El pueblo de Qespián era uno muy conocido gracias a sus leyendas terroríficas, historias que lograban ponerte los pelos de punta desde el comienzo, empezando por el hecho de que no eran leyendas.
Frederika Neúgier una alemana cuarentona encabezaba los miedos más recónditos de todo ser humano que se enterase de sus siniestros actos realizados en vida.
Neúgier significaba curiosidad en alemán, por ello se decía que Frederika justificó sus siniestros crímenes debido a su apellido. Tan descabellado como sonaba, tan macabro como se presenció.
Ya iban a cumplirse doscientos años de su muerte después de que la ciudadanía consciente de sus asesinatos la apresó, por lo cual días más tarde se fijó su sentencia.
Se decía que fue culpable de incendiar un pequeño hospital de neonatología, pues según se refirió en ese entonces ella vivía cerca y los llantos no la dejaban en paz.
Tenía curiosidad de hacerlos callar...
También se encontró restos de animales de toda clase resecos en su vivienda, sin nada por dentro.
Tenía curiosidad...
Desenterró tumbas. Electrocutó a más de cien adolescentes en una fiesta de graduación. Múltiples crímenes.
Al tener todas las pruebas que la fijaban como la única responsable, la Iglesia se pronunció. La calificaron como una temible "bruja". Dictaron sentencia un 14 de julio del 1819.
Yo estaba segura de una cosa: Ellos estuvieron muy lejos de la verdad.
Ella no prometió volver, sin embargo condenó.
Dos siglos de tranquilidad por un año de agonía, la curiosidad sola llegaría.
PRIMERA SEMANA
Desde un rincón en su sillón ya antiguo, la muchacha que residía en esa vivienda veía atenta el noticiero de las mañanas a la espera de algún suceso extraño en la ciudad. Las noticias hablaban de la baja de la moneda, el alza del combustible y como era de esperar, nada trascendental
El ambiente del pueblo esa mañana había amanecido raro, los pájaros estaban no habidos, los perros en la calle se veían cohibidos. Sonya, la muchacha fue consciente de ello desde que abrió los ojos al despertar, sin embargo su madre le restó importancia al comentar que era por el cambio de clima, que vendría el invierno. Ahora viendo las noticias le creía.
Pulsó el botón de apagado en el control remoto y fijó su vista en su cereal que yacía servido en un plato hondo.
-El invierno apesta -murmuró a regañadientes. Con ese clima sus ánimos se veían decaídos.
Por mientras entre sus dedos de su mano izquierda sostuvo el teléfono celular que le habían regalado meses atrás y en tanto con su mano derecha iba comiendo de lo más tranquila respondiendo los mensajes que tenía. Al parecer el grupo de amigos al cual pertenecía poseían grandes expectativas acerca de la cena que se haría mañana gracias a su madre, ella cumpliría veinte años. Estaba más cerca de ir presa ahora sí.
Tenía que empezar a comportarse, sino era muy probable verse entre las rejas se repetía constantemente.
Rato después terminó su cereal y montó lo que era la movilidad diaria, una bicicleta. Iba de camino al instituto.
-¿Has visto lo que están haciendo las iglesias del pueblo? -preguntó Maggy, amiga suya, logrando que se distraiga. Se encontraban en la sala de cómputo de la universidad.
Ella odiaba las distracciones, siempre trataba de enfocarse en una sola cosa a la vez.
Le dio una mirada de reproche y prosiguió a ignorarla.
-Termina la traducción, luego me cuentas -secundó pacífica.
-Es que me voy a olvidar -se excusó la otra.
Un bufido había salido de sus labios al escuchar tal respuesta.
Era imposible que Maggy se olvidase de algo, la chismosería lo llevaba en la sangre, pensaba. Y era cierto, su amiga por mucho que la apreciara, a veces lograba exasperar a cualquiera con sus cuentos diarios.
Ignoró sus protestas mientras tecleaba en la pc, tenían que terminar de traducir un ensayo, pero Maggy, la adorable rubia llevaba más prisa en iluminarla sobre los pormenores del día y de la dicha de otros.
-Se dice que volverá la bruja -cuchicheaba sin descanso -se están preparando para su regreso.
Ella conseguía grandes problemas al no poder callarse y Sonya adquiría grandes problemas con respecto a su poca paciencia.
-¡No le pondré tu nombre al ensayo! -explotó.
Así era ella, su temperamento solía ser explosivo.
***
-Como le decía a Sonya -empezó la chica exasperante, tal y como la nombraba cuando hablaba con su madre-. Las iglesias se están reuniendo todos los días desde temprano, los pastores hacen asambleas con los feligreses más seguido, incluso mismos policías y le dan vueltas a las manzanas por las noches.
Sonya fruncía el ceño al sentirse confundida, pues no se había percatado de esos acontecimientos teniendo en cuenta que ella iba a diario a la iglesia por las noches, aunque al llegar a la habitación donde dormía caía como peso muerto cuando tocaba la cama. Automáticamente pensó en su madre, estos últimos días lucía algo extraña.
-¿No estás exagerando? -inquirió, restándole importancia.
Poseía una vaga idea del porqué todo el show, ya iban a cumplirse doscientos años desde la condena de la mayor asesina en el pueblo.
-¿Se trata de la psicópata? -preguntó, y Maggy con su otra amiga asintieron. Puso sus ojos en blanco-. Nadie va a regresar de la tumba, los muertos vivientes no existen y si en caso existieran, la señora ya cumplió dos siglos enterrada, es otra parte más del polvo, pura exageración.
-¡¿Exageración?! -saltó la chica de las mechas rojas, Paola, estaba un poco a la defensiva-. La bruja mató a mi tátara tío.
Resistió a la idea de volver a blanquear los ojos, se limitó a sobarse el rostro ocultando su gesto de impaciencia.
Otra cosa que odiaba eran los dramas innecesarios y sin sentido, la aburría.
-Me refiero a que vuelva, no va a suceder -aclaró.
Maggy, la parlanchina infló sus cachetes en tanto le lanzaba una mirada de molestia.
-¿Cómo estás segura? Ella era una bruja -comentó, intentando hacer que entrase en razón.
-Era una psicópata - la corrigió-, simplemente mataba por diversión.
Era era era, ya no estaba más.
-Ahorcó a una prima suya estando embarazada-. El espanto por parte de Pao era verídico.
-Luego el hospital de bebés que incendió.
-Mataba a perritos y gatitos, luego los partía por la mitad.
Sus crímenes sonaban horribles, aumentar a su larga lista los animales, solo lo volvía más cruel.
Arrugó su nariz sintiendo escalofríos.
-Electrocutó a un centenar de estudiantes -continuaron.
-Eso no fue comprobado -debatió, o algo así creyó leer hace un tiempo.
-Dijo que tenía curiosidad, absurdo o no, a hacerlos bailar al mismo tiempo.
Asintió resignándose.
-La tipa estaba loca.
-SA-CRI-FI-CIOS -Maggy parecía tenerlo claro. Alzó su celular por encima de la mesa enseñándole una lista.
-¿Acuchilló a una pareja de ancianos?
Wow. Le era increíble que cada vez que buscaban información sobre la tipa, siempre descubrían un asesinato más.
Felizmente estaba muerta, enterrada y calcinada.
Sonya mostraba una apariencia de ser alguien que difícilmente se sorprendía o asustaba por algo, pero en el fondo no había espacio alguno alejado del miedo o la curiosidad.
-Son setenta y dos crímenes.
-Que es solo lo que se recató cuando se dieron cuenta.
Negó terminando su lonchera del medio día y prosiguió a recoger sus cosas, lista para marcharse.
-La curiosidad es una enfermedad, un pecado -citó lo dicho por su madre y se marchó a paso apresurado dando un leve gesto de despedida. Le quedaba una clase más.
***
La hipocresía corría por sus venas, era una composición más de su sangre. ¿Quién en su sano juicio nunca sintió curiosidad?
Esa persona podría ser un robot a lo mejor, razonaba después de sentirse culpable al sentir aquello. Su madre le había enseñado que ello era el pecado más grande porque te hacía cometer errores de igual magnitud.
La curiosidad de Eva tentó a Adán y entonces jodió a la humanidad
Sonya inspiraba y respiraba curiosidad de la pura.
Ya no se preocupó al ver la calle silenciosa, por último ni las palomas hacían acto de presencia.
Restó importancia al clima y muy en el fondo a lo que estaba por ocurrir. Vio la hora en su reloj de mano y rápidamente se aferró a su bicicleta para empezar andar hacia la iglesia. Debía hacer preguntas.
Su recorrido fue corto mientras saludaba a quien se le pusiese enfrente, conocido o no, era lo de menos para ella.
Ya fuera de la iglesia ingresó de la misma forma como iba viniendo, fue a saludar también a su madre quien estaba en la cocina, pasó por una pequeña aula donde su amigo Erasmo dictaba charlas para quienes iban a bautizarse. Él sería quien la ayudase a saciar su curiosidad, pues su otro amigo, Carlo, lo daba como caso perdido.
Alzó su mano para llamar su atención y quedó esperándolo hasta que saliera.
***
Erasmo no le proporcionó muchas respuestas al reunirse, es más le pareció verlo dudar hasta de lo que decía. Dijo que simplemente era rutina, que nada malo estaba sucediendo y que no debía dejarse llevar por paranoias absurdas, repitió lo mismo que ella cuando le comentó acerca de lo que Maggy y Paola la querían convencer: Los muertos no regresaban de las tumbas.
Excepto Jesús su salvador.
Aburrida y sin muchas expectativas de lo que vendría, simplemente fue directo a su casa. Su día había finalizado asquerosamente sin resultados.
***
Fiel a su estilo, el grupo de amigos de Sonya se presentó una hora antes de lo acordado en su hogar, la chica y su madre ni se inmutaron, solo atinaron a correr con los deberes de un lado para otro, como siempre.
Erasmo, Carlo, Maggy y Paola conformaban el clan, junto a Sonya eran un grupo líder en la iglesia, se encargaban de integrar a más jóvenes de la sociedad para compartir la palabra de Dios.
Eran creyentes, no se apegaban al extremo pero como los viesen, cualquiera pensaría que aquellos jóvenes eran unos santos, dignos hijos de Dios.
Contaban con ellos sin saber qué; Erasmo y Carlo según su religión no eran aptos para el reino de Dios, Maggy ya no poseía lo que una buena mujer debía conservar, y Paola estaba igual o peor que Maggy. Pero quien encabezaba más pecados tenía como nombre Sonya. Ella se encontraba en la cima.
Rato después yacían reunidos todos a excepción de la señora de la casa.
-Hoy, es hoy -comentó Maggy, un deje de excitación se le notó al emitir esas palabras.
Sonya intentó ignorarla, pero estaba igual o más curiosa que ella.
-No va a suceder nada -secundó Carlo, y por debajo de la mesa una mano rodeo la suya mostrándole su apoyo. Era muy sabido que hablar del tema lo aterraba.
Erasmo se mantenía calmado, no creía posible que sucediese una cosa así tal como lo tenían previsto los feligreses. No sería posible, pensaba.
-Si algo malo pasara ya nos habríamos enterados, han pasado dieciocho horas, es claro que todo lo dicho fue para crear miedo, paranoia en los habitantes -razonó echándole una mirada al reloj colgado en el estante del frente.
-¿Y quién no amenazaría así? -soltó la cumpleañera refiriéndose al discurso de la muerta desde la esquina de la mesa donde todos comían-. Estaban a punto de decapitarla. Yo hubiera invocado hasta el diablo para que me ayude -bufó.
-¡Jesús, María y José! Sonya no pronuncies ese nombre.
Paola siempre lograba exaltarse con las ocurrencias de su amiga.
Sonya sonrió levemente, le gustaba ver esas reacciones en los demás.
-No imagino la cara de todos los espectadores cuando quiso escapar -murmuró tratando de formar un escenario en su mente. Automáticamente todos sus amigos la imitaron-. El ser conducida hacia la guillotina por los padres, desnuda, humillada; la forma en como la colocaron para que la gran cuchilla la decapitara -siguió-. Y todo eso para que fallaran.
-¿Cómo? -preguntó Carlo, él siempre había evitado saber de las tragedias antepasadas. No lo dejaban dormir.
Erasmo sintió pena al verlo tan ajeno al asunto. Las chicas no se callarían.
-¿No sabes cómo murió? -inquirió Maggy, poco sorprendida.
Su amigo solo atinó a negar con la cabeza.
-Quiso escapar del agarre antes de que le cortasen la cabeza -argumentó Sonya haciendo un gesto con su mano rozándole el cuello, no decoraba sus palabras, lo decía tal cual-. Y en eso se fue hacia delante, la cuchilla la cortó a la altura del ombligo.
Su compañero se asqueó al recibir tal afirmación. Sus vellos se pusieron en punta al percibir lo que se avecinaba, el veneno de su amiga brillaba en la punta de su lengua.
»Siguió viva después de eso, aunque pareciera imposible -rió la muchacha-, se dio el tiempo aún de amenazar: Dos siglos de tranquilidad por un año de agonía, la curiosidad sola llegaría.
PRIMERA SEMANA II
Los secretos abundaban en cualquier rincón del mundo, cada persona escondía al menos uno y no importaba su relevancia. Un secreto era al fin y al cabo.
Esa mañana 15 de julio prometía ser escalofriante para todo aquel residente en el pueblo. Ahora ellos escondían un secreto en común.
Sonya despertó sin caberle alguna duda de lo que estaba sucediendo, no había más que hacer; fuese verdad o no. Algo había cambiado.
Aquel sueño al que se sumió anoche la había dejado aterrada, es como si hubiese sido transportada tiempo atrás, sintió la muerte de cerca, creyó ser ella.
Ese episodio se repetía una y otra vez en su mente, el sentimiento de la furia que la había embargado al ver cómo planeaban asesinarla, el gesto de desprecio en los espectadores. Lo soñado parecía real.
Cuando despertó se sintió temblando, su rostro lucía empapado de sudor, su pulso estaba frenético. Temió volver a caer en esa pesadilla, sin embargo cuando el sueño la volvió a vencer no hubo nada.
Ya bien despierta y levantada de la cama, se dirigió a su ventana a inspeccionar su alrededor. Lo mismo de dos días atrás.
Tenía que hablarlo con alguien, se repitió constantemente por la mañana, y nadie parecía ser buena opción, todos se veían... al igual que ella: asustados.
A excepción de su mamá, pero no contaba con el coraje de contárselo, no a... su madre.
Podría llamar a su padre y charlar sobre ello, la idea decayó cuando se percató que ni por su cumpleaños accedió a llamarla.
Su padre siempre fue difícil de encontrar, iba de un lado a otro, es más ni siquiera lo comunicaba, por lo que fue un gran argumento para su madre a la hora de sacarlo a rastras de su casa. No se opuso, cogió sus maletas en mano y dijo que volvería en cualquier momento. Ya habían transcurrido cinco años.
Se encaminó hacia el descampado al que frecuentaba cuando se sentía acorralada entre sus propios pensamientos, sacó un perchero y una cajetilla de cigarro para pasar el mal sabor de boca que la perseguía desde temprano, pero la curiosidad del porqué el sueño, estaba ahí; la inquietaba, zumbaba insistentemente para encontrar una razón sujeta a tan horrible pesadilla.
Horas más tardes se las ingeniaba en busca de una excusa válida para dárselas a sus amigos. Había desaparecido gran parte de la tarde.
***
-Mary Mary no ha venido a cocinar ya tres días -alegó Sonya a su madre, a la espera de que le brindara algún tipo de información.
Kaela, así es como se llamaba su madre, se limitó a guardar silencio al mismo tiempo en que servía el lonche para el padre. Sin emitir palabra alguna le tendió un recipiente y con un ademán con la barbilla ordenó lo de siempre.
El padre y los pastores ocupaban las mismas obligaciones y en el orden jerárquico, el padre encabezaba la lista.
Ocultando una pequeña sonrisa se despidió de su madre.
Si ella no le daba respuestas, otra persona estaría más a gusto dándoselas.
No tocó al ingresar a esa fría habitación, no lo necesitaba.
¿Cuántos pecados cometía al día?
En algunas ocasiones perdía la cuenta.
El padre Celestino era tan bueno como tan perverso, en eso se empataba con Sonya.
Repetía a diario la palabra de Dios frente a decenas de personas, sin embargo entre las cuatro paredes de su habitación algo más oscuro que su propia persona no existía.
Él era perturbador...
Y quienes lo rodeaban aún más...
-Mi queridísima Sonya -saludó al ver a la muchacha cruzar su puerta. No ocultó sus fechorías, se mostró tal cual.
-¿A quién la penitencia, padre?
No la alteraba el acto que presenciaba, estaba más que acostumbrada. Y como todas las veces quiso saber el turno de quien.
-Felix, se quiere integrar a la comunidad, y como ya sabes -ronroneó sin culpa-, debo verificar la veracidad de sus palabras.
Sonya elevó y bajó su cabeza asintiendo.
-Te ayudaré si me das respuestas luego -negoció, dejando el recipiente que cargaba sobre la mesita de noche y empezó a caminar hacia las dos figuras postradas.
Un grito amortiguado se escuchó.
-El pecado te llama a gritos -terminó por susurrar el hombre.
Celestiano llevaba la mitad de la edad de Sonya sirviendo a la congregación católica del pueblo, aunque prácticamente él la vio nacer y crecer, fue también el primero en percatarse de la oscuridad que emanaban de sus orbes mieles.
Su parecido era catastrófico.
***
Mary Mary era una anciana que rápidamente había obtenido el corazón de Sonya, la señora transmitía tranquilidad e inspiraba una completa confianza, cuestión por la cual Sonya en sus delirios la adoptó como una vieja amiga.
Mary Mary callaba lo que se enterase.
Mary Mary tenía un pacto de amistad irrompible con Sonya.
Mary Mary le debía su calma, su vida.
Por ello, al saber que su vieja amiga había tenido problemas familiares en su hogar, Sonya no lo pensó dos veces en ir a ayudar.
Ya frente a la casa de su confidente personal, pensó detenidamente en las posibilidades que pudiese encontrar.
En algunas ocasiones, ella solía ser muy pacífica, en otras era una...
-Maldita perra hija de puta.
Eso.
Reconoció con agobio el autor de esa voz, creyó haberse deshecho de la escoria que jodía la paz de su amiga, sin embargo aquí volvía.
Estiró sus labios en una sonrisa petulante, burlona.
-Camillito -saludó.
Intentó que sus pasos se vieran decididos al darlos, pues ella temblaba. Pelear con semejante hombre no era opción, no sabía defenderse a puños.
Su metro y setenta y dos centímetros encaró a Camillo, uno de los hijos de Mary.
-He venido a ver a tu madre, retírate por tu bien.
-¿Si no qué? -Contratacó el hombre, quien no era tan alto, apenas se diferenciaban de un par de pulgadas-. ¿Vas a volver a dormirme y arrojarme al río?
La sonrisa de la muchacha automáticamente se formó en su rostro, aunque segundos después se convirtió en una de decepción.
No comprendía cómo pudo haberse salvado.
Hierba mala nunca muere, concluyó.
-Pensé que ya estarías muerto, hasta velamos un conjunto de tu ropa días más tarde -aclaró cínica.
-Voy a matarte.
Sus gruñidos le ponían los pelos de punta a Sonya, pero no fue impedimento para mostrarse con una seguridad envidiable.
-Ponme un dedo encima y veras. Celestino está en camino, él te está observando.
Las facciones de Camillo cambiaron, su altivez decayó y poco a poco sus gruñidos disminuyeron.
El padre Celestino era lo más parecido al diablo para algunos del pueblo.
El hijo de Mary Mary retrocedió un par de pasos alarmado.
-Te mataré -aseguró, y desapareció.
Ni se inmutó al tener una amenaza de respuesta. Ya estaba acostumbrada.
Hizo su camino dentro de la casa de su amiga con sutileza, temía encontrar algo que no le gustase, y la halló.
Entonces la curiosidad la embargó.
Imaginó a Camillo ahogándose en su propia sangre, y quiso ser la razón.