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Más que extraños

Más que extraños

Autor: : Cass Hart
Género: Moderno
Su nombre es Sabrina y trabaja como acompañante para hombres dispuestos a pagar bien. Al inicio pensó que era denigrante, pero el dinero que recogería tras un año de trabajo sería el suficiente para abandonar el país en el que vive y empezar de cero, en un país donde nadie va a conocerla. Las cosas se complican cuando su verdadera familia aparece, una gemela incluida quien es el epítome de la pureza. ¿Calzará Sabrina entre los aristócratas que tiene por familiares o terminará yéndose lejos de todos?

Capítulo 1          ˜ *°• Narra Sabrina •°* ˜

Mi nombre es Sabrina, entre muchas cosas que soy, soy adicta a las relaciones intimas. Podría decirles que la vida me llevó a esto, también podría decirles que me vi forzada porque tenía necesidades económicas, podría decirles un montón de cosas -las cuales son ciertas- sin embargo, ahora que llevo un tiempo en esto he descubierto que me encanta esta vida.

Claro que me siento como una de las protagonistas de novelas misteriosas, de esas damas misteriosas que llevan dos vidas en una. Porque en casa nadie sabe lo que hago, jamás podría decir lo que hago pero eso mismo, ese secretismo me obliga a esconder el dinero que gano.

Para poder contribuir, digo que de repente consigo un pequeño trabajo haciendo una cosa u otra y luego, poco a poco meto a casa poquito dinero para contribuir a la economía del hogar.

Pero debo ser cuidadosa porque si en casa supiesen a lo que me dedico, podrían sentirse muy descorazonados porque esta profesión me ha enseñado que las personas que critican a los que tenemos esta profesión son simple y sencillamente mojigatos porque el sexo es una cosa deliciosa y si además se puede obtener dinero por ello qué mejor que eso.

por eso también tengo certeza de que si supieran sobre la cantidad de dinero que tengo en las cuentas del banco se irían de espaldas.

Una vez leí en un libro, que muchas veces podemos estar en un lugar con mucha gente alrededor pero aun así sentirnos realmente solos. Y es realmente difícil no dejar que esas emociones me afecten porque aunque quisiera dejar de hacer lo que hago, entré en este mundo sabiendo a lo que venía.

Y aunque suene insólito, las personas con las que estoy cada noche me hacen sentir que durante ese breve instante en que estamos juntos, soy su mundo entero y quizás más que el dinero en sí, me gusta esa sensación de sentir que soy el mundo entero de alguien.

No sé si es el síndrome del niño abandonado, no sé si el sentir que mis padres me botaron como basura es lo que me tiene anhelando muestras de afecto aunque sean falsas.

Y casi siempre prefiero hombres muy mayores, no me importa cómo se ven, aunque como mis servicios son caros, los que vienen a mi son hombres guapos, que se mantienen en buena forma, que visten bien.

Uno de ellos, me ha pedido de forma exclusiva y quiere hasta casarse conmigo. No negaré que me vi realmente tentada, pero las mujeres como yo no podemos realmente anhelar ser esposas, esos puestos son para mujeres con cierto decoro.

No es que no pueda casarme, pero mi esposo viviría siempre pensando que sigo en esa vida, es lo lógico. Y además, no quería atarme a nadie. Por eso es quien más me paga y sabe que estoy siempre a su disposición.

Su nombre es Hugo, un multimillonario originario de España quien está en Colombia por un asunto de negocios. Envía autos por mí a las afueras de la ciudad y me reúno con él en su oficina.

Con Hugo no es sexo, de alguna manera es como si hiciéramos el amor, es dulce, amable y me quiere a la buena. Pero no soy quien debe estar con él y tras nuestro último encuentro, nos hemos dicho adiós.

En mi cuenta bancaria, una que oculto de mi jefe y del mundo, tengo una parte del dinero que gano, y Hugo ha añadido casi cien mil dólares.

-Para que puedas huir.

-No puedo aceptarlo.

-No tengo hijos, ya eres mi beneficiaria en caso de que muera.

-Acepto los cien mil pero no el resto. Busca alguna organización de beneficencia, y déjales el dinero.

-Te amo, lo sabes Sabrina.

-Lo sé. Por eso no debemos vernos más.

Lloro de camino a casa, lloro porque ese es un buen hombre, pero debo recomponerme, no puedo ser malagradecida con mi historia de vida. Sin embargo eso no quiere decir que la vida me resulte fácil y aunque me avergüence aceptarlo muchas veces he pensado en quitarme la vida.

¿Por qué? por qué toda la gente que está a mi alrededor independientemente de si son felices o no parecen de cierta forma, tener un rumbo en sus vidas, saben quiénes son, qué es lo que quieren en cambio yo, no sé quién soy, no sé de dónde vengo, no sé sobre las condiciones en las que acabé viviendo con mi tía, y todo tipo de situaciones me llevan a preguntarme ¿por qué estoy aquí? ¿porque estoy viva? ¿para que estoy aquí? ¿y para que estoy viva?

Hay una frase que me encanta que dice lo siguiente:

Cuando la vida te da limones hay que hacer limonada.

Esa es una de mis frases favoritas, mi mantra. y los mantras son algo positivo y poderoso, porque muchas veces uno puede sentir que la vida va muy cuesta arriba, pero esas pequeñas frases motivacionales nos hacen sentir, que quizás tenemos algo en común con la persona que la escribió, o que muchas otras personas que la leen se sentirán identificados lo que nos hace afines.

Por decirlo de alguna manera.

Sé lo que dije antes, eso de que me gustaría a veces quitarme la vida pero a pesar de eso considero que soy positiva, en especial tras el desastre que tengo tras de mí, a ese que llaman vida. Porque de lo contrario no estaría viva.

Sí me he cortado en algunas ocasiones, pero siempre en lugares poco visibles, los muslos entre mis piernas son mi sitio favorito porque nadie lo ve, y para mis clientes es una muestra de que quizás me gusta un poco salvaje aunque siempre les digo que eso fue en una vida pasada, y que en estos momentos ya no me gusta hacer ese tipo de cosas.

Les miento, les digo que uno de mis clientes casi me mata, pero la verdad es que les doy un servicio tan bueno que ni siquiera piensan en subir de nivel. De momento no he tenido sádicos entre mis clientes y lo agradezco, mucho tiene que ver que quien me consigue los clientes sabe qué es lo que quiero.

Me gustan los hombres sumisos que quieren que las mujeres los dominen, que les apliquen cierto tipo de violencia sobre ellos. Porque no me gusta sentirme indefensa, me gusta sentirme en control todo debido quizás a que en mi vida no tenía control de nada, sobre los aspectos que rigen cada día de mi existir.

Nunca he podido elegir realmente lo que quiero hacer, por eso es que quizás a la hora de estar con mis clientes me gusta sentir que en ese momento soy quien lleva la batuta

Hay muchas cosas que me gustaría contarles sobre mí, como cuál es mi color favorito, mi cantante de música favorito, mi género de música favorito, el tipo de ropa que me gusta usar y cual no, sin embargo y aunque no me lo crean no tengo la menor idea de nada de lo anterior.

Y no soy mal agradecida con la persona que me tiene aquí, quien me ha dado todo. Pero ustedes comprenderán que uno necesita saber la verdad sobre su origen para poder sentirse relativamente seguro, porque creo que si todos sabemos sobre nuestro origen sea bueno o malo, podemos construir un futuro.

Pero es necesario saber de dónde venimos, conocer nuestro pasado para poder tener un futuro. Ese cuento de que el pasado no importa es una total mentira, eso de que lo único que se necesita para construirse el futuro es el presente, eso es falso.

El pasado forma las bases del futuro. Y en mi caso, hay muchísimas cosas sin respuesta y eso me afecta.

Es que siento que faltan más cosas en mi vida, mi vida es una especie de rompecabezas que no tiene la última pieza y yo soy la pieza, esa que es la que encaja en el rompecabezas que define mi vida. Pero no tengo la menor idea de cómo acomodarme como acomodar esa pieza faltante.

Vivo en Villa de Leiva, Colombia. Un sitio hermoso, uno de los más bellos de toda Colombia. Durante mis años de infancia no me constaba pues nunca había salido de aquí, ahora gracias a mi trabajo, he ido varias veces a Bogotá -que está a tres horas más o menos-. Y es cierto, el lugar dónde me he criado es realmente hermoso. Pero he sido cuidadosa en ocultárselo a mi tía. Es importante que no lo sepa porque ella podría enloquecer.

No soy tonta, sé que algo me oculta la persona que me ha criado, por eso a veces cuando sale de la casa, busco en sus cajones tratando de encontrar algo que revele información sobre mi vida y sobre todo aquello que esconde pero no hay nada, nada en lo absoluto.

Debido a esto no he dormido, no mucho al menos y mientras me bebo un buen café pienso un poco en todo. Por ejemplo los monstruos.

Si, no estoy bromeando, en mi día a día hay unos cuantos monstruos, unos que me acosan en mis sueños. En ellos estoy dentro de una habitación oscura, hace frio y tengo hambre. Cada vez que se abre la puerta, una persona entra a dejarme comida pero cuando le hablo me mira con enojo, y está tan oscuro que no le veo bien el cuerpo, lo único que veo bien son un par de ojos rojos, tan rojos como la sangre que me miran tan fijamente que guardo silencio.

Al inicio lloraba y llamaba pidiendo ayuda, luego aprendí que pedir ayuda no funcionaba porque me decían que no podía querer de verdad, hablar sobre cosas que eran solo sueños estúpidos.

Aunque no comprendía porque quien acudía ante mis gritos, parecía querer cambiar de tema aprisa, era como si fuesen recuerdos que querían que mantuviera ocultos bajo las sombras de mis recuerdos.

Absurdo lo sé.

Si hablamos sobre sueños, hay unos que no son malos, porque son aquellos sobre nuestros planes a futuro, aquellos que encierran los anhelos de cada corazón y aunque no lo crean, he tenido sueños como todos los niños, pero a mis dieciocho años puedo decir que he hecho muy poco, porque aunque suene algo amargado los sueños son solo eso, sueños. y como adulta que soy debo entender, que en la vida tenemos que agarrarnos a las cosas que tenemos a mano, las cuales podemos tocar, percibir y de cierta forma usar, para lograr ser alguien en la vida.

A veces pienso que me gustaría ser enfermera, pero aquí en mi ciudad es algo difícil trabajar en eso y quien me ha criado, hasta el momento me asegura que mi vida depende de que no salgamos de este pueblo, cosa que hace mi día a día un poco más interesante porque de verdad...¿quién podría querer matarme a mí? o ¿quién podría querer secuestrarme? ¿quién podría querer hacerme algo si nunca he salido de aquí?

Nunca he visto a nadie más que no sean los habitantes de este pequeño pueblo, con los que aunque no me llevo de maravilla, tampoco tengo según recuerdo, algún problema horrible. Nunca, ninguno de ellos ha hecho algo que me haga sentir que quieren amenazar mi vida.

Así que me parece que quién me cría en esta aislada comunidad, se ha vuelto un poco cucú, ya que no hay nada ni medianamente interesante que hacer, salvo vivir día a día.

No hay emociones, ni cosas locas, solo una interminable ronda de cosas repetitivas. No soy malagradecida y doy gracias a Dios de que tengo conmigo a una persona capaz de dar su vida por mí. Y no hablo de mi madre.

No.

Hablo de mi tía Leticia.

Vivo con ella y con su hijo Héctor. Entre ambos hay más animadversión qué una relación medianamente normal y eso que somos primos, en teoría.

No tengo recuerdos positivos y eso que cuando era más niña trataba de agradarle porque era un poco mayor que yo, le seguía a todas partes y un día cansado de tenerme siempre cerca me empujó al lodo. Sus amigos empezaron a decirle un montón de cosas por atacar a una pequeña niña y lejos de sentir vergüenza me miró con odio y eso me volvió el blanco de sus ataques.

Y fue una infancia bastante dura, porque mi verdugo vivía conmigo en casa. Los problemas reales comenzaron cuando llegó la adolescencia y con ella mis cambios físicos, porque pasé de ser la persona a la que podía molestar, a la persona con la que quería acostarse y para mí era poco decente pensar en él conmigo en algo íntimo.

Ni siquiera novio había tenido, por lo que al momento en que hizo sus primeras declaraciones sobre sus intereses físicos en mí, me asusté. Entonces me dijo que si le decía algo a mi tía me mataría y después de ver los niveles de agresividad con los que él me trataba siempre, realmente consideré que podía matarme y tenía miedo, no quería morir.

Eso no significó que lo dejé hacerme nada, porque siempre trataba de encerrarme en mi habitación, o de estar con mi tía cuando llegaba a casa.

Nunca... nunca me quedaba a solas con él porque no quería darle la más pequeña oportunidad de poder hacerme algo. Pero obviamente, era una experiencia totalmente agotadora. Un poco después, debido al miedo que le tenía ponía mi colchón en el piso y acababa durmiendo recostada contra la puerta para poder saber si trataba de entrar a mi cuarto.

No era valiente y además, si puedo ser honesta, temía que si decía algo, yo sería arrojada a la calle. Mi lógica me decía que ella, como madre de Héctor lo escogería a él.

Y conmigo mi tía era la persona más dulce y no quería dañar nuestra relación, porque le debía demasiado. Mi tío emigró a otro país para poder subsistir y así apoyar a mi tía en todo lo económico, pero eso no quiere decir que me incluya, dado que no soy su hija y eso no me molesta. ¿Cómo enojarme por su forma de sentir cuando es realista? Más bien agradezco que no me arrojara a la calle.

Capítulo 2              ˜ *°• Narra Sabrina •°* ˜

Vivo en un pueblo lejos de la ciudad; es un sitio pequeño, del que me gustaría irme. Aquí como que los vecinos no tienen nada mejor que hacer que meterse en la vida de los demás, les encanta estar pendientes de cada cosa que otro hace, no sé si eso es en todo el mundo, pero en el lugar donde vivo es así y peor. Aquí se dan cuenta en un dos por tres si te tiras una petulancia o de que si tu marido te la ha pegado, hasta si una adolescente pasa hacer señorita, es terrible.

Bien lo dice aquel refrán: "pueblo chico infierno grande".

Mi vida no es sencilla y se debe a mi aspecto. No sufro de problemas psicológicos, nada está en mi mente. Sufro de humillaciones debido a que soy de piel muy blanca y ojos azules. Me pregunto que tiene que ver que sea de piel blanca y de ojos azules, cualquier persona puede que sea igual que mi persona, lamentablemente en este pueblo no hay una persona que sea buena y menos se parezca a mi persona.

No sé decirles de quién lo heredé aunque asumo que de mi padre, porque la familia de mamá es toda de piel más oscura, pero el detalle es que nadie quiere creerme, para ellos es bueno criticar y criticar, la envidia abunda en este pueblo. Bueno podría decirse que resalto mucho entre todos en el pueblo y eso es lo malo porque se dice que opaco a las demás chicas del pueblo, claro que he intentado decirles que no quiero ser más que ella y menos quiero imitarlas, no sé por qué tanta competencia.

Pero verme de la forma en que lo hago, generó que durante mi infancia las otras niñas no me quisieran de amiga, sí, acabé mis estudios secundarios a pesar de lo que sufrí. Se puede decir que era la chica nerd, esa niña que contestaba todo lo que la maestra preguntaba, y ese mi pecado, para muchas sobresaltaba, jamás fue mi intención.

Me acostumbré a ver a mi tía como si fuese mi propia madre, se lo agradezco porque recoger una niña... eso no lo hace cualquiera. Mamá-aunque no sé si merece el título-me abandonó cuando solo tenía tres años.

Me pregunto todos los días de mi vida, ¿qué culpa tiene una bebé? Porque hay personas que se ponen a traer bebés al mundo si no lo van a querer después, todo eso es inédito. Son seres humanos que no deben estar en este mundo.

Ella se escudó en que como me tuvo siendo tan solo una niña de quince años había sido difícil, pero sin embargo al llegar a la mayoría de edad corrió hacia el primer hombre gringo que la mirara bonito. De mi madre solo obtuve odio, rencor, desprecio y rechazo. No sé que pecado estaré cometiendo en esta tierra, ya que mi propia madre me ha despreciado, me ha dejado sin antes darme la oportunidad de estar con ella. No... Me duele recordar lo que ella me ha hecho.

Mi tía dice que la perdone, ¿pero cómo puedo perdonar a alguien que nunca me quiso? Y muchas veces me pregunto qué pude haber hecho, qué le causé para que por mí sintiera amargura, odio y rencor. Y por eso no puedo pensar en perdonar, no puedo perdonar algo que jamás podre olvidar, me siento tan lastimada que lo último que puedo pensar es perdonar a una persona que solo me ha demostrado mal amor y desprecio.

Es que no comprendo, ella pudo abortarme, así que en algún punto de su vida tuvo que quererme, aunque fuese un poco y sin embargo, no creo que pueda perdonarle lo que me hizo.

Porque no es como si mi tía fuese millonaria y que mi madre me abandonó para que viviese mejor.

Y cuando niña, crecí sintiendo que era mala, que había algo mal en mí-y debía haberlo, pues mi madre me había abandonado.

He sido señalada, insultada y llamada bastarda. Pero nunca dejé que mi tía supiera o no sobre todo al menos, porque ella hacía lo mejor que podía y haberme quejado hubiese sido algo rastrero de mi parte.

Cuando muy niña, le dejaba cartas a Santa Claus; los reyes magos, los santos y a mi Dios todopoderoso; quería que me regalaran unos padres que me quisieran, que me llevaran a clase, que me llevaran de paseo, que me contaran un cuento antes de dormir y que me dieran unos buenos días o unas buenas noches.

¿Por qué no tuve la suerte de todo niño?

Pero conforme pasó el tiempo entendí que así no son las cosas y que yo debía entender que el dolor del abandono lo tenía que dejar atrás y seguir con mi vida, y jurar que jamás abandonaría a mis propios hijos y que los querría como se supone, una madre ama a sus propios hijos.

No sé cuáles fueron los motivos de mi padre para nunca hacer acto de presencia, porque de acuerdo con mi tía mi madre dijo muchas cosas feas de él. Lo que resultaba irónico viniendo de alguien que me abandonó sin siquiera mirar atrás.

A veces se me vienen una que otra idea de que mi padre alejo de nosotras por la actitud de ella. Siento que ella hizo algo malo, puede que me esuche como una chica machista, pero es que mi madre deja mucho que desear.

Mi madre iba tras el dinero de los hombres, eso lo tenía claro. Pero hay una frase muy conocida que dice: Cada oveja con su pareja.

Una persona pobre, debía estar con alguien de su mismo estatus social porque si no siempre atraería las miradas. Lo lógico es que se piense que la persona pobre buscó a la millonaria por interés.

Hay muchas formas en las que los millonarios criticarían a una pobre. Sé que todas las personas somos iguales en el sentido de que somos seres humanos, pero la diferencia es el círculo social, uno que nace en cuna de oro y otros no, así se divide nuestra sociedad. A veces el mundo puede ser tan cruel con la vida, pero lo que uno puede hacer es acoplarse y vivir con la vida que Dios te ha dado, aprovechar del aliento de vida, aunque pienses que no deseas estar en este mundo horrible.

Y agradezco el tener a mi tía, ella me ha dado todo. También tengo novio, llevamos juntos tres años y no me arrepiento de los momentos únicos que he pasado con él.

¿Cómo en este pueblo encontré novio? No es tan difícil de explicar. Un día mientras iba a caminar, llego uno de los residentes más misteriosos, ese que me miraba de lejos y se me acercó.

-Hola hermosa.

-Hola.

-Quisiera saber si quieres trabajo.

-¿Trabajo de qué?

-Anfitriona para fiestas de hombres ricos.

-No creo, lo mío en definitiva no es el trabajo así. Además mi tía no me deja salir de aquí.

-Una pena cariño. Nos vemos luego.

Ese hombre misterioso apareció-desde entonces-cada vez que lo necesitaba. Si alguien me seguía el me defendía, me invitó a ir a su casa cuando en una de las ocasiones me golpearon fuerte y me dijo que era para evitarle un susto a mi tía.

Esa noche fue mi primera noche en la casa de un hombre y la primera vez que toqué a un hombre de forma intima y la primera vez que alguien me tocó ahí abajo.

Todo empezó unas horas antes, había salido a comprar a la tienda y uno de los mismos borrachos de siempre se me vino encima, ansioso de obtener algo de dinero. No sé porque cuando lo que encontró fue casi nada, me golpeo el rostro.

Cuando creí que me seguiría golpeando, la camioneta de mi salvador-por cierto, no les he dicho que su nombre es Jorge-se detiene y bajan dos guardaespaldas que lo alejan mientras Jorge me toma en brazos.

-Vamos a mi casa.

-Debo ir a la mía.

-Tu tía está fuera hasta tarde, eso me dijiste sobre los días lunes.

-Si.

-Te llevaré de regreso antes de que ella vuelva, porque tienes muy lastimado el pómulo.

Jorge me sienta sobre su regazo y comienza a acariciarme la espalda, al inicio, cuando me retuerzo porque me ha hecho cosquillas, él lo ha tomado como que sus caricias me encendían. Sus manos, me daban caricias más lentas, desde mi espalda hacia mis nalgas y empecé a sentir que me latía la zona vaginal. Y cuando lo oí gemir, enterrando su rostro entre mis cabellos, alguna bestia oscura que habitaba dentro de mí, tomó el control.

Me senté a horcajadas sobre él y empecé a contonearme, sus manos grandes y fuertes me agarraban las caderas y me movían, generando que me frotara contra su miembro.

De pronto recordé dónde estaba y miré que el vidrio frontal que nos separaba del frente del vehículo había sido corrido y que estábamos a solas.

-Sabrina, te necesito.

-Nunca lo he hecho.

Mi cuerpo lo desea, pero hay una parte de mi que tiene miedo, una de las cosas es porque no soy experta y otra es que soy virgen. Ya debo de dejar de ser tan mojigata y dejar que mi cuerpo se deje llevar por el deseo.

-Me gustas, iremos a casa y quiero que dejes las cosas fluir.

Y sí, era mi primera exposición a sensaciones de ese tipo y mi ropa interior, mostraba la humedad inocente que me hacía querer más.

Tras acomodarme la ropa entramos a su casa, ya a la luz de la habitación, vi que aun seguía excitado lo que me sorprendió.

-Siéntate a mi lado.

Me siento y su mano toma la mía y la coloca ahí sobre su abultado miembro. No se quita la ropa, solo me pide que le acaricie y pronto descubro cuan susceptible es a mi toque. Su cabeza va atrás y gime.

Me toma de los hombros y me recuesta en la cama, lo veo desvestirse y me asusto.

-Tranquila, no te quitarás la ropa. Me acostare sobre ti y me frotaré. Necesito eso Sabrina, mi amor.

Su voz, su porte su todo, ese hombre era hermoso y mirándolo a los ojos, sintiéndome poderosa, abro mis piernas invitándolo a que toque mi cuerpo. Acerca su cara, ahí sobre mi ropa pasa su nariz por mi zona íntima y eso envía golpes de calor a mi cuerpo.

Siendo honesto en su declaración, él se ha acostado entre mis piernas y se mueve con la misma cadencia que usa alguien que esta penetrando a su pareja y aunque es de esa forma, me encuentro moviéndome y restregándome.

Un orgasmo me golpea fuerte y gimo, lo veo alejarse y meterse al baño, por sus gemidos sé que está terminando de estimularse.

Luego de aquella noche, no nos vimos mucho. Mi tía, ella miró mi cuerpo y parecía como si pudiese adivinar que me restregaba con mi amigo cada que tenía oportunidad y Jorge, este decía que le gustaba, que era una de las experiencias eróticas más intensas que hubiese tenido en su vida y lo agradecía. No quería ir mas allá, porque aunque nos separaba mi ropa, sentía que era un muro de seguridad.

Capítulo 3    ˜ *°• Narra Sabrina •°* ˜

Y de eso han pasado tres años, aunque hasta empezamos a salir y nos hicimos novios, de toqueteos y manoseos no pasamos y parece ser que ya Jorge quiere subir de nivel.

Tenemos sexo oral, pero no me ha quitado mi virginidad-en el sentido estricto de lo fisiológico, claro está- pero sigo con mi himen intacto así que aun soy virgen.

Y se que quiere subir de nivel porque me dijo que debía darle una prueba de amor. Y muchas veces pensé que debía esperar hasta casarme, ahora sin embargo me pregunto si vale la pena esperar para entregar mi virginidad. Digo, ya muy inocente no soy, digamos.

Amo a Jorge, pero no sé si debemos dar ese paso.

Oh, mi conciencia me esta matando porque las dudas se estan apoderando de mi, por unos minutos atras habia pensado que todo esto seria bueno, que no es malo entregarme con la persona que amo, pero ahora las dudas se penetran en mi mente y lo que escucho es que no debo hacerlo, no si estoy dudando y a la vez destruyendo el sueño de una niña.

Sí, desde niña he soñado en mi principe azul, ese principe que me sacara de todas mis tristezas, ese hombre seria al que me entregaria en la totalidad, pero hasta que me entregue el anillo, ese anillo de compromiso, para luego venir un anillo de matrimonio. Ah, puede que estaas ideas sean de mojigata, pero es que un principe azul, no deja de ser un principe azul.

Me siento entre la espada y la pared porque antes era la vocera de las chicas, aunque ellas me ignoraban yo le decia que no se dejen llevar por lo que su cuerpo lujurioso siente, todo tiene que ser por amor y porque ambos se aman. Y que no crean nada de eso de la prueba de amor, eso es un vil chantaje, eso lo hacen para presionarte y a la vez obligarte que hagas algo que no deseas.

Ahora comprendo que una mujer enamorada no piensa en lo que hace, se ciega ante el amor y no le da la oportunidad de ver si ese amor es sincero. Me siento una de ellas porque ahora estoy si me entrego a él o debo rechazarlo, aunque tengo que tener presente que todo tiene una consecuencia.

De pronto suena mi teléfono-hablando del rey de Roma.

-¡Hola! -contesto al tercer repique.

-Sabrina, mi vida, ¿cómo estás? -dice con mucho mimo.

-Bien, amor y tú qué haces -susurro de la misma forma.

Tengo mi propia habitación, es pequeña, pero tiene todo lo que puedo necesitar. Privacidad por ejemplo.

-Pensando siempre en ti, pero mi llamada se debe a que quiero invitarte al cumpleaños de un amigo. Necesito que estés lista a las cuatro de la tarde.

Hmmm... No sera una trampa, es que es raro que él me quiera invitar a una fiesta de amigos, aunque sea de cumpleaños, siento que todo esto es especial y a la vez extraño.

-De acuerdo, estaré lista. -afirmo y él cuelga la llamada.

Una voz irrumpe mi santuario privado. Y he decidido demostrarle al idiota de mi primo, que debe dejarse de necedades, hoy es el día en que sus bolas quedarán al revés.

-Sabrina, no me digas que Jorge te invitó a la fiesta de los riquillos.

-Así lo ha hecho, sí.

-Sabes que me preocupo por ti, prima. Que es porque sé que vas a salir herida.

Si alguien lo escuchase seguro pensaría que me quiere, pero sus intenciones no son nada honorables, desde que me salieron las tetas, debo aguantar sus miradas lascivas. Están incomodo soportar sus miradas y sus insinuaciones, pero me siento atada porque no puedo decir lo incomoda que él me hace sentir, hasta pueden decir que exagero o de que me he vuelto delicada, asi como dice el pueblo.

Verán, él no es mi primo de sangre. El esposo de mi tía ya era padre cuando la conoció. Por eso pude vivir aquí, porque mi tía había aceptado a mi tío con todo y su hijo.

-No hay ningún problema primo-le dije mientras caminaba hacia él mirándole la entrepierna.

-Sabes que mis sentimientos son honestos, Brina. Quiero que seamos una pareja.

Lo sabia, eso es algo enfermo, como se atreve a decirme eso, ¡somos familia! No puede sentir eso por mi, no...

-Somos primos, solo eso.

-No compartimos sangre, Brina.

Y ha llegado el momento, coloco mis manos rodeando su cuello y le susurro al oído.

-¿De verdad me quieres?

-Con todo lo que tengo.

-Debes entender que no te veo como a nada más que a un primo.

Y sé que debo ser rápida. Usando toda mi fuerza levanto la rodilla y conecto a donde quería conectar y mi amado primo cae al suelo gimiendo de dolor.

-A ver si entiendes querido primo, que no me interesas y que si sigues de necio, te golpearé de nuevo.

-Zorra...

Oh, eso no me afecta en nada, no permitire que se atreva a meter conmigo, tiene que respetarme, somos familia, ademas mis ojos lo ven con desprecio, no quiero tener nada con él y menos lo pienso... Ah, de solo pensarlo me da asco.

-¿Zorra yo? Quizás mi tía quiera opinar sobre eso.

Provaré amenazarlo con mi tía, puede que lo ignore, pero tambien esta la posibilidad que le tema.

-No...no le digas...

-Pendejo, eso eres. No le diré pero quédate lejos de mí.

-Lo siento, he sido un idiota.

Asi me gusta verte, eres una maldito idiota enfermo. Juro por mi vida que no permitire que se salga con la suya.

-Estamos de acuerdo.

-Si le dices, mamá se sentirá mal.

-Lo sé, pero si sigues molestándome vas a seguir recibiendo de mis muestras de afecto.

Mi tía nos escucha discutir y entra a mi habitación. Al inicio viene revisando su celular y habla sin mirarnos.

-Muchachos tan de mañana y ya están discutiendo

Héctor sigue en el suelo y gime al tratar de moverse.

-Hijito, ¿Qué te pasó? -ella se acerca a él mirándose preocupada.

Ay, no... No se si ella me crea por que ese sinverguenza es su hijo, tengo que llevar todo esto por otro lado.

-Tía, es culpa mía. Ya sabes que Héctor es alérgico a las abejas y vi una sobre su pantalón. Reaccioné por instinto y le di con mi pie.

-¿Una de tus famosas patadas? Auch...vamos hijo, te ayudaré a llegar a tu cuarto.

-Iré por hielo, debe estar que no aguanta. Espero no se quede sin poder tener hijos.

Unas horas después, nos sentamos a cenar. Mi queridísimo Héctor me miraba...no con miedo sino con respeto-¿loco, no?

-Mamá, escuché que tu niña saldrá hoy y es una fiesta con los riquillos -me señala-, y sabes que nosotros somos pobres y no somos bienvenidos a este tipo de lugares.

No te saldrás con la tuya, no quiere que salga porque tiene celos verme con mi novio. Ahora más que nunca sañdré y le demostrare a él que siempre luchare para estar con mi novio.

-Lo he pensado, pero en el mundo ambas clases coexisten. No me voy a casar con ese joven millonario. Iré a la fiesta y si me siento incómoda saldré de ahí.

-Mi niña, no tienes que explicarme nada por qué es tu vida y yo la respeto -alza su mano y la lleva a mi mejilla-, además tienes que buscar qué ponerte para qué vayas bellísima, y si me permites yo te puedo ayudar-dice en un hilo de voz.

Waooo... Me sorprende escuchar a mi tía, no me espere que me dijera que me ayudará a arreglarme, sí, pense que se pondría en el lugar de su hijo.

-Si tía de mi corazón -me abalanzo a sus brazos-, claro que me puedes ayudar.

Obvio, esto me pone demasiado feliz porque no me lo esperaba, hasta puedo decir que siento muchas mariposas en mi estomago. ¡Que raro!

-Mamá, ¿cómo vas a hacer cómplice de todo esto?

El hombre protesta, se opone a que su propia madre me ayude, que su propia madre sea participe de mi salida.

-Héctor, cállate ¿entendido? -mi tía se aleja de mí para enfrentar a su hijo.

Eso tía, de todo corazón te agradezco por estar de mi parte, me has elejido a mí sobre todas las cosas.

-¡Está bien madre! -gruñe tras salir de la habitación y dejarme con mi tía.

He ganado esta vez, pero no creo que él se quede quieto.

◆◆◆

Esa misma noche, mi tía sale a algo fuera de la ciudad y mi primo, toca a mi puerta y trae dos vasos de alcohol, ese es mi delirio y lo acepto, no deberia gustarme pero lo hace.

-Para hacer las paces, Brina.

-Has sido un idiota.

-No supe mostrarte mis intenciones de forma correcta, me enamoré de ti de forma tan fuerte que actué como un crio.

Después de mi tercer trago me siento relajada, así que me acomodo en la cama, mi primo que no es mi primo, se acuesta a mi lado, ambos mirándonos el rostro.

-¿Por qué no puedes amarme?

-Somos...

Su dedo índice va a mis labios, me manda a callar y se que me dirá que no somos de la misma sangre. No sé si es el alcohol o si mi despertar sexual ataca, porque cuando Héctor desliza su dedo índice desde mi labio superior al inferior, entreabriéndome los labios, saco la punta de mi lengua y lo acaricio.

Esa invitación fue suficiente como para que se acercara con rapidez y me besara. Se colocó sobre mi y empezó a desvestirse. No lo detuve, estaba caliente y ansiosa y por eso mientras lo miraba desnudarse, empecé a quitarme la ropa.

Se levantó a prisa y cerró la puerta, nadie nos iba a molestar aquella noche.

-Brina, me mata el deseo.

-No se que me has hecho, es el licor pero quiero esto. Dios sabe cuanto necesito ser tocada por alguien.

-Has sido mala, no sé que tan lejos llegaste con Jorge...

-Soy virgen, a él le gusta que lo tome con la boca...se supone que espera hacerme suya pero no había sucedido.

-Mia, pequeña prima, vas a ser mía.

No imaginé que una primera vez sería así, Héctor no fue amoroso, entró en mi con violencia y lo dejé, porque estaba más allá de este mundo. Lo que fuese que me puso en la bebida no solo me había generado un hambre sexual intensa sino que aunque me estaba violando, me encontré disfrutándolo. Debería guardarme esos comentarios pero, mi voluntad no estaba, mi cerebro quería gritar pero mi cuerpo no respondía.

Y me avergüenza haber gemido, me avergüenza haberlo besado con ansias. Porque en el fondo de mi mente, no quería aquello.

Y la rutina con mi primo se hizo más normal, ya no necesitaba la droga ni el alcohol, porque en mi mente, estaba que habíamos hecho mal pero mi cuerpo necesitaba de aquello.

Le dije a Jorge la verdad y este en lugar de enojarse me dijo que él querría participar en algún momento de un encuentro sexual y cuando mi tía tuvo que salir de la ciudad, Jorge fue por mi y por Héctor y fuimos a su casa.

En la mesa, había polvo blanco, los vi hacer una raya y aspirar. Me uní a ellos pensando que no sería la gran cosa pero fue asombroso. Los tres estábamos desnudos, Jorge me abrazaba la cintura, estaba de rodillas y lo sentía hundir su rostro entre mis glúteos y lamer. Héctor estaba al frente, poniéndole atención a mis senos. No sé cuánto tiempo pasamos, luego los vi tocándose entre ellos, frotándose y mientras se daban amor, mi mano fue a mi entrepierna.

Mis gemidos los enloquecieron y en una nube de deseo y gritos, acabamos durmiendo todos en la misma cama.

Un par de semanas después, Héctor tuvo un accidente mortal y falleció. Me dolió más de lo que puedan imaginar y para mi tía fue devastador. Y aunque mis noches con Jorge seguían siendo tan calientes, los siguientes seis meses extrañamos a aquel que había sido nuestro compañero de cama.

Una tarde fui a mirar un pequeño riachuelo, estaba lloviendo y llevaba mi paraguas rojo. Miraba la corriente embravecida mientras pensaba en lo que era ahora, una mujer que ansiaba el toque de los hombres, una que consideraba que aquello podía ser la forma de irme del pueblo, de hacer dinero y marcharme para nunca volver.

Un par de noches después de que cumplimos ocho meses de relación, me invitaron a ir a un burdel. No haría nada más que estar con Jorge y si quería, alguno de sus amigos. Era la prueba definitiva para saber si serviría para aquel mundo.

Entré con una enagua sin bragas, una blusa blanca, ligeramente transparente sin brassier. Las miradas de los hombres fueron a mi, y se levantaron. No entendía bien como funcionaba aquello pero hablaron con Jorge y le dieron fajos con billetes.

-¿Qué pasa?

-Hay más de setecientos dólares aquí, para ti.

-¿A cambio de qué?

-Quieren comerte el coño.

-¿Solo eso?

-Si, todos quieren comerte mientras todos miran. Sus fantasías son fetiches sobre lamer coños en público.

-Nunca lo he hecho.

-Nunca es tarde para una primera vez.

Jorge me da la mano y me sienta en un sofá, me recuesta contra el respaldo y separa mis piernas.

-Miren, mi mujer se rasura el coño. ¿La quieren?

Cuando el primer desconocido pasó su lengua por mi carne pensé que moriría, Jorge entonces se sentó detrás de mí, me abrazaba y tocaba los senos mientras orgasmo tras orgasmo, atendí a los clientes.

Y fueron varias noches las que me permitieron recoger suficiente dinero para dejar el pueblo.

Unos días después, Jorge me invitó a una fiesta dónde un hombre, proveniente de Londres y su amigo, querían pagar por mí. Seis mil dólares habían dicho de los cuales recibiría un noventa por ciento. No sonaba nada mal, para variar.

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