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Mujer lobo

Mujer lobo

Autor: : Edgar Romero
Género: Hombre Lobo
¿Podrá el amor entre una mujer lobo y un humano o viceversa, una humana y un lobo, salvar a la humanidad? Bullit, el malvado alfa de los lobos, ha iniciado la conquista del mundo de los humanos, lanzando a su despiadada jauría para destruir a esos seres que aborrece y odia. Para eso se aprovecha de la explosión de un laboratorio y la formación de una neblina mortal que acaba con los humanos, para llevar a cabo sus pérfidos planes. La aparición de una joven y hermosa mujer lobo de la manada de los disidentes, en contra de los lobos ambiciosos, emerge, entonces, como la esperanza de acabar con Bullit y detener el holocausto viral que amenaza a toda la humanidad. Para eso se une a una cazadora de lobos que, sin embargo, irónicamente, ama a un lobo. Traiciones, misterio, mucho romance y amor, intrigas y una cruel y despiadada, se desata entonces en esta historia que lo atrapará de principio a fin. No deje de leer esta apasionante novela, Mujer Lobo, que contiene emociones a raudales, mucho romance, aventura y suspenso sin límites.

Capítulo 1 I

-¡Cuidado, Patricia!-

Era un lobo. Tenía la mirada afilada, desafiante, el hocico largo y los colmillos brillando cuando los golpeaba el sol. Mi padre me tomó de la mano. Yo me quedé mirándolo asustada, viéndole enorme, con la espalda inmensa, lleno de pelos, el hocico arrugado, mostrándome sus fauces aterradoras.

-Es mejor que nos vayamos-, me ordenó mi padre.

El lobo continuó mirándome, sus garras parecían navajas y me dio mucho miedo. Luego desapareció en la oscuridad, entre los matorrales cadavéricos del bosque.

-¿Por qué me miraba así, papá?-, me aferré a su brazo.

-Es de la jauría. Están hechos para matar-, me dijo.

-¿Nos quiere matar a nosotros?-, insistí muy asustada.

Mi padre no contestó.

Habíamos llegado de noche. Mi padre descargó los bultos de la camioneta y los llevó a la casa. Yo lo miraba por la ventana.

-¿Qué buscan aquí?-, le pregunté mientras él se apuraba en sacar los paquetes.

-Somos disidentes, hija. Escapamos de la tiranía del alfa. Él quiere matar a todos los humanos-, sopló su angustia.

El alfa es Bullit. Yo no lo conocí. Nací en el mundo de los humanos un año después que mis padres escaparon de su tiranía.

Cuando cerró la puerta me tomó de las manos. -Debes tener cuidado, hija. Pronto esto será un infierno-, me dijo mi padre.

Entonces tuve más miedo.

*****

Los lobos se habían mezclado con la raza humana. La explosión nuclear en Villa Hermosa, en el desierto de Arizona, aceleró que los ellos iniciaran la conquista de la raza humana . El cambio fue repentino, violento, inesperado aunque la infiltración había empezado antes, cuando muchos lobos escaparon de la tiranía de Ernest Bullit, el rey de los lobos y que odiaba a la raza humana y quería exterminarla de la faz del planeta. Al principio, los que escapaban, eran mitad lobo mitad humano, a quienes el tirano también detestaba, pero después se sumaron los lobos que estaban en contra del tirano y que eran muchos, entre ellos, mi padre. Y su odio entonces fue mayor.

Antes de, con la explosión, los humanos cazaban a los lobos porque sentían que su raza estaba en peligro, pero la hecatombe del laboratorio nuclear expandió una reacción gama que exterminaba a los hombres y exponía a los lobos. Así empezó la tragedia de ambos mundos.

Bullit dijo que era el momento del exterminio y los humanos redoblaron sus intentos para acabar con los lobos. Sin embargo, la niebla maldita que se formó tras la explosión, y que contenía un virus sintético, fue exterminando a grandes pasos, a la raza humana.

Douglas y su mujer Helen eran mitad lobos y mitad humanos. Los esposos se establecieron al sur de Estados Unidos. Vivían a algunos kilómetros del laboratorio que experimentaba en fármacos que, informaban, vencerían a las enfermedades terminales. Ellos no sabían de los avances nucleares y pensaban que aquella era tan solo una inofensiva planta de agua destilada. Eso le decían los militares que rodeaban los edificios enclavados en un arenal a donde solo se llegaba a caballo, sin embargo, la idea original era otra. Hacían el virus sintético.

Cuando ocurrió el estallido, que fue como un volcán en una gigantesca erupción, Douglas, estaba en el laboratorio y Helen en su casa. Los dos fueron lanzados al aire, como pelotas de fútbol y su vivienda se levantó igual a un avión, ardiendo en fuego.

Douglas, huyó del laboratorio en llamas y llegó de prisa a su casa, con su ropa hecha harapos. Buscó a su esposa entre los ladrillos tumbados, los palos hechos cenizas y el caos, la destrucción y la polvareda que se desató en todo alrededor. Ella estaba turbada, abajo de tablas y muebles calcinados. Los otros vecinos se habían achicharrado por la explosión. Solo ellos se salvaron.

-¿Qué demonios fue eso?-, preguntó Helen, arreglándose los pelos, sobando sus ojos, respirando con dificultad, tratando de empinarse en medio de la polvareda, sofocada por el calor intenso que se había desatado de pronto.

-Explotó la planta-, dijo Douglas. Cuando logró levantarla entre las ruinas, una luz ardiente como candela los envolvió y los hizo gritar espantados y adoloridos.

-¡Me quemo, Douglas! ¡Me quemo!-, chilló ella espantada, sintiendo como su piel se despellejaba por el intenso fuego que los envolvía igual a una neblina tupida e infernal que los asfixiaba y los incineraba irremediablemente.

Cayeron como trapos sobre los ladrillos y palos rotos y se quedaron recostados, exánimes, respirando apenitas, inconscientes. Sus cuerpos humeaban por ese fuego que los atrapó y arranchó sus pellejos.

Cuando llegaron los soldados, absortos y turbados ante la magnitud de la tragedia, con el centenar de casas hechas polvo, los cuerpos destrozados y regados por todo sitio, un cabo gritó desesperado y eufórico.

-¡Capitán! ¡Capitán! ¡Estas personas están vivas!-, hacía gestos desesperado, removiendo los palos con premura y angustia.

El capitán se empinó en sus pies y boquiabierto vio a Douglas y Helen. Sus pellejos habían sido reemplazado por pelos.

Capítulo 2 II

Descubrí que era una mujer lobo en el colegio. Una niña me empujó y me enfurecí. De repente se afilaron mis garras y sentí mi corazón bombear de prisa. Mis manos se llenaron de un pelaje oscuro sentí que se alargaban mis colmillos. Mi padre ya me había advertido.

-Si te sientes furiosa, huye-, me dijo.

Eso hice. Le arañé la cara a la niña y me refugié en los baños. Allí me mojé la carita y cuando me vi en el espejo era una loba.

La dirección del colegio llamó a mi y a mí me suspendieron tres días. Sin embargo nadie descubrió que era una loba.

Controlé, entonces, mis impulsos. Oculté mis ojos con lentes de contacto y conviví con los humanos sin problemas. En el pueblo éramos muchos lobos, todos disidentes que habían escapado de la ciudad oscura. Mi primer enamorado fue un lobo, pero también me enamoré de un humano, Mike Widow. Cuando estaba con él, mi excitación me volvía iracunda, febril, afilaba mis garras y eso me asustaba. Temía lastimarlo o que él me denuncia a los caza lobos. Empecé a convivir con ese miedo.

*****

Conocí a Douglas cuando iba a la universidad. Él era catedrático en la facultad donde yo estudiaba medicina. Quería convertirme en neurocirujana, cuando ocurrió la tragedia. De él, me atrajo su porte alto, gallardo, avasallador, su espalda grande y su pecho alfombrado de vellos.

-Es casado, Patricia -, intentó desanimarme Evelyn, mi mejor amiga. Ella es humana.

Yo estaba encandilada con Douglas, con su porte majestuoso, igual a un hoplita griego. Mordía mi lengua eclipsada e hipnotizada a sus músculos, sus bíceps enormes y sus brazos largos y gruesos como troncos cuando lo veía pasar.

-Qué hermoso hombre-, murmuraba yo, golpeando febril mis rodillas y el fuego revoloteando en mis entrañas, codiciándolo, deseando comérmelo a besos.

Por esas casualidades de la vida, una tarde que subía apurada las escaleras para ir a mi aula porque se me había hecho tarde, me estrellé con él. Douglas bajaba los peldaños revisando unos exámenes cuando nos chocamos. Sus papeles volaron por los aires.

-Ay, sorry, no lo vi-, me puse roja como un tomate., Me apuré a recoger sus papeles. Él, sin embargo, estaba tranquilo y sereno apurándose también en recoger los exámenes.

-No se preocupe, señorita-, me dijo mirando mis ojos y yo quedé obnubilada y maravillada de sus profundas pupilas, llenos de magia. Eran como un oasis donde flotaba su virilidad encadenándome al deseo de ser suya. Supe de inmediato que era mitad lobo. En su olor y escrito en sus ojos. Me excitó aún más.

-Patricia Stiles-, balbuceé como una idiota, encandilada a él.

-Profesor Douglas Banks-, no más dijo él y se perdió por los peldaños, dejándome perpleja, boquiabierta, con las llamas chisporroteando por todos mis poros y mi corazón acelerado. Presa de la excitación, se afilaron mis garras y me sentí más hembra de lobo que nunca.

*****

Cuando ocurrió la explosión yo estaba en otro estado. Mi padre me llamó alarmado y presa del pánico al móvil.

-Patty, estalló la planta de Villa Hermosa. Han muerto todos, ha sido una gran tragedia-, me dijo trastabillando con su llanto.

Quedé perpleja, boquiabierta y sin reacción. No podía calibrar la tragedia. -¿Todos?-, balbuceé echa una tonta.

-Es mejor que huyas de allí. Se ha creado un manto de muerte en todo el territorio. Tu madre, yo y tu hermana vamos a Tucson, donde la tía Magaly. Ojalá puedas venir, de todas maneras debes tener cuidado-, me relató.

Apreté los dientes. Yo soy loba. No conozco a Bullit ni a sus esbirros, pero sé que sus afanes de conquista y su obsesión de exterminar la vida humana. Cuando mi padre escapó de su tiranía yo aún no nacía.

-Quieren lobos guerreros, una nación hecha para dar batalla a los humanos-, le dijo él a mi madre. Ya estaba embarazada de mí y temía por la vida de mi papá. Él trabajaba como profesor en la academia militar. Toda la nación se dedicaba únicamente a eso. A servir al ejército. Bullit, el alfa tirano, ya había acabado con la nación de los vampiros. En esas batallas falleció mi tío Helmut, atravesado por una lanza en una de las sangrientas batallas por el dominio del mundo.

-Ahora le toca a los humanos-, estaba aterrado mi padre.

Entonces decidieron escapar. Fue una noche muy oscura. Utilizaron los drenajes por donde los desertores huían de Bullit. Iban por las tuberías hasta el río y de allí se desplazaban por los matorrales hacia la selva tupida y espesa, en el otro mundo. Los humanos no lo conocen. Pensaban, en sus fantasías que era un submundo idealizado por cuentos macabros y películas increíble. En realidad le pertenece a los lobos desde siglos remotos. Los vampiros estaban al otro extremo y fueron exterminados por las ambiciones del alfa tirano en una cruenta guerra.

Los coyotes se dedican a traficar lobos a las comunidades humanas. Piden joyas por sus servicios. Se aprovechan del miedo y el terror para hacer su negocio. Bullit no lo persigue porque, dicen, él es mitad coyote. A mí me parece cruel y despiadado, quizás su sangre está infectada de rabia.

Mis padres empeñaron hasta la última de sus joyas y así pudieron llegar a California. Allí nací.

Como les digo, yo sabía que era loba desde niña. Me era fácil transformarme. -Es un don que tenemos para camuflarnos del peligro-, me explicó mi padre. Desde remotos años, los humanos nos perseguían por deporte. Era su diversión. Llegaban en sus carros jalados por caballos y nos cazaban a flechazos. Entonces el instinto de supervivencia nos hizo desarrollar el don de camuflarse, como los camaleones. Al evolucionar la raza, se consiguió la perfección. También hubieron relaciones entre lobos y humanos. Ellos son los híbridos. Douglas era híbrido.

Él llegó escapando de Santa Catarina, en las cuevas, porque quería integrar un clan de híbridos. La intención era pedir ayuda a los humanos y derribar el gobierno déspota de Bullit. Enterado el tirano ordenó su detención y matarlo. Muchos de los híbridos murieron atravesados por las flechas y lograron desmantelar la cofradía, pero Douglas y su mujer lograron escapar.

Al suceder la explosión, su instinto de conservación lo transformó en lobo para evitar las radiaciones. Fue una reacción de supervivencia. Sin embargo, fue descubierto por los soldados y ahora su vida peligraba.

Peter Bronson, un amigo de mi padre, me dijo sobre Douglas.

-Lo descubrieron. Está en el hospital-, me contó cuando lo encontré apurándose para marcharse con otros lobos a un estado lejano.

-Esto va a ser el apocalipsis, Patty, es mejor que también te vayas-, me insistió amarrando los bultos en su camioneta.

-¿Quién es Douglas?-, le pregunté sorprendida. Él pensaba que yo conocía a todos los lobos.

-El profesor de la universidad, el híbrido. Lo tienen detenido con su esposa-, me aclaró.

Me acordé de él. Mi corazón empezó a rebotar ofuscado en el pecho. Parpadeé con angustia. Ansié que estuviera bien.

-¿Por qué será el apocalipsis?-, intenté aclarar mis ideas.

-¿No te das cuenta, Patricia? Ese laboratorio no reventó por gusto. La idea es provocar el fin de los humanos, la radiación mata a los hombres y desnuda a los lobos-, me dijo. Trepó a la camioneta y con otros lobos y lobeznos fue en su camionera por la pista, en medio del tumulto, el caos y las correrías, dando tumbos entre mucha gente que también se apuraba en marcharse.

Capítulo 3 III

Los helicópteros aparecieron, de repente, atronando el infinito, espantando a los pájaros y marchando en fila hacia el lugar de la explosión. Desayunaba en el cuarto que alquilo cerca de la universidad cuando las paredes empezaron a sacudirse, haciendo flecos por doquier. Me aterré y comprendí, en ese instante, la gravedad de lo que pasaba. Era un escuadrón de naves artilladas que sobrevolaban sobre las casuchas del condominio. Damian Wilson pasó corriendo por entre los postes, tratando de ganar la calle. También es lobo.

-Van a venir a matarnos a todos, Patricia, es mejor irnos-, dijo dando empellones a los palos que separan los cuartos. Se confundió en la polvareda que provocaban los helicópteros. El viento seguía soplando fuerte y era caliente. Me pateaba la cara.

-Es radiación-, me dijo Tadeus Malone. Es el lobo más antiguo de la comarca. El alfa de los disidentes. Tenía la piel cubierta de pelos y el hocico estirado. Me miraba con desconsuelo.

-Es el fin, Patricia, nos descubrieron, los humanos vendrán a matarnos-, suspiró.

Tuve que erizar mis pelos. El viento empezaba a quemarme y además tenía miedo. Volví a meterme al cuartucho que alquilaba y guardé mi celular, mis libros y mis ropas en la mochila y salí, también, de prisa, siguiendo a los carros siguiendo a los otros lobos. Imaginaba que Malone y los otros harían un campamento en medio de la colina donde se definiría nuestro futuro. Mis padres, felizmente, estaban bien pero habían muchos amigos que estaban en riesgo. Pensé en mi novio, Mike Widow. Eso me dio fuerzas. Seguí corriendo sin detenerme, alejándome, además, de ese viento caliente que empezaba a arder en mi cara como llamas, provocándome un dolor intenso, igual como si me desgarrara la piel.

Era la radiación que escupió la horrible explosión del laboratorio.

*****

Michael Morrison, el máximo responsable de la planta, tampoco estaba al ocurrir la explosión. Se encontraba con una mujerzuela en Cascadas, un poblado a dos kilómetros de la planta, disfrutando de los placeres de ella, embelesado de sus besos y excitado de su belleza deífica y maravillosa, encandilado de sus curvas, de sus cerros empinados y sus grandiosas cascadas, cuando estalló el laboratorio. La cama se sacudió y tintinearon los ventanales, ladraron los perros y un hongo de humo se levantó a lo lejos, como un dibujo espectral, pintando el cielo de ocre. Luego un feroz viento golpeó los vidrios, sacudió los árboles y se levantó una tupida neblina.

-¿Qué demonios fue eso?-, llamó a su celular a Miriam Turpin, su brazo derecho en la planta.

-Reventó todo, ha sido una gran desgracia-, fue ella lapidaria.

Morrison se vistió apurado y llevando los zapatos y su abrigo en las manos, subió a su auto y enfiló hacia Villa Hermosa, a toda velocidad, desafiando la neblina, la polvareda, la lluvia de cenizas y los pellejos despedazados que volaban con el viento igual a las hojas secas de los árboles, rebotando con su auto.

*****

Me había vuelto la piel humana. La tarde estaba gris y veía mucho apuro en todos los poblados. Yo seguí por un camino donde pensaba Malone pondría el campamento, pero encontré a unos soldados humanos. Estaban en un blindado armado de ametralladoras. Pero uno de ellos era lobo. Estaba infiltrado con los humanos. Lo reconocí por su olor. Mi olfato es muy desarrollado como todas las hembras. Él también me vio. Yo no lo conocía. Estaba encima de la torreta y me apuntó con la ametralladora.

-¿A dónde vas?-, alzó la voz. Los otros solados me apuntaron también con sus rifles.

Por instinto alcé las manos. -¡Estoy huyendo de la explosión!-, grité entre temerosa y resoluta.

Un soldado se acercó y empezó a mirarme. Los humanos decían que los lobos tenemos las pupilas afiladas, como puñales, y eso nos delata. Al empezar la invasión silenciosa, huyendo de Bullit, muchos fueron descubiertos por los ojos y muertos a balazos. Los humanos temían que los lobos les trajeran la rabia.

-Es humana-, sopló luego el soldado.

Miré al lobo disfrazado de militar y él estaba dubitativo. Yo le parecía conocida.

-¿De dónde te conozco?-, me preguntó sin dejar de apuntarme. Yo seguía con las manos en alto.

-Estudio medicina en la universidad-, traté de mantener la calma.

-Bueno, bueno, bueno, dijo finalmente, vete y ten cuidado-

Volví a correr de prisa. Los soldados se quedaron mirándome.

-Está muy bonita esa chica-, escuché que decía uno. Cuando ya estaba lejos y supe que ya no me verían me saqué los lentes de contacto y recién mis pupilas se afilaron, en efecto, como dagas.

*****

Kate Watson se paseó por la salita viendo con curiosidad los jarrones artísticos, los ceniceros y los adornos de caballeros de las cruzadas. Le llamó la atención. también los espejos enormes, con marcos dorados. Se detuvo frente a uno de los vidrios y se miró largo rato. Se retocó los pelos caoba, miró su boca bien pintadita de rojo y comprobó que sus ojos estaban delineadas correctamente. Mostró sus dientecitos blancos, como la chupina que dejan las olas después de acariciar la playa y se dijo para sí que estaba muy hermosa. -Como siempre-, mordió ella coqueta un labio.

Justo entró de prisa Fabrizzio Zoff, con la pipa colgando de su boca, los lentes rodando por la nariz y sus escasos pelos alborotados en su cabeza casi pelada. -Disculpa, Kate, una reunión de urgencia, la niebla maldita empieza a propagarse, es una catástrofe, están muriendo miles-, intentó excusarse.

-¿Por la explosión?-, dijo ella sin mirarlo, continuando con su paseo por la sala, viendo la alfombra persa que estaba bajo sus pies.

-Sí. Parece que ha alborotado a los lobos, creo que empezó el exterminio de la raza humana-, dijo Zoff arremolinándose en su asiento.

-¿Los lobos?-, recién lo miró.

-Sí, creo que la planta apuntaba a eso, a que desaparezca la raza humana-, dijo Zoff saboreando su pipa.

-No entiendo-, arrugó su naricita Kate.

Zoff se deleitó con las piernas de ella enfundadas en una audaz y cortísima minifalda jean.

-El laboratorio que reventó estaba trabajando con una fórmula que haría desaparecer a los humanos, eso es lo que descubrimos en la cofradía-, explicó.

La cofradía era una unión de empresarios, militares, incluso capos de la mafia que tenían la misión de eliminar a los lobos. Las fieras se habían convertido en un peligro para la raza humana. Se habían enterado de las amenazas de Bullit de acabar con la raza humana y la guerra que sostenían, silenciosa, además, ya llevaba varios años.

-¿Qué han decidido?-, jaló ella una silla y cruzó las piernas. Zoff siguió imantado a los muslos de la joven.

-Hay dos mitades en todo esto. Los disidentes y los que están con Bullit. Es sencilla la cosa. No queremos a ninguno de ellos. Ni a los buenos ni a los malos. A nadie-, sonrió él.

-Una cacería-, adivinó ella fácilmente.

-Exacto. Yo estoy seguro que la explosión fue adrede, que Bullit enterado de las intenciones de la cofradía boicoteó todo y así seguir adelante con sus planes de acabar con la raza humana. Él está armando un gran ejército en el mundo oscuro, pero no podemos permitir que vengan y para eso debemos acabar con todos sus contactos y de paso eliminar a los disidentes-, sopló Zoff su preocupación.

-Ustedes lo hacen complicado-, sonrió ella.

-Es por eso que seguimos confiando en ti, pero esta vez ya no es solo eliminar a tal o cual lobo infiltrado en las altas esferas del gobierno, queremos que mates a todos-, sonrió él.

-¿A todos?-, preguntó Kate.

-A todos-, esbozó una larga sonrisa Zoff.

Kate se puso de pie, jaló su falda y no se despidió. Dio vuelta y se fue pisoteando la alfombra, meneando las caderas, con sus manos en ele. Zoff se deleitó con su cadencia y no le perdió detalle de sus sentaderas hasta que cerró la puerta. Luego chupó su pipa y lanzó una tupida humareda.

-A todos los lobos-, volvió a repetir meciéndose en su silla.

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