–Tenemos solo unas pocas horas, así que presta atención, hemos reparado esta vieja cámara, nos ha llevado horas y... –Cinco hizo amago con su mano para lanzar una pequeña roca que al impactar contra mí se hizo más grande –¡Ah! ¿Por qué me pegas?
–¿Hemos? –dijo haciendo énfasis en la palabra.
–Bien, Cinco, Cinco ha reparado esta vieja cámara, le ha llevado horas.
Vi como Cinco sonreía, un gesto que no se permitía siempre, algún día le diría que me gustaba su sonrisa, algún día cuando no estuviéramos cerca de la muerte, pero algún día aquí siempre es sinónimo de muerte, al menos lo es para Cinco y para mí.
–Bueno, continúa con tu mensaje de ayuda, Cuatro. No creo mantenerla encendida por mucho tiempo.
–Di acción para que continuemos con la toma.
–No diré acción, no hemos dejado de grabar –empezó a formar otra sonrisa cuando su rastreador empezó a emitir señal, se había distraído, o, mejor dicho, yo la había distraído. Venían por nosotros, ver terror en los ojos de mi compañera era menos frecuente que una sonrisa, si Cinco tenía miedo significaba que estábamos jodidos –Termina ya, tenemos menos de 5 minutos para salir de aquí o nos volverán a capturar.
–Por favor, no te asustes, –empecé a hablar atropelladamente, no sabía cómo las palabras salían de mi boca, movía los ojos frenéticamente en busca de un salvoconducto que les hiciera a ellos más fácil la entrada que a nosotros la salida, pero Cinco ya estaba sellando todo con las manos –cuando encuentres este mensaje y este diario, empezarás a correr peligro y posiblemente serás perseguido por el ejército de Magnus hasta que les digas donde encontraste esto y si no lo haces, serás torturado hasta...
–No creo que eso motive a nuestro elegido a salvarnos –escuche decir a Cinco fastidiada mientras derretía el último cerrojo de la habitación; este plan no le gustaba nada porque era tan probable que termináramos de nuevo capturados como lo era lograrlo, pero yo no le daría el lujo de tener razón siempre, así que seguí hablando intentando ocultar el miedo que se empezaba a formar en mi interior.
–La cosa es esta, "elegido" estas siendo observado y nosotros ahora estamos siendo observados, tenemos tres minutos antes de que llegue el ejército y nos lleven, por cuarta vez en el mes, pero tranquilo, si nos ayudas te ayudaremos, esta es tu misión, si eres la persona correcta sabrás que hacer y donde exactamente queda el laboratorio al que necesitamos que vayas, una vez ahí por favor desactiva nuestros rastreadores, sigue las instrucciones de este diario y nosotros los podremos extraer, sabes que somos el experimento secreto de Magnus, conoces nuestros códigos de memoria ¿cierto?, pero te los queremos recordar, Cinco mejor conocida como 51102. Por favor desactiva el de ella primero porque si ella no sale yo n...
–No te hagas el héroe ahora, necesitamos ambos ser desactivados, el código de Cuatro es 11498, de aquí me haré cargo yo. Tú vigila las entradas y crea un tornado lejos de nosotros, cuando veas las tropas cerca lánzalo–. No sé en qué momento Cinco decidió que sería la líder de este equipo, pero me gustaba que lo fuera, ella hacía que todo funcionara y pudiéramos salir, así que la dejé dando el mensaje a nuestro elegido y corrí hacia la ventana.
Tuve que patearla para hacer añicos el cristal, Cinco había derretido todo el marco, pasar estos detalles no era típico de Cinco, tenía miedo y no había tiempo.
Una vez rota le ventana empecé a formar el tornado a veinticuatro metros de la cabaña y en dirección al sur, sabía que el ejército vendría del oeste, pero quería utilizar el factor sorpresa, escuche a Cinco hablar del lugar donde todos seríamos libres, hasta nuestro elegido, dándole instrucciones precisas de como apagar el comunicador y quejándose de la utopía de Magnus.
Utopía basada en la inmortalidad y el poder, solo para Magnus, claro. Era un asco, utilizó el poder de jóvenes como nosotros para volverse a sí mismo poderoso e inmortal, hasta que los extinguió y reclutó como sus títeres en su academia.
Escuche como Cinco contaba la historia de hace años, cuando personas normales eran la sociedad del futuro y como Magnus y sus seguidores nos hicieron a nosotros, los waywards, los amos del mundo. No estaba mal, al principio, un mundo donde tus poderes no tenías que ocultar, jamás pensé en los humanos y estoy seguro que Cinco tampoco lo hizo, lo que empezó a estar mal fue el cómo Magnus los devoró a todos, sí, devoró, tragó, mastico, comió, usa el término que quieras para no usar canibalismo.
Los pocos humanos que sobrevivieron hicieron uso de su tecnología moderna para librarse de él y sus hombres. Ahora viven escondidos, libres y son más poderosos o eso es lo que dicen, pero ya nadie cree en eso, nadie salvo nosotros, estamos decididos a llegar a ese lugar y ser libres al fin, ¿libres de qué?, esta es la parte favorita de Cinco, sin mirarla sé que sus ojos están llameando, llenos de euforia.
Cuando gobernaban al fin los nuestros, los celos y las guerras internas empezaron a surgir, cada clan wayward quería tener el control del mundo, todo era un completo caos, la lucha duró años, murieron miles de los nuestros, pero Magnus llegó con una "salvación" para nuestra raza, siendo realista de no ser por el nadie habría sobrevivido, pero sobrevivir es aprender a vivir con elecciones injustas, sobrevivir a cambio de dejar nuestros poderes atrás, a partir de esa guerra nadie volvió a tener un Ward, jamás.
Nadie, salvo Magnus.
Quien los poseía todos, al parecer.
La guerra terminó, pero también lo hizo nuestra raza, el como la conocíamos, acabo. El único con poderes y el único eterno sería nuestro "salvador" o lo sería hasta que Cinco y yo aparecimos o despertamos, le gusta contar esta parte a ella, le gusta decir que me salvo la vida y a mí me gusta decir que yo le importo tanto para poner su vida en riesgo por mí, un trato bastante justo.
–Si eres la persona correcta sabrás que todo lo que te acabamos de contar es cierto y que tienes los minutos contados, así como nosotros los tenemos contados y...
–No, ya no, están aquí, corta eso y ven acá. Están llegando, está vez fueron inteligentes, rodearon la cabaña.
Vi como los soldados de Magnus se acercaban cada vez más en camionetas blancas, bastante grandes para un ejército y lo suficientemente blindadas para no ser destruidas por nuestros poderes.
Escuche como Cinco suspiraba resignada antes de agregar –Debes saber algo, no te escogimos por casualidad... las casualidades no existen, sabemos que tienes algo que, como nosotros, su destino es la muerte. Nos ayudas y te ayudamos. Un final muy turbio para todos, ¿no? –Estaba hecho. Había soltado el factor sorpresa como una amenaza, era nuestra última plegaria por vivir un día más.
Cinco se acercó a la ventana, su mirada buscaba frenéticamente una salida, no la había... nunca nos dejaban más remedio que pelear, sonrió consternada.
–Pensé que tendríamos más tiempo –empezó a decir Cinco, cerrando la cámara –, será mejor que hagamos explotar este lugar para que puedas arrojar este mensaje a nuestro elegido.
Empecé a traer el tornado a la cabaña y Cinco se aferró al suelo como si nuestras vidas dependieran de ello, lo hacían, en realidad. Jale el tornado con tanta fuerza que si Cinco reaccionaba un segundo más tarde pudimos salir disparados hacia el ojo del tornado y una vez ahí, no puedo controlar su fuerza; hizo un movimiento demasiado brusco con las piernas, como si se tratara de un monopatín aferrado a los pies del conductor, salimos disparados en el aire, dejando un cráter dentro de la cabaña, el rugido del viento no nos dejaba escuchar nada, pero sabíamos que ya habían abierto fuego contra la cabaña y que el tornado era la distracción perfecta.
A quinientos metros sobre el tornado y la cabeza de todos esos soldados Cinco me entregó la cinta y el diario, tenía en sus ojos esperanza, algo que no podíamos permitirnos después de huir siempre, obligue al tornado a disiparse creando una explosión que lanzaría a todo el ejército de espaldas y si teníamos suerte a algunos vehículos sobre ellos. Le sonreí y lancé la cinta atada al diario a nuestro hombre.
Un lanzamiento impecable que seguro llegaría.
–Ojalá tengas razón y este ahí ahora, de lo contrario nos acabas de condenar.
–Tranquila, seguro que ya le habrá llegado y posiblemente le rompí la taza de café en el arribo.
–Entonces, ¿cuál es marcador? ¿124 a 78? A mi favor, claro.
–Hoy te hago trizas.
–Como digas –Cinco hizo un ademán con la mano y sus ojos le empezaron a llamear, señal idílica de que estaba preparada para atacar. Con un impecable salto fue hacia atrás deslizándose de la roca que seguía cayendo, pude observar como creaba ráfagas con sus manos dirigidas a los soldados y como la tierra por la que pasaba se abría y se tragaba a varios soldados, una vez dentro se volvía a cerrar, dejándolos enterrados hasta el fin de sus días... o minutos.
Esperé a que la roca se estrellara con lo que quedaba de la cabaña para saltar en el último segundo y lanzarme contra un grupo de soldados que recuperaba el conocimiento apenas, como pensé, varios carros arremetieron contra sus hombres.
Me impulse con las manos para simular un vuelo y justo cuando estaba sobre la cabeza de los soldados, ¡splash!, una ola de agua los derribó por segunda vez en menos de diez segundos, caí unos pocos metros cerca de ellos para comprobar que había matado a 6 de un solo golpe, esto sería más fácil de lo que había imaginado, si nuestro elegido se negaba a ayudarnos tenía la esperanza de que Cinco y yo podríamos salir de esta y averiguar cómo apagar nuestros rastreadores.
Tres soldados corrían hacia mi disparando, no tuve más remedio que tronar mis nudillos para provocar una ráfaga de aire que levantara a sus compañeros muertos para que ellos recibieran los balazos y en un ademán más de mis nudillos fueran directamente a sus compañeros derribándolos, eso los mantendría ocupados.
Cinco se encontraba del otro lado golpeando a un soldado en la cara con otros cuantos a su alrededor inconscientes, aunque probablemente no sólo estuvieran inconscientes.
Era buena peleando, la mejor de la academia, sin duda, la había visto innumerables veces dejar inconsciente a todo aquel que se enfrentara a ella en combate y la había visto fuera de la academia haciendo uso de sus poderes para derrotar a todo aquel que representara un riesgo para nosotros; el soldado cayó al suelo tras el golpe.
Después de unos cuantos minutos no había ni un solo soldado con vida, habíamos terminado con todos, Cinco había hecho desaparecer a más de la mitad con el truco de la tierra y dejando un incendio del tamaño de un pequeño pueblo a su paso, que termine extinguiendo yo... no me pareció un movimiento muy justo para el marcador, pero si me pareció un movimiento demasiado útil para seguir con vida.
–No me mires así, Cuatro, cuando puedas crear tú esto, o usar como debes tu Ward el marcador estará parejo–. Había dicho con una mirada de autosuficiencia e incinerando a dos soldados al hacer chasquear los dedos, sus poderes y el manejo que tenía sobre ellos era increíble.
–Tal vez sea mejor ir al norte, vendrán más, pidieron refuerzos luego de que los hundieras–. Empecé a decir examinando uno de los comunicadores de los soldados, había escrito "Amenaza. Control definitivo de su don" que raro usar la palabra amenaza y don en la misma oración.
–Necesitamos movernos rápido, no podemos ir a pie –indicó Cinco caminando hacia una de las camionetas–, tal vez tengan indicador de ubicación, pero podemos hacer que más de una vaya en direcciones diferentes.
–¿Quieres que nos separemos?
–No, idiota. Pon a levitar a esos dos tipos en esta y a esos en la otra, nosotros iremos en está–. Indicó señalando la que en mejor estado se veía, aparentemente.
Troné mis nudillos para hacer levitar los cuerpos de cada soldado que ella me indicó. Coloque a dos en una camioneta que tenía los cristales rotos y arena por todos lados, estaba intentando encenderla cuando lo vi, primero pensé que era el sol brillando en el tablero de esta que con la arena podría crear reflejos, no estuve seguro hasta que volvió a parpadear y otra vez, ya no tenía dudas.
–¡Cinco! Aléjate de las camionetas, rápido ¡corre! –Ella me miró confundida, no se había percatado, otra vez más parpadeo.
–¡Bomba! –grite, pero ella ya no podía oírme una detonación hizo saltar a una camioneta a tres metros de ella para cuando comprendió era tarde.
Lance una ráfaga de viento, anhelando que se la llevara lejos de la detonación, no sabía si funcionaria, la explosión me alcanzo a mí un segundo después.
Cuando saltas por los aires a causa de una bomba que activa otras seis, tienes que morir, estábamos muertos. Dicen que cuando mures puedes ver tu vida una vez más en unos segundos, el recuento de todo lo importante y todo el ruido que hay a tu alrededor se apaga, no es cierto.
Lo único que podía ver era oscuridad y yo quería ver a Cinco.
Oscuridad, así termina todo.
No en unos ojos azueles... solo la nada.
La lluvia caía como una cascada sobre el campo, si continuaba cayendo con esa fuerza activaría una de las minas que estaban a la espera de hacer volar todo por los aires. Continúe arrastrándome como nos habían enseñado brazo izquierdo impulsado por la pierna derecha, brazo derecho impulsado por la pierna izquierda cuidando no tocar algún lugar que indicara que habían escarbado para depositar la mina, pero la lluvia ya había vuelto la tierra una masa homogénea.
Mi única alternativa ahora era buscar una luz roja e intentar escuchar sobre la lluvia. Brazo izquierdo pierna derecha, brazo derecho pierna izquierda. Pude escuchar una explosión y a uno de los cadetes gritar.
Un lugar más.
No podía ver el límite del campo, pero sabía que estaba cerca, continué arrastrándome intentando ver la luz roja que me indicara que una mina activa estaba cerca de mí, pero la lluvia continuaba cayendo imposibilitando ver más allá de medio metro delante de mí, no podía quedarme ahí y tampoco podía continuar, al menos no a ciegas.
Con cuidado de no tocar la valla eléctrica que había sobre mi cabeza, desanudé una de mis botas, la lancé a veinte centímetros delante de mi esperando una detonación, nada, solo el sonido de la lluvia que continuaba cayendo uniformemente, avancé, repetí el movimiento siete veces más hasta que en mi campo de visión apareció una luz roja que tiritaba una y otra vez, se encontraba en el límite del campo al final de la prueba, sabía que no tenía mucho tiempo para desactivarla y que la lluvia no me permitiría acercarme demasiado para hacerlo, tenía que terminar esta prueba rápido o no tendría un lugar en la siguiente.
Retrocedí, brazo izquierdo pierna derecha, una y otra vez, volví a lanzar la bota al mismo tiempo que retrocedía una vez más.
La detonación calló por un momento el sonido de la lluvia, parando todo a su paso, estaba demasiado cerca del límite como para ver el balazo de los soldados, uno menos, eso indicaba, estaba seguro que los cadetes cerca de mi empezarían a arrastrarse más rápido, creyendo que uno más se había ido, un lugar más.
Cuando la tierra dejó de caer, avancé de nuevo a un ritmo más rápido que el anterior, esta vez estaba seguro que no había peligro delante, el peligro venía detrás de mí y yo no podía escuchar nada. Pero en cuanto cruzara ese límite lo habría dejado atrás.
Brazo izquierdo pierna derecha, brazo derecho pierna izquierda, brazo izquierdo pierna derecha, brazo derecho pierna izquierda, volví a ver el límite y lo que quedaba de mi bota, deslizándome rápido llegué al final de la prueba, la lluvia continuaba cayendo, pero había terminado. Había conseguido uno de los lugares.
O eso creía.
Al ponerme de pie un soldado se acercó a mí, examinándome, al tenerla cerca puede notar que era una mujer; no la había visto antes, parecía tener cuarenta y sin duda disfrutaba esto.
Articulaba palabras, pero yo no escuchaba nada, la explosión de la mina aún estaba presente en mis tímpanos, ella pareció percatarse porque me roció algo y de nuevo ahí estaba, el sonido de la lluvia, que te impedía escuchar nada más.
–No estás muerto, quiero que me digas ¿cómo lo hiciste? –parecía molesta, para nada impresionada.
–Mi bota –dije señalando mi pie descalzo lleno de lodo–, la empecé a lanzar desde que la tierra se convirtió en lodo, imposibilitando ver las minas.
–Inteligente, pero te hará falta en la ciudad, cadete –dijo pinchando detrás de mí oreja, escaneando mi código–. Tienes que elegir un arma, pueden ser dos, pero no te dejarán moverte una vez que termine contigo–. Señaló una caja llena de armas de fuego, había escopetas, fusiles, subfusiles, revólveres y también había armas de combate cuerpo a cuerpo, espadas, dagas, cuchillos, estoques. Incluso había arcos y ballestas. Sabía que con esa tormenta no podría ver más allá de medio metro, como en las minas, decidí que lo ideal sería llevar un arma de combate cuerpo a cuerpo, algo que me permitiera correr y moverme ágilmente, dagas gemelas. Las tomé, la hoja era curva y no medía más de cincuenta centímetros, su mango era de cuero y se adecuaba a la palma de mi mano; esto sin duda me serviría. Luego de guardarlas en mí cinturón miré a la soldado, parecía aún más molesta.
–¿Esas? –preguntó incrédula.
–Sí, la lluvia no me permitirá ver más allá de medio metro.
–Como quieras –empezó decir sacando una especie de dispositivo circular–. Ahora dame tu mano derecha–. Inyectó el dispositivo circular en ella, emitió una leve vibración antes de que perforara mi mano y saliera un bastón metálico cerrándose alrededor de esta, después de dar una vuelta pareció expandirse, por un momento pensé que era un bastón de kendo, hasta que al final hizo una u al terminar, a su vez expandiéndose al inicio. Un paraguas. ¡Tenía que ser una broma!, intenté sacarlo, no necesitaba un paraguas, eso me quitaría velocidad y no me dejaría usar las dagas.
–No puedes quitarlo, perforó tu palma de lado a lado, órdenes de Magnus para hacer esta selección más interesante – dijo la soldado al ver que intentaba quitarlo de mi mano–. Ahora, deja que termine contigo, voltea
–Pero necesito las dos manos para usar las dagas.
–¡Voltea! –parecía más enfadada que cuando salí del campo de minas.
–Entonces dejé que cambie de arma–. Necesitaría un revolver si quería llegar lejos.
–Cadete, es una orden directa, voltee, el arma no se puede cambiar. Voltee o daré de baja su código.
Mi sangre se heló, si daban de baja tu código antes de ingresar a la academia solo podía significar que habías muerto en las pruebas, sinónimo de dejar de existir ante la sociedad: muerte. Hice lo que la soldado pedía, volteé a verla, ella formó una sonrisa burlona en su rostro antes de rosearme con un gas. Ardía. Cada músculo de mi cara ardía, perdí el equilibrio cayendo al suelo, creo que en algún momento empecé a gritar hasta que ya no escuché la lluvia más, solo mi voz, hasta que distinguí que no era mi voz, era la de otro cadete ¿le habrían aplicado el mismo gas? ¿Habría muerto en una mina? Otro grito, igual de lastimero que el anterior, ¿qué pasaba? ¿Por qué ardía tanto? ¿Qué era ese gas? Un grito más, otro más, hasta que a mí alrededor solo se escuchaban desgarradores gritos rompiendo el sonido de la lluvia.
Todo se quedó callado hasta que lo único que vi fue oscuridad. Pero no era consciente de lo que hacía ya.
No supe en que momento me desmayé o en qué momento los gritos cesaron, lo único que podía escuchar una vez más era la lluvia. ¿Habría perdido la prueba? La respuesta a mi pregunta llegó segundos después, cuando escuché gritar a la soldado malhumorada, me gritaba a mí.
–¡Cadete, levantase! ¡Continúe con esa prueba antes de que le dé un balazo yo misma! –Me incorporé, oscuridad era todo lo que había a mi alrededor, era de noche y yo no tenía sentido de orientación. No entendía porque quería que hiciera la prueba de noche.
–Señora, es de noche, la lluvia y la oscuridad no me dejará terminar y es probable que ya estén todos los lugares ocupados–. Esperaba una respuesta, esperaba que me dijera que aún podía hacerlo porque quedaba mi lugar, pero solo el sonido de la lluvia era mi respuesta.
–Dispáreme de una vez, por favor. Prefiero morir aquí en vez de no ser seleccionado–. Me aventure a decir, buscando a la soldado, mis ojos aún no lograban acostumbrarse a la oscuridad de la noche, seguía sin recibir una respuesta dispuesto a rendirme cuando la escuche, su risa, era un estruendo, podía escucharla por todos lados. La soldado se estaba riendo, pero ¿de qué? ¿De mí?
–No seas tonto hijo, aun no es de noche, perdiste el conocimiento solo unos minutos, como todos –. Empezó a decir entre risas.
–Ahora, ¡largo cadete, terminé esa prueba!
–Pero no veo nada–. El pánico volvió a apoderarse de mí.
–Pues claro que no ve nada, cadete. Ahora es ciego–. Dijo la soldado, lanzándome hacia delante, haciéndome caer.
Empecé a deslizarme, sentía un vuelco en el estómago, estaba cayendo, no, no lo estaba, estaba dando vueltas en picada, intenté sostenerme de algo, pero no había absolutamente nada a mi alrededor, solo oscuridad. Continuaba cayendo cuando comprendí que iba en un tobogán, tenía que ser eso, por eso sentía ese vuelco en el estómago y no podía ver nada, no porque fuera ciego, este tobogán me llevaría directamente a la ciudad, la última prueba, necesitaba atravesarla y matar a todo aquel cadete que se cruzara en mi camino.
Mi cara se estrelló contra el lodo cuando creí que caería para siempre, sin saber a dónde ir me puse de pie y empecé a correr, tarde unos cuantos metros en comprender que pasaba, ¿estaba en la ciudad?
Había escuchado historias sobre la ciudad, en esta se llevó la guerra de waywards contra humanos, nadie podía entrar aquí, nadie salvo Magnus y los soldados, solo ellos sabían dónde estaba, ningún civil y menos cadetes teníamos acceso a ella. Dicen que lo único que queda de ella son ruinas y que su arquitectura no se parece en nada a la nuestra, también hablan de espectros que rondan por aquí, aunque nadie ha visto uno sin perder la cordura ya qu... ¿De verdad era ciego ahora?
El gas.
El gas me habría dejado ciego como medida preventiva hacia los espectros ¿o es que lo hicieron por qué sí? No, no tenía tiempo para pensar en leyendas, y menos en mi ceguera, debía continuar corriendo. Corrí hasta que mis pulmones no daban más, me había atorado muchas veces con el paraguas, como dije ¡un estorbo! y había caído para comprobar que lo único que había a mi alrededor era lodo. No tenía idea de a dónde iba, pero continuaba corriendo.
Oscuridad y el sonido de la lluvia era lo único que me guiaba, empecé a correr hacia la izquierda buscando una pared que me ayudara a guiarme, pese a que había corrido demasiado tenía la vaga sensación de no haber avanzado nada; choqué con algo ¿un farol? No importaba, era mi punto de referencia ahora, palpé delante de mí encontrando ¿una pared? ¿La pared de un edificio?
De nuevo no me importó, eran mi punto de referencia, empecé a correr manteniendo la mano izquierda pegada a la pared, la lluvia continuaba cayendo en un movimiento uniforme, se había mantenido así por horas ¿o serían ya días? No sabía. Lo único que sabía era que necesitaba seguir corriendo.
El sonido perforó el perpetuo ruido acogedor de la lluvia con el que estaba tan familiarizado, fue una exhalación seguida de un silbido, no reconocí el sonido hasta que impactó en mi pierna derecha. Un balazo. Sentí como la bala penetraba mi piel para alojarse en mi cartílago, no tuve tiempo de reaccionar cuando el mismo sonido volvió a romper el de la lluvia, seguido de pisadas.
Corrí, para descubrir que ya no podía, cojeaba bajo la lluvia y alguien me perseguía. Busqué mis dagas en la oscuridad, estaba seguro que ambas estaban del mismo lado, palpaba mi cinturón y seguía cojeando, quien quiera que me perseguirá creía que seguía cerca de él, pero ya estaba lejos, tenía que estarlo, no escuchaba más sus pisadas, rápido, tenía que andar más rápido, sabía que mi rodilla sangraba, no tenía tiempo de detenerme a revisar, no habría podido hacer nada, no sin ver.
Me topé con una pared frente a mí, ¿se había acabado esta calle o será que todo este tiempo estuve corriendo en un callejón?, no, no podía ser, el eco de la lluvia era grande, estaba en una calle, debía virar hacia donde la pared conducía, con la mano guiándome continué, ya no podía correr, el dolor era demasiado, empecé a caminar hasta que ya no podía más.
La fuerza de mi pierna empezaba a ceder haciéndome caer, intenté levantarme, pero el dolor no me dejó, tenía que hacer algo o sería asesinado aquí, en medio de la lluvia y de la oscuridad.
Con la mano libre rompí mi uniforme, haría un torniquete con la tela. Volví a buscar mis dagas en el cinturón, esta vez teniendo suerte, no estaban a los costados de mi cinturón, estaban en la parte delantera del mismo.
Nunca me había detenido a valorar cada uno de mis cinco sentidos, siempre fui demasiado visual y nada perceptivo con lo que había a mí alrededor, pero si lo hubiera sido habría sentido las dagas al correr y no solo me habría acostumbrado a su constante bulto.
Saqué una y continué rasgando la parte de arriba, decidí cortar toda la tela de esta, quedándome solo con la playera blanca obligatoria. Dejé la daga en el lodo e intenté maniobrar para formar una tira gruesa pero como le había dicho a la soldado malhumorada, ese paraguas no era más que un estorbo. Como pude, anudé la tira en mi rodilla, apretando todo lo que mis manos me permitían.
Me levanté de nuevo y empecé a caminar lo más rápido que mi pierna me permitía, intentando escuchar más allá de la lluvia, buscando desesperadamente las pisadas de quien me disparó, nada, no escuchaba nada.
Continué, hasta que el sonido de agua en un chapoteadero captó mi atención, pisadas, venían hacia mí, no se trataba de un soldado, eran varios.
–No hay a dónde ir, la calle te deja en una pared, debió seguir hacia acá.
–No, estoy seguro que se quedó tirado, lo tuvimos que herir.
–Comprobemos, pero si se fue hacia la calle lo vamos a perder.
–Pero si nadie sabe a dónde ir, no podemos ver, no irá a ningún lado, debe estar muerto. Comprobemos.
¿Aliados? ¿Eso estaba permitido?, nunca nos habían hablado de que algo así se podía, pero había aliados y me estaban cazando a mí. Tenía que seguir antes de que descubrieran que había avanzado, al caminar el paraguas que llevaba clavado en la mano se atoró con algo que al parecer estaba mal puesto e hizo que cayera, provocando un estruendo.
De verdad, era un estorbo y mi final.
–Detente, está aquí.
Los saldados empezaron a correr, intenté jalar mi mano, pero el paraguas seguía atorado, una vez más, nada... Las pisadas estaban más cerca.
–¡Te tenemos! –gritaban los soldados disparando a la lluvia, tomé una de mis dagas e intenté cortar el bastón metálico, era demasiado resistente y solo impactaba la hoja sobre él, empezaba a rendirme cuando una bala rompió lo que fuera que tenía atorado al paraguas liberándolo.
–Le di, le di, corre. Le di.
Pero me había liberado.
Empecé a correr olvidando por un momento mi pierna herida, giré en dirección contraria a las balas, hasta que choqué con algo cayendo al suelo mojado, no era algo, era alguien, comprendí después de escuchar el gruñido y sentir que se abalanzaba sobre mí, había chocado con uno de los cadetes aliados, lo sabía, pude sentir el revolver en mi frente.
–Lo tengo, ven acá. Sigue mi voz, démosle final. Rápido. ¿Cuál es tu código? Quiero llevar un recuento de los cadetes que mate.
Permanecí en silencio sopesando mis opciones, al chocar mi daga había caído y no podía tomar la otra, él estaba sobre ella y no podía empujarlo, si lo hacía su dedo apretaría el gatillo.
–Contéstame, dime tu código.
Una vez más sopesé mis opciones, no había ninguna que me ayudara a salir, al menos si se lo decía podría decir que me asesinó en la última prueba y no fui uno de los primeros en morir.
–11498 –pude sentir como acomodaba el revólver y aún sin ver sabía que estaba sonriendo.
–11498, un placer.
El soldado cayó a un costado de mí, no llegó el balazo, pude sentir como algo le arrebataba su tiro perfecto para salvar mi vida.
–¡AHHHHH! ¡QUEMA! APÁGALO, APÁGALO–. Los gritos rompieron el enigmático silencio que se había creado mientras esperaba mi final.
–Levántate y huye–.La voz llegó a mi mente como un pensamiento, salvo que no lo era, era una voz, una voz dulce y clara.
–Huye de una vez, Cuatro.
¿Cuatro? ¿Quién era Cuatro? Intenté incorporarme, pero algo se encontraba aferrado a mi pierna. –¿Qué estás esperando, Cuatro? Huye–. Esa voz, me resultaba tan familiar pero no entendía de dónde provenía, no entendía si era por el gas o de verdad... los espectros de la ciudad... ¿Me estarían hablando? ¿Estaría uno aquí conmigo?
–Levántate y huye. ¡Huye!– El grito me hizo reaccionar, no tenía tiempo para pensar en eso, me estaban cazando, palpé lo que fuera que se estuviera aferrando a mi pierna, se sentía caliente y viscoso, se sentía como... piel... el cadete. No había notado que no escuchaba más el sonido de la lluvia, solo la sentía, menos los gritos del cadete, pero este seguía ahí, estaba en mi pierna y se retorcía, estaba... ¿estaba en llamas? ¿Qué estaba pasando?
La lluvia era otra vez audible, sacándome de mi ensoñación.
–Te dije que te levantes, Cuatro¬ –de nuevo la voz, pero esta vez no estaba en mi mente, estaba detrás de mí, era real, provenía de una persona
–Arriba, ya –pronunció antes de jalarme.
–No puedo, algo me está sujetando la pierna. No me deja.
–Déjame te ayudo–. Continuó la voz mientras quitaba al cadete quien imploraba aún en susurros quedos por ayuda. –No puedo creer que dejaras que casi te mataran en las pruebas, Cuatro. El marcador, ¿recuerdas? Te estoy dando la vuelta y todavía quieres perder puntos. Y de todas formas ¿Qué haces en las pruebas? Después de la explosión te busqué como lo...
–¿El marcador?– Me apresuré a interrumpirla. –¿Quién es Cuatro? ¬–pregunté extrañado.
No necesitaba ver para saber que quien fuera la dueña de la voz dejó de sonreír, se sintió la tristeza en sus palabras.
–Lo hizo... no contigo... no tú solo... tranquilo, te arreglaremos y lo lograremos.
Por un momento sentí lastima por ella, me había salvado y aún así creía que tenía que hacer más, era una cadete demasiado entusiasta.
–¿Arreglar qué? Estoy bien, solo debemos terminar esta prueba y seremos cadetes, vamos a ser dignos de conocer a Magnus y tener un lugar en Utopía, no sabía que se podían hacer aliados, pero tú me has salvado–, estiré la mano a la lluvia, buscando a la cadete– estira tu mano, podemos ser aliados. Vamos.
Quería que ella se pusiera feliz también y volviera a hablar en tono animado. Pero solo recibí silencio por respuesta. Empezaba a bajar la mano cuando algo me rodeó el cuello. Eran sus brazos, era ella.
–Tranquilo, te voy a salvar –dijo depositando un beso en mi frente.
–Ya lo has hecho, de verdad, ahora vamos a terminar la prueba para ser parte de esto –empecé a decir, pero la voz me calló, ya no me estaba besando la frente, me estaba besando a mí, una chica desconocida me estaba besando, a mí, en medio de la lluvia y cerca del cuerpo del cadete que hacía unos minutos me estaba por quitar la vida y del que ella me había salvado.
Podía sentir sus labios y las gotas de lluvia escurrir por sus mejillas para fundirse en nuestro beso, salvo que no eran gotas de lluvia, estas eran saladas, como lágrimas... ¿estaba llorando? ¿Por qué?
–Te salvaré, te salvaré, Cuatro –el golpe me hizo perder el conocimiento, sumiéndome en un sueño donde la dueña de la voz y yo nos tomábamos de la mano y saltábamos a un acantilado, ella era hermosa y no vacilaba en ningún momento al tomar mi mano y saltar, llevaba su cabello castaño en un moño alto y sus ojos, sus ojos eran como el cielo, me daban seguridad, estaba por decirme algo cuando algo la alejaba de mí.
Ella se perdía de mi vista y yo no podía dejar de caer, sin ella era todo lo que yo podía hacer, sin la dueña de la voz, yo, estaba perdido.
⚜
–¡Cinco! –grité sobresaltado.
–¿Qué dijo, cadete? –el rostro de una enfermera apareció en mi campo de visión, devolviéndome a la realidad, me costó un rato acostumbrarme a la luz y comprender que había sido un sueño... la luz... ya veía, ya no estaba ciego, podía ver a la enfermera y podía ver cómo me veía sobre los papeles que examinaba, dedicándome algunas miradas inquisitivas, quería una respuesta, ¿Qué había dicho? Ah, cierto que dije, dije un número.
–Nada, un número, señora –dije intentando levantarme, pero me detuvo presionando mi pecho.
–Quédese acostado, le saturamos la herida de la rodilla, fue inteligente, quemarla para que dejara de sangrar, pero eso no impidió la hemorragia interna, calma cadete, fue el primero en terminar la prueba, en una hora que termine de absorber el suero –empezó a mirar su reloj– podrá caminar y correr como si nada le hubiera pasado, Magnus lo esperará para felicitar al primer cadete de la academia. Descanse.
Dicho esto, se retiró.
¿De qué hablaba? ¿Terminar la prueba? No recordaba nada, solo recordaba el balazo y cómo intenté correr por mi vida, no sabía cómo había llegado ahí y menos como lo había logrado.
Pero lo había logrado, sonreí para mí mismo y tapé mis ojos con mi antebrazo, al parecer extrañaba la oscuridad y odiaba la luz más de lo que imaginaba.