La polilla luna, tiene una de las metamorfosis más maravillosas de la naturaleza, un tiempo en que, en varias fases, tienen que sufrir distintos cambios, todo para convertirse en una obra de arte alada, que vive una sola semana y poco más, codiciada y admirada por muchos por su belleza.
Así pasa en la existencia del ser humano, tiene etapas en las que cambiar en necesario, la transformación tanto física, como espiritual, como aquella polilla que deja un legado con su simple existencia tan efímera, así es nuestra vida.
... - ¡Amiga! Ya me estaba preocupando de que no llegaras - dijo Jane al verle en el corredor.
- No me perdería el último día, ¡jamás! - respondió.
La despedida era breve, la última clase, un momento emotivo entre ellos y cada uno a su nueva vida, se verían en la ceremonia y ahí acabaría todo.
Después de eso, debía llegar a su trabajo, le estaban esperando para firmar el nuevo contrato, donde estaría a sus servicios por aproximadamente dos años, estaba demasiado feliz, sentía que su vida estaba despegando en el momento preciso, al llegar saludo a todos, hoy tenía tanta felicidad que no había ganas de ser ruda con sus pacientes.
Miro a Anthony que llevaba más de un año recuperándose de una luxación Acromio clavicular.
Este Había tenido una respuesta positiva cuando ella había llegado, su evolución era buena y volverá a la cancha en unos pocos meses.
Verlo avanzar era demasiado gratificante y esperaba que con los demás fuese igual, quería ganarse una reputación.
- ¿Esta lista para esto? - dijo su jefe Joshep Zlader, este sentía cierto cariño por la joven, se veía demasiado tierna y le recordaba a su sobrina.
- Nací lista - dijo haciendo que riera, era una mujer un poco egocéntrica, pero con un talento innato.
- Este año ampliaremos nuestro catálogo, se suman deportistas como pilotos de carrera - dijo mientras caminaban hacia el despacho.- ¡Jamás he visto una carrera en mi vida!- le dijo y este sonrió.
- Deberías de comenzar a verlas, te lo digo de corazón, ya sabes cómo pueden llegar a ser los directivos con estos temas.
- Esta bien, lo tendré en cuenta - respondió, mientras miraba su celular, quería mirar de que hablaba exactamente su jefe. La firma llegó y la felicidad de ser parte como miembro de los fisioterapeutas en el centro era realmente gratificante, tendría su oficina y su lista de clientes, era algo que la ponía a dar pequeños saltos de felicidad.
Tania siguió su día tal cual como venía haciéndolo, aquella noche tomaría unas copas con su amiga, debían celebrar por lo alto, así que pasaría a casa de Jane y se arreglarían juntas, a su bar preferido, donde los mojitos sabían mejor.
Se despidió de todos y fue diré a su carro, estaba un poco cogida de la tarde, salió y llegó rápido, no se quería perder aquello, le parecía necesario salir.
- ¿Que te pondrás? - preguntó su amiga una hora más tarde.
- No lo sé, creo que me pondré alguna blusa y un vaquero, no creo tener ganas de salir - le respondió y esta se quedó mirándola con cara de no creer lo que estaba escuchando.
- ¡De mi casa, jamás saldrás así! - le respondió haciendo que la otra soltara una carcajada, cuando lo hacía, un sonido extraño la acompañaba, era uno de sus miedos, reírse demasiado duro, era algo que procuraba no hacer.
- Te pondrás este - Le paso un vestido color blanco, odiaba ponerse ese color cuando salía de fiesta, con tan solo mirarlo, así que le pidió que buscará otro, no en su tono preferido.
- Este - dijo y le mostró uno en tono azul rey, era un vestido a los tobillos, escote en v, ajustado al cuerpo y tiras delgadas, marcaba su linda figura haciéndola ver realmente sexy, se miró al espejo, organizó su maquillaje y una pasada con la plancha en su cabello, ojos delineados con un tono plata y negro en la punta, quería verse como una femme fatale y parece ser que lo estaba logrando, pues al salir, los hombres no dejaban de mirarlas, Jane era muy bella, cabello rubio y largo en ondas, ojos azules, estatura promedio y un diseño de sonrisa que la hacía ver bastante bien, era amable y siempre tenía buena conversación.
Era el alma de la fiesta a diferencia de ella, aunque Tania no podía quedarse atrás, cuando se tomaba algunas copas, podía bailar toda la noche sin parar.
Miro a su amiga que parecía hipnotizada en cuando vio que Alex estaba ahí, estaba enamorada de aquel castaño de ojos claros, así que la dejó ir, está se quedó bailando un poco, mirando a su alrededor.
- Bailas bien - dijo un chico que la estaba mirando desde hace algún rato.
- Eso dicen - respondió ella sin dejar de bailar al ritmo de la música.
- Me gusta, una mujer que se mueve como tú, no decepciona - dijo haciendo referencia a otras cosas.
Tania paro en seco su movimiento y lo miró con una sonrisa en su rostro, inspeccionó el aspecto del hombre y sonrió aún más.
Todos estaban tan metidos en su mundo y está había decidido bailar con Hans, el hombre se llamaba así, bailaron bastante cerca el uno al otro y Tania decidió que no desperdiciaran aquella noche.
- Podemos bailar en otro lado, si deseas - susurro a su oído.
Aquella insinuación era bastante interesante y le hizo pensar un momento en cuando había sido la última vez, ¡meses!
- ¡Me parece buena idea, quizás en ese lugar bailemos mejor! - le respondió, aun cuando sus tacones eran altos y le tocaba que empinarse para poder llegar a su oído, miró a su amiga y entre risas se despidió de ella, esta sonrió y la felicito, las bebidas a veces hacía estragos y parecía que aquella noche le hubiese enseñado a relajarse un poco.
Sin esperar un momento, fue con Hans a la casa de este.
- ¡Bendito último día! - dijo y se lanzó sobre él, aprovecharía aquella noche al máximo y parecía ser que aquel dios de músculos de acero serían su ayudante número uno.
Una noche entretenida que la dejó totalmente relajada, con los músculos doloridos como si hubiese corrido una maratón y una sonrisa de oreja a oreja.
Reviso su celular, Jane la estaba esperando, eran casi las seis de la mañana, tomó sus cosas despacio y sin hacer algún ruido.
- Pensé que te gustaría desayunar algo antes de irte - Dijo el joven con una sonrisa, en la mañana no se veía tan guapo como cuando anoche, lo que no podía negar, era que aquella casa era realmente bonita, parecía un hombre adinerado, era algo que se notaba.
- Emmm si, mira... - dijo con un poco de duda.
- No quiero que esto se vaya a mayores, así que comeré en casa, gracias por todo - le dijo con el cabello enmarañado, el vestido al revés y sus tacones en la mano.
- Entiendo - dijo él con una sonrisa y se levantó lentamente, haciendo que esta mirara fijamente ahí, sonrió al saber que la noche había valido la pena totalmente y salió corriendo.
La regla era no repetir y está no sería la excepción, no estaba para nada más que no fuese su carrera, así que tomó el primer taxi que vio y llegó donde su amiga que la esperaba entusiasmada, quería saber todos los detalles.
- Estuvo bastante bien, muyy - contó y su amiga celebró, era la primera vez tomar una decisión así por su cuenta.
Desde aquella salida se había sumergido en su trabajo, le faltaba poco tiempo para finalizar su contrato de pasantías.
Esa mañana llego mucho más temprano, la cafetería estaba vacía, era el momento en el que aprovecharía junto a Jane para comer en paz.
- Mira, eso es la fórmula uno - dijo cuándo al bajar a la maquina e ir por algunas papas miraron la tv que estaba transmitiendo la carrera, se quedó mirando fijamente aquella pantalla, frente a ella estaba la carrera final de la fórmula, estaba congelada analizándolo todo.
- ¡Es imposible que Hans le gane a Ryan, le lleva suficiente ventaja como para que lo rebase en la última! -dijo un hombre que al igual que ella se había quedado mirando, estaba concentrada al máximo, Jane la llamó, pero está le pidió que esperara, estaban a punto de terminar, así que quería ver.
Miro aquel carro rojo, lo vio perder el control y salirse de la pista, estrellándose directamente con la gradería, se quedó impresionada de lo que había ocurrido en cuestión de un instante, la gente a su alrededor se quedó en silencio, al igual que ella estaban sorprendidos, miró por última vez y salió del lugar, con el corazón un poco adolorido, pues teniendo en cuenta lo que había analizado, sabía que algún muerto podía resultar de aquel accidente.
- ¿Estas bien? - preguntó su amiga al ver que su ánimo inicial se había apagado en un instante.
- Sí, sólo que quede un poco sorprendida, espero que todos estén bien y solo haya sido el susto, sería muy triste saber que alguno de ellos murió o quedó bastante mal - dijo y su amiga asentó, dándole la razón.
Esperarían haber que dicen las noticias mañana, por ahora dejarían atrás el tema y disfrutarán su noche, el lugar estaba algo lleno, había pequeños grupos disfrutando de la fiesta, estas se unieron a sus compañeros, su madre le había dejado un mensaje, pidiéndole que fuese con cuidado, con Jane habían decidido no llevar coche, no querían pasar por algún problema y querían beber, así que la responsabilidad iba primero.
En casa el ambiente era algo extraño, todos estaban sentados en la sala y el silencio apremiaba. El televisor estaba encendido, la noticia de un accidente, había dos personas afectadas, una de ellas era un hombre joven en las graderías y el otro era el famoso piloto Hans Lancer Smith.
Aún se valoraba el impacto de la coalición y su estado era reservado, sabía que era solamente tecnicismo, el hombre podría estar muerto o en coma, era lógico, cuando lo habían sacado de aquel carro, se veía realmente mal.
- Que triste, espero pueda recuperarse - dijo su madre y Tania no dijo nada, sabía que, si en algún caso quedaba vivo, volver a las carreras no se daría tan rápido o quizás nunca más lo podría volver a hacer.
- Ojalá - respondió, su mente se quedó aún más bloqueada cuando en la pantalla de aquella tv, se veía la imagen del hombre con el que noches antes había pasado el rato, en su apartamento.
Hans no recordaba donde estaba, había pasado unas horas desde que había salido volando por la pista, no recordaba nada más.
- ¿Que hago aquí? - dijo cuando despertó.
Su madre estaba ahí frente a él, su rostro cansado le preocupo un poco, sus hermanas corrieron a su lado, estas estaban igual que Lya, lloraron al saber que había vuelto.
- Hijo, no te preocupes, llamaré al médico - dijo entre lágrimas, este no entendía en lo absoluto y frunciendo el ceño se quedó ahí, miró a las enfermeras correr, todas lo comenzaban a analizar.
- ¡Suéltenme! - dijo él, estaba nervioso y no quería que lo tocarán, sin medir su fuerza, quito a una de las chicas que intentaba revisar su brazo.
- ¡Déjenme! - grito, asustando a todas las mujeres en la habitación.
El doctor llegó enseguida y con un temple igual de fuerte lo calmó.
- Tuviste un accidente y estás aquí por eso - le dijo, estaba teniendo un poco de tacto, habían pasado casi un mes desde que había caído en coma.
- ¿Llevó un mes aquí? - preguntó totalmente asombrado por lo ocurrido, recordó un poco de cuando llegó.
Un mes antes, en la competencia.
- ¿Si me subo unos puntos lo rebasó, no quiero perder ante ese maldito francés - dijo cuando vio que el primero en la tabla era Ryan?
- No creo que le ganes la verdad - dijo su entrenador, llevaban teniendo diferencias desde hace algunos meses, luego de que este ganara el gran Prix y se coronara como el mejor, pero su arrogancia y la poca disciplina estaba pasando factura y ahora estaba en muy malas condiciones para ganar esta vez.
- No hagas una estupidez - le dijo nuevamente, algo en él le advertía que nada saldría bien.
- No me digas que hacer, se lo que debo hacer - dijo poniéndose su casco y arrancando su motor.
Tan solo fue que pasarán unos minutos, cuando Ryan comenzó a ganar ventaja, algo que hizo enfurecer a Hans, dos vueltas y su neumático se dañó, volvió a donde su equipo para el cambio y salir nuevamente, pero no espero a que uno ajustará bien la llanta, la ventaja de su enemigo era grande.
No quería fracasar, se sentía un idiota por dejar que en la temporada este fuera el que mandara, no quería darle la razón a la prensa que lo había estado destrozando por su mal desempeño.
Tomó fuerza y aceleró, pero su carro comenzó a tambalear un poco de lado a lado, iba a tanta velocidad, que era I posible frenar a tiempo, justo cuando su llanta salió volando y su carro se estrelló contra el muro de la gradería, llevándose la malla, algo que nunca había pasado en los últimos años.
Hans sintió que su vida se estaba acabando, cerró los ojos y todo estaba a oscuras.
Desde ese día, todo había cambiado para muchos, había sido uno de los episodios más dolorosos del mundo automotriz.
- ¿Recuerdas algo? - le preguntaron algunos médicos en la habitación en la que lo habían pasado, era un verdadero milagro al ver que este había vuelto a la vida, no creían que ocurriera, tenía fracturas en muchas partes del cuerpo.
Tenía ganas de orinar, así que pidió ayuda para poder levantarse.
- No siento mi pierna - dijo y los doctores se quedaron mirándose preocupados, habían hecho una cirugía en la que los ligamentos tuvieron que ser reparados.
- ¿Que mierda me pasa? - preguntó enojado y con algo de miedo.
- Es normal que algunas personas se sientan que sus extremidades no funcionen correctamente, lo que hicimos fue una reparación y el tiempo en el que sanará puede tardar, así que ten paciencia - aquello le causa a bastante enojo, sacó a todos de su habitación, incluso a su madre.
En cuestión de minutos había acabado con su carrera.
Los días pasaban y este seguía igual, no hablaba con nadie, incluso había pedido que nadie entrará en su habitación.
- Hijo, por favor, háblame - le dijo y este se quedó pensando, no la quería cerca, quería lidiar con esto solo.
- Vuelve a casa - le dijo y está, aunque insistió, solo recibió rechazo de su parte.
- La recuperación será lenta, estarás cuidado de los mejores - dijo su entrenador, sabía que este no hablaría, así que con sólo eso dicho, se marchó.
Hans había perdido todo en ese momento, se sentía vacío y totalmente inservible, esa era su manera de verlo, sabía que para mejorar tardaría muchos años, su intención de ser nuevamente el mejor era algo que no pasaría, esa era su única preocupación, su ambición era lo que lo había llevado a la situación que estaba atravesando.
Los meses pasaron y Hans no recuperaba ni un poco la movilidad de aquella pierna, usaba la silla de ruedas para todo, estaba resignado a perderse en el alcohol, aun cuando su doctor le había advertido que debía dejarlo por los medicamentos, contrarío a eso, había cancelado el suministro de estos, prefería el licor que cualquier pastilla que lo ayudara a sanar, se sentía derrotado y bastante enojado, nunca se imaginó que su carrera terminaría así.
Se había aislado de su familia, estos estaban en otro estado y aunque les doliera, sabían que con él era realmente imposible.
- Necesito que avances - le dijo su entrenador aquella mañana, estaba cansado de verlo sacar a los mejores fisioterapeutas del mundo, la compañía estaba dudando de él, pues el dinero que seguían invirtiendo era exorbitante y la evolución no existía.
- ¿Que mierda sucede contigo? - preguntó aún más enojado, este solamente le ignoraba, no quería hablar al respecto de lo que había sucedido y esperaba que este en algún punto reaccionará.
- OK, tu contrato terminará en un año, espero que por fin te comportes como un maldito adulto y realices un cambio o toda tu carrera se irá a la mierda - le dijo y se marchó, toda su intención de ayudarlo parecía llegar a su límite, no tenía paciencia para ello, estaba cansado de su actitud.
Su esperanza era nula, sabía que si perdía ese último contrato su vida se iría al carajo, ¡más!
Organizo una fiesta con varios compañeros, algunos influenciadores y un sin fin de mujeres, si tenía que ponerse nuevamente juiciosos, se daría la mejor fiesta de su vida.
- Hermano, pensé que no vendrías - le dijo Hans a Michel Ware, este era un chico bastante joven, había hecho una fortuna con los stream deportivos, la gente lo adoraba y en su mundo igual.
- Hans, es un gusto verte hermano, ¿cómo va la recuperación? - le preguntó, sabía que estaba bastante mal de hecho, pero no iba a decirlo, así como así.
- Ando en la búsqueda de un fisioterapeuta para mi equipo, esta vez estaré mucho más pendiente de esto, debo volver a la pista - dijo con un poco de molestia, llevaba días buscando a alguien que se mi diera a trabajar con él, nadie quería.
- Pensándolo bien, te diré que tengo la persona perfecta, mi hermana ha trabajado con deportistas de la NBA, es una dura con eso, si quieres le haces una entrevista y decides - le dijo este, quizás era un buen cliente para que su hermana volviera a despegar.
- ¿Con que compañía trabaja? - le preguntó.
- Ahora con ninguna, decidió hacerse camino por su cuenta - le dijo y Hans frunció el ceño, era difícil lograrlo de esa manera.
- Mándame su información, lo pensaré - dijo y siguió con su fiesta, luego organizaría lo de su pierna.
EN OTRO ESTADO...
Había pasado un año desde que decidió dejar de trabajar en aquella empresa que le brindó la oportunidad de comenzar su carrera, la razón radicaba en aquel nuevo jefe que había llegado a cambiar todo y les había dejado por fuera de los grandes proyectos solo por ser mujeres.
Recordó lo sucedido aquel día.
- ¿Por qué no me asignaste a uno de ellos y a Rachel el otro? - le pregunto, este estaba aburrido de verla siempre alegar, así que la miró y siguió trabajando como si no hubiese nadie.
- Te habló a ti, imbécil - le dijo aún más enojada y este giro su rostro rápidamente, estaba sorprendido.
- Por la sencilla razón, que los clientes se entenderán mejor con un hombre, tú y Rachel ya tienen obligaciones, no pidan más, su sueldo es bien remunerado, no entiendo la pelea que ha montado hoy - respondió ofuscado.
- Eres un maldito machista, sabes que las mejores aquí somos nosotras y aunque este negocio se venga encima por estar colocando a niñatos como Graham, no te importará, porqué jamás, pondrás a una mujer en un puesto importante, así que renunció - dijo totalmente seria, aún no podía creer lo que había dicho.
- Perfecto, entregarme tu dotación y vete, de consejo te digo, no busques en ningún lugar conocido, sabes que no te aceptarán y con una llamada mía, menos - le dijo enojado, no la quería volver a ver, así que la dejó sola, esperaba que se fuera pronto.
Ahora un año después Tania estaba desesperada, no había encontrado nada, absolutamente nada y como había dicho su ex jefe, le dejo sin cartuchos, ninguna organización la contrataba, después de pensar que desde su salida de la universidad tenía una vida completamente hecha, ahora tenía que comenzar de nuevo y se sentía perdida, podía regresar a casa y ahorrar dinero, pero era algo que no quería hacer, no porqué sus fuesen malos, pero tenía una meta clara y no quería volver al pasado.
- Hermana - le escribió por WhatsApp, Michel estaba emocionado, quizás fuese este el momento perfecto.
- ¿Sí? - preguntó, estaba revisando los recibos que comenzaban a llegar, el maldito de su ex jefe se estaba haciendo el idiota con su dinero, después de un año, no terminaba de pagarle todo lo que le debía.
- Quizás hay un trabajo para ti - le dijo y está se activó enseguida.
- Dime más - le pidió.
- Hans Lancer Smith - le dijo y se quedó en silencio, sabía los comentarios sobre sus anteriores físicos, este era un cliente bastante crítico y también recordaba lo que había pasado aquella noche de fiesta.
- ¡Nooo, ese hombre es un idiota, mira lo que ha hecho en un año después de su accidente, solo pasan noticias de sus borracheras, incluso, no ha cambiado la silla por algunas muletas, es un cliente que no quiere avanzar y es un reto, si me despide, mi hoja de vida estará peor! - dijo con preocupación.
- Quizás puedes lograr lo que otros no, piénsalo, no tienes mucho que perder, tu ex jefe ha dejado tu carrera sepultada - le contestó y está se quedó pensando.
Su teléfono sonó, un número desconocido.
- Hola, ¿con quién? - dijo ella con desenfado, estaba en el sofá viendo algo de tv.
- Hola, habla Hans Lancer Smith -.
Tania Ware había optado por una camisa blanca y un pantalón tiro alto de color Vino tinto, sus cabellos estaba recogido adelante con unos pequeños ganchos.
Era la primera entrevista en mucho tiempo y esperaba que fuera positiva.
- Solo ora mi niña, esta si es la oportunidad, además tu hermano tiene buenos contactos - dijo su madre al verla salir totalmente asustada.
- Amén mamá, no sé, siento que está vez si quedaré - le dijo esta y tomando las llaves de su carro, se marchó.
Su hermano había decidido cambiar su trabajo cerca de casa, ya no grababa ahí en su habitación.
Tomó la autopista, estaba algo asustada, era su única oportunidad para hacer que su carrera volviera a surgir, estaba nerviosa de cómo iba a manejar todo, no sabía ni por dónde comenzar.
- ¿Que tan malgeniado es? - le preguntó a Michel, su hermano, sabía por los medios que Hans era un poco problemático y está era la única oportunidad para sacar su carrera adelante.
- Del uno al diez, diría que es un veinte -le contestó este, haciendo que Tania se quedara un poco desalentada.
- Espero que esta vez no sea tan complicado, espero quedar, Dios, ayúdame - decía en voz alta, mientras iba manejando hasta ahí.
Puso un poco de música, quizás eso le calmara un poco, el sonido de un poco de salsa se hizo presente en su carro, tenía a todo volumen, cuando Marc Anthony comenzó a entonar flor pálida, el semáforo estaba por cambiar y justo cuando ella iba a pasar, un carro se atraviesa rayando le la parte delantera de una de las luces.
Tania no se esperó y bajo a pelear, nadie raya a su preciado carro y salía ileso.
- ¡Sal de ahí, maldito cobarde! - le dijo mientras veía que las personas dentro de aquel lujoso coche no se inmutaban para salir la rabia era grande, habían cometido una infracción, le habían rayado su bebé y pare a colmo no eran capaces de hablar o dar la cara, el enojo era monumental.
Esa mañana había pasado por un café y había pedido uno con doble crema y un poco cargado;
Lo vertió encima del visor, haciendo que uno de los hombres saliera.
- ¿Está loca, sabes lo que cuesta este carro? - le dijo el chico, era bastante alto y arrogante para su gusto.
- ¡Me importa muy poco cuanto cueste, me vale, me acaban de dañar mi carro y eso sí que no lo permito! - dijo realmente molesta.
- ¡No compares! - le dijo este totalmente indignado, el otro hombre que estaba dentro del vehículo le llamó y el joven se acercó.
- Ten, esto repara los daños y por favor, cuando pases ten cuidado de toparte con un coche de estos -le dijo y sin esperar a que esta contestara algo, se marchó. Tania estaba realmente molesta, jamás se había imaginado tener que lidiar con alguien tan cínico o con seriedad tomo los billetes y sonrió un poco, la cantidad ayudaría a repararlo y quedaría algo en sus bolsillos, sabía que no había sido culpable de lo que había pasado, que no les dejaría con la picardía de que se fueran sin pagar si ellos habían sido los culpables de pasarse antes de tiempo y de dañar su carro.
Sin más, siguió su camino, había perdido una gran cantidad de tiempo en aquella conciliación y su cita con su futuro jefe estaba un poco retrasada, no quería dar una mala impresión llegando tarde, así que apresuró la carrera, no si notar que la policía le seguía.
- ¡Noo, Dios ayúdame, ¡ahora no! - dijo mientras se aparcaba nuevamente y esperaba al agente.
- Buenos días, señorita - dijo él en modo de saludo, este parecía haber tenido una gran discusión, pues su rostro estaba bastante molesto.
- Buenos días, señor agente, cuénteme - dijo ella totalmente asustada, no quería una multa ahora.
- Ud. acaba de rebasar los límites de tránsito, así que es pertinente hacerle un comparendo por ello - le dijo y esta se quedó totalmente bloqueada.
- ¿Me ha escuchado, señorita? - le preguntó él preocupado por cómo se veía, estaba pálida.
- Sí, señor agente, perdóneme, he estado tan preocupada con una entrevista, un hombre chocó mi coche y ahora soy yo la que está a punto de perder su única fuente de ingreso, ¿me puede dejar ir? - le preguntó y este se negó.
- ¡Por favor, ayúdeme! - le dijo este y se quedó pensando, se veía bastante preocupada y parecía estar a punto de llorar.
Este al verla, algo en su interior se removió y se aceptó, la dejo marchar sin aquella multa.
Miró su reloj nuevamente, llevaba casi media hora de retraso y esperaba que aún la atendieran.
Tocó el timbre después que la dejase pasar en portería, estaba rezando para que no la devolvieran, había dejado su preciso coche en el lugar donde le habían indicado.
La puerta se abrió y una mujer bastante seria la guio hasta el despacho, ahí, había más chicas, a ella ya la habían llamado desde hace una media hora, tocó la puerta y pidió una nueva entrevista.
Esta vio que la mujer que estaba adentro la había colocado en una lista.
Tania estaba esperando, eran casi diez chicas además de ella, esta vez la habían dejado de última, habían entrevistado a cada una de las jóvenes, cuando escucho su nombre, el nerviosismo le invadió.
- Buenos días, ¿cómo están? - su voz salía bastante incomoda, estaba muy nerviosa, no sabía que podía esperar.
- No te contrataré, solo te deje ahí para que entiendas de que no puedes llegar tarde a una entrevista importante, que le quede como una lección a usted - le respondió un hombre bastante molesto, era joven, su expresión mostraba molestia.
- ¡No me haga eso, no sabe todo lo que me ha pasado hoy! - le dijo y este la miró fijamente, Tania sintió algo en su cuerpo cuando esté la observó de tal manera, tan amenazante.
- ¿Lavar un carro de lujo con una malteada? - le preguntó ofuscado, le había reconocido desde que la había visto irrumpir en la sala.
- Déjeme explicarle y pues no me parece justo que se deje llevar por eso, la entrevista es otra situación, así que deje le muestro mi trabajo y decide - le respondió, estaba molesta y más cuando no había sido la culpable.
- No la contrataré - le dijo de una vez, Tania estaba sorprendida, no había mirado ni siquiera su currículo y ya le estaba quitando la oportunidad.
- ¿Perdón? - preguntó ella totalmente molesta.
- Cómo ya le he dicho, se puede retirar, es mejor que lo sepa desde ya y no guarde ninguna esperanza de trabajar conmigo - le dijo, desde afuera se escuchaba como estos dos hablaban bastante fuerte.
- No entiendo por qué lo hace, usted y la otra persona que iba en el coche se metieron en mi paso, rayaron a mi bomboshell, me trataron pésimamente, ¿yo soy la culpable de su error? - le preguntó, estaba esperando una respuesta concreta, pero este no pensaba dársela.
- No me interesa darle una explicación, ya se le pagaron los daños - le contestó con cara de aburrimiento, odiaba las mujeres problemáticas y esta parecía ser una.