El frío de la noche se clavaba en mi piel, pero la herida de mi alma dolía más.
Estaba tirada en un callejón oscuro, la lluvia lavando la sangre de mi cabeza, mi carrera y mi beca arrancadas de mis manos por la envidia.
Fue Isabella, mi propia prima, quien me empujó por esas escaleras, robándome mi diseño, mi honor y, finalmente, mi vida.
La vi en lo alto, su silueta victoriosa contra la luz, usando mi traje, mi creación, como un trofeo burlesco.
"Solo puede haber una estrella en la familia", susurró con dulzura venenosa, "y esa seré yo".
Recordaba su rostro triunfante cuando me expulsaron, cuando me despojaron de todo.
Los sonidos de la ciudad se desvanecieron, la oscuridad me engulló.
¿Era este mi fin?
Un dolor punzante en la cabeza me despertó, pero no estaba en el callejón, ¡estaba en mi propia habitación!
Miré el calendario: la fecha del concurso.
Era hoy, el día en que todo se fue al infierno en mi "vida anterior".
¿Fue todo una pesadilla, un sueño terriblemente real?
Me levanté, mis piernas temblaban, y me vi en el espejo: más joven, sin las líneas de amargura de meses de agonía.
Entonces la puerta se abrió e Isabella entró, sonriendo, despreocupada.
"Sofía, ¿estás lista? ¡Hoy es el gran día!"
La escena se repitió, pero esta vez, yo sabía.
Sabía cada mentira, cada traición que se ocultaba tras su sonrisa.
No fue un sueño.
De alguna manera, había vuelto.
Tenía una segunda oportunidad.
La confusión dio paso a una fría y dura determinación.
"¿Qué haces aquí, Isabella?" , mi voz, más dura de lo que pretendía, la hizo parpadear.
La misma excusa, la misma trampa.
Pero esta vez, las cosas serían diferentes.
"No vas a tocar mi traje" , dije, y el miedo en sus ojos me dio una extraña satisfacción.
"Sé exactamente lo que quieres. Quieres mi diseño, mi lugar, mi vida. Pero se acabó el juego, primita. Esta vez, yo pongo las reglas" .
La arrastré fuera de mi habitación, cerrando la puerta con un portazo que resonó en el pasillo.
No era solo adrenalina; era la emoción de una venganza que apenas comenzaba.
Esta vez, no Isabella.
Esta vez, yo la destruiría a ella.
El aire frío de la noche se sentía como hielo sobre mi piel desnuda, un dolor agudo me recorría el cuerpo, pero no se comparaba con la herida que sangraba en mi alma. Estaba tirada en un callejón oscuro y sucio, la lluvia mezclándose con las lágrimas en mi rostro y la sangre que brotaba de mi cabeza. A lo lejos, las luces del gran teatro brillaban, un faro de un mundo al que ya no pertenecía.
Fue Isabella, mi prima, la que me empujó por las escaleras.
La vi de pie en lo alto, su silueta recortada contra la luz de la puerta de emergencia, su rostro una máscara de triunfo y desprecio. Llevaba puesto mi traje, el diseño en el que había trabajado durante meses, una obra de arte de seda roja y encaje negro que representaba el corazón del flamenco. Era mi alma hecha tela.
"Lo siento, primita" , su voz flotaba hacia mí, llena de una dulzura falsa que me revolvía el estómago. "Pero solo puede haber una estrella en la familia. Y esa seré yo" .
Mi carrera, mi beca, mi honor, todo me lo había arrebatado. Primero, robó mi diseño, presentándolo como suyo en el concurso más importante del año. Cuando la confronté, usó las conexiones de su padre para acusarme de agresión. Me expulsaron de la academia sin siquiera escuchar mi versión. Me despojaron de todo.
Y ahora, me había quitado la vida.
Mi visión se volvió borrosa, los sonidos de la ciudad se desvanecieron en un zumbido sordo. Mi último pensamiento fue para mi abuela, la legendaria bailaora Elena, cuyo legado Isabella estaba manchando. El amuleto que me dio, un pequeño sol de plata, se sentía frío contra mi pecho. Luego, todo se volvió negro.
...
Un dolor punzante en la cabeza me despertó.
Abrí los ojos de golpe, desorientada. No estaba en el callejón. Estaba en mi habitación, en la academia. La luz del sol de la tarde entraba por la ventana, iluminando el polvo que bailaba en el aire. Mi cuerpo no dolía, no había sangre, no había lluvia.
Miré el calendario en la pared. La fecha marcada con un círculo rojo me heló la sangre. Era hoy. El día del concurso. El día en que todo se fue al diablo.
¿Fue un sueño? ¿Una pesadilla terriblemente real?
Me levanté de la cama, mis piernas temblaban. Caminé hacia el espejo y me miré. Era yo, pero más joven, sin las líneas de amargura y desesperación que se habían grabado en mi rostro durante los últimos meses de mi... ¿vida anterior?
Un ruido me sacó de mi trance. La puerta de mi habitación se abrió y entró Isabella, con una sonrisa radiante.
"Sofía, ¿estás lista? ¡Hoy es el gran día!" , dijo, su voz alegre y despreocupada.
Me quedé paralizada. Recordé cada detalle de mi "sueño" . La forma en que sonreía justo antes de robarme el traje, la mirada de satisfacción en sus ojos cuando me expulsaron, el desprecio en su rostro mientras yo agonizaba en el suelo. No, no fue un sueño. De alguna manera, había vuelto.
Tenía una segunda oportunidad.
Mi mente se aclaró, la confusión fue reemplazada por una fría y dura determinación. Esta vez, las cosas serían diferentes.
"¿Qué haces aquí, Isabella?" , mi voz sonó extraña, más dura de lo que pretendía.
Isabella parpadeó, sorprendida por mi tono.
"Vine a ver si necesitabas ayuda con el traje. Sé lo importante que es para ti" .
Ahí estaba. La excusa perfecta para acercarse y robarlo. En mi vida anterior, caí en su trampa. La dejé entrar, le mostré cada detalle, y ella lo usó en mi contra.
Ya no.
Caminé hacia ella, mi mirada fija en la suya. El miedo y la confusión comenzaron a reemplazar la sorpresa en su rostro. Nunca la había mirado así.
"Tú no vas a tocar mi traje" , dije, cada palabra afilada como un cuchillo.
"¿Qué te pasa, Sofía? Solo quiero ayudar" .
"Sé exactamente lo que quieres" , me acerqué más, hasta que estuvimos cara a cara. Pude ver el pánico en sus ojos. "Quieres mi diseño. Quieres mi lugar en el concurso. Quieres mi vida" .
El color desapareció de su rostro.
"No sé de qué estás hablando..." .
"Claro que lo sabes" , la interrumpí. Agarré su muñeca, mi fuerza la sorprendió. "Pero te tengo noticias, primita. El juego se acabó. Esta vez, yo pongo las reglas" .
Sin darle tiempo a reaccionar, la arrastré fuera de mi habitación y cerré la puerta en su cara con un portazo que resonó en todo el pasillo. Apoyé la espalda en la puerta, mi corazón latía con fuerza. No era solo la adrenalina. Era la emoción de la venganza.
Esta vez, Isabella no me arruinaría. Yo la iba a destruir a ella.
Isabella comenzó a golpear la puerta, su voz ahora llena de pánico y lágrimas fingidas.
"¡Sofía, abre! ¿Qué te pasa? ¿Por qué me tratas así? ¡Yo solo quería ser amable!" .
Sus sollozos eran una actuación digna de un Oscar, diseñados para atraer la atención y pintarme a mí como la villana. En mi vida anterior, esta táctica siempre funcionaba. La gente corría a consolar a la "pobre y dulce" Isabella mientras a mí me miraban con desaprobación.
Apoyé la cabeza en la madera fría de la puerta, una sonrisa amarga en mis labios. El sonido de sus puños contra la puerta era música para mis oídos.
"¡Lárgate de aquí, Isabella!" , grité, mi voz resonando con una autoridad que no sabía que poseía. "¡No quiero volver a verte cerca de mis cosas!" .
"¡Pero... pero solo quería ver el vestido! ¡Todos dicen que es maravilloso!" , suplicó, su voz quebrándose en el momento justo.
Abrí la puerta de golpe, haciéndola retroceder de un salto. La miré de arriba abajo con puro desdén. Llevaba un vestido sencillo, intentando parecer humilde e inofensiva. Qué farsa.
"¿Ver el vestido? ¿O memorizar cada costura para poder copiarlo, como siempre haces?" , la ataqué directamente. "¿Crees que no sé que cada 'idea' que has tenido en tu vida la has sacado de mis bocetos?" .
Isabella se llevó una mano al pecho, con una expresión de profundo dolor.
"¿Cómo puedes decir eso? Somos familia, Sofía. Yo te admiro" .
"Tú no me admiras, me envidias" , repliqué, dando un paso adelante. Ella retrocedió instintivamente. "Y déjame aclararte algo. Tú y yo compartimos sangre, pero no somos iguales. Yo soy la nieta de Elena, la heredera de su talento y su nombre. Tú eres solo la hija de su hijo menor, una simple sobrina que vive de la caridad de esta academia. No te atrevas a ponerte a mi nivel" .
Sus ojos se llenaron de lágrimas de verdad esta vez, lágrimas de humillación y rabia. Sabía que había tocado su punto más sensible: su complejo de inferioridad.
"Eres una... una..." .
"¿Una qué? ¿Una perra?" , terminé la frase por ella con una calma escalofriante. "Tal vez. Pero prefiero ser una perra que una ladrona y una hipócrita. Ahora, fuera de mi vista" .
Intenté cerrar la puerta de nuevo, pero ella puso el pie para impedirlo. Su rostro se había transformado, la máscara de inocencia había caído para revelar la víbora que era.
"No te saldras con la tuya, Sofía. ¡Se lo diré a mi papá! ¡Le diré a todos cómo me estás maltratando!" .
"Hazlo" , la reté. "Y yo le contaré a todos cómo intentaste robar mi diseño para el concurso más importante de nuestras vidas. A ver a quién le creen" .
Justo en ese momento, una voz masculina interrumpió nuestra tensa confrontación.
"¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué tanto escándalo?" .
Alejandro. Mi prometido. O, mejor dicho, mi ex prometido en la vida que recordaba.
En mi vida anterior, él fue mi mayor decepción. Al principio me apoyó, pero cuando Isabella y su padre me acusaron, él se puso de su lado. Eligió el poder y la conveniencia sobre el amor y la lealtad. Verlo ahora, con su traje impecable y su aire de superioridad, me revolvió el estómago.
Isabella corrió hacia él, lanzándose a sus brazos y llorando desconsoladamente.
"¡Alejandro! ¡Sofía... ella me acusó de ser una ladrona! ¡Me humilló!" .
Alejandro la abrazó, lanzándome una mirada de severa desaprobación.
"Sofía, ¿qué es esto? ¿Por qué estás siendo tan cruel con tu prima? Deberías saber comportarte. Eres la futura señora de la casa De la Vega" .
La forma en que lo dijo, como si me estuviera haciendo un favor, encendió una furia helada dentro de mí.
"Primero que nada, suéltala. Es patético ver cómo se cuelga de ti" , dije con desprecio. Luego lo miré directamente a los ojos. "Y segundo, no te atrevas a decirme cómo debo comportarme. Esta es mi academia, mi legado. Isabella estaba intentando robarme, y yo la detuve. Si eso te parece cruel, tal vez deberías reevaluar tus prioridades" .
Alejandro frunció el ceño, claramente no acostumbrado a que lo desafiaran.
"Isabella no es una ladrona. Eres demasiado paranoica, Sofía. Tu obsesión con este concurso te está volviendo irracional. Discúlpate con ella ahora mismo" .
Me reí. Una risa seca y sin alegría.
"¿Disculparme? ¿Yo? Creo que no estás entendiendo la situación, Alejandro" .
Él soltó a Isabella y se acercó a mí, su voz bajó a un siseo amenazante.
"Escúchame bien, Sofía. Nuestro matrimonio es un acuerdo entre familias. Tu reputación es mi reputación. Si continúas con este comportamiento infantil y malcriado y autoritario, harás que nuestra unión parezca un chiste. ¿Es eso lo que quieres? ¿Quieres que la gente piense que me voy a casar con una mujer histérica e inestable?" .
Su amenaza flotó en el aire entre nosotros. En mi vida anterior, sus palabras me habrían aterrorizado. La idea de perderlo, de manchar mi honor y el de mi familia, me habría obligado a ceder.
Pero yo ya había perdido todo eso antes. Y había aprendido una lección valiosa en la muerte: el honor no te lo da un hombre ni un matrimonio. Te lo ganas tú misma. Y a veces, tienes que quemar el mundo para protegerlo.
Lo miré, la risa muriendo en mis labios, reemplazada por una calma mortal.
"Tienes razón, Alejandro" , dije suavemente. "Nuestro matrimonio es un acuerdo. Y ahora mismo, estoy reconsiderando los términos" .