Mi corazón latía con fuerza mientras nadaba con intensidad. Por suerte, a pesar del clima, la piscina era climática. Solo de esa forma podía relajarme por completo. Mi jefe me había exigido una historia impactante para las fiestas o de lo contrario me mandaría a la sección de noticias rápidas.
Lo menos que quería en estos momentos era reducir mis horas de trabajo y mi paga.
-¿Quieres ir a las olimpiadas Abby?- Mi amiga Max me observaba desde la banca mientras sostenía un vaso de chocolate en sus manos.
-Muy graciosa.- Salí del agua y ella se levantó para darme una toalla.
-¿Entonces? ¿Ya tienes una idea?
-No la tengo. Patrick quiere que haga una nota periodística que valga la pena.
-Piensa amiga, Greensfield tiene muchas historias. Después de todo, parece que la Navidad nació aquí. - Sonrió levemente y yo mené la cabeza divertida. Aunque lo negara, la verdad es que tenía razón. Greensfield era como la capital navideña. Desde noviembre se volvía Navidad. Debido a desde el primer día de ese mes caía nieve, la gente se entusiasmaba mucho con las decoraciones.
-No lo sé. Tendría que recorrer cada zona y Greensfield no es tan pequeño.
-¿No has hablado con Jude, Hanna o Tania?
-Les escribí, pero las tres deben estar ocupadas. Ya ves que dos de ellas son madres y una odia la Navidad y vive fuera de acá. - La rubia soltó una carcajada y luego sacó su celular ya que este vibró.
-Maldición.
-¿Qué pasó ahora?
-El doctor Phillips quiere que cubra su turno hoy.
-¿No turnaste hace dos días?
-Lo hice. Quería ir a ver a mi hermano. Supongo que tendré que posponerlo.
-Es una lástima. Tu hermano debe de estar muy triste. - Soné un poco sarcástica. Mi amiga soltó un gesto burlón.
-No entiendo cómo es que se odian tanto. Quiero decir, soy su hermana y tu mi amiga y aún así no se llevan bien.
-Son las cosas de la vida, ni yo me creo que la hermana de mi enemigo sea mi amiga.
-Deben de quererse al menos un poco, ¿no? - Hice una mueca y ella soltó una enorme carcajada. -Sal ahora, voy a esperarte y vamos a desayunar, luego iré al hospital.
Un par de horas más tarde me encontraba caminando hacia la oficina. Necesitaba buscar una historia digna para la editorial que me dejara en mi puesto o al menos me diera un aumento. Era una pesadilla pensar en algo bueno para la navidad.
-Tengo algunas ideas. - Denise, mi compañera de trabajo me dio una lista.
-Hay una actividad para familias con temática navideña.
-Bien.
-También está la fiesta anual navideña. - Asentí y le indiqué que me diera más información.
-Solo eso.
-¿En serio?
-Es lo que encontré. - Hice una mueca, pero le agradecí el gesto. Debía seguir buscando algo.
Le di una vuelta a las actividades de la alcaldía y otros eventos. Terminé mis notas pendientes y las horas pasaron como agua. Eran más de las diez y la oficina estaba vacía, en ese momento recibí una llamada de Max.
-¿Qué pasó?
-Te tengo buenas y malas noticias.
-Habla. - Coloqué mis pies sobre la mesa.
-Te conseguí una buena historia.
-¿De qué se trata?
-Es la remodelación de la antigua villa navideña.
-¿La Villa Greensfield? ¿No se suponía que estaba abandonada?
-Lo estaba, C&O Company compró el terreno y quiere reavivar esa villa. Si sigues la historia podría hacer un reportaje y bueno, darle una excelente promoción. - Eso sonaba genial, era una noticia de impacto para la comunidad.
-Es genial, pero... ¿dijiste C&O Company? ¿No es donde trabaja tu hermano?
-Esa es la mala noticia. Él es el director y encargado del evento.
-Oh no.
-Vamos Abby, no seas berrinchuda, necesitas de esto.
-Pero...
-Abby, es tu problema. No el mío. Ya te di la noticia. Te enviaré el número de mi hermano y ya verás tu si aceptarás o no. - Solté un suspiro y asentí.
-Bien, gracias Max.
-Okay, nos hablamos luego. - Con eso dicho, cortó la llamada y en segundos recibí el mensaje de mi amiga con el número de Thomas, su hermano.
Lo medité un momento, la verdad es que lo necesitaba. Pero mi relación con Thomas no era tan buena. Era... no lo sé, un chico chiflado y odioso. Conocía a Max desde la infancia, en ese entonces su hermano no vivía con la madre de Max hasta unos años después. Yo tenía diez y el doce.
Recuerdo que lo encontré saliendo de casa de Max, me di un golpe contra él y lo primero que pensé fue que era un chico atractivo, cabello desordenado, rubio, ojos avellana y una sonrisa infantil. Fue mi crush por unos segundos hasta que abrió su torpe bocota.
-¿Qué te pasa niña fea? - Me había dicho. Desde ahí, nuestro odio fue mutuo. Me lancé contra él por haberme dicho niña fea. Peleé contra él hasta que le arranqué un mechón de cabello dejándole una zona calva. Mis padres tuvieron que alejarme de su persona para que no le hiciera más daño. Desde entonces, los insultos y las discusiones formaron parte de nuestra relación.
Creí que con el tiempo lo superaríamos, pero de adolescentes fue peor. Arruinó dos de mis citas, mi primer beso, mi vestido de graduación e hizo que una profesora me odiara. Aunque, bueno yo tampoco fui una santa. Arruiné tres de sus citas, lo dejé calvo al agregar crema para rasurar en su champú y casi incendio su auto por accidente. Como sea, no era una relación sana.
Pero no podía negarme, me estaba quedando corta de tiempo y necesitaba la historia.
Así que lo hice, agregué el numero de Thomas y le escribí.
"Necesito hablar contigo"
Thomas respondió mi mensaje un día después. Creí que tardaría más, pero en realidad lo hizo casi de inmediato, me sorprendió tratándose de él. Habíamos quedado de hablar en la cafetería de la calle seis a las siete de la noche.
Al llegar la hora, me encontraba sentada esperando que llegara. Deseaba, por mucho, que no me dejara plantada o de lo contrario le pediría a Max su dirección y yo misma lo ahorcaría.
Si bueno, eso no fue necesario porque Thomas apareció. Cuando lo vi, me quedé en shock. Vestía un traje gris que ceñía su cintura y espalda ancha. Su cabello rubio se veía desordenado y su sonrisa no había cambiado en nada. Se había vuelto más atractivo de lo que pensaba.
En cuanto me vio sus cejas se alzaron o eso creí ver, luego solo vi seriedad en su rostro.
-Abby Frank, que milagro.
-Toma asiento por favor. - Señalé el lugar frente a mí y él acepto la invitación dejando su abrigo en el respaldo de la silla.
-Es bueno verte, supongo.
-Lo mismo digo. - Sonreí levemente.
-La pequeña Abby ha crecido, aunque tu altura sigue siendo la misma. Eres como un minion. - Ahí estaba el Thomas que conocía. El odioso Thomas Tristán.
-Y el idiota se ha hecho más idiota.
-Ufff... sigues teniendo esa chispa pequeña niña fea. - Sonreí sarcástica.
-¿Podrías dejar de burlarte?
-¿Quieres seriedad? - Alzó sus cejas mientras yo asentía. -Bien, habla.
-No sé si Max te comentó algo. La cuestión es que necesito una noticia que destaque en el periódico para las fiestas. Max me comentó que dirigirás la reconstrucción de la villa y quiero seguir ese proceso. - Colocó una mano en su barbilla y pareció meditarlo luego me miró y sonrió con burla.
-¿Qué?
-No puedo creer que me estés pidiendo un favor.
-Si no estuviera desesperada, no lo haría.
-Oh Dios, me dueles Abby. - Le di un sorbo a mi chocolate intentando relajarme, pero no me estaba funcionando. Su tono sarcástico era algo que me sacaba de quicio todos los días. Por eso me puse feliz cuando se fue a la Universidad.
-Thomas, por favor. ¿Vas a ayudarme o no?
-¿Qué me darás a cambio?
-¿Qué es lo que quieres? - Me crucé de brazos mirándolo fijamente. El rubio se apoyó en la mesa para acercarse a mí.
-¿Harás lo que sea?
-Qué no me parezca denigrante ni asqueroso.
-Le quitas lo divertido a la situación.
-Eres un pervertido. - Bufé y él solo se encogió de hombros. -¿Entonces?
-Te pediré un favor.
-¿Cuál?
-Cuando publiques tu nota, te lo diré.
-Dímelo ahora o no acepto.
-Es tu problema pequeña, yo no tengo urgencia con la nota. - Sentí que mis mejillas se ponían coloradas de la ira. Ay, como lo odiaba.
-Bien, bien, acepto. - Thomas sonrió vehemente y luego me extendió su mano. Pensaba que estaba a punto de hacer un trato con el diablo, pero necesitaba la nota así que la estreché.
-Es un trato entonces.
(...)
Al llegar a la vieja villa de Greensfield sentí un nudo en mi corazón. Estaba en la completa ruina. Recuerdo que cuando mis padres vivían solíamos venir a este sitio. Pasé mi infancia durante las navidades en este lugar junto con Max y sí, el tonto de Thomas. Mis padres habían fallecido ya hace diez años. Recién había cumplido los dieciocho cuando, debido a la nieve, perdieron el control del auto causando un terrible accidente.
Gracias a los padres de Max, tuve quién cuidara de mí y, además, mis padres habían sido precavidos dejando ya una herencia para mí, la cual me ayudó a estudiar en la universidad y además, me dejaron mi propia casa. Una casa que se sentía vacía todos los días. Por ello, Max se mudó conmigo, lo cual le agradecí bastante. Con ella las cosas no eran tan complicadas. Mis otras amigas también fueron un gran apoyo para mí, ellas nunca me dejaron sola y yo tampoco a ellas.
-¿Te trae recuerdos pequeña? - La voz de Thomas hizo que me sobresaltara. Al darme la vuelta se encontraba mirándome con una enorme sonrisa de oreja a oreja.
-¿No puedes hacer más ruido?
-Obvio no. - Comenzó a caminar hacia el grupo de gente que se encontraba desarmando las antiguas piezas que servían para las atracciones. Estaban oxidadas y completamente sucias.
Yo lo seguí detrás.
-¿Puedo sacar fotografías?
-El lugar es tuyo, pero creo que esos zapatos no te vayan a servir de mucho. - Señaló las botas con tacón que llevaba. Ahora que lo veía mejor, él vestía unos jeans, botas de construcción, y un suéter junto con su abrigo.
-No intentes darme consejos.
-Solo no me llames cuando te caigas.
-No lo haré. - Caminé dejándolo solo. Me acerqué la gente que trabajaba y saqué algunas fotos. Había maquinaria pesada por detrás y supuse que sacarían los restos para instalar piezas nuevas. Llegué a la mitad del recorrido de la villa y me di cuenta que estaba el asiento de la reina y el rey de la villa. Recordaba que eran elegidos por la gente que llegaba a la villa. La tradición era coronar a los más votados el primer día de la actividad. Era divertido, recuerdo que mis padres ganaron una vez ese evento.
-¿Le tomarás foto? - A Thomas se le estaba haciendo costumbre llegar a mí de esa forma.
-¿Planeas dejar eso para la villa?
-No lo sé. Hay muchas cosas que quiero quitar y otras que poner. Quiero decir, ahora hay muchos adolescentes y niños. Ya sabes, la generación z y todo eso.
-Puedo saber tus ideas. - Me miró con curiosidad.
-Bueno, quiero que la villa se aperture luego de encender el árbol. - Asentí. No sonaba mala idea. - Probar nuevos puestos de comida y juegos.
-¿Tienes negocios en mente? Cómo ayudar a empresas pequeñas.
-Tenía la misma idea, tengo algunos nombres en mente, si tienes alguna sugerencia...- Lo pensé y si, conocía a alguien.
-¿Recuerdas a la señora Grayson? - Asintió. -Ella vende unas deliciosas galletas de jengibre, podrías unir su negocio con alguien que venda chocolate y bebidas calientes.
-De hecho, creo que tengo a la persona indicada. Pero, ¿crees que ella quiera participar?
-Podemos preguntarle. Hace años que no te ve y para ella eras un niño encantador.
-Sigo siendo encantador. - Bufé por su mala broma.
-Podemos ir a buscarla a la hora del almuerzo, si gustas.
-Bien, sigue tomando fotos y lo que tengas que hacer, estaré por allá. - Señaló a los hombres con las máquinas. Asentí y lo observé irse. No podía creer que por primera vez habíamos concordado en algo. Parecía ser una tregua implícita.
A la hora del almuerzo, Thomas me llevó hasta su camioneta y luego de quitarle el seguro, abrí la puerta y me adentré en el cómodo asiento. Me puse el cinturón y Thomas me imitó. En segundos estábamos de camino a buscar a la señora Grayson.
Thomas puso algo de música y yo simplemente lo miré.
-¿Te siguen gustando las canciones de los 70´s.
-Nunca pasan de moda. - Creo que era lo único que teníamos en común.
-¿Qué otras ideas tienes? Pienso que dejar al rey y a la reina de la villa, sería algo muy lindo, sabes que siempre hay gente que le gusta la atención.
-Eso no te lo niego. - Sonreí levemente. -Bien, supongo que lo dejaré. Estaba pensando en una cabina de fotos, los chicos ven eso como algo aesthetic.
-No acabas de decir eso. - Me causó gracia y no pudo evitar cubrirme el rostro gracias a su expresión.
-Así dicen los chicos de ahora o me equívoco.
-Pero tú ya tienes 30.
-En físico, me siento como un joven por dentro.
-Ya claro, no me digas que sales con quinceañeras porque si no te mato ahora mismo.
-Oye, no soy un pervertido de ese nivel. - Parecía ofendido, pero pronto me mostró su rostro sonriente.
Minutos más tarde, estábamos frente a la casa de la señora Grayson, tocamos un par de veces y ella salió de inmediato vistiendo un delantal con un muñeco de nieve al frente.
-Señora Grayson, buena tarde.
-Oh querida, que bueno verte. - Se acercó a darme un fuerte abrazo que yo devolví con ganas.
-Digo lo mismo, extrañaba verla, además le traigo una sorpresa. ¿Recuerda a Thomas Tristán? - La mujer le dio una mirada al rubio a mi lado y sonrió ampliamente.
-Por supuesto, el pequeño y travieso Tommy, que bueno verte querido. - Lo abrazó con la misma fuerza que a mí. -Que bueno verlos juntos, sabía que terminarían saliendo. - Miré a Thomas con espanto.
-¡Qué! No, señora Grayson no...
-Que bueno verla señora Grayson, me alegra mucho. - Interrumpió el rubio. Lo miré con los ojos entrecerrados mientras el sonreía del lado.
-Pasen, niños. Adelante. - Grayson me ignoró y caminó detrás de la señora. Puse los ojos en blanco y luego entré cerrando la puerta detrás de mí. Ella nos llevó hasta la cocina y ahí nos ofreció un poco de té.
-¿Qué los trae por aquí niños?
-Bien, veníamos a ofrecerle un trato. - Sonreí. -Thomas se está encargando de reabrir la villa navideña y queremos que negocios pequeños, como el suyo, aprovechen a vender en el gran evento. - Ella nos miró con una sonrisa.
-¿Es en serio? - Noté que se sonrojaba, tal vez era por la emoción. -¿De verdad me darían ese tipo de oportunidad?
-¿Por qué no? Puede trabajar con el señor Henderson para las bebidas calientes combinadas con sus deliciosas galletas de jengibre. - La mujer parpadeó varias veces y luego asintió.
-Claro, me parece perfecto.
-Bien, deme su número y estaremos en contacto para que pueda tener una reunión con el señor Henderson.
-Claro querido, no es nada. Les agradezco la oportunidad. - Charlamos un poco más y luego de eso salimos de la casa con una sonrisa. Sin embargo, al vernos la sonrisa desapareció.
-¿Por qué no le dijiste que no somos pareja?
-De qué sirve. Ella se metió esa idea. De todas formas, no nos afecta.
-¿Y si corren la voz?
-Lo dudo mucho, media población en Greensfield sabe que no nos soportamos. - Suspiré. Esperaba que tuviera razón. -Ahora vamos, debemos volver a la construcción.
(...)
Una semana había pasado y ya tenía formado el inicio del reportaje. Honestamente me había servido bastante haber ido todos los días a la remodelación, y no había sido tan malo que Thomas dirigiera aquello después de todo.
Le llevé un pequeño borrador a mi jefe y quedó impresionado.
-Encontraste la noticia perfecta.
-Lo sé. La remodelación de la villa implica muchas cosas. Abrirá el 15 de diciembre y pienso que hay mucho por hacer, los trabajadores incluso lucen entusiasmados con este proyecto.
-Hasta tu lo pareces. - Sonrió y yo no pude evitar sonrojarme. -Me gusta, sigue con la historia. Espero ver algo increíble para el 23 por favor.
-Claro, lo haré.
Al salir de la oficina recibí un mensaje de Larissa, la madre de Max. Me pedía que la viera en su casa ya que necesitaba hablar conmigo sobre algo importante. En cuanto terminé de trabajar las otras notas pendientes, salí directo a la casa de Max.
Ya que yo tenía llaves no tuve que tocar y en seguida fui recibida por Hudson, el Golden de Larissa.
-¡Linda! Me alegro de que vinieras. - Me abrazó con fuerza mientras yo le devolvía el gesto. Pasamos a la sala y ahí me quité mi abrigo y mi bufanda.
-Sé que no debería molestarte, pero es que tengo una emergencia.
-¿De qué se trata?
-Verás, Max no podrá ayudarme con la recaudación de juguetes para los niños, ya que tiene que dormir algo por el turno que debe terminar. Solo será por la mañana, ¿podrías? - Lo pensé un poco, la verdad no necesitaba ir a la oficina hasta terminar con el reportaje, lo cual me daba cierto chance.
-¿A qué hora me necesitas?
-A partir de las diez.
-Bien, solo iré a tomar unas fotos a la villa y llegaré a ayudarte.
-¿En serio? - Preguntó emocionada yo le sonreí y tomé sus manos con suavidad.
-Haría lo que sea por ayudar Larissa.
-Esa es mi chica. - Escuché que sonó algo en la cocina y ella se levantó con violencia. Entonces el sonido del timbre hizo que desviara mi atención.
-¡Yo abriré! - Le grité. Me levanté y en cuanto estuve en frente, abrí la puerta encontrándome con unos ojos avellana que conocía muy bien.
-¡Pequeña Abby!
-¿Hola? - Me hice a un lado y lo dejé pasar. Thomas me miró con extrañeza.
-¿Qué haces acá?
-Tu madre me mandó a llamar.
-Claro. - Sonrió. Entonces Larissa apareció para abrazar a su hijo con mucho amor. Fue una escena conmovedora, aunque yo lo odiara, seguía siendo el hijo querido de Larissa.
-Que bueno que viniste hijo, creí que no vendrías.
-Lo prometido es deuda.
-Al menos tengo a dos de mis hijos aquí. Max sigue evitando venir con su excusa de siempre, tengo mucho trabajo. - Sonreí levemente. Comprendía muy bien a Max. -Ayúdenme en la cocina, la cena está lista.
-Ah yo...
-No me des excusas tú también Abby. - Me miró con sus ojos de cachorro. Miré a Thomas quien me veía con diversión. Sabía que me arrepentiría de esto.
-Bien, vamos.