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Negada para el amor

Negada para el amor

Autor: : Flagranti Amore
Género: Romance
Amanda Vértiz es una hermosa mujer que a sus 25 años no ha conocido el amor. Se ha llevado varias decepciones y eso la mantiene a la defensiva en el terreno amoroso por lo que la han catalogado como fría e insensible. Ella tiene una gran pasión, los eventos hípicos, participa en varios destacando por su disciplina, su entrega y su coraje. Ha quedado huérfana y heredera de una gran fortuna, aunque también heredó de su padre, la responsabilidad de cuidar y ayudar a su prima hermana, Elena, que es completamente opuesta a Amanda, libertina, rebelde, resentida y con un odio profundo hacia su prima que además es su albacea, por lo que tiene que someterse. Otro de los problemas que enfrenta Amanda, son los rumores que corren en torno a ella, la mayoría la cree lesbiana y eso no sólo le provoca coraje y desesperación, sino que además atrae la presencia de Andrés de la Ronda, un hombre de 34 años, plenamente vividos. Cuando Andrés y Amanda se encuentran, un sentimiento inexplicable surge en sus pechos, pero hay tantas cosas que los separan que constantemente están peleando lanzándose puyas, frases con doble sentido y mucha ironía. Más en medio de todo eso, el sentimiento que lo embarga es más fuerte cada vez y ninguno de los dos se atreve a dar el paso definitivo, ese paso que lo acerque y los lleve a la culminación de lo que están deseando hacer con todas sus fuerzas. ¿Será él capaz de derretir el hielo que cobija la sexualidad de Amanda? ¿Conocerá por fin la pasión la gélida amazona? ¿Cambiará Amanda a Elena o caerá la bella heredera en el desenfreno de su prima?

Capítulo 1 Amanda

Arreglada de manera juvenil, con un ligero vestido de minifalda y un discreto escote que resaltaba su hermosura, con la bolsa de piel colgada a su hombro izquierdo, Amanda, después de agradecerle al conductor del taxi, por su servicio, descendió del auto que la había llevado a su cita, dejando tras de sí un delicado y agradable aroma.

El chofer del carro por aplicación, que ella había solicitado, se mantuvo en su lugar por unos minutos y la vio alejarse, caminando con porte, elegancia y categoría, desbordando una sensualidad tan natural que atraía las miradas de aquellos con los que se cruzaba en el camino.

Se veía preciosa, era como una muñequita, luciendo sus agiles y esculturales piernas, sus diseñadas y formadas caderas al vaivén de su cintura y la candencia de sus pasos, dejando que su sedosa melena se agitara libremente con el aire, lo que le daba un toque poético a su caminar.

Desde que la viera abordar en el auto, el conductor se enamoró de aquel rostro hermoso, de grandes ojos color miel, cejas bien arregladas, nariz afilada y respingada, boca pequeña, con los labios carnosos y sensuales y una barbilla partida que la hacía verse más bella.

Ajena a las miradas cargadas de deseo del chofer y de los que se cruzaban por su camino, Amanda llegó con tiempo a la esquina en la que había quedado de verse con Jorge del Real, su novio desde hacía tres meses.

Había pasado una semana desde que se vieran la última vez, debido a una fuerte discusión que provocó que ella le pidiera que, ya no la buscara más.

Ese día por la mañana Jorge le había rogado, suplicado, implorado que lo dejara verla una vez más, que tenía algo muy importante que decirle y que si después de eso ella decidía que debían terminar que así lo harían y ya no la molestaría.

Amanda intentó negarse buscando todas las excusas posibles, la insistencia de del Real fue tanta que terminó por disuadirla y aceptó verlo esa misma noche en la esquina de una concurrida avenida para que ella se sintiera tranquila y segura, por si él se empeñaba en volver a discutir la negativa de ella de volver a ser novios, lo había pensado mucho y decidió que ya no quería nada con él.

Mientras avanzaba por la calle, sentía en su cuerpo de todo, menos esa tranquilidad que la hacía dueña de la situación ya que podía controlar lo que viniera, sólo que en ese momento no sabía por qué se sentía inquieta y nerviosa, como si algo no estuviera bien, tal vez esas emociones que experimentaba, eran por las pocas ganas que tenía de haber aceptado la cita.

Si bien Jorge, se había portado muy amable y atento con ella durante los días que estuvieron saliendo como novios, también era cierto que tenía esos momentos que lo hacían insoportable, y más cuando se mostraba de terco y aferrado con lo que quería.

Controlando los nervios que la recorrían de pies a cabeza, se detuvo en la esquina acordada y echó una mirada a su reloj, era la hora precisa de la cita, exhaló un suspiro y pensó que si en cinco minutos no llegaba se marcharía y así se libraría de cruzar palabra con él.

Al levantar la vista vio que el auto de Jorge se estacionaba justo en frente de ella y desde el interior él la invitaba a subir.

Amanda titubeo un poco antes de abordar el auto, en cuanto cerró la puerta, el lujoso y moderno automóvil se puso en marcha de inmediato.

-¿Qué es eso tan importante que tienes que decirme? ¿Por qué me pediste que viniera sin mi carro? -preguntó ella de inmediato sin darle un saludo al ver que el comenzaba a conducir por la amplia avenida.

-Te tengo una sorpresa y por eso te pedí que vinieras sin carro... sólo ten un poco de paciencia y ya verás de lo que se trata... te aseguro que ni siquiera lo imaginas y será de tu total agrado.

La hermosa mujer no insistió, decidió esperar y sus nervios aumentaron, en verdad no sabía lo que podía esperar de aquel rico heredero, más trató de serenarse en espera de lo que viniera.

No sabía cómo, interpretar ese desasosiego que experimentaba en su cuerpo, tal vez era su sexto sentido o tal vez estaba presintiendo algo que no le gustaba, de una o de otra forma, no se podía tranquilizar.

El auto llegó hasta la cochera de una elegante casa a las orillas de la ciudad, después de estacionarlo, Jorge le pidió que bajara y lo acompañara.

-Lo que tengas que decirme... hazlo aquí, por favor, y terminemos con esto de una vez... -le dijo ella con un tono tranquilo sin moverse de su lugar.

-Es que necesito que veas algo... por favor... no te niegues... -suplicó del Real y Amanda titubeo un poco- no te quitaré mucho tiempo, te lo prometo.

Por un momento no supo que decir, había tal sinceridad en él que la confundía.

Ella conocía el lugar y sabía que era una de las tantas propiedades de la familia del Real, bajó del auto y caminó al lado de Jorge hasta una pequeña terraza en donde se veía una mesa elegantemente preparada para una cena.

Cubiertos, platos, copas, vasos y unos hermosos candelabros de oro con unas velas encendidas, un hermoso ramo de rosas blancas, sus preferidas y una botella de champaña en una bella hielera.

La visión de aquel escenario romántico emocionó por un momento, se controló y con su acostumbrada seguridad le dijo:

-¿Qué es todo esto...?

-Un poco de lo mucho que tú te mereces... -respondió Jorge sonriendo y luego, poniéndose de rodillas, sacó de su bolsillo un estuche, lo abrió y un hermoso anillo con un diamante solitario relumbró a la luz de las velas- ¿quieres tener brindarme el honor de ser mi esposa?

Amanda nunca imaginó que aquello le pudiera pasar a ella, por un momento contempló todo a su alrededor y supo que no estaba soñando.

Jorge era uno de los solteros más codiciados del ambiente social en el que se desenvolvían, la gran mayoría aseguraban que él nunca se iba a casar ya que las mujeres lo acosaban y estaban dispuestas a todo con tal de pasar una noche entre sus brazos.

Y ahora, lo tenía ahí, de rodillas frente a ella, pidiéndole matrimonio de una manera, que aunque trillada, era romántica, el sueño de cualquier mujer, aquello era como para no creérselo, le parecía tan irreal que por un momento pensó que estaba alucinando y que nada de aquello estaba sucediendo.

-¿Qué me respondes, hermosa? -la voz de Jorge la sacó de sus pensamientos y la volvió a la realidad del momento.

-Que no... no puedo casarme contigo -respondió con firmeza, sin delatar emoción alguna en su hermoso rostro.

-¿¡No...!? ¿Por qué? -preguntó Jorge poniéndose de pie frente a ella y mostrando claramente el coraje por la decepción que sentía.

-Porque tú y yo no nos amamos... porque, aunque eres un buen amigo, también eres egoísta y sobre todo muy cruel cuando no obtienes lo que quieres, porque no hay nada que nos pueda hacer pensar que llegaríamos a amarnos algún día... ¿con esas razones tienes o quieres más?

-No entiendo... la verdad es que no te entiendo... tú misma me dijiste que esperabas que no fueras para mí como las otras mujeres con las que he tenido alguna relación y ahora que te muestro la sinceridad de mis sentimientos y te ofrezco matrimonio, me rechazas.

-Soy sincera, como siempre lo he sido, así que si no tienes algo más que...

-Espera... espera, por favor... -dijo del Real con una humildad que ella no le conocía- ya que no quieres ser mi esposa, seamos los buenos amigos que hemos sido siempre... ¿te parece bien?

-No veo por qué no... me agradada tu compañía y disfruto de tu plática, aunque no te aseguro que nos veamos con mucha frecuencia, bien podemos seguir siendo amigos sin problema alguno.

-Entonces brindemos por nuestra nueva amistad y para que esta perdure por siempre, ya que si en el amor no nos comprendimos en la amistad seremos los mejores camaradas que se pueda encontrar -respondió él caminando hacia la hielera de dónde sacó la botella de champaña.

-N-no... mejor ya llévame a mi casa, tengo... -intentó detenerlo ella cuando él ya servía en las copas.

-Un brindis no te quitará mucho tiempo... dame al menos ese consuelo para no sentirme tan mal ante tu rechazo... sólo un brindis por nuestra amistad.

-Lo siento... pero no quiero beber... mejor ya llevame...

-Ya quedamos que vamos a seguir siendo amigos como siempre... así que no me niegues un brindis, no vas a perder mucho tiempo y...

-De acuerdo... un brindis y nos vamos... prometelo.

-Te lo prometo, sólo un brindis, no te voy a pedir nada más, aunque la cena que te mandé preparar se eche a perder, con brindar contigo me contento.

Amanda, sin muchas ganas, recibió la copa que él le ofrecía

-A tu salud... -dijo él estirando su copa hacia ella

-Salud -y después de darle un pequeño golpe con la de él la llevó a sus labios, bebió un poco y no le gustó el sabor, estaba acostumbrada a los licores buenos y la champaña le sabía rara, así que dejó la copa en la mesa.

-Bueno... ya brindamos... ¿me puedes llevar a mi casa? -le dijo resuelta

-No te has acabado tu copa... bebe hasta el fondo.

-No... no tengo ganas... ya bebí como tú querías... ahora ya me quiero ir, por favor -dijo ella sintiéndose un poco mareada

-¿Me das un beso de despedida? -pidió Jorge al ver que ella parpadeaba

-No... ya estuvo bien... si no me llevas me voy yo sola y...

De pronto sintió que las piernas se le doblaban, estuvo a punto de caer al piso, él la detuvo y la ayudó a caminar hasta el sofá que se encontraba a un lado, Amanda sintió que las manos de del Real recorrían su espalda acariciándosela de manera morbosa, hasta detenerse en sus caderas.

Quiso aventarlo, no tuvo fuerzas, sentía que de un momento a otro iba a perder el conocimiento, así que trató de concentrarse, no podía quedar desvalida frente a Jorge que no tenía buenas intenciones.

Comenzó a aspirar y a expirar con ritmo, tal y como le había enseñado a su padre a controlarse para cualquier evento importante que tuviera, sólo que ahora buscaba reaccionar, sentía las manos de él acariciando sus piernas, por dentro y por fuera, los labios de Jorge besaban sus mejillas, su cuello y en ocasiones lo recorría con la lengua.

Amanda sintió que la mano derecha de Jorge buscaba la forma de despojarla de sus pantaletas, fue entonces cuando pudo reaccionar, aunque no estaba totalmente en sus cabales, si se había repuesto un poco.

Lo empujó con fuerza mientras se acomodaba su ropa íntima:

-¡Déjame...! No quiero que me toques de esa manera... ¡respetame!

-No te pongas difícil... no ganas nada... -dijo él con cinismo- a ti lo que te hace falta es un hombre que te haga sentir mujer... así que no retrases lo inevitable... conmigo vas a aprender todo lo que necesitas del amor.

Haciendo un esfuerzo supremo, Amanda ya se había levantado del sofá sintiéndose aún mareada y no perdió el tiempo respondiendo a las palabras perversas de Jorge, cuando vio que él se acercaba con los ojos inyectados por el deseo, no titubeó un solo instante y le lanzó una potente patada, de frente, que se clavó con fuerza en las partes nobles de del Real.

El impacto fue brutal, por unos momentos, Jorge, quedó paralizado sin alcanzar a comprender lo que le había sucedido, un fuerte y profundo dolor lo recorrió por todo el cuerpo, restándole fuerzas, luego se desplomó cayendo de rodillas mientras que con sus manos trataba de aliviar la parte afectada.

Capítulo 2 Cruel realidad

-¡Eres una desgraciada...! ¡Frígida...! -le gritó entre gemidos de dolor- no sé por qué no hice caso cuando me dijeron que eras lesbiana... ¡maldita!

Todavía medio aturdida y confundida, Amanda se enfureció mucho al escuchar aquellas palabras, estaba segura de que ese infeliz, algo le habían puesto en su bebida y eso era lo que la tenía en ese estado, no obstante, tomó su bolso y se acercó hasta donde Jorge buscaba reponerse del intenso dolor que sentía en su dañada virilidad.

Sin que él se lo esperara, un fuerte puñetazo se estrelló contra su boca reventándole los labios y botándolo hacia atrás, con fuerza, hasta hacerlo caer pesadamente al suelo.

-¡Imbécil...! -le dijo Amanda con coraje.

Con pasos tambaleantes e inseguros, buscó la salida de aquella casa, al llegar a la calle, sacó su teléfono celular y llamó al chofer de su casa y le dio la dirección donde se encontraba, para que el chofer la fuera a recoger.

No tenía por costumbre utilizar los servicios de aquel buen hombre al que su padre había contratado para que le sirviera de conductor cuando lo necesitara, por eso vivía en una casita al fondo de la propiedad, para que pudieran utilizarlo en el momento en que se necesitara, como ahora lo necesitaba ella.

Mientras hablaba por teléfono sintiendo que la cabeza le pesaba horrores y que la lengua se le trababa al decir alguna palabra, comenzó a caminar por la calle con pasos tambaleantes e inseguros.

Se había alejado un par de calles de la casa de Jorge y se encontraba a la vuelta de la esquina de la calle para evitar que él pudiera verla si salía a buscarla.

Se recargó contra uno de los postes del alumbrado público. Se sentía mareada y sabía que de un momento a otro podía perder el sentido, luchaba con ella misma para evitar que eso pasara, tenía que soportar hasta que el chofer llegara.

No podía quedar desvalida a media calle, no podía darse por vencida en ese momento, tenía que superar ese malestar que la adormecía lentamente.

Ahora más que nunca estaba convencida de que Jorge había puesto algo en su bebida, seguramente con la intención de dejarla vulnerable a sus deseos.

Desde la primera semana en la que se hicieron novios, él no tuvo otro objetivo que llevarla a la cama, la mayor parte de las veces que estuvieron juntos, ella tenía que hacer verdaderos esfuerzos para mantenerse lejos de las morbosas caricias que buscaban sus partes íntimas.

Precisamente, la última vez que se habían visto antes de ese día, él trató de convencerla para que se le entregara, le prometió el oro y el moro si accedía a ser suya, aunque fuera sólo una vez, cuando Amanda le dijo que se olvidara de esas ideas si quería seguir con ella, Jorge le puso un ultimátum, o se le entregaba o todo terminaba en ese momento, para el temperamento arrebatado de la heredera de los Vértiz aquello fue como una amenaza:

-No quiero que me vuelvas a buscar... ni como amigos... es mejor que terminemos esto de una vez y que no nos volvamos a ver... es más... si nos encontramos por ahí, evitame la pena de ignorarte, así que ni siquiera me saludes... -le dijo ella con determinación y sin esperar respuesta salió del restaurante en el que se habían citado para hablar de su relación.

Un intenso mareo la sacó de sus reflexiones y sus recuerdos, ya no podía aguantar más y las piernas se le doblaron sin fuerzas, los ojos se le cerraban sin que pudiera evitarlo, sujeta con todas sus fuerzas, al poste del alumbrado, sintió que sería incapaz de aguantar más y todo le dio vueltas, en cualquier momento perdería el sentido.

De pronto, un auto se detuvo a su lado y un hombre bajó para acercarse a ella con pasos firmes y actitud decidida:

-¿Está usted bien...? -le preguntó una varonil y agradable voz- ¿Se encuentra herida...? ¿La asaltaron o le hicieron algo...? Contésteme, por favor.

Amanda, hizo un esfuerzo y abrió lo más que pudo sus ojos, lo vio fijamente, como entre sueños, era muy guapo y varonil, tenía un olor muy agradable y su voz era cálida y aterciopelada, se notaba preocupado por ella y mientras que con su brazo izquierdo la sujetaba por la cintura con su mano derecha le daba pequeños golpecitos en la mejilla tratando de que reaccionara y le contestara a sus preocupadas preguntas.

Ella no era capaz de decir nada, no podía hablar como lo deseaba, simplemente se sentía como si estuviera soñando, no podía hacer todo lo que haría si se encontrara en un estado normal, así que nuevamente comenzó a respirar y a expirar profundo, viendo que él la observaba atenta y preocupadamente, dándole tiempo a que reaccionara, con lentitud pudo recuperarse un poco y volvió a erguirse sobre sus pies.

-Ya estoy bien... gracias... fue sólo un pequeño mareo, aunque creí que me desmayaba -dijo Amanda tratando de sonreír un poco- no me asaltaron, ni estoy herida, se lo aseguro...

-No la veo bien, está usted muy pálida y puede volver a tener otro mareo... ¿quiere que la lleve a algún lado? Pongo mi carro a su disposición para llevarla a donde usted diga... -respondió él sin soltarla por completo.

-No... gracias... ya no tardan en venir por mi... le aseguro que voy a estar bien... en serio... es cuestión de unos minutos más...

-No desconfíe de mí, soy Andrés de la Ronda y...

-Mucho gusto... Amanda Vértiz... -lo interrumpió ella separándose del brazo que la ceñía por la cintura y extendiendo su mano a él a manera de saludo.

Andrés le estrechó la mano y cuando iba a repetir su oferta de llevarla a donde ella quisiera, en ese momento se estacionó un auto y el chofer bajó para abrir la puerta trasera.

-Señorita Vértiz, su carro está listo -dijo el chofer con marcado respeto sin entender lo que estaba sucediendo con la hija de su patrón.

-Ese es mi transporte... le dije que no tardaría... gracias por todo y mucha suerte... en lo que sea que vaya a hacer -le dijo Amanda caminando con pasos inseguros hacia donde la esperaba el chofer.

-No hay nada que agradecer... aunque me gustaría volver a verla y...

Ella ya no le respondió, subió al auto y se desplomó sobre el asiento en el momento mismo en que el chofer cerraba la puerta y se dirigía hacia su lugar tras el volante para llevarla a casa.

Andrés, vio que el carro se alejaba por las solitarias calles y abordó el suyo para reemprender su camino. Mientras conducía con habilidad y experiencia, pensó en lo raro que había sido todo aquello.

Cuando vio por primera vez a Amanda, recargada en aquel poste, lo primero que pensó fue, que se trataba de alguna muchacha fiestera que se había pasado de copas, no obstante, no pudo menos que asombrarse al ver ese cuerpo casi perfecto que lucía de manera estupenda con aquellas ropas.

Al ver que se tambaleaba y que estaba a punto de caer, no dudó ni un segundo y bajo de su auto para socorrerla, al tenerla entre sus brazos pudo contemplar su bello rostro más de cerca, y aunque su aliento indicaba que había bebido, no era tan fuerte el olor como para asegurar que estaba borracha.

Con gusto vio que ella se reponía un poco y que trataba de mantenerse coherente, la hubiera llevado a donde ella le pidiera por el puro placer de estar a su lado un poco más, cuando el auto que venía a buscarla se detuvo, no dudó en pensar que aquella hermosa mujer era la amante de algún hombre importante y eso lo decepcionó, aun así, tenía que averiguar quién era Amanda Vértiz.

La mujer lo había impactado completamente y quería conocerla un poco más, no importaba si para ello debía burlar al amante, el cual seguramente no estaba a la altura de aquella belleza.

Abrió los ojos sorprendida y con cierto temor, trató de incorporarse lo más rápido posible, una fuerte punzada en la cabeza se lo impidió, el dolor era intenso y molesto, así que permaneció recostada en la cama viendo hacia el techo de la habitación.

No tardó mucho en reconocer que era su recámara y eso la tranquilizó un poco, aspiro profundamente y luego exhaló de manera lenta mientras los recuerdos le llegaban a la mente con toda claridad.

Después de que se le acercara aquel desconocido, ¿cómo dijo llamarse? Ah, sí, Andrés de la Ronda, para auxiliarla o para ver si se le ofrecía algo, se subió al auto de su padre y de inmediato se desplomó sobre el asiento perdiendo la conciencia, abandonándose a un profundo letargo.

No reaccionó hasta que el chofer la movió por un brazo y le dijo que ya habían llegado, Amanda, tardó un poco en reaccionar:

-¿Se encuentra usted bien, señorita Amanda? ¿Quiere que llame al señor o a algún doctor? -preguntó inquieto el chofer sin dejar de observarla ya que ella parecía estar en otro mundo y su rostro muy pálido.

-N-no... no Gabino, no moleste a nadie... -respondió ella tratando de que su voz sonara tranquila y segura- es cansancio solamente, me quedé dormida, pero estoy bien -agregó bajando del carro.

-Si necesita algo no tiene más que decirme y de inmediato...

-Lo sé, gracias y no se preocupe... -lo interrumpió ella que no se sentía con ganas de hablar- lo mejor es que me vaya a dormir de una vez, usted también haga lo mismo... y gracias... por todo

-Estoy para servirle... cuando usted guste

Con pasos inseguros y tambaleantes, Caminó hacia el interior de la casa, tratando de no tropezar con sus propios pies, y más por instinto que consciente, avanzó hasta las escaleras y subió hacia su recámara, entró y sin mayor trámite se tendió en la cama donde se perdió por completo.

Con sus manos recorrió su cuerpo y se dio cuenta de que aún estaba vestida con la ropa que llevara a su cita, poco a poco se fue levantando de la cama hasta incorporarse por completo.

La cabeza le seguía dando vueltas, estaba mareada, le dolía todo el cuerpo y una sensación de pesadez y cansancio la invadían, tenía más ganas de seguir durmiendo que de levantarse en ese momento.

De pie, junto a su cama, comenzó a desnudarse, sabía que no había pasado nada que la hiciera avergonzarse y aun así, se sentía sucia, ultrajada, humillada, ¿cómo podía haber sido tan estúpida en creer en ese infeliz de Jorge del Real?

-"Ese maldito lo tenía todo planeado" -pensó mientras guardaba toda su ropa en una bolsa de basura, no quería tener nada que le recordara esa noche- "estoy segura que hasta lo de la proposición de matrimonio fue una farsa para que no desconfiara y no estuviera a la defensiva", "De seguro pensó que si aceptaba casarme con él me le entregaría incondicionalmente y si no tenía otros planes"

"Fue por eso que ese desgraciado quería drogarme para tenerme a su disposición y hacer de mi lo que quisiera..." "Tal vez hasta tomar un video de nosotros haciendo conmigo todo lo que se le ocurriera para después mostrarlo a sus amigos y de esa manera divulgar su triunfo".

"Me sentí tan mal con un solo trago que le di a mi copa que no quiero ni pensar lo que hubiera pasado si hubiera bebido todo lo que me sirvió, tal y como él me pedía que lo hiciera... de ahí tanta insistencia en acabarnos la copa".

Amanda ingresó al baño y se metió bajo la regadera dejando que el refrescante y tibio líquido la recorriera de pies a cabeza, quería despejarse del todo.

-"Sí, no cabe duda que quería verme completamente vencida, por eso insistía tanto en que brindáramos por nuestra amistad" -analizaba mientras sentía que el agua que brotaba de la regadera envolvía su cuerpo- "Y no creo que haya echado droga en la botella, no, tenía que beber él también para que yo no sospechara, ese hijo de su mala madre debió haberlo echado en la copa, por eso bebió tan confiadamente incitándome a que lo imitara"

Terminó de asearse y envuelta en la afelpada toalla salió del baño y después de secar su cuerpo como acostumbraba a hacerlo, eligió la ropa que se pondría y comenzó a vestirse.

Capítulo 3 ¿Por qué

-"¿Por qué me tienen que pasar estas cosas a mí?" -pensaba con cierta tristeza y dolor mientras elegía lo que se iba a poner -"Es la tercera vez que me tratan y me ofenden de esa manera" "¿Por qué?" -y comenzó a recordar.

«La primera vez fue con Horacio, aquel atlético y guapo estudiante de la carrera de Economía que conocí en la Universidad, él era hijo de un importante banquero y yo con 19 años lo vi cómo a mi príncipe azul.

» Pese a tener buena posición social y económica, Horacio era sencillo, amable y muy simpático, lo que lo hacía popular y querido en la facultad, él quería estudiar Economía para seguir los pasos de su padre, el cual era como su ídolo.

» Nos hicimos novios a los tres meses de conocernos y comenzamos a salir a varias partes, me gustaba estar con él y divertirnos de manera limpia y sana, se comportaba como si yo le interesara en verdad y me trataba con cariño.

» Incluso me acompañó a una competición hípica y se mostró muy interesado en aprender sobre la crianza, doma y entrenamiento de los caballos.

» Por eso fue que comencé a enseñarle sobre ese mundo fascinante del deporte hípico, él estaba encantado y aprendía muy rápido, aunque no montaba bien.

» Fue una noche, seis meses después de hacernos novios, cuando sentados en la sala de mi casa veíamos una película, como de costumbre, él intentaba besarme y acariciarme mientras yo estaba muy concentrada en la trama de la historia.

» De pronto sus caricias sobre mi cuerpo se hicieron más íntimas haciendo que me tensara toda y me pusiera a la defensiva, cuando su mano intentó colarse entre mis piernas, no pude más y me levanté muy enojada del sillón.

» -Si no vas a ver la película conmigo... será mejor que te vayas... me llamas mañana y nos ponemos de acuerdo para vernos -le dije muy seria

» -No te molestes, mi amor, yo sólo quiero sentirte un poco más, conocerte más a fondo... te amo y me tienes loco -me dijo viéndome a los ojos

» -No, no me amas, lo que tú quieres es manosearme para tratar de excitarme y convencerme de irnos a la cama

» -¿Y qué tiene eso de malo? Todos lo hacen, ya no estamos en la época de mis abuelas cuando las mujeres se mantenían alejadas del sexo por falsos temores morales, somos jóvenes, así que vivamos nuestra sexualidad libremente.

» -El que todos lo hagan, me importa muy poco, yo no quiero hacerlo... el que las mujeres se mantuvieran alejadas del sexo por falsos temores morales, es algo que no me importa, yo no lo deseo, no lo quiero y no me vas a convencer de lo contrario, así que mejor vete... por favor.

» -No te entiendo, ni siquiera me dejas que te bese en el momento en que me nace, tenemos que vivir un romance a la antigua, sólo por tus ideas.

» -¿Para qué quieres besarme delante de todo el mundo? ¿Para demostrarme tu amor o para presumir ante tus amigos que puedes hacer conmigo lo que quieras y cuando quieras? Mejor vete y déjame en paz que ya me enojé.

» -Lo que pasa es que eres frígida... o tal vez eres lesbiana y no te atreves a salir del clóset... por eso estas frustrada y no dejas que me acerque.

» -¡Vete al demonio o vas a salir de aquí en ambulancia! -le grité con furia, ofendida por sus palabras- tú sabes que no miento.

» Horacio ya no insistió, salió de mi casa, él sabía que, aunque era más fuerte y con mayor volumen de peso que yo, a mí me habían entrenado en el Jiu Jitsu en Japón, en el año que estuve viviendo allá, no sólo obtuve el cinturón negro, sino que además gané un campeonato mundial y aprendí los secretos más oscuros de ese arte, por lo que no me sería difícil vencerlo.

» Horacio se fue y nunca más nos volvimos a hablar, a pesar de que en algunas ocasiones nos vemos en el club, a sus amigos les contó que habíamos discutido y que como yo era muy terca él decidió que lo mejor era terminar de una buena vez en lugar de estar discutiendo siempre.

» El mal ya estaba hecho, las hirientes palabras de Horacio me dolieron hasta el alma, no fue tanto que me ofendiera por decirme frígida o lesbiana, no, fue el desprecio con el que lo dijo, y me hizo reflexionar sobre si tenía o no razón, lo cierto es que yo no me comportaba como todas las novias.

» A ninguna de ellas le importaba que la estuvieran manoseando o besando en lugares públicos, ni prestaban atención a las miradas de reproche que les echaban al pasar, es más, parecía que disfrutaban con provocar toda aquella atención y hasta parecía un orgullo hacerlo.

» A mí no me gusta que me besen en público, mucho menos que me metan mano, no lo soporto, me enciende de coraje, me siento como una masa a la que tienen que estar sobando y recorriendo hasta que le den la forma que quieren, aunque luego ya no les interese.

» Si bien, no me gusta nada de esos espectáculos sexuales, tampoco me atraen las mujeres, puedo reconocer sus atributos físicos, comentando como visten, la forma en que se comportan, cómo se ven cuando caminan, más nunca me he sentido atraída por alguna de ellas y menos en el aspecto sexual.

» Tengo muchas amigas en mi círculo social y de la universidad, y con todas me llevo muy bien, fuera de eso jamás hubo nada que me indicara que me gustara o que me interesara como para formar pareja.

» Año y medio después de lo sucedido con Horacio, me hice novia de David, otro atleta universitario, cursábamos el último año de la carrera y él me colmaba de atenciones y cuidados para envidia de todas las que pretendían tener una relación con él.

» Duramos todo un semestre, nos divertimos de lo lindo y fuimos a varios lugares juntos, lo acompañé a varios partidos, fuimos a varios balnearios, todo cambio cuando en uno de los viajes intentó manosearme, aunque por un momento pensé en dejarlo hacer, no lo pude soportar y me molesté mucho, así que terminamos.

» Las ofensas que me dijo fueron parecidas a las de Horacio y a las de Jorge, "lesbiana", "frígida", "insensible", sólo que este desgraciado fue más allá al decirme "calientabraguetas", claro que David se llevó un par de cachetadas ante la mirada de los bañistas que abarrotaban la playa en la que estábamos.

» Furioso, intentó devolverme las cachetadas, me moví rápido y sujeté la mano con la que pretendía golpearme, usando su propio peso para tener ventaja, le apliqué una proyección y sin soltarle el brazo, le luxé la muñeca y el codo, por lo que tuvieron que llevarlo al hospital.

» A sus amigos les contó que se había lastimado enfrentando a tres tipos con los que yo estaba coqueteando y con los que pretendía irme para tener sexo salvaje, ya que yo era una descarada que no respetaba nada.

» Tampoco lo volví a ver, como espero no volver a ver nunca a Jorge, que piensen lo que quieran esos imbéciles, yo sé quién soy y qué es lo que quiero, lo demás no me importa la opinión que puedan tener de mí.

Terminó de vestirse y de arreglarse, se vio en el espejo y luego, tomó su teléfono celular y salió de su habitación, llegó al comedor de la casa, le pidió a la sirvienta que le hiciera un par de blanquillos estrellados con tocino, un jugo de naranja y café.

Mientras comenzaba a desayunar escuchó el sonido de una llamada en el teléfono, vio que la llamaba Carolina Montes, una de sus mejores amigas, así que no dudó en contestar:

-¿Amanda...? Me muero de curiosidad porque me cuentes que tal te divertiste anoche con Jorge del Real -dijo Carolina sin darle tiempo de decir nada.

-¿Divertirme...? No sé a qué te refieres...

-Es que me llamó Rosa Franco y me dijo que su novio le había contado que anoche te entregaste por completo a Jorge del Real y que él había dicho que eras una verdadera fiera en la cama... bueno dice que hasta lo dejaste bien adolorido... como no le creyó le enseñó la mordida que le diste en los labios en un arranque de pasión... cuéntame todo ¿qué pasó? ¿Es cierto que Jorge es un excelente amante?

-¡Es un perfecto imbécil...! ni me entregué a él y jamás me ha tocado nada más allá que el brazo, ya quisiera ese infeliz -dijo Amanda furiosa- lo de la boca fue porque le di un puñetazo por estúpido.

-Bueno... es que...

-Mira... tengo que atender a una persona... luego platicamos... -la cortó de inmediato para no tener que seguir dando explicaciones.

Sentía mucho coraje y quería estallar, aunque también el hambre que sentía la inquietaba, así que se olvidó de todo y volvió a seguir desayunando.

El teléfono volvió a vibrar y a sonar, era una llamada de Bertha, otra de sus amigas, decidió ignorarla y siguió desayunando, después de Bertha, la llamaron sus demás amigas, a ninguna le respondió, no tenía ganas de dar explicaciones.

Al terminar su desayuno estaba furiosa, no podía soportar que aquello le estuviera pasando a ella, tenía que ponerle fin a todo aquello y de una manera contundente y definitiva, vio su reloj y una sonrisa se dibujó en su rostro, ahora entendía por qué todas le habían llamado casi al mismo tiempo, estaban en el deportivo donde acostumbraban reunirse.

Con una idea en mente, salió de su casa y agarró su automóvil, conduciendo hábilmente y a buena velocidad llegó hasta el club, le dejó su carro al encargado y con paso firme y decisivo se encaminó hacia el salón donde se reunían todos.

Con la mirada recorrió el lugar y vio a Jorge platicando con sus amigos y riéndose a carcajadas, estaba segura que ese desgraciado estaba hablando de ella, así que se encaminó hacia dónde estaban y plantándose frente a él le dijo con voz fuerte y determinada:

-¿Cuándo me entregué a ti, desgraciado hablador...?

Jorge vio el desprecio y el odio que brillaban en los ojos de ella y por un momento se sintió intimidado, la conocía demasiado bien como para temerle.

-Contesta infeliz... ¿ya les contaste que quisiste drogarme y que ni así pudiste hacer nada conmigo porque no aguantaste una patadita y un derechazo en el hocico por puerco?

Al ver que Jorge no hablaba, Amanda le soltó una fuerte patada en los bajos, del Real gritó como si lo hubieran apuñalado y se le doblaron las piernas cayendo de rodillas, ella aprovechó para darle un certero derechazo en un ojo y en ese momento los amigos de ambos la detuvieron.

-Cálmate Amanda... por favor... -dijo uno de ellos

-Estoy calmada... -respondió ella con los puños apretados- pero que ese hablador asqueroso cuente toda la verdad y no sus fantasías sexuales.

Jorge ya no la escuchaba, el dolor que sentía en sus partes nobles era tan intenso que entre dos de sus amigos tuvieron que llevarlo a la enfermería del lugar para que lo auxiliaran.

Amanda se soltó de las manos de sus amigos que la sujetaban por los brazos y sin decir nada más salió del club en busca de su auto, todos la veían con admiración y miedo.

Durante tres días se mantuvo encerrada en su casa, no quiso responder a las llamadas de sus amigas y cuando estas fueron a buscarla a su casa, el servicio les decía que no se encontraba, que había salido de la ciudad con su padre por cuestiones de negocios y que en cuanto regresara le darían los mensajes.

Se sentía molesta con todos, no deseaba ver ni hablar con nadie, simplemente quería que la dejaran en paz, más al parecer eso no funcionaba ya que la insistencia de las que se llamaban sus amigas no cesaba y eso la desesperaba más.

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