Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Moderno > NO ME LLAMES TÍO
NO ME LLAMES TÍO

NO ME LLAMES TÍO

Autor: Cata Páez
Género: Moderno
Valentina De Luca juró no volver a enamorarse de Adrián Rossi. No después de la forma en que él la rechazó. No después de pasar dos años en el extranjero intentando arrancarse de la piel al hombre que había marcado cada parte de su juventud. El hombre al que llamaba "tío Adrián" desde niña. El mismo que siempre la miró con demasiada intensidad... y aun así decidió mantenerse lejos. Pero regresar a casa fue un error. Porque Adrián ya no es el hombre que ella dejó atrás. Ahora es el rostro más poderoso del imperio De Luca. El hombre que levantó desde cero una de las divisiones más importantes de la empresa familiar. Frío, dominante y peligrosamente controlado. Un hombre acostumbrado a que todos obedezcan cuando habla. Todos excepto ella. Y entonces Valentina lo ve. En la entrada de una elegante casa que nunca había visitado, bajo la lluvia, con un niño en brazos... y una hermosa mujer rubia a su lado. Ese fue el momento exacto en que entendió que Adrián jamás la había amado. O al menos eso creyó. Porque horas después, él aparece empapado en la mansión De Luca, dispuesto a destruir años de silencio con una sola confesión: -Si te tocaba entonces, Valentina... no habría vuelta atrás para ninguno de los dos. Ahora ella deberá decidir si odiarlo es suficiente... o si está dispuesta a incendiar a toda su familia por el único hombre que nunca debió desear.
Leer ahora

Capítulo 1 1. NO ME LLAMES TÍO

365 días.

Un año completo lejos de Italia.

Dos inviernos en París.

Decenas de hombres intentando besarme.

Y ni uno solo logró arrancarme a Adrián Rossi de la piel.

Observé las luces de Milán desde la ventana del vehículo mientras la lluvia golpeaba suavemente el cristal. El chofer hablaba por teléfono en voz baja, dándome privacidad.

Privacidad.

Qué palabra tan absurda.

Porque incluso después de dos años lejos de casa, Adrián seguía invadiéndolo todo.

Su voz.

Sus manos.

Su maldito autocontrol.

Todavía recordaba la última vez que lo vi antes de marcharme. Él estaba de pie frente a la mansión De Luca, impecable dentro de un traje negro, mirándome con esa frialdad devastadora que solo él sabía usar conmigo.

-Eres demasiado joven para confundir admiración con amor, Valentina.

La humillación todavía me quemaba el pecho.

Apreté los dedos sobre mi abrigo, intentando empujar el recuerdo fuera de mi cabeza.

Había odiado a Adrián Rossi cada día desde entonces.

Y lo peor era que jamás había dejado de amarlo.

-¿Directo a la mansión, signorina? -preguntó el conductor.

Tardé varios segundos en responder.

Porque no.

No quería llegar todavía.

No estaba preparada para verlo.

Ni siquiera sabía si seguía viviendo cerca de la familia o si finalmente había construido una vida lejos de nosotros.

Levanté lentamente la mirada.

-No. Antes iremos a otra dirección.

Le entregué la ubicación que llevaba guardada en mi teléfono desde hacía semanas.

La antigua casa de Elena Rossi.

La madre de Adrián.

Pensé demasiadas veces en casa de aquella mujer mientras estaba en París. Elena siempre había sido dulce conmigo. Maternal. Cálida.

Todo lo que la mansión De Luca dejó de ser después de la muerte de mi madre.

Tal vez visitarla primero era un error.

Pero necesitaba hacerlo.

Necesitaba comprobar que Adrián ya no podía afectarme.

Veinte minutos después, el automóvil se detuvo frente a una enorme residencia moderna ubicada en una de las zonas más exclusivas de Milán.

Fruncí ligeramente el ceño.

Aquella no era la antigua casa de Elena.

La propiedad era enorme.

Minimalista.

Elegante.

Obscenamente lujosa.

Y entonces entendí.

Adrián.

Él había comprado aquello.

Una presión incómoda se instaló en mi pecho.

Porque mientras yo intentaba sobrevivir al recuerdo de él... Adrián Rossi había seguido avanzando.

-¿Desea que espere, signorina? -preguntó el chofer mientras abría la puerta.

-No será necesario.

Mentí.

La lluvia fina humedeció mi cabello apenas bajé del vehículo. El frío de noviembre golpeó mis piernas desnudas bajo la falda negra.

Respiré profundo antes de acercarme a la entrada.

Y justo cuando iba a tocar el timbre... La puerta se abrió.

Una mujer rubia apareció frente a mí.

Hermosa.

Alta.

Perfectamente arreglada incluso usando ropa casual.

Y llevaba un bebé en brazos.

El mundo se detuvo.

La mujer sonrió con naturalidad.

-¿Valentina De Luca?

Parpadeé, confundida.

Ella me conocía.

-Sí...

-Oh, Dios, Adrián tenía razón -rio suavemente-. Eres incluso más hermosa de lo que imaginaba.

La náusea me golpeó antes incluso de entender por qué aquella frase me dolía tanto.

Claro que sabía quién era yo.

¿Por qué no lo haría?

Yo era la sobrina de Adrián.

La hija de Alessandro De Luca.

La niña consentida de la familia.

La mujer acomodó ligeramente al bebé entre sus brazos.

-Soy Camille.

Y entonces sentí que el suelo desaparecía debajo de mis pies.

Camille.

La prometida de Adrián.

Mis ojos bajaron automáticamente hacia el niño dormido sobre su pecho.

Tenía ojos oscuros. Oscuros como los de Adrián.

La náusea fue inmediata.

-Yo... -intenté hablar, pero el nudo en mi garganta era grueso-. Vine sin avisar y... No... No es correcto que...

Camille sonrió con demasiada tranquilidad.

-Para nada. Adrián va a volverse loco cuando vea que regresaste. Tu padre habla de ti todo el tiempo y Elena no deja de mostrar fotos tuyas.

Cada palabra era una cuchilla.

Porque significaba que Adrián escuchaba sobre mí.

Pensaba en mí.

Sabía de mi vida.

Y aun así nunca me buscó.

Nunca llamó.

Nunca lo intentó.

Pero antes de que pudiera responder, una presencia masculina apareció detrás de ella.

Y entonces lo vi.

Adrián Rossi.

El tiempo había sido obscenamente cruel con él.

Porque ya no quedaba nada del hombre joven que dejé atrás.

Ahora era otra cosa.

Más grande.

Más frío.

Más peligroso.

Más atractivo.

El traje oscuro abrazaba sus hombros anchos con perfección. Su mandíbula estaba más marcada, su mirada más dura y esos ojos grises...

Dios.

Seguían destruyéndome igual que antes.

El bebé comenzó a llorar.

Pero nadie se movió.

Ni él.

Ni yo.

El silencio entre nosotros fue brutal.

Noté la manera en que Adrián tensó ligeramente la mandíbula mientras sus ojos recorrían mi rostro lentamente.

Mi boca.

Mi cuello.

Mis piernas.

Y después regresaban a mis ojos con una intensidad que me hizo doler el pecho.

-Valentina...

Mi nombre salió de su boca ronco.

Peligroso.

Retrocedí inmediatamente.

La vergüenza y la rabia me subieron por todo el cuerpo como fuego.

Claro que tenía una familia.

Claro que había seguido adelante.

¿Y por qué no lo haría?

La única idiota había sido yo.

Yo fui quien se quedó atrapada en algo que nunca existió.

-Disculpen la molestia.

Giré sobre mis talones y comencé a caminar rápidamente bajo la lluvia.

-¡Valentina!

La voz de Adrián retumbó detrás de mí.

Pero seguí caminando.

No iba a llorar frente a él.

No otra vez.

Escuché sus pasos acercándose.

Firmes y rápidos como siempre y segundos después sentí su mano sujetándome el brazo.

El contacto hizo que todo dentro de mí colapsara.

Adrián me obligó a girarme lentamente y lo sentí demasiado cerca.

Su perfume seguía siendo el mismo, una mezcla de madera, lluvia y peligro.

-¡Suéltame! -le exigí con furia. Pero él no lo hizo.

Sus ojos descendieron lentamente por mi rostro como si estuviera comprobando que realmente había vuelto.

-Volviste.

Esa simple palabra hizo que la rabia explotara dentro de mí.

-¿Eso es todo lo que vas a decirme después de dos años?

Adrián endureció la mandíbula.

-No deberías haber venido aquí. No debiste regresar, nadie aquí te extraña.

Sentí el golpe directamente en el pecho.

Pero me obligué a sonreír, aunque era una sonrisa amarga y dolida.

-Créeme, ya me di cuenta.

Sus ojos se oscurecieron inmediatamente.

-Tengo todo lo que siempre quise -escupió con arrogancia y soltó esa sonrisa altanera que solo usaba cuando despreciaba a alguien.

Miré hacia la casa, hacia la mujer, hacia el bebé y sentí que algo dentro de mí terminaba de romperse.

-Claro que sí, Adrian, siempre obtienes lo que quieres, sin importar que.

Adrián pasó una mano por su cabello mojado, perdiendo por primera vez algo de compostura.

-Valentina...

-¿Vas a presentarme a tu familia? -pregunté con crueldad-. ¿O eso también pensabas ocultarlo, tío?

Solté aquella palabra con intención, porque sabía cuánto la odiaba.

Y por primera vez desde que lo conocía, Adrián pareció quedarse sin palabras.

Eso me destruyó todavía más, porque el silencio también era una respuesta y finalmente me aparté bruscamente de él.

-Espero que seas feliz, tío Adrián.

El cambio en su rostro fue inmediato.

Oscuro.

Violento.

Sus dedos se cerraron alrededor de mi muñeca otra vez. Apretando más, hundiéndose en mi piel.

Y cuando habló, su voz salió baja.

Peligrosa.

-No me llames tío.

Mi corazón dejó de latir.

Porque nunca antes...

Jamás en toda mi vida...

Adrián me había pedido eso.

Capítulo 2 2. LA FAMILIA PERFECTA

La mansión De Luca seguía exactamente igual. Demasiado grande, demasiado elegante, demasiado vacía.

O tal vez era yo quien había cambiado.

Las luces cálidas iluminaban los enormes ventanales mientras los empleados iban y venían preparando la cena de bienvenida que mi padre insistió en organizar apenas supo que había regresado.

-Tu habitación quedó intacta -habló mi padre mientras caminábamos hacia el comedor y eso me hizo volver la atención a la realidad-. Nadie se atrevió a tocar nada.

Sonreí apenas.

Eso sonaba exactamente como una orden que él dio, más que otra cosa.

Mi padre siempre había sido un hombre poderoso, elegante y controlado frente al mundo... pero conmigo perdía completamente la compostura.

Yo era su debilidad más evidente.

-Te extrañé, principessa.

Su voz bajó apenas y algo dentro de mí se quebró.

Porque por primera vez desde que mamá murió, realmente me sentía en casa.

Tomé su brazo con cariño y lo abrace.

-Yo también te extrañé, papá -dije con mi rostro hundido en su enorme pecho.

Me di cuenta entonces, que no importaba que tan madura, rebelde y fuerte me mostrará, mi padre siempre sería mi lugar seguro.

Alessandro besó mi cabeza justo antes de entrar al comedor.

Y entonces lo vi.

Adrián.

Estaba de pie junto a la chimenea con una copa de whisky en la mano mientras Camille acomodaba al bebé en sus brazos.

La escena era perfecta, dolorosamente perfecta.

Él levantó la mirada apenas entramos y sentí aquel golpe brutal directamente en el pecho otra vez.

Dios. Tengo que controlarme.

Pero es que Adrian ni siquiera intentaba mirarme discretamente.

Sus ojos recorrían mi cuerpo entero con una intensidad obscena, como si odiara cada centímetro del vestido negro que llevaba puesto. Como si el hecho de verme otra vez fuera un problema.

Aparté la mirada primero, porque si seguía observándolo iba a terminar recordando demasiadas cosas.

La manera en que me enseñaba a nadar cuando era adolescente.

La forma en que sujetaba mi cintura cuando íbamos al gimnasio de la casa.

Su voz grave diciéndome:

"Concéntrate, Valentina." Con cada lección de matemáticas que me dio en la biblioteca.

Y yo jamás logré concentrarme en nada que no fuera él. Por eso era tan mala en todo eso.

-¡Mi niña!

La voz de Elena Rossi atravesó el comedor segundos antes de que ella apareciera.

Sonreí genuinamente por primera vez en toda la noche.

-Elena...

La mujer prácticamente me arrancó de los brazos de mi padre para abrazarme con fuerza.

-Mírate... París te hizo demasiado hermosa. Eso es peligroso.

Escuché a Camille reír suavemente.

-Eso mismo dije yo -Elena levantó la mirada hacia ella y su sonrisa desapareció apenas un segundo.

Pero fue suficiente para notarlo.

¡Oh!

Conocía demasiado bien a Elena, así que me di cuenta de que apenas podía soportarla.

Interesante.

-Camille -saludó con la educación impecable de siempre.

Falsa.

Fría.

Perfecta.

Camille fingió no notarlo.

-El bebé estuvo insoportable toda la tarde. Creo que ya siente el cambio de clima.

Mis ojos fueron automáticamente hacia Adrián y él lo notó.

Claro que lo notó.

Ese hombre siempre notaba todo conmigo.

Adrián dejó lentamente la copa sobre la mesa antes de acercarse para acomodar la manta del bebé con una naturalidad devastadora.

Como si hubiera nacido para aquello. Mostrándome como realmente era feliz.

La presión en mi pecho empeoró.

-Te ves cansada -comentó mi padre mirando a Camille al tiempo que Adrian estaba pasando su mano delicadamente por la mejilla de ella-. Tal vez deberías descansar después de cenar.

-Estoy bien -respondió ella dulcemente-. Adrián ha estado ayudándome muchísimo.

Y ahí estaba otra vez.

Sí, definitivamente, la familia perfecta.

Mis uñas se enterraron discretamente en la palma de mi mano.

-Bueno -mi padre sonrió ampliamente mientras tomaba asiento en la cabecera-. Ahora que mi hija volvió, las cosas finalmente volverán a la normalidad.

Adrián soltó una risa baja.

Sin humor.

-Lo dudo -soltó con dureza.

Mi mirada chocó inmediatamente con la suya.

Y lo conocía tan bien, que sabía que venía el peligro.

Eso era exactamente lo que había en sus ojos.

Pero mi padre no pareció notarlo.

-Mañana mismo regresarás a De Luca Group.

Parpadeé y me giré bruscamente para mirarlo.

-¡¿Qué?! -Adrian y yo protestamos enseguida.

-Yo se lo sugerí -soltó Elena con una enorme sonrisa y bebiendo una gran cantidad de vino.

-Tu oficina sigue exactamente como la dejaste -continuó mi padre tranquilamente-. Y Adrián necesita ayuda con la expansión internacional.

Sentí la tensión instalarse instantáneamente entre Adrian y yo.

Trabajar con Adrián otra vez, significaba verlo todos los días.

Camille levantó apenas las cejas.

Elena observó a su hijo atentamente.

Y Adrián...

Adrián no me quitó los ojos de encima ni un segundo.

-Valentina abandonó ese puesto hace dos años -dijo finalmente con voz fría-. No creo que ahora pueda retomarlo tan fácilmente.

La rabia me atravesó inmediatamente.

-París no me volvió incompetente, tío -lo provoque y claro que funciono.

-No -respondió él lentamente-. Solo demostró lo irresponsable que siempre has sido.

El silencio fue brutal.

Mi padre frunció el ceño.

-Adrián -lo llamó con firmeza.

-Hermano -respondió en igual tono. Pero él continuó mirándome como si el resto de la mesa no existiera. -Te fuiste sin terminar el proyecto de Dubái. Dejaste un desastre administrativo durante meses.

Sentí el calor subir violentamente por mi cuerpo.

-Mi madre acababa de cumplir años el día que me fui y tú decidiste recordarme que estaba muerta.

La mandíbula de Adrián se tensó. Camille miró confundida entre ambos.

Y mi padre bajó lentamente la copa de vino.

Porque sí. Ahora todos podían sentirlo, aquello ya no era una discusión laboral, era otra cosa, algo mucho más personal y no lo iba a ocultar.

-No deberíamos hablar de trabajo esta noche -intervino Camille suavemente mientras acariciaba al bebé-. Valentina acaba de regresar y estamos aquí para celebrar.

La miré y solté el aire que estaba conteniendo. Entendí a Adrian, Camille es hermosa, amable, pulida, elegante y... Perfecta.

La odié inmediatamente, porque ella era lo que yo no.

Y lo peor era que una parte de mí quería odiarla más porque sabía que realmente hacía feliz a Adrián.

Entonces él hizo algo que terminó de destruirme.

Se inclinó hacia Camille, acomodó un mechón rubio detrás de su oreja y besó su frente lentamente.

Delante de todos.

Sentí que el aire abandonaba mis pulmones.

-Adrián... -murmuré sin querer.

Sus ojos se clavaron inmediatamente en los míos. Y ahí estaba otra vez.

Esa oscuridad tan natural de él, esa crueldad tan familiar.

Como si besarla mientras me miraba hubiera sido completamente intencional.

Como si quisiera castigarme.

O recordarme exactamente cuál era mi lugar.

Capítulo 3 3. LO QUE ME HICISTE

El lobby del banco olía a dinero viejo y hombres peligrosos, un lugar hecho para Luciano Moretti.

Lo vi incluso antes de que mis escoltas abrieran las puertas de cristal. Estaba sentado en uno de los sofás del área privada, impecable dentro de un traje gris oscuro mientras revisaba algo en su teléfono.

Relajado.

Arrogante.

Como si el mundo entero le perteneciera.

Luciano levantó la mirada apenas me acerqué.

Y sonrió, odiaba esa sonrisa.

-Rossi.

-Moretti.

No nos dimos la mano.

Nunca lo hacíamos, porque hombres como nosotros no necesitaban fingir cordialidad cuando el odio ya era evidente.

Luciano observó distraídamente el reloj de su muñeca.

-Escuché que eres un padre ejemplar -soltó un bufido.

Mi mandíbula se tensó inmediatamente. Por supuesto que ya lo sabía, ese loco está obsesionado conmigo, eso y en nuestro mundo, las noticias viajaban rápido.

Especialmente cuando se trataba del apellido De Luca y todo lo que tiene que ver con nosotros.

-¿Y? -pregunté con frialdad.

Luciano soltó una risa baja.

-Relájate. Solo me sorprendió que el cruel y frío Adrian De Luca, tuviese tanto amor como para tener una familia.

No respondí.

Porque si había algo que detestaba más que escuchar a otros hombres hablar... era escuchar a Luciano hacerlo.

Sus ojos oscuros se desviaron hacia mi mano.

Hacia el anillo de compromiso.

-Ya, en serio. ¿Cómo está tu familia?

La pregunta sonó venenosa y ambos entendimos por qué.

Familia.

Camille.

El niño.

La mentira perfecta.

-Bien -respondí secamente.

Luciano sonrió apenas. Demasiado satisfecho para mi gusto.

-Me alegra escuchar eso.

Hijo de puta.

Di un paso hacia él lentamente.

-¿Estás aquí por algo importante o solo estás perdiendo el tiempo como siempre?

Luciano levantó una ceja.

-Siempre tan agresivo.

-Siempre tan inútil.

La sonrisa desapareció de su rostro.

Por fin.

-Ten cuidado, Rossi. De Luca Group no podrá protegerte toda la vida.

Solté una risa baja. Sin humor.

-Y tú deberías preocuparte menos por mí y más por las acciones de tu padre. Escuché que volvieron a caer esta semana.

Sus ojos brillaron con violencia.

Bien, le dí donde sabía que le dolería.

Quería provocarlo.

Porque Luciano Moretti solo cometía errores cuando perdía el control.

-No olvides algo, Adrián -habló acercándose apenas-. Los hombres como tú jamás terminan con esa familia feliz que nos quieres vender a todos, te quedarás tan solo como siempre has sido.

Sentí algo oscuro romperse dentro de mí.

Y por un segundo realmente consideré golpearlo ahí mismo.

Pero entonces recordé quién era y lo mucho que odiaba perder el control.

-Al menos yo no necesito pagar para que una mujer se quede en mi cama.

Luciano soltó una carcajada seca.

Pero sus ojos ya no sonreían.

Perfecto.

Me alejé sin despedirme, porque si seguía escuchándolo hablar iba a terminar matándolo.

Esa tarde regresé más temprano a la casa, tenía trabajo que hacer, pero por alguna estúpida razón la razón me llevó hasta la casa, aunque a la última persona que quería ver era a Camille y el pequeño Leo.

Estaba por irme al despacho, cuando escuche... La escuché y mis pasos frenéticos y seguros llegaron a la puerta de la casa.

La vi antes de que Camille dijera la primera palabra.

Y durante un segundo dejé de respirar.

Dos años.

Dos malditos años intentando arrancármela de la cabeza.

Y ahí estaba otra vez.

Bajo la lluvia.

Con ese vestido negro. Con esos ojos enormes mirándome como si acabara de destruirle la vida.

Perfecta.

Demasiado perfecta.

Sentí rabia inmediatamente.

Porque mientras yo trabajaba como un enfermo intentando convertirme en alguien digno de ella... Valentina simplemente se fue.

Me abandonó.

Abandonó el proyecto de Dubái.

La empresa.

A mí.

Ni siquiera me dio tiempo.

Ni una oportunidad.

Solo desapareció.

Y lo peor era que aun así mi cuerpo reaccionó a ella exactamente igual que siempre.

La manera en que mis ojos recorrieron sus piernas.

Su boca.

La curva de su cuello.

Dios.

Todavía quería besarla igual que hace dos años.

Pero ahora se sentía peor. Mucho peor.

Seguía siendo la misma mocosa desobediente, infantil, salió huyendo como si sus propios pies no la hubieran traído frente a mi casa por una razón más grande que ella misma. La seguí y la confronté, pero entonces me llamó "tío".

Y entendí inmediatamente que quería herirme.

Lo logró, porque escuchar esa palabra en su boca siempre se sintió mal.

Incorrecto.

Como si me recordara exactamente la línea que jamás debía cruzar con ella.

Y dos noches después, tuve que verla de nuevo, en esa cena que fue una verdadera tortura para mi mente y mis pantalones, pues se veía más perfecta que aquella tarde bajo la lluvia. Además tuve que soportar esa actitud de mi madre contra Camille.

Valentina estaba sentada al otro lado de la mesa usando ese maldito vestido negro mientras fingía escuchar a Alessandro.

Pero yo la conocía demasiado bien.

Sabía cuándo estaba molesta.

Cuándo estaba triste.

Cuándo quería escapar.

Y también sabía que seguía mirándome cuando creía que no la veía.

El problema era que yo jamás dejaba de verla.

Ni un segundo.

Entonces Alessandro habló.

-Mañana mismo regresarás a De Luca Group.

Casi apreté la copa tan fuerte que estuve a punto de romperla.

No.

No podía trabajar con ella otra vez.

No después de verla bajo la lluvia.

No después de descubrir que seguía destruyéndome con una sola mirada.

Pero Alessandro seguía hablando como si no entendiera el infierno que acababa de provocar.

Y después ella me llamó "tío" otra vez.

Provocándome y desafiandome, como siempre ha hecho.

Solo que ahora ya no era una adolescente, ahora era una mujer y eso era muchísimo peor.

Entonces cometí un error.

Besé a Camille mientras miraba a Valentina y la forma en que el dolor atravesó sus ojos...

Maldita sea.

Eso tampoco me hizo sentir mejor.

La cena transcurrió tal como se esperaba y por la hora, Camille y yo preferimos quedarnos a dormir, ella se fue a la habitación que solía ser la mía cuando era un adolescente y vivía allí, junto a Leo que ya estaba profundamente dormido.

La casa estaba en silencio cuando salí a la terraza, serví whisky en un vaso bajo antes de acercarme al borde de piedra que daba hacia el lago.

El lugar favorito de Valentina cuando era niña. Venía aquí cada vez que extrañaba a su madre y por alguna razón yo siempre terminaba encontrándola, justo cuando iba a empezar a llorar porque la extrañaba.

Escuché pasos suaves detrás de mí, no necesitaba girarme para saber que era ella, me mantuve entre las sombras y espere a que se acercara a la baranda para que la luna le bañara ese perfecto rostro.

-No sabía que estabas aquí -murmuró sin mirarme. Su voz hizo que el alcohol me ardiera peor en la garganta.

-Y aun así te quedaste.

Silencio.

Salí de las sombras finalmente.

Valentina seguía usando ese vestido negro ajustado y el cabello le caía sobre los hombros ligeramente húmedo.

Demasiado hermosa para mi propia estabilidad mental.

-¿Por qué hiciste eso en la cena? -preguntó.

-¿Hacer qué?

-Besarla mientras me mirabas.

La observé fijamente.

-Porque es mi prometida y la amo.

Sus ojos brillaron con rabia.

-Te odio -le dije y sentí su desprecio cuando me miró de golpe.

Di un paso hacia ella.

-No. Me odias porque me fui antes de que pudieras hacerlo tú -Valentina soltó una risa amarga, pero continuó-. ¿Crees que tú eres la víctima aquí?

-Creo que huiste como una niña caprichosa.

Eso la hizo explotar.

-¡Me rechazaste! -Su voz retumbó en la terraza y se dio cuenta de su error-. ¡Me hiciste sentir ridícula durante años y ahora pretendes actuar como si yo te debiera algo!

Di otro paso. Después otro. Apretando mis puños para evitar lanzarme a ella, pero seguí avanzando hasta arrinconarla contra la pared de piedra.

Valentina dejó de respirar.

Yo tampoco estaba respirando bien.

-No tenías idea de lo que me estabas pidiendo entonces -murmuré cerca de su boca.

Ella tembló.

Y Dios... Sentirla así de cerca otra vez estaba acabando conmigo.

-No quería que fueras mi tío -susurró-. Nunca quise eso.

Sentí el golpe directamente en el pecho. Mis ojos bajaron hacia su boca y por un segundo realmente pensé en besarla.

A la mierda Alessandro.

A la mierda Camille.

A la mierda todo.

Pero entonces escuchamos pasos acercándose.

Maldije internamente y reaccioné de inmediato, sujeté la cintura de Valentina y tiré de ella hacia la sombra lateral de la terraza, su espalda chocó contra mi pecho, mi mano cubrió rápidamente su boca y me incliné un poco hacia ella.

-No hagas ruido -susurré cerca de su oído.

Valentina se quedó completamente inmóvil entre mis brazos. Y entonces entendí algo peligroso.

Tenerla así... escondida conmigo... respirando contra mi mano... era exactamente donde siempre había querido tenerla.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022