-¡Lorena llévame!
Le insistí por enésima vez. No tenía nada que hacer, andaba aburrida en la casa. La universidad suspendió clases como por variar y ni de fundas me iba para la finca, visitar a papá con su habitual mal genio. Desde la muerte de mamá todo cambió y no quería incrementar su nostalgia al verme, según me parezco mucho a ella... Y la verdad no quería por el momento ser la causante de un dolor para él.
-No es una fiesta para ti Vero, ya sabes cuál es el mundo en donde me muevo.
Dejó de maquillarse, se giró quedando de frente, podía verla a través del espejo del tocador. Solo tenía su ropa interior puesta de encajes como le gustaban a los clientes «según ella».
-¿Todas tus fiestas terminan mal? -Me senté en su cama.
Mi compañera de apartamento era una linda modelo que estaba siendo reconocida en el mundo de prepagos. Estudiaba Bellas Artes, aunque quién sabe cuándo la termine. Tenía un cuerpo formado por el cirujano, con un corazón muy noble, pero con mala extraña cabeza y algo débil de espíritu. Su autoestima era un tanto bipolar, aparte de que sus fracasos amorosos la devastaban. Siempre su mirada reflejaba la tristeza en esos ojos cafés, su abundante cabellera del mismo color y en esta ocasión se la dejó con su ondulado al natural. Solo la animaba el mundo artificial donde se movía. Aun así, la quería mucho, me ha mantenido lejos de su mundo, en eso ha sido muy radical.
-¡Está bien! Cuando tengas algo no tan tu mundo, ¿puedes llevarme? -Sí que andaba aburrida.
-Te lo prometo. -suspiró-. Es agradable conocer a niñas como tú.
Terminó de aplicarse remiel en su ojo derecho, luego sacó un corto y vulgar vestido de su apretujado armario. Vive comentando qué no tenía ropa, pero mis ojos veían todo lo contrario, su ropero se encontraba a punto de desbordarse.
» Me queda bien, ¿cierto?
Afirmé. Se vistió, besó mi frente, tomó las llaves de su automóvil y a los pocos segundos escuché cuando cerró la puerta del apartamento. Salí de su habitación para tirarme en el sofá, busqué los audífonos para estudiar el nuevo idioma el cual quise aprender. La semana entrante era el examen final y no quiero perderlo, Timón se acercó, recostó su pesada cabeza en mis piernas.
-¡Qué! ¿Tienes hambre?, o ¿quieres aprender mandarín?
Ladró en señal aprobatoria, me levanté, caminé a la cocina, saqué una galleta para perro. Era mi eterno y fiel compañero.
Terminé de estudiar para el examen final del semestre de idiomas; Los he tomado como una segunda carrera desde que llegué a Bogotá. Mis padres se fueron de la capital para darnos un mejor futuro, «según su concepto de vida», pero no contaron con que jamás me gustó la educación en donde vivía. Desde mis dieciséis años regresé a la capital. El pueblo era increíble, amo los animales; estudiaba veterinaria, pero compartir en este momento con mi padre... No sería lo correcto, prefiero postergarlo. Lo adoro, pero desde la ausencia de mamá éramos otras personas. Cada uno trata con su duelo, y el tema de mi madre es delicado.
No puedo quejarme, pronto termino la carrera de veterinaria, cada año aprendo un idioma nuevo, vivo con Lorena; quien era hija de la mejor amiga de mamá. Me lleva dos años, pero su vida se mantenía un tanto intensa, demasiado en comparación a la mía. Yo solo he tenido un novio. Recordé ese inocente noviazgo el cual duró algo más de un año sin trascender lo necesario. A los padres de Juan les dolió más nuestra ruptura que al mismo idiota que me puso los cuernos. Ya había olvidado aquel incidente.
La tarde fue igual a las anteriores. Preparé cena, le dejé a Lorena su plato en el horno, luego me encerré en la habitación para ver una película. Puse una vez más «Mujer Bonita», era una de mis favoritas. Y en algún momento me quedé dormida con Timón a un lado.
Desperté sin ánimos. Me molestaba no tener clases; siempre había algún motivo para protestar, y cada vez que pasa quedaba sin hacer nada. Salí a trotar, vivía cerca de la universidad. Troté por una hora con mi bello perro, era un lindo labrador café.
Al regresar a la casa, mi compañera se bajaba de un gran Vitara último modelo negro. Había dos hombres en la parte de atrás a quien no les vi el rostro por los vidrios polarizados. Lorena caminaba en zigzag, no me imagino la resaca.
El chofer tocó la bocina del auto al verme y lo fulminé con la mirada; en otras palabras, lo mandé a visitar al demonio. Esperé a Lorena en la entrada de la reja, venía sonriendo cuál reina de belleza en pasarela. Mientras mi gesto le reprochaba su vergonzoso comportamiento.
-Te dije que no era una fiesta para ti amiguita.
No podía ni sostenerse. Volví hacerle mala cara a los tipos que miraban a Lore caminar como si el piso se le moviera en vez de ayudarla, «tremendos caballeros». El hombre sentado en el puesto del copiloto me lanzó un desagradable piropo.
-¡Patrón!, ¡La otra putita se hace la digna!
Su comentario desproporcionado me sacó de casillas, ahora sí volé de mis casillas.
-¡Mire señor, a mí usted me respeta!, no me conoces y dudo que lo haga algún día.
-Déjalo, él es el Negro loco. -comentó Lorena al llegar a mi lado, dando tras pies y sonriendo.
-¡Timón, a dentro!
La ayudé a ingresar al apartamento, como pude la dejé en su cama, le quité los tacones, la cobijé con su edredón, fui a la cocina a preparar un café bien cargado para sacarla de esa resaca. Si su madre la viera, le daría un paro cardíaco y a mí un par de cachetadas por alcahueta. La desperté, la obligué a beber un poco, pero vomitó.
» Sí, qué estás, ¡vuelta nada!
-Amiga, necesito una bomba y cuando salga de la cama tener dos cervezas bien frías, así ¡finiquito la rasca!
Realizó un gesto cómico con sus manos, luego sonrió con cara de ¡ayúdame!, porque muero de manera lenta.
» Por favor, amiguitaaaa.
-No tenemos analgésicos ni nada para prepararte la bomba. -Sus ojos de; soy su única salvación-. Me tardaré un poco.
Volví a salir enojada con Lorena, se divierte como no era debido y como siempre aquí me encontraba para cuidarle sus borracheras. Volví a trotar, medio cerré la puerta, aún era temprano; tomé el camino más corto para ir a la droguería cercana a la casa, no demoré mucho comprando lo necesario. Pasé la calle, en eso escuché el frenar de un vehículo, luego el chillido de un perro.
Todo fue en cámara lenta. Jamás imaginé que fuera mi perro el que yacía en la calle. El carro quedó atravesado bloqueando la salida de automóviles hacía la autopista, generando un leve trancón. Me devolví por inercia, caminé obligando a mis pies a moverse, un joven salió del auto con sus manos temblorosas. Era mi perro el que el atropellado, muerto, ensangrentado y tirado en la mitad del pavimento.
-¿El perro es suyo? -Los carros sonaban las bocinas, el muchacho se mostró avergonzado-. Perdóneme, no lo vi, salió de la nada. -Lo reconocí, era uno de nuestros vecinos, apenas lo distinguía.
-No se preocupe. -Me escuché decir-. La culpa es mía porque no cerré la puerta del apartamento, él solo me siguió.
Tenía un fuerte nudo en la garganta, las lágrimas comenzaron a salir. Una mujer muy bien arreglada se bajó de su auto para gritar que quitaran el carro, se había generado un trancón. Algo surgió desde mis entrañas.
-¡Pues, jódase!
No soy mal hablada, mucho menos suelo decir malas palabras, si mal no recuerdo era la tercera vez en expresarme de tal forma en mis veinte años. Nunca uso un vocabulario obsceno.
» ¡Retroceda y salga por la otra calle! ¿No ve lo que acaba de pasar?
-¡Es un puto perro muerto!
Sí, tal vez. Pero, ¡era mi perro!, me dirigí a ella con la intención de jalarle el cabello a la insensible gritona. El muchacho lo impidió.
-Vero. -Lo miré -. Ayúdeme a quitarlo de en medio, así poder correr el carro, no te rebajes a una pelea.
-¿Cómo sabes mi nombre? -Se encogió de hombros.
Le di la espalda a la mujer. Los señores de un carro negro parecido de donde se bajó Lorena también se bajaron, tenía los ojos tan nublados por las lágrimas que ni les presté atención. El joven fue quien lo cargó. Aparcó a un lado del andén, se bajó con una bolsa de basura y metió a Timón en ella.
Se formó un colapso de sentimientos, los cuales se estancaron en la garganta, la opresión de culpa, mi perro estaba muerto. Fue un regalo de mi madre hace seis años para no estar sola, su compañía reconfortaría la distancia. Timón era lo que quedaba de mamá. Los carros pasaban, no pude hacer nada, fue él quien se encargó de todo. Comencé a llorar y llorar.
-Perdóname. -Vi al joven, era de gafas, cara rellenita, de ojos y cabellos café-. Soy Carlos, ya sabes, tu vecino.
-No puedo enterrarlo -dije balbuceando-. Era el último regalo de alguien muy importante, ahora está muerto como ella.
-Lo lamento, yo me encargo -caminé distraída de regreso al apartamento, ingresé y fui directo al cuarto a llorar su ausencia.
Mi mente vagó entre los recuerdos de mi madre en nuestra casa. Estábamos entre las mejores familias del pueblo, aunque mis gustos siempre se han regido por los libros. Cuando les hablé el deseo por no estudiar más en la escuela del pueblo fue ella quien me ayudó con el permiso de mi padre. Del resto suelo ser autodidacta. Fue la primera en enfrentarse a papá evitando sus regaños. Ella fue la autora de matricularme a escondida, habló con su mejor amiga acordando el vivir con su hija. Quien trabajaba en una aerolínea y le pagaban muy bien.
Esa era la versión de la madre de Lorena, más no sabe de su mundo como prepago, cotizada y reconocida ante; los narcos, tráquetos, políticos de la ciudad o del país. Me dejó en el apartamento equipado con lo necesario para tener una habitación cómoda. Era algo infantil para mi edad, pero en aquel entonces no me pareció así. Ahora no la quiero cambiar, mantenerla intacta era un recuerdo de mamá. Recordé esa tarde, cuando me entregó el regalo que aliviaría la soledad y su ausencia.
Sacó de una caja un lindo labrador de un mes, desde entonces fuimos inseparables. Yo sin saber de su padecimiento contra el cáncer de mama en etapa avanzado. Jamás nos lo dijo para no deprimirnos... Debía dejar el recuerdo ahí, no quería volver a sentir el dolor de su muerte, preferí quedarme dormida para no llorar más.
-¡Vero!, ¡Vero! Despierta debes comer algo.
Lorena me despertó. Al abrir los ojos vi remordimiento en su mirada, imagino que estaba enterada de lo ocurrido. Raúl se sentó a un lado. Era mi mejor amigo, su inclinación sexual no era de conocimiento de su padre, pero su madre lo aceptaba. Ante los ojos de su familia él muestra otra imagen, ante nosotras puede ser libre, aunque siempre actúa de manera masculina. Fiel a la palabra amistad, estudiamos en la misma universidad; él, química pura. Tenía ojos y cabellos café oscuro, de cuerpo delgado pero trabajado. Su mirada también evidenciaba la noticia.
-¿Cómo lo supieron? -pregunté, las lágrimas volvieron.
-Carlos tocó, vino a decirte que lo había sepultado, expresó su lamento ante lo sucedido. ¿Cómo pasó? -La fulminé con la mirada.
-¡Por tu culpa! Por ir a comprarte algo para darte y pudieras pasar la resaca, no me di cuenta cuando se fue detrás de mí.
-Vero...
Raúl, con su típica voz conciliadora, pasando un mechón de cabello detrás de mi oreja, trató de calmarme, Lore bajó la mirada y salió de mi cuarto.
» No la trates de ese modo. -habló en voz baja-. Sabes lo que le afectará si no le hablas.
-¿Es qué no va a cambiar nunca? ¡Hoy llegó con varios tipos en un carro! Se pasa de descarada, créeme, ¡y si! Tengo mucha rabia. Solo vive para estar de mujerzuela y se la pasa de un pene al otro. No me parece justo que su desordenada vida debamos tapársela. Me duele que pierda si vida de esa manera.
-¿Viste a los hombres con quien estaba? -negué-. Me dijo que estaba con el duro de todos, con el mismo don Roland Sandoval. -¿A mí qué carajo me interesa ese hombre?
La verdad me dolía mucho la muerte de mi perro, como para ponerle a pensar en el tal don ese.
-Está un poco apenada, pero no quiere verte morir de hambre. -Nos sentamos en la cama y comenzamos a comer, a pesar del desánimo ingerí los alimentos-. Vero no te enojes, sabes que no lo soportará. Ella estaba feliz por estar con el duro de los duros.
-A mí qué carajos me interesa con quien ha estado.
-Sabes que te quiere mucho, jamás ha permitido enrolarte con esos patanes con quien sale. No te ha llevado a sus fiestas de narcos. Eso es lo más importante, la forma en cómo te demuestra cuan valiosa eres para ella.
-Es un mundo muy sucio Raúl, la verdad ya no sé qué hacer para alejarla de esa vida. He aprendido cinco idiomas porque ella cada dos por tres se decepciona con amores, entonces decide cambiar y hacer algo diferente, yo le patrocino, pero su problema, ¡nunca termina!
La expresión de su cara me dio a entender que comprendía. A él lo ha metido en un centenar de viajes para luego dejarlo solo.
-Jamás cambiará linda. -Se sentó a un lado, tomó el control del televisor.
-En eso tienes razón, ya me di por vencida. Es muy linda, aunque no se quiera y contra eso es muy difícil ayudarla.
-Más linda eres tú -dijo chupándose los dedos.
-Si tú lo dices -sonreí.
-¿Qué quieres hacer hoy?
No quiere verme deprimida, pero no quiero salir por nada en el mundo.
-Cambiarme de ropa, ponerme la sudadera más cómoda, ver muchas películas -realizó una expresión de «como mandes»-. Y digas lo que digas, no saldré de la habitación.
-Lo sé, no habrá poder humano que te haga cambiar de idea. -Se levantó, se acercó al mueble donde tengo mis películas favoritas, me mostró una y le sonreí afirmando-. El plan es, ¿cine en casa?
-Adivinaste -sonrió-. ¿De qué te ríes?
-Por primera vez alguien nos hará de chef, por remordimientos nos traerá lo que pidamos.
A Lorena no le gustaba para nada la cocina. Ella se alimenta por mí o cuando Raúl pasaba el día con nosotras era nuestro chef, parece un privilegiado por los dioses de la cocina.
-Por lo menos le hace bien untarse un poco.
Salí de la cama para ir al baño, me cambié de ropa, la que tenía estaba con sangre de Timón. Al regresar a la cama cambiada, continuó hablando.
-Esa es su vida corazón. ¿Qué dirás de mí?
-¡No he dicho nada que a ella no le haya dicho! Y a ti siempre te recalco sin importar tu homosexualidad. Debes tener una sola pareja, no ser promiscuo, porque te capo donde me entere, de que te acuestas con los narcos o muchos hombres. Nunca te perdonaré si adquieres una enfermedad incurable. ¡Te lo advierto!
Lo señalé con mi dedo, luego le acaricié el rostro. No era muy atractivo, pero si bien presentado. Desde el ingreso a la universidad se convirtió en mi mejor amigo. Fue amistad a primera vista en el curso de baile y de ahí somos parejas en cada salida a discoteca o en las presentaciones de la universidad... ¡Amo bailar!
-Menos mal, no soy tu marido -comentó riendo.
-¡Sí! Menos mal.
Me sacó una sonrisa a pesar de la tristeza, sus brazos me abrazaron fuerte. Trajo el almuerzo cuando le gritaron de la llegada del domicilio. Lorena había pedido pollo, envió mis presas favoritas; el muslo y la pechuga. Raúl también ingresó con su plato lleno. -Las lágrimas volvieron a salir.
Me abrazó y consoló hasta conseguir calmarme. Era irónico el grupo de amistad a mi alrededor, estoy enojada con mi única y verdadera amiga, a pesar de todo, jamás me ha vinculado a su mundo, Raúl, era muy serio, tenías que ser muy perceptiva para detectar la dirección de su mirada, la cual no va en dirección a las chicas en una discoteca. Con nosotras se sentía libre de hacer comentarios referentes a un buen partido masculino. Pasamos la mayoría del tiempo juntos.
-Bueno, yo venía a decirte que el jueves comenzamos clases.
-Es un alivio, ya no soporto este encierro, la verdad tampoco ver su poca autoestima. Mira que tener relaciones al mismo tiempo con más de dos hombres...
Durante la semana me limité a hablar lo necesario con Lorena. Era una situación incómoda y hasta no hablarla iba a ser muy complicado qué volviéramos a la normalidad. Las eternas sentadas en el sillón hablando tonterías femeninas se habían suspendido. A ella le duele más esta situación. Pero debo ser justa. También la extraño.
Sé del mundo en el que anda porque soy su confidente, aparte me advierte y cuida. Estaba avergonzada por lo acontecido y en el fondo se siente culpable por la ausencia de Timón.
Fue Raúl quién nos sirvió de intermediario. La situación era una completa tontería rayando lo infantil. Por momentos intento hablarle, luego recuerdo la muerte de Timón y quiero ¡arrancarle el cabello! -suspiré.
Terminaba de hacer un trabajo importante para la universidad, debía entregarlo el lunes. Lorena ingresó a la habitación de estudio. En el fondo sentí alegría por ser ella quien tomara la iniciativa de hablar. Puse mi rostro serio, aunque me moría por correr a abrazarla.
-Vero... -ingresó jugando con sus manos, mirando a un punto fijo, evitando verme a los ojos. Se le notan los nervios-. ¿Vas a seguir enojada? -soltó un lamento-. Me haces falta y lamento mucho lo sucedido.
-Ya te dije, no hay problema. -cerré el portátil, girando la silla para mirarla.
-Dime, ¿qué hago para que no estés enojada conmigo? ¿Te regalo otro perro?
-¡No será mi Timón, Lorena! Gracias, deja ese tema ahí.
-¿Te puedo invitar a una fiesta?
Bajó la mirada, como esperando una sentencia. No se dio cuenta de mi expresión de asombro.
-¿A las tuyas con los amiguitos del lunes pasado? -Nuestras miradas se encontraron-. ¡No gracias!, no me quedaron ganas de conocerlos, además, no son mi tipo. Ver una manada de viejos verdes chorreando la baba por las mujeres qué carecen de poco amor propio, ¡no estoy interesada!
Alcé la voz, quería hacerla entender. Su expresión cambió, la vi ponerse roja por la ira.
-¡Me gusta lo que hago!, la fiesta es sana. ¿Sabes?, me extraña que digas eso cuando te he demostrado y mantenido alejado de mi vida laboral. ¡Es un trabajo, así no te guste!, además ya hemos hablado al respecto, no cambiaré eso. Yo, paso de maravilla, así no sean atractivos mis clientes.
Quería abrirle el cerebro, lavárselo con detergente a ver si piensa diferente, pero como no se puede, no me queda más remedio que suspirar.
-¿Por qué ahora si quieres llevarme? -pudo más la intriga.
-Vero. -Se acercó-. Odio tu indiferencia, además habíamos acordado en eso. Si tenía una fiesta decente te llevaría, solo cumplo con mi palabra. -Por más que intenté fue imposible ocultar las ganas de reírme.
-¿Cuándo es?
Necesitaba salir, conocer gente diferente, hace mucho no salía, pronto me graduaré y entraré al mundo laboral. No tengo experiencia de vida aparte del perfecto mundo creado por mi familia, Raúl y Lorena.
-A las tres. -levanté la tapa del portátil para ver la hora, apena era la una de la tarde-. No es ninguna fiesta de esas, regresaremos sobre las nueve. Será una reunión casual, tomar un coctel y charlar un poco con mis compañeras.
-¿Dónde? -salimos del estudio en dirección a su recámara.
-A las afueras de la ciudad, ponte lo que quieras. -señaló su armario abarrotado de ropa.
-Gracias, pero si es decente la reunión yo tengo ropa para eso.
Salí directo a mi cuarto, tomé un jean, una blusa de tiritas con un degradé azul muy bonito, me peiné el cabello, tomé la chaqueta; hace mucho frío a las afuera de la ciudad. Me puse un brillo en los labios, lo mismo hice con lápiz en los ojos. Esperé a Lorena quien salió arreglada, con un jean confirmándome que la reunión de amigas era sana. Le sonreí.
-Te ves muy linda, gracias por aceptar la invitación.
-La verdad hoy sábado no quería quedarme encerrada en la casa sin hacer nada. Te agradezco la invitación.
-Siempre te tomo en cuenta.
-Sí, eso se nota, siempre me haces sentir la mayor cuando es lo contrario -dije.
Lorena condujo su auto a una velocidad razonable, se mostraba muy contenta, por lo menos el enojo por parte mía había desaparecido. Me limité a hablarle de mi hermano. Ella no dice nada, pero le gusta Santiago, cada vez que hablo de él le brillan los ojos.
-Vero, ¿vendrá para tu graduación?, debe verse... mayor.
La miré con el ceño fruncido, puso música para apaciguar la tensión.
-¡Ni se te ocurra! Te quiero mucho, pero con tu vida laboral mantente lejos, no lijaré sus cuernos. ¿Te queda claro?
Me torció los ojos sacando su lengua, solté una carcajada sin duda me imitaba, ese acto de niña yo lo hacía a menudo.
-Vero, estamos llegando, y quiero... -alzó las cejas. Comprendí que era algo serio.
-No pasaré detrás de ti como una niña.
-Estamos entrando en la finca del papáchurro, rey del sexo, bien dotado de su miembro, aparte ser el duro de duros y coge como ninguno.
-¿La fiesta no era diferente? -Con esa descripción no me dio buena espina.
-No, porque él no se acuesta dos veces con la misma mujer, es bastante metódico -detuvo el auto ante un retén de hombres sin armas, imagino que las tendrán escondidas en alguna parte-. Tengo una entrevista -arrugué el rostro. Lorena cerró el vidrio para explicarme-. Nos quieren para hacer un par de negocios, las escogidas serán las acompañantes en una convención en Santa Marta. No sé qué días serán, al parecer se reunirán los duros del mundo. -No pude evitar reírme.
-¿Ahora hay convención de narcos? -Lorena también soltó una carcajada.
-Sí, por lo que dijo mi representante. -enarcó una de sus cejas-. Es él quién nos tomará un registro fotográfico y los inversionistas escogerán a quien quieren para cuatro días siendo sus acompañantes.
-¡¿Cómo putas?! -exclamé-. ¡Ay Lorena!, la verdad nunca tendrás arreglo. -La señalé con el dedo-. Mantente lejos de Santi, en un mes vendrá a visitarme. Él es muy sano, no sabe nada de tu mundo. -Se encogió de hombros y cambió la conversación.
-Ojalá Don Roland Sandoval me escoja. -dijo ilusionada.
-¿Por qué no repite novia?
Por todas las novelas vistas de los narcos, tenían fama de cambiar de novias a cada rato, aunque tengan esposa.
» ¿Y tú dices que cambia a diario? Eso es nuevo y triste.
-Vero, él es una persona bastante rara. Te deja sin aliento porque te envía directo a la luna con tres orgasmos diferentes antes de penetrarte.
Fue un poco incómodo su comentario, no era la forma en cómo debía expresarse del tema. Ella ni cuenta se dio de mi cambio de color, siguió hablando.
» Él sí sabe tratar a una mujer en la cama, porque del resto es como si uno fuera una pared, no te besa y puede cortar en cualquier momento la negociación si no estamos a la altura de sus exigencias. Es un hueso duro de roer. -suspiró tal vez recordando a ese señor-. Ya llegamos.
Estaba tan distraída en la conversación que no me había percatado del lugar. La finca era una inmensa mansión al estilo colonial de un gusto increíble, la entrada era en adoquines y centenares de hombres la vigilaban, por eso era la del duro. Uno de los vigilantes del parqueadero le indicó a Lorena donde debía aparcar. Había muchos carros detrás del nuestro. La miré, tenía el ceño fruncido, en ese instante me arrepentí de haberla acompañado.
-Vero, toma mis llaves, si esto se pone caliente o cuando te diga, sales corriendo. -Nos miramos-. Sal pitada de este lugar.
-¿Pasa algo?
-Esto no me gusta, sobre todo porque nos mintieron sobre el que no habría narcos.
El corazón casi se me sale Quería irme, pero la adrenalina que se me formó en el estómago salió victoriosa, sería la primera vez que vería una fiesta de narcotraficantes. ¡Vaya!, ¿ahora eres chismosa Verónica?
Vi el nerviosismo en ella.
-Hay muchos carros con hombres, iba a ser una audiencia solo con mujeres -susurró.
Salimos del auto, guardé las llaves en el bolsillo trasero del pantalón. Un señor delgado, alto, rudo, algo atractivo, con jean, botas y camisa manga corta de cuadros dejaban ver su buen estado físico aparte de sus tatuajes, tenía el cabello negro en un corte militar, sus ojos eran negros. Estaba armado, llegó a nuestro lado. Nos preguntó nuestros nombres, bueno peguntó el mío, a Lorena ni la miró, supongo que la conoce.
-Me llamo Verónica Vásquez. -metí las manos en los bolsillos del delgado busito blanco.
-¿Vásquez qué? -levantó una de sus cejas, luego miró a Lorena.
-Verónica Vásquez Benítez, ¿algo más?
Comprobó una lista, al no verme registrada apuntó mi nombre con su bolígrafo metálico, un poco más grueso de lo normal. El silencio fue incómodo o ¿así serán estos protocolos? Al ver el rostro de Lorena lo supe, esto no era normal. Un par de ojos negros me escanearon de pies a cabeza, luego volvió a leer las hojas que tenía en las manos, hizo lo mismo con mi amiga y por la forma de su análisis, la alteró. Entre ellos se creó una conversación de preguntas las cuales no escuché, pero al parecer ella comprendió a la perfección.
-Guille dijo que la fiesta era sana, para escoger a un grupo de chicas.
El hombre se puso la mano en el oído, alguien le daba instrucciones, se giró y alzó la mirada en dirección al segundo piso, yo no vi a nadie.
-Pasen -autorizó el ingreso.
-¿Este tipo quién es? -pregunté en voz baja cuando nos alejamos del hombre.
-La mano derecha de Don Roland; uno de los hombres más temidos en el gremio, muy tierno en la cama, aunque también le gusta tirar duro. Te confieso, no sé a quién de los dos le tengo más miedo. En general a todo su grupo más cercano de seguridad le tengo mucho respeto. Fue nuevo que él mismo verificara la asistencia. No te alejes, si veo algo más raro te saco de aquí.
-Entendido.
Eso era seguro. Ella lo haría, ha sido así por seis años. Me mantenía como una muñeca de porcelana, yo era su hermanita intocable y frágil.
La casa por dentro era una de esas haciendas de catálogo al estilo rústico, muy colombiano, de un gusto exquisito. No había nada en un lugar que no hiciera honor al ambiente general. Había una gran sala redonda, a un costado quedaban unas escaleras de bambú que comunicaba con el balcón interno del segundo piso. Eché un vistazo, solo vi puertas, además de una tercera planta con otro balcón al interior del recinto, ¡increíble! La gente se fue reuniendo en la sala, en la parte de atrás a donde alcancé a mirar, quedaba una gran piscina con niñas en vestido de baños muy diminutos y cuerpos espectaculares.
Por instinto me enderecé, traté de armonizar mi cuerpo, no era que me sintiera acomplejada, pero la vanidad femenina siempre andaba ahí. -La reunión terminará diferente-. Toqué el bolsillo del pantalón para comprobar la existencia de las llaves del carro. Mi amiga miraba en todas las direcciones como buscando a alguien.
Por mi parte me dediqué a analizar a los presentes desde el lugar donde tenía mejor panorama; los que salían a la piscina o los del recinto, más quienes ingresaban. Nos ofrecieron bebidas, tomé dos, antes de llevarme el vaso a la boca a degustar el primer sorbo, Lorena me quitó el vaso.
-¡No se te ocurra tomar algo aquí! -alcé la ceja y antes de preguntar-. Acostumbran a drogar a través de las bebidas, mantente al margen, recibe solo lo que yo te ofrezca.
-Mejor me voy.
Afirmó levemente. Luego la vi salir corriendo. No la perdí de vista, empezó a hablar con un señor bigotudo, bajito y calvo, nada agraciado, por cierto, algo la molestó, sus manos las movía en todas las direcciones. Quedé cual champiñón, como una tonta al lado de las escaleras por un largo tiempo. No nací para este mundo, no era mi lugar, no tengo por qué quedarme... Lorena hizo señas de «espera un poco», me miraba de vez en cuando, no tuve más remedio que dedicarme a no perderla de vista.
A cada rato me sentía observada por los presentes. Era extraño ver una casa tan preciosa y autóctona, envuelta en un ambiente tan pesado. Predominaba mucho los tonos cálidos y tierras, traté de entretenerme con la decoración, más no pude evitar el seguir incómoda. Sí soy sincera, soy una mosca en un vaso de leche, era el bicho raro, la gente comenzó a ingresar. Me relajé un poco al ver a Lore caminando hacia mí.
-Vero, ya hablé con Guille -hablaba de manera misteriosa.
-¡Ay! ¿Ese es Guille? -Ella volvió a mirarlo sonriendo, mientras afirmaba.
-Sí, ya va a hablar con Don Roland para adelantar la toma de las fotos y mis registros. Harán una teleconferencia con los inversionistas, ojalá pase la prueba, así puedo ir como acompañante de alguno de los extranjeros próximos a llegar. -La escuché con atención-. Me ausentaré varios minutos, es temprano, cuando salga nos largamos.
-¿Si se pone feo y no has regresado?
-Quédate en las escaleras o puedes correr por el patio que da a los parqueaderos, también tienes la opción de subir a las habitaciones. Mantente alerta.
-Presiento... Esto fue una mala idea.
Por su mirada pensaba lo mismo. Me regaló una leve sonrisa con la intención de no temas, estoy aquí. ¡Típica hermanita mayor!
-Lo lamento, todo saldrá bien. No te tocarán, así tenga que acostarme con todos los tipos en una sola noche. -sonreí ante su comentario.
Me dio un beso en la frente y se fue a donde la esperaba su representante. Sentí una leve presión en el corazón, era muy capaz de hacerlo con tal de que a mí no me tocaran.
Continué como una estatua al inicio de las escaleras, observando la aglomeración de gente en la entrada obstruyendo la salida. Rechacé cuanta bebida, jugos, gaseosas, cocteles y agua se les dio por ofrecerme. Poco a poco se fueron armando parejas, empezaron los momentos incómodos; besos, tocadas de nalgas, mordidas de senos, metidas de dedo en lugares íntimos. Los comentarios pasados y obscenos eran cada vez más frecuentes. Los abrazos se hacían más seguidos e insinuadores.
Lorena ya tenía media hora desaparecida. Mi alarma interna dijo: ya era hora de salir, cuando decidí hacerlo, la gente fue ingresando por la única puerta por donde podía salir a los parqueaderos. Regresé a las escaleras; por el hueco debajo de las barandas crucé al otro lado, tomé el camino por donde entramos hace más de una hora. Las puertas fueron cerradas con un sistema de seguridad muy avanzado que en la vida había visto. Para mí las conocidas eran las de mi casa, con pasadores tradicionales, jamás como esas; era un bloque de acero.
La gente empezó a gritar y bailaban al son de la música a un volumen bastante alto. Me abrí paso, llegué hasta las escaleras, trepé por las barandas. -¡¿Dónde rayos estará Lorena?!-. La situación pasó de castaño a oscuro en fracción de segundos, las mujeres comenzaron a desvestirse al igual los hombres. ¡Dios! ¿Dónde me metí? Aparté la mirada, no soy una santa, pero ver más de un miembro al aire y decenas de senos brincando no era mi obsesión, mucho menos una fantasía sexual.
Di la espalda, subí las escaleras de dos en dos al comprobar la escena de porno a gran escala en vivo y en directo. Mi corazón latía a mil por hora. Llegué al segundo piso, tomé la primera perilla, un ruido hizo detenerme. Las ventanas de la gran sala se cerraban por la parte de afuera, eran unas cortinas de acero. ¿Nos encerraban? Las personas gritaron eufóricas por lo que supuse, era común y sabían lo que pasaría. Comencé a abrir la primera puerta, pero no se abrió, corrí a la segunda... nada.
Mi corazón llegó a un punto en donde explotaría por consecuencia del susto. Ninguna de las puertas del segundo piso se abrió. Al llegar al final del pasillo, frustrada por la situación sin poder ingresar a ninguna, decidí subir las escaleras al tercero. Me asomé por el balcón interno; se veían a las personas bailando desnudas. «Tremenda suerte la mía», en la tercera planta había dos puertas, tomé la primera y ¡bingo! Entré, le puse seguro, sentí alivio al sentirme protegida.
La habitación era grande. Tenía tres puertas; la primera no se abrió, debe estar cerrada del otro lado. La segunda era un baño envidiable, solté un silbido de admiración, ojalá mi baño fuera la cuarta parte de este. La tercera tomé la perilla y era un balcón, salí a tomar aire fresco.
Contemplé la idea de lanzarme, pero «me partiría una pierna si tengo suerte». Decidí quedarme hasta que Lorena de señales de vida, ella dijo enciérrate en uno de los cuartos, una vez acabara me vendrá a buscar. Ella debe saber cómo salir de estos lugares. Vi la puesta de sol... ¡Qué ironía!, era una linda tarde en una habitación de portada para una revista de vivienda. Era un genio el diseñador de interiores contratado. Por donde la mires, supieron escoger las mejores y las más finas artesanías, la cama era una tentación para dormir en ella.
Mientras pienso en lo paradójico de la situación. A mi espalda quien sabe cómo irá dicha orgía. -Me reí-. Así era la vida, siempre se tenía dos caminos; el del bien y el del mal. Siempre estaba la disputa continúa e infinita entre los dos bandos.
La fácil para muchas personas era acostarse y disfrutar en la sala, más no estar aguantando frío, desesperada porque aparezca una amiga. La clave estaba en tomar decisiones y esperar a que sean las correctas. Dependen de tu criterio, crianza, valores y concepto de vida. En mi caso, el estar encerrada era la única salida. Pasaron varios minutos, comenzó a oscurecer cuando escuché la voz de un hombre.
-¡¿Qué haces aquí?!
Al balcón había ingresado un joven alto, con su cabeza afeitada, su forma de mirar me intimidó, era muy atractivo. Por el susto tartamudeé un poco.
-Es... es que... que yo... pues...
-¿Eres gaga?
Habló de una forma tan despectiva, su actitud no fue agradable y reaccioné. Él no debe ser nada bueno si estaba aquí. Aunque, yo también y no soy ninguna puta.
-No. No lo soy, es solo... ¡usted me asustó! -Se recostó en la baranda del balcón cruzando los brazos, reparaba mi cuerpo de arriba abajo-. ¿Se le perdió una igual? -típico de mí, no puedo quedarme callada.
-No se me ha perdido nada bueno.
Respondió serio. Ya había oscurecido, la luz del balcón se encendió. Su respuesta fue bastante desagradable y reconozco que fue porque no pasé la prueba visual ante sus ojos. ¿Y qué? ¿Qué pasa si no le gusto? ¿Por qué debes gustarle Verónica? Me recriminé. ¡Al diablo! Debe ser un bandido, hijo de algún viejo verde fornicador de la planta baja.
» Detesto repetir las preguntas, ¿qué haces aquí?
-Solo quería... buscaba algo de soledad -levantó una de sus cejas, eso lo hizo ver más atractivo; era muy masculino con unos ojos verdes... - ¿Quién es usted?
-Alguien que podría hacer contigo lo que se le pegué la gana.
Me puse nerviosa, ingresé a la habitación, este tipo podía violarme. Me precipité en abrir la puerta exterior pensando que ya todo había pasado. Él estaba vestido. No obstante, no conté con dicha escena al salir del refugio. Registré una película de porno a un grado inimaginable. Se revolvió mi estómago. El olor a sexo en abundancia, alcohol, droga y cigarrillos no lo toleré. ¿Cómo hace Lorena para vivir alrededor de esto?, sentí asco. Al darme la vuelta empujé a ese joven y corrí al interior en busca del baño que había visto, para vomitar.