Por Rocío
Estaba en la casa de mis padres, en una pequeña ciudad, limítrofe con un país vecino.
Me acababa de recibir de médica, aún no había terminado la especialidad, apenas tengo 25 años y la especialidad son tres años de cursada luego de ser médica clínica, me falta un año y medio, aunque trabajo como intensivista en una de las mejores clínicas de nuestro país vecino.
Mi padre no estaba muy bien de salud, razón por la cuál pedí dos semanas extras, sin goce de sueldo, mis vacaciones eran de dos semanas, así que calculaba estar un mes en mi pueblo natal, junto a mis queridos padres.
La primera semana me dediqué a hacerle todos los chequeos médicos correspondientes a mi querido padre, también aproveché para tomar sol y disfrutar las hermosas playas que cubrían las costas de mi querida ciudad.
Tenía dos o tres amigas de mi infancia, pero las tres estaban casadas y una de ellas, que era mi amiga del alma, hasta tenía hijos, dos niños hermosos, por lo cual tampoco podía pasear o estar pendiente o acompañarme en mis actividades vacacionales.
Estaba tomando sol sobre una lonita, disfrutando ese momento del día en que ya corría cierta brisa, que por cierto me encantaba.
-¿Te molesta si me siento a tu lado?
Me dice una voz súper sexi, me incorporé un poco y vi que el hombre era más sexi que su voz.
Sonreí a mi pesar, no me impresionaban los hombres bellos, soy de las que piensan que los hombres tan atractivos nunca traen nada bueno.
Pero este espécimen...
-Soy Ramiro ¿Cómo te va?
-Hola, soy Rocío.
Le contesté pensando que era muy simpático y que era raro que un hombre de esa edad, tendría unos pocos más de 30, estuviera sólo en una playa.
No tenía el aspecto de andar de ligue, pero a su inmenso atractivo.
-Un gusto.
Al parecer es bastante conversador y no va a dejarme tranquila, pero yo también estoy sola en la playa y conversando, el tiempo pasa más rápido, aunque estaba bastante relajada escuchando música.
-Igualmente.
Le contesté con educación, mientras apagaba los auriculares.
Al parecer voy a entretenerme un rato, charlando con este desconocido.
-Estoy parando en la casa de mi hermano, para mí, es un placer estar con mi familia, soy argentino, pero Facundo, mi hermano, al casarse con una uruguaya, al parecer también se casó con este país.
Sonreí, al pensar que yo, siendo uruguaya, adopté a Argentina.
-Soy Uruguaya, pero vivo en Argentina.
Me devolvió la sonrisa y debo confesar que a cada segundo, este hombre me parecía más cautivador.
-Pero vengo cada vez que puedo.
Le digo sinceramente.
-¿Tenés amores por acá?
-Claro, y muy profundos.
Me estoy refiriendo a mis padres.
-Creo que me voy a poner celoso.
-¿De mis padres?
Le pregunto, siguiendo su juego.
Las carcajadas de Ramiro me contagiaron.
-Absolutamente no, ya te dije, adoro la familia, aunque vivo sólo.
-Eso no tiene nada que ver, muchas veces necesitamos espacio.
-También es verdad, te juro que mis dos sobrinos se adueñan de mi espacio y al verlos poco, me complace, aunque en Argentina, estando sólo, también estoy muy cómodo.
-Supongo que una cosa es estar de vacaciones y otra muy distinta es cuando trabajás y estudiás, cuando vas y venís corriendo con los tiempos.
-Es verdad, el ritmo del trabajo, te lleva a veces a no compartir mucho tiempo con parientes y amigos.
-Exacto, no podría estar avisando a que hora llego o a donde voy, no de mala, pero a veces como por ahí, porque no me dan los tiempos.
-Me sucede igual.
Siento cómo recorre mi cuerpo con su mirada y juro que nunca sentí que un par de ojos me quemaban por dentro.
Sin embargo sonreí y le hice algún otro comentario banal.
-¿Te puedo invitar a cenar?
Dijo de repente.
Parece un hombre educado y se tomó tiempo para charlar y luego formular esa invitación.
Estaba por aceptar la invitación, cuando recordé la invitación a cenar de Karen, mi amiga del alma, con ella hicimos juntas la escuela primaria y también el colegio secundario.
-Aceptaría, pero quedé en cenar en la casa de unos amigos, que realmente veo poco y aprecio mucho.
-Compromisos son compromisos, ¿Venía siempre a esta playa? Digo, ¿Estás en esta zona?
-Sí, me queda cómoda.
Sonríe como un chico al obtener la respuesta deseada.
Es más fácil pedirme el número de celular, pero es más divertido y supongo que si me quiere ver, es más halagador que llegue hasta la playa a que me llame por teléfono.
En ese instante miré a mi alrededor y la mayoría de las personas estaban pendientes de su teléfono.
Claro que yo lo uso y mucho, pero no suelo ignorar a la persona que está a mi lado, por estar pendiente de ese aparatito, que sin duda subyuga y atrae.
-Maravilloso, a mí también me queda cómoda esta playa, la casa de mi hermano está cerca.
-La de mis padres también.
-A lo mejor somos vecinos.
-No lo creo, conozco a casi todas las personas de por acá, aunque siempre hay vecinos nuevos.
-Es verdad ¿Venís muy seguido a Uruguay?
-Cada vez que puedo, ahora hacía 4 meses que no venía.
-A lo mejor no coincidimos nunca, yo vengo dos veces por año, aunque no por muchos días.
-Cuándo vengo, trato de quedarme todo el tiempo que puedo, ya sabés, de paso veo a mis amigas...
-Realmente no tengo amigos acá, solamente a mi hermano con su esposa y sus dos niños.
-Si es por familia propiamente dicho, acá están mis padres y una tía que vive bastante alejada, nada más.
-¿Sos única hija?
-Sí ¿Se nota?
-No, lo adiviné... no sé qué características tienen los hijos únicos.
-De adultos no sé, supongo que de niños somos más egoístas, al no compartir el cariño de nuestros padres, los juguetes y aparte tenemos toda la atención de nuestros padres y tal vez por eso somos un poco malcriadas.
-No noto que seas malcriada.
-Ahora soy adulta
-Una adulta joven.
-Soy joven, pero no soy una niña, tengo 25 años.
-Para mí sos una niña, tengo 32 años.
Justo la edad que calculé que tenía, físicamente estaba bárbaro, tenía los abdominales marcados y estaba a punto caramelo, pero se notaba que no era un imberbe.
-No sos mucho más grande que yo, aparte, cuando maduramos, las edades se acortan.
-Si, eso es verdad, si yo tuviera 17 y vos 10... no te hubiese mirado.
-¡Menos mal!, Si no hubiese salido corriendo.
Nos reímos amigablemente.
-Qué lástima que tengas un compromiso, espero poder tener la oportunidad de invitarte otro día.
Lo miré de soslayo.
Es realmente atractivo.
Yo soy una mujer hermosa, eso lo sé, pero chicas bonitas hay miles, al menos en esta playa, que es bastante exclusiva y a veces me da la sensación que sólo viene gente que en invierno no sale del gimnasio.
El tema es que este hombre insiste y si bien es un halago, no sé qué le pudo llamar tanto la atención de mí, cuándo seguramente ya lo deben haber fichado una docena de mujeres y es evidente que podría tener a la mujer que quisiera.
No me desmerezco, pero no tuve buena experiencia con hombres tan atractivos.
De todos modos no estoy buscando un marido, ni siquiera un novio.
Estoy muy cómoda como estoy, es decir, sola y sin apuro.
Claro que espero algún día formar una familia, pero creo que para eso falta bastante tiempo.
Tengo que terminar mi especialidad y seguir estudiando unos cuántos años más, hasta pensé en anotarme en Médicos sin frontera, o alguna entidad por el estilo, no sólo para ganar experiencia, sino para ayudar con mis conocimientos a gente que no tiene recursos.
Soy médica por convicción, amo mi carrera, y me encanta ayudar a la gente.
Gabriel, mi jefe, siempre me dice que los médicos también tenemos que vivir y dejar de pensar siempre en responsabilidades.
Tal vez por eso me dio las dos semanas extras que le pedí, porque siempre trabajo mucho más que el resto de mis compañeros.
Aunque Gaby me recalcó que no lo abandone, que me extraña mucho.
Supongo que en cualquier momento me habla, diciendo que quiere ser mi novio o pareja, o algo.
No entiendo por qué es tan tímido.
Tiene 40 años, me lleva 15, y no puede ocultar que siente algo por mí.
Tampoco avanza o se comporta de manera inapropiada.
Pero es un hombre grande, agradable, aunque no descolla por su belleza, pero tampoco puedo decir que es feo.
Digamos que podría ser mi hombre ideal.
Creo que no tiene familia y es el dueño de la clínica en donde trabajo, es una clínica importante, se nota que Gabriel es un hombre adinerado, aparte de ser una eminencia como médico, por eso no entiendo su timidez.
Jamás estaría al lado de un hombre por su dinero.
Pero Gabriel es mi ideal en muchos sentidos, lo admiro mucho cómo persona y cómo médico.
No entiendo porqué pienso en Gabriel en lugar de disfrutar del flamante hombre que tengo delante mío.
Tal vez para no caer en la tentación de hacer alguna tontería y terminar de nuevo con el corazón partido.
-Mañana decidimos a donde ir a cenar.
Dice Ramiro.
Yo le sonrío, es insistente, eso me gusta, aunque no soy de las que se hacen rogar.
-Perfecto.
Le digo, pensando que una cena no tiene porqué terminar en algo más.
Aparte su conversación es amena y se nota que es un hombre culto.
No soporto a los hombres que a cierta edad no terminaron de madurar y siguen hablando como si estarían con sus amigos en la escuela secundaria y esos abundan, sin importar la clase social a la cual pertenezcan.
Supongo que soy una mujer madura, o tal vez tenga que ver con mi profesión y con todo lo que se vive día a día en las guardias y en el sector de cuidados intensivos.
Quizás por eso no tengo tanta diversión en mi vida.
Vivo al otro lado de la realidad.
Por Ramiro
Al fin pude tomarme unos días de vacaciones.
Realmente tengo mucho trabajo, soy médico y dueño de 3 clínicas, me encanta ejercer la medicina, razón por la cual, si bien soy el director general de las tres clínicas, de la parte administrativa y reuniones gerenciales se hace cargo mi amigo y socio, David, él también es médico, pero al contrario de lo que me sucede a mí, no le gusta nuestra profesión, razón por la cual, a fin de no quedar afuera de algunas cuestiones comerciales, estudió administración de empresas.
David es socio minoritario, pero socio al fin y confío plenamente en su labor.
Estoy pernoctando en la casa de mi hermano, hace ya unos cuántos años, él vino de vacaciones con unos amigos y conoció a Karen, su esposa, se enamoró perdidamente de ella y al principio iba y venía, de nuestro país, luego ella quedó embarazada y Facundo decidió instalarse acá, se dedica a la importación y exportación de artículos farmacéuticos, es decir que también está en el rubro de la medicina, aunque la carrera de médico la dejó y se dedicó a la parte más comercial de la medicina.
Le va muy bien económicamente, pero yo no me puedo quejar, mis clínicas tienen convenios con las empresas top de medicina privada y eso significa muchos millones en mi cuenta bancaria.
Decido ir hasta la playa, mis sobrinos están durmiendo la siesta, aún son pequeños y sus horarios son poco flexibles, sobre todo con Tomy, que apenas tiene un año, Matías tiene tres años, estaba a punto de llevarlo conmigo a la playa, no estamos lejos, apenas tres cuadras, pero al no estar muy presente en su vida, pensé que a lo mejor se pondría a llorar o pediría por su madre apenas pongamos un pie en la arena, por lo que decidí ir sólo.
En algo tiene razón Facundo, estas playas son maravillosas, el agua es más cálida y la arena es mucho más clara y limpia.
Me estoy por acomodar cerca de los acantilados, pero veo a una mujer espectacular, tomando sol, estaba sola, aunque por unos minutos me quedé observándola, por si tenía compañía y se había alejado por un momento.
La miraba y me sentía perdido por su cuerpo, es raro que alguien me impacte tanto.
Al ser médico veo muchos cuerpos desnudos y no me llaman la atención, pero esta mujer me atrajo de una manera distinta.
Era delgada, pero tenía unas curvas perfectas.
Decidí acercarme.
Me acomodé a su lado y descuidadamente entablé una conversación con ella.
Era joven, tendría 24 o 25 años, después me dijo que tenía 25.
Por supuesto que no me equivoqué de cerca, era mucho más llamativa y su cara era un poema.
Al incorporarse, me miró y me sonrió, su sonrisa me llevó al cielo.
Su conversación me encantó y al parecer trabaja y estudia, le quería preguntar que estudiaba, pero no quería ser pesado o que parezca que la estoy interrogando.
Ella no me dio ningún indicio para que pueda deducir a qué se dedicaba.
Luego de un rato, la invité a cenar, me pareció que dudó, pero finalmente me dijo que tenía un compromiso.
Salí sin celular y realmente lo lamenté, porque me hubiera gustado agendar su número, claro que lo podría haber memorizado, pero decidí preguntarle si iba siempre a esa playa y verla al día siguiente.
Pasé una tarde muy entretenido, aunque trataba de no recorrer su cuerpo con mi mirada, porque lo que ella me transmitía era demasiado potente, algo emanaba de su cuerpo o de su alma, no sé, que me estaba volviendo loco, sentía que esa mujer me había hechizado.
Moría de ganas por probar su boca, sentía que era una chispa a punto de encenderme y quemarme vivo.
Realmente estaba fascinado.
Finalmente la tarde llegó a su fin y le insistí para verla al día siguiente en ese lugar y la comprometí para que cene conmigo la noche siguiente.
No quería parecer un perro faldero, apenas la conocía desde hacía unas horas, pero así me sentía.
Sin dudas es una mujer distinta.
Rocío se paró y no pude evitar mirarla con ganas, estoy controlándome desde que la vi, no entiendo que me está sucediendo.
Salimos juntos de la playa y cuando una cuadra después llegamos a una avenida, ella se despidió presurosa.
Al parecer iba a cenar a la casa de una amiga suya, por lo que me dijo, a pesar de tenerse mucho cariño, se veían poco.
Es lógico, Rocío vive en otro país.
Cuando ella se alejó algunos pasos, finalmente giré y la miré alejarse, con su simple solero, bastante transparente, debajo tenía una bikini color negra, que le quedaba espectacular, su andar era tranquilo y me volví más que loco cuando mis ojos se fueron perdiendo en su cola.
Soy un hombre grande y sin embargo no pude contener del todo a mi miembro, que se movió solito dentro de mi short de baño.
Al llegar a la casa de mi hermano, mis sobrinos se acercaron corriendo a saludarme.
Sentí un placer inmenso y eso me hizo pensar que tal vez estaba demasiado sólo en mi país.
Es verdad que no tenía horarios y que pasaba lejos de mi casa muchísimo tiempo, más del necesario, es que no tenía mucho que hacer en casa.
Al ver el hogar de mi hermano me di cuenta de que ansiaba una familia, pero entiendo que eso también es difícil de lograr.
No soy un hombre fácil y no me desespera ninguna mujer en especial, aunque la rubia de hoy me haya vuelto loco.
Tal vez no vuelva a verla, porque si al día siguiente ella no iba, no tenía como ubicarla, por lo que me la tenía que sacar de la cabeza.
No soy un hombre impulsivo, no me tiraría a la pileta por nadie, porque aunque vuelva a ver a esa mujer, es posible que en dos o tres citas, ya no me parezca interesante.
Tal vez por eso siga soltero, soy muy quisquilloso y no me termina de convencer ninguna mujer.
Estoy hablando de algo serio, de una pareja o un matrimonio.
Porque en realidad tengo compañía muchas noches, pero al irme a trabajar, les pido amablemente que se vayan.
Eso se los aclaro desde un principio, no quiero mujeres que pretendan adueñarse de mi vida, soy un excelente partido, muchas son interesadas.
Supongo que el día que llegue la adecuada, me voy a dar cuenta.
Alguna hecha a mi medida debe haber.
-Hola, cuñado, tardaste bastante.
-Es verdad, me entretuve hablando con una chica.
-¡Ese es mi hermano!
Festeja Facundo.
-¡No festejes tanto que pretendo que hoy charle con mi amiga!
Dice Karen, mi cuñada.
-¿Tu amiga?
Le pregunto porque no sé de qué está hablando.
-Invite a cenar a mi amiga del alma, desde hace años que quiero que se conozcan y nunca coinciden.
Me veo venir una cena aburrida, pero es su casa y está en su derecho de invitar a quien guste.
-¿Todavía está en el pueblo?
Le pregunta mi hermano y supongo que está hablando de la amiga de su esposa.
-Sí, creo que se va a quedar un par de semanas más, su padre no está muy bien de salud y ella está bastante preocupada.
-Tenés razón, la otra vez lo vi y estaba bastante desmejorado.
-Pobre, me da mucha pena.
Le contesta Karen.
Estoy esperando que me hagan alguna consulta, cómo médico, pero no la hacen.
Al parecer es un hombre que tanto mi cuñada como mi hermano aprecian bastante.
La mucama prepara la mesa para cuatro, los niños a esta altura, ya cenaron y el más pequeño se queda dormido en cualquier momento.
Matías está bastante despabilado y le preguntó a su madre si faltaba mucho para ver a su tía.
Se refería a la amiga de Karen.
Es raro que no la conozca, porque si vive en el pueblo, en algún momento tendríamos que haber coincidido.
Karen tiene varias amigas, pero las que vi hasta ahora están casadas y las que no lo están, nunca llamaron mi atención.
Me di una ducha y cuando lo estaba haciendo, al recordar a la rubia de la playa, mi miembro creció solito.
Nunca me había pasado eso de excitarme tanto por recordar a una mujer, prácticamente una desconocida.
Hasta era probable que no la volviera a ver.
Trato de pasar el momento y no pensar más en ese cuerpo que desató mi delirio.
Me vestí presuroso, porque al final era bastante tarde y la invitada de mi cuñada estaría por llegar.
Me parece una falta de respeto que yo me esté duchando cuando llegan las visitas.
Por Ramiro
Estaba bajando los dos últimos escalones cuando escuchamos el timbre.
Una mucama se apresura a atender, pero mis sobrinos se acercan corriendo a la puerta gritando y aplaudiendo.
-¡Tía!
Grita Matías muy feliz y Tomy repite esa palabra, crea que estoy segura que no sabe de quién se trata, sólo sigue al hermano.
Al abrirse la puerta entra una mujer rubia, que no llego a ver, porque inmediatamente se agacha para tomar en sus brazos a mis dos sobrinos.
Lo hace a la vez.
Los llena de besos y de palabras dulces.
A los pocos minutos se incorpora y mi cuñada se acerca para saludarla.
Estoy pensando que la demostración de cariño me parece exagerada, cuando mi hermano aparece por detrás de su esposa y también la abraza con cariño.
Aún no le vi la cara.
-¡Perdida!, Te extrañamos.
Dice Facundo.
Al parecer estuvo de viaje a algo así.
-Te presento a mi hermano, él es Ramiro, ella es Karen.
Me quedé mudo al descubrir que esa mujer es la bella rubia con la que pasé la tarde.
La sonrisa se instaló en mi cara y desapareció el resto del mundo.
Ella me miraba asombrada.
-Hola, nos volvemos a ver.
Digo, cuando creo que ya era momento de hablar y no sólo de devorarla con los ojos.
Todos me miran asombrados, incluso Karen.
Inmediatamente me sonríe.
-Al parecer, así es.
-Nos conocimos hoy a la tarde, en la playa.
Les explico.
-Declinaste mi invitación, pero igual cenamos juntos.
Ella se ruboriza.
-Te dije que tenía un compromiso.
-Me alegro mucho... de este compromiso y de verte de nuevo.
Facundo me mira, estudiando cada gesto y cada palabra mía.
No suelo ser galante con una mujer, al menos delante de mi
familia, pero siento que de esta bella rubia, quedé prendado.
-Me encantó esta sorpresa, me acerqué y le di un beso en la mejilla, muriendo de ganas por tomar su boca.
Apenas me acerqué todo en mí, palpitaba por dentro.
Ella también parecía turbada.
Me senté a su lado en la mesa, sólo quería rozarla, y acercarme lentamente a ella, para terminar adherido a su cuerpo.
Traté de calmarme.
Tenía que dominarme, pero juro que todos los demás dejaron de existir
Matías, mi sobrino, me habló varias veces y sin paciencia, se enojó porque no sabía de qué estaba hablando.
Realmente estaba perdido por Rocío.
En un momento mi cuñada le quería mostrar algo, o hacer una consulta, no sé sobre qué, pero en privado, por lo que ellas van hasta el dormitorio de Karen, cuando están subiendo la escalera, no pude alejar la vista del culo de Rocío, juro que me tuve que acomodar todo, ahí abajo.
Me sobresaltó la risa de mi hermano.
-¡Mierda, cómo te impactó!
-No tenés idea cuánto.
Le contesté sinceramente.
-Es hermosa, sí.
Dijo casi con indiferencia.
-Es más que hermosa, hoy perdí la cabeza cuando la vi en la playa.
-Ya veo.
-Te juro que nunca me había impactado tanto una mujer, tiene una conversación amena, se nota que es culta y...
-¿No te dijo su profesión?
Me pregunta sorprendido.
-¿Es modelo?
La risa de Facundo se escucha fuerte.
-No, no lo es, estoy de acuerdo que podría serlo, es bonita y llamativa, pero te aseguro que nada más lejos de eso.
Sin embargo no me dijo su profesión, tampoco me importa mucho, por otro lado, ya me voy a enterar, porque la pienso volver a ver, esa mujer me atrapó con sólo mirarla.
Es más, no me voy a alejar de ella hasta volver a mi país, porque si antes pensé que en dos o tres citas me iba a aburrir, ahora creo que no lo voy a hacer por un largo tiempo.
Cuando las chicas estaban bajando, me acerqué a Rocío, si le extendí la mano para que baje los dos últimos escalones, pero no me moví de mi lugar y quedamos muy cerquita.
Me contuve para no besarla en ese momento.
Facundo me miraba más asombrado que antes, nunca fui muy demostrativo y por Rocío me desviví en atenciones toda la noche.
Las chicas estaban charlando de amigas en común y yo que las escuchaba atentamente, no podía seguir una conversación coherente con mi hermano.
-¿Hasta cuándo te quedás?
Le pregunta Karen a su bella amiga.
-Me quedo dos o tres semanas más.
-Te voy a exprimir, amiga.
Dijo mi cuñada mientras yo pensaba en extender mis vacaciones y que el que iba a exprimir a Rocío, iba a ser yo, no Karen.
-Sí, pero no te olvides que también me quedo para atender a mi padre.
-Lo sé, amiga y lo siento mucho.
-Gracias, creo que me quedo hasta que comience a cursar en la facultad, con mi trabajo no tengo problema, mi jefe...
-Tu jefe está enamorado de vos, te lo vengo diciendo.
-No lo sé, en todo caso es un amigo.
-Ro, tu jefe está loco por vos, eso lo sabemos todos.
-Posiblemente.
Admite finalmente y no me gustó saber que hay un hombre con poder, al menos con poder sobre ella, que al parecer está enamorado y posiblemente haga algo para conquistarla.
Es raro que le de tantas semanas de vacaciones.
-Le dije que las semanas que me tomo extras, no me las abone.
-Gabriel te las va a pagar igual, eso no lo dudes.
-Pero no corresponde.
-Trabajás horas extras todos los días.
-Que me las abona como un plus.
Contesta Rocío y le descubrí una nueva virtud, no saca ventaja de su enamorado.
Nuevamente me molestó pensar que hay alguien que está prendado de ella, aunque la miro y es obvio que debe tener un montón de candidatos, es bella, delicada, centrada, culta, sensual, muy sensual.
Finalmente habla un poco de su padre y parece atormentada.
No quise decirle que yo era médico y que me podía consultar, porque al parecer su padre está bastante mal y no quiero crearle falsas expectativas.
Conoce todos los pormenores de la enfermedad que tiene ese señor, me doy cuenta que se expresa con familiaridad con respecto a ese tema, debe ser la que habla con los médicos y memorizó los nombres de todo.
-Antes que me olvide, llevate los medicamentos.
Dijo mi hermano.
-Decime cuanto es.
-¿Estás loca? ¿Cómo te voy a cobrar?
-No es justo para vos.
-No me parece correcto cobrarte, para Karen sos una hermana.
Ok, son muy amigas, es raro que nunca la haya visto en la casa de mi hermano.
-Gracias.
-Sólo espero que...
Comienza a decir Facundo.
-Que le mejore la calidad de vida, sus últimos meses.
Dijo la bella rubia con la voz quebrada.
El silencio que le siguió, quiere decir que ella no estaba equivocada.
-Bueno chicos, me voy, que mañana tengo que madrugar.
-Te acompaño.
Le dije presuroso.
-No te preocupes, estoy a seis cuadras y el lugar es tranquilo.
-¿Viniste caminando?
Le pregunta Karen, mientras que mi hermano, disimuladamente, me guiña un ojo.
-Sí, sabés que amo caminar por el barrio.
-Pensaba llevarte con el auto, pero si querés caminamos.
Le digo, pensando que no se iba a escapar fácilmente de mí.
-Ok, vamos en auto, refrescó un poco, aunque la brisa marítima me gusta, no quisiera pescar un resfrío y contagiar a mi padre.
Me gusta como cuida a los suyos.
Me gusta todo en esta mujer.
Se saludaron con Karen como si se fueran a despedir por meses.
Mi cuñada es exagerada.
Nos subimos a mi camioneta Mercedes, no es el modelo más grande, pero sí es el último modelo.
No pretendí impactarla, por otro lado no me parece una mujer que se impacte por un auto, por más moderno y nuevo que sea.
Rocío me indicó por dónde tenía que doblar.
Llegamos en 3 minutos, yo estacioné y apagué el motor, no para bajar con ella, sino porque no pensaba dejarla ir tan rápido.
-No te olvides que tenemos una cita.
-Te veo en la playa.
Me contestó.
-Sí, y también acordamos cenar juntos mañana por la noche.
Ella sonrió abiertamente.
Yo le nombré un restaurante bastante conocido.
-Creo que tendrías que reservar, porque no sé si hay lugar en esta época.
Se queda pensando por un momento y luego se ríe abiertamente.
-El dueño es amigo de Facu.
-Por eso consigo la reserva a último momento.
Le confesé.
Luego me puse más serio.
-Me gustás mucho.
Dije casi torpemente.
Sin dudarlo más, me acerqué a su boca y por fin la probé.