La noche de bodas de Linda Ye había llegado finalmente.
La recién casada se encontraba sentada sobre la enorme cama dentro de la mansión de la familia Bo, sintiendo una gran timidez, y apretando sus manos con fuerza. Ella acababa de tomar una ducha y estaba usando nada más que un camisón largo de seda costosa. Se podía notar, gracias a su comportamiento, que estaba extremadamente nerviosa.
Cecil Bo era el hombre con quien tuvo que casarse, la chica había estado enamorada de aquel hombre durante diez años, pero ese era un secreto que prefería guardarse.
Él era un famoso magnate de los negocios y, además, el líder del Bo Group.
Debido a eso, aquella boda era el único tema de conversación en la ciudad de Los City para el momento.
Sin embargo, la única persona que tenía pleno conocimiento de que ese hecho no era tan hermoso y perfecto como parecía, era la nueva esposa del hombre de negocios.
Pues, la verdad era que ella no se trataba de la mujer que Cecil quería, sino, tan solo una sustituta de la verdadera novia. Esa mujer, mientras fingía ser otra persona, se encargó de intercambiar los anillos de boda junto al hombre en el altar, de lo cual habían sido testigos innumerables celebridades.
Pero, obviamente, ella había estado más que dispuesta a llevar a cabo dicho engaño.
En ese momento, escuchó el sonido de pasos acercándose, aparentemente, hacia la habitación donde se encontraba, al escucharlos, Linda apretó más fuerte sus puños, tanto, que se clavó las uñas en las palmas de las manos, pese a ello, la magnitud de la ansiedad que sentía era tan grande que ni siquiera fue capaz de sentir el dolor.
Entonces, su nuevo esposo hizo acto de presencia en la puerta.
Este se dirigió a ella, mientras se tambaleaba de un lado al otro, daba la impresión de haber bebido demasiado.
Al acercarse más a ella, el olor a alcohol y su propio aroma se mezclaron, inundando las foses nasales de la mujer, despertando así, cada uno de sus sentidos.
Linda tuvo que contener un poco su respiración, ante el pensamiento de lo que estaba a punto de suceder.
En ese momento, con una tonta sonrisa dibujada en sus labios, Cecil levantó la barbilla de su esposa, con uno de sus largos dedos, y dijo: "Leona, ya somos marido y mujer".
Leona Ye era, nada más y nada menos, la hermana gemela menor de Linda.
La chica se había escapado de su casa tres días antes, dejando tan solo una nota en su habitación, la cual decía: "Papá, mamá, ¡realmente lo siento! Yo, simplemente, no puedo casarme con Cecil".
No hay necesidad de decir que sus padres no esperaban, en lo absoluto, que su hija fuera capaz de hacer tal escándalo a nada más que tres días de su boda. Los mayores se encontraron entre la espada y la pared, sin saber qué hacer o a quién acudir, puesto que, más allá de todo, lo menos que querían era hacer enojar a la familia Bo. Por ello, temiendo que pudiera descubrirse la fuga de Leona, la familia Ye envió a varias personas en su búsqueda, de manera discreta.
Debido a aquel momento tan crítico, Linda decidió ofrecerse como voluntaria para casarse con Cecil, en lugar de su hermana, y así poder seguir lidiando con la situación, silenciosamente.
Por otro lado, sus padre parecían haber envejecido de la noche a la mañana, gracias al escape de su hija menor, entonces, al escuchar la propuesta de la mayor, dudaron un poco en hacerlo pero, después de analizar el parecido entre las dos, finalmente accedieron.
Ahora, mientras estaba sentada sobre la cama, escuchando la voz del magnate en su oído, tan ronca y encantadora, Linda bajó un poco su cabeza, sintiéndose culpable.
Ella había estado enamorada perdidamente de aquel hombre, durante muchos años.
No obstante, ella, en realidad, no era la mujer que él amaba. En consecuencia, ella no tenía ni la más mínima idea de cómo hablar con él, y tampoco estaba familiarizada con la manera en que su hermana se comunicaba con él.
La chica sintió que lo único que podría cubrir su pánico, así como la inquietud que sentía por dentro, tan solo era el silencio.
Sin embargo, como para aumentar su preocupación, el hombre de negocios se puso alerta de inmediato, y preguntó: "¿Qué pasa? ¿Acaso no estás feliz?".
"Sí, lo estoy".
La recién casada respondió, asintiendo rápidamente con la cabeza.
Al finalizar sus escasas palabras, Cecil rio y su mirada se suavizó de nuevo.
Gracias a esa sonrisa, Linda pudo notar que el hombre realmente amaba a Leona con todo su ser y que, por ello, estaba extasiado por su matrimonio, lo que logró aumentar su sentimiento de culpa.
Con su cabeza hecha un desastre, la gemela mayor sintió, inconscientemente, que Cecil se acercaba más y más a ella, dando como resultado, el hecho de ser la primera vez que estaba tan cerca de su amado de hacía tantos años. Hasta ese momento, aquel hecho había sucedido simplemente en sus sueños, por lo que su corazón comenzó a latir tan fuerte y rápido como un redoble de tambores.
El magnate, entonces, la rodeó con sus brazos, mientras se dibujaba una sonrisa de satisfacción en sus labios, no obstante, cuando sus ojos se posaron sobre la oreja de su esposa, la felicidad que se había apoderado de su rostro se esfumó, dejando una sombra fría y oscura en él, lo que ocasionó que, al hablar nuevamente, su voz saliera en un tono áspero y distante.
Sin apartar su vista del lunar en la oreja de la chica, él exclamó, firmemente: "¡Tú no eres Leona!".
Tras escuchar aquellas palabras, el miedo de Linda se intensificó.
No tenía idea de cómo pudo ser descubierta tan rápido. 'Mierda, no puede ser.
¿Será el fin de la familia Ye?', pensó ella. De manera inconsciente, soltó la camisa de su nuevo esposo y agarró, velozmente, la sábana que se encontraba debajo de ella.
Luego, tan solo apartó su mirada, sin emitir palabra alguna.
Mirando fijamente a la mujer que se encontraba frente a él, Cecil notó que, en realidad, parecía ser una viva imagen de su amada Leona. Luego de ello, retiró sus brazos y la sostuvo por la barbilla con fuerza. Los ojos del hombre se entrecerraron un poco, lo que lo hacía lucir salvaje y amenazador, entonces, preguntó con total frialdad: "¿Quién eres tú?".
Linda se sintió absolutamente avergonzada, al verse expuesta tan de repente.
Además, la verdad era que no estaba para nada preparada para afrontar tal situación, por lo que no sabía si debía admitir que no era Leona.
Si el magnate llegara a tener conocimiento de que había sido engañado por la familia Ye, ¿qué clase de castigo caería sobre todos ellos?
La chica continuaba pensando en todo eso, mientras que su nuevo esposo apretaba más y más fuerte su barbilla, casi como queriendo destrozarla. Impaciente, mirándola con ferocidad, él exigió: "¡Respóndeme de una vez!".
Notando la mirada asesina en los ojos del hombre, la gemela mayor finalmente habló: "Se-Señor... Señor Bo, yo soy la hermana mayor de Leona. Mi nombre es Linda Ye", balbuceó la chica, apenas siendo capaz de hablar.
Finalmente, Cecil la soltó y extendió la mano para pellizcar el espacio que había entre sus cejas. Su voz seguía siendo fría, cuando preguntó: "¿Dónde está Leona?".
Inconscientemente, la chica se llevó las rodillas al pecho y cruzó los brazos alrededor de estas, lucía como una presa acorralada. Al cabo de una respiración profunda, observó al hombre atractivo frente a ella, y susurró: "Ella... Escapó de casa".
"¿Por qué hizo algo así?", preguntó él.
"No lo sé", respondió ella.
La recién casada no quería mencionar la nota que su hermana había dejado, ni quería decirle lo que estaba escrito en ella, más bien, no se atrevía a contárselo.
De repente, el magnate tomó asiento en el sillón de la habitación, sacó un cigarrillo de su bolsillo y lo encendió. Envuelto en el humo, observó a la mujer en la cama y dijo en un tono dominante: "¿Quién te dijo que podías tener la valentía para hacerte pasar por ella y, además, casarte conmigo?".
Al escuchar su pregunta, la gemela mayor tragó saliva, sin saber qué decir a continuación, al tiempo que apretaba los puños con fuerza, una vez más.
Pese a desear con todo su ser poder escapar de aquella habitación en ese mismo instante, no tenía más opción que enfrentar a su supuesto esposo.
Luego de reunir todo el valor que pudo, comenzó a hablar en un tono suave, pero firme, para darle una explicación al hombre: "Señor Bo, la ciudad entera de Los City sabía perfectamente de la unión en matrimonio por parte de nuestras familias y, aunque la novia realmente es mi hermana Leona, yo también pertenezco a la familia Ye. Lo que quiere decir que la conexión entre ambas familias sigue intacta y, por ende, usted está en la obligación de ayudar a mi familia a superar la crisis, de acuerdo a las condiciones ya establecidas. De no ser así, y la verdad acerca del matrimonio llegara a salir a la luz pública, tanto su familia, como la mía, perderán el respeto que tienen hasta ahora. Tan solo imagínese, si el titular de todos los diarios dijera: "La prometida del señor Bo escapó de su propia boda". De ser así, nuestras familias se convertirían, entonces, en el hazmerreír de la ciudad entera".
Linda estaba plenamente consciente de que aquellas palabras eran simplemente una apuesta para ver si, con suerte, podría convencer a Cecil de que continuara salvando al Ye Group.
No obstante, el hombre se mantuvo en completo silencio tras las palabras de su nueva esposa.
No hubo ni un solo bufido, sarcasmo o burla.
En su lugar, siguió aspirando lentamente su cigarrillo, mientras miraba a aquella extraña mujer sobre la cama.
Bajo su mirada penetrante, la chica se sintió tan incómoda, que apenas pudo seguir manteniendo el contacto visual. Justo en el momento en que estaba por apartar su mirada, el magnate le preguntó: "Entonces, ¿estás dispuesta a ser la esposa un hombre que jamás en tu vida habías visto, tan solo por el bien del Ye Group?".
Aturdida ante su pregunta, la mujer apretó aún más fuerte sus puños sobre la sábana de la cama.
¡No, eso no era así!
La realidad era que ella lo había visto por primera vez cuando apenas era una niña de siete años. Desde aquel momento, ella se enamoró de él, es por eso que estuvo dispuesta a ser su esposa.
La principal razón para ofrecerse a ocupar el lugar de su hermana no había sido otra que esa.
Sin embargo, sabía perfectamente que, de revelarle la verdad al hombre, tan solo daría como resultado empeorar las cosas.
Intentando ser muy cuidadosa en lo que debería decir a continuación, ella lo miró por un momento y, finalmente, habló: "Mis padres dedicaron la mitad de sus vidas a la construcción del Ye Group, pero, si el matrimonio entre nuestras familias llegase a fracasar, todo su esfuerzo podría ser destruido en tan solo un segundo. Por ello, no puedo simplemente sentarme y ver cómo sucede".
Al escucharla, Cecil resopló. "¿Entonces, es eso? ¿Lo que me estás diciendo es que yo debería aceptar el engaño de tu familia sin más?".
Hizo esa pregunta en tono de burla.
Luego de escuchar la pregunta, Linda lo miró rápidamente, entonces, logró armarse de valor, y dijo: "Si usted ayuda a mi familia a superar la crisis en la que se encuentra, la influencia del Bo Group en Los City también aumentará, indudablemente. Y, en el momento en que Leona regrese, yo podré cambiar de lugar con ella, después de todo, ella aún es su esposa legítima".
Al escuchar las palabras de la chica, Cecil entrecerró los ojos, pensando, mientras sostenía el cigarrillo entre sus labios. En su rostro no había ni una arruga, por más mínima que fuese, que pudiese delatar lo que pasaba por su mente.
La gemela mayor lo miró directamente a los ojos solo por un momento, pues, la intensidad de la mirada del hombre, la impactó, por lo que, rápidamente, volvió a bajar la cabeza.
El magnate se terminó su cigarrillo, con total tranquilidad y, finalmente, dijo con su voz ronca: "¿Acaso te doy la impresión de ser un hombre que puede dejarse manipular e esa manera?".
Al instante, la chica negó con la cabeza, diciendo: "Haré cualquier cosa por ti, siempre y cuando no expongas este secreto".
"¿De verdad?", preguntó él.
En se momento, Linda levantó la cabeza, con lentitud, y lo miró a los ojos para responder: "Sí, de verdad".
"¿Y qué es lo que podrías hacer?", inquirió él, burlándose. Por su tono de voz, se podía decir que le daba completamente igual, no obstante, su mirada expresaba curiosidad.
"Puedo cocinar y limpiar para usted", dijo ella.
"Podrás notar que ya hay muchos sirvientes aquí, claro, si no eres ciega", espetó Cecil, sin expresión alguna en su rostro.
Al escucharlo, la mujer se quedó sin palabras.
Ella realmente no sabía qué más podía decir.
Tras un largo y pesado silencio, el magnate, finalmente, expresó dos simples palabras: "Ven aquí".
La recién casada estaba un poco aturdida por esas palabras pero, aun así, se levantó de la cama y, lentamente, caminó hacia su esposo. El hombre al cual se acercaba era aquel al que ella había amado durante muchos años, por ello, mientras más se acercaba a él, su nerviosismo aumentaba, cada paso parecía interminable.
Entonces, al fin, se detuvo frente a él, e indagó: "Señor Bo, ¿qué sucede?".
"No estaba al tanto de que la familia Ye tuviera dos hijas", indicó él, para luego, reclinarse en el sillón e inclinar su barbilla hacia la chica.
"Cuando solo tenía siete años, me perdí, entonces, una pareja me llevó a su casa, y fueron ellos quienes me criaron. Fue recientemente cuando, al fin, pude reunirme con mi verdadera familia, así que no mucha gente sabe de eso", explicó Linda, haciendo todo lo posible por no mover sus dedos, y no delatar así su nerviosismo.
Al escucharla, Cecil levantó una ceja, interrogando: "¿Y por qué ellos no anunciaron tu verdadera identidad cuando regresaste?".
La chica no supo qué decir.
¿Cómo podría ella responder aquella pregunta? Leona había sido la única hija de la familia Ye y, por lo tanto, la niña de sus ojos, durante unos largos quince años, es por eso, que no pudo soportar el hecho de tener una hermana gemela. ¿Linda sería capaz de decirle la verdad al hombre?
Sin embargo, después de todo, se mantuvo en silencio absoluto.
Al notar la expresión en rostro de la chica, el magnate bromeó diciendo: "Tal parece que la hija mayor de la familia Ye tuvo dificultades al regresar a casa".
Ella tampoco respondió eso.
El hombre se perdió en sus pensamientos, al tiempo que encendía otro cigarrillo. Tras dar una profunda calada, sopló un aro de humo directamente al rostro de la chica frente a él. De inmediato, Linda tosió, sin poder evitarlo. No obstante, al notar lo silenciosa que estaba la habitación, moderó un poco el sonido.
Repentinamente, el comportamiento de la mujer despertó el interés del recién casado.
Rápidamente, se levantó del sillón y, con la mano con la que sostenía el cigarrillo, levantó la barbilla de la otra. "¿Linda?", sopesó él.
Sin entender lo que él quería decir, ella respondió con un suave: "¿Uhm?".
"Ya que estás dispuesta a ser mi esposa, ¿eso quiere decir que también harás lo que sea que mi esposa necesitaría hacer?", interrogó él, mientras sus ojos parecían atravesar la piel de la chica.
Linda ya era una mujer de veinticuatro años, así que, ella sabía perfectamente lo que él quería decir.
Sus ojos se posaron en la mano que le sostenía la barbilla, luego, la retiró con calma, y le quitó el cigarrillo, entonces, se dio la vuelta y lo apagó en el cenicero.
Al girarse de nuevo hacia el hombre, se inclinó y, poco a poco, se acercó a su rostro, como si quisiera besarlo.
Sin embargo, cuando sus labios estuvieron a tan solo un centímetro de distancia de los de Cecil, se detuvo, repentinamente.
Seguía faltándole reunir un poco más de valor, especialmente, después de notar la mirada lujuriosa del magnate. Se quedó sin aliento por completo al ver eso.
La chica quería retroceder pero, antes de que pudiera hacer algún movimiento, el hombre la sostuvo por la cintura, apretando su cuerpo contra el de ella, para preguntarle: "¿Qué pasa? ¿Por qué no continúas?".
"Yo... No puedo hacerlo", respondió ella.
"¡Buff!".
Bufándose, Cecil apretó a la chica con tanta fuerza, que daba la impresión de querer romperle los huesos. En ese momento, Linda se mordió el labio con fuerza, pero no emitió sonido alguno.