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Más allá del ruido y la ira

Más allá del ruido y la ira

Autor: : PageProfit Studio
Género: Hombre Lobo
Mi nombre es Elle. Soy una hembra beta, pero vivo como una omega. A veces ni siquiera sé qué es mejor para mí. Espero que cuando cumpla 18 mi vida cambiará. Pero todo empeora. A la edad de 18 años, todo hombre lobo conoce a su lobo, pero mi lobo no aparece. Mi pareja me rechaza y se convierte en mi mayor pesadilla. Pero se dice que la esperanza es la última que se pierde, así que estoy convencida de que más allá del ruido y la ira que siento todos estos años, debe haber algo más en este mundo para mí.

Capítulo 1 Capítulo 1 ¡Feliz Cumpleaños!

" Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz..." escuché cantar a Michael después de reírse cerca de mi cama. "¡idi*ta!"

Respiré hondo y comencé a llorar mientras intentaba calmarme, al notar que estaba mojada de pies a cabeza, rodeada de un charco de agua helada. Todo estaba mojado, la ropa que tenía puesta y el colchón donde dormía. Intenté tomar una manta para calentarme un poco, pero Alfa Brandon me arrojó un segundo balde de agua.

"¡Levántate, mocosa! ¡Es hora de divertirse!" dijo al darme una palmada en el cuello, provocando que me cayera de la cama.

Sentía las lágrimas corriendo por mis mejillas. ¡Ahhh! ¡Los odiaba! ¡Los odiaba a ambos! Michael era mi hermano o al menos eso creía. Un verdadero hermano jamás se comportaría como él lo hacía. En cuanto a Alfa Brandon; él era mi compañero, uno que me había rechazado y humillado incesantemente durante el último año.

Justamente en mi cumpleaños pasado, Brandon... Alfa Brandon me dio la paliza de mi vida rechazándome delante de sus amigos, mientras mi hermano se quedaba de brazos cruzados observando con gran alegría todo lo que pasaba. Ahora cumplía 19 años y esperaba tener un día tranquilo.

Había todo tipo de historias sobre hombres lobo. Algunas verdaderas, y otras que iban más allá de la realidad. Era cierto que estábamos destinados a amar y ser felices toda la vida con nuestro compañero predestinado, pero lo que la gente no sabía era que a veces las cosas se complicaban y eso era exactamente lo que me estaba sucediendo. Mi vida nunca había sido de color rosa antes, pero desde que cumplí 18 años todo se había vuelto en extremo complicado.

Mi familia no era una familia cualquiera. Mis padres eran beta y pertenecían a la manada Luna Dorada, quienes los amaban y respetaban demasiado. Fue por ello que, cuando murieron al tratar de protegerme del ataque masivo de unos renegados, la manada comenzó a odiarme. Michael tenía 16 años y había peleado junto con ellos para salvar a los demás, en cambio yo solo tenía 13. Nadie comprendía que yo era solo una niña en ese momento, y me culpaban por haber sido una distracción para ellos durante el ataque. Ese día lo perdí todo. A mis padres, mi hermano, mi estatus social, mis amigos, mi casa... absolutamente todo. Aunque yo fuera una beta, nadie me consideraba parte de la manada, solo me toleraban porque yo hacía el trabajo necesario para mantener la casa en orden; limpiaba, cocinaba, planchaba... Hacía todo lo que ellos me ordenaban para no ser expulsada de manera permanente. Era igual que una renegada.

No sabía siquiera que era mejor para mí. Pensaba que al cumplir 18 mi vida cambiaría, pero todo empeoró. A esa edad, todo hombre lobo conocía a su lobo interior y mi loba jamás apareció. Todos se reían de mí por no tenerla, y algunos decían que ese era el castigo por la desgracia que había infligido a mi familia. Brandon era el futuro alfa de nuestra manada, y al saber que era mi compañero, me rechazó diciendo que nunca aceptaría que un ser tan bajo e inútil ocupara el puesto de luna de la manada junto a él. Me golpeó delante de sus amigos y me obligaba a ver como las mujeres hacían fila en su dormitorio. Sin embargo, yo no tenía una loba porque no sentía la conexión entre nosotras como él la había sentido, así que no podía permitirme rechazarlo.

Solo sentía el dolor de su rechazo en su lugar. Sentía una rabia especial por él porque sabía que se había opuesto a la felicidad que me había sido dada por la Diosa de la Luna. Su madre igual me odiaba porque era la mejor amiga de mi madre. Y en cuanto a Alfa Taylor; no sabía si él me odiaba también. Era de los pocos de la manada que no me golpeaba u ofendía directamente, pero yo lo odiaba porque tenía el poder de detener la manera injusta en la que me trataban y sin embargo no hacía nada, solo me ignoraba.

"¡Est*pida! ¡Levántate!" Brandon me pateó. "¡Estamos celebrando!" me agarró del pelo y me sacó del cuartito donde dormía en el sótano de la casa de mis padres.

Michael me miraba riéndose de mí, con sus manos en su pecho.

"Tenemos una sorpresa para ti."

Esa palabra solo tenía un significado para él. Significaba que estaba arruinada. Tirando de mi cabello me llevó a la sala de estar donde los gemelos gamma, Jacob y Jake Sullivan, los esperaban. Juntos eran como los cuatro mosqueteros de la manada. Así les gustaba llamarse.

"¡Desnúdate!" exclamó Alfa Brandon.

"No, te lo ruego..." dije con voz apagada.

"¡Te dije que te desnudaras!" gritó, dándome una bofetada en la cara. "¡No tengo todo el día!"

Yo me quedé atónita. Lo miré a los ojos, pero sabía que no podía hacer nada para cambiar lo que tenía en mente.

Miré a mi hermano y dije: "Michael... por favor," pero él solo me miró con seriedad, sin decir una palabra. No sabía lo que pensaba realmente.

"Agárrenla y desvístanla," ordenó Brandon a los gemelos, quienes inmediatamente me agarraron y rasgaron mi ropa para luego tirarme al suelo y sostenerme allí mientras luchaba por soltarme.

"¡Déjenme en paz! ¡Déjenme en paz! ¡Nunca les he hecho algo! ¡Déjenme en paz!"

"¿Entonces?" preguntó Jacob. "¿Quién es el primero?"

Miré a los ojos a Michael pensando que él no podía dejar que me trataran de esa forma... no importaba cuánto me odiara, era mi hermano. Y mientras los gemelos me sostenían con más fuerza junto al suelo, Brandon se desabrochó los pantalones y se sentó entre mis piernas. Si lograban hacer lo que se habían propuesto, mi vida se acababa. De lo único que iba a estar orgullosa, era el hecho de que me había guardado para mi pareja. Yo creía en las segundas oportunidades. Creía que todo tenía un plan y que más allá de la desgracia estaba la felicidad.

Miré a Michael y grité con enojo: "¡Te odio! ¡De ahora en adelante ya no eres mi hermano!"

Giré la cabeza y cerré los ojos al sentir que Brandon se deslizaba dentro de mí.

Dolor, ira, y odio profundo era lo único que sentía. Después de dos movimientos de entrada y salida, en una fracción de segundo, sentía que mi cuerpo involuntariamente comenzaba a temblar. Parecía como si la ira que sentía quisiera salir de cada poro de mi piel.

Brandon se detuvo y me miró con pánico.

"¿Qué rayos está pasando?" exclamó. "Michael, ¿qué le pasa a tu hermana?"

De repente, con una fuerza que nunca supe que poseía, pateé a Alfa Brandon con mis pies, haciéndolo volar a casi dos metros de mí, golpeando la mesa del comedor. Él intentó levantarse, gimiendo de dolor. Probablemente le había roto las costillas por lo fuerte que lo había golpeado. Me levanté de inmediato y golpeé tan fuerte a los gemelos que, Jacob casi se desmayaba y Jake tenía la nariz rota. Michael corrió hacia mí para detenerme, pero tan pronto como cruzamos las miradas, se detuvo.

Segundos después, me agaché y recogí mi ropa rota para tratar de cubrir mi cuerpo.

"Ya no queda nada..." le dije en voz baja mientras me miraba en estado de shock.

"Aquí no queda nada," continué, señalando mi corazón. "Está vacío... no hay nada para ti... nada para mí... Hoy te llevaste el último pedazo de mí. Espero que seas feliz, Michael... Espero que hayas obtenido la venganza que querías."

Él tragó saliva antes de escuchar a Alfa Brandon decir: "Ayúdame, Michael."

"Será mejor que lo ayudes, no creo que los médicos quieran encontrarlo con su trasero al descubierto." Después de eso, conseguí cubrirme parcialmente con la ropa rota y mientras regresaba a mi habitación, escuché un ruido en la sala de estar.

Ni siquiera me importaba que vinieran detrás de mí. No me importaba nada. Alfa Brandon me había quitado lo último que me quedaba en este mundo.

De repente, escuché la débil voz de una mujer. "Elle..."

Entré en pánico y miré hacia atrás, pero no había nadie alrededor.

"¿Quién eres?" pregunté asustada. "¿Dónde estás?"

"Soy Athena... tu loba," respondió la voz.

"¿Mi loba? No tengo loba..." dije resignada. Pensaba que estaba volviéndome loca y que hasta ese momento me había dado cuenta de lo fuerte que me había golpeado la cabeza antes.

"Ahora la tienes, Elle. Estaré contigo y no te dejaré. Todavía no es mi momento para aparecer, pero seré una amiga con la que puedas hablar. No te dejaré sola."

"Athena... Brandon..." respondí, estallando en lágrimas.

"Lo sé, Elle. Es hora de que tomes esta dolorosa vida con calma, ya es hora de que yo esté a tu lado."

"Athena... Quiero irme de este lugar, aquí no hay nada para mí. Me temo que si me quedo aquí solo podré dejar que me maten."

"¿Quieres dejar la manada Luna Dorada?" ella preguntó atónita.

"Quiero alejarme lo más posible de este lugar. Quiero estar sola, no quiero ver a nadie más a mi alrededor."

Athena guardó silencio y yo tampoco me atreví a decir nada más, solo me paré frente al espejo y me miré. Mis ojos azules estaban brillando y supuse que era por la aparición de Athena, pero mi cuerpo inerte estaba lleno de moretones. Tenía los labios rotos y un serio rasguño en la sien derecha. Mi cabello castaño estaba empapado de sangre, la cual en parte era mía... y de los gemelos. Ese era el regalo que la manada tenía por mi cumpleaños.

Empaqué la poca ropa que tenía en mi mochila y después de un rato escuché a Athena decir: "¡Vamos, Elle!"

Capítulo 2 Capítulo 2 ¿Qué he hecho

Brandon Taylor

No podía creer que estaba tirado en el suelo con el tr*sero desnudo, sangrando y gritando de dolor. Eso no era lo que tenía planeado para ese día. El plan era sencillo. Me "comería" un trozo de mi terrible e incompetente compañera, y luego invitaría a mis amigos a disfrutarlo. Michael me había dicho que no me detendría. Ella era su hermana, pero él la odiaba con todas sus fuerzas. Anteriormente se llevaban de maravilla, pero después de la muerte de sus padres, él no podía mirarla a los ojos. Michael había visto como Karen y Neill Parker morían intentando protegerla, mientras su hermana estaba agachada en el suelo, completamente perdida. Después de semejante escena, las cosas no podían ser iguales.

Rechacé a Elle Parker un año atrás. Jamás la aceptaría como mi luna. Toda la manada se avergonzaría de mí y eso era algo que no podía permitir. Además, mi madre nunca me lo perdonaría. Ni tampoco quería pensar en cómo reaccionaría mi padre, el alfa actual. A pesar de que Michael, Jacob y Jake eran los únicos que sabían que Elle era mi pareja, aún me parecía que lo sabía mucha gente. Pero el plan era sencillo; la rechazaba, y en el momento en que ella aceptara mi rechazo, yo podría encontrar una segunda oportunidad con otra compañera. ¡Pero no podía hacer nada! Esa idi*ta no tenía su loba, por lo que su patética y pobre existencia no podía ni aceptar mi rechazo. Lo quisiera o no, estaba conectado con ella y por su culpa, se me negaba la oportunidad de ser feliz, así que me decidí hacerla pagar por ello.

En el último año, había hecho todo lo que podía para lastimarla. Sabía que sufría a pesar de que siempre tratara de aparentar que tenía dignidad. La última vez que la golpeé, estaba en el hospital. Mi padre se enteró y tuvo que darme lecciones sobre el carácter de un alfa, como que debía ser imparcial y mostrar respeto a todos los miembros de la manada, pero ¡Elle Parker no era un miembro de la manada! Ella había dejado de serlo cuando perdimos a dos de las personas más valiosas que había conocido por su culpa. Sin embargo, mi pobre padre pensaba que la trataba de esa forma por Michael, pero más allá de eso, ella debía pagar porque no me era posible sostener a una compañera en mis brazos por su culpa.

Así que el plan era simple. Nos encargaríamos de lastimarla tanto que o elegiría morir o buscaría la manera de rechazarme. Sin importar lo que eligiera, mi conexión con ella debía terminar en ese momento. Ya había tenido suficiente con sentir sus patéticas emociones y su dolor... aunque la había rechazado, la seguía sintiendo. Eso era mucho para mí. Quería ser feliz.

Pero del dicho al hecho, hay mucho trecho. Sabía que era digno de todo desprecio por la forma que había elegido para hacerla sufrir. Nunca le haría tal cosa a una mujer, pero en esa situación realmente no tenía otra opción. No quería vivir así toda mi vida. El miedo de sus ojos casi me detuvo, pero tenía muy en claro lo que estaba en juego. Sin embargo, solo la poseí durante unos segundos y de repente, sentía que estaba perdiendo mi alma en el momento en que me apareaba con ella. Todo tomó menos de un minuto, y esos segundos fueron los más felices de mi vida. Mi lobo estaba ronroneando en mi cabeza cuando ella me golpeó con una fuerza extraordinaria. ¡Era un alfa en nombre de la diosa! Era el hombre más fuerte de la manada, entrenaba durante horas todos los días. ¡¿Cómo era posible que un ser tan débil pudiera tirarme como un muñeco de paja?! Sentí que todos mis huesos se rompían cuando toqué el suelo.

No podía ver por el dolor, simplemente no podía abrir los ojos, ni tampoco podía respirar. Me acosté sobre mi tr*asero desnudo con los pantalones en el suelo y luego escuché los gritos de Jake y Jacob.

¿Qué estaba pasando?

Escuché a Elle decir: "Será mejor que lo ayudes, no creo que los médicos quieran encontrarlo con el tr*sero desnudo." Y luego todo se volvía negro, como si la oscuridad me envolviera por completo.

Después de dos días en coma, me recuperé solo para descubrir que toda la manada sabía que habíamos sido atacados por 50 renegados en la casa de Michael, al borde del bosque. ¿Quién rayos podía creer eso? ¿Acaso Michael y Jake no pudieron haber pensado en una mejor excusa?

"Hijo..." escuché a mi padre decir con calma. "Quiero saber qué pasó en la casa de Michael."

"Él ya te contó lo que pasó. No tengo nada más que agregar," respondí sin mirarlo a los ojos.

"¡Cuando los renegados te atacan, no te dejan inconsciente, Brandon! Ellos te matan. No te pueden dejar ahí nada más y marcharse. Quiero saber qué pasó."

Esta vez, lo miré y dije con calma: "No tengo nada que agregar, papá."

"Solo espero que tu acto no se vuelva en tu contra. ¡Eres un alfa en nombre de la diosa! Debes asumir tus malas acciones, así como también las buenas. Asume el éxito y el error. ¡Sé digno!"

¿Cómo podía ser digno cuando sabía que había vi*lado a una mujer ante la mirada divertida de mis amigos? ¿Cómo podía confesarle a mi padre que había rechazado a mi pareja el año pasado? Aunque no le agradara ella, sabía que no estaría de acuerdo con mis acciones. Me había estado presionando durante un tiempo para que buscara a mi compañera y ya había anunciado que no me dejaría tomar el control de la manada sin una compañera cerca de mí. Ser un alfa sin luna era peligroso y difícil de controlar.

De repente Michael abrió la puerta y entró a la habitación.

"Te dejaré hablar. Tal vez tú me digas lo que pasó hace dos días."

"Ya te conté lo que pasó, no te preocupes," dije un poco molesto.

"Adiós, Alfa," respondió Michael respetuosamente.

Mi padre asintió y al caminar hacia la puerta, se detuvo de repente y lo miró.

"¿Encontraste a tu hermana?" preguntó serio y con preocupación.

"No, Alfa. Todavía la estoy buscando." Justo al escucharlo, sentí como mi sangre comenzaba a hervir en mis venas.

"¿Qué quieres decir con que la estás buscando? ¿Dónde está?" pregunté visiblemente agitado.

"Creo que los renegados se la llevaron... hace dos días." Michael tartamudeó. "Cuando llegaron los médicos, Elle ya no estaba."

No, no, no... ¡no podía estar perdida! Mi plan era diferente. ¿Dónde desapareció? Necesitaba saber dónde estaba ella. Tenía que saber siempre dónde estaba. ¿Y si algo le pasaba? ¿Y si realmente había sido atacada por los renegados? ¿Qué pasaría si ella se muriera? Sentía como poco a poco, el aire desaparecía de mis pulmones y no podía respirar.

"Brandon, ¿estás bien?" me preguntó mi padre un poco asustado.

"¡Brandon!" Michael gritó, pero ya era demasiado tarde, me había desmayado de nuevo.

Cuando desperté, mis padres estaban sentados a mi lado. No podía mirarlos a los ojos. Sabía que tenían muchas preguntas, ya que la forma en la que había reaccionado ante la noticia de la desaparición de Elle no era normal.

"¿Estás listo para hablar?" me preguntó mi padre.

"Brandon..." escuché a mi madre susurrar mientras acariciaba mi frente. "Sabes que estamos contigo sin importar lo que haya pasado en la casa de Michael. Eres nuestro hijo y te amamos. Sabes que puedes decirnos cualquier cosa," dijo con suavidad.

"No estoy tan seguro, mamá... algunas cosas están más allá de la aceptación," respondí cerrando los ojos.

"Brandon, no quiero usar mi comando alfa sobre ti o tus amigos. Elle Parker ha estado desaparecida por más de dos días, la sala de estar de Michael estaba en ruinas, y tú y los chicos lucen como si un avión se hubiera estrellado con ustedes. Es evidente que lo que sucedió allí no tiene nada que ver con ningún ataque de los renegados. ¿Realmente tengo que decirte que hables?" gruñó muy enojado.

Después de eso, cerré los ojos y comencé a contarles lo que había pasado desde el momento en el que supe que Elle era mi pareja hasta hacía dos días. Al terminar, todos guardamos silencio. Solo se escuchan los sollozos de mi madre. No sabía porque lloraba si ella odiaba a Elle tanto como el resto de la manada.

"¿Me estás diciendo que encontraste a tu pareja hace un año, la rechazaste sin darle una oportunidad y no dijiste nada? Y encima de eso ¿me estás diciendo que abusaste de ella durante ese tiempo? ¿De verdad violaste a tu pareja hace dos días?" cuestionó mi padre con enojo. Nunca lo había visto tan nervioso. Mi madre lo tomó de la mano intentando calmarlo, pero él la apartó.

"Brandon, ¿eres est*pido o estás fingiendo? ¡No puede ser, he criado a un tonto! ¡Arréglalo, Brandon!" gritó mi padre dando un puñetazo a la pared. "Ningún hijo mío puede ser tan depravado como para hacer las cosas que me acabas de decir. Si vas a ser el alfa de esta manada, aunque lo dudo después de todo lo que has hecho, tendrás que hacer lo que he estado intentando enseñarte desde que naciste ¡Sé digno! ¡Sé imparcial! Respeta a tu manada y, por último, pero no menos importante, no ignores los caminos que la Diosa de la Luna ha preparado para ti. No importa quiénes sean tus amigos y qué sentimientos personales tengas. Antes que nada, eres un líder, ¡un modelo a seguir! ¡Debería darte vergüenza! Arregla todo esto o puedes despedirte de ser el alfa de esta manada."

"Amor..." escuché decir a mi madre.

"¡Cállate, Thalia! ¡He criado a un sinvergüenza! Si Elle Parker fuera nuestra hija, y tú fueras Karen Parker, y descubres que su pareja abusó de ella durante años, la rechazó y la violó... ¿Qué hubiera hecho? ¿Felicitarías al tipo y le dirías que ha hecho lo correcto?"

Mi padre salió de la habitación dando un portazo y antes de que mi madre fuera detrás de él, susurró: "Sé que tu papá tiene razón y que lo que hiciste estuvo mal, pero esta chica es... es demasiado para soportar." Luego salió llorando del lugar.

Sentía tantos sentimientos contradictorios sobre Elle en ese momento. Estaba enojado, y comenzaba a entrar en pánico, así que me enlacé mentalmente a Michael y lo llamé con urgencia.

"¿La encontraste?" le pregunté tan pronto como entró por la puerta.

"No, tu deseo se ha hecho realidad. Elle está completamente fuera de tu camino. Puedes decir que la tierra se la tragó. No hay señales de ella por ningún lado, solo se llevó algo de ropa y se fue sin dinero ni comida, no se llevó absolutamente nada." Luego, me preguntó un poco desconcertado: "Brandon, ¿crees que esté en problemas?"

"¿Por qué me miras como si fuera el único culpable aquí? Estuviste de acuerdo con todo lo que le hice... "

"Lo sé... soy tan culpable como tú de lo que pasó. Mientras ella fuera sumisa y mantuviera la boca cerrada, no tenía ningún problema en hacerla sufrir. No sé cómo explicártelo, pero cuando ella me dijo que me odiaba, en ese momento sentí que algo se rompía dentro de mí, como si el odio que le tenía se hubiera desvanecido y en su lugar, solo recordara todos los momentos de mi infancia cuando nos amábamos y la protegía. Mis padres murieron por ella y yo me burlé de su sacrificio. No lo sé. No creí que ella pudiera decirme que me odiaba. Siempre creí que mi hermana me querría por siempre, sin importar lo que pasara."

"Michael..." dije lentamente. "La encontraremos. Sé que está viva porque nuestro vínculo sigue intacto. Eso es seguro. Es todo lo que necesito saber. Si no está con nosotros, está a salvo. ¿Qué podría ser peor para ella que ser mi pareja?" pregunté con amargura.

"¡Debemos encontrarla, Brandon! ¡No puede ser! ¿Qué he hecho?"

Capítulo 3 Capítulo 3 ¡Necesitamos tu sangre!

Tomé mi pequeño equipaje y dejé a la manada Luna Dorada. Todavía era parte de ella, pero estaba lo suficientemente lejos como para que no detectaran mi presencia. El desafortunado evento de mi cumpleaños me había dolido tan profundamente que estuve a punto de suicidarme, pero sabía que más allá de la ira que sentía, debía haber algo más en este mundo para mí.

Athena estaba conmigo. No podía creer que tenía una loba. El incidente de mi cumpleaños la había hecho salir a la superficie, mucho antes de lo que había planeado. Mi primera transformación se arreglaría cuando ella lo deseara, pero me bastaba con saber que ella estaba conmigo. En tan poco tiempo, ella me había enseñado a disimular mi olor para hacer indetectable mi presencia y a cazar para sobrevivir, prácticamente en los últimos cuatro meses estuvimos solo nosotras dos, solas en el corazón de las montañas. Había aprendido muchas cosas con ella. Vivía como un ermitaño, pero eso era todo lo que necesitaba para encontrarme a mí misma después de tantos años viviendo con el ruido, la ira, llegando a creer que era normal vivir de esa manera. La manada me había hecho pensar que me merecía lo que me estaba pasando.

Nadie merecía vivir así.

Durante esos últimos meses, había estado viviendo en una pequeña cueva situada dentro del parque nacional de Yellowstone. Nuestra manada estaba en el estado de Montana y, afortunadamente, gran parte de ese parque estaba en nuestro territorio. Así que, tenía todo un lugar protegido y parcialmente habitado a mi disposición para cobijarme. Solo cazaba por las necesidades básicas, ya que odiaba lastimar a los animales. Y con la ayuda de Athena aprendí a evitar a otros hombres lobo. Podía decir que era indetectable, razón por la cual pretendía quedarme un tiempo ahí, hasta que decidiera qué hacer con mi vida.

La manada Luna Dorada estaba a unos 50 kilómetros de donde estaba en ese momento. Todavía no había roto los lazos con ellos, ya que pensaba que no era prudente ser una renegada mientras estuviera lejos. Todas las cosas tomaban su tiempo. Y se suponía que iba a ser un día normal. Todos los días tenía una pequeña charla con mi lobo en la primera hora, me bañaba rápido en las cataratas de Undine, luego cazaba un conejo o un pájaro para tener algo de comer en los próximos días y al final trataba de relajarme y encontrar un poco de paz. Esa era mi rutina diaria, pero parecía que ese día las cosas no saldrían como lo había pensado debido a que, justo cuando salía del agua, comencé a escuchar ruidos cerca del lugar.

"Elle," escuché decir a Athena. "Escóndete..."

Inmediatamente me puse la ropa y traté de enmascarar mi presencia, intentando captar al menos un fragmento de lo que estaba sucediendo. Había más de 100 renegados casi cerca del lugar. Nunca había visto una reunión como esa en mi vida, ni siquiera el día que mis padres habían muerto. Solo esperaba que no se dirigieran a la manada Luna Dorada. A pesar de que tenían alrededor de 1200 miembros, más de la mitad eran niños y ancianos y solo casi 300, eran los combatientes reales. Eran muchos, pero no lo suficientes para un ataque masivo. Sin embargo, aunque los odiaba, no deseaba que nadie muriera a manos de unos m*lditos renegados. Tan solo uno de ellos era como un perro rabioso, cuanto más tiempo permanecía solo, más peligroso se volvía. Por eso no quería romper los lazos con la manada. Sentir que pertenecía a una manada, y de tener la proximidad con tu compañero predestinado hacía que la salud mental se mantuviera firme. Además, recientemente me habían dado la oportunidad de tener una pareja.

"Athena, sigámoslos desde lejos," dije un poco desconcertada. No entendía lo que querían hacer ni tampoco sabía hacia dónde iban.

Después de dos horas de escabullirme tras ellos, lo comprendí. No estaban en tránsito. Su objetivo era la manada Luna Dorada.

"¡No puede ser! Athena, ¿qué vamos a hacer?" pregunté con pánico.

Odiaba a la manada, aunque solo unos pocos miembros no me habían tratado mal. Pero ¿realmente deseaba que fueran heridos y asesinados por los renegados? ¡Definitivamente no!

"No intentaremos nada, Elle," dijo Athena con seriedad. "Estamos viendo lo que está pasando y si es necesario veremos si es posible ayudar."

"Pero... ¡hay muchos niños, Athena!" exclamé con pánico.

"No fuerces las cosas, Elle. Mi hora aún no ha llegado."

¡Aún no era su hora, aún no era su hora!

"Tengo curiosidad por saber si hubieras estado aquí conmigo, Athena, si Brandon no me hubiera lastimado tanto hace 4 meses, probablemente todavía estaría sin loba."

"Es lo más probable, pero ahora estoy aquí diciéndote que mantengas la calma."

Yo obedecí y decidí seguir escondida con temor a molestarla.

"Ahh, Athena... esto es un chantaje emocional ¡M*ldita sea!"

Después de una hora, vi cómo algunos renegados se acercaban a la manada y solo podía pedir: "Por favor Diosa, protégelos, al menos a los niños... ¡M*ldita sea! ¡Protégelos a todos!"

"¿A todos?" Athena preguntó con un ligero tono de burla... como si la viera levantar una ceja y mirarme con molestia.

"Todos..." repetí en voz baja.

"¿Incluso a nuestro travieso y traicionero hermano?"

Yo guardé silencio.

"¿Incluso a Jacob y Jake Sullivan? Lo cual, ahora que lo pienso, creo que debí haberlos golpeado más fuerte..."

Tragué saliva y cerré los ojos.

"Incluso Bran..."

"Suficiente, Athena, sé a dónde quieres llegar. ¡Todos! Mi vida cambió de la peor manera por un ataque más pequeño que este. Necesitamos poder hacer algo. Necesitamos al menos advertirles."

"No hay necesidad de hacer eso... escucha con atención."

Athena tenía razón, la manada Luna Dorada había sentido a las tropas de los renegados, por lo que no fue posible tomarlos por sorpresa.

Sin embargo, los siguientes minutos eran una pesadilla. Los combatientes de la manada Luna Dorada estaban situados detrás de Brandon, Michael, Jacob y Jake, quienes eran encabezados por Alfa Taylor y Sullivan Gamma. Por muy extraño que pareciera, después de la muerte de mi padre, Alfa Taylor no quiso reemplazarlo por nadie más. Después de verlos, alcancé a notar la tensión en sus rostros y escuché a Jacob decir: "¡Estamos jodidos!"

El ataque era francamente siniestro. Batallaron mucho para luchar contra la multitud frente a ellos, haciendo todo lo posible para mantenerlos alejados de la manada y proteger a los que se habían quedado en casa. Afortunadamente, no había sido un ataque sorpresa, pero era evidente que eran superados. Por mi parte, permanecí escondida mientras los veía caer uno por uno, tanto a los renegados como algunos miembros de la manada.

"¡Jacob!" De repente escuché a Brandon gritar, pero era demasiado tarde. Jacob había sido agredido y destrozado por dos de los renegados. Todo pasaba tan rápido que sentía que me iba a desmayar, mientras comenzaba a temblar.

"Elle, mantén la calma," escuché decir a Athena.

Michael estaba adolorido, había logrado liberarse y escapar, pero no por mucho tiempo. Había tanta sangre alrededor, que en media hora ya estaba muy claro que la manada iba perdiendo, cuando de repente todo se calmó en mi mente. Ya no escuchaba nada. Nada de gritos de dolor, de ataque, ni gruñidos ni golpes. Todo estaba en calma.

Nadie volvería a morir, tenía que ayudarlos. De repente, al abrir los ojos, vi a Michael agitado y lleno de sangre tratando de levantar a Brandon quien parecía sin vida, mientras Alfa Taylor intentaba arrastrarse hacia él. Jake también trataba de ayudar a su padre herido y los combatientes no sabían qué hacer sin sus líderes. Todo era un caos. Si seguían así, todos iban a morir.

"¡Athena, ayúdame!" exclamé mientras corría hacia el campo de batalla.

"¡Elle, no!" ella gritó, pero no me importaba lo que tuviera que decir. ¡Estaría sin la manada cuando yo quisiera, no cuando las tropas de renegados querían! ¡Si iba a morir ese día, que así fuera! Pero no me iba quedar sin hacer nada.

Empecé a correr y a gritar lo más fuerte que podía, cuando salió mi primer gruñido. Estaba casi asustada de poder escuchar el poder de mi rugido. Y en cuanto me lancé a la pelea y toqué el suelo con mis pies, saltando de la roca donde estaba escondida, me di cuenta de que estaba en cuatro patas. 4 patas enormes. ¡Santa mi*rda! ¡Era una loba! ¡Y era una enorme!

"Ahora no, Elle. ¡Yo te cuidaré, lucha ahora! Eso es lo que querías, ¿no es así? ¡Pelea!"

Miré a Alfa Taylor en el suelo mirándome sorprendido y luego noté que la boca de Michael estaba abierta mientras intentaba proteger a Brandon, quien todavía estaba inconsciente y lleno de sangre con el abdomen desgarrado.

Miré a mi alrededor y analicé la situación. Athena era la diosa de la sabiduría y la guerra. No en vano mi loba tenía ese nombre. Así que inmediatamente tomé la iniciativa.

"¡Agrúpense!" grité a los combatientes. "¡Manténganse en grupos y protejan sus espaldas!"

No tenía idea de cómo me las había arreglado, pero rápidamente los combatientes obedecieron mi orden y comenzaron a pelear en grupos. Después de dos horas, el silencio cayó sobre nuestro campo de batalla. Muchos miembros de la manada murieron, pero por el momento ningún renegado se movía. No podía creer que había matado a casi 30 de ellos por mi cuenta.

Me senté y miré a mi alrededor. Solo nuestros combatientes estaban de pie y me miraban conmocionados. Estaba segura de que ya habían descubierto quién era y que siendo la pareja de Brandon debería ser la futura luna de esa manada. De lo contrario, bajo ninguna circunstancia hubieran obedecido a mis ordenes si no hubiera puesto un comando de luna.

Luego de unos momentos, ellos agacharon la cabeza y se inclinaron frente a mí.

"Gracias, Luna. Nos has salvado hoy." dijo avergonzado el jefe de los combatientes antes de arrodillarse ante mí, mientras Alfa Taylor y Michael observaban la escena sorprendidos.

Aún tenía forma de loba y noté que tenía una imagen fenomenal. No estaba segura de lo grande que era, pero la mayoría de los renegados eran más pequeños que yo. Los únicos que tenían un tamaño similar eran Alfa Taylor y Brandon.

"No soy tu luna. No soy la luna y nunca lo seré," aclaré sin rodeos. "Ayuda a los heridos. Algunos están en graves condiciones."

"Claro, Luna," respondió con alegría.

Yo asentí con desaprobación para luego dirigirme hacia Alfa Taylor, que se encontraba junto a Brandon, mientras que Michael seguía en estado de shock.

"Nos salvaste hoy. Gracias, Elle," dijo Alfa Taylor.

"No tienes nada que agradecerme. Solo hice lo que era normal." Luego de eso, miré a Michael con lágrimas en sus ojos. Estaba visiblemente herido, pero estaba tratando de apoyar a Brandon.

"Ponlo en mi espalda, lo llevaré al hospital." Segundos después, Michael y Alfa Taylor lo colocaron sobre mi espalda con cuidado y comencé a correr con él hacia el hospital. Detrás de mí venía el resto de la manada, cargando a los heridos y a los muertos.

Mi aparición con Brandon casi muerto sobre mi espalda creó un gran impacto. Luna Thalia se apresuró a bajarlo y los médicos se lo llevaron de inmediato. Todo sucedió tan rápido que no tenía tiempo de darme cuenta de lo que sucedía a mi alrededor. De nuevo comenzaba a sentir la ira en mi interior. Estaba en el lugar donde más había sufrido. Seis años atrás, cuando era solo una niña, todos me culpaban por no poder levantarme y hacer que otros lucharan por mí, pero ese día por fin pude vengarme. Y vaya manera de hacerlo...

"Elle," dijo Michael detrás de mí. "Te traje algo de ropa."

Tomé la ropa sin mirarlo y me convertí en un ser humano. Después de unos minutos estaba de nuevo frente al hospital viendo a los miembros de la manada llevar a sus heridos.

"Elle..." dijo Michael de nuevo. "Lo siento."

Yo guardé silencio. Era mi hermano, el hombre que más había amado en este mundo y, sin embargo, el que más daño me había hecho, alguien que había cambiado su amor por un odio sin motivo.

"¡Cállate, Michael! Solo quiero que te calles."

"Lo siento mucho, mucho..." lo escuché llorar a mi lado.

"¿Cómo está Jake? Lo siento por Jacob." dije queriendo cambiar de tema.

"¿Y Brandon?" pregunté.

"Brandon está en coma. No sabemos cuándo se recuperará. Ha perdido mucha sangre, pero vivirá. Estará en esa condición por mucho tiempo." comentó Michael.

"Pero él vivirá mientras otros han perdido la vida." Quería irme, pero de repente escuché a Luna Thalia llamarme por mi nombre.

"¡Elle, por favor ayuda a Brandon!"

"¿Qué quieres de mí, Luna Thalia? ¿Acaso no lo traje vivo a casa? ¿Qué más puedo hacer?" Sabía que ella era su madre y lo amaba, pero no podía olvidar que ella me odiaba. Me parecía un atrevimiento pedirme que ayudara a Brandon.

"Por favor, Elle. Necesita a su pareja a su lado para recuperarse rápidamente. Los médicos dicen que podría tardar meses en despertar."

"Me estás pidiendo demasiado, Thalia. No soy su pareja, no sabes lo que ha hecho tu hijo para pedirme eso."

"Sé lo que ha hecho, y sé que es culpa suya, pero es mi único hijo. Tiene que vivir."

"No puedo, lo siento..." respondí antes de salir del hospital.

Sin embargo, momentos después tuve una discusión con Athena y regresé al lugar para dirigirme directamente a la sala donde se encontraba Brandon, mientras sus padres y Michael me miraban con asombro.

"¿Qué necesitas?" le pregunté a los médicos. "Soy su compañera predestinada. Él me rechazó, pero aún no lo he aceptado. Lo resolveré después, cuando se despierte. Pero por ahora, ¿qué necesitas?"

"Necesitamos tu sangre primero. La sangre de su compañera lo ayudará a fortalecerse y recuperarse más rápido. El vínculo realmente ayudará." respondió uno de los médicos.

"No hay vínculo," dije con ironía. "Es normal que quieras mi sangre, eso es lo que él siempre ha querido en los últimos años. tal vez todavía la tenga," agregué, sentándome en la silla al mismo tiempo que enrollaba mis mangas.

"¡Dale mi sangre!"

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