambio para posponer la fecha"
Apreta la opción de audio y responde clara y precisa:
"Todo quedará igual"
Marina en la oficina recibe el mensaje. Se apresura a confirmar a todos los invitados sobre la actividad.
Realiza unas cuantas llamadas, para constatar que todo esté de acuerdo a lo planificado. Marca en su laptop un listo ✔para cada ítem confirmado.
Salón de fiestas Versace
Biffet "Le repas parfait"
Sonido
Orador
Invitados especiales.
Todo como lo dispuso. Siente satisfacción de haber cumplido con la organización de ese evento. Sabe que para Diana es importante celebrar sus triunfos y sobre todo motivar a sus clientes.
Cierra la oficina con llave. Baja por el elevador. Sale del edificio. Saluda al vigilante de turno. Sube a su auto. Conduce hasta su casa. Estaciona su carro en el estacionamiento y sube las escaleras hasta su apartamento.
Abre la puerta. Marcos está allí en el sofá, con un vaso de wiskey, esperándola. Ella deja las cosas sobre la mesa del comedor y se sirve un vaso con hielo.
Marcos toma la botelka de Ka mesa de centro, llena su vaso y coloca de nuevo sobre la mesa. Ella se sienta a su lado y se recuesta de su hombro.
–¿Qué día este?– dice ella.
–Realmente duro. Diana estaba inconsolable.
–No es para menos. Era su padre.
–Sí, por supuesto, pero aún así nunca creí verla de esa manera.
–Espero no la hayas consolado tú– dice mientras choca su vaso con el de él, para brindar.
–¡Salud!
Beben sus tragos. Marcos coloca su vaso en la mesa y le quita el de Marina. Ella se resiste, bebe un trago completo y lo coloca en el piso. Marcos la hala contra sí y comienza a besarla. Ella corresponde a sus besos y caricias.
Él baja su cremallera, toma la mano de ella y la coloca en su pene. Ella comienza a acariciarlo hasta sentir que se va endureciendo. Él la mira como ordenando lo que debe hacer. Ella se arrodilla en el piso, el abre sus piernas y ella comienza a darle placer.
Él jadea, eleva su pelvis para que ella pueda chuparlo entero, el acaricia su cabello, su nuca. La empuja una y otra vez, cada vez con más fuerza e intensidad. Ella siente algo de náuseas.
Él hala su cabeza hacia atrás. La mira con enojo. Ella vuelve a meterlo en su boca y acelera sus movimientos. Finalmente siente el líquido corriendo por su boca. Se retira y limpia con la manga de su camisa.
Él queda extasiado. Ella camina hasta su habitación mientras desabotona su camisa. Se quita los botines, luego el pantalón. Toma la toalla y entra al baño. Marcos toma. Su móvil. La llave de su auto y sale del apartamento.
Marina, deja que el agua limpie su rostro, sus labios, su pecho. Deja que limpie su verdad. Ella es sólo un entretenimiento para Marcos a pesar de que lo ama con todas sus fuerzas y sería capaz de todo por estar con él, incluso aceptar que él la use.
Sale del baño, se envuelve en la toalla, camina hasta la sala. Efectivamente Marcos no está. Enciende el reproductor que tiene en la cocina. Coloca su cantante favorita y su canción preferida:
"Marcos se ha marchado para no volver/ el tren de la mañana llega ya sin él"
Irónica canción porque al final él se marcha pero regresa cuando él lo desea.