Diciembre, 1820
Liviana miraba la nieve caer a través de su ventana, era noche buena y podía decir que uno de los días más fríos, aun cuando su habitación estaba a una temperatura que la mantenía caliente. Por un momento pensó en esas personas que no tenían la misma posibilidad que ella para mantener su casa caliente durante el frio invierno, y sintió pena por ellos.
- ¡Por Dios Liviana! ¿Aún no te has cambiado para la cena de hoy con los duques de Agnes? - Indicó la señora Parker, su nana, corriendo por toda la habitación buscando el hermoso vestido que Liviana usaría esa noche-. Pero es mi culpa, aun eres muy joven para que lo hagas sola.
-Nana, pronto cumpliré diecisiete años, y por fin seré presentada en sociedad- respondió ella con cierta diversión.
-Y también podrás encontrar un buen esposo. - Recalcó la señora Parker y Liviana hizo una mueca de disgusto.
-Sabes que será un poco difícil ¿verdad? - dijo ella con tristeza en su voz, su nana la miró interrogante -. El hombre que amo ni siquiera voltea a verme.
-Marcus Livingston está ciego al no notar lo hermosa que eres, pero puede que esté esperando a que tu primera temporada comience.
- ¿En serio crees que Marcus se pueda interesar por mí una vez que sea presentada en sociedad nana? - preguntó Liviana ilusionada por la idea.
-Claro que si mi niña, eres hermosa y estoy segura que él lo sabe también.
Liviana sonrió esperanzada de que las palabras de su nana fueran ciertas.
- ¿Crees que esté presente en la cena que sus padres organizaron para hoy? - preguntó Liviana mientras se colocaba el hermoso vestido color turquesa que hacía juego con sus ojos.
-No lo sé mi niña, pero es muy probable, son sus padres, aunque viva en su residencia de soltero es su deber asistir. -Respondió su nana ayudándola con su vestido.
-Creo que subí aún más de peso, el vestido me queda más ajustado que cuando la señora Jayson tomó mis medidas. - La voz de Liviana sonó deprimida.
Siempre que un vestido le quedaba apretado se sentía mal, no quería estar gorda pero por más que lo evitara no podía dejar de comer y se sentía culpable por no tener más autocontrol.
-No te sientas mal, mi niña, el vestido te queda más hermoso así, resalta un poco más tus caderas y curvas, estoy segura que cuando empiece tu primera temporada más de uno querrá cortejarte.
La señora Parker siempre intentaba subirle los ánimos a Liviana, su autoestima no era el mejor y todo gracias a su padre que siempre le vivía diciendo lo fea y gorda que era, que si no paraba de comer nunca encontraría un buen partido como esposo y se quedaría como una solterona.
Cuando terminaron, Liviana se miró en el espejo de cuerpo entero ubicado cerca de su cama y contempló lo hermosa que se veía esa noche, realmente el vestido le quedaba perfecto y pensó que hasta aún mejor, su nana tenía razón, se le marcaban algunas sus curvas. Su cabello iba recogido con algunas ondas cayendo a los lados de su rostro. Se sentía hermosa y sonrió al pensar que tal vez Marcus podría, tan solo esta vez, mirarla un poco más que solo para saludarla.
-Te vez hermosa. - la halagó su nana.
-Gracias nana, sin ti creo que sería un desastre.
-Tu madre estaría muy orgullosa de ti, mi niña.
La sola mención de su madre hizo que los ojos se le cristalizaran, lloraba cada vez que se acercaba su cumpleaños al saber que por su culpa su madre murió, el mismo día que ella nació su madre abandonó este mundo dejándola con un padre que la odiaba y culpaba por la muerte de su esposa.
Respiró profundo para que las lágrimas no salieran y arruinara el sencillo pero hermoso maquillaje que su nana se había encargado de aplicarle.
-Mejor baja ya antes de que tu padre se enfade.
-Sí, es lo mejor.
Liviana abandonó su habitación y bajó las escaleras hasta llegar al hall donde esperó a su padre. Minutos después llego él, el hombre al que llamaba padre, pero no se comportaba como uno.
-Vamos, se nos hace tarde. - Fue lo único que dijo.
Liviana se colocó su chal y salieron del condado en uno de los carruajes sin decir palabra alguna, Liviana ya estaba acostumbrada a los silencios de su padre, así que solo se entretuvo en mirar el suelo del carruaje pensando en Marcus, en sí estaría ahí, hacía mucho que no lo veía, solo tenía oportunidad de verlo cuando Marcus y su padre visitaban la residencia Hamilton o cuando los Duques de Agnes los invitaban a una cena familiar, ya que ambas familias mantenían una buena amistad.
Aún recuerda la primera vez que vio a Marcus, fue también en noche buena hace dos años, recordaba que ese año fue su padre quien dio la cena y ellos asistieron, ella bajaba las escaleras tan rápidamente hasta que se tropezó con él, para ella fue amor a primera vista, ver esos ojos azules como el cielo y sentir los fuertes brazos sujetándola la hicieron sentir en otro mundo, y desde entonces no dejaba de soñar con él y su deseo de que algún día pudiera ser su mujer. Ese era el deseo más íntimo e intenso de Liviana.
Al llegar a la mansión de los Duques, fueron recibidos de manera familiar, como siempre, Lord Alexander era el mejor amigo de Lord Henry, su padre. Lady Lilian recibió con un abrazo maternal a Liviana el cual ella respondió de igual manera.
-Qué bueno que ya estén aquí, aunque aún falta que mi hijo llegue, ya saben cómo es Marcus, y más ahora que vive en su residencia de soltero. - Dijo Lady Lilian y el corazón de Liviana empezó a latir de solo escuchar el nombre de su amado-. Y mi hija ya está por bajar.
-No se preocupe, excelencia. -Dijo el Conde sentándose a conversar con su viejo amigo mientras llegaban los jóvenes.
-Querida - Liviana prestó atención al llamado de la duquesa-. Estaba pensando que tal vez mi hija y tú puedan hablar de la próxima temporada, así ella te puede dar algunos consejos, ya que esta será su segunda temporada.
Liviana trató de sonreír amablemente al gesto tan bonito de la duquesa, pero sabía que sería algo imposible ya que ella no era del agrado de Lady Aline Livingston, no sabía porque la hermana del hombre que amaba no soportaba tenerla cerca. Dejó de acercarse cuando se dio cuenta que era imposible y que ella no tenía la culpa dado que nunca habían cruzado palabra.
-Claro-fue lo único que dijo Liviana.
Al poco rato Lady Aline bajó las escaleras con una gracia y perfección que hizo que Liviana se sintiera inferior.
-Buenas noches- saludó Lady Aline cuando llegó a la planta baja y se reunió con todos-. Conde, me da mucha alegría volver a verlo.
-Lo mismo digo Lady Aline, mi amigo y yo esperamos que para esta temporada puedas escoger a su futuro esposo - respondió el conde de Hamilton con una sonrisa que hizo que el corazón de Liviana se encogiera, nunca le había dedicado una de sus sonrisas a ella, que era su hija.
-Eso espero - respondió Lady Aline.
-Permiso -interrumpió el mayordomo de la residencia -. Lady Ashton acaba de llegar.
- ¿Lady Emma? -preguntó la duquesa algo confundida, ya que no recordaba haber invitado a la señorita.
-La he invitado yo, madre, sabes que es mi mejor amiga- explicó lady Aline -. Hágala pasar.
-En seguida, milady - el mayordomo se retiró para segundos después aparecer con Lady Ashton.
-Buenas noches -saludó ella al llegar a la sala donde se encontraban todos los presentes -. Gracias por haberme invitado a pasar esta noche con ustedes.
-De nada querida-respondió la Duquesa no muy contenta, a ella no le caía muy bien Lady Emma por ser muy sobresaliente, además de saber el interés de su hijo por la dama, y para ser sincera entre Lady Emma y Lady Liviana, prefería a esta última.
Hacía mucho que la duquesa estaba enterada de los sentimientos que Liviana tenia por su hijo, y no porque ella se lo hubiese confesado, sino porque no sabía retenerlos cuando lo tenía cerca, era muy obvia, y lo que más le gustaba a la duquesa era ver los brillantes ojos de Liviana cuando miraba a su hijo, esa mirada de admiración y perfección que solo una mujer enamorada podría darle a su amado.
Liviana se sentía fuera de lugar, si antes se sentía hermosa ya no lo hacía, solo le bastó ver a Lady Aline y a Lady Emma para darse cuenta que ella no sería una de las debutantes más hermosas de la próxima temporada, ya se daba cuenta de cómo eran las damas para considerarse hermosas y ella no entraba en ese rango, ni podía compararse con ellas. Lady Aline era muy hermosa, era esbelta y tenía los ojos azules, su cabello era del color de la miel tan brillante y liso. Pero Lady Emma, ella si era hermosa, cuerpo esbelto y delgado, ojos azules tan claros como el cielo, cabellos dorados como el oro, su rostro era perfilado con una nariz respingada y labios finos. Su rostro de felicidad cambió al recordar que pronto Marcus llegaría, ya no quería que la viera, por lo menos no esa noche.
Para la duquesa el cambio de humor de Liviana no pasó desapercibido, así que decidió acercarse.
-¿Qué pasa pequeña? - Liviana sonrió al escuchar como la duquesa se dirigía a ella, y por un momento imaginó como hubiera sido conocer a su madre.
-Nada, milady-respondió Liviana.
-Buenas noches. - Lady Lilian iba a hablar cuando su hijo llego-. Disculpen el retraso - saludó a los presentes amablemente, pero para Liviana no pasó desapercibido el cómo los ojos de su amado brillaron cuando miro a lady Emma, y el cómo su corazón se rompía un poco más al ver como a ella le tomaba la mano y depositaba un beso en estas, en ese momento sintió envidia y deseó ser ella a quien Marcus besara con sus labios -. Está muy hermosa esta noche Lady Emma.
-Muchas gracias miLord, lo mismo puedo decir de usted -respondió Lady Emma y por unos segundos se quedaron mirando, algo que todos notaron.
-Hijo -llamó la Duquesa para que todos olvidaran el momento, Marcus prestó atención a su madre con una sonrisa hermosa-. ¿Recuerdas a Lady Liviana, hija del Conde de Hamilton?
Marcus miró a Liviana de arriba abajo he hizo una disimulada mueca que solo notó su madre. Claro que recordaba a la regordeta niña que babeada por él, era tan tonta que no sabía disimular lo mucho le gustaba.
-Claro, ¿cómo se encuentra Lady Johnson? - fue lo único que dijo.
-Bi... bien m... milord. -Marcus volteó los ojos al escuchar el tartamudeo de la joven, realmente no soportaba a las mujeres así, y más ver como se sonrojaba, él prefería a las mujeres como Lady Emma, decididas y sin rodeos. Y esperaba que para la próxima temporada lady Emma lo aceptara como su esposo.
Liviana quiso decir algo más pero Marcus se apartó rápidamente para incorporarse al lado de lady Ashton, algo que hizo que se sintiera aun peor, y más con el papelazo que acababa de hacer, ¡¿tartamudear delate de Marcus?! No podía ser más tonta, si antes él no le prestaba atención, mucho menos lo haría ahora.
Toda esperanza de ser aceptada por el hombre que amaba, acababa de llevársela el viento y con ella su destrozado corazón.

Meses después...
La temporada había iniciado, y con ello había llegado el cumpleaños de Liviana, quien no se sentía muy emocionada, y más desde la pasada noche buena, donde descubrió que jamás sería aceptada por un hombre, y menos por el que amaba: Marcus Livingston. Además de recordar que el mismo día que nació, su madre murió y que por tal hecho su padre la odiaba. Lo único que recordaba de ese día; desde que tiene memoria, son las deliciosas tartas de manzana que su nana le hacía, ella es la única que recuerda su cumpleaños, ya que su padre prohibió que esa fecha fuera recordada en la residencia.
-Feliz cumpleaños mi niña - felicitó su nana brindándole un pedazo de la tarta de manzana que le había hecho para ese día.
-Gracias nana, siempre eres la única que se acuerda de mi cumpleaños - dijo Liviana con la voz apagada, ese era un día que no le emocionaba mucho.
-Tu padre también lo hace mi niña.
-Mi padre solo recuerda mi cumpleaños como el día que perdió el amor de su vida. Sé que si él hubiera elegido entre mi madre y yo, creo que no estaría aquí cumpliendo diecisiete años.
-No digas eso Liviana.
-Es la verdad nana, mi padre nunca ha demostrado que me quiere, ni una muestra de cariño, nunca he recibido un abrazo de su parte, una palabra cariñosa, o un consejo, solo recibo malas miradas y regaños -lágrimas corrían por la mejilla de Liviana, se sentía triste al pensar que su padre nunca la perdonaría por el simple hecho de haber nacido.
-Tu madre no hubiera querido esto para ti, mi niña. -La consoló su nana mientras Liviana lloraba en su hombro.
-Recuérdaselo a él entonces.
Los minutos pasaron y Liviana se fue calmando, cuando estuvo completamente calmada decidió comerse la tarta que su nana le había hecho con mucho amor. Simplemente no pudo resistirse a esa deliciosa tarta.
Liviana pasó el día en su habitación leyendo algún libro, su pasatiempo favorito, le encantaba adentrarse en las páginas de sus libros y soñar que era ella la protagonista, la dama que siempre terminaba con su final feliz, pero siempre volvía a la realidad y por más que soñara sabía que en su cuento no habría un final feliz. Ya se había resignado a amar en silencio a Marcus, sabía que él no correspondería a sus sentimientos, eso le quedó claro la última vez que lo vio en la cena de noche buena en la residencia Agnes, ver como Marcus miraba a lady Emma le hizo saber cuáles eran los sentimientos de su amado, y que no eran para ella.
-Mi niña, ¿no te apetece salir al jardín? La tarde esta hermosa y así puedes tomar un poco de aire- dijo su nana entrando a la habitación de Liviana e interrumpiendo sus pensamientos
Liviana miró por su ventana y su nana tenía razón, la tarde se veía hermosa, así que decidió hacerle caso y salir un rato al jardín. La señora Parker la ayudó a cambiarse y ambas salieron de la habitación. Al llegar al primer piso tuvo tan mala suerte de encontrase con su padre, el cual la miró con odio.
-Mañana los marqueses de Williston darán inicio a la temporada, y como ya es hora de que asistas a tu primera temporada te esperare para ir, espero que seas inteligente y escojas un esposo en esta primera porque no habrá segunda- dijo su padre sin mirarla.
- ¿Cómo? ¿Por qué no habrá segunda temporada, padre? - cuando ella menciono la palabra «padre», el conde la miró con severidad haciendo que ella bajara su cabeza -. Disculpe milord.
-No habrá segunda temporada para ti porque si no encuentras esposo por tu cuenta lo haré yo, y créeme que te casare con el primero que encuentre.
La Sra. Parker llevó una mano a su boca y abrió los ojos por las palabras del conde, no podía hacerle eso a Liviana, su madre no hubiera querido eso para su hija.
El conde subió a su despacho dejando atrás a su hija con los ojos vidriosos y la señora Parker aún en shock. Pero no le importaba solo quería librarse de esa mocosa, como la llamaba, no la quería más ahí, no soportaba ver en su hija la imagen de la mujer que amó, porque aunque lo negara, Liviana es el mismo retrato de su difunta madre. Al cerrar la puerta de su despacho no soporto más y dejó caer la primera lágrima del día, recordaba que ese mismo día hace diecisiete años perdió a su mujer por culpa de esa, a la que tenía como hija, si por él hubiera sido su mujer estaría viva, él la hubiera escogido a ella por encima de todo, pero la decisión fue de su esposa, ella eligió salvar la vida de su hija alegando que ya había vivido su momento y que había sido muy feliz, era tiempo de que su bebé naciera y viviera también.
Pero lo más doloroso para el conde es que no cumplió su promesa. Su mujer lo había hecho prometer en su lecho de muerte que cuidaría de su hija, que le daría el amor que ella no podría darle y él lo así lo prometió, pero no lo cumplió. No soportaba ni siquiera tenerla cerca, los primeros años de su hija se la pasaba viajando o atendiendo los negocios del condado, nunca estuvo presente cuando Liviana empezó a caminar, a decir sus primeras palabras o cuando se enfermaba o reía.
Liviana aún lloraba, no podía creer que su padre fuera capaz de cumplir lo que había dicho, sabía que no encontraría un esposo en su primera temporada, eso sería imposible y más ella que no tenía gracia y no entraba en el estereotipo de la belleza de la sociedad londinense.
-Nana no me quiero casar con alguien que yo no ame, mi vida sería completamente desdichada si eso llegara a pasar- sollozó tratando de buscar consuelo en la señora Parker, pero ella no podía decir nada porque no tenía como consolarla, esta vez estaba segura de que el conde cumpliría su palabra en caso de que Liviana no fuera capaz de conseguir casarse en esta temporada.
-Tranquila mi niña, ya encontraremos la forma de salir de esta. Verás como sí lograrás casarte con un hombre bueno y que con el tiempo llegarás a amar, al igual que él a ti.
-Pero yo solo amo a Marcus Livingston. - Sollozó en un susurro apenas audible...

Liviana estaba lista para asistir al baile que darían los marqueses de Williston. Solo esperaba a su padre, siempre trataba de terminar temprano porque no quería que él la odiara más por retrasarse.
-Vamos -dijo su padre pasando por su lado-. No quiero escándalos por tu parte, así que compórtate como la dama que debes ser -recalcó una vez dentro del carruaje que los llevaría a la residencia Williston.
-Claro -fue lo único que respondió Liviana.
Al llegar a la residencia Williston, Liviana se sentía completamente nerviosa, solo se movía por donde su padre lo hacía, siguiéndolo como un corderito, a su alrededor solo habían damas de la más alta sociedad, bellas y esbeltas, todo lo contrario a ella, se sentía fuera de lugar, todo aquel que la miraba no le prestaba el más mínimo interés, como si no les importara su presencia. Lo último que le quedó por hacer fue sentarse en un rincón como florero a mirar a las bellas damas, jóvenes y adultas, ser invitadas a bailar por hermosos caballeros. No era esa la idea que tenía de una presentación en sociedad, en su primera temporada. Según le había dicho su nana, las jóvenes que debutaban tenían un baile en su nombre, así todos la conocerían y respetarían según el rango social y a la familia que perteneciera.
Buscaba a alguien conocido pero nada, y recordó que las únicas personas que conocía de la sociedad, eran a los duques de Agnes, que por cierto, aun no los había visto.
-¿Liviana querida, que haces aquí en este rincón? - dio un respingo al escuchar la voz de lady Lilian, ¿cuándo habían llegado?
-No tenía nada más interesante que hacer. -Respondió Liviana aun sabiendo que sus palabras no eran ciertas.
-Bueno, ven conmigo, así te presento a algunas amigas mías. - La duquesa no dejó que Liviana hablara y la tomó de la mano jalándola hacia los pequeños círculos de mujeres, presentándolas con todas, algunas la trataron con simpatía y otras solo por mero respeto hacia la duquesa de Agnes.
-¿Es cierto que su hijo se comprometerá con lady Ashton? , lady Lilian - preguntó una de las mujeres que integraban el círculo de conversación.
Ese comentario no le gustó a lady Lilian, todo lo contrario, no quería que su hijo se casara con esa joven, no veía nada bueno en lady Emma.
-Por supuesto que no, mi hijo no se comprometerá con lady Ashton, solo son buenos amigos. - respondió.
Liviana sintió como su corazón se calmaba al escuchar las palabras de la duquesa. Pensar que podía perder a Marcus sin siquiera intentar luchar por él le daba un sabor amargo. Buscó con la mirada al hombre de ojos azules que le robaba el sueño pero no lo encontró por el salón, y estaba segura de que Marcus había asistido porque ya lo había visto conversando con uno de sus amigos en el rato que había pasado escuchando a las mujeres que estaban a su lado.
Dejó a las damas hablando de cosas que a ella en ese momento no le interesaban para dirigirse al jardín de la residencia Williston. Quería tomar un poco de aire y a la vez librarse de esas señoras que solo hablaban de chismes. Pero no contó con ser testigo de lo que sus ojos veían, no podía ser cierto.
Cerca de la fuente ubicada en medio del jardín de la residencia se encontraba Marcus, pero lo peor fue verlo besando a lady Emma con tanta pasión que hizo que dos gruesas lágrimas rodaran por sus regordetas mejillas. Quiso evitarlo pero no pudo, ver al hombre que amaba besando a otra mujer dolía. Sin querer seguir observando más dio la espalda para entrar nuevamente al salón, en ese momento deseó nunca haber asistido a ese baile. Buscó a su padre con la mirada para suplicarle irse de ahí.
- ¿Te has dado cuenta? - Se giró para enfrentar a lady Aline, la hermana de Marcus-. ¿Viste con tus propios ojos que mi hermano nunca se fijaría en ti ?
-No entiendo de que habla -respondió Liviana.
-Claro que lo sabes, estas enamorada de mi hermano desde que lo conociste, eres muy torpe para esconder tus tontos sentimientos no correspondidos. Marcus ama a mi amiga, lady Ashton. Y es con ella con quien se casará.
Liviana estaba roja, no podía aguantar el llanto pero no quería llorar frente a la cruel hermana de Marcus, por lo que lo único que hizo fue darle la espalda e irse a buscar a su padre.
Marcus no podía estar más feliz, la mujer que ama aceptó casarse con él, no podía esperar para hacerla su esposa, Emma era perfecta ante sus ojos. Cosa en la que su madre lo contradecía constantemente, sabía que tendría que tener paciencia con su madre, porque en el fondo quería que su futura esposa y su madre se llevaran bien.
- ¿Crees que a tu madre le agrade la noticia? - preguntó lady Emma.
-Sabes que no, pero la convenceré de pedir tu mano después del baile que dará la próxima semana -respondió Marcus acariciando la mejilla de Emma -. No veo la hora de hacerte mi esposa.
-También estoy ansiosa por ser tu esposa Marcus, te amo. -con esa declaración Marcus la besó con más pasión sin saber el dolor que le provocó a la pobre de Liviana.
Lady Lilian se miraba en el espejo de su habitación pensando en lo que había escuchado de algunas mujeres en el baile de los marqueses, y no le había agradado eso, no podía permitir que su hijo pidiera la mano de esa mujer.
- ¿En qué piensas querida? -preguntó su esposo entrando a la habitación que ambos compartían.
-Durante el baile de hoy, escuche el rumor de que Marcus quiere pedir la mano de lady Ashton- respondió ella.
- ¿Y eso te tiene así? Deberías estar feliz de que nuestro hijo quiera formar una familia desde temprano, así podre cederle el título y descansar un poco.
Lady Lilian miró a su esposo sin poder creer lo que decía, Alexander no veía el error que cometería su hijo si se casaba con lady Ashton.
-Alexander, él no puede contraer matrimonio con ella, conozco a las jóvenes de su clase, no es buena para ser la futura duquesa de Agnes.
- ¿Y por qué lo dices? -Lilian se quedó callada ante la pregunta de su esposo. No podía responder a eso.
-Mejor olvidemos ese tema, solo es un rumor- respondió Lilian-. ¿Viste a lady Johnson? Estaba verdaderamente hermosa, ella si es una verdadera dama que merece encontrar un buen esposo. - Lilian sonrió al imaginarse la unión de su hijo con la hija de su mejor amiga ya fallecida.
-Pero la pobre no tendrá tanta suerte, hoy conversando con Henry me comentó que tenía que encontrar un hombre interesado en Liviana para casarla pronto porque sabía que ella no encontraría nada por sus medios.
- ¡¿Qué?! ¿Henry está loco? No puede condenar a su hija de esa forma, bastante tiene ella con recibir el odio de su propio padre, cosa que es injusto, Liviana no tiene la culpa de que Mary haya muerto.
-Se lo he dicho varia veces, pero parece no escucharme, sigue aferrado al recuerdo de Mary, según él no soporta ver a su hija, le traía demasiados recuerdos de Mary y para ser sinceros querida, Liviana es el vivo retrato de su madre cuando tenía esa edad.
-Dímelo a mí, recuerdo cuando Mary y yo nos conocimos, su tía la envió con mi padre para que pudiera encontrar esposo aquí en Londres, ella era muy tímida y casi no hablaba, tenía sus inseguridades sobre su aspecto, pero era tan buena, delicada y hermosa principalmente. Estaba enamorada de Henry pero no se atrevía a decirlo por miedo. - Lilian sonrió recordando los tiempos de su juventud con su amiga.
-Henry en cuanto la vio se enamoró, pero no lo quería admitir, era muy orgulloso para admitir que había caído ante el amor de Mary. -Su esposo reía junto a ella -. Y tú querida no te quedabas atrás, recuerdo que tuve que hacer de todo para que te fijaras en mí.
-Te hice sufrir un poquito, pero en el fondo me gustabas, solo quería que lucharas para ganarte mi amor.
-Y lo hice. Le agradezco a Dios por permitirme ser feliz al lado de la mujer que amo. - le dio un apasionado beso que Lilian respondió con igual pasión.
Liviana no paraba de llorar en los brazos de su nana, el recuerdo de Marcus besando a lady Ashton la atormentaba todavía. Y aún más las palabras de su hermana:
«Ellos se casaran»
-Hay mi niña, que daría yo por verte feliz y no llorando así como lo haces - dijo la señora Parker.
-Pero duele - sollozó sin poder contenerse -. Y yo lo amo con todo mi corazón nana.