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Mr. Wentworth- Mi Idiota Jefe Británico

Mr. Wentworth- Mi Idiota Jefe Británico

Autor: : Magali Weaver
Género: Romance
Estoy segura de que lo siento entre mi jefe y yo es química pura. Nathaniel Wentworth es tan espectacular que puede hacerte olvidar del mundo con solo mirarlo. Pero al parecer cupido se ha olvidado de mi y luego de trabajar para él un par de semanas esa química desaparece, y ese cosquilleo que había florecido en mi pecho se convierte en rabia. Ya no importa que me acelere el pulso cada vez que dice mi nombre, que me haga estremecer con un solo roce y que pueda ser el hombre que mejor bese del mundo. Aún así odio a Nathaniel Wentworth y nada en el mundo me va a hacer cambiar de opinión.

Capítulo 1 La pequeña Becca

Rebecca

Veinticinco años antes.

Reprimí un grito cuando abrió de golpe la puerta de la alacena que impacto contra la cabeza de mamá y sentí deseos de pegarle a papá, de arañarlo o gritarle o lo que fuese que pudiese lastimarlo como la había lastimado a ella. Pero nada de eso pasó, me quede muy quieta a punto de llorar con los ojos clavados en el hombre que nos había abandonado. Con el hombre que había decidido que simplemente no merecía su amor.

- ¡Ve a tu habitación ahora mismo! -Me gritó furiosos y me sentí aún más paralizada, si es que eso era posible.

Mamá se tomó la frente con una de sus manos mientras aullaba de dolor con la mirada vidriosa y el labio inferior tembloroso. Sin embargo, ignoró a mi papá que estaba demasiado bebido para recordar si quiera lo ocurrido a la mañana siguiente.

Él se movía de un lado hacia el otro con los puños apretados y la madera crujió cuando le dio un nuevo puñetazo a la puerta.

-Becca, cariño...-dijo finalmente mamá con un hilo de voz, estaba tan aterrada como yo aunque lo disimulaba bien, ella a diferencia de mí, era valiente. -Ve a tu cuarto a jugar con tus muñecas.

Asentí ligeramente con la cabeza y me paré con cuidado, asustada por la idea de que se diese cuenta de que me había orinado en los pantalones.

Era una niña grande, ni siquiera ya jugaba a las muñecas, aunque no esperaba que mamá lo supiese. Incluso un chico ya me había dado un beso en la biblioteca, mientras trabajábamos en un proyecto. Ya ni siquiera era ya una niña y había mojado mis pantalones. Nunca antes me había sentido tan pequeña.

Mi papá ni siquiera volteo a verme, quizás eso debería haber sido un alivio para mí, aunque no lo fue. Me lastimaba que no le importase nada, que nunca desease verme.

Me gustaba imaginar que mi familia era normal, como las que veía en la televisión o que tenían mis compañeras de colegio. Una familia donde mi papá fuese alguien importante como un abogado o el presidente de una compañía, y mi mamá, una mujer que cuidase a sus hijos, les preparase sándwich para el almuerzo, la cena a las ocho, alguien que arropase a sus hijos. Alguien que no me mirase como un gran error cuando las cuentas eran más de lo que podíamos pagar.

Cerré la puerta con cuidado y me tumbé en el piso, antes de caer redonda. Abracé mis rodillas y enterré mi rostro en ellas cuando comencé a llorar.

Mi papá no me amaba, me había dado cuenta de eso hacía ya un año, lo que no sabía era que le daba tanto asco que ni siquiera deseaba saber nada conmigo.

- ¡Equitación! ¡¿Para qué carajos necesita equitación?! -Grito a viva voz mi padre sin siquiera importarle que podía escucharlo tras las delgadas paredes del departamento de renta congelada donde vivíamos con mamá. -Ni siquiera le gusta, ¿y que son todas estás mierdas? ¿Piano, francés, comité de la ONU, Juicios simulados? Por si no lo sabias tengo otra hija y una esposa que también tienen necesidades. ¿Qué se supone que haga, vender mis órganos para mantener tus malditos caprichos?

- ¡No son caprichos! -Sollozó mamá -Si desea entrar a Yale en un futuro, necesita tener un historial impecable, no basta con que sea buena.

- ¿Yale? ¿Acaso la has visto? Es insignificante, corriente, una llorona sin carácter, con suerte será una mesera y se casara con el dueño de la tienda.

- ¡No permitiré que frustre sus sueños como lo hice yo! -Me estremecí cuando escuché el ruido de un vaso estrellándose contra el piso.

- ¡Cuídala de que no habrá las piernas entonces! ¡No pienso seguir tirando dinero a la maldita basura! ¡Quieres todas esas mierdas, paga tu misma por ellas!

- ¡Es tu hija! ¿Acaso eso te da lo mismo?

-No, claro que no... Porque maldigo cada maldito instante el momento que me embriague tanto como para no ponerme el puñetero condón. -Escuché que pateo una de las sillas -No puedo mantenerlas a ambas, hace más de seis meses que estoy en blanca, y Alessia es una niña preciosa, su madre dice que puede ganar muchos concursos de belleza si invertimos un poco de dinero. La decisión está tomada. Lo intenté, intenté ser el padre que la sociedad espera, pero no me sale, no puedo quererla como ella espera, no puedo obligarme a sentir algo por Rebecca, cuando no lo siento... -Apreté más mis rodillas al tiempo que unas lágrimas saladas recorrían mi rostro.

Entonces entendí que los hombres tan nobles como Andrei, tan dulces como Laurie, o tan sensato como Knightley solo existen en las hojas gastadas de los libros que se guardaban en los estantes de la biblioteca del colegio.

A veces deseaba ser Jo, tan inteligente, con tanta fuerza, con padres que la amaban y un chico como Laurie, que me cuidase cuando todo iba mal.

Cuando todo paso, fui a la sala y vi a mi mamá fumando en el alfeizar de la ventana. No se movió, me miró de reojo, lanzando el humo por la nariz. La columna blanca, se movió con gracias con la briza antes de desaparecer.

-Lamento que hayas tenido que escuchar todo eso. -No podía apartar la mirada del cardenal que tenía en la frente -. No lleva la razón, eres brillante y vamos a trabajar duro para demostrárselo a él, a todos. ¿Qué es lo que siempre te digo?

-... Hagas lo que hagas, siempre sigue adelante. -Di un paso hacia ella cuando le dio una nueva calada. - ¿Mamá? -Clavó los ojos en mí. - ¿Por qué no me quiere? ¿Qué hice de malo para que no quiera saber nada conmigo? ¿Soy yo que no merezco que me quieran?

Negó con la cabeza, enérgicamente.

-No, no tiene nada que ver contigo...-Me llamó con la mano para que me acercase a ella. Así lo hice y apago el cigarrillo en el marco de la ventana para luego abrazarme con ternura. -Los hombres, a veces, son unos idiotas. Nunca confíes en un hombre, úsalos, disfrútalos, obtén de ellos hasta la última gota, pero no confíes en ellos, porque ten por seguro que un día te decepcionarán. No es tu culpa, es culpa de ellos. Pero no te preocupes por eso, tenemos un objetivo, serás alguien importante, te lo prometo. No importa lo que deba hacer para que lo consigas. Lo único que importa es alcanzar nuestro objetivo. Nunca confíes en un hombre, nunca le entregues tu corazón.

-Mi profesora dice que el fin no justifica los medios...

-En ocasiones, lo justifica, amor.

Capítulo 2 Sorpresa, sorpresa

Rebecca

Permanecí en la parte delantera del avión esperando que los pasajeros de primera clase bajarán. Cuando el último de ellos bajó, tomé el bolso entre mis manos, retorciendo ansiosa la correa y corrí tan rapido como pude.

Solo tenía algunos minutos para cambiarme y conseguir un taxi que me llevara a Manhattan, si es que quería llegar a la presentación de mi prometido.

Salí de la terminal y corrí atravesando la horda de pasajeros y familiares que se apiñaban en el aeropuerto.Escuchaba las conversaciones, los altavoces anunciando los próximos embarques, las risas y el llanto de algunas personas de manera lejana. Sin embargo, en lo único que podía concentrarme era en el repiqueteo incesante de mis costosos zapatos contra el suelo recién pulido y en cuanto me dolían los pies, después de un día ajetreado.

Por fin después de mucho correr llegué a la sala dónde se recogía el equipaje. Era un completo desastre con el cabello enmarañado y el vestido desajustado, mi madre hubiese llorado al verme con esas pintas.

Me metí al cuarto de baño para arreglarme antes de recoger el equipaje. Me quité rápidamente el vestido sudado y lo reemplace por un vestido de cóctel negro sobrio con un cierre metálico en la parte posterior, era elegante y había invertido la mitad de mi sueldo simplemente para impresionar a la familia de Gregor.

Las únicas joyas que llevaría sería un dije y unos aretes de brillantes que me había regalado para nuestro quinto aniversario de novios. Finalmente me cambié los zapatos de tono neutro que llevaba por uno stilletos de tacón color rojo dando saltitos primero con una pierna y luego con la otra. Una sonrisa traviesa se deslizó por mis labios al pensar que probablemente molestarían tanto a mi novio como a mi madre.Gregor odiaba que hiciera algo que pudiese incomodar a sus padres.

Salí del cubículo, me miré al espejo para acomodar mi cabello y retocar rápidamente el maquillaje mientras revisaba los emails, en uno de ellos se encontraba la copia del contrato firmado que entregaría a mi suegro como una última ofrenda y sí todo salía bien durante esa noche probablemente podría finalmente satisfacer a mi madre y conseguir que Gregor anunciará la fecha de nuestra boda.

Por un lado quería satisfacerla y dejar de escuchar por algunos días sus incisivos comentarios acerca de lo decepcionante que era que hubiese pasado los veinticinco sin asegurar una propuesta del hombre con el que llevaba años de noviazgo. Aunque desde hacía algún tiempo me preguntaba si eso valía la pena, a veces sentía que ni siquiera éramos compatibles y que simplemente no terminábamos porque: hacía años que no salíamos con otras personas, nos decíamos que nos a amábamos a menudo y eso debía tener alguna clase de significado y porque coqueteábamos desde hacía cuatro años con la idea de una boda.

El maquillaje seguía en su lugar y me coloque un lápiz de labios rojo mate que guardaba en el bolso. Me solté el cabello y lo cepillé para desenredar los nudos. Cuando estuve satisfecha con mi apariencia salí disparada.

Empujé a la gente que se interponía en mi camino a la parada de taxis mientras corría tan rápido como podía esos tacones de quince centímetros me lo permitían, cuando sentí una extraña energía que me golpeaba. Levanté la mirada perturbada por la extraña sensación, cuando un hombre golpeo mi hombro de forma brusca.

El impacto me hizo trastabillar y casi caer de culo al suelo, sin embargo para mi sorpresa, él causante, ni siquiera se molestó en mirar contra qué o quién había golpeado. Le dio jodidamente igual.

-¡Idiota! -Grité, aunque no me escuchó porque continuo caminando como si nada, seguido de un sequito de lame botas.

Gruñí por lo bajo al ver que el último taxi arrancaba con un pasajero dentro, de no haber sido por ese imbencil, hubiese llegado a tiempo. Tomé mi teléfono con la esperanza de conseguir un Uber lo más rápido posible. Me arrojé contra la pared cuendo vi un grupo de mujeres que se ruborizaban y parecían que estaban viendo a algún tipo de celebridad. No logré evitar poner los ojos en blanco al pensar que parecían más bien un grupo de adolescentes.

Busqué con la mirada la causa de todo ese alboroto y vi a un hombre que caminaba seguido de unas cuantas personas en dirección a la zona de embarque del aeropuerto. Llevaba un sobrio traje negro aunque tenía un trasero perfecto y los hombros anchos no podían entender el porqué de tanto escándalo. Entorné los ojos con curiosidad, al ver que esa espalda y esos hombros me resultaban familiares.

¡Era el idiota que me había golpeado!

Por un instante sentí el impulso de correr tra él para decirle un par de verdades, pero finalmente consideré que no valía la pena y si perdía mi auto por su culpa, ese engreído ganaba.

De solo verlo caminar me di cuenta que era un imbécil al que le gustaba ser adulado. Me esforcé por verle el rostro aunque me fue imposible, no podía ser tan atractivo como esas mujeres decían y probablemente solo era otro niñito mimado de la alta sociedad, sin embargo dudaba seriamente que fuese de la realeza británica como sugerían entre risas. Pero el detalle de que era británico me llevó a creer que posiblemente era algún amigo de Harvey, aunque lo dudaba el novio de mi amiga, era un encanto.

Detestaba haberme perdido la boda de una de mis mejores amigas y me preguntaba si estaría demasiado enojada.

-¿Rebecca? -Me gritó un chico desde la ventanilla abierta de un Corola -. ¿Estás esperando un Uber?

Asentí con la cabeza y él se bajó del auto para abrirme la puerta con un gesto encantador y colocar el bolso por mí en el asiento.

-Al 28 de la cincuenta y tres -dijo mientras se volvía a acomodar en el asiento del conductor -. Se dirige al Baccarat, ¿verdad?

-Así es.

-Entonces, colóquese el cinturón de seguridad -. Se alejó de la acera y comenzó a manejar bajo la suave llovizna que había comenzado a caer sobre la ciudad.

Estaba segura de que Gregor estaría terriblemente preocupado por mi demora, por esa razón le envié un audio para decirle que pronto llegaría, pero no me respondió.

Suspiré preocupada, iba a ser una noche difícil de superar. No sólo estaban sus padres y mi madre presentes, si no que mi media hermana se encontraba con mamá desde hacía par de días para asistir a la celebración. Gregor se transformaría en socio director de la firma de su padre que se retiraría en un par de semanas dejando en sus manos la dirección y todos esperaban que anunciáramos la esperada fecha de nuestra boda.

Eso me alteraba un poco más de lo normal. Por un lado Alessia era una versión más joven e irritante de su madre a la que lo único que le importaba eran las apariencias, la riqueza y la belleza. Aprovechaba cada oportunidad para hacerme sentir inferior o sacarme en cara cada defecto. Defectos que yo tenía y muchos. En algún momento fuimos inseparables, pero la distante relación con mi padre, se sumaban a su falta de empatía por cualquier ser humano.

También había tenido mucho tiempo para pensar en mi viaje y necesitaba hablar con mi novio a solas lo antes posible. Ni siquiera estaba segura de casarme. Sentía que ya no quedaba nada de ese chico cariñoso del que me enamoré en la universidad. Unas horas antes de abordar el avión lo había llamado para pedirle un momento a solas luego de la fiesta y él simplemente me había contestado: "Claro cariño, lo que tú quieras". Que era su manera de decir: no escuché una sola palabra de lo que dijiste, pero me importa un comino. Tú asegura los terrenos para nuestro cliente que necesito una buena entrada triunfal.

Ese era solo el menor de los problemas, desde hacía varios meses las cosas iban de mal en peor. Cada vez nos veíamos menos, me enviaba en representación de la firma al menos una vez por semana a Colorado y cuando al fin nos veíamos éramos como perros y gatos.

El deseo que que nos había vuelto locos ya no existía y cada vez que estábamos juntos me hacía notar que ya no era suficientemente buena para él. Me acusaba de no ser tan atlética como antes, de tener kilos de más o de no estar atenta a sus necesidades, de no arreglarme lo suficiente o no ser tan refinada como esperaba. Pero, ¿acaso él estaba atento a mis necesidades? Muchas veces me sentía una ficha importante en su ascenso, más no la persona que amaba.

Mire por la ventanilla cuando mi celular comenzó a sonar.

-¿Becca dónde rayos estás? -Chasqueo la lengua mi madre -. Gregor está terriblemente preocupado -. De estarlo probablemente me hubiese respondido pensé, pero no dije nada.

-Estoy llegando. Tuve que pedir un Uber porque comenzó a llover y no había taxis -suspiré agotada contra el teléfono -¿Gregor está allí contigo?

-No se fue a bailar con la insoportable de tu media hermana. Es una zorra -. Mi madre simplemente odiaba todo lo que tuviese que ver con mi padre, especialmente a mi media hermana. -¿Por qué no le pediste a tu prometido que enviará un coche por ti? ¡Qué vergüenza! No piensas que la prensa puede verte montándote en cualquier carcacha y creer que tú y Gregor no están bien. -No lo estábamos, aunque eso no importaba.

-No quiero molestar, mamá. -Le aclaré, mientras la imaginaba rodando los ojos, para ella el amor no era lo más importante. -Y que no estamos bien no es más que la verdad, no lo estamos.

-Becca deja de ser tan dramática. Vas a ser su esposa, lo mínimo que pueden hacer es enviar un auto al aeropuerto -. Repuso, ignorando la verdad -. Date prisa que aquí hay potenciales clientes. La gente más importante de Manhattan y la prensa está entrevistando a cualquier abogado de poca monta. Tú deberías ser la entrevistada. Si estuvieras aquí ya habrían redactado el artículo que anuncia la boda más importante del año y para la mañana estaríamos recibiendo llamadas de felicitaciones de las personas más influyentes -. Insistió como siempre solía hacer -mi instinto materno me dice que algo no va bien. Si sucede algo quiero que me lo digas de inmediato. ¿Gregor te volvió a engañar? De ser así debes atraparlo cuanto antes. No puedes dejar que una aparecida te lo arrebate después de todo lo que invertiste en esta relación.

Abrí la boca para contestarle, sin embargo la cerré luego de establecer que era en vano.

-Enseguida estaré allí. No te preocupes por nada, todo está bien -puse los ojos en blanco y sonreí contra el teléfono antes de cortar.

Si en realidad tuviese instinto materno ya hace mucho tiempo que debería haber notado que la felicidad para mí no era más que un concepto lejano e inalcanzable, en ocaciones me sentía como una maquina que solo era buena para cumplir ordenes. Me incorporé minutos más tarde cuando faltaban un par de manzanas para llegar al edificio donde se celebraba la reunión y vi que tenía varios mensajes de mi madre.

Estaba muy preocupada por las apariencias claro, no por mí.

Mamá: Becca, dime que te has puesto uno de los vestidos de diseñador que compraste el mes pasado.

Mamá: Si no vas a llegar en limusina dile a la tortuga que te transporta que te dejé por la entrada trasera. Vas a avergonzar a tus suegros. ¿Si sabes que puedes rentar una limusina?

Mamá: No vas a creer esto. ¡Acaba de llegar el senador y su esposa! Espero que estés presentable, Becca. ¡Es una oportunidad de negocios! Nuestros sueños se harán realidad, amor.

El último mensaje era una advertencia más que un pedido. Sonreí.

El auto se detuvo en la puerta. Le pasé un billete al conductor y corrí a la entrada tapándome la cabeza con mi bolso.

-Buenas noches -dijeron al unísono dos botones que se apresuraron a abrirme las puertas del majestuoso vestíbulo.

-Buenas noches -respondí mientras buscaba con la mirada a donde se suponía que debía ir.

Pero antes de poder preguntar un botones vestido de rojo y negro salió del ascensor y me invitó a subir con la mano.

-¿Es usted la prometida de Gregor Walker? -preguntó sonriente.

-Sí -dije mirándolo confundida.

-Estábamos esperándola, -respondió como si adivinara mi pensamiento y apretó el botón del último piso.

Cuando el ascensor se abrió los periodistas se abalanzaron disparando con sus cámaras pensando que era alguna de las grandes personalidades de la fiesta. Cubriéndome los ojos con las manos me aparté lo más rápido que pude y accedí tan deprisa como me lo permitieron a la sala dónde se celebraba el traspaso de Walker.

El salón estaba decorado en blanco, negro y plata, con hermosos detalles. Como siempre mi suegra había estado en cada ínfimo toque. Los camareros circulaban entre los invitados con bandejas de champán mientras la élite de Nueva York daba un buen espectáculo, tal y como se esperaría.

Sonreí al tiempo que me movía entre los invitados, saludando algunos rostros familiares mientras buscaba a mi novio. Varios minutos después agotada de dar vueltas le envié un mensaje que no respondió.

Pensando que seguramente estaba posando para una larga lista de fotografías o creando nuevas relaciones que llevarían por lo alto la firma en su nueva gestión, cogí una copa de champán de la bandeja de un camarero que pasaba y me dirigí hacia las ventanas para descansar un poco antes de enfrentar mi cruda realidad.

Estaba a mitad de camino cuando sus padres aparecieron ante mí con una sonrisa pintada en el rostro que me resultaba familiar o bien aquello era una encerrona o necesitaban algo con urgencia.

-Buenas noches, Becca. -Su madre me tendió una mano con una manicura perfecta-. Esta noche estás espectacular. Muy delgada, deberías compartir conmigo tus secretos.

-Gracias, señora Walker -. Correspondí su sonrisa -. Supongo que la clave es trabajar con contratos que me obligan a viajar cada semana. La comida del avión es muy sosa, a decir la verdad. Realmente estoy sobreviviendo a cacahuates y vino.

Ambos rieron con ganas y me sentí conforme. Mi madre me hubiese lanzado una mirada asesina al escucharme bromear sobre mis condiciones laborales con mis suegros.

-Siempre tan ocurrente, cariño. Gregor estaba buscándote por la sala. ¿No lo has visto? -Añadió su padre.

-Todavía no.

-Estoy seguro de que pronto se encontrarán. -Su padre me estrechó la mano-. Me dijo en secreto que estabas interesada en ser socia minoritaria. ¿Es verdad, Becca?

«No, absolutamente no». Ya pasaba mis días sin ver la luz del sol o montada en un avión. No estaba lista para una competencia feroz.

-Quizá, señor Walker. Todavía no lo sé.

-¡Lo sabía! Solo tienes que decírmelo y listo. Sin preguntas. Desde la universidad le he dicho a Gregor que eras un gran fichaje. Que si se atrevía a dejarte escapar, te daría su puesto. Sin mencionar lo generosa que eres.

Era una encerrona a todo gas.

-No creo ser tan buena realmente -dije avergonzada.

-Oh, eres tan modesta, Rebecca... Es algo que me encanta de ti. También soy consciente de tus servicios pro bono. Y no debes ser tímida. A mí también me gusta realizar algunas consultas pro bono todos los años. Hace que lo veas todo en perspectiva... Y es beneficioso cuando toca deducir impuestos -. Me guiño un ojo -. ¿Qué te parece cómo regalo de bodas?

-Supongo que me parece increíble. Aunque para mí defender a los que menos tienen es algo más que una buena forma de deducir impuestos. En mi caso me es imposible no implicarme emocionalmente con mis clientes. Un bono de ochocientos mil al año nunca me daría eso. -Forcé una sonrisa, preguntándome qué diablos hacía allí y por qué no lograba encajar. ¿Acaso ese no era mi sueño? O ¿era el de mi madre? No, mi sueño era poder ayudar a quienes no podían pagar un costoso abogado sin ocultarme. Aunque debía admitir que para la causa, el dinero era útil.

-¡Vamos, cariño! ¿Vas a decirme que prefieres ganar setecientos por día para defender criminales? -Insistió. -Existen dos tipos de abogados los que trabajan en bufetes importantes y los que desean ser fichados por uno. Tienes mucha suerte, no lo olvides.

Respiré profundamente.

-¡Oh, oh, oh! -Su madre cogió una copa de champán de una bandeja-.Esa es la directora de la aseguradora de los Portman. Tengo que hablar con ella. -Me brindó una última sonrisa-. Disfruta de la fiesta, Rebecca. Dentro de una hora debes unirte a nosotros para el brindis oficial en el nombramiento. Si ves a tu madre y tu preciosa hermana por favor diles que también contamos con ellas. Ambos se alejaron, desapareciendo entre la multitud.

Revisé el móvil para comprobar si Gregor me había respondido por fin y cuando vi que no lo había hecho, comencé a sentir que quizás lo mejor sería salir de allí.

Rodeé la habitación, comprobando todas las mesas de cóctel. Incluso lo busqué en los cuartos de baño y estaba a punto de darme por vencida cuando lo vi por el rabillo del ojo. Estaba entrando a una habitación lateral para el servicio. Con otra mujer.

Caminé tras ellos con la esperanza de que el agotamiento me estuviera jugando una mala pasada. Pero cuando entré a la habitación, vi como acariciaba el culo de una joven rubia con un vestido rojo espectacular. Ella había rodeado su pierna a su cadera, al tiempo que él se frotaba contra ella como un animal en celo. Tanta pasión me hizo sentir mareada, sobretodo porque no me tocaba de esa forma hacía años.

-¿Interrumpo algo? -Me detuve justo a su lado. Estaban tan ocupados que no habían escuchado la puerta abrirse -. ¿Gregor? -Sentí como mi voz temblaba.

De inmediato se separaron y me miraron con los ojos muy abiertos.

La joven rubia no era cualquier chica que había asistido a la fiesta. Era mi media hermana.

Capítulo 3 La cruda verdad

Rebecca

-Eh... hola, Rebecca -me saludó Alessia con las mejillas sonrojadas y una sonrisa de suficiencia dibujada en el rostro.

No parecía avergonzada en lo absoluto, más bien parecía satisfecha.

Gregor se aclaró la garganta y la alejó con un amague brusco que evidentemente la molesto.

-Esto no es lo que parece. Estaba buscándote y me encontré con tu hermana.

- ¿Y has pensado que me había escondido entre las piernas de mi hermana? -No podía creer lo que estaba ocurriendo. Él era mi novio desde la universidad y ella mi maldita familia.

Alessia me miraba con rencor, tenía los brazos cruzados. Su rubio cabello caía en cascada sobre sus hombros y sus ojos celestes destellaban llenos de satisfacción. Ella era perfecta, la mujer más hermosa que jamás había visto. ¿Por qué necesitaba lastimarme de esa manera tan cruel?

-No es lo que parece -dijo y me quedé completamente atónita-. ¿Qué tal te ha ido hoy, bebé? ¿Conseguiste los terrenos para el centro comercial?

No respondí. Me sentía mareada, todo me daba vueltas y su falta total de vergüenza realmente lograba desconcertarme. Era buen abogado sin dudas, aunque eso no le quitaba ni lo cerdo, ni lo mentiroso.-Bueno, pensaba que hablaríamos luego, pero como ya estás aquí. Hoy conseguido dos nuevas ofertas. Además, se me han ocurrido un par de sitios a los que me gustaría ir contigo en nuestra luna de miel. Ahora, ¿conseguiste los terrenos? Sabes lo importante que son si es que quiero comenzar con buen pie, será mi jugada de apaertura.

Parpadeé. No podía quitarle los ojos de encima a mi hermana que lo miraba con el ceño fruncido. Tampoco podía creer que creyese que podía escapar de esa situación, divagando con temas de trabajo. -Bien, te quedaste petrificada. -Parecía completamente indiferente. Intentaba confundirme como hacía cada vez que cometía un error -. ¿Por qué has tardado tanto tiempo en llegar aquí?

Abrí la boca para hablar, para decirle algo. ¿Qué le diría? ¿Le gritaría acaso? ¿Le cruzaría el rostro de un tortazo? Nada de eso me parecía suficiente.

-Basta ya, Gregor -habló por fin Alessia al ver que yo tampoco podía mediar palabra -Rebecca puede ser muchas cosas, pero definitivamente no es una idiota y sabe perfectamente lo que estábamos a punto de hacer. Basta de mentiras. Ya es hora de blanquear la situación.

-Alessia por favor guarda silencio. Esto es entre tu hermana y yo. No existe nada que debamos blanquear. Tú deberías ir a disfrutar de la recepción, no sé que haces aquí parada metiéndote en asuntos que no te incumben.

-No puedes pensar de verdad que vaya a pasar por alto el hecho de que estabas a punto de tirarte a mi hermana en público -. Dije finalmente sintiendo como unas cuantas lágrimas se agolpaban en mis ojos pujando por salir.

-No estaba tirándomela. Si estuviera follando con ella no estaríamos en una habitación de servicio. Estaba ayudándola. Sí, eso, la ayudaba.

-Gregor...-Siseo mi hermanastra -. Si no le dices la verdad, voy a decirle yo misma.

- ¡Que te calles Alessia! -Perdió completamente el control, aunque lo recuperó inmediatamente y se aliso la camisa con sus manos -Creo que si fuese culpable de algo lo sabrías, ¿no te parece? -se burló-. Por el amor de Dios, estamos en uno de los hoteles más lujosos de la ciudad, el dueño es nuestro cliente y me dan habitaciones gratis. Estoy seguro de que me la follaría allí. No en una sucia bodega. ¿Qué tipo de cerdo crees que soy?

Me quedé mirándolo, totalmente boquiabierta. Eso era algo que hacía muy bien, desviar la situación para lograr confundirme. Pero esta vez no lo iba a lograr, no se iba a salir con la suya. Yo valía mucho más que eso.

Se rio, acercándose para ponerme las manos en los hombros.

-Relájate, Becca. Esto fue un simple mal entendido -Me aparté de él sintiendo nauseas ante su contacto.

- ¿Por qué estabas tocándola así, entonces? ¿Por qué le besabas el cuello? ¿La estabas ayudando a acomodarse las bragas?

Él movió la cabeza como si yo estuviera siendo un grano en el trasero. Alessia tenía las mejillas rojas y se moría por golpearme. Podía verlo en su rostro.

-Rebecca -. Dijo por fin cansada de las artimañas del cobarde de Gregor-por si no es obvio, tu novio y yo tenemos una aventura.

Gregor le lanzó una mirada asesina.

- ¿Qué? -Me apoyé contra la pared para no caer redonda. Sabía que algo pasaba entre ellos, era obvio después de toparme con las evidencias de frente, pero una aventura significaba que era algo que se había sostenido en el tiempo.

-No la escuches, cariño. Esta molesta porque la rechace.

-Cállate Gregor y deja de tratarla como una idiota. Estamos juntos desde hace más de un año -. Se acercó a mí y colocó sus labios cerca de mí oído -. Tú novio nunca parece cansarse de mí. No puede quitarme las manos de encima.

Ahora todo tenía sentido y me pregunté cómo no lo había visto antes. Esa era la razón por la que me tenía de avión en avión. Enviándome a Colorado una vez por semana. Comencé a hiperventilar.

-Te he dicho que después de que me nombren Socio Director, te llevaría a dónde desees a hablar o festejar. ¡Qué rayos tomemos un avión a las Vegas y casemonos ahora mismo! Pero no debes escucharla. Está mal que yo lo diga, sin embargo tu hermana es una arpía y te envidia, siempre lo hizo por eso me tendio una trampa. -Gregor seguía hablando y Alessia lo tomaba del brazo enfadada, sin embargo yo no podía concentrarme en nada de eso.

Ambos gritaban a viva voz discutiendo, mientras todo ante mis ojos parecia distorcionarse.

Solo podía pensar en el dolor que estaba atravesándome el pecho con cada mentira que escuchaba. Sin saber lo que hacía abrí la puerta de un tirón y comencé a caminar entre la gente con los ojos desbordados de lágrimas.

Corrió tras de mí y me cogió de la mano para arrastrarme más allá de un grupo de hombres, donde había una escalera que llevaba a la azotea. Subimos hasta una puerta que conducía al exterior.

La llovizna se había convertido en lluvia, y el viento gélido nos envolvió.

-Por favor, cariño -empezó Gregor, colocándose delante de mí y sosteniéndome con sus manos -. No pienso discutir contigo porque nos conocemos demasiado y sabes que no haría algo así, con tu hermana. Pero sea lo que sea de lo que estés pensando, quiero que sepas que soy tuyo. Eso es lo que importa ¿no? No debes escuchar a tu hermana, es solo una niña consentida que no puede aceptar un no por respuesta. Me enredó, eso fue lo que ocurrió. Me manipulo, si soy culpable de algo es de ser demasiado credulo.

-Me engañaste y no con cualquiera, con mi hermana. -La afirmación se me escapó por los labios antes de que pudiese procesarlo. Mi voz se escuchaba temblorosa, aunque por dentro me sentía gritar furiosa.

Era una cuestión sobre la que hasta hacía pocos minutos nunca se me hubiera ocurrido indagar porque confiaba en él ciegamente a pesar de sus antecedentes, creía que había cambiado. Que tonta era.

- ¿Qué estoy qué?

-Engañándome. No es tan difícil de comprender.

-Rebecca...

Alessia apareció en la azotea, pero se quedó callada.

- ¡Admítelo de una put@ vez, Gregor! Estás engañándome. Quizás nunca dejaste de hacerlo.

Se quedó en silencio durante varios segundos, mientras me miraba a mí y a Alessia como si no supiera qué decir. Por primera vez en su vida estaba asustado. Temía que mi hermana hablase, no obstante no quería admitir la verdad.

-No estoy engañándote -aseguró ante la mirada de incredulidad de mi hermanastra -. En todo caso se trata de un delito por omisión.

-¿Delito por omisión? -Lancé una amarga carcajada cargada de sarcasmo.

-Claro, debería haberla rechazado, pero fue mi inacción lo que me puso en esta situación. -Se explicó torpemente.

- ¡Oh por Dios! -Exclamó mi media hermana llevándose las manos a la cabeza.

-Es decir... -Se acercó y me colocó un mechón de pelo detrás de la oreja y ese solo gesto me hizo estremecer de rabia-. Es solo que no actúe a tiempo, Becca. No la rechacé y una cosa, llevó a la otra. Soy un hombre con necesidades y tú no estabas aquí para mí.

-No te atrevas a culparme por esto -. No quería seguir escuchando sus débiles argumentos -. Te acostaste con mi hermana mientras yo dejaba mi vida y mi salud mental para hacer crecer tu legado -los miré a ambos furiosa -. Son un par de malditos mentirosos. Me dan asco.

-No, no te mentí. Simplemente omití algunos detalles, como que tu hermana es una buscona porque sé cuánto la quieres, me tiró los tejos todo este tiempo cuando, desde que era una cria e insistias en ir a verla-. Me miró a los ojos-. Sin embargo, dejando todo eso a un lado. Sabes que te amo y que no me imagino la vida sin ti, amor. No quiero que un montón de pruebas circunstanciales y unos polvos importancia con un zorron se interpongan entre nosotros.

Mi hermana se llevó la mano al pecho dolida, negando debilmente al escuchar lo que el cobarde estaba diciendo.

Sentí que una lágrima rodaba por mi mejilla, pude escuchar cómo mi corazón empezaba a romperse.

-Alessia, ¿Estás de acuerdo con él? ¿Fue una aventura sin importancia?

Ella abrió la boca para hablar, pero Gregor la interrumpió.

-Estás preguntándole sobre el tema a la persona equivocada, ella quería todo esto. No me extrañaría que fuese ella quien lo planeo todo. -Se frotó el brazo.

- ¡¿Fue solo una aventura para ti?!-pregunté casi a gritos mientras la miraba a los ojos.

Sus ojos celestes se clavaron en los míos.

-Él me prometió que te abandonaría y haríamos oficial lo nuestro. Yo solo le creí, me dijo que estaban mal hace tiempo, que no te abandonaba por su padre que te cree un gran elemento en el bufete.

Comenzó a llorar.

-Yo nunca dije eso -dijo con firmeza-. Nunca le dije que la amo como a ti o que me casaria con ella y eso se debe a que solo fue un error. Yo te amo, y no podría soportar perderte.

Que ironia, hasta hacia unas horas hubiese deseado que él me dijiese que no podía perderme, sin embargo ahora, ya no servía de nada.

Se me cayeron las lágrimas mientras él continuaba explicando lo inexplicable. Para mis adentros, me maldije por no haber visto las señales: Reuniones nocturnas, ocultar el móvil cada vez que lo usaba. La hábil forma de sacarme del juego con casos fuera de la ciudad.

Empecé a preguntarme sobre todas las fiestas y reuniones familiares a las que había acudido con él, si las sonrisas y saludos entre ellos significaban mucho más.Me pregunté si la esposa de mi padre también estaba al tanto de su vida secreta. Ahora entendía por qué insistía con qué Gregor no era el hombre adecuado para mí. Lo quería para su hija.

- ¿Te encuentras bien, amor? -preguntó en su tono más meloso.

-No sinceramente, me siento como si fuera una mierd@. ¿Ha habido algún momento en el que no estuvieran engañándome? Desde que te descubrí en aquella fiesta nunca dejaste de montarme los cuernos, soy tan imbecil... -Me mordí el labio hasta que comenzó a sangrar.

Gregor la miraba horrorizado como si hubiese más, mucho más de lo que estaban admitiendo.

-Esto se terminó -. Gemí -No quiero volver a verlos nunca más.

Di un paso atrás y reprimí un gemido. Me negaba a que vieran cómo caía.

Las personas reían diez veces más fuerte que antes o eso me parecía a mí, no podía soportarlo ni un segundo más. - ¡Por favor, basta de reír de una vez! -grité, dejando salir toda la rabia contenida en el pecho. Me tapé los oidos, desesperada por apagar las carcajadas de todos a mi alrededor.

Respiré hondo y todo se detuvo.

- ¡Oh Becca!-intentó abrazarme, pero lo di un empellón-. No llores, lo solucionaremos. Ven aquí.

-No me toques. No te atrevas a tocarme.

-Voy a hacer lo que quieras-puntualizó-. No quiero que hagas una escena delante de los amigos de mis padres y nuestros clientes, esto también te perjudica. ¿Cómo te gustaría arreglar el asunto? -Se movía de un lugar a otro nervioso-. Estoy dispuesto a casarme contigo ahora, ya te dije, esta misma noche o si deseas invitar a tu familia, la siguiente semana estaría bien. ¿Qué te parece?

Alessia lo miró con los ojos muy abiertos y hasta sentí pena por ella. También había creído en cada una de sus palabras.

No dije ni una palabra. No valía la pena añadir nada más. Debía decir que ellos se merecían, pero no podía desearle un mal así a mi hermana. Habíamos terminado y esperaba que ella también abriese los ojos. La amaba mucho como para odiarla, pero a él...Deseaba arrancarle la cabeza.

-Hemos terminado, Gregor -. Solo quería huir, correr hasta no tener fuerzas, comencé a moverme hacia la puerta sin dejar de mirarlos -. Puedes esperar mi renuncia el lunes por la mañana. Saluda de mi parte a tus padres.

-No puedes renunciar, recuerda quien te pagó los últimos años de universidad y quienes pagaron las deudas de tu madre. Nos debes y mucho.

-Voy a pagarles hasta el último centavo. Sin embargo no escuché que recordasen eso cuando les dejaba cuantiosas ganancias, cuando le entregaba mi vida a su firma.

No pudo evitar que su mandíbula se desencajara, pero antes de que pudiese responder me fui.

Me di la vuelta y me alejé, haciendo caso omiso a sus llamados llenos de desesperación. Me mezclé con los invitados de la fiesta sin mirar atrás, forzando una sonrisa falsa mientras me sonreían y saludaban con la cabeza para que nadie notase lo que estaba ocurriendo.

Bajé las escaleras para coger al ascensor algunos pisos más abajo.

El pecho me dolia por el hombre que había amado y esa hermana con la que tan unida había sido, pero me había traicionado.

Cuando salí al exterior la lluvia era cada vez más fuerte, sin embargo lo único que deseaba era alejarme de allí. Corrí sin dirección sacándome el agua que caía por mi rostro riendo como una loca, llorando con fuerza, gritandole a la nada. No sabía a dónde ir, de lo único que estaba segura era de que la antigua Rebecca que sólo deseaba complacer a los demás había muerto. Ahora era libre, libre para ser quien quisiese ser.

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