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No Juzgues La Portada. Ahora contada por ellos 2

No Juzgues La Portada. Ahora contada por ellos 2

Autor: : Nathaly H Vegas
Género: Adulto Joven
Amelia vivió una violación traumática, ahora veremos la historia de todos sus amigos y familiares, sus pensamientos, sus reacciones. ¿Qué pasó por la cabeza de Rámses cuando se enteró? ¿Qué tan enamorado está Gabriel de Amelia? ¿Como llevan la paternidad Fernando, Mike y Hayden?. Aquí leeremos lo que se esconde en los corazones de ellos, en sus acciones, en sus palabras. Leeremos el interior de cada persona que participa en esta historia y como Amelia los transforma, los hace evolucionar. Veremos a través de sus ojos el crecimiento de Amelia

Capítulo 1 POV GABRIEL . Es mejor que te apartes

Usé las escaleras de servicio para llegar al cuarto piso, caminé hasta el final del pasillo y entré al pequeño cuarto donde las amas de llave guardaban las almohadas y toallas adicionales. Había escuchado cuando una de ellas comentó que este cuarto nunca tenía llave para que cualquiera de ellas pudiese subir a dormir un rato.

Revisé mi teléfono, navegando entre los mensajes mientras se hacia la hora de que Marypaz llegase. Cuando creí que quizás no vendría la puerta se abrió y mi chica entró. Sonreí triunfante y ella comprendió en ese momento que todo fue una trampa. Rodó los ojos y cruzó los brazos sobre su pecho, pero no se fue.

-Algo me decía que no te podías haber equivocado de cama.

-Yo siempre se cuál es tu cama Pacita, es la única a la que quiero meterme siempre.

Había escrito una nota donde supuestamente le decía a Roxana para vernos aquí y la lancé en su bolso, sabiendo que la conseguiría, que su sangre herviría por imaginarme con otra y que se presentaría en su lugar. Incluso antes de dejarme plantado, ella vendría por mí. Y no me equivoqué.

Avancé hasta ella y la atrapé contra la puerta del pequeño cuarto, pegando mi cuerpo contra el suyo. Mi pene que presentía su esencia se despertó de inmediato.

-Me trajiste hasta acá bajo en un engaño.

-Tu viniste porque quisiste... bien pudiste plantarme.

Recosté mi erección de su pierna y el libido se encendió de inmediato en su mirada.

-¿Por lo menos trajiste condones?.

Sonreí y la besé. Ella no dudó en responder el beso y antes de que pudiera darme cuenta era yo el arrinconado en la pared contraría con Marypaz quitándome la ropa. Solo se separó de mí para respirar y desnudarse. Arrojamos las toallas y almohadas al piso y sobre ellas le hice el amor como me lo pedía, con urgencia y desespero. Como si tuviésemos años sin estar juntos, como si ayer no hubiese ocurrido. Todavía jadeábamos por aire cuando la arrastré a mi lado y la acuné en mis brazos, trazando círculos en su espalda desnuda.

-¿Cómo haces para que siempre termine así contigo?

-¿Así de cogida o así de cansada?

Ella rió: -Así de cogida, sobre todo cuando no pensaba que se repitiese.

-Te responderé si tú me dices como haces para hacer conmigo lo que quieras.

Volvió a reír y besó mi pecho.

Permanecimos en silencio un buen rato hasta que Pacita volvió a hablarme.

-¿Te quedaron ganas para un segundo round?

-Por supuesto, es hasta ofensivo que tengas que preguntármelo. ¿Acaso mi pene erecto no es suficiente señal?

Pacita miró hasta mi entrepierna y rió con fuerza. Creo que no lo había notado.

Rodé sobre ella y me posicioné entre sus piernas. Comencé a llenarla de besos y lamidas como sabía que la excitaban. Bajé por todo su cuerpo deteniéndome solo lo necesario para mordisquear sus pezones y seguí bajando.

A Pacita le gustaba rudo y aunque yo tampoco era toda la delicadeza en la cama, me tocó aprender con ella el sutil equilibrio del dolor y placer, por lo que cuando llegué hasta su intimidad y luego de besarla, le mordisqueé sus labios íntimos haciendo que se estremeciera con ímpetu, gimiendo mi nombre con hambre e impaciencia.

Me volví a posicionar listo para fundirme con ella, cuando me detuvo.

-En cuatro, házmelo en cuatro-jadeó con su voz entrecortada.

Y era por estas cosas que Pacita me volvía loco, nunca temía decirme lo que quería, ordenarme, dirigirme. Me encantaba la sinceridad que emanaba de ella cuando estaba en la cama. En público era otra persona, pero en privado, conmigo, era ella misma, y esa dualidad de personalidades alimentaba mi morbo hacía ella.

Por supuesto que obedecí. Retrocedí para que ella pudiese girarse y apoyar su peso en sus rodillas y sus manos.

-Y Gabriel... has que te recuerde mañana.

Un gruñido trepó por mi garganta desde lo más profundo de mí ser cuando me hundí en ella sin ningún tipo de delicadeza.

-Te dolerá cuando camines Pacita y me recordaras con cada paso que des. Cuando termine contigo no podrás moverte.

-No fanfarronees, demuéstralo...

Reí y la palmeé con fuerza mientras me hundí más profundamente. Mis embestidas eran fuertes, rápidas, profundas y ella las recibía como siempre: pidiendo más. La hice llegar a un orgasmo tan intenso que me arrastró con ella a ese vórtice de clímax.

.

.

Cargué a Marypaz sobre mi espalda hasta su habitación y me reí con ella cuando la vi caminar gracioso hasta que entró. Yo mismo caminaba gracioso. Estaba adolorido pero en el buen sentido.

Las voces de mi habitación me confundieron.

-Ten un poco de dignidad chica-escuché decir a Amelia en cuanto abrí la puerta.

Kariannis estaba parada frente a ella, de espaldas a mí.

-¿Qué está pasando?-no tenía que ser muy inteligente para saber que Kariannis intentó colarse en la cama de Rámses. Amelia estaba furiosa, lo pude notar por su cara contraída, sus puños apretados y la forma como respiraba con dificultad-, márchate Kariannis, aquí nadie necesita de tus servicios y si quieres seguir respirando... deja a Amelia en paz.

Kariannis bufó molesta y cerré la puerta detrás de ella en cuanto salió.

-¿Estás bien?-le pregunté, solo entonces noté que llevaba muy poca ropa puesta y que Marcos la estaba mirando desde su cama.

Apagué la luz para evitar que siguiese mirándola porque como lo hubiese hecho unos segundos más le sacaría los ojos. Caminé hasta ella para advertírselo, si yo era capaz de sacarle los ojos a Marcos, Rámses lo mataría cuando se enterase de lo que vio.

-No deberías dejar que los demás te vieran solo con esa camisa que apenas logra cubrirte, a los O'Pherer no nos gusta que otros vean lo nuestro Mia Beleza.

Me tumbé en la cama con mi cuerpo adolorido, esperando que Pacita me estuviese recordando en este momento tanto como yo la estaba recordando a ella.

***

-Rámses, que bueno que ya estás listo. ¿Puedes darme una ayuda con el desayuno? Necesito organizar a los muchachos y algo me dice que tú sabrás poner carácter y que las chicas te obedezcan-el profesor Joseph estaba en la puerta de la habitación y tomaba a Rámses del brazo apresurándolo a seguirlo

-En realidad yo...-intentó en vano defenderse el francés

-Vamos, será rápido. Tu hermano puede alcanzarte luego.

Rámses con cara de circunstancias se marchó con el profesor. Yo hubiese ido por él pero aun no terminaba de vestirme. Me costó levantarme esta mañana así que no pude aprovechar los primeros turnos para entrar al baño. Mientras Amelia se bañaba yo hice lo mismo en la habitación de al lado.

Cuando le comenté a Rámses como Marcos se la devoró con la mirada, los recluyó en la otra habitación a todos. No quería correr riesgo de que nadie más la viese y debo decir que estuve de acuerdo.

Cuando terminaba de amarrar mis zapatos la puerta del baño se abrió y Amelia se asomó, lucía preciosa en ese vestido, bellísima y sexy... muy sexy. Rámses realmente era muy afortunado de tenerla a su lado.

-Yo... ehm... ¿Dónde está Rámses?-preguntó

-Joseph vino a buscar ayuda para organizar el desayuno y tuvo que ir con él.

Su incomodidad me ponía nervioso. Lucía tan hermosa con ese vestido que sentía que era incorrecto mirarla.

-Ah... Necesito ayuda con el cierre del vestido.

¿Por qué Dios, por qué? ¿Qué te he hecho para que me pongas estas pruebas tan duras? Compadécete de mí... mi carne es débil, mi mente una mierda. ¡Mamá por favor!

Ella se giró y dejó su espalda parcialmente descubierta. Mis manos temblaban nerviosas. Tomé el borde su vestido con extremo cuidado de no tocar su piel más de lo necesario. Olía a flores.

¡¿Por qué Cristo bendito crucificado?! Por lo menos podías constiparme la nariz para no tener que olerla.

-Ya-le avisé soltando todo el aire que estuve conteniendo, sintiendo mis mejillas enrojecidas a más no poder-. Eu realmente odeio esse vestido - realmente odio este vestido-murmuré molesto con ella por ponérselo, con la vida, con Rámses por haber bajado, por el profesor por haber venido a buscarlo y con Dios por ignorar mis suplicas y con mi puto pene sensible.

.

Poco después bajamos al comedor, mi pene volvió a su estado natural y la tensión disminuyó de mi cuerpo. No entendía por qué ella podía ponerme así y me molestaba que lo lograse. Conseguimos a Rámses esperándonos en la entrada del comedor y unos pasos más adelante Marypaz. Lo dejé al lado de Amelia y caminé hasta encontrarme con ella.

El dolor de mi entrepierna fue profundo e intenso. Me hizo sentir bien saber que con Amelia a duras penas logré una reacción, pero con Marypaz... en ese vestido... quise tomarla allí mismo, sobre la primera mesa que consiguiera, sin importarme quien nos pudiese ver.

-Estás preciosa-le susurré con gran disimulo.

-Y bastante adolorida-respondió y reí.

-Yo solo hice lo que tú pediste.

-No me estoy quejando, de hecho... lo estoy disfrutando.

.

.

Marypaz estuvo todo el tour provocándome y evitándome.

-¿Recuerdas cuando me rompiste mis pantis?

-Por supuesto, tengo los restos están guardados en mi bolso.

Ella no se sorprendió aunque un pequeño rubor tiñó sus mejillas.

-No podrías hacer eso otra vez... hoy no llevo nada puesto.

¡Santísimo de las erecciones protégeme!

Y después de eso, cuando más ganas tenía de encerrarla en cualquier lado para hacerla mía, me esquivó con gran astucia. Incluso durante el almuerzo. Cuando por fin nos sentamos en el autobús para el viaje de regreso casi no podía caminar por la permanente erección que fue mi fiel compañera durante todo el día.

¡Puto pene calenturiento!

-¿Te encuentras bien?-me preguntó con total descaro y una mirada sugerente a mi entrepierna.

-¿Tu qué crees? No, no estoy bien. Eres cruel Pacita, me dices eso y no me dejas acercarme a ti todo el día... cuando estemos otra vez juntos creo que te dejaré inválida.

Ella se rió con fuerza: -Calla que alguien se podría enterar. Mancillarías la imagen que tiene Rámses de su adorada universidad.

-Es posible-respondí entre risas-, ¿sabes que lo haría enojar de verdad? Pensar que tiré primero que él en Columbia.

Antes de que Pacita pudiese frenarme me levanté del asiento y me asomé por encima del de Rámses y Amelia, mi cabeza interrumpió el abrazo que se daban.

-Te ganhei. I foi o primeiro a pegar em Columbia- te gané. Fui el primero en coger en Columbia-Rámses arrugó la nariz en señal de molestia

-Qui a dit que nous ne faisons pas cojimos dans cette chambre au troisième étage?- ¿quién dice que nosotros no cogimos en aquel cuarto del tercer piso?-alzó la ceja presumiendo.

-Más se eu posso dizer que eu tive mais sexo do que você nesta viagem-Pero si te puedo decir que he tenido más sexo que tú en este viaje-no me va a ganar, estoy seguro.

-Je peux cuestionartelo, mais pas tirer des orgasmes de compte...- Puedo cuestionártelo, pero no sacaré cuenta de los orgasmos...

-No te creo-él podía engañarme, pero no mi cuñada.-¿Amelia, cuantas veces tiraron en el viaje?

Lo pregunté más fuerte de lo que planeaba pero cuando todos comenzaron a corear para que respondiese, sabría que no tendría escapatoria. Imposible que Amelia mintiese.

-Cuatro...-respondió.

-Puto francés de mierda.

Me arrojé sobre el asiento con mis brazos cruzados sobre mi pecho mientras escuchaba la risa presumida del francés idiota. Pacita se acercó hasta mí y recostó su cabeza de mi hombro y allí se quedó dormida al cabo de un rato.

Un par de horas después ya no seguía enojado con Rámses y su capacidad parar tirar como conejo, estaba entretenido viendo las redes sociales mientras acariciaba el cabello de Marypaz cuando Amelia se volteó en su asiento.

-¿Y tú cuantos?-me preguntó con su mirada bailando confundida entre la cercanía de Marypaz y mía.

-Tres-confesé mientras miraba a Marypaz y los tórridos momentos que vivimos regresaban a mi memoria.

-Pregúntame a cuantas besé-quería que le quedase claro que solo me refería a Marypaz, pero después de que dije la pregunta y a juzgar por su reacción entendí que quizás pensó que yo me refería al casi beso que... ¡Mierda!.

.

.

Finalmente llegamos. Acaricié la mejilla de Marypaz hasta que se despertó y me sonrió.

-Estaba pensando que podíamos ir al cine mañana... ¿Qué opinas?.

Su semblante cambió y se incorporó con gran rapidez, poniendo distancia entre nosotros.

-Gabriel... no... yo... pensé que estaba claro... nosotros no...-se acercó nuevamente a mí y susurró a mi oído-, fue solo sexo Gabriel.

-Hermano, papá nos está esperando.

Me levanté en automático siguiendo a Rámses y a Amelia, no me despedí de ella ni siquiera.

-¿Estás bien?-me preguntó el francés lo más callado que pudo.

-No.

Rámses puso su brazo por encima de mi hombro mientras Amelia saludaba a papá.

-Me acaban de partir mi culito pasivo

Capítulo 2 POV Gabriel y Fernando. YO MISMO TE LO TATUARÉ EN LA FRENTE

Pov Gabriel

Marypaz me ha ignorado toda la semana, tampoco es que la he buscado. Tengo cierta dignidad y un hermano francés que me lee como libro abierto y me quita el teléfono cuando presiente que le escribiré.

Se que debería sacármela de la cabeza, que la forma como me ha tratado e incluso usado no debería aceptarla, pero no lo logro. Me duele cuando la veo con hablando con otros, coqueteándoles tan descaradamente que es vergonzoso para ella. No la conozco ya, Rámses tenía razón, esta buscándose a si misma y se está perdiendo en el proceso. Y sin embargo quiero estar con ella, quiero ayudarla, demostrarle que no le hace falta conseguirse, que ella en si misma ya es perfecta para mí. Que ocupa todo mi corazón, que no hay nadie compitiendo con ella, solo ella misma.

Y son esos sentimientos los que me hacen querer acercarme a ella contra todo pronostico, todo consejo y toda sensatez.

Estoy enamorado de Marypaz.

Y por eso, cuando me escribió para que saliéramos con Amelia y Rámses al nuevo club, no pude decirle que no. Rámses me decomisó el teléfono una vez más, pero el mal estaba hecho. Tendría una cita con Marypaz. Era la primera vez que me hablaba en una semana y la primera vez que ella me invitaba a salir en demasiado tiempo... claro que aprovecharía la oportunidad.

La puerta del cuarto de Rámses estaba abierta, toqué en el umbral antes de entrar.

-¿Ocupados?-era una mera cortesía, porque si tenían la puerta abierta no podían estar ocupados en lo que parecía que estaban por hacer.

-¿No? Bien...-me tumbé al lado de Amelia quien yacía inmovilizada debajo de Rámses-. Marypaz me dice que este sábado iremos todos al toque de Cólton. ¿Tú sabrás si es una especie de cita?-tenía que preguntarlo, Rámses me aseguró que no, pero Amelia es su mejor amiga.

Amelia forcejeaba para escaparse del agarre de Rámses, pero el solo reía y lo evitaba.

-No me dijo nada al respecto. No sabía que seguían hablándose-me sonreí sin saber como explicarle todo lo que me estaba haciendo su mejor amiga y como yo dejaba que ella me pisoteara.

-Una cita es de dos personas, si te dijo que iríamos todos, no creo que sea una cita-me repitió Rámses.

-Es verdad, pero quizás quiera aligerar la tensión...-era la posibilidad a la que me aferraba.

-o tu presión-insistió Rámses.

-Puede ser... pero me inclinaré en pensar que es una posible cita.

Él torció el gesto. No estaba de acuerdo con mi decisión, ambos sabíamos que saldría lastimado.

¿Por qué lo hago? ¿Por que dejo que ella me use de esta manera? ¿A dónde mierda se fue mi dignidad? ¿Mi amor propio?. No me gustaba sentirme así, odiaba que ella me hiciera sentirme así. Ojala pudiese odiarla, por lo menos tener la fuerza para rechazarla.

POV Fernando.

-No puedo creer lo que me estas contando.

-Ni yo puedo creerlo. Dice que fue accidental, pero...

-Accidental una mierda, quería que la vieras desnuda. ¡Vamos Fernan! Es una clara invitación, no entiendo por qué no estás comprando un pasaje para enseñarla a usar esa nueva tecnología, esa que se prende accidentalmente cuando se está desnudando y llama a su jefe.

-Tiene un culo Hayden que si no me soltaba la corbata el taxista de uber me estaría dando RCP en estos momentos.

-Y si hubiese traumatizado mientras te revivía y tu con tu pene erecto.

-Si... definitivamente eso me quitaría estrellas como pasajero frecuente.

-¿Y los chicos?

-Espero que en la casa, ya estoy llegando.

-¿Llamarás a Johana? Termina esa conversación con un final feliz, me harías muy orgulloso, ni hablar de a Mike. Lo harías llorar y todo.

-Cualquiera cree que soy virgen o que vivo en celibato.

-Pero te has comido solo una vez a Johana y esa mujer ya no sabe como provocarte. Esa llamada accidental es un grito desesperado de calentura. ¡Por Dios hombre! Apaga ese fuego antes de que incendie medio estado.

-Eres tan dramático a veces... Ella busca una relación: casa, perro, hijos... y yo no estoy buscando eso, lo sabes. Ya tengo mis hijos no quiero tener otros. Me encanta viajar y no estoy atado a ningún país, estoy atado a donde estén mis hijos solamente... y odio los perros, soy una persona más de reptiles y tuviese mi boa constrictora si Rámses no le tuviese tanto pánico.

-Te estás adelantando demasiado a los hechos... Johana solo quiere tu boa constrictora en sus orificios, no construir contigo un terrario y poner tus huevos.

-Estás pasando demasiado tiempo con Mike-me quejé.

-Fernando, solo disfruta el momento, hemos criado a unos maravillosos hijos, entrarán en excelentes universidades. El trabajo está hecho, ahora puedes permitirte disfrutar todo lo que no has hecho. Vivirás solo otra vez, cómprate la puta Boa y que nuestro hijo mayor de edad aprenda a lidiar con ella y por amor a Dios tírate a Johana antes de que alguien más lo haga.

-Es mi empleada Hayden, sabes muy bien que si nos llegasen a descubrirnos arruinaría su carrera por completo. Ya estuvimos juntos una vez y fue solo suerte que no afectó la relación laboral.

-Ustedes los diplomáticos se complican demasiado, aquí en el hospital todos tiran con todos y yo no veo a ningún medico perdiendo su licencia por un orgasmo y un poco de acción.

-Agradece que sea así...

-Porque si eso fuese así yo ya no tendría licencia... Fernan, solo considéralo, mantén una oportunidad abierta. Deja de sobre analizar todo y solo... lánzate.

-Y le lanzo mi boa constructora a Johanna.

-Has que tu boa se coma a Johana completica-dijo entre risas- y luego nos llamas para darnos los detalles.

-Chicos llegué a casa-grité y subí las escaleras cuando Gabriel anunció que estaban arriba.

-Oye papá...-Gabriel volvió a llamarme- si una chica te dice para salir en grupo, ¿es una cita o no?.

-Eso depende de...

Entré en la habitación de Rámses y no estaba preparado para lo que me encontraría. Ya tenia muy claro que mis hijos nunca dejarían de sorprenderme y desde que sumé a esa ecuación a Amelia, las sorpresas eran bastantes divertidas. Y sin embargo cuando vi a Rámses sometiendo a Amelia, inmovilizándola en una pose bastante sexual y a Gabriel tendido a su lado con naturalidad... es difícil prepararme para algo como eso.

-... okey.

Y si algo me había enseñado la vida era que había cosas que no valía la pena preguntar... sobre todo cuando se trataba de estos tres.

-Entonces papá... ¿es o no es una cita?-insistió Gabriel

Su pregunta me dejaba en evidencia por fin lo que le estuvo pasando esta semana, donde su desastroso cambio de humor me llevaba de los nervios.

-Si se trata de Marypaz... y el grupo son ustedes... es probable que pueda ser una cita o una forma de acercarse a ti sin sentir tanta presión.

-Pero no entiendo por qué sentiría presión.

¡Dios! Tan inteligente para unas cosas... tan bruto para otras. Definitivamente debe verse en un espejo.

-Bueno, diré que sé que mis hijos son bastante intensos... ¿Qué clase de juego previo es este?.

Amelia seguía retorciéndose debajo de Rámses y él se negaba a soltarla.

-Rámses juega al activo-me explicó Gabriel-. ¿Cómo puedo estar seguro si es una "especie de cita" y no solo una salida de amigos?

-Bueno, dependerá de cómo se comporte, si estando en la salida no busca un momento a solas contigo, es una salida de amigos, si busca o aprovecha los momentos que se queden a solas, es una especie de cita. Yo pensé que tú eras el pasivo-confesé.

-No estamos jugando a eso-aclaró Amelia pero desde donde estaba era imposible que la tomase en serio. Y si algo compartía con mis hijos era la satisfacción de gastarle bromas.

-Yo no quiero ser el pasivo y Rámses solo quiere ser el pasivo de Amelia, es otra de mis relaciones condenadas al fracaso-así que el considera que su relación con Marypaz es un fracaso-. ¿Cómo no conoces este juego previo? A mí me lo explicó Hayden cuando tenía 15 años.

¡¿A los 15?!

-Pero debería hacerse en privado... no con público.

-Nos gusta un poco el voyerismo-la mirada de Rámses era macabra-. Una de las fantasías de Amelia es...

- ¡Lo prometo. Lo prometo!-gritó Amelia enrojecida a más no poder y aún así Rámses no se levantó... la escuché bufar resignada antes de seguir hablando-. Prometo vulnerar tu inocencia con mi mente pervertida y morbosa.

La carcajada salió de mi antes de que sintiese un poco de pena por la pobre Amelia que se escondía debajo de la almohada. Decir que mis hijos no son intensos es una falacia.

-Te dije que era su pasivo-Gabriel se burlaba mientras Rámses intentaba ahora hacer que Amelia lo perdonase.

-Vámonos hijo, Amelia necesita poder asesinar a Rámses sin testigos-además, quería aprovechar el tiempo para hablar un poco más con Gabriel sobre ese amor suyo por Marypaz.

-Definamos el límite de "sin presión" dentro de "aprovechar los momentos a solas"...

Si Gabriel luciese más desesperado por Marypaz... estaría fingiendo una llamada accidental para que lo viese desnudo.

Comencé a quitarme la ropa mientras Gabriel se acostaba en la cama boca abajo, doblando una de mis almohadas para apoyar su cabeza.

-No la entiendo papá. Me ignora todos los mensajes pero me escribe para que salgamos a una no cita... ¿tiene sentido para ti?.

-En este punto de mi vida nada tiene sentido hijo y cuando se trata de mujeres... digamos que es bastante complicado. Cada cabeza es un mundo, recuérdalo.

-¿Y cuantas cabezas tiene Marypaz entonces? Porque te juro que parece bipolar...

Me reí, la frescura de Gabriel y su sentido del humor siempre fue admirable para mí. Es un don que pueda sacar un comentario gracioso, un chiste incluso, en cualquier situación. Se que es un mecanismo de defensa para protegerse de lo que sea de lo que se sienta amenazado, pero le ha funcionado y no es dañino porque confronta sus sentimientos, sin evitarlos o esconderlos.

-¿Con cuantas te has acostado?

-Ninguna-bufó.

-No me digas que ahora eres virgen, porque tan inocente no soy.

Omitiré lo que me contó Hayden sobre su pene bisexual, quiero llegar al fondo de esta situación

-Pensé que te referías después de Marypaz... en ese caso: ninguna. Antes de Marypaz no pienso decírtelo...

-Tampoco eres tímido, lo sé.

-Pero si te lo digo probablemente confiese muchas cosas que no sabes. Así que prefiero mantener el misterio y que creas que soy modesto.

Fue mi turno de reírme. Por años había intentado de una u otra manera descubrir todos los secretos que estos dos hijos míos me ocultaban pero la hermandad que ellos tenían era realmente admirable. Tanto que a veces me costaba molestarme con ellos cuando demostraban tanta devoción por el otro.

-Te lo explicaré de otra forma entonces. A las mujeres le gustan sentirse seducidas pero no agobiadas y tú estás agobiando a Marypaz. Y a ninguna persona le gusta un desesperado, está bien que demuestres interés en ella, pero que sepa que no será tu marioneta. Que tienes carácter, que eres fuerte y que no puede pisotearte cuando y como quiera.

-Ósea, juego al duro.

-Si, al duro, difícil de atrapar. Ya le has dejado bien claro que ella te gusta y que te vuelve loco, hiciste tu movimiento, ahora deja que ella haga el suyo. Es su turno.

-¿Y si no hace un movimiento? ¿Si no quiere... jugar?.

-Entonces pregúntate si quieres estar con una persona a la que le importas tan poco que no es capaz de ganarte.

-¿Y entonces que hago ahora?

-Bueno, ya te escribió para salir y ya le dijiste que si. Ahora, no respondas un solo mensaje más y el día de la salida, que te vea divertirte con todos, incluyéndola, como si fuese una amiga más. En el instituto háblale normal, nada de demostrarte sobre emocionado por la llegada del día.

-Me estas dando un consejo demasiado cliché

-Y no porque sea un cliché no implica que sea malo.

Gabriel se tumbó boca arriba pensando mientras yo terminaba de desnudarme y tomaba una toalla para ir a darme un baño.

-Tú vales oro hijo, y no te lo digo porque seas mío, sino porque es la verdad, te mereces a una persona que-

-Como Amelia...

-Mierda, no, no a Amelia. Amelia es de Rámses, yo mismo te lo tatuaré en la frente para que lo entiendas.

-No dije a Amelia... sino como Amelia. Una que me vuelva loco y que yo la vuelva loca y que no sea capaz de ver a nadie más que a mí. Así como para Amelia solo existe Rámses.

-Diré que es correcto, pero volveré a recalcar que no me refiero a Amelia.

-Si. Si. Ya lo sé. ¿Sabes? Creo que ese crush se me está pasando.

Decir crush era minimizarlo demasiado, pero le seguí la corriente.

-Es la mejor noticia que he recibido-me senté a su lado y lo abracé con fuerza. Si Gabriel seguía por el mismo camino con Amelia, veía muy mal la relación entre los hermanos.

-Papá, estás desnudo y abrazándome... no es la clase de incesto que busco... a mi no me gustan mayores.

-¿No me respetas ni por ser tu padre?

Me levanté de la cama y lo escuché reírse cuando cerré la puerta del baño.

***

-Si me entero que te fuiste de intenso con Marypaz...-comencé a decirle a Gabriel.

-Tranquilo papá, yo me encargaré de que no luzca tan desesperado. Hasta lo mandé a masturbarse antes de salir, para que ni ganas tuviese.

-Demasiada información.

-Fue un consejo de Mike-se encogió de hombros-, y funciona.

-¿Es que lo has puesto en práctica?

-Por supuesto que sí, ¿cómo crees que lograba no saltarle encima a Amelia?

-Demasiada información insisto. En cualquier caso espero que se porten bien y se cuiden. Se que es el mismo discurso de siempre, pero es de papás repetirlo, así que aquí va...

Capítulo 3 Pov. Rámses. ¡QUE PASO AYER (primera parte)

-Nada de drogas. ¿Quién es el conductor designado?- preguntó mi papá, Gabriel alzó la mano-Bien, tú no tomas y los demás háganlo con prudencia. Nada de sexo sin protección, y de acuerdo a las últimas declaraciones: nada de sexo en lugares públicos-me reí mientras Amelia intentaba taladrar mi cerebro con su mirada-, cualquier duda le preguntan a Amelia que sabe colocar condones en todo tipo de bananas y con distintas técnicas.

Y fue cuando me terminé de carcajear con fuerza. Amelia tenía que acostumbrarse a como era nuestra familia, formaba parte de nosotros reírnos del otro.

Llegamos algo temprano, Cólton aun hacía una prueba de sonido. No me sentía a gusto aquí, nuestros encuentros en el pasado con este mismo grupo fueron bastante desagradables, por decir poco, pero como el idiota enamorado que soy, mi chica me pide algo y yo accedo de inmediato.

El encargado del local me vio entre las mesas y se acercó a saludar.

-Rámses, ya casi empezamos. He estado teniendo problemas con las instalaciones. Una putada definitivamente, me ha dado dolores de cabeza toda la semana. Tus chicos practicaron ayer aquí y son geniales.

-Lo sé, te dije que no te arrepentirías. Este es mi hermano Gabriel, mi novia Amelia y su amiga Marypaz.

Él estrechó la mano de todos y me molestó la forma como se le quedó mirando a Marypaz, fue demasiado baboso, agarré a Amelia por la cintura y la atraje hasta mí.

-Jamás lo dude. De hecho, más tarde les avisaré a la banda que se van de gira. Me bastó verlos ayer para saber que el dueño los querrá en los demás locales. Bueno... eso si resultan ser tan buenos en vivo como en una práctica.

-Ve comprando los pasajes, porque son realmente buenos.

Se despidió al poco rato y nos invitó una botella de vodka cortesía de la casa.

Contra todo pronóstico la estábamos pasando muy bien. El toque fue excelente así que terminamos celebrando con los chicos su inminente gira.

Veía a Amelia bailar y divertirse, mientras yo hacía lo mismo. Gabriel reía de alguna anécdota de Franco, Cólton bailaba con una chica, Marié estaba sentada en las piernas del que presentó como su amigo y Aztor conversaba con algunas chicas que lo rodeaban.

Y eso fue lo último que recuerdo.

Escuché ruido de pasos que me hicieron reaccionar. Mi espalda me dolía por la incómoda posición en la que estaba. Su cabello me hizo cosquilla en la nariz y no me gustó su olor, solo olía a cigarro. Zafé mi mano que estaba apresada entre el mueble y la moví para que regresase la circulación. Su espalda estaba helada a mi contacto. Tanteé en busca de su camiseta pero no estaba.

¿Estaba desnuda encima de mi... en el mueble de la casa?.

Tenía nauseas pero el estómago me dolía, estaba dolorosamente vacío. Mi boca estaba seca y cuando tomé consciencia de eso me dio sed.

-Amelia, espera-la voz de Gabriel taladró mi cabeza, agobiándome con el dolor que sentí.

Abrí los ojos y frente a mi estaba Amelia parada, sus ojos cristalizados, su ceño fruncido, su cara... asqueada.

Fue entonces cuando miré a la persona que creí que era ella. Sobre mi pecho estaba Marié, desnuda hasta donde alcanzaba a ver.

Quité sus manos de mi cuerpo y me deslicé de su agarre horrorizado. Amelia frente a mí miraba la escena paralizada, con grandes lagrimas corriendo por su rostro.

No. No. No. No pude... no creo... no es posible que yo... No. No. No. Mierda. Maldición.

-Amelia-la llamé con la voz entrecortada en apenas un susurro.

Y ella hizo lo que nunca pensé que haría, corrió, huyó de mí.

Me levanté descalzo como estaba y corrí detrás de ella, escuché unos pasos seguir los míos pero no tenía tiempo de nada. No quería que se fuese, no podía perderla. Tenía que explicarle que yo no... no recordaba nada de lo ocurrido, aunque me hacía una idea bien clara de lo que pasó.

Abrí la puerta principal y la conseguí saltando en un solo pie tratando de calzarse con desespero sus zapatos.

-Amelia espera-le rogué desesperado, pero no fue la única voz que escuché. Mi hermano, parado al lado mío también la llamaba.

Amelia se giró con su cara contraída en el dolor y el desespero. Lucía aterrada y confundida. Destruida. Y era mi culpa que se sintiese así.

Pero entonces la vi mirar a Gabriel con pánico y fue cuando noté que mi hermano iba solo en camisa y bóxer y que estaba tan contrariado como yo lo estaba.

¿Por qué Gabriel la buscaba? ¿Por qué la estaba siguiendo? ¿Quería evitar que Amelia huyera después de como me consiguió?...

La mirada de Gabriel estaba fija en ella, ya no había nada que ocultase los sentimientos que sentía por ella. Es como si por fin pudiese verlo completamente expuesto. ¿Por qué?.

Miré a Amelia y ella bajó el rostro avergonzada.

Oh no... no. No. No.

-Amelia-susurró mi hermano como si yo no estuviese a su lado, como si fuese normal que su voz se quebrara de dolor llamando a mi novia.

Y fue cuando lo entendí. La ropa de Amelia estaba arrugada, su cabello enmarañado y ella no estuvo precisamente a mi lado durmiendo. Gabriel llevaba muy poca ropa encima y tenía marcas de sabanas en su rostro. No tenía que ser un genio para darme cuenta de lo que pasaba, pero hubiese querido ser un idiota y no saberlo.

¿Cómo pudo? Me dijo que nunca interferiría, que no se vengaría por lo de Andrea, me lo dijo y le creí. Me giré hacía él mientras clavaba mis uñas en los puños, sintiéndolos vibrar con las olas de cólera que se apoderaban de mí.

Gabriel me miró sin poder decir una palabra, en sus ojos brilló la vergüenza, el arrepentimiento y finalmente la aceptación. Alzó ligeramente su mentón, como preparado a recibir lo que le correspondía, confirmándome en silencio mi mayor temor, la pesadilla que estaba viviendo.

-¿Est-ce que vous dormez chez elle?!-¿te acostaste con ella?-mi voz fue un siseó que no logré ni siquiera reconocer como mío.

-Hermano, escúchame por favor.

-Responde maldito traicionero.

-No lo recuerdo, no lo sé... creo...

-¿Crees, cabrón?

Él bajó la cabeza y le grité exasperado, perdiendo el poco control que tenía, olvidando poco a poco que era mi hermano y que su sangre era la misma que la mía.

-¡Répondez-moi. ¿Est-ce que vous dormez chez elle?!- ¡Respóndeme ¿te acostaste con ella?.

Volvió a poner esa actitud de quien confiesa un crimen y espera el castigo y no pude más. Mi visión se volvió nublosa y mi corazón martillaba con tanta fuerza que no era capaz de escuchar a nadie más, ni siquiera a lo que quedaba de mi sensatez.

Estrellé mi puño con toda la fuerza de que era capaz, su sorpresa duró un segundo y me respondió el golpe.

Mi sangre hervía en mi torrente sanguíneo, quemando todo rastros del ADN que compartíamos a su paso. Aticé otro golpe con la misma necesidad de lastimarlo que el primero y sé que el me respondía con el mismo instinto primitivo.

Caímos al piso y mi puño dio de lleno en su mandíbula, mientras que Gabriel golpeaba mis costillas con la gran fuerza que sabía que tenía. Pero nada me dolía, solo el corazón, y era un dolor tan intenso que superaba cualquiera que él pudiera ocasionarme.

Ni siquiera cuando rodé sobre mi espalda y Gabriel golpeó mi nariz.

Franco me tomó por la cintura y me hizo retroceder lo suficiente como para quedar en el medio de los dos, pero eso solo causó que recibiera uno de mis golpes dirigido a Gabriel. Intenté apartarlo pero me volvió a empujar con fuerza y luego hizo lo mismo con el portugués traicionero de mierda.

Mi respiración estaba frenética pero las ganas de matarlo disminuyeron. Su cara estaba ensangrentada y me alegré. Nunca fue mejor peleando que yo, aunque era bueno. Recordé las veces que de pequeños nos peleábamos y como solía terminar con alguno mordiendo al otro. Creo que si hoy ocurriese eso, le arrancaría un pedazo de piel, quizás de una oreja. Pero no podía, era mi hermano y se lo debía a mi papá.

Con respecto a Amelia, no podía ni verla, era demasiado doloroso. Me lo negó tantas veces, me dijo que no le gustaba que me amaba a mí y sin embargo... se acostó con él. Verla era recordar cada una de sus mentiras y que me partieran el corazón mil veces.

Entré en la casa para ir por mis cosas. Marié seguía inconsciente en el mueble, en la misma posición rara en que la dejé

No quería permanecer en esa casa un segundo más, me puse mi camisa que conseguí sobre la mesa, tomé mi cartera, el celular, las llaves de la camioneta y me agaché a tomar los zapatos.

Gabriel había permanecido afuera con Amelia y no quería ni imaginar lo que podía estar diciéndole. Quizás tranquilizándola, diciéndole que todo estaría bien entre ellos, que las cosas se arreglarían.

No sé como pudo... cómo...

El ronquido de Marié me sacó de mis pensamientos. Ella nunca roncaba... solo cuando...

¡Maldita hija de la grandísima puta!.

Salí de la casa antes de que se convirtiese en una masacre. Amelia seguía parada en el mismo lugar donde la dejé igual que Gabriel. Eso me alegró, no sé que hubiese hecho si los hubiese visto juntos.

Caminé a la camioneta y vi cuando Gabriel corrió a la casa. No entiendo como puede saber lo que haré lo que pienso, lo que quiero y haberme hecho esto...

Mi garganta estaba cerrada con todas las lágrimas que quería derramar. Lagrimas de tristeza, de coraje, de traición... y ni siquiera eso podía describir lo que sentía.

Aceleré queriendo dejar todo este maldito día tan nefasto, arrepintiéndome en cada minuto haber aceptado venir. Frené justo al lado de ella y abrí la puerta para que se subiera, no podía hablarle sin estar seguro de que rompería a llorar.

Ella dudó en subirse. ¿Acaso pensaba que la dejaría abandonada?. ¿Tan poco creía que la quería?. Esperé a que Gabriel saliese de la casa. El silencio en el auto era sofocante, incómodo como nunca.

-Franco llevará a Marypaz-dijo el puto portugués y arranqué con fuerza.

Manejé desesperado por llegar a la casa, tratando de mantener mi concentración en la vía. Marié roncando... ella solo roncaba cuando se drogaba. A medida que la rabia se apartaba momentáneamente de mi organismo pude recordar algunas cosas, estaba seguro de no haberme acostado con ella, de hecho recordaba haberla visto desnudarse delante de mí y haberla empujado con fuerza para alejarla. En el segundo intento que dio, estaba fuera de mí y la estampé contra la pared, su cabeza rebotando contra el muro.

Arrugué el ceño asqueado por mi propio comportamiento. La violencia que nacía en mí cuando me drogaba fue lo que me hizo dejar de hacerlo. Un día desperté con las manos ensangrentadas, mi ropa sucia y rasgada y sin un recuerdo del día anterior. Temí por muchas horas que hubiese lastimado a alguien, hasta que Marié me confirmó, como si fuese una gracia, que tuve una pelea salvaje con un tipo que dejé inconsciente y a quien seguí golpeando hasta que las fuerzas me fallaron.

El temor de que pude haberlo matado y ni siquiera recordarlo fue lo que me hizo dejar de consumir. Y el recuerdo de estar empujando a Marié contra la pared y su gesto de dolor y sorpresa cuando se golpeó la cabeza me produjo una arcada seca.

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