Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Moralmente Incorrecto
Moralmente Incorrecto

Moralmente Incorrecto

Autor: : AnaValencia
Género: Romance
¿Cuánto estás dispuesto a luchar por el amor de tu esposo? Delyla creyó qué jamás iba hacerse esa pregunta, hasta que se dio cuenta de que su esposo la engañaba. Llena de dolor y deseos de entumecerse decide emprender un nuevo camino. Uno donde encuentra la pasión, deseo y...amor.

Capítulo 1 Engaño

Nuevamente, observe a Liam sonriendo de manera maliciosa en el celular.

Era una rutina que tenía últimamente, y aunque confiaba en él con todo mi corazón, no podía negar lo evidente.

Me engañaba.

No era una mujer que buscaba cada señal para saber que me era infiel, pero esas sonrisas secretas mirando en el celular, al igual que la falta de caricias de su parte, me daban más que evidencias que me engañaba. En un momento pensé que era cansancio del largo trabajo que realizaba, pero ya estaba por cumplir un año que no me tocaba. Eso tenía que decir algo, ¿verdad?

Mi cuerpo lo necesitaba, y sabiendo las necesidades de él, imaginaba que también debía de necesitarme. Al menos en ese aspecto.

Aun así con toda la evidencia en su contra, trate de no desconfiar, ¿Por qué? Era un esposo ejemplar. No me gritaba, siempre se preocupaba de que, si enfermaba, él estaba ahí, y no decir que sobre ser un buen padre. Siempre estaba preguntando sobre nuestra hija Sofía.

Nuestra bendición de seis años, y una muy sonriente niña. Era la luz de mi vida, era mi razón de levantarme temprano y siempre estar pendiente en lo que necesitaba y deseaba, al principio de su crecimiento había sido un poco berrinchuda como cualquier niño, pero con el paso del tiempo me di cuenta que mi hija empezaba actuar de forma responsable y sin darse cuenta, mi hija se volvió una amiga.

Cosa extraña, pero siempre que tenía una pregunta sobre algo, mi hija siempre respondía con una sonrisa enorme, y me decía en voz cómplice:

-Todo lo puedes hacer, mami, yo sé que lo solucionaras.

Así que sí, me di fuerzas con las palabras de mi hija de que todo podía hacer, hasta volver a conquistar a mi marido, después de todo, la muralla china no se construyó sola, ¿verdad?

Entonces un plan fue hecho justo después del mes que sentí como mi marido se alejaba de mí. Ese día, me puse un hermoso vestido que sabía que le encantaba, sin embargo, ese día llegó tan tarde que cuando me di cuenta que había llegado a casa, él ya estaba durmiendo cómodamente a lado de nuestra cama.

Aun así no me rendí, en ese momento me dije que podía seducirlo como siempre lo había hecho en el pasado y además recordando las tantas veces que había dicho que le gustaría ser despertado de una manera ardiente.

Y bueno, lo puse en práctica.

El peor error de mi vida.

Él no solo me acuso de ser una molestia sino también de una mujer insaciable, ¿insaciable? ¿Cómo era eso posible si ni siquiera me había tocado en un mes?

Así que hice lo que me pidió, y no lo moleste más, al menos ese tiempo.

Una de las cosas que él se había enamorado de mí, era que jamás me daba por vencida en algo, yo sabía que nuestro matrimonio no estaba terminado. Al menos lo pensé hasta que observe su camisa con un olor femenino.

Pero no me deje llevar por eso, él trabajaba con mujeres y tal vez, solo tal vez, las saludaba y solo por eso estaba con su olor, eso no significaba que me estaba engañando, pero con todas y mis negativas sobre ese tema, las lágrimas salieron y empecé a preguntarme ¿en que falle?

Sí, me había descuidado un poco en mi cuerpo, pero él también, y no por eso lo engañaba. Lo amaba, ¿Por qué le haría eso?

Así que confiando en su fidelidad seguí intentando seducirlo varias veces en esos días, y todas y cada una, fui rechazada. Los pretextos iban hasta cansancio por el trabajo, a que tenía que levantarse temprano en la mañana, o mi favorita, le dolía la cabeza.

Me rendí, y solo observe su actitud.

Los meses fueron pasando lentamente y las risas secretas siguieron aumentando con el paso del tiempo. Las horas de pláticas se hicieron nulas, y por una razón, temía preguntar, y más aún, temía la respuesta.

Calle, y me resigne.

Un día sin nada que hacer en mi hogar, porque si, él me mantenía y no trabajaba por el mismo cometario que él me decía. Si tenemos dinero, ¿para qué trabajó? Era tantas las veces que él repetía esa oración, que mi mente ya sabía la respuesta por cada persona que preguntaba porque no trabajaba.

Era sencillo, y fácil.

Así que ese día con el aburrimiento a tope, decidí salir.

Anduve sin rumbo fijo por un largo tiempo, hasta que me topé con un campo lleno de mujeres, y me entro la curiosidad. En el momento que salí de mi auto, escuché los vítores y ánimos por parte de la gente alrededor. Con una sonrisa en el rostro, empecé acercarme para ver, resultaba que no era un campo, era un club de natación, y de pronto recordé las ansias de aprender a nadar.

Era una pasión escondida que tenía, y que ahora podía realizar.

Con una nueva meta por emprender, me acerque al instructor y me inscribí a las clases grupales.

Ese fue el inicio de mi cambio.

Al menos corporal.

Esos kilos de más fueron bajando, y esa nueva sensación de sentirme viva, volvió. En esos días, mi mundo se llenó de mi hija y de mi nueva pasión: la natación. No buscaba competir, solo divertirme en algo que me fascinaba. Era una nueva yo.

Incluso mi mundo se volvió de más colores, y el alejamiento de mi esposo hacia mí, no se volvió tan pesado. Después de todo, al final del día, también terminaba cansada. Y después de tres meses yendo al club, él por fin se enteró que estaba nadando.

- ¿Por qué no me lo habías dicho?-había preguntando conmocionado al decirle donde iba todas las tardes que mi hija se iba a su escuela de ballet, y mi respuesta esa pregunta:

-Te lo dije desde el principio, ¿no lo recuerdas?

En el momento que había negado con la cabeza, quise llorar, pero solo me encogí de hombros mientras iba en dirección al baño a llorar.

Esa acción de mi parte, era la que más odiaba de mí. No importaba cuanto intentaba negar lo obvio, aun lo amaba, y eso me hacía esperar que recapacitara. Creí que con esta respuesta iba a cambiar, pero no. Era como si el suceso no fuera importante, y me obligue a creer, que realmente era algo sin importancia.

Aun cuando eso me estuviera rompiendo el corazón nuevamente, me obligue a no sentir.

Fue difícil, pero las tantas veces que sucedía lo mismo, hizo que se volviera costumbre, hasta el punto de que mi corazón se quedó entumido. No sentía, o me obligaba a no sentir el dolor.

Funciono. Hasta cierto punto.

Ahora tenía la natación, esa era mi mantra diario.

La natación me hacía feliz, no podía ser codiciosa.

Conforme el tiempo pasó, mi corazón se endureció hasta al punto de no desear el toque de mi esposo. Después de todo, me engañaba con una, ¿Qué le impedía que lo hiciera con varias? Y peor aún, ¿Cómo sabía que esas mujeres le eran fieles a él? No deseaba ser contagiada con nada. Por mi seguridad, no deje que tocará de nuevo.

Así que mi vida continúo en la misma rutina, hasta un día...

La familia de mi esposo solo se conformaba por su hermano menor y sus padres, y por algún motivo que aún no lograba comprender, mi esposo un día había decidido separarse de forma permanente de su familia.

Como si algo hubiera sucedido, aunque lo dudaba.

Era muy conocido el carácter de Liam, demasiado imprudente y explosivo. No controlaba lo que decía, y termina soltando más la lengua cuando el momento no lo requería. En síntesis, era un hombre con un temperamento demasiado volátil, al igual que su hermano, con una excepción.

Tadeo no era mi esposo.

Así que su temperamento me daba igual, al menos eso creía en esos momentos...

Mi rutina cambio en el momento que había terminado la última vuelta en la piscina, y mi cuerpo estaba tan adolorido que ya no podía dar una brazada más. Por eso mismo cuando terminé al final del recorrido, solté un suspiro de alivio.

En mi alegría por haber terminado, sonreí como nunca lo había hecho.

Fue cuando me di cuenta de cómo me observaba un hombre, y al fijar mi vista para cerciorarme bien, fue que lo reconocí. Era mi cuñado y un amigo mí. Pude darme cuenta de que observaban todos mis movimientos. No quise indagar más de lo debido, así que termine haciendo como si no me hubiera dado cuenta y sin hacerme la pregunta del porque estaba en ese lugar al igual que yo, simplemente salí de la piscina para empezar a dirigirme con mi instructor. El cual estaba un poco enojado por mi desempeño.

-Has tardado más que las otras veces, Delyla.

Sonriendo incomoda mientras me acercaba al lugar donde estaban mis cosas, conteste a su comentario:

-Lo siento, supongo que ando un poco distraída últimamente.

Él me observo con el ceño fruncido mientras preguntaba en un tono confidencial:

- ¿Problemas nuevamente con tu marido?

En el momento que salió esa pregunta de su boca, baje la cabeza avergonzada:

-Lo de siempre.

No deseaba observar su mirada de compasión, así que mire a donde había visto a mi cuñado, y observé que seguía en la misma posición y con la vista fija en mí. Y por inercia volví a desviar la vista hacia Jorge, mi instructor, que parecía dispuesto a darme un sermón de amor propio.

Antes de que comenzará hablar, lo hice primero:

-Sé lo que vas a decir, y mi respuesta será la misma. No deseo darme por vencida, no con él. Lo amo.

Se acercó hasta el punto de tomarme de los hombros con sus manos, e inclinarse para verme cerca de mis ojos.

--No es acerca de perder o no, Delyla, es saber darte cuenta que ese matrimonio ya no te está haciendo feliz-su mano bajo hasta levantar mi mandíbula para verlo más de cerca-. ¿Cuánto más vas a soportar hasta que te des cuenta que es hora de una retirada?

¿Una retirada? ¿Y perderlo para siempre? ¡Eso jamás, él era mi vida!

Y debía luchar por él.

Por nosotros.

-Él lo vale.

Me vio con dureza en los ojos.

- ¿Estas segura de eso? Un hombre que te ama no te hace sufrir de esa manera.

Abrí la boca para contestar, pero a lo último me arrepentí mientras me hacia esa pregunta en mi mente.

¿Liam valía la pena tanta obstinación de mi parte?

Justo en ese momento no pude responderme, y menos por un carraspeo ajeno, y fue cuando me di cuenta lo cerca que estaba de Jorge. Con una aclarada de garganta y mi rostro ruborizado, me aleje de él. Y observe a nuestro espectador.

Tadeo, mi cuñado.

- ¿Interrumpo algo, Delyla?

La forma en que preguntó, me hizo dar varios pasos hacia atrás para que no pudiera mal interpretar la escena y se lo fuera a decir a Liam, y cuando observe mi reacción instantánea fue que me enoje conmigo misma.

Yo no estaba haciendo nada malo, ¿así que porque me veía como si lo hiciera?

-No, no has interrumpido nada, Tadeo -mire hacia Jorge que nos observaba con el ceño fruncido-. Él es mi instructor, y un buen amigo mío.

Tadeo lo miro con el ceño fruncido, para después dar un paso hacia Jorge.

-Mucho gusto, soy Tadeo-lo miro directamente a los ojos, para después decir con mucho énfasis-. El cuñado de Delyla.

Jorge sonrió, para luego decir con diversión.

-Por un momento había pensado que eras Liam.

¿Por qué pensaría eso?

Ambos se carcajearon, pero muy dentro de mí sabía que algo sucedía en el ambiente. De alguna forma lo sentía tenso, y no entendí el motivo.

-Bueno, habiendo hecho las presentaciones-hable después de un momento de silencio tenso-. Yo me retiro.

-Te llevo.

Estaba por declinar la oferta de Jorge, hasta que me di cuenta que no había sido él quien se había ofrecido de forma instantánea. Mirando hacia Tadeo, dije con una sonrisa agradecida.

-Gracias, pero traje mi coche.

Dando un paso adelante, dijo con voz divertida.

-Entonces te llevo hasta él, puede ser demasiado peligroso a esta hora.

No entendí eso último, ya que a decir verdad no era demasiado tarde. Imaginando mi hora de salida, apenas eran las cinco de la tarde.

-Está bien, solo deja que me cambie.

Asintió, para luego ver a Jorge con una sonrisa engreída. Y sin querer saber a qué venía eso, me dispuse a dar media vuelta para irme a las duchar y poder cambiarme, sin ser consciente de lo que iba a suceder minutos después.

Capítulo 2 Reencuentro

En una de las cosas que siempre he intento tomarme mi tiempo, es en el baño. Ese momento de relajación donde todo tu cuerpo se deja despejar, es increíble. Y por eso mismo sin darme cuenta termine tardando más de la cuenta, sin recordar que Tadeo iba a estar esperándome, así que de manera apresurada había terminado saliendo de las duchas.

Sin embargo, al instante en que salí por esas puertas, un cuerpo masculino chocó con el mío. Quise detenerme a tiempo, pero me fue imposible. Sus manos terminaron tomando mi cintura, y la incomodad, se hizo presente.

Con nerviosismo, dije con voz temblorosa:

-Lo lamento, se me fue el tiempo.

Su agarre se apretó mientras decía con voz divertida:

-No te preocupes, hubiera esperado.

Mire hacia arriba con una sonrisa incomoda, mientras decía con voz avergonzada:

-Lo sé, pero no era mi intención haber tardado tanto.

-Bueno, pues ahora estas aquí, así que no pasa nada.

De alguna manera que seguía sin entender, termine cerca de su rostro y sus labios se iban aproximándose más a mí, y me surgió el pánico al recordar a mi hija. Tenía que ir a buscarla.

- ¿Es demasiado tarde? A las siete tengo que buscar a Sofía.

Al notar mi lejanía, fue que se alejó.

-No, aún hay tiempo de sobra para que vayas a buscarla.

No creía eso, pero no lo contradije, solo me limite a dirigirme a la salida con él detrás de mí.

- ¿Sabes? Estas muy cambiada.

Sonreí mientras miraba hacia atrás.

-Espero que para mejor.

Sonrió.

-Sin ninguna duda.

Sino pensara que mi cuñado no guardaba ningún sentimiento raro, hasta llegaba a pensar que estaba...

Sacudí la cabeza para no pensar en nada extraño.

-Sí, y más con un año sin vernos. Creo que eso hace que la diferencia sea más notoria, ¿no te parece?

-No lo creo, a mi hermano lo veo igual de horrible.

Me carcajeé.

-No es feo.

Y era verdad, al menos para mí no lo era. Al contrario de Liam, mi cuñado era muy popular entre las mujeres. Cada una estaba dispuesta a todo con tal de un poco de su atención. Y aunque realmente era atractivo, de una forma escandalosa, no me llamaba la atención.

Lo consideraba normal.

-Tu opinión no cuenta, querida cuñada.

Lo observe ofendida. ¿Qué sucedía con él? ¿Dónde había quedado ese gruñón?

- ¿Entonces de quién? ¿Tuya?

Sonrió malicioso.

-Así es. Al contrario de él, yo si soy guapo.

Negando mientras reía, llegue a mi auto.

-Claro...-ignoro mi sarcasmo para después decir:

-Me encanta que estés de acuerdo conmigo.

No entendía ese comportamiento tan extraño, y tampoco hice ninguna pregunta al respecto.

-Bueno...-dije dando media vuelta para despedirme, y fue en ese momento que me di cuenta de lo cerca que se encontraba. Demasiado cerca. Tragando saliva, continué-: Eh...muchas gracias por todo, y ahora si me disculpas, me retiro.

Estaba dando media vuelta de nuevo cuando sentí su toque en mi brazo y de esa manera deteniendo mi huida. Con su toque me hizo sentir de alguna manera...incomoda. No solo porque era extraño que otra persona me tocará sino porque era mi cuñado. El mismo que siempre me hacía sentir como si no estuviera en una habitación. O que era como otra persona en la habitación. Jamás habíamos estado tan cerca, y ni que decir que me hablara de esta manera. No sé, de una manera tan...intima. No era correcto. Lo sentía.

-Aun no. Quiero saber algo primero.

Tragando saliva mientras intentaba deshacerme de su agarre, pregunte sin verlo a los ojos:

- ¿Qué c-cosa?

Odie ese tartamudeo, pero él actuó como si no fuera importante, y pregunto de vuelta:

- ¿Eres feliz con mi hermano?

Levante la vista de golpe hacia sus ojos, y susurre sin proponérmelo:

- ¿Qué?

¿A que venía esa pregunta? ¿Acaso Liam le había dicho algo de nosotros? No, eso era imposible.

Se acercó un poco más, y volvió a preguntar mientras me veía atentamente a cualquier cambio de mi rostro. Y esa mirada penetrante me hizo sentir nerviosa.

- ¿Qué si Liam te está haciendo feliz?

Asentí mientras decía:

-Es un buen padre.

-No pregunte eso.

-Sí, es un buen esposo. Me trata bien.

-Tampoco pregunte eso.

Tragando saliva de nuevo mientras desviaba la vista a los lados, pregunte:

-Entonces no entiendo que quieres decir.

Se acercó hasta colocar una mano en el coche, y elevar su mano a mi rostro, pero sin llegar a tocarlo. Solo dejándola suspendida, y ese simple acto, me hizo detener mi respiración. Tensa, y esperando...

Habló de alguna manera... ¿triste?:

-Quiero saber si eres feliz, y si...-se detuvo un momento para después alejarse de golpe, y decir enojado-. Necesitas alguna ayuda. Por cualquier motivo.

Un poco desconcertada por su cambio de humor, conteste:

-No necesito ayuda de ningún tipo.

Sus ojos me vieron de forma extraña, aunque muy conocida, para después asentir, y alejarse incluso más. Esa acción de parte de él, me permitió sentirme más tranquila para después subir a mi coche. Estaba colocándome el cinturón de seguridad cuando escuche su voz de nuevo, y cuando voltee a ver hacia la ventana, vi que estaba inclinado para verme más de cerca.

Estaba empezando a preocuparme ese comportamiento tan raro de él, pero lo que me dejo sin aliento fue lo que me dijo:

-Es angustiante saber que no me dijiste si eres feliz, y de todas las personas, eres la que más se lo merece. -tragó saliva-. No dejes que él te marchité. Eres demasiado bella para que lo hagan.

Y con eso, se acercó demasiado a mí, y por inercia me alejé.

Su sonrisa estaba teñida de tristeza.

-Hasta pronto, Delyla.

Sin saber cómo responderle, solo asentí confusa.

Él pareció entender que no estaba del todo bien, y terminó por alejarse y permitir que me fuera. Lejos de él, y de todo lo que había sucedido. Que, aunque pasaron varias horas, mi mente no dejaba de pensar en ello, y en la forma en que me observaba.

Así que cuando Liam llegó, me tomó de sorpresa, y terminé asustándome:

- ¿Estas bien?

Mirándolo un poco confundida por el tono preocupado, asentí con la cabeza:

-Si

Asintió lentamente, y volvió a preguntar:

- ¿Sucede algo?

Negué con la cabeza mientras me acostaba en nuestra cama, y decía:

-No, todo parece ir...-me detuve recordando lo del estacionamiento con Tadeo-...bien.

De repente el tono de su celular sonó, y pareció recordar algo porque su sonrisa volvió a su rostro:

-Me iré por una semana. Al parecer me necesitan en otra ciudad, y si lo hago excelente, me podrán ascender. ¿Puedes creerlo? -Lo mire sin saber que decirle. ¿Él se iba? Lo hacía, pero solo un día o dos. Nunca una semana-. Así que esta noche partiré.

Asentí mientras sentía una punzada en el corazón, y cuando observé como iba feliz a buscar su maleta, no pude evitar preguntar:

-Liam, ¿tú aun me quieres?

Él se detuvo de inmediato para luego verme con una sonrisa, y decir:

-Por supuesto que sí, amor, ¿Por qué no lo haría?

Si... ¿Por qué?

- ¿Y eres feliz, ¿verdad?

Sus ojos se desviaron un momento, y dijo con una sonrisa:

-Por supuesto.

Sonreí.

-Me alegro.

Asintió, y volvió a la actividad anterior.

-Ahora sino te importa, seguiré haciendo mis maletas.

Deseaba tanto creerle, pero algo me decía que si iba a ese viaje lo iba a perder por completo. Creo que por eso me llevo a decir:

-No vayas a ese viaje, Liam.

Su cuerpo se tensó al oírme, y su voz seca al igual de su comentario me hizo no decir nada más.

-Es mi trabajo, y es muy importante. Incluso más que tú.

Justo en ese momento sentí como mi corazón dolía de una manera inigualable. Sin embargo, no llore. Ni una lágrima salió, solo lo observe feliz. Y en ese momento recordé la primera vez que nos vimos. El parecía estar riendo de algo que decían sus amigos, y yo no pude evitar que mis ojos lo vieran.

Ese lugar lleno de gente, esperando por su pedido, lo observe y quede flechada.

En el momento que sus ojos se cruzaron con los míos, dejó de reír para después sonreírme. A mí, a una completa desconocida. Me sentí nerviosa, y tímida al tener su atención. Y pude observar como sus amigos vieron hacia donde estaba, y no pude evitar ruborizarme.

Era tan vergonzoso que te descubrieran viéndote, pero más, que sean testigo de tu punto acosador. Por fortuna un golpe en mi hombro me hizo desviar la vista, y observar a la persona que había chocado conmigo. Ahí fue cuando descubrí unos ojos divertidos, al igual que una disculpa.

-Lo lamento. No te vi. Mi nombre es Tadeo, ¿y el tuyo?

Abrí la boca para decirle mi nombre al chico desconocido, Tadeo, pero un carraspeo me hizo desviar la vista del desconocido. Y justo ahí, me di cuenta del chico guapo. Al mismo que había estado viendo como una acosadora. Ni siquiera pude hablar. Mi mente estaba ida, y mi cuerpo no reaccionaba a ninguna orden. Simplemente lo miraba.

Con un esfuerzo monumental me enteré de que eran hermanos, y de ahora deseaban saber mi nombre. Así que, sin dejar de ver al chico guapo, Liam, le dije mi nombre en un susurro sin aliente. Fue vergonzoso, pero él solo sonrió y dijo:

-Un nombre sexy para una chica sexy.

En el momento que esas palabras salieron de su boca, no pude evitar ponerme toda roja. Era muy evidente que estaba jugando conmigo, sin embargo, no pude evitar bajar la vista. Estaba por agradecer cuando este chico llamado Tadeo, dijo amonestando a su hermano:

-Deja de fastidiar, Liam. -creí que no me podía ruborizar todavía más, pero al parecer me había equivocado.

-No pasa nada.

Ambos me vieron, pero Liam me tenía cautivada, y con esa sonrisa suya, me dijo:

-Solo digo la verdad

Ese día ninguno de los tres compramos lo que habíamos deseado comprar, y sin ser conscientes, me fui haciendo amiga de ellos. Y años después, me estaba casando con el hombre que amaba.

Ahora viéndolo empacar me preguntaba: ¿Qué había sucedido con nosotros? ¿Cuándo habíamos empezado a distanciarnos de esta manera irreparable? Eso no lo sabía, lo único que sí, era que lo extrañaba.

Lo extrañaba tanto que me estaba consumiendo.

Y supe que aun sufría de anhelo cuando escuché la puerta principal cerrarse de golpe, no podía pedir que se quedará. Con dolor y desesperación, me asomé a la ventana y lo observé subir en su coche. Alejándose. Dejándome sola. Completamente sola.

Y mi corazón aniquilado.

De pronto en ese momento recordé las palabras de Tadeo:

"No dejes que él te marchité"

Sin fuerzas, me deslice en la pared hasta caer en el suelo. Era demasiado tarde. Ya estaba marchita. Solo que me negaba aceptarlo. Dolía reconocer la verdad.

Había perdido a mi esposo.

Al hombre que amo.

Capítulo 3 Invitación

-Sí, sigues de esa manera ni siquiera la más experimentada de aquí podrá alcanzarte.

El comentario de Jorge me hizo reír mientras le decía:

-No te burles de mí.

Se rio mientras me pasaba la toalla, y cuando lo estaba haciendo sentí su brazo tocar mi piel fría, haciendo que me estremeciera.

-Vaya, como te traigo loca.

Con una sonrisa, le dije:

-Sí, y más con tus rutinas.

Acaricio mi cabello mojado con ternura. Un momento después se fue para después irse con las otras que necesitaban de él.

Es un gran amigo, pensé sonriente cuando lo observé hacer su papel de instructor duro, cuando en realidad todas sabíamos que era demasiado manso con nosotras.

-Él tiene razón, hasta deberías entrar a una competencia. -La voz de Tadeo me hizo quedarme quieta para después girar mi rostro, y verlo parado detrás de mí.

Él sonreía como si nada del otro día hubiera pasado. Y me alegre mucho, ya que no deseaba sentirme extraña de nuevo.

Sobre todo, porque era mi cuñado, y eso no estaría bien.

Después de ese día feo con Liam, habían pasado seis días. Solo faltaban horas para que el regresara y no deseaba pensar en eso. Sentía que me iba a descomponer al ver su rostro sonriente y comprobar tal vez, lo que tanto he temido desde que se fue...

Así que para evitar pensamientos sombríos sobre mi matrimonio. Había decidido venir horas extras con Jorge y distraerme. Sin duda había funcionado, hasta ahora. Era prácticamente imposible, cuando estaba Tadeo aquí, mirándome y sonriéndome.

Al ver que esperaba una respuesta, decidí contestarle:

-No soy así de buena.

Sonrió para después venir caminando hasta donde estaba, y sentarse a mi lado. Esa cercanía me hizo volver a sentirme nerviosa, lo cual no entendía del todo la razón, pero así era, y eso me hizo sentir sumamente ansiosa. Sobre todo, cuando recordaba nuestro último encuentro.

Todo se había sentido...intimo.

-Tengo la creencia de que te subestimas.

Sonreí.

-Seguro que le gano a todas, son lentas.

Sonrió

-Estoy seguro de ello.

Sabía que no iba a detenerse con alagarme, al menos eso parecía, así que negué con la cabeza mientras sonreía. De pronto sentí su toque en mi hombro, y fue cuando me di cuenta el estado en que estaba. La forma en que me había tapado nuevamente con la toalla, me hizo tragar saliva.

Lo observé muy cerca de mí, y son sonrisa disminuyo al verme.

-Gracias.

Tragó saliva.

-De nada. -Después de que dijo aquello, se hizo un silencio incómodo, el cual no sabía cómo quitarlo y parecía que tampoco sabía cómo hacerlo, hasta que un momento después, comentó en voz baja: -Escuche que Liam no están en la ciudad.

Y con eso mi humor se acabó.

-Si, dijo que estaría fuera de la ciudad-sus ojos se encontraron de nuevo con los míos al escuchar la tensión de mi afirmación-. En unas horas regresará.

- ¿Cuánto tiempo te dejó sola?

-Una semana.

No era algo común que Liam se fuera de esa manera tan abrupta, sin embargo, eso no lo dije. No me gustaba tener que quejarme de mi esposo con su hermano.

-E imagino que lo extrañas mucho, ¿no?

No supe que debía responder aquello, así que dije una verdad a medias:

-Sí, lo extraño mucho.

Mi vista quedo en las demás mujeres que intentaban seguir el ritmo de las otras. Jorge parecía deseos de sacar lo mejor de todas en la piscina. Era una competencia, y peleaban para ser las ganadoras. Imaginaba que así era la vida, siempre intentando ser el primero. Luchando. Peleando por algo que amaban o al menos que era importante para ellos.

Pero, ¿era necesario seguir luchando cuando tu compañero de competencias no deseaba seguir compitiendo? Porque en mi caso, así me sentía con Liam...

-Quiero invitarte a comer

Volviendo de golpe a la realidad con el comentario de Tadeo, pregunte confundida y pregunte nerviosa mientras sentía mi corazón acelerar:

- ¿Cómo?

Me vio con cautela, y dijo lentamente:

-Quiero comer contigo cuando termines de aquí. -sus ojos parecían quererme decir algo, pero no dijo y continuó con su invitación-. Además de que me serviría para ver a Sofía. Hace mucho tiempo que no la veo. Extraño verla.

Oh

Tragando saliva mientras lo dejaba de ver, conteste:

-Me gustaría, pero no creo poder.

- ¿Por qué no?

De pronto me ruborice de golpe, y es que no sabía cómo decirle que había estado planeado ir a una tienda de lencería una vez terminado esto, y poder llegar a la casa y prepararme para la llegada de Liam. Si es que todo salía bien. Solo esperaba que eso fuera. No deseaba decepcionarme de mi propio esposo. Al menos no más.

-Es que hoy llega Liam, y estaba planeado...-me detuve de golpe, lo cual hizo llamar su atención de inmediato porque no me extraño que preguntara:

- ¿Qué cosa?

Me encogí de hombros para después contestarle:

-Lo común que una persona le hace a la persona amada después de no verlo por muchos días.

Sentí su mirada sobre mí, y eso me hizo sentir nerviosa.

-Nadie me ha amado, y menos preparado algo para mi llegada de un viaje. Así que realmente no tengo idea de lo común que eso es, ¿me puedes decir?

Tragando saliva por de alguna manera había conducido esta platica a un lugar que no deseaba ser llevado.

-La verdad no creo que sea buena idea, Tadeo. Eres mi cuñado.

Esa última palabra, lo hizo levantarse de golpe, para después decir:

-Tienes razón. Es mejor que me vaya, y suerte con tus planes. Espero que Liam lo valore.

Asentí un tanto confundida por su ataque de ira, sin embargo, después verme un solo instante, decidió marcharse abruptamente como había llegado. Había sido raro, pero no podía hablar de esos temas con él, sobre todo con él. Seria incómodo. Dejando ese momento en el fondo de mi mente, me levante para continuar con Jorge. El cual parecía deseoso de torturarme, pero no importaba, me gusta el agua y eso era lo único que me importaba en realidad.

(...)

La noche había llegado rápidamente y Liam no llegaba, pero no me preocupe. Después de todo, ¿no era raro que a veces se retrasara unas horas su viaje? Sin duda, había esa posibilidad. Confiaba en ello, sin embargo, había pedido demasiado.

Él no llego.

Ni en la noche, ni en la madrugada.

Al día siguiente estaba cansada, pero sobre todo devastada. Cansada de todo. Aunque también furiosa quise gritar. Por suerte hoy no tenía clases de natación, y Jorge no podía darse cuenta de mi estado anímico. Y mi hija estaba en sus clases de ballet. Ahora como siempre me encontraba sola, y no deseando entrar a mi casa.

¿Qué caso tenía?

¿Por qué Liam me hacía esto? ¿Acaso no podía mandarme un mensaje diciendo que no iba a poder llegar? Estaba tan enojada que no me di cuenta de que alguien estaba tocando el vidrio de mi coche. Fue cuando observé a Tadeo mirándome desde afuera.

Mordiendo mi labio, salí del coche.

- ¿Qué estás haciendo aquí?

«En mi casa», terminé de decir en mi mente.

Tadeo parecía incomodo por mi pregunta brusca, aun así, contestó:

-Vine a invitarte a comer.

Bajando la vista mientras sentía el peso del cansancio, me recosté en mi auto:

-No lo creo, Tadeo.

El sonido de mi voz, lo hizo preguntar:

- ¿Estás bien?

Esa pregunta de parte de él, hizo temblar mi labio.

-Perfectamente.

-Entonces, ¿Por qué pareciera que deseas llorar?

-Porque deseo hacerlo.

Mis ojos llenos de lágrimas, lo vieron. Un segundo después, sentí sus brazos rodearme y no pude evitar sacar todo lo que había estado reteniendo. Mi llanto fue silenciado por sus palabras de aliento, y mis brazos no pudieron evitar abrazarlo de vuelta. Estaba cansada de todo.

-No regresó

Su comentario no fue pregunta, por eso, solo seguí llorando.

- ¿Por qué sigues con él?

Quería decirle que amaba a su hermano, pero eso sería tan tonto de mi parte. Aunque fuera cierto. Estaba harta. Liam no merecía esta devoción que sentía por él, sin embargo, no podía dejarlo ir.

Dolía tanto.

-No lo sé.

Un momento después de que viera que me había tranquilizado, aunque sea un poco, habló:

-No es el único que te puede querer, Delyla. Eres hermosa. No necesitar junto a él. Eres fuerte e independiente. Cualquier otro se alegraría de estar a tu lado. Solo debes dejarlo.

Mi rostro se alzó, y lo vi directamente a los ojos.

-No creo poder.

Tragó saliva.

-Si puedes.

Mordí mi labio.

-Desearía creerte, pero...-un segundo después, sus labios estaban sobre los míos.

Mis ojos abiertos vieron los suyos. Mi corazón latía rápidamente mientras sentía como su brazo me rodeo y me acercó más a él. Sabía que debía alejarme. Esto estaba mal, sin duda, lo era. Pero, su forma de tocarme, me hizo no hacerlo. Me quede ahí, observando como cerraba los ojos e inclinaba su rostro para tomar mi boca como él deseaba. Un segundo más, también cerré los ojos.

Y continué ese beso que nunca debería haber sido iniciado.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022