-Amelia, por favor...
-No Rámses, no puedo. Esto... es demasiado para mí...
-Prometiste no huir de mí.
-Y también prometimos no mentirnos... Prometiste nunca herirme.
Él se quedó sin palabras y solo me dolió más. Quería que me diese una explicación que me permitiera correr a sus brazos, pero no la tenía.
-¿Volverás?.
-Iré directo a Boston.
-Digo... si ¿volverás conmigo?.
-No lo sé-respondí con franqueza mientras mi pecho quemaba de dolor.
-Entonces... ¿me estás terminando?-su voz era apenas un murmullo y me costó escucharlo por el teléfono.
-Si... No... No lo sé, Rámses, Yo... necesito un tiempo.
-¿Cuánto?
-No lo sé.
-¿Qué si sabes?-su pregunta no era un reproche.
-Sé que quiero perdonarte aunque no sepa cómo hacerlo. Sé que si no te perdono no podré volver contigo. No sé cómo perdonarme a mí misma ni siquiera. ¿Acaso tú lo sabes?.
No respondió y me dejó claro que tampoco tenía la respuesta.
-¿Y sabes si me amas?.
-Si no te amara no me doliese, Rámses. Pero una relación no es solo amor, es también confianza, respeto, fidelidad... y acabas de pisotear todo eso. No sé cómo volver a construirlo, no sé si tendrá arreglo.
-Soy tu mecánico, déjame arreglarlo.
-No es algo que debas arreglar tú solo, es algo que debemos arreglar los dos, entre los dos. Quizás no tiene arreglo y solo se deba construir algo desde cero.
-¿Y cómo lo haremos si me estás terminando?.
-Quizás, como lo hicimos al principio...
Cinco meses antes.
-Hoy puedo irte a buscar Beleza. Saldré temprano.
-No te preocupes, me vendré con Sara e Isabel en el metro.
-Pueden venirse para acá. No me molesto.
-No Gabriel-lo regañé-, tienes prohibido salir con alguna de ellas. Son lo más cercano a unas amigas que tengo y lo menos que quiero es una nueva Marypaz.
-Anda... con Isabel, por favor-rogó.
-Dije que no-seguí desayunando dando el tema por cerrado.
-Bueno pero si ella cae accidentalmente en mis encantos no tengo la culpa.
-Por mi puede caer en tus encantos, pero no quiero que caiga accidentalmente en tu pene.
Él rio con fuerza.
Terminamos de desayunar y salimos del departamento. Ya en el camino a mi universidad, la NorthEasther University, NEU, recibí la llamada de Rámses. Anoche nos acostamos muy tarde y no quise despertarlo en la mañana para darle los buenos días, como acostumbrabamos. Últimamente sus ojeras eran inmensas y bostezaba a todo momento mientras conversábamos, sea la hora que fuese.
Comenzaba a preocuparme seriamente por él.
-Buenos días, Bombón-saludó con un inmenso bostezo mientras se restregaba los ojos, un gesto que me llenó de ternura.
-Buenos días para ti también mi amor. ¿Descansaste?.
-Después de lavarme, dormí livianito. Hoy compraré un selfstick, manché el celular con semen otra vez.
-¡Rámses!-grité horrorizada y Gabriel, Isaack y Donovan largaron las carcajadas.
Todas las mañanas este trio me llevaba hasta la universidad.
-Voy en el auto con los chicos-le expliqué mientras ellos se reían y mis mejillas incendiaban mi rostro.
-¡Mierda!-Rámses abrió bien los ojos-, no me di cuenta que ibas en el auto. Lo lamento Bombón.
-No compres un selftick, compra mejor una base o trípode, así tendrás ambos manos libres-sugirió Gabriel.
-Claro, si no quedarás en la misma situación, parecerá un POV porno de mal presupuesto con los movimientos que des-dijo Isaack y hasta hizo alguno de esos movimientos.
Me quería morir.
-No. No. No-me apuré a intervenir-. No harán esto, no opinarán en nuestra vida sexual.
-Vamos, Beleza. Estamos dando ayudas muy buenas.
-El trípode es buena idea-intervino Rámses-, el movimiento de verdad...
-¡Rámses, no!. Límites, límites. ¡Dios!.
Escondí mi cara entre las manos y ellos volvieron a reír.
-Bien Bombón, después los llamo.
-¡No!, no te digo que los llames después, es que no deberíamos hablar esto en grupo.
-Ups-exclamó el francés con una sincera cara de horror.
-¿Qué hiciste?.
-Esto fue lo que hizo...-Gabriel me tendió su teléfono y vi con terror como Rámses había preguntado en el grupo familiar por un trípode dejando claro que debía ser para el teléfono.
Los mensajes de Mike y Hayden no tardaron en llegar, hicieron chistes sobre el uso que le daría y Rámses solo confirmó, con su usual brutal honestidad, que sí tendría fines sexuales.
Minimicé la pantalla de la llamada de Rámses en mi teléfono y me salí del grupo por quinta vez en la que iba del mes. Lo hacía como medio de protesta para los temas que no debían tratar delante de mí, pero no servía para nada, al poco tiempo alguno volvía a agregarme.
-Lo lamento bombón. Sabes que no tengo mucho tiempo y Hayden podría ir a comprarlo por mí-me explicó pero igual yo seguía avergonzada, además su explicación no ayudaba en nada-. Hablemos de otra cosa mejor. ¿Me extrañas?
Intentaba minimizar mi molestia y pensé que no lo lograría hasta que hizo un puchero a la pantalla y cedí.
Soy tan fácil con él.
-Claro que si-la tristeza otra vez me invadió cuando recordé que próximamente sería el cumpleaños de Gabriel y él no podría venir. No lo dejaban faltar a clases y a nosotros tampoco.
-A ti y a tu pene...-dijo Isaack y los hombres del auto volvieron a reír.
Rodé los ojos pero no podía negarlo. Extrañaba todo de Rámses.
-Hoy tendremos la práctica de quemaduras-me explicó cuando por fin logré encaminar la conversación a temas menos vergonzosos para mí y el francés había dejado de reírse tanto como el resto de los chicos-. Nos darán la clase y luego el cuerpo de bomberos nos mostrarán algunas técnicas y haremos la práctica de esta noche en el Hospital de quemaduras.
Eso significaba que estaría muy ocupado y cuando era así significaba que no podríamos hablar sino hasta mañana. Reprimí el suspiro de cansancio que quise dar.
Nuestros estudios eran realmente intensos, sobre todo los de Rámses que llevaban una carga de horas prácticas que por lo general se terminaban duplicando.
-Te escribiré apenas pueda-me recordó, quizás mi cara me delató.
-Está bien, no te preocupes. Ya estoy llegando a la universidad.
-Y yo debo terminar de arreglarme para salir. Que tengas un buen día bombón. Te amo y lamento lo del trípode, le diré a Hayden que lo devuelva.
-No... digo-todos volvieron a estallar en risas y mis mejillas explotaron-. Voy a colgar.
Con Rámses aun riéndose le dije que lo amaba y terminé la llamada.
-Tranquila Amelia, entendemos que solo estás preocupada por la economía de Hayden y no por el interés en el trípode-a Donovan le encantaba molestarme.
Le rodé los ojos, me despedí y me bajé del auto antes de que pudieran seguir molestándome.
Caminé por los pasillos prácticamente desiertos hasta que llegué a mi salón. La población universitaria estaba de vacaciones, solo asistíamos los que íbamos a los cursos de verano, los que buscaban nivelarse con alguna materia y el club de tutorías que nunca descansaba. Entré a mi salón y saludé a Sara, quien siempre llegaba de primera.
-Amelia, ¿vienes corriendo?, estás sonrojada.
-Todo es culpa del francés sin filtro ni limites-sin él mirándome podía seguir un poco molesta, ella rio- y un portugués que le encanta molestarme.
-A mí me encanta ese portugués. Dime que estará hoy en la casa cuando vayamos.
-Estará pero tienes prohibido acercarte a él.
-Amelia-bufó-, si lo prohíbes solo lo haces más tentador. Necesito conocer a esta tal Marypaz, arruinó todo para todas. ¿De qué me sirve ser amiga tuya si no puedo tener acceso a Gabriel?.
Me encogí de hombros, mis normas eran claras. No pasaría otra vez por una situación como la de Marypaz, y ya que Gabriel era mi familia, podía tirarse a toda la universidad si quería, pero no a las que consideraba mis amigas.
El salón de clases comenzó a llenarse de a poco, Isabel llegó justo cuando el profesor comenzaba la materia del día. Vivía entre números y me encantaba, porque exigía que fuese organizada con todos los asientos contables, detallistas con cada gasto, ingreso, egreso... Era feliz con mi carrera y ni siquiera la comenzaba. Me destacaba en el curso justamente por eso, porque estaba estudiando lo que amo.
Cuando las clases terminaron salí del salón con Sara e Isabel a mi lado y planeábamos llegar hasta el metro y de allí a la casa cuando Sara gritó y clavó sus uñas en mi brazo. Busqué la razón y me encontré con Gabriel recostado del auto con sus lentes oscuros puestos, alzó la mano para saludarme y como siempre se me hizo imposible no sonreírle.
Me dio un abrazo y un beso.
-Mia Beleza. Te dije que te vendría a buscar.
-Y yo te dije que iría en metro con las chicas.
-¡Ese fue el error!. Pensaste que tenías la opción de negarte.
-Ya déjalo Amelia, Gabriel solo se preocupa por ti-agregó Sara mientras se acercaba a saludarlo. Acarició con cierto disimulo su brazo y el portugués sonrió.
-Hola Isa-saludó melodioso.
-Hola Gabriel.
Cuando él iba a intentar iniciar una conversación, como siempre Isabel lo evitó y subió al auto. ¿Qué tenía este portugués con los amores difíciles?.
***
Rámses O'Pherer.
Los ojos me pesan una barbaridad, a duras penas logro concentrarme en las anotaciones de mi libreta, y ya he releído mil veces la misma frase sin que pueda ni siquiera entenderla.
Mi rutina es una putada, empieza estudiando, termina estudiando y en el medio estudio y hago la práctica. Me faltan horas de sueño, horas de descanso, horas de todo. Me volví adicto al café y cualquier cosa que llevase cafeína. Era la única forma de que pudiese rendir lo necesario.
Hayden me dice que el curso es un intensivo avanzado, que las clases de medicina serán menos demandantes porque no tendré que hacer práctica los mismos días que vea clases. A esa idea me aferro, a esa y a que cuando esté en la universidad dormiré al lado de mi chica.
Extrañar a Amelia es la parte más difícil del puto curso porque cuando llego a la casa y solo quiero compartir mi día con ella, debo conformarme con verla por una pantalla y a veces ni eso, porque llego tan tarde que no quiero despertarla y que esté tan cansada como yo al día siguiente.
Lo único bueno de esto es que gracias a Dios Columbia me rechazó, porque no creo que hubiese podido estar separado de Amelia por tanto tiempo, ni tampoco de mi hermano. Si con Amelia hablo poco, con él hablo menos.
Harvard cada vez suena mejor y mejor.
.
.
-Hey, te quedaste dormido. Vete a la cama.
Susana me despertó y por más tentadora que fuese la posibilidad de dormir ahora, mañana tenía un examen que no podía fallar. Así que me negué.
Restregué mis ojos y me levanté a la cocina por un poco de agua y ya que estaba allí me humedecí el rostro tratando de espantar el sueño.
-No haces nada quedándote despierto hasta tarde si mañana no podrás estar despierto en el examen.
Susana se recostó sobre la pequeña encimera de la cocina, sus senos se apretaron en el escote.
Los primeros días me incomodaba esa actitud, pero ya la ignoraba con gran facilidad, porque descubrí que era su personalidad, una muy zorra, pero mientras no pretendiese algo conmigo estaríamos bien.
Así que lo estábamos.
Me volteé para buscar algo que comer dentro de la nevera y opté por algunos melocotones en almíbar que me quedaron de ayer. Tome uno con mis dedos y lo llevé hasta mi boca.
El sabor dulce tan familiar me reconfortó. Recuerdo haber visto a mamá comiéndolos directamente de la lata, con sincero placer. Compartía siempre algunos conmigo y guardábamos el secreto de papá, no porque él lo prohibiese, sino porque mi mamá quería tener algo solamente nuestro.
Y la adicción que ambos teníamos fue nuestro secreto a voces, hasta que solo fue mi adicción, la mejor forma de recordarla.
-Ve a acostarte-me repitió.
-No he terminado este objetivo-tercié regresando a la mesa donde los libros seguían esperándome.
-Bien, como quieras. ¿Te hago café?.
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-¿Y bien? ¿Qué tal te fue?-me preguntó Susana apenas llegó a la casa.
-¡Excelente!, desde aquel día que me quedé dormido y me despertaste, me ha funcionado muchísimo estudiar en la madrugada. Creo que el café me afecta mejor a esa hora porque amanezco activo.
Susana largó una gran carcajada y cuando se recompuso de su ataque, habló:
-No es el café tonto, te he estado dando unas pastillas para estudiar. Son nuevas y son oxigenantes cerebrales, te ayudan a estar despierto y focalizado.
La rabia que sentí con su confesión me hizo levantarme del sofá donde permanecía recostado, tratando de recuperar las fuerzas.
-¡Maldición Susana!-grité ofuscado, aventando mi bolso al piso-. Odio esas cosas, lo sabes. ¿Por qué mierda no me lo dijiste?. ¿Pero qué coño te pasa?.
Ella paró de reírse, pero su actitud continuaba siendo altiva.
-Oye, has estado demasiado estresado con los estudios. Francamente, deberías agradecerme.
Me encerré en la habitación luego de azotar la puerta con tanta violencia que esperaba haberla roto. No podía creer que ella me hubiese hecho eso, pensé que había quedado muy clara mi posición respecto a las drogas.
Era una idiota definitivamente.
Me sentí inseguro con lo que me dijo que me dio, así que para calmar mi rabia y mis miedos, busqué por internet y varias páginas aparecieron. Era una droga bastante común entre los estudiantes y no decía nada de efectos negativos o secundarios. Eso me dejó un poco más tranquilo.
Imaginarme nuevamente en una dependencia por culpa de su idiotez me molestaba en exceso.
Además constituía un riesgo para mí considerando mi pasado con las drogas, aunque claro yo también era otra persona. Ahora soy más maduro y consciente, no busco ocultar mi dolor ni nada de esas mierdas que me pasaban por la cabeza cuando probé la primera vez, pero no quería tentar mi suerte. La desintoxicación que sufrí realmente me traumó, porque fueron los peores días de mi vida.
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Al día siguiente desperté aun molesto con Susana. No quería ni verla y por esa razón me levanté más temprano y me marché incluso antes de que Hayden, con la excusa de que asistiría al grupo de estudio.
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De todos los chicos con los cuales hice la visita hace unos meses solo coincidí con Ulises. Él fue admitido en la universidad de Boston pero insistió en hacer el curso para poder destacarse más en las clases, tenía una beca que no podía darse el lujo de perder. Así que cuando improvisadamente le dije para que estudiáramos juntos, aceptó de inmediato.
Tomé el transporte público hasta la universidad y una vez allí, mientras llegaba Ulises aproveché de llamar a mi hermano.
-Hola Irmão, ¿Cómo estás?-Gabriel apareció en la pantalla con su cabello enmarañado.
-Bien ¿y tú?.
-Bien, despertándome para hacer el desayuno. Por lo menos ya sé que Amelia debe estar despierta.
-No la he llamado, necesitaba hablar contigo primero.
-¿Todo bien?-ahora lucía un poco más despierto que minutos antes.
-Sí, es solo que... bueno, no caigas en pánico pero...-y entonces le conté todo lo de Susana, cuando terminé él permaneció en silencio pensando un poco.
Y por supuesto que entró en pánico.
-¿Volverás a tomar de esas pastillas?.
Su cara era de preocupación y susto. El pasó por lo mismo que yo. Mucho hablamos al respecto, nuestro miedo a pasar por ese mismo dolor indescriptible de querer algo como el aire que se respira y sentirse morir sin el.
-Por supuesto que no, solo que...
Maldición, no podía mentirle a él, aunque lo intentase.
-Te tentaron, porque de lo contrario no estarías llamándome.
Murmuré un quedo sí. Entonces escuché un líquido derramándose.
-¿Es necesario que orines mientras hablas conmigo?.
-Es necesario que orine, esté o no hablando contigo.
-Me preocupas-dijo por fin lo que estaba pensando, lo vi caminar por el departamento y llegar hasta la cocina.
No conocía el lugar en persona, solo por fotos, videos y algunas llamadas donde me mostraban el lugar. Eso me daba un poco de celos, yo quería estar allá con ellos. Aquí ciertamente no estaba solo, Hayden siempre sacaba tiempo para compartir el poco espacio que yo tenía en mi agenda, pero no era lo mismo, extrañaba a mi hermano y a mi chica.
A mi papá lo veía menos, ya tenía dos semanas fuera del país y la última vez que lo vi fue poco antes de marcharse. Ahora viajaba mucho entre las distintas embajadas, con una agenda más apretada que nunca antes por algunos problemas internos del país que pusieron las cosas tensas con la comunidad Europea. Lo que se traducía en menos Fernando para nosotros y más diplómatico O'Pherer para el mundo.
Una putada en resumidas cuentas.
-No tienes por qué preocuparte por mí-intenté tranquilizarlo, tenía su ceño fruncido, lo cual era muy raro en él-. Preocúpate por Susana porque como siga así Hayden se enterará de muchas cosas. No permitiré que me arrastre otra vez con ella.
Gabriel no respondió, solo asintió quedamente pero su ceño fruncido no desapareció del todo.
-¿Amelia sabe de esto?.
-¿Estás loco? Ella no traga a Susana, si le cuento esto... no quiero darle dolores de cabeza y aún me falta mucho tiempo por acá.
Volvió a asentir y abrió la nevera para sacar algunas cosas para el desayuno. Dejó el teléfono en un sitio donde podía verlo desplazarse por la cocina con tranquilidad.
-Dime que te vestirás antes de que despiertes a Amelia-iba solo con bóxer.
-¿Cómo crees que logro despertarla?-una de sus cejas se alzó con picardía y quise rasurársela.
-Más te vale que te vistas...-advertí y él se rio mientras rodaba los ojos-. ¿Y tú que me cuentas?.
-Bueno, no mucho en realidad. Hoy me reuniré con Isaack para estudiar Lógica Jurídica, tendremos la primera evaluación y no entendí nada en clases. Y mañana sábado tengo una cita con Aurora, una chica que conocí en el gimnasio.
-Esa es nueva. Amelia colapsará con los nombres.
-Estará bien, acordamos que a todas las llamará de "amiguis"-rió y soltó un gran suspiro-. Te extraño Rámses.
-Y yo a ti.
-Cuídate ¿sí?. No me gustó nada ese cuento de Susana, es como la versión femenina y sexy de Cólton.
-Que Amelia no te escuche llamarla sexy...
-Me mataría lo sé...
Poco tiempo después nos despedimos y en un par de minutos más llegó Ulises. Pasamos una hora entera estudiando, repasando los objetivos de la próxima evaluación, pero incluso él notó lo distraído que me encontraba.
No podía dejar de pensar en lo que había hecho Susana.
.
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.
-Rámses, no tuviste una buena puntuación en esta prueba, pero entiendo que el curso es difícil y anoche fue especialmente rudo en la emergencia. Sin embargo sabrás que el curso se aprueba con no menos de 9/10, y esta nota puede bajarte el promedio.
-Lo entiendo. ¿Puedo volver a presentarlo?-no era algo usual, pero debía intentarlo.
El profesor dudó, sin embargo sabía que yo era el hijo del Doctor Michia y francamente, nunca me aprovechaba de eso, sino hasta este momento.
-Bien, mañana a primera hora tengo tiempo. Llega a las 7 y te hago otra vez el examen.
Sonreí y estreché su mano.
Mañana tendría entonces dos exámenes por lo que debía comenzar a estudiar desde ya. Me dispuse a salir del hospital, hoy por primera vez terminaría la práctica a la hora correspondiente, pero en ese momento llegaron múltiples heridos por un accidente de tránsito y pidieron el apoyo de todos. No podía negarme.
Es por esa razón es que son las 2 de la mañana y apenas estoy llegando a la casa, sin haber podido estudiar para ninguna de mis evaluaciones.
-Susana...-toqué su puerta y esperé que me indicara que pasase, cuando no escuché nada me atreví a asomarme.
No había nadie en la habitación y en vez de irme, entré. Miré por encima de sus cosas comenzando a preocuparme. No tenía nada de tiempo para poder estudiar y los nervios comenzaban a ganarme. Entonces, desesperado me animé a abrir sus cajones, hasta que lo vi. Un pastillero completo con las oxigenantes.
Dudé mientras las veía. Volví a recordar lo difícil que fue despegarme de las drogas, lo que sufrió mi papá y el mismo Gabriel con su propia dependencia. Quité la mano de las pastillas y cerré el cajón; y con ese mismo impulso salí de la habitación de Susana y me encerré en la mía.
Me di un baño rápido y me dispuse a estudiar, pero los ojos se me cerraban y no podía concentrarme. Releía mil veces el mismo párrafo sin que pudiese entender nada, mucho menos grabármelo. No había taza de café capaz de despertarme y ya había tomado demasiadas, también probé lavarme la cara pero el sueño y mi cansancio eran intenso.
Las letras se me hacían borrosas, me costaba mantenerme despierto y en más de una oportunidad mi cabeza cayó rendida.
Tengo que aprobar estos exámenes. De nada valdrá todo este tiempo acá si no apruebo el curso y logro ingresar en la universidad.
Entonces volví a salir de mi habitación y entré una vez más a la de Susana. Tome una tableta de las muchas pastillas que tenía y sin querer darle más vuelta a la situación me tomé una.
Keep Calm...
Mi día comenzó como cualquier otro, con Gabriel despertándome bajo amenazas de besarme. Ya sabía yo que no lo haría, pero igual me daba miedo tentar mi suerte.
Él era lo suficientemente suicida para temer.
Arrastré mi cuerpo hasta el baño y luego de una ducha rápida y de vestirme estuve lista para sentarme a comer el desayuno que Gabriel siempre me preparaba. Bajo la misma rutina que había establecido con Gabriel, salimos a la hora acordada, con él apurándome como siempre, su sentido de la puntualidad era una molestia, pero cuando llegaba a clases a tiempo, terminaba agradeciéndolo.
En el trayecto hasta la universidad, aprovechábamos de conversar con Isaack y Donovan, por lo general sobre sus prácticas o algunas viejas glorias.
Nos habíamos acoplado bastante bien y con esto quiero decir que Gabriel aceptó muy bien todas las normas que puse. Cada quien era responsable de la limpieza de su cuarto y de su baño, las áreas comunes debíamos limpiarlas los dos, por turnos. Él cocinaba los desayunos y yo los almuerzos. La cena por lo general la hacíamos entre los dos o terminábamos comprando algún delivery.
Fernando me había dado el control de las finanzas del departamento, así que organizaba todos los pagos que debían realizarse y se los pasaba con sus respectivas fechas de pago, pero cuando comenzó a viajar y se le dificultaba estar al tanto de eso me dio clave de sus cuentas, cosa que hasta el día de hoy me da un poco de vergüenza. Igual le aviso cuando ingreso y cuando realizo algún pago o transferencia aunque creo que no siempre me presta atención.
Bueno... estoy segura de que no lo hace.
El colmo de los colmos es cuando me escribió un día para que revisara el estatus del pago de sus tarjetas y cuando se dio cuenta que se atrasó, también me dio esa responsabilidad. Así que ahora soy como una administradora de los O'Pherer. Me siento halagada y con una gran responsabilidad encima.
***
Abrí la puerta de la casa y me conseguí con Isaack y a Gabriel estudiando en el comedor y a Donovan haciendo lo mismo, pero en el sofá. Solté los libros que traía conmigo y saludé a todos antes de meterme en el cuarto para cambiarme de ropa.
Tenía una llamada perdida de Rámses y me apresuré a respondérsela, sin embargo no me atendió. Me decepcioné de inmediato, los tiempos que teníamos para conversar eran pocos y perderme uno siempre me molestaba.
-Beleza, pedimos pizza ¿quieres?.
-Claro. Ya salgo.
-¿Y esa cara larga?.
-Tengo una llamada perdida de Rámses y ahora no me atiende.
Gabriel torció el gesto: - De seguro te vuelve a llamar. Ven, se enfriará la comida.
-Lo sé, pero me molesta perderme una llamada. Estúpido teléfono.
Gabriel rio: -Los dos son tan exagerados... tal para cual.
-Ya te veré algún día...
Salí de la habitación junto con Gabriel. Isaack, en cuanto nos vio, saltó del mueble poniendo una distancia excesiva con Donovan.
Estos dos eran un caso serio. Donovan no dejaba de buscar a Isaack y éste no dejaba de huir. El jugador de Futbol sentía placer mórbido en molestar al jugador de softbol. Le encanta verlo sonrojarse y no dudaba en decírselo cuando lo lograba. Isaack, por su parte, aunque rehuía, le gustaba la situación. Más de una vez lo vi decirle a Donovan con seriedad de que dejase los juegos y cuando creía que nadie lo veía la boca se le torcía en una sonrisa.
Donovan, aunque no lo veía, no creía sus palabras.
No se cómo sería cuando estaban solos en su departamento, pero cuando estaban con nosotros, con la confianza que ya existía, los veía darse algunas representaciones de cariño que definitivamente no era usual entre dos amigos.
-¿Quién será el pasivo?-preguntó Gabriel entrando en la cocina donde yo sacaba algunos vasos para tomar la coca cola que habían ordenado.
-Eso no es de tu incumbencia.
Sin embargo me asomé a la sala donde la pareja-no pareja, estaba sentada. Isaack se llevaba un trozo de pizza a la boca y Donovan, con una servilleta, intentó limpiarle la boca, estaba bromeando, pero la risa entre ambos los delataban. No fue ese gesto, pero quizás el conjunto de cosas que había estado observando entre ellos, más las que sabía de Isaack, las que me hicieron responder.
-Creo que no hay un pasivo.
-Siempre hay uno.
-Pero no lo veo en ellos. Quizás son versátiles.
-¿Versátiles?-Gabriel los miró con el ceño fruncido, como si viéndolos detenidamente lograría conseguir una respuesta a su curiosidad-. Les preguntaré.
-¡No! Ni se te ocurra, Gabriel-el portugués se rio. Sabía que no lo haría, pero si hubiese sido el caso de Rámses, estaba segura de que lo hubiese hecho.
Tomamos los vasos y regresamos a la sala junto con los chicos. Comimos mientras charlábamos de todo un poco, de nada en realidad, para todo el tiempo que pasábamos juntos, no quedaba mucho que decir que ya no supiéramos. Los chicos comentaban sobre sus entrenamientos, sobre cómo eran más rudos que los que llevaban en el Instituto. La diferencia entre un entrenador y el otro también se hizo notoria, mientras que el de Donovan le gritaba hasta por respirar, el de Isaack permanecía callado, por lo que nunca sabía si lo hacía bien o mal.
Yo les prestaba atención, pero también revisaba cada cierto tiempo mi teléfono, esperando ansiosa noticias de Rámses.
Cuando se dieron las once de la noche y no me llamó me acosté a dormir. Gabriel merodeaba en la sala aun, quizás jugando en la tablet, como había descubierto que tanto le gustaba hacer.
A pesar de que estuve pendiente de Rámses, nunca me respondió los mensajes, nunca regresó la llamada y cuando me animé a llamarlo yo, su teléfono estaba apagado.
Finalmente amaneció y yo estaba molesta con el estúpido francés. ¿Por qué no me atendía? ¿Por qué no me respondía los mensajes?. Puedo creer que se le hubiese descargado el celular, pero ¿acaso nunca llegó a la casa para cargarlo?.
Me levanté más temprano de lo que planifiqué y salí de la casa. Subí los pisos que me separaban de Donovan e Isaack y toqué la puerta.
Me abrió Donovan a los pocos minutos, llevaba solo puesto unos boxers azules, volteé la mirada incómoda, aunque el parecía no estarlo en absoluto.
-¿Me quedé dormido?
-No, yo llegué más temprano. Lo lamento.
-No te preocupes, pasa.
Entré al departamento que era una réplica del mío, pero con un orden impecable. Solté todas las cosas en la cocina y busqué la receta.
Hoy es el cumpleaños de Gabriel y le prepararé una tarta de cumpleaños de chocolate, con chocolate, de chocolate, rellena de chocolate y mucho chocolate. Tal como la pidió.
-No consigo el recetario-le dije a Donovan que me ayudaba a sacar los ingredientes de la bolsa.
Los compré a principio de semana y los tuve escondidos en el departamento de ellos, ese sería mi regalo para Gabriel.
-Creo que lo dejé en mi cuarto.
-Yo lo busco...
Me apresuré hasta el cuarto de Donovan, que con la misma distribución del departamento, venía a ser donde se encontraba el mío.
Entré a la habitación oscura y rebusqué en la mesa de noche, al no ver bien, encendí la luz y una voz ronca se quejó de ella y se cubrió los ojos con su brazo.
Ahogué un grito y salí corriendo de la habitación, estrellándome con Donovan, quien iba a advertirme. Su cara era de terror y un tanto divertida.
-Lo-lo lamento. Yo...ehm... no sabía que tu... yo...-balbuceé avergonzada.
-Amelia no es lo que crees...
Para mi mayor sorpresa Isaack salió envuelto en una de las sabanas.
-¿Tú?-pregunté más sorprendida aún, pero debo decir, que hasta me alegré.
-¿Y quién pensabas que era?-cuestionó Donovan.
Me encogí de hombros: -No vi quien era.
-Mierda... si me quedaba en el cuarto, no hubieses sabido que era yo el que...
-El que durmió con Donovan-ahora era yo la que me reía e Isaack el que balbuceaba.
-¡Yo no dormí con él!-se apresuró a aclarar.
-¿Negarás que dormiste en mi cama?.
-No, si lo hicimos.
-¿Lo hicieron?-esto cada vez se ponía mejor y el pobre de Isaack parecía a punto de desmayarse.
-No. Si. Compartimos la misma cama, pero no pasó nada más.
-Porque no quisiste... aunque quizás si hubiese insistido un poco más.
-Donovan...-Isaack le advirtió con su gesto serio y éste se calló de inmediato.
-Bien, Amelia, debes saber que a pesar de lo que parece, Isaack y yo no tuvimos relaciones sexuales el día de anoche, solo dormimos de forma muy aburrida.
Me tapé la boca para reírme de ambos. Estos dos eran un caso bastante complejo. ¿Cuándo será el día que Isaack deje de negarse a sentir lo que sé que siente?.
Me regresé a la cocina con el recetario en mano, gracias a Donovan que entró a su cuarto a buscármelo. Isaack se fue a cambiar de ropa para ayudarme como había prometido que haría.
-Bueno, tienen una hora y media para que esto esté listo. Es el tiempo que me llevará hacer ejercicios con el cumpleañero.
El trabajo de Isaack era ayudarme con la receta, el de Donovan entretener a Gabriel lo suficiente para que me diese tiempo de preparar su sorpresa.
-Si necesitan más tiempo, avísenme. No me vendría nada mal drenar un poco de frustración adicional-Donovan le guiñó el ojo a Isaack y salió del departamento.
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-¿Y qué pasó anoche?-le pregunté mientras sacaba el pastel del horno y lo colocaba en el mesón.
-Ya te dije que nada.
-No es lo que te estoy preguntando, quiero saber cómo pasaron de estar en mi casa comiendo pizza a compartir la misma cama.
Él se desinfló por completo, no había forma de que se escapase de responderme.
Comenzamos a rellenar la tarta con el chocolate. Isaack no habló y yo solo le di su espacio, quería saber, pero no lo presionaría. Cuando colocamos la primera capa y comenzamos a untarle más chocolate por los costados y por encima, él por fin habló.
-Anoche cuando subimos decidimos ver una película así que me acosté en su cama para verla desde la laptop. Cuando me dio sueño me dijo que me quedara a dormir y acepté, una parte de mi creyó que él se iría y la otra parte no quería que se fuese. Donovan se quedó así que... nos dormimos. Fin de la historia.
Me reí con fuerza en su cara y le lancé unas cuantas pepitas de chocolate que usaríamos para decorar la parte de arriba.
-Ay por favor, tienes que hacerlo mejor que eso para que me lo crea.
-Bueno... Donovan se puso cómodo para dormir...
-Es decir, que se quedó en bóxer.
-Si... y yo también me puse cómodo.
-Es decir, te desnudaste.
-¡No me desnudé!. También me quedé en bóxer y camiseta, aunque él después me la quitó.
-¿Se besaron?,
-No-estaba siendo sincero y denoté cierta decepción en su voz.
-¿Y tú querías?
Permaneció callado.
Decoramos el pastel en silencio. Había traído chocolates KitKats y los colocamos por todo el borde de la torta y luego amarramos una cinta de color blanca para terminar la decoración y tratar de mantener todo en su sitio.
Sonreí satisfecha al ver lo que habíamos creado. Esperaba que le gustase a mi cuñado.
Mi teléfono sonó y la cara de Rámses apareció en la pantalla. Eso me recordó mi molestia con él. Me lavé las manos y cuando Isaack fue a su cuarto a cambiarse para bajar a buscar al cumpleañeros, le devolví la llamada.
Era necesario que me hiciera un poco la dura.
-Hola Bombón. ¿Cómo estás?
-Bien, en casa de Donovan e Isaack ¿y tú?.
-En el hospital.
-¿Pasaste toda la noche allí? ¿Sin cargador?.
Lo escuché titubear, lo que no mejoraba en nada la situación.
-Lo lamento ma vie, de verdad fue una noche bastante complicada.
Respiré frustrada, tratando de recordar que él estaba estudiando, que era un curso muy intenso y que probablemente estuviese cansado y sería muy bajo de mi parte asesinarlo en este momento cuando no tendría fuerzas para defenderse.
-Está bien. ¿Ya llamaste a Gabriel?.
-Aún no, apenas cuelgue contigo. Y... ¿Qué haces tan temprano en casa de Donovan e Isaack?.
-Le preparé un pastel a Gabriel de cumpleaños con ayuda de Isaack.
-¿Me prepararás un pastel en mi cumpleaños?-susurró con maldad, sabía lo que causaba en mí su sexy voz.
-Yo seré tu pastel-respondí con picardía y su sonrisa vibró en mi oído.
-Hecho Bombón, me encargaré de recordártelo y lo esperaré con ansias.
Después de darme los detalles de cómo quería su pastel, es decir a mí, en su cumpleaños, me contó lo que fue una noche bastante movida y loca en el hospital.
Finalmente colgamos la llamada para que él tuviese tiempo de llamar a Gabriel antes de yo entregarle su sorpresa.
Isaack salió de la habitación vestido y listo para la universidad. Me ayudó a llevar el pastel hasta nuestro piso y cuando entré a al departamento Donovan me informó que Gabriel se estaba cambiando de ropa.
Ni Donovan ni Gabriel tenían clases temprano, pero Isaack y yo si, por lo que después de nuestra pequeña sorpresa tendríamos que irnos.
-¿Gabriel?-lo llamé mientras tocaba la puerta.
-¡Voy!-gritó en respuesta y pocos segundos después la puerta se abrió.
El portugués apareció en la puerta con su cabello húmedo, una camiseta azul, unos pantalones grises, sus ojos miel brillante, una sonrisa resplandeciente en cuanto vio el pastel que ahora llevaba en mis manos y un hoyuelo travieso en una de sus mejillas que me hizo sonreírle.
-Feliz aniversário, meu lindo cunhado e melhor amigo- Feliz cumpleaños mi guapísimo cuñado y mejor amigo.
Su sonrisa se ensanchó y me agradeció con un beso en mi mejilla. Con su dedo índice quitó parte de la cobertura de chocolate y se lo llevó hasta la boca.
Después de que coloqué el pastel sobre la mesa lo abracé con fuerza y él me estrechó contras sí.
-También te compré algo-le anuncié y se sorprendió.
¿Acaso sabía lo del pastel?.
Le pedí que esperara mientras iba a mi cuarto a buscar su regalo.
Era una sudadera que se me pareció mucho a él. Era azul cielo y decía en el frente "Keep calm and call a lawyer". Me pareció muy propia de él, asi que desistí de la búsqueda de algo más y la compré.
Le tendí la bolsa con el regalo y emocionado lo abrió. Soltó una gran carcajada cuando vio la sudadera y de inmediato se la puso. Le quedó perfecta.
-No tienes por qué ponerte ahora mismo-le recordé, pero él negó.
-¡Me encanta! Haré que le coloquen mi teléfono en la parte de atrás.
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Salí con Isaack rumbo a la universidad, después de insistirle a Gabriel que por ser cumpleaños, no tendría que llevarme, aceptó a regañadientes, pero finalmente él tenía una cita de cumpleaños que lo cargaba muy entusiasmado.
-Nos vemos en la noche-le recalqué y Gabriel asintió.
-Estaré aquí, no te preocupes.
Ya en el auto, rumbo a la universidad, Isaack por fin comenzó a hablar.
-Dormimos abrazados, bueno... él me abrazó, pero yo no me quité. Estaba cómodo y me sentí a gusto.
Confesó con sus mejillas sonrojadas.
-No sé qué me pasa con él. No sé qué pasa conmigo. Nunca me he sentido así con alguien, con un chico y no veo a ningún otro hombre de esa forma.
-A lo mejor solo eres gay con Donovan-sonó gracioso, pero estaba siendo sincera-. Yo no me podía imaginar estar con ningún chico, el solo imaginarlo me hacía sentir... rara, incómoda... pero entonces apareció Rámses y ahora solo me imagino con él y sigo sin imaginarme con ningún otro. Quizás Donovan es tu Rámses.
Fue su turno de reír pero sé que lo dejé pensativo con mis palabras.
Además, era imposible que Isaack fuese completamente heterosexual y que disfrutase dormir acurrucado con otro hombre. Solo se estaba engañando a sí mismo, porque ni siquiera Donovan le creía.
Pero me preocupaba que el pelirrojo se cansara de ser rechazado, que buscase a otra persona y que Isaack se diese cuenta muy tarde de sus sentimientos y que atreverse a dar el paso ya no sirviese de nada.
Me despedí de Isaack y caminé apresurada a la clase del día. Isabel me guardaba un puesto a su lado, Sara me saludó desde el lugar de al lado cuando me senté.
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-Señorita Maggio, ya le he comentado que el color de su cabello, aunque adorable, no corresponde a la profesión. ¿Qué empresario contrataría a una administradora cuya apariencia es más de una rock star?. Fuertemente recomiendo que si desea tener éxito en la profesión que escogió y que pretende estudiar, luzca acorde.
-Señor Hemlich, tendré éxito en mi profesión porque soy excelente. Mi cabello rosa no define mi vida profesional.
-La definirá cuando comiencen a rechazarla de los puestos de trabajo.
El viejo gruñón se fue y me dejó con la palabra en la boca. Siempre era lo mismo, criticando mi forma de vestir, mi cabello, mi maquillaje o falta de él. La verdad sea dicha creía que tenía razón en una parte, pero me negaba a dársela por cuestiones de principios. Él me estaba juzgando sin conocerme, solo basándose en lo que veía de mí.
No planeaba quedármele callada tampoco, por eso cada vez que él me atacaba, yo respondía defendiéndome.
Irritada, como siempre terminaba cuando me topaba con ese profesor, caminé el lado de Sara y de Isabel hasta unas mesas en el campus, al aire libre. El clima estaba hoy particularmente agradable, el frio comenzaba a llegar y sin embargo el sol no calentaba lo suficiente.
-Es un imbécil, menos mal que tú no le haces caso. ¿Por qué no le dice a Johan, el gordo de nutrición, que debe rebajar para que alguien le crea que la comida que el recomendará comer a sus pacientes, realmente funcionará?. Ya no sé si te lo dice porque de verdad lo cree o porque te odia.
Sara lucía tan indignada como yo. Ella era una morena de piel achocolatada y brillante, unos espectaculares risos negros en un cabello corto. Sus ojos eran grandes y negros, intensos y divertidos. Era toda una belleza, inteligente y defensora de las minorías. Y considerando que yo era la única de cabello de fantasía, era minoría y por lo tanto ella era mi defensora. Venía de una familia pequeña que se dedicaba a la colaboración con la comunidad y manejaban dos fundaciones de ayuda humanitaria.
-Él quizás tenga una parte de razón-concedió Isabel y Sara la miró indignada, como si acabase de ser traicionada-, no digo que debas cambiarte el cabello, solo que debes considerar que cuando te toque buscar trabajo tendrás puntos en contra o mejor dicho, tendrás mucha competencia que en apariencia en un mundo donde se juzga a la persona por la primera impresión, te dificultará las cosas. Solo expongo que si se te hace difícil conseguir un trabajo, deberás considerar la posibilidad de teñirte el cabello, sin que eso implique que le estés dando la razón al viejo gruñón o vendiendo tus ideales, es solo cuestión de supervivencia.
Isabel tenía una forma de pensar que admiraba, nunca perdía el control, siempre metódica. No filtraba sus emociones, de hecho, era raro verla sonreír o molestarse. Era una chica pálida de cabello rojo y muchas pecas en su rostro, unos ojos verdes que eran un espectáculo y que sabía que tenían embobado a cierto portugués. Hablaba poco, interactuaba menos. Venía de una familia bastante numerosa, donde sus hermanos mayores, junto con sus papás, trabajaban arduamente para que ella pudiera estudiar en la universidad.
Sentía tal responsabilidad sobre sus hombros, que Isabel llegaba a sentirse culpable cuando no sacaba un excelente en alguna prueba o cuando no dedicaba todo su tiempo a estudiar, a pesar de que sus hermanos continuaban diciéndole que podía divertirse también.
Por increíble que parezca, considerando lo taciturna que es, fue Isabel la que me habló el primer día de clases. Me preguntó si podían acompañarme a comer y cuando acepté llamó a Sara para que se nos uniera. Ellas son amigas desde el instituto y aceptaron a incluirme en su pequeño círculo de amistad, desde ese primer día.
Para mí no ha sido fácil, como si ya yo no tuviese traumas en mi vida, tuve que sumarle la traición de Marypaz, lo que me hacía una recelosa de contarle alguna parte de mi vida a cualquiera.
-Oh. Por. Dios. Allá viene mi portugués- Sara se apresuró a arreglarse el escote de su blusa y a esponjarse un poco los rulos de su cabello.
Isabel bufó y rodó los ojos justo antes de abrir un libro y clavar su mirada en él.
-Y no viene solo...
La sonrisa de mi amiga se ensanchó y confundida me giré a ver de quien se trataba.
Sin embargo unas manos taparon mis ojos...
-Devinez qui je suis, mon doux et succulent bombón - Adivina quién soy, mi dulce y suculento bombón.