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Ni feas, ni bonitas (Ella era fea 4)

Ni feas, ni bonitas (Ella era fea 4)

Autor: : Isavela-Robles
Género: Romance
Camila, Neyret, Sandrid y Eliana son unas amigas muy cercanas que pasan por mal de amores y para su mala suerte, tienen que ver a los chicos que han roto sus corazones todos los días porque ellos son sus compañeros de clases y entre todos son un grupo inseparable. Neyret es la que se encuentra con una gran mala suerte al estar enamorada del hermano mayor de Camila y entre todas idean un plan para hacer que el chico se fije en ella buscando a Sebastián, un joven mujeriego que es amigo de Camila y le proponen hacerse pasar por novio de Neyret para así hacer que Cristian se fije en ella, pero, ¿será esto posible? ¿Y qué sucederá con las demás, podrán conquistar a los chicos de los cuales están enamoradas?

Capítulo 1 El club de las solteras

Camila pasó una mano por su cabello mientras revisaba su celular, no hablaba con nadie, solamente lo hacía para así no sentirse tan aburrida. Mientras, Neyret conversaba con Sandrid quien se sentía muy aburrida escuchándola confesar lo arrepentida que se sentía por no haber aprovechado la oportunidad con Cristian.

Sandrid sintió que una silla vacía en el salón de clases era más interesante que escuchar a Neyret, no es que no le importara lo que decía, el problema radicaba en que aquello ya lo había escuchado todo el día y claro, a cualquiera esto le aburriría en gran manera.

Sandrid con un rostro amable intentaba rebuscar en su mente la solución para ayudar a la joven despechada que comenzaba a ser su mejor amiga ya que, estaban casi todo el día juntas.

-Neyret, -llamó Camila con tono aburrido- ¿no crees que todo eso deberías decírselo a Cristian?

Neyret detuvo de tope su parafraseo y rodó la mirada a Camila que se encontraba al lado de ella.

-¿Por qué dices eso? -le preguntó.

-Porque ya me tienes aburrida contando lo mal que te sientes. -Confesó Camila- seguramente Sandrid está igual, ¿sabes cuánto tiempo llevas hablando de lo mismo?

-Ay, amiga -soltó Neyret con tristeza-. Estoy muy triste, siento que esto me está matando.

-Habla con Cristian, seguramente harás que vuelva contigo -sugirió Camila-. ¿Nunca le escribiste la carta?

-¡No! Claro que no, sé que Cristian nunca volverá conmigo -replicó Neyret inclinando la mirada-. Se nota que ya me superó, y hace tiempo.

-Si es así, deberías olvidarte de mi hermano -aconsejó Camila.

Hubo un momento de silencio en el cual todas se limitaron a buscar un punto fijo lejos del rostro de las demás. Camila y Sandrid sabían bien que Neyret tenía razón, Cristian la había superado y Camila, siendo la hermana del joven, era quien podía asegurar que él ya no pensaba en ella como antes. Neyret ya no tenía ninguna posibilidad de conquistar a Cristian, sólo podría resignarse a convertirse en su amiga.

-Qué feo -soltó Sandrid.

-Sí -aceptó Camila acentuando con su cabeza.

-No puedo hacer nada, fui una tonta -sollozó Neyret.

-Cristian te ignora... -Camila se detuvo cuando sintió que una idea llegó a su mente- ¡ya sé! -desplegó una sonrisa emocionada-, ¡amiga, verás que esto funcionará!

-¿Qué cosa? -inquirió Neyret.

Camila acercó su cuerpo para estar más cerca del rostro de Neyret mientras sentía una gran emoción recorrer su interior.

-Debes de llamar su atención -dijo Camila-, mira, mi hermano en este momento cree que tú estás perdidamente enamorada de él y que te encuentras sumamente arrepentida, y bueno, -arrugó su ceño- es verdad, estás que te mueres en vida; ¡por eso debes demostrarle lo contrario.

-¿Y cómo va a hacer eso? -preguntó Sandrid.

-Tiene que conseguirse un novio -explicó Camila.

Neyret quedó petrificada y después escuchó la carcajada de Sandrid quien azotó la mesa con una palmada al no poder soportar la risa burlona.

-Camila, ¿dónde voy a conseguir un novio? -inquirió Neyret con tono aburrido.

-Nunca dije que fuera totalmente tu novio -aclaró Camila.

Sus dos amigas la miraron con seriedad, Sandrid aclaró su garganta y pasó su mirada por Neyret quien con telepatía entendió claramente que se trataba de una idea muy ridícula.

-¡Ay, déjenme terminar! -pidió Camila.

-Haber, explícate bien, que no estamos entendiendo nada -dijo Sandrid mientras se cruzaba de brazos.

-Vamos a hacer que mi hermano tenga celos, -explicó Camila- él necesita dejar de pensar que tú te mueres por él. Cristian es muy orgulloso y le gusta ver que estás detrás de él para así alimentar su ego masculino. Anteriormente, Neyret lo hizo sentir mal rechazándolo muchas veces; eso ya lo sabemos, estuvo mal, pero no quiere decir que por lo mismo deba pagar toda su adolescencia por un error; ahí mi hermano está cometiendo una equivocación y se lo vamos a demostrar jugándole de la misma manera. -Camila tornó su rostro un poco malicioso- vamos a conseguirte a un chico bien guapo que se haga pasar por tu novio y así le podrás dar celos a Cristian.

-¿Y quién es ese chico "bien guapo"? -indagó Neyret respingando una ceja.

-Bueno, ¡acabo de pensar en el perfecto! -respondió Camila emocionada.

-¿Quién? -inquirió Sandrid.

-Sebastián -contestó Camila.

Sandrid y Neyret pusieron los ojos en blancos en señal de completo rechazo hacia aquel terrible nombre que acababa de mencionar su amiga. Sebastián era el típico chico mujeriego que tiene el ego por las nubes sólo por haber nacido con un rostro lindo. Además, Neyret no le agradaba para nada Sebastián, siempre se llevó mal con él por aquellos comentarios denigrantes que él hacía; ¡ah! Y lo peor fue cuando...

-Me agarró una nalga el año pasado, ¿se te olvidó? -dijo Neyret un tanto molesta.

-Ay, pero fue el año pasado, -replicó Camila- además, tú también se la agarraste.

-Pero fue por accidente, -recalcó Neyret- no me había dado cuenta.

-Bueno, pero eso quedó en el pasado, le diste una cachetada horrible que no le dio más ganas de tocarte -dijo Camila.

-Deja de defenderlo -regañó Sandrid.

-Pero Sebastián es buena persona -insistió Camila- y la única que se prestaría para algo de este tipo.

-Claro, por él hasta dejaría que un grupo de chicas lo violarán. -Cuestionó Sandrid- Sebastián no se ha prostituido porque no puede.

-Ay, no lo trates así, es un muy buen amigo -pidió Camila-. Además, lo haremos para que Neyret pueda hacer que Cristian vuelva a fijarse en ella.

Hubo otro momento de silencio. Neyret debía de ser franca, a ella no le importaba si se trataba de Sebastián, si era para conquistar a Cristian ella haría lo que fuera; si al final de aquel sacrificio tendría como recompensa su amor, soportaría a Sebastián todo el tiempo que fuese necesario.

-Bueno, está bien -aceptó Neyret.

-Amiga... -soltó Sandrid- no...

-Sandrid, estamos hablando de recuperar a Cristian -explicó Neyret-, es una idea bastante razonable; conozco a Cristian, él es muy orgulloso y bastante celoso, si me ve al lado de Sebastián será para él una gran humillación.

-¡Exactamente! -aceptó Camila-, mi hermano no le agrada para nada Sebastián.

-Pero... ¿y si nos metemos en problemas por esto? -inquirió Sandrid.

-¿Problemas por qué? -cuestionó Camila.

-Bueno... ¿y si Cristian no se cree el cuento de que Neyret es novia de Sebastián? -preguntó Sandrid.

A la joven no le gustaba para nada la idea loca de que Neyret se convirtiera en novia de Sebastián, no le agradaba aquel chico y sabía que se trataba de un pésimo plan para conquistar a Cristian.

-Sandrid, tranquila, yo sé bien lo que estoy planeando -explicó Camila-. Es mi hermano, lo conozco como la palma de mi mano. Ya verás, volverá a estar loquito por Neyret rogando que se vuelvan novios.

Aquellas últimas palabras ruborizaron a Neyret por completo e hizo que desplegara una sonrisa emocionada.

Eliana estaba saliendo de su salón de clases, vio a unos cuantos metros de ella a Eduar caminando muy sonriente acompañado de Cristian y Elián. Se encontraba un tanto disgustada porque Eduar se había enojado al enterarse que ella le sacó el cuerpo a Elián en el taller de matemáticas.

Tenía tiempo sin discutir con Eduar, pero, habían vuelto a lo mismo y todo por culpa de Elián. Hizo un gesto de desagrado y con pasos perezosos siguió su rumbo hacia la salida del colegio.

Por el pasillo de los casilleros vio a sus amigas conversando con Sebastián, notó que pasaba algo extraño allí, ya que, el joven no dejaba de soltar risitas burlonas mientras reparaba a Neyret.

-Cristian no se va a creer esa mentira -le escuchó decir a Sebastián cuando se acercó.

-¿Qué sucede? -inquirió Eliana.

El grupo rodó la mirada a la joven, Sebastián detuvo su risa y tornó su rostro serio. Camila dejó salir un suspiro lleno de decepción y se cruzó de brazos.

-¿Le van a contar? -indagó Sebastián.

-Solamente si no le cuenta a Eduar, cosa que será imposible para ella -respondió Camila.

-No le contaré a Eduar, ¿qué sucede? -Eliana quedó bastante curiosa-, ¡ay, no me pueden dejar con la duda!

-Neyret quiere darle celos a Cristian, por eso estamos hablando con Sebastián -explicó Sandrid.

-¿Y para eso necesitan a Sebastián? -interrogó Eliana.

-Nuestro amigo aquí -Camila puso una mano sobre el hombro del joven- le va a dar celos a Cristian haciéndose pasar por novio de Neyret.

Eliana frunció el ceño y apretaba sus labios para no soltar una risotada, rodó la mirada por los allí presentes y se dio cuenta que no era un chiste.

-Esperen, ¿es en serio? -inquirió.

-Así es, -respondió Sebastián- de ahora en adelante soy el novio de Neyret.

-Ay no... -Eliana soltó la risotada- no lo puedo creer, ¿para qué se van a poner en esas bobadas?

-Yo me pregunto lo mismo -dijo Sandrid.

-Lo haré para atormentar a Cristian -explicó Neyret-, nada más.

Neyret vio que detrás de Eliana se acercaba Cristian junto a los demás chicos del grupo. La joven de un impulso se acercó a Sebastián y rodeó uno de sus brazos con los suyos, algo que asustó al muchacho.

-Ahí viene Cristian, vámonos al parque para hablar los dos solos -dijo Neyret al joven.

-Bueno, nosotras nos vamos para que puedan seguir su plan -informó Camila con una sonrisa llena de emoción-. Neyret, cuando llegues a tu casa me escribes, necesito saberlo todo.

"Qué ridiculez" pensó Eliana mientras observaba a Neyret enganchada al brazo de Sebastián, a su parecer, lo que hacía su amiga demostraba lo desesperada que estaba por recuperar al joven que una vez la amó, pero perdió por su inseguridad. Lo que planeaba hacer solo empeoraría la situación con Cristian, era una pérdida de tiempo total.

Sebastián se marchó por el largo pasillo junto a Neyret mientras eran observados por Cristian, quien se extrañó mucho al ver a la pareja tan arrunchadita irse del instituto.

-¿Esa es Neyret? -preguntó Cristian a Eduar y Elián.

-Sí, qué raro ¿verdad? -respondió Elián.

-¿Qué hace con Sebastián? -inquirió Eduar.

Se acercaron a Camila que era acompañada por sus amigas para poder enterarse del chisme que les comenzaba a perturbar su gran curiosidad.

-Oigan, -llamó Eduar a las jovencitas- ¿qué hace Neyret con Sebastián? ¿A dónde van?

Una adrenalina fue soltada en el interior de Camila, su mente ideaba una respuesta astuta para poner en acción el plan de celos hacia Cristian.

-Dijeron que iban a hablar en el parque, pero no nos contaron qué -respondió bastante calmada-, a nosotras también se nos hizo raro, y tienen varios días así y ella no quiere explicar nada, dice que después nos contará.

-¿Qué va a contar? -cuestionó Elián extrañado- si ella no pasa a Sebastián ni con agua, le cae mal, al menos por lo que yo tengo entendido.

Sandrid rodó la mirada a Camila, las dos se comunicaron con solo verse, sabían que se encontraban en un gran problema; Elián era muy amigo de Neyret y la conocía bien, así que no se creería con facilidad aquella mentira.

-Nosotras también estamos igual que ustedes, Neyret está muy rara y la hemos visto varias veces así de cariñosa con Sebastián, pero no quiere contar nada -dijo Sandrid.

Los chicos se miraron las caras, se notaba que estaban pensando lo mismo, debían de seguirlos y enterarse qué estaba pasando con Neyret.

-Cristian, vamos, se nos va hacer tarde para ir a las clases de cocina -informó Camila un tanto seria.

El muchacho rodó la mirada por todos sus amigos y después acentuó con la cabeza. Se despidió de todos y se marchó junto a su hermana menor y Eliana. Los chicos que se quedaron estuvieron en silencio por un minuto mientras se miraban las caras.

-Vamos, yo necesito ver eso con mis propios ojos -ordenó Elián.

Así fue como a paso afanoso salieron del instituto en busca de la pareja para poder expiarlos.

Neyret estaba sentada en la banca de un parque cerca al Liceo y su lado se encontraba Sebastián con una sonrisa coqueta y un tanto burlona que ella odiaba.

-Nunca imaginé que estuvieras tan desesperada por Cristian -le dijo mientras se cruzaba de brazos.

-Eso no te incumbe -gruñó Neyret.

-Oye, ahora somos novios, debes de tratarme con más cariño -replicó Sebastián-. Tu pobre novio se va a desilusionar si no contribuyes con este "bello romance".

-Ay Sebastián, deja de ser tan payaso -pidió Neyret fastidiada-. Solo debemos de actuar cuando Cristian esté presente, nada más.

-¿Entonces para qué vinimos a este parque? –inquirió el joven.

-Porque Cristian estaba cerca y necesitaba que nos viera, nada más.

-Eso quiere decir que ya me puedo ir -Sebastián se levantó de la banca-. Pero, antes de irme, necesito despedirme como tu novio.

-¡Te voy a dejar algo claro! -gritó Neyret al ver que el muchacho acercó su rostro al suyo- ni en broma nos vamos a besar.

-¿Y así quieres que Cristian se crea este cuento de los noviecitos? -cuestionó mientras sostenía su retorcida sonrisa.

Sebastián estaba muy cerca de Neyret y esto la tenía muy sonrojada, su piel se erizó mientras tragaba en seco. Llevó una mano que plantó en el rostro de Sebastián para así apartarlo.

-Si te vas a poner en esas no creo que esto vaya a funcionar -dijo Neyret-. Tenía razón cuando me negué con esta absurda idea de que fueras tú. Cristian no creerá el que yo me hice novia de un idiota como tú. Sólo te quieres aprovechar de la situación.

-Oye, yo solamente quiero ayudar con tu idea de los celos. ¿Crees que un hombre como Cristian creerá tu mentira simplemente viendo que nos agarramos de manos y ya? -Sebastián soltó una risa sarcástica- eres muy ingenua si piensas de esa manera.

En aquel momento Sebastián vio a lo lejos a Eduar junto a Elián y Sandrid. Rápidamente se sentó en la banca muy cerca de Neyret mientras plantaba una de sus manos en una pierna de la chica acariciando su suave piel que dejaba ver su corta falda colegial.

-¡¿Qué estás haciendo?! -gritó ella exaltada.

-Cállate, ahí vienen tus amigos -informó Sebastián-. ¿Quieres que Cristian se crea el cuento? Sígueme la corriente.

Sebastián acercó su rostro al cuello de la joven mientras tenía su otra mano plantada en una mejilla de Neyret. Estaban muy cerca, como si fueran novios de verdad. Nunca creyó que Sebastián se iba a meter en el papel tan rápido, aunque, sabía que a él le gustaban ese tipo de cosas, por lo mismo Camila no pensó dos veces antes de ponerlo como el chico perfecto que sacaría a Cristian de sus casillas por los celos que le iban a surgir.

Elián pudo ver a la pareja dándose cariñitos a mitad del parque y esto le sorprendió mucho.

-¡No lo puedo creer! -soltó mientras sus ojos se abrían en gran manera.

-¿Dónde están? -inquirió Eduar.

-Mira, ahí -Elián señaló con una mano a una parte del parque-. ¡Son novios, mira cómo la toca!

-No lo puedo creer -dijo Eduar mientras su boca se entreabría-, ¿cómo puede Neyret fijarse en un tipo como Sebastián? ¿Qué le vio? -dejó salir un jadeo lleno de decepción-, ¿qué pasó con Cristian?

-Hay que aceptar que Sebastián es muy lindo y tiene un poder en esa boca, puede conquistar a cualquier chica que le guste. Se fijó en ella y al darse cuenta que Cristian dejó el camino libre... decidió conquistarla -dijo Sandrid.

-¿Pero en qué momento? -Indagó Elián-, ella nunca me contó sobre él.

-Tal vez sabía que nos opondríamos a su relación y decidieron mantenerla en secreto -respondió Sandrid-. ¿Cuánto llevarán en estas?

-Necesito saber lo que pasa, debo hablar con ella -soltó Elián.

-No, déjalos, después hablaremos con Neyret -pidió Eduar-. Ahora lo que me preocupa es Cristian, se pondrá furioso, a él no le agrada para nada Sebastián, además, es Neyret, ¿por qué se metió con ella? ¿No se supone que le gustaba Camila?

-Cristian no se puede enterar de esto, se formará un problemón si se entera -dijo Elián.

-Sí, es lo mejor -aceptó Sandrid.

-Pero será cuestión de días para que se dé cuenta, hoy casi los descubre -explicó Eduar.

-Es cierto, aunque se forme el problema, es mejor que le contemos. Yo hoy hablaré con Neyret para que me explique esto y después les contaré -sugirió Sandrid.

Ella debía aceptarlo, le emocionó toda esa mentira al ver que sus amigos se creyeron lo que vieron. Además, ver a Sebastián y Neyret tan cariñosos, casi a punto de besarse, hizo que su lado malo y alcahueta saliera a flote para echarle más leña al fuego.

La tarde se estaba despidiendo de la ciudad, Elián se encontraba en el cuarto de Eduar sin nada que hacer. Tenía mucha tranquilidad al saber que su año escolar lo había ganado al poder salvar la materia de matemáticas y podía salir a vacaciones de fin de año e ir a la finca junto con sus amigos.

-Si no hubiera sido por Sandrid ahora estaría pensando en cómo me iba a suicidar, me salvó la vida -dijo Elián acostado en la cama de su primo.

-No me gustó el que Eliana no te ayudara, fue muy grosero de su parte -expresó Eduar muy serio sentado a su lado jugando con una pelota anti estrés en sus manos.

-Ella no tenía por qué ayudarme, estaba ocupada, la entiendo -tranquilizó Elián.

-Eliana el fin de semana no hizo nada, bueno, sí vio una maratón de una novela de sus chinos -contó Eduar.

Elián quedó un poco pensativo, no le sorprendía el que Eliana le sacara el cuerpo, ella lo odiaba y se lo demostraba con todos sus actos.

-¿Te peleaste con ella? -indagó Elián.

-Sí, lo que hizo no se hace Elián, tú no la has tratado mal como para que actúe de esa manera.

-Deja de ser bobo -replicó Elián-, ella no está obligada a ayudarme, sabes bien que no le agrado.

-Bueno, de todos modos, lo más seguro es que ahorita venga a hablar conmigo, se estresa cuando discutimos -alegó Eduar, observó con detención a su primo-. Cuando venga deberías de hablar con ella; háblale claro, no es justo que siempre te esté tratando tan mal. Ustedes son mis mejores amigos y me fastidia ver que te sientes incómodo cuando estamos juntos y ella sólo sabe dejarte en ridículo.

-¿Y qué voy a ganar con eso?

-Que no te siga humillando -respondió Eduar-, me he dado cuenta que has intentado llevarte bien con Eliana, pero ella toma eso como si fueras un idiota, te trata mal. Dile sus buenas verdades para que te deje de molestar, no importa si no vuelven a hablar.

-Oye, es tu mejor amiga -replicó Elián.

-Pero tú también eres mi mejor amigo y, además, mi primo.

Elián quedó pensativo, la idea le sonaba, pero, desde hace meses que dejó de enfrentar a Eliana; en él había nacido un sentimiento que no le permitía tratar mal a aquella joven. Poco a poco fue naciendo una pequeña esperanza de algún día poder ser su amigo, no aspiraba a nada más, se conformaba con una plática placentera a su lado mientras disfrutaban de una buena tarde de verano.

A las dos horas llegó Eliana a la casa de Eduar como el joven había dicho, encontró a los muchachos en el patio comiendo unos postres mientras escuchaban música.

-¡Buenas! -saludó Eliana sonriente.

Eduar y Elián se miraron las caras y después saludaron a Eliana.

-¿Sigues enojado conmigo? -inquirió la joven acercándose a la mesa donde los chicos estaban sentados.

Eliana rodeó el cuello de Eduar con sus brazos y después plantó un beso en la mejilla del muchacho.

-Ya... no sigas enojado conmigo -pidió ella sonriente.

- Ya ni me acordaba de eso -dijo Eduar.

Eliana se sentó al lado de Eduar muy animada y empezó a hablar sobre todo lo que hizo en el día y algunos planes que quería hacer en las vacaciones junto a su mejor amigo. Mientras, Elián observaba en silencio a la muchacha sonreírle a Eduar y a él se limitaba a ignorarlo por completo.

-Voy a ir al baño, ya regreso -dijo Eduar mientras se levantaba de la silla.

El joven salió del patio dejando a Elián solo con Eliana. Ella rodó la mirada a un punto fijo en el patio un tanto aburrida e hizo que un silencio incómodo se apoderara del lugar.

-Necesito hablar contigo -pidió Elián.

-¿Qué debería hablar yo contigo? -preguntó Eliana.

-De esto que está pasando -informó el joven.

Eliana hizo un gesto de extrañes, después soltó una risita burlona.

-Hablas como si tú y yo tuviéramos algo -soltó Eliana.

-Claro que no, me refiero a la manera en que me tratas -explicó el joven bastante serio-. Yo... he intentado que tengamos una amistad, pero tú sigues comportándote de esa manera conmigo, ¿acaso te he hecho algo terrible para que te comportes así?

-Elián... -trató de hablar Eliana fastidiada.

-Tranquila, no voy a discutir contigo -aclaró Elián-. De hecho, no pensaba decirte nada de esto, fue Eduar quien me dijo que lo hiciera; ahora no vayas a enojarte con él, quiere que resolvamos nuestros problemas. Pero sé que es imposible; tú me odias y yo no puedo hacer nada para cambiar eso. -Hubo un momento de silencio- no quiero que volvamos a pelear como antes, vamos a irnos de vacaciones y sería incómodo para todos convivir en esa guerra. De ahora en adelante... te ignoraré para que puedas estar tranquila, no tendrás que fingir y muchos menos ser hipócrita.

Eliana estaba congelada, le impactó el que aquel chico le dijera todo lo que pensaba mientras la miraba fijamente. Una sensación muy incómoda creció por todo su estómago subiendo a su pecho, al final ya no podía verlo y un gran cargo de conciencia consumió su mente.

-Elián, yo no te odio -le dijo, pero al final su voz quebró y tuvo que hacer silencio.

-Tranquila, no tienes que decirme nada -el joven se levantó de la silla y hubo un momento de silencio-. Por favor, lo único que te pido es que no sigas tratándome de esa manera repulsiva, ignórame como lo has hecho hoy, eres buena haciendo eso.

Elián salió del patio dejándola inmóvil sin saber cómo actuar. Inclinó la mirada y después respiró profundo. En ese momento entró Eduar, tomó un poco de jugo de un vaso de vidrio y reparó a su amiga.

-¿Estás llorando? -le preguntó.

-Ah... no... -Eliana pasó una mano por su mejilla derecha- es solo que... Eduar, ¿te parece que soy una mala persona?

-¿Por qué dices eso?

-Elián me llamó hipócrita y que... -los ojos de la joven se llenaron de lágrimas.

-Bueno, tú a él lo tratas muy mal -dijo Eduar-. La verdad, me da mucha rabia ver cómo tratas a mi primo así, le dije que te enfrentara y no dejara que siguieras haciendo eso. -Eduar la reparó y notó que ella quería llorar- ay Eliana, es cierto, ahí sí te has equivocado y horrible...

-Lo sé -Eliana se levantó de la silla-, este... yo... mejor me voy a mi casa.

-¿Te enojaste?

-No... Claro que no.

-Pero, ¿y entonces? ¿Por qué te vas? -interrogó Eduar.

-Es que... Aunque no lo creas, mi intención nunca fue tratarlo mal -confesó Eliana- ni yo sé por qué me comportaba así con Elián.

Capítulo 2 Mi primer amor

Era de mañana y Camila se encontraba rebuscando en los cajones de su mesita de noche cuando encontró su antiguo diario que dejó abandonado hace un año. Desplegó una sonrisa mientras hojeaba el interior de este, le trajo un mar de recuerdos de aquella chica inocente que fantaseaba con lo que creía un amor platónico.

"Luis Ángel, si tan solo llegara a besarlo sería la mujer más feliz del mundo" leyó. Quedó pensativa con aquellas palabras, en aquel tiempo añoraba tener cerca a aquel joven, besarlo, pero lo sentía muy lejano.

Aquella chica que escribió esas palabras nunca pensó que algún día todos sus deseos se harían realidad, que Luis Ángel se fijó en ella y a su lado hicieron muchas locuras, con él experimentó lo que era amanecer en una cabaña frente a la playa mientras se comían a besos. Si estuviera frente a su yo del pasado seguramente aquella chica nunca creería que cambiaría tanto en el futuro.

Abrazó el diario en su pecho, no lo volvería a abandonar, terminaría de escribir hasta la última hoja para que en un futuro pudiera notar qué tanto había cambiado.

"Faltan pocos días para que vea a Luis Ángel en persona nuevamente. La última vez que lo tuve frente a mí fue en la fiesta de Elián y nos besamos, me di cuenta que sigo enamorada de él, por más tiempo que pase aquel sentimiento de apego me consume, no quiere separarse de mí; además, Luis Ángel está empeñado en que volvamos a ser novios, me lo confirmó en la carta, pero aún no la he leído, me da miedo, aunque, Cristian y Neyret ya me explicaron lo que me encontraría en ella.

Francamente no sé lo que Luis Ángel vio en mí, yo era gorda, fea, pero a él nada de eso le importó y aquella noche que me besó me demostró que sus sentimientos hacia mí siguen intactos. No fui capaz de verlo al día siguiente, no me despedí y siento un debate interno ahora que mi mente sabe la gran lucha que tendrá al verlo todos los días de ahora en adelante.

No sé si pueda controlarme en estas vacaciones, cada vez que él me habla siento todo mi interior estremecerse, se rinde a sus pies. Sus abrazos hacen que me derritan y quiera besarlo. En momentos como estos me cuestiono el por qué tengo tanto miedo de estar a su lado si él no me ha hecho nada malo. Nuestro problema fue habernos enamorado en el momento menos oportuno, Luis Ángel tenía ese gran problema con su padre y nuestra relación terminó de empeorar las cosas.

Pero todo ya ha cambiado, la paz ha vuelto a nuestras vidas y si nos convirtiéramos en novios, creo que nuestras familias lo aceptarían."

Camila dejó de escribir y soltó un suspiro mientras caía de espaldas a su cama. El silencio se apoderó de la habitación mientras la mente de la joven se consumía en un mar de sentimientos revueltos.

Pensaba que escribir en su diario le ayudaría desahogarse, pero fue todo lo contario; sus sentimientos se apoderaron de ella e hicieron que añorara estar con Luis Ángel en aquel momento.

Sacó de la mesita de noche la carta que tanto miedo le dio leer. Vio el papel lleno de letras dirigidas a ella, lo contempló por unos instantes mientras su corazón latía rápidamente.

"Querida Camila.

Espero que al recibir esta carta te encuentres bien de salud, solo te escribo porque deseo que me perdones, sé que no es fácil lo que estoy pidiendo; además, te he tratado mal al jugar con tus sentimientos. Seguramente me odias y acepto el que lo hagas, pero, antes de que rompas esta carta, quiero contarte lo que pasó y cuáles fueron mis razones para terminar contigo de aquella manera tan horrible.

Nuestros padres estaban preocupados por todo lo que estábamos haciendo, te estaba yendo pésimo en el colegio y yo parecía no tener salida a mi rebeldía. Así fue como tomaron la decisión de separarnos, tú volverías a ser la misma chica y a mí me enviarían lejos para recapacitar y les diera salida a mis problemas.

Me amenazaron con enviarte a un internado y alejarte de todo lo que más quieres, no me pareció justo, así que acepté el terminarte. Perdóname, tal vez no fue la mejor opción, ahora que escribo esta carta me doy cuenta que tuve muchas opciones, como la de ayudarte con tus notas, dejar de discutir con mi padre y tratar de hablarle de manera civilizada. Pude demostrarles a tus padres que no era una mala persona para ti y así hacer que aceptaran nuestra relación. Soy un completo idiota.

Me enfrasqué tanto en la idea bruta de enseñarle a mi padre que no me manejaba y dañé toda la vida tranquila y feliz que tenía a tu lado. Camila, todo lo que te dije es cierto, estoy enamorado de ti y te acepto tal y como eres, nunca me ha importado si estás subida de peso o tienes un cuerpo perfecto. Lo único que me interesaba hacerte feliz, pasar tardes a tu lado y verte sonreír.

Espero que algún día llegues a perdonarme, en algún momento volveré con mis padres y, aunque es una idea egoísta, me encantaría volver a tenerte a mi lado, poder hacer realidad todas aquellas promesas que nos hicimos. No te estoy pidiendo que me esperes, eres libre de realizar tu vida y si eres feliz al lado de otra persona yo me alegraré de eso.

Te deseo la mejor de las vidas.

Con amor, Luis Ángel."

Camila terminó de leer la carta y sus lágrimas emergieron de sus ojos empezando a correr por sus mejillas con rapidez. Llevó la hoja hasta su pecho y la abrazó con fuerza, cerró los ojos mientras los sollozos comenzaban a escucharse en la habitación.

La brisa que entraba por la ventana abierta hizo que las cortinas blancas del cuarto juguetearan por un momento, los pájaros cantaban creando una orquesta que llenaba el cuerpo de tranquilidad, aunque, Camila no podía encontrarse más inquieta; aquella carta la puso a temblar. Luis Ángel todavía tenía la esperanza de volver con ella, siempre la estuvo esperando.

Eliana inclinó la mirada mientras estaba frente a la casa de su mejor amigo Eduar, quería hablar con él acerca de lo sucedido la noche anterior, pero había heredado el orgullo de su padre y esto complicaba aún más las cosas.

-¿Qué haces? -escuchó que le preguntaron.

Rodó la mirada rápidamente a su derecha y encontró a Eduar acompañado por Elián y Cristian. Se veían sudados y Cristian tenía en sus manos un balón de fútbol bastante sucio.

-Hola Eliana -saludó Cristian sonriente.

-Hola... -soltó la joven un poco nerviosa.

Reparó de pies a cabeza a Elián quien se encontraba serio tratando de no mirarla. Mientras, Eduar se acercó a ella un tanto animado.

-¿Qué tienes? Te ves rara -le dijo.

-Ah... Es que... -trató de hablar.

-¿Ya no estás enojada por lo de anoche? -inquirió el muchacho.

Eduar no pudo ser más imprudente en aquel momento. Eliana se ruborizó en gran manera y su piel se erizó por completo, ¡Elián estaba presente y Eduar hablaba sobre aquel tema tan incómodo!

-Entremos, hace mucho calor y quiero bañarme -pidió Cristian.

-Ay sí -aceptó Elián.

Tocaron el timbre y después una empleada salió para abrir el portón, mientras, los chicos conversaban de todo un poco. Eduar notó que su amiga estaba muy rara, extremadamente tímida, cuando ella era alguien que hablaba hasta por los codos y más si se encontraba Cristian presente.

El grupo de jóvenes pasaron directo al cuarto de Eduar para darse una ducha fría después de estar corriendo detrás de una cancha de fútbol por más de dos horas.

-Ya quiero que sea la otra semana, no espero la hora para poder ir a la finca y poder bañarme en esa cascada -expresó Cristian-. En los videos se veía muy genial.

-Oigan, ¿se dan cuenta que ya falta un año para graduarnos? -inquirió Elián.

-¡Sí...! -soltó Eduar emocionado-, tenemos que planear la mejor fiesta de graduación.

-No hemos terminado décimo y ya estás planeando la fiesta de graduación -se burló Elián.

Los jóvenes soltaron una carcajada mientras Eliana observaba en silencio. Elián se quitó la camiseta ya que planeaba irse a duchar, al parecer se le estaba olvidando que había una dama en la habitación.

-¡Oye Elián, tienes el abdomen marcado! -soltó Cristian impresionado- ¿cuánto llevas en el gimnasio?

El joven inclinó la mirada para poder verse el abdomen, después la rodó a un espejo, al parecer ni él se había dado cuenta de sus cambios.

-Ay sí -dijo con un rostro engreído.

Los tres jóvenes soltaron una carcajada. Eliana quedó reparando a Elián sorprendida al notar el buen cuerpo del muchacho, se veía muy varonil y, había que aceptarlo, él era bastante bello de rostro y ahora con el cuerpo tonificado... quedó aún mejor.

Elián notó la presencia de Eliana en la habitación y tornó su rostro serio mientras pasaba una mirada por la joven sentada a un borde de la cama.

-Voy a bañarme -informó a sus amigos.

Elián entró al baño dejando la habitación en completo silencio. Cristian notó el momento incómodo que se estaba viviendo y como buen chismoso que era, debía saber qué pasó entre aquellos jovencitos.

-¿Volvieron a discutir? -le preguntó a Eliana.

-Anoche Elián le dijo sus verdades en la cara -se burló Eduar.

-Anda... ¿cómo así? -Cristian desplegó una sonrisa animada.

Necesitaba saber a detalle lo que había pasado, por lo mismo se sentó al lado de Eliana.

-Cuenta, cuenta -pidió.

-Ah... -Eliana se sentía incómoda- bueno, Elián me dijo que no fuera hipócrita con él, que, si yo no quería hablarle, simplemente no lo hiciera. Decidió ignorarme para así no tener más problemas y que no me sintiera en la obligación de dirigirle la palabra.

-Ay Eliana... -refunfuñó Cristian.

-Sí... Horrible... -soltó Eduar cruzándose de brazos.

-¿No le pediste disculpas? -inquirió Cristian.

-Ni eso quiso hacer -dijo Eduar con un poco de enojo.

-¡Eliana! -regañó Cristian- ¿por qué eres así? ¿Acaso lo odias tanto?

-No... -trató de aclarar la joven- si él se fue y no me dejó decir nada. Yo no lo odio ni nada, pero... Ay, saben que nosotros nunca nos hemos llevado bien.

-No, no, no, aquí el problema eres tú; -aclaró Eduar- Elián en estos meses trató de llevarse bien contigo, todos somos testigos que él puso de su parte, en cambio tú, siempre tratándolo mal.

-¡Sí, es cierto! -aceptó Cristian.

Eliana ya no podía soportar el cargo de conciencia, se sentía terrible al saber que había hecho todo mal.

-Habla con él -aconsejó Cristian-, pídele disculpas y has las paces con Elián.

-Nosotros te ayudaremos, los dejaremos por un momento solos y tú le pides disculpas -sugirió Eduar desplegando su típica sonrisa amorosa.

La joven hizo silencio mientras acentuaba con la cabeza, Cristian se levantó de la cama y miró a Eduar.

-Dejémoslos solos, -le dijo al joven y rodó la mirada a Eliana- cuando salga del baño hablas con él.

-¡Esperen! ¡¿Ahora?! -se asustó Eliana.

-Sí... la idea es esa ¿no? Que resuelvan sus problemas lo más pronto posible, déjeme decirle señorita -Cristian se cruzó de brazos- usted no nos va a llevar ese problema a nuestras vacaciones.

-Ay sí Eliana, acaben con eso ya... -pidió Eduar.

-Tranquila, Elián va a aceptar tus disculpas, él no es rencoroso -dijo Cristian.

Eliana sintió un beso en su frente, era Cristian quien le hacía cariñitos para que ella se tranquilizara. Después los jóvenes salieron de la habitación dejándola resumida en una soledad llena de incertidumbre.

Eliana se levantó de la cama y empezó a caminar en círculos por la habitación, sus manos jugaban entre sí y los nervios estaban que la hacían colapsar. Encontró en una esquina una pelota pequeña anti estrés que agarró con rapidez y respiró hondo.

-Necesito que me disculpes, no, si le digo así se va a enojar conmigo -musitaba Eliana-. Elián, lo que me dijiste anoche, no dejaste que te diera mis razones, por lo mismo necesito que me escuches hoy.

Eliana arrugó su rostro al darse cuenta que no sabía ni qué decirle al joven. Respiró hondo para así calmarse. Se asustó al escuchar la puerta del baño abrirse, Elián salió a la vista con su cabello húmedo, descamisado y tenía puesta una bermuda gris.

Al muchacho le extrañó verla a ella sola en la habitación, pero trató de ignorarla. Caminó hasta una esquina donde se encontraba lo que Eliana le pareció ser su bolso, sacó de este una camisa negra que se puso rápidamente.

-Ah... -trató de hablar la joven.

Elián se enfocó en ella un tanto extrañado. Eliana apretaba la pelota anti estrés con fuerza y su respiración se encontraba agitada.

-Elián, este... Los chicos salieron del cuarto -dijo, después se arrepintió-. No, espera, no era lo que quería decir.

El joven quedó muy confuso con el comportamiento de Eliana, ¿qué le sucedía?

-Necesito hablar contigo, ¿po-podrías darme un momento? -la voz de la muchacha se quebró.

-Claro, ¿qué quieres decirme? -aceptó Elián.

-Es que yo... lo que sucedió anoche... Lo siento Elián, mi intención nunca fue tratarte mal -se disculpó, hubo un momento de silencio-. No me gustaría que quedáramos así, ignorándonos, yo quiero que seamos amigos.

Elián sumergió sus manos en los bolsillos delanteros de su bermuda mientras escuchaba a la joven, estaba sorprendido por todo lo que Eliana decía, nunca imaginó verla pedirle disculpas.

-Por favor, no sigamos así -pidió Eliana-. Ah... no sé qué más decirte, esto es muy difícil.

Eliana tenía ganas de llorar, sus sentimientos se encontraban revueltos y ver a Elián tan serio la llenaba de miedo. Cavaría un hueco y se enterraría si él no la perdonaba en ese momento, no soportaría un rechazo de semejante magnitud.

Soltó un pequeño sollozo e inclinó la mirada, se sentía como un soldado caído, Elián no decía ni una maldición y eso la estaba haciendo miserable.

-¿Estás llorando? -inquirió Elián.

Se acercó a la joven y vio que sí era cierto, Eliana intentaba no llorar, pero se notaba que no podía soportarlo.

-Oye, tranquila, no llores -pidió el joven-. Está bien, olvidemos lo que pasó y hagamos la paz.

Elián no sabía qué hacer, tenía miedo de abrazarla y que ella lo rechazara. Con un poco de incomodidad intentó hacerlo y al darse cuenta que no lo rechazó, la estrechó con confianza.

Eduar y Cristian se encontraban sentados en la sala principal comiendo unos pocillos de helado para calmar su calor.

-¿Te cuento algo? -inquirió Cristian.

-¿Qué?

-Pero no puedes contarle a nadie -recalcó Cristian.

-Ombe, cuenta -se fastidió Eduar.

-A Elián le atrae Eliana -confesó el joven.

Los chicos siguieron comiendo su helado, Eduar reflejaba en su rostro lo aburrido que quedó con la noticia.

-¿Cómo que le atrae Eliana? -inquirió.

-¡Sí! Él me lo dijo hace rato. Le fastidia que ella lo ignore, me imagino que su orgullo se hiere por eso. Estoy seguro que ahora, cuando ya arreglen las cosas, esos dos se volverán novios, será cuestión de tiempo -explicó Cristian-. Elián cuando le gusta una chica la trata muy bien, ¿te acuerdas en noveno la chica de lentes? Supo conquistarla y ella quedó loquita por él, lastimosamente se tuvo que mudar, de lo contrario seguirían juntos. Y a Elián le gustan las chicas como Eliana, ella cumple con todo lo que él pide en una mujer.

-Ella no se va a enamorar de él -refunfuñó Eduar.

-Según tú, ¿por qué? -cuestionó Cristian.

-Porque Elián no es el tipo de hombre que a ella le gusta. Además, no es por nada, pero creo que ella aún no ha superado lo que pasó entre nosotros -respondió Eduar.

-¡Eso sería buenísimo para ella! Si se da una oportunidad con Elián podrá olvidar ese rechazo tan feo que tú le hiciste -Cristian quedó un poco pensativo-. Parece como si a ti te molestara que a Elián le gustara Eliana.

-Claro que no... Solo que no creo que entre ellos llegara a funcionar algo -explicó Eduar.

En aquel momento Eduar no entendió el por qué le molestó tanto saber sobre los sentimientos de su primo hacia su mejor amiga. Le fastidiaba el simple hecho de pensar que ellos dos podrían volverse novios.

-Uy no... sería tan raro ver a Elián y Eliana juntos -se burló Eduar-. Es como cuando vi a Neyret con Sebastián, no pegan, no lucen, es la cosa más extraña que puede haber.

-¿Cómo que Sebastián con Neyret? -inquirió Cristian muy serio.

Eduar tragó en seco, ¿qué había hecho?

-Nada, nada -soltó Eduar.

-¡Habla Eduar! -ordenó el joven.

-Ay, tú también los viste, ellos se iban juntos -intentó mentir.

-Sé que no se trata de eso, habla ya... -pidió Cristian estresado.

-Ellos son novios ¿ya?

-¿Cómo que novios? -Cristian frunció el ceño con un poco de repudio.

-Nosotros los seguimos y los encontramos en el parque cerca del colegio y estaban muy juntitos como típicos novios. Sandrid explicó que ella no quiere que nadie sepa, Sebastián le echó el lance y ella cayó. Además, como tú después de lo que pasó no le prestaste más atención... me imagino que ella se aburrió de estar detrás de ti.

Aquellas palabras cayeron sobre Cristian como un fuerte puño que lo hirió en gran manera. No lo podía creer, ¿cómo podría Neyret juntarse con semejante hombre tan horrible?

-Eso debe ser mentira, Neyret no sería capaz de estar con él -replicó Cristian.

-Nosotros también creíamos que no podía ser posible, por eso los seguimos -explicó Eduar.

Se notaba en el rostro de Cristian lo aburrido que había quedado después de la noticia. Su buen humor se esfumó como el humo al ser tocado por la brisa.

Sandrid estaba acostada en la cama de Neyret, las dos chicas hablaban de todo un poco, poniéndose al día de las cosas que les pasaba.

-¿Entonces intentó besarte? -inquirió Sandrid.

-O sea, no... pero tú viste, me manoseó. Uish... Ese Sebastián -explicó Neyret- no lo soporto.

-Pero amiga, Elián y Eduar se creyeron el cuento, así que fue bueno. Además, es verdad lo que te dijo Sebastián, Cristian no se creerá nada si no se besan.

-Lo sé, pero a mí Sebastián lo único que me inspira es darle dos cachetadas para que aprenda a respetar -renegó Neyret.

-Ay, Neyret, -Sandrid soltó una carcajada- te tocará inspirarte imaginando que es Cristian, porque ya no puedes echarte para atrás, él seguramente ya sabe sobre tu supuesta relación con Sebastián.

-Lo sé... Pero siento que esto va a terminar mal -confesó Neyret.

-Yo también pienso lo mismo, pero bueno...

En aquel momento Camila entró al cuarto con rostro trágico y sus amigas se extrañaron.

-¿Por qué traes esa cara? -inquirió Sandrid.

-Acabé de leer la carta que Luis Ángel me dejó -confesó Camila.

-¿Y qué decía? -indagó Neyret muy curiosa.

-Cuenta, cuenta -pidió Sandrid.

-Él quiere que volvamos, yo no sé... me siento muy confundida -Camila se sentó en la cama muy inquieta-. ¿Ustedes qué me recomiendan?

-Ustedes se aman Camila, vuelvan, nadie les está impidiendo que estén juntos -aconsejó Sandrid.

-Es cierto. Mira lo que me pasó por estar con miedo, perdí a Cristian y estoy muy arrepentida, no dejes que te pase lo mismo -aconsejó Neyret-. No es porque sea mi hermano, pero... él es bueno y te ama.

-¿Qué te parece si hablas con él cuando lleguemos a la finca? Imagínate, -se emocionó Sandrid- ustedes besándose mientras se bañan en esa cascada, lo mejor es que el agua es fría, cristalina y sientes que te exfolia la piel.

Camila se ruborizó por completo y sus amigas se burlaron por este acto.

-¡Ay Camila! -gritó Neyret emocionada-, ¡imagínate, la vas a pasar genial estas vacaciones y lo mejor!

-¡Con novio! -gritaron al unísono Neyret y Sandrid.

Cristian y Eduar escucharon el grito de una joven al igual como los ladridos de un perro. Salieron corriendo hacia la entrada de la casa donde encontraron a una chica intentando apartar a un lobo siberiano con un bolso negro.

-¡No...! -gritó la joven con mucho miedo.

-¡Logan, no, venga! -ordenó Eduar.

-¿Cómo se salió? -inquirió Cristian.

El perro corrió hacia Eduar y se alzó en dos patas mientras movía la cola. Mientras, la joven respiraba muy agitado con los ojos llorosos.

-¿Te encuentras bien? -preguntó Cristian acercándose a la joven.

-Ah... sí -respondió ella.

-No te mordió ¿verdad? -indagó Eduar- Logan no muerde, como le estabas agitando el bolso creyó que querías jugar con él.

-Ah... pero como me estaba ladrando creí que me atacaría -explicó la joven.

Cristian reparó a la chica de abajo hacia arriba. Era morena, cabello liso bastante largo, le llegaba hasta la cintura, bajita y con un rostro muy tierno. Llevaba puesto un vestido rosado con unas sandalias blancas y su bolso negro que apretaba con fuerza.

Elián salió de la casa junto con Eliana.

-¡Ay qué perro tan lindo! -gritó Eliana corriendo a abrazar al perro.

El lobo siberiano corrió hacia la chica y mientras ella lo acariciaba él le lamía el rostro.

-¡Qué preciosura...! -gritó Eliana.

-¿Qué pasó con Logan? -inquirió Elián.

-Se salió y le estaba ladrando a la muchacha –respondió Eduar.

-¿Y cómo se salió? -preguntó Elián.

-Ni idea, tenemos que revisar por dónde se sale. Además, ¿con quién se quedará? No creo que mis papás acepten, es muy imperativo -dijo Eduar.

La chica se iba a ir, Cristian quería conversar con ella, pero no sabía cómo hacerlo, era una desconocida que iba pasando por la calle. Aunque, hubo una señal que lo incitó a lanzarse, ella rodó la mirada por un momento hacia él y mostró una sonrisa para después seguir su camino.

La joven en un momento se detuvo reparando a Eliana, ella sintió que la estaban mirando y alzó su rostro, así que las dos chicas se quedaron viendo fijamente.

-¡Laura! -gritó Eliana emocionada.

-¡Eliana! -soltó la joven.

-¡Amiga! -Eliana se levantó y corrió a abrazar a la muchacha.

-¡Cuánto tiempo! ¡Estabas perdida! -Laura abrazó a la joven. Después se apartó para repararla- ¡¿qué te hiciste?! ¡Estás hermosa! Claro, por eso ya ni visitas.

-Ay, no digas eso, lo siento, pero, ¿qué haces por aquí? -dijo Eliana.

-¡Me he metido una perdida buscando una dirección!, llevo horas caminando, por más que pregunto no puedo llegar, estoy buscando una corporación. Pero ya no voy a ir a ningún lado, ahora intento salir de este laberinto para tomar la buseta -explicó Laura.

-¿Una corporación? ¿Y eso para qué? -preguntó Eliana.

-Mi mamá, que me iba a dejar una plata con la secretaria de ese lugar, yo le dije que no sabía dónde era, le dijo a mi tío que me trajera y me dejó fue tirada, supuestamente tenía que hacer unas diligencias y me dijo que estaba a dos cuadras, pero allá no era -Laura soltó una carcajada-. Ay no... me duelen los pies de tanto caminar.

-Ay amiga, a ti te suceden unas cosas -Eliana soltó una carcajada.

-Oye, ni te recocía, por más que te reparaba pensaba "esa no es Eliana" ¿qué te hiciste? -Laura llevó una mano a los hermosos gajos de su amiga- ¡estás hermosa!

-Ah... pues... intenté cambiar un poquito para no verme tan fea -Eliana soltó otra carcajada.

-Ay, sigues riéndote como foca con epilepsia -se burló Laura.

Los chicos se miraron las caras, se notaba que ellas eran muy, pero muy amigas. Cristian debía aprovechar aquella oportunidad, la chica le había llamado la atención de una manera sorprendente.

-Oye, Eliana, qué grosera eres, presenta -le dijo a la joven mientras ponía una mano en su hombro.

-Anda, es cierto -soltó Eliana-. Laura, mira, ellos son mis amigos, él es Cristian- puso una mano en el pecho del joven-. Estoy tomando clases de cocina con él y Camila, a ti que te encanta cocinar, te llevarás muy con ellos dos.

-¿Te gusta la cocina? -inquirió Cristian bastante curioso.

-Ah... sí -respondió ella con un poco de pena.

-No le gusta, le encanta, su mamá tiene un pequeño restaurante cerca al mercado, lo atiende con ¡Laura y otras hermanas mayores de ella! Imagínate, tienes frente a ti a una cocinera experta -contó Eliana.

Cristian desplegó una sonrisa al observar que Laura se había ruborizado por completo, le parecía muy curiosa.

-Él es mi mejor amigo, Eduar -Eliana tomó al muchacho de una mano y lo arrastró hasta ponerlo a su izquierda dejando a Cristian a su derecha.

-Mucho gusto -Eduar le estrechó la mano a la joven.

-¿El perro es tuyo? -inquirió Laura.

-Oye, verdad, ¿de dónde sacaron a ese perro? -inquirió Eliana.

-Ah... Lo trajeron hoy, supuestamente es un regalo para Elián -explicó Eduar-. Pero no sabíamos si comprarlo, tuvimos varios problemas y hasta hoy fue que lo trajeron, se llama Logan.

-Pero yo les dije que no compraran nada, mis papás no me van a dejar tenerlo -replicó Elián al lado de Eduar.

-Y él es Elián -presentó Eliana al muchacho.

Laura se sorprendió al ver lo guapo que era el joven, quedó enamorada de los ojos verdes del chico y se ruborizó cuando le estrechó la mano.

-¡Oh...! ¡Ya se arreglaron! -gritó Eduar al notar lo amable que se trataban Elián y Eliana.

Eliana se ruborizó y se sintió muy incómoda, no soportaba lo imprudente que era su amigo ese día.

-Eduar... -gruñó.

-¿Son novios? -inquirió Eliana.

Cristian y Eduar soltaron una carcajada, Elián tornó su rostro muy rojo y llevó una mano detrás de su nuca. Laura se dio cuenta que había dicho una imprudencia.

-Anda... ¿Qué pasó? -inquirió.

-No, no somos novios, somos amigos, nada más -aclaró Eliana.

-Querrás decir enemigos -se burló Cristian.

-Cállate Cristian -pidió Elián.

-Oye, estás sudando -dijo Eliana a Laura.

-Ah... Es que hace calor -respondió la joven.

-Entremos y te tomas algo. Dijiste que llevas horas caminando ¿no? -ofreció Cristian muy sonriente.

-Sí, así hablamos un rato y nos ponemos al día de todo -sugirió Eliana animada.

Los chicos entraron a la casa. Laura quedó sorprendida al ver lo hermosa y lujosa que era la vivienda. En aquel momento notó que su mejor amiga había cambiado de vida totalmente, ahora estaba rodeada de jóvenes que se notaba en sus rostros la buena vida que llevaban. No sabía qué había pasado con ella, pero se sentía feliz, pudo ver en su rostro que estaba bien y eso la aliviaba.

-Vamos al patio, -pidió Eduar- no quiero que lleguen mis papás y vean a Logan.

-Anda, sí, ¿qué vamos a hacer con él? -preguntó Cristian.

-Elián, se supone que lo compramos para ti -dijo Eduar.

-¿Acaso yo les pedí un perro? -cuestionó el joven bastante serio.

-¿Y ahora qué hacemos con él? -inquirió Eduar.

Los jóvenes pasaron al patio donde había mucha sombra, una enorme piscina y un quiosco donde se encontraban ubicados unos muebles rodeando una mesita de cristal. Ellos se sentaron y la empleada se acercó.

-La señora Gera acabó de llamar -le informó a Eduar.

-¿Y eso para qué? -inquirió él.

-Tienes el celular apagado -le explicó. Sacó del delantal que rodeaba su cintura el celular del joven-. Lo volviste a dejar en el mueble de la sala principal y el perro lo estaba mascando.

Los muchachos soltaron la carcajada y Eduar tomó el celular mientras le agradecía.

-Preparé el postre tres leches que les gusta, ¿les traigo un poco? -dijo la empleada.

-¡Ay sí! Yo quiero -soltó Eliana emocionada.

-Algo para tomar también por favor, hace mucho calor -pidió Elián.

-¿Qué quieren tomar? -inquirió la señora.

Los jóvenes se miraron las caras.

-Ay, no sé, lo que mejor creas que acompañe el postre -dijo Eduar-. Lo dejamos en tus manos.

La empleada salió del patio. Elián estaba sentado al lado de Eduar, sintió el mal olor del joven y frunció el ceño.

-¡Ay... Hueles horrible! -soltó. Se tapó la nariz con una mano.

-Ah... es que no me bañé -respondió Eduar soltando una carcajada.

-Qué asco, puerco -se burló Eliana.

Cristian acercó su rostro a Eduar y después la alejó frunciendo el ceño.

-¡Tú tampoco te has bañado, así que deja de hacer show! -gruñó Eduar.

-Qué pena, Laura se está llevando una mala imagen de ustedes dos, partida de puercos -se burló Eliana entre carajadas.

-Es que estábamos jugando fútbol, pero por hacerle un favor a esos dos no nos bañamos. -Explicó Eduar a Laura- pero mira cómo nos pagan, ¡partida de malagradecidos!

Capítulo 3 Cuando el amor toca a tu puerta

Laura desplegó una sonrisa y los muchachos se fueron a bañar. Cristian no podía comprender ese sentimiento de alegría que comenzó a sentir al estar al lado de Laura. Era como una sensación de tranquilidad que veía reflejada en aquella mirada de ojos cafés.

Se dio una ducha y buscó en su bolso la ropa que había traído, "qué fea" pensó. Era la primera vez que una mujer lo inspiraba a arreglarse bien.

-Eduar, préstame algo casual, la mejor que tengas -le dijo a su amigo.

Eduar quedó extrañado. Sacó de su closet una camisa negra con una bermuda gris, Cristian observó la ropa con detenimiento.

-Yo mejor la elijo -dijo.

-¿Y la ropa que trajiste?

-Está fea -renegó Cristian mientras buscaba en el closet.

-¿Te gustó esa chica? -inquirió su amigo.

-Pues... Hay que dar una buena impresión -explicó Cristian-, ¿no te pareció bochornoso que dijeran frente a ella que olíamos horrible?

-Pues sí, me dio mucha pena, ¿qué va a pensar ella de nosotros? Imagínate lo que quedó pensando, horrible... -Eduar soltó una carcajada.

Cristian tomó una camisa de mangas cortas color azul oscura y la bermuda gris. Se veía casual, bien vestido y al peinarse, junto con el perfume, su apariencia mejoró.

-Qué genial, yo siempre quise tener un grupo de amigos. ¿Salen a paseos y todo eso? -Laura estaba animada con la plática que tenía con Elián y Eliana.

-Pues sí, lo normal, fiestas, ferias, vamos a cine, playa y esas cosas -respondió Elián.

-No le preguntes eso a Elián, desde pequeño ha estado con ellos, así que es muy normal para él -dijo Eliana.

-Pero si es la verdad, -replicó Elián- no hacemos la gran cosa.

Eliana soltó una carcajada, después quedó pensativa.

-Bueno, es cierto. Desde que somos amigos solo hemos ido a algunos paseos, de hecho, cuando Elián hizo su fiesta de cumpleaños yo no pude ir porque tuve un esguince en el tobillo. -Explicó Eliana- y eso, fuimos a cine porque estábamos en el centro comercial.

-Oye... eso es genial, salir con tu grupo de amigos a fiestas, cine y esas cosas. No hablo de algo extraordinario ni nada -dijo Laura sonriente-. ¿Te acuerdas que antes fantaseábamos con cosas así?

-Ah... Sí, nos sentábamos en esa banca y hablábamos de eso por horas -Eliana soltó una carcajada.

-Bueno, por lo menos a ti se te cumplió esa fantasía -expresó Laura.

-¿De cuál fantasía hablan? -inquirió Elián.

-Hace tiempo, cuando estudiábamos juntas -relató Eliana-, nos sentábamos a esperar el bus y nos poníamos a imaginarnos un grupo de amigos con los nos fuéramos de paseos, fiestas, que nos montábamos en lujosos carros y ¡uff! Un montón de cosas.

Las dos chicas soltaron la carcajada y después se avergonzaron de contarle aquello a Elián.

-Ay, qué pena, no debiste contar eso -regañó Laura.

-Anda, verdad -Eliana dejó salir una carcajada de vergüenza.

-Me parece normal, todos fantaseamos con algo -explicó Elián.

-¿Con qué has fantaseado tú? -inquirió Laura.

-Ay no, no contaré eso -Elián se ruborizó.

-¡Nosotras te contamos lo nuestro, estamos en confianza Elián! -insistió Eliana.

-Bueno, bueno -Elián se animó con la conversación-. Mi fantasía siempre ha sido... tener una novia, ¡pero no cualquiera! -notó la impresión de las chicas- creo que tal vez ustedes en algún momento también han fantaseado con algo así. Una pareja con la que puedan pasar años, que hagan planes y todos los cumplan.

-¡Ay sí! -soltaron las jóvenes al unísono.

-Yo imagino a una chica con la que pueda viajar, hagamos planes a futuro, hasta con la que pueda mandar a estampar esas camisas, ya saben, que escriben algo, como un mensaje y se toman fotos juntos. Todas esas cosas siempre las he querido hacer con una novia, pero no hablo de cualquiera.

-Tú estás buscando la chica perfecta para ti -dijo Laura.

-Sí, pero lamentablemente las que he conocido hasta el momento son muy superficiales, están es pendiente de cómo se ven, son pura apariencia física y eso a mí me aburre -confesó Elián-. En el colegio siempre están con esa estúpida competencia de quién tiene más dinero o la mejor ropa de marca, el carro que los papás le regalaron para su cumpleaños o a dónde viajaron en las vacaciones. Eliana más que nadie sabe de lo que hablo.

-Uy sí, es horrible. Al principio, cuando no era muy amiga de ellos, tenía que soportarme todas esas humillaciones y que me vieran como un bicho raro, pero después no fui boba y cada vez que me decían algo, yo les respondía -dijo Eliana mientras se cruzaba de brazos.

-¿Y ya no te molestan? -preguntó Laura.

-Claro que no. Y si lo hacen tendrán problemas -respondió Eliana-. Creen que por tener dinero pueden pasar por encima de las personas y eso no es así.

-Pero si tú ya pareces una niña de familia rica -replicó Laura.

-¿Plata de dónde? Ni celular tengo -Eliana soltó una carcajada.

-Ella es pura apariencia -se burló Elián.

-Qué feo -soltó Eliana y después apretó los labios.

-Anda -Laura dejó salir una carcajada-. ¿Y dónde estás viviendo?

-En la casa de la esquina con mi abuela -contestó Eliana.

-¿Y dónde vives tú Elián? -indagó Laura.

-A la vuelta –respondió.

-¡Ah... pero viven cerca!, me imagino que deben ser muy amigos -dijo Laura.

-Pues... tenemos un gran historial de discusiones -se burló Elián.

-¿Cómo así? -Laura quedó confundida.

-Es que él se burlaba de mí -confesó Eliana.

-Eso no es cierto y si por veces lo hacía era porque me daba rabia las cosas con las que Eliana salía -refutó el joven-. Oye, me golpeaba y todo, se burlaba de mí frente a todo el grupo y obviamente yo no me iba a dejar, ni pendejo que fuera.

-Eliana, ¿por qué lo tratabas así?

-Él intentó ahogarme en una piscina, tú sabes que yo no sé nadar y el bobo aquí presente, me tiró, así no más, y lo peor era que se reía mientras veía que me estaba ahogando -se defendió Eliana.

-¿Quién comenzó? ¿No fuiste tú? -cuestionó Elián-, en tus locos arrebates me golpeaste en la cabeza y después, cuando te sacaron del agua me diste una cachetada, como si fuera poco, te burlaste de mí en el comedor frente a todos ¡ah! Y todavía falta, me diste la disculpa más hipócrita que puede haber después de semejante insulto.

-¿Hablas de la de ahorita? -inquirió Eliana.

-No... la de esa vez, yo escuché lo que hablabas con Eduar y Cristian, te ibas burlando. Por eso fue que no te disculpé ni nada -confesó Elián-. Pero bueno, eso ya es pasado ¿no?

-Ay sí, no hablemos de eso -pidió Eliana un poco triste.

Elián lo notó y le hizo sentir mal la mirada triste de Eliana. Se acercó a ella y la abrazó, después le dio un beso en la frente. Laura le pareció un hermoso gesto por parte del muchacho, notó que ellos hacían linda pareja y a simple vista se veía que Elián estaba atraído por la joven.

Cristian y Eduar se acercaron, después lo hizo la empleada que traía una bandeja con vasos llenos de jugo de manco y el postre de tres leches. Los muchachos le ayudaron a repartir y degustaron del delicioso manjar mientras una refrescante brisa se paseaba por el patio.

Hablaron de diversos temas y Cristian le hacía muchas preguntas a Laura, al final terminaron los dos conversando de todo un poco, por lo general era el muchacho quien hablaba sin parar. Sus amigos notaron aquel interés del joven por ella, era extraño, Cristian solía ser desinteresado al momento de conocer a alguien y eso los impresionó.

-Le gustó Laura -dijo Eduar a Eliana.

-Sí... se nota mucho -expresó la joven-. Ojalá no se entere Neyret.

-¿Por qué? Si ella está con Sebastián -cuestionó su amigo.

-Ah... -Eliana se acordó de aquella mentira- sí, pero sabes que ellos siguen teniendo su enredo. ¡Son tan tóxicos!

-Me cansa que mis amigos sean así, ¿qué tanto es dejar ir a alguien? No están juntos, pero tampoco quieren verlo con otra persona -Eduar inclinó su mirada en el vaso de jugo-, ojalá nunca me pase algo así.

-Pero si tú estás más solo que un hongo, ¿con quién vas a tener una relación tóxica? -se burló Elián quien escuchaba la conversación.

Eliana se fue en risa al escuchar aquello y después lo hizo Elián.

-No lo persiguen ni las hormigas -chistó Eliana.

-Ahora sí quedé lindo, con dos amigos que se burlan de mi mal -renegó Eduar mientras se cruzaba de brazos.

-Sabes que esos son puros cariñitos -Eliana lo abrazó y después le dio un beso en una mejilla.

-¡Anda, ya me tengo que ir! -escucharon que dijo Laura.

La muchacha se levantó del mueble mientras miraba la hora en su celular. Cristian siguió el acto de la joven.

-¿Vives lejos? -le preguntó- te puedo llevar en mi carro.

Elián, Eduar y Eliana se miraron las caras sorprendidos. "Pero éste va es con toda" pensó Elián.

-Ah... No, qué vergüenza, vivo muy lejos -se negó Laura.

-Tranquila, yo no tengo ningún problema, no haré nada ahora -insistió el joven.

-Se supone que Cristian siempre le da flojera prestarse para esas cosas -masculló Eduar entre dientes.

-Lo que hace el amor -susurró Eliana.

-Será el despecho, como Laura es linda, -replicó Elián- seguramente quiere darle celos a Neyret.

-¿Crees que sea por eso? -a Eliana no le gustó pensar que podrían jugar con su amiga-, Cristian no haría algo así, ¿o sí?

Elián la observó fijamente mientras le decía con la mirada "claro que es capaz". Eliana llevó una mano a su cabello y lo rascó por un segundo, después se levantó del mueble.

-¿Puedo acompañarlos? -inquirió.

Cristian y Laura rodaron la mirada a ella un poco extrañados.

-Amiga, no es para tanto -dijo la joven inocentemente.

-No... Tranquila, de todos modos, tengo que irme también -soltó Eliana con una sonrisa.

-Pero si tú vives en la esquina -se extrañó Cristian.

-Pero quiero seguir hablando con mi amiga, tenemos meses que no nos vemos -Eliana no sabía cómo hacer para que Cristian aceptara.

-Ay, por favor, deja de ser paranoica -regañó Eduar.

-¿Qué sucede? -inquirió Cristian.

-Nada, es un desate de amiguitis -respondió Eduar de lo más normal.

Eduar tomó a Eliana de un brazo y la jaló para que volviera a sentarse. Laura se acercó a su amiga y se despidió de ella con un beso en la mejilla, después estrechó las manos de Eduar y Elián.

Cristian se fue junto a Laura de la casa conversando alegremente. Mientras, Eliana rodó la mirada a Eduar bastante enojada.

-¡No voy a dejar que Cristian juegue con mi amiga! -soltó furiosa.

-¡No te metas en sus asuntos!, tú no sabes si en realidad la quiere para pasar un despecho -regañó Eduar.

-Dijiste bien, no sabes, tú tampoco conoces las intenciones de él. Laura es muy inocente; fácilmente puede enamorarse de Cristian -alegó Eliana-. Es mi mejor amiga y no permitiré que él juegue con ella. ¿Acaso tú dejarías que alguien hiciera eso conmigo?

Eduar puso los ojos en blanco con mucho fastidio, esto enojó a la joven quien se levantó del mueble rápidamente, dejó salir un gruñido y empezó a caminar hacia la salida.

-¡Eliana sí molesta! ¡Uy no! -se quejó Eduar.

Elián decidió ir tras la muchacha, dejando a su primo en completa soledad. La alcanzó cuando iba por la sala con paso afanado.

-Eliana, espera -pidió el joven.

-¿Qué quieres? -gruñó ella.

-¿También estás enojada conmigo? -inquirió intentando seguirle el paso.

-No... Ay, claro que no, tengo rabia, eso es todo -explicó Eliana.

Salieron de la vivienda y Eliana se dirigió rumbo hacia su casa, pero se dio cuenta que el joven no tenía intención de separarse de ella. "¿Ahora cómo me quito este pegoste de encima?" pensó Eliana.

-Ya me voy para mi casa -informó ella.

-¿Y qué vas a hacer? -inquirió Elián.

"¿Es en serio que no quiere irse? ¡Qué chicle!" pensó Eliana.

-No lo sé, no estoy de humor ahora -dijo la joven.

-Yo no quiero quedarme con Eduar y en mi casa me aburriría mucho. ¿Qué te parece si hacemos algo juntos? -propuso el muchacho-, nosotros no nos conocemos casi y lo poco que hablábamos siempre fueron puras discusiones. Podríamos caminar un rato y ver qué hacemos, ya casi no damos clases, así que no nos tenemos que preocupar de nada.

Eliana quedó extrañada por el comportamiento que estaba teniendo Elián hacia ella, era muy raro que le hablara tan cariñoso, sabía que él se comportaba así con algunas chicas como Camila y Sandrid, pero, nunca fue tan amable.

Ella era alguien que no le gustaba un chico tan cariñoso, le parecía empalagoso y por eso le fastidiaba que Elián lo fuera. Comenzaba a pensar que, si él seguía en aquella tónica, su amistad no duraría mucho.

-Elián, no, en serio, no estoy de ánimo -replicó la joven.

-¡Ven, no seas así! -la tomó del brazo y comenzó a arrastrarla-. Primero vamos a mi casa y buscamos mi cartera.

La noche estaba acercándose y en la larga calle se podía ver los últimos rayos de sol casi rojizos arropando el paisaje urbano. Eliana inclinó la mirada a sus manos estrechadas, su tacto podía sentir la suavidad y el calor de Elián, tragó en seco al sentirse extraña. Era la primera vez que caminaba tomada de la mano de un hombre, nunca pensó que el chico que se llevaría semejante atributo sería su antiguo archienemigo.

Llegaron a la casa, era bastante grande, en la terraza se encontraban dos lujosos autos parqueados y custodiados por el gran portón negro. Elián tocó el timbre y el ama de llaves abrió.

-Elián... -susurró la joven- ¿aquí están tus papás?

-No, tranquila, ellos llegan más tarde. ¿Eres penosa? -la miró por un momento con una sonrisa sostenida en su rostro.

-Es que... he visto a tu papá y me da un poco de miedo -expresó Eliana con timidez.

-¿Por qué siempre dicen lo mismo? Él es bien... tranquila.

El muchacho la siguió llevando tomada de la mano mientras caminaban por la enorme sala principal, bajaron tres escalones que los llevaron a una segunda sala donde se encontraban unos muebles negros y un gran cuadro abstracto colgado en una pared blanca.

Eliana escuchó una voz gruesa que se acercaba a ellos, pero no veían ninguna persona a la vista.

-¡Tus papás sí están aquí! -soltó Eliana mientras su piel se erizaba.

-Pero, no te van a decir nada, subimos por mi cartera y ya -dijo Elián.

-No, no -inclinó la mirada a sus manos-. Me da mucha pena.

Eliana se dio la vuelta para así poder dirigirse a la entrada de la vivienda. Pero Elián la arrastró hacia la derecha donde se encontraba un pasillo blanco, en las paredes había cuadros colgados con fotos de paisajes urbanos y al fondo encontraron una puerta francesa marrón oscura que Elián abrió y después de entrar cerró dejando su espalda recostada a ella.

Eliana corrió sus ojos por todo el lugar, era una enorme biblioteca que le robó un suspiro "¡qué hermosa!" pensó la joven.

-Es raro que mis papás estén aquí, seguramente saldrán a algún lado -dijo Elián.

La jovencita empezó a caminar lentamente por la biblioteca llevando sus ojos por el lomo de los libros para así poder leer los títulos.

-Mi mamá es escritora, además, mi papá es un amante empedernido de la lectura. Une esas dos cosas y obtendrás un lugar como este -explicó Elián.

-Si yo tuviera algo como esto en mi casa, seguramente no tendría vida social -chistó la joven.

-¿Te gusta leer?

-Sí, pero lo he dejado. Aunque, cuando tenía doce años, cerca de mi casa se mudó una mujer que le encantaba leer y me prestaba todos los libros que tenía, pero después se mudó y para comprarlos... está como difícil -Eliana soltó una carcajada un tanto avergonzada.

-Bueno, cuando gustes puedes venir a leer un poco, también te los puedes llevar si quieres -ofreció el joven detrás de ella.

Eliana rodó la mirada a Elián con una expresión de impresión, se dio cuenta que sus rostros estaban muy cerca, así que tomó un poco de distancia. El ambiente se tornó un poco extraño y el corazón de la joven empezaba a acelerarse "¿esto qué es? ¿Por qué me siento así?" pensó mientras inclinaba la mirada.

Elián no supo de dónde sacó fuerzas, pero por alguna razón pensó que debía dar un paso decisivo en aquel momento. Recordó una vez que conversó con su padre y él le dio un consejo "no dejes que la chica que te gusta te vea con ojos de amigo".

En aquel momento entendió de lo que hablaba su padre y deseaba que Eliana estuviera enterada sobre los sentimientos que comenzaban a invadirlo. El pensar que podría volverse a repetir la historia que tuvo con Sandrid hacía que un sentimiento de incomodidad lo atrapara. Prefería estar alejado de ella a tener que resignarse a ser un simple amigo. Ahora que sabía lo cómodo que podía ser estar con Eliana y conversar alegremente, deseaba dar el siguiente paso.

-Eliana, no sé si este es el momento correcto para decirte esto -dijo Elián.

-¿Decirme qué? -preguntó ella.

-Desde hace meses me has gustado, pero me lo he tenido que callar porque sabía bien que me rechazarías -confesó el joven mientras daba un paso para estar más cerca de ella.

Los ojos de Eliana se abrieron en gran manera y su piel se erizó de pies a cabeza, tragó en seco y pudo sentir los fuertes latidos de su corazón estremecer su pecho.

-No te asustes, tuviste que haberte dado cuenta desde hace rato ¿no? -intentó llevar una mano al cabello de la joven, pero ella no dejó.

-Elián... -trató de hablar la muchacha.

-No, no, no, no me rechaces, por favor. Déjame terminar -pidió.

-Es que, sabes que es imposible, no dañes las cosas, por favor -suplicó la joven.

-Yo no quiero ser tu amigo -aclaró Elián.

-Es lo único que podemos ser -recalcó Eliana-. Además, apenas hoy arreglamos las cosas.

-Pero yo no quiero que comencemos simplemente siendo amigos, intentemos ser algo más y si no funciona, podemos dejar todo como antes -propuso Elián.

-¡¿Ah?! -la joven se asustó.

Eliana dio un paso hacia atrás y sintió su espalda chocar con una estantería. Elián se acercó a ella y acarició su cabello. La mirada penetrante del joven sedujo a Eliana, quien sintió sus piernas temblar. ¿Qué le estaba pasando? No lo entendía.

-Sé que tú quieres -Elián desplegó una sonrisa traviesa-. Lo estás demostrando en este momento.

-Elián... nosotros apenas hoy nos arreglamos, ¿cómo podemos volvernos novios así de un día para otro?

-¿Eso qué tiene de malo? -cuestionó el joven.

Él no le había propuesto un noviazgo, pero ya que ella lo ponía sobre la mesa, aprovecharía. Comenzaba a sentirse seguro del resultado que tendría, Eliana estaba considerando la idea y eso lo emocionaba.

-Es que... -trató de oponerse Eliana.

Elián no permitiría que ella se negara por miedo cuando había comenzado a considerar la idea. Entendía que era apresurado e inesperado, pero, los mejores planes son los que no se veían venir ¿no?

Se acercó a ella con rapidez y le robó un beso, al principio Eliana por la impresión intentó apartarse, pero después dejó besarse. A la chica le había gustado, era una sensación agradable, llena de pasión, una explosión de adrenalina que poco a poco bajó la intensidad volviendo el momento tranquilo y amoroso.

Elián rodeó la cintura de la joven con sus brazos y después que se terminó el beso se abrazaron. Eliana no podía procesar lo que acababa de pasar, solo estaba ahí, siendo abrazada por el que ahora era su novio.

Cristian detuvo el auto frente a la casa de Laura y rodó la mirada a la muchacha con una sonrisa desplegada.

-Por lo menos dame tu número ¿sí? -pidió.

Laura soltó una risita llena de inocencia mientras llevaba un mechón de cabello detrás de su oreja izquierda.

-¿Haces esto con todas las chicas que apenas conoces? -le preguntó.

-No, y te estoy hablando en serio -aclaró Cristian-. Solamente con las que me gustan y créeme cuando te digo, señorita, es muy difícil que eso pase.

-¿Cómo puedo creer en ti? Si apenas llevo unas horas de conocerte.

-Pero podríamos conocernos más si me regalas tu número -insistió el joven.

Laura se ruborizó e inclinó la mirada, Cristian llevó una mano a la barbilla de la muchacha e hizo que alzara su rostro con suavidad.

-¿Qué te parece si mañana cuando salgas de clases te voy a recoger? Podemos conocernos más y así verás que no soy un mentiroso mujeriego -volvió su sonrisa retorcida mientras su mirada se tornaba seductora.

-No... Tengo que trabajar -Laura hizo que Cristian quitara su mano de su barbilla.

Cristian bajó el brazo mientras mordía su labio inferior, ¿cómo podía hacer que Laura le diera algo de espacio en su vida? No quería perder aquella oportunidad.

-¿Pasado mañana? -preguntó.

-Cristian, trabajo toda la semana con mi madre y hermanas en el restaurante, no tengo tiempo para nada más -explicó Laura.

-Eso quiere decir que el fin de semana estarás libre -soltó Cristian comenzándose a animar.

-No... El fin de semana tengo que adelantar trabajos del colegio y mi mamá no me deja salir -se excusó la joven.

-Yo te puedo ayudar con los trabajos, vengo y lo hacemos juntos, después nos vamos a donde tú quieras, a comer o a cine, lo que desees. Le puedo pedir permiso a tu mamá y hasta le doy mi número para que te llame -dijo Cristian-. Hasta podemos seducirla diciéndole a ella y a tus hermanas que les traeremos pizza a todas.

Laura soltó una risa de vergüenza mientras llevaba una mano a su boca, él no se iba a dar por vencido.

-Ay no, lo que sucede es que tienes novio, ¿verdad? -Cristian volvió su rostro serio-, por eso no quieres aceptar. Soy un idiota, debí preguntarte antes.

-No tengo novio -respondió Laura.

-Bueno, entonces vengo por ti el sábado para que salgamos -soltó Cristian como si ella le hubiera dado el sí-. Necesito tu número para que así podamos acordar la hora.

-Cristian...

-Laura, no seas terca, te vas a divertir -regañó Cristian sonriente-. No seas boba, te están dando una salida con pasajes incluidos y pizza para tus hermanas y tu mamá. ¿Cómo puedes perder semejante lotería?

-¡No soy interesada! -replicó la chica.

-No, eres tonta. Quieres dejar perder una salida con un chico guapo al lugar que desees con gastos incluidos y una deliciosa cena de pizza para tu familia.

Se miraron fijamente y después soltaron la carcajada. Laura llevó una mano a su nuca mientras pensaba en si debía darle el número de celular a Cristian. Decidió dejar de ser tan molestosa y confiar un poco más en él.

Le dio el número a Cristian quien entusiasmado lo escribió en su celular rápidamente y después lo leyó para así asegurarse que fuera el correcto. Miró por un momento a la chica un tanto dudoso.

-¿Qué sucede? -le preguntó Laura.

-Te voy a llamar para ver si en realidad es el tuyo -dijo Cristian.

Laura soltó una risita al darse cuenta que Cristian también era alguien desconfiado. En aquel momento se escuchó en el auto el sonido de un celular al recibir una llamada, Laura sacó de su bolso el celular y le mostró la pantalla a Cristian para que se diera cuenta que decía la verdad.

Cristian colgó la llamada y desplegó una sonrisa.

-Bueno, ya tienes mi número -le dijo a la joven.

-Bien -Laura acentuó con la cabeza.

Cristian acercó su rostro a una mejilla de la muchacha y le plantó un beso muy tierno, después se quedaron viendo fijamente.

-Que tengas una buena noche -se despidió Cristian.

-Igual -soltó Laura mientras la sangre subía a su rostro.

Laura bajó del auto y al cerrar la puerta del copiloto se despidió de Cristian moviendo a los lados su mano derecha. El joven también repitió el gesto para después irse, mientras, Laura veía el carro marcharse.

La muchacha sintió su corazón estremecerse, su mente no podía sacar aquel último gesto de Cristian que la dejó flechada. Nadie se había comportado de esa manera con ella y mucho menos demostrar aquel interés que Cristian tuvo todo el tiempo que estuvieron juntos.

Laura entró a su casa. Era una vivienda modesta, pequeña, con una terraza que la custodiaba una reja de color negro. Ella abrió y caminó por la entrada de la vivienda, encontró a una joven dos años mayor que ella cruzada de brazos (una de sus hermanas mayores), alta, blanca y con cabello rubio, era todo lo contrario a Laura.

-¿Por qué venías en ese carro? -le preguntó.

-Es un amigo, bueno, amigo de Eliana -respondió.

-¿Amigo de Eliana?

-Sí, me encontré con ella hoy y me quedé hablando con sus amigos -explicó Laura.

-¿Y es que Eliana se ganó la lotería? -le preguntó- porque quien iba manejando semejante carro, se le nota que está nadando en dinero -alegó mientras se cruzaba de brazos-. ¿O está metida en negocios raros?

-No... Ningún negocio raro. Eliana se fue a vivir con su abuela, también su mamá y hermano se fueron con ella. -Comenzó a contar Laura- la señora María se separó de su esposo, por lo que me contó Eliana, tuvieron un problemón y su abuela les pidió vivir con ella.

-¿Y eso qué tiene que ver con que te traigan a ti en un carro tan lujoso como ese? -indagó la muchacha.

-Que la abuela de Eliana tiene una casa en una zona alta, y al vivir con ella, se consiguió amigos ricos. Además, Eliana está estudiando en un colegio cerca de allí, ese, el liceo que es para niños pupis -Laura entro a la casa seguida por su hermana-. Imagínate que la señora María trabaja en uno de los restaurantes Big como cocinera, y Oscar, el hermano mayor de Eliana, volvió a estudiar y se gradúa este año, entre su abuela y su mamá le van a pagar la carrera de ingienería en una universidad privada. Esa familia se ganó la lotería.

-¿Es que su abuela tiene plata? -inquirió su hermana sorprendida.

-No es rica, pero tiene sus ahorros, ella era periodista y su esposo era administrador de una empresa grande, no me acuerdo del nombre, pero al morir dejó una cuenta bancaria con plata para sus dos nietos, ahora que solucionaron los problemas que tenían, esa plata la están cogiendo para pagarles los estudios a Eliana y su hermano.

Una señora bajita, gordita y de cabello negro salió a la vista caminando hacia Laura mientras se secaba las manos con la camisa amarilla vieja que llevaba puesta.

-¿Por qué llegas a esta hora? -le preguntó-, ¿no compraste nada? ¡¿Dónde andabas metida?!

-¡Amá! -soltó la hermana mayor de Laura emocionada-, ¡Laura se bajó de semejante carro! Es ese que a ti te gusta, el que tiene un nombre parecido a flor, ¿cómo era?

-Ah... el Ford Explorer -la señora desplegó una sonrisa, después procesó lo que acababa de decir su hija y la cortó por completo- ¿cómo así? ¡¿Dónde estabas metida?

-Me encontré con Eliana y me quedé hablando con ella y sus amigos -respondió Laura.

-¿Amigos narcos? ¡Cuidado Laura! -regañó la señora.

-No... Imagínate que Eliana ahora es de estrato cinco o más -contó la hermana mayor de Laura.

-¿De qué estás hablando? -inquirió la mujer con el ceño fruncido.

-Es que Eliana ahora vive con su abuela, pero no son ricas, solamente que la anciana vive cómodamente, la señora María trabaja y parece que le está yendo bien. -Explicó Laura- lo que pasa es que los amigos de Eliana sí tienen dinero, porque ella está estudiando en colegio de rico. Uno de sus amigos se ofreció a traerme, nada más.

-¿Y María no estaba viviendo en el veinte de octubre con el señor Roberto? ¿Qué pasó? -indagó su mamá.

-Se separaron, por lo que me alcanzó a contar Eliana su mamá y su papá tuvieron una pelea horrible y se fueron a vivir con su abuela -contó Laura-. ¡Pero si vieras lo linda que está, parece una mismísima niña de plata! Yo ni alcancé a reconocerla.

-Dile que venga a visitar, quiero verla -pidió su hermana.

En aquel momento la reja de la casa se abrió y entró una joven como de unos veinticinco años con un niño de cuatro años tomado de la mano. La muchacha también era blanca, cabello castaño oscuro y al parecer medía un metro con sesenta centímetros, esa era la hermana mayor de Laura.

-Oye, Laura, ¿dónde andabas metida? -entró regañando a su hermana menor.

-¡Imagínate que se bajó de tremendo carro!, ya estaba creyendo que se había vuelto prepago -contó su hermana con un tono burlón-. Ya le iba a meter su regañón.

-¿Cómo así? -inquirió la joven.

-Ay no, ya dejen de hablar del tema -pidió Laura.

-¿Cómo era el carro? -preguntó la madre de la joven.

-Era así, blanco, grande, eso emanaba una imponencia... -relató la chica rubia-, intenté mirar al que lo manejaba, pero me daba pena salir, yo aquí con mis fachas todas pobres y seguramente el amigo de Laura tenía que ser un papasote ricachón.

-¿Y tú te fuiste así vestida? -preguntó su hermana mayor a Laura.

-Pues sí, yo iba era a hacer una diligencia -respondió Laura.

-¡Qué va...! -soltó la chica rubia- si Laura no levanta ni el polvo, ¿crees que un niño rico se va a fijar en ella?

-Mija, mucho cuidado con ir a enredarse con un rico de esos, ellos solo ven a las chicas pobres para acostarse con ellas y más nada -aconsejó la madre de Laura-. El que Eliana ahora pertenezca a ese mundo no quiere decir que vas a estar detrás de ella como un perrito faldero.

Camila estaba revisando su celular antes de irse a dormir como de costumbre cuando recibió una llamada del número del hermano de Eliana.

-Eliana, ¿y eso que me estás llamando? –contestó la joven. Sabía que era su amiga.

-Ay, amiga, necesitaba contarle a alguien esto -dijo Eliana, se escuchaba bastante enérgica. -Es que, hoy me pasó algo que no lo veía venir, fue tan rápido... -contó la joven.

-Cuenta, ¿qué pasó?

-Tengo novio y a que no te imaginas quién es -informó Eliana.

-¿Eduar?

-¿Qué? ¡No...! –soltó Eliana como si fuera algo muy absurdo.

-Si no es él, ¿quién es? No se me ocurre nadie.

-Elián -respondió.

-¿En serio? -inquirió Camila con voz aburrida.

-Hablo en serio Camila -aclaró la joven.

-No me digas.

-Ay, Camila, ¿para qué yo te diría algo así?

Hubo un silencio en la línea, después Camila soltó un grito.

-¡Ira! -soltó- ¿estás hablando en serio?

-¡Que sí, somos novios! -respondió Eliana.

-Espera, ¿cómo así? ¿Cuándo? -Camila soltó una risita de emoción- anda... tanto pelear para terminar de novios.

-Fue algo muy repentino, yo llegué a su casa, entramos a la biblioteca y él se me confesó, empezamos a hablar sobre el tema y terminamos besándonos. Ahora... soy su novia y no sé ni por qué lo hice.

-Porque detrás de todas esas discusiones a ti te gustaba, así de fácil -explicó Camila emocionada.

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