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No Más Mentiras

No Más Mentiras

Autor: : Dimas Favela
Género: Romance
"Su hermana se escapó de la boda, ella no tuvo más remedio que casarse con su cuñado. Él la torturó para desahogar su ira y sentirse mejor. Había tratado de liberarla, pero descubrió que no podía vivir sin ella. Ambos estaban sufriendo por ese amor, pero ninguno quería deshacerse de él. "Te encarcelaré en mi corazón, así es cómo muestro mi amor""

Capítulo 1 La droga

En el interior de un hotel lujoso en plena ciudad de Nueva York

Una señorita miraba sonriente a un hombre que se encontraba recostado sobre una cama.

'¿Cómo puede ser tan encantador?', pensó ella. La primera vez que lo vio se le hizo imposible controlar su deseo.

Finalmente, el hombre rompió el silencio con aquella atractiva voz: "Me voy a dormir, Mary".

A pesar de que escuchar su voz la tentaba aún más, él le estaba pidiendo que se fuera.

"¿Sí?", devolvió ella. La muchacha tenía rasgos orientales. Sin embargo, como había crecido en los Estados Unidos, su mentalidad y comportamiento era más bien occidental.

Tras ponerse de pie, se dirigió hacia él con paso lento. "Yo también tengo un poco de sueño", ronroneó, mirándolo con ojos seductores. De repente, se bajó las tiras de los hombros.

Bryan Li le echó un vistazo a la mujer que tenía sentada sobre su regazo. "No eres mi tipo, Mary", explicó.

El hombre frunció el ceño, a la par que apretaba los puños.

"Pero tú sí eres mi tipo", contradijo ella.

"Lo siento, pero no puedo darte lo que quieres". La ira se reflejaba en sus ojos mientras trataba de apartarla de él.

No obstante, la mujer se arrojó en los brazos del hombre, y se aferró con fuerza al cuello de este. "No quiero otra cosa que no seas tú", replicó ella.

"¿Qué te crees que soy?", cuestionó ya enfurecido.

"¡Creo que eres un hombre! ¿O no?".

Con la furia brotando por sus poros, Bryan la lanzó a la cama y espetó: "Voy a dejar pasar esto porque eres la hija de mi profesor. Pero te lo advierto por última vez, no pongas a prueba mi paciencia. No tengo intención alguna de tocarte".

Por otro lado, la muchacha no parecía estar enojada en lo absoluto. De hecho, tan pronto como se puso de pie, buscó la mano de Bryan y la guio hacia el cuello abierto de su prenda de vestir.

"¿Tan solo una noche, por favor?", pidió Mary en tono coqueto.

Tras apartar su mano, Bryan le propinó una bofetada.

"¿Cómo puede ser que mi profesor haya tenido una hija tan terrible como tú? ¡Vete!", bramó. Al parecer, como se había contenido por un largo rato, ahora tenía un semblante cruel. Incluso sus ojos estaban rojos.

A Mary ni se le había cruzado por la cabeza la posibilidad de recibir un golpe. Ante tal situación, tuvo que rendirse y abandonar la habitación.

En la enorme suite solo había quedado Bryan, que terminó por echarse en la cama.

"Hola... Ethel... Mary me drogó... Ven aquí ahora...".

Esa noche, Madeline Luo había bebido más de la cuenta. No solía beber alcohol, pero hoy era una ocasión especial.

Estaba a punto de regresar a su tierra natal.

Se había pasado los últimos cinco años estudiando y trabajando duro en los Estados Unidos. Había tenido muchísimos trabajos a tiempo parcial y había sufrido innumerables dificultades... Todo para poder vivir ese día.

Volvía a casa para encontrarse con el hombre que más amaba, Rory Fu, a quien había extrañado durante todo ese tiempo.

En ese momento, Madeline se encontraba en el hotel donde había trabajado ese último año, ya que sus colegas le habían organizado una fiesta de despedida.

"Ya me tengo que ir. Muchísimas gracias a todos. ¡Adiós! ¡Espero poder verlos de nuevo algún día!", exclamó.

Sus compañeros de trabajo la ayudaron a poder salir de la fiesta.

"El gerente quería recompensarte por tu arduo trabajo, así que reservó para ti una de las lujosas suites de los pisos superiores. ¡Que la disfrutes!", indicó una de sus compañeras.

El gesto le había provocado tal sorpresa, que en su rostro asomó una sonrisa radiante. Se le formaron dos adorables hoyuelos en las mejillas sonrosadas.

"He trabajado aquí durante un año atendiendo huéspedes importantísimos... ¿Está bien si me quedo hoy en una suite?", preguntó la muchacha.

"¡Por supuesto que sí! Aquí tienes la tarjeta de la habitación. Es la mil seiscientos diecinueve". Su compañera, que ya estaba borracha, agitaba la tarjeta frente a ella.

"Dale las gracias al gerente de mi parte, por favor. ¡Dios, estoy tan emocionada!", exclamó Madeline, agradecida.

Dos de sus compañeros de trabajo la ayudaron a llegar a la lujosa suite y, antes de que pudieran irse, les dio un beso y un abrazo a cada uno.

Una vez dentro de la habitación, optó por no encender la luz. Amaba la noche, en especial cuando podía mirar el panorama de la ciudad desde un piso tan alto. El brillante resplandor del denso tráfico de la calle la tenía hipnotizada.

No podía recordar la cantidad de noches que, sentada frente a la ventana, se había quedado mirando en dirección a su tierra natal. El tiempo sí que pasaba volando, y ya había estado en los Estados Unidos por media década. Sin embargo, por fin podía irse a casa.

El brillo de la luna alumbró una copa llena de vino tinto.

Como no quería decepcionar a sus compañeros, decidió que debía emborracharse completamente para celebrar y darle la bienvenida a su nueva vida.

Para ese entonces ya estaba ebria de pies a cabeza, pero no soltaba la copa ni dejaba de beber de ella.

Sentada sola frente a la ventana, miró el hermoso cielo nocturno con una sonrisa en la cara.

"¿Por qué se mueve el cielo? ¡Oh, no, todo el edificio se está moviendo!", chilló.

Apoyó su suave frente en la copa. La sonrisa que llevaba en su cara era la más radiante que había tenido en el tiempo que llevaba en los Estados Unidos.

"Por fin estoy ebria".

¡Finalmente se había atrevido a emborracharse!

Se dirigió al dormitorio y se acostó.

La feromona de una mujer se hizo paso hacia la nariz de Bryan. En él, el efecto del éxtasis ya estaba casi en su grado máximo. Tenía el rostro morado y la vista borrosa.

Tomó a la chica con suavidad entre sus brazos. Los cálidos labios le temblaban, buscando con ansias el otro par de labios que se escondían bajo la oscuridad de la noche. Finalmente consiguió besar aquellos labios suaves y húmedos que a ella le pertenecían.

En un principio, como Madeline aún estaba consciente, trató de resistirse. Sin embargo, unos momentos más tarde, su cuerpo se tornó flácido y terminó por rendirse ante el hombre. No obstante, ella no sabía si se trataba tan solo de un sueño húmedo.

Para este momento, la lujuria que corría por las venas de Bryan estaba en el punto más alto. La droga lo había hecho perder el control de su mente y ahora se asemejaba a una bestia salvaje en celo, que se deleitaba con la sensualidad de la mujer que reposaba bajo su cuerpo.

A la mañana siguiente, al despertar, Madeline sintió todo el cuerpo adolorido.

Sin embargo, lo siguiente que vio la dejó aturdida.

¡Había un hombre atractivo acostado a su lado! ¡Y ella estaba desnuda!

Capítulo 2 Regreso a la patria

La mente de Madeline se quedó en blanco, mientras su rostro palidecía. Lo único que quería hacer en ese momento era desmayarse, sin embargo, sabía que había otras cosas de las que debía ocuparse, por lo que con gran rapidez, se vistió y salió de la habitación sigilosamente.

Pero al mismo tiempo que lo hacía, una tarjeta se salió de su bolsillo.

En ella podía leerse claramente el número de la habitación.

Las palabras de su compañera de trabajo resonaron en su mente, a la vez que los recuerdos de lo sucedido la noche anterior volvían súbitamente a su memoria.

Entonces, rápidamente miró hacia la puerta que se encontraba a sus espaldas, casi perdiendo el equilibrio al darse cuenta del número de habitación.

¡Mil seiscientos dieciocho!

Se había metido a la habitación equivocada. Dado que era una de las empleadas responsables de las habitaciones VIP del hotel, tenía en su poder una tarjeta que abría cualquier habitación del lugar.

"Madeline, ¿qué haces ahí parada?", una de sus compañeras se acercó y comenzó a cuestionarla.

Ella frunció los labios forzando una sonrisa mientras sonreía al responder: "Nada".

"Estás muy pálida, ¿estás enferma?", le preguntó al mismo tiempo que trataba de sentir su temperatura.

Madeline se limitó a negar con la cabeza. "Estoy bien. Quizás bebí demasiado ayer".

"¿Quieres que te acompañe a tu habitación para que descanses un poco?".

"No gracias. Mi vuelo sale al mediodía".

"¿Cómo te sentiste al dormir en la suite?", preguntó con gran envidia.

"Creo que fue una experiencia agradable". Madeline no pudo decir nada más al respecto.

Durante el vuelo de regreso a casa, estuvo de muy mal humor.

Toda la emoción que anteriormente había sentido se disipó al encontrarse de vuelta.

Además, no pudo evitar reprenderse a sí misma, pues estaba convencida de que no debió haber bebido tanto el día anterior. Además, debió haber puesto más atención al ver el número de habitación antes de entrar, o al menos debió haber prendido la luz antes de introducirse al lugar.

La amabilidad de sus compañeros del trabajo la llevó a cometer un error irreversible.

Ella era la única culpable de lo sucedido.

Quizás debido a que había estado conteniendo sus emociones por mucho tiempo, las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos una por una.

Había vivido muchas cosas a lo largo de su vida, no obstante, nunca se había sentido tan desesperada. Las paredes que Rory había construido alrededor de su corazón con la intención de protegerla fallaron en su propósito.

En ese momento, no tenía fuerzas suficientes.

Era como si cada uno de esos muros se hubiera derrumbado totalmente.

¿Cómo podría mirarlo de frente ante lo sucedido? ¡Él la había estado esperando durante cinco largos años!

Desafortunadamente, sin importar la enorme vergüenza que la agobiaba, tenía que volver a casa. A pesar de todo, ella deseaba ver a Rory alcanzar sus sueños y vivir una vida plena.

Rápidamente el avión aterrizó en Spring City en China.

"¡Estás de vuelta!".

"¿Por qué tardaste tanto? Te hemos estado esperando por mucho tiempo".

Las personas que aguardaban eran su madrastra Emilee Qin y su media hermana Helen Luo.

Madeline no supo qué responder. Por principio, ni siquiera entendía por qué habían decidido ir a recogerla al aeropuerto.

Por lo tanto, simplemente asintió antes de brindarles una tímida sonrisa. "Bien...".

La mujer no disfrutaba en absoluto de su compañía.

A continuación, se subieron a un Mercedes con la intención de volver a casa, a la vez que el silencio se hacía presente a su alrededor.

Después de un rato, llegaron a una lujosa villa que se encontraba de camino hacia la cima de una montaña. Pero Madeline de pronto sintió que no formaba parte de esa familia, pues sentía que ninguna parte de su cuerpo era digna de serlo. Vestía una playera que había encontrado en su clóset, unos pantalones de mezclilla deslavados y unos zapatos cuyas suelas estaban ya muy desgastadas. Ni siquiera tenía dinero para comprar joyería sencilla.

La mujer parecía proceder de los barrios más marginales de los Estados Unidos y sin embargo, aquella era su casa.

Había nacido en el seno de una familia adinerada y durante un tiempo fue el centro de su atención. No obstante, su situación cambió de forma considerable al cumplir tan solo seis años de vida. Su padre trajo a una nueva mujer a casa y en un abrir y cerrar de ojos aquellos buenos tiempos quedaron atrás.

"Por fin ha vuelto, señorita Madeline", una mujer de mediana edad la saludó con lágrimas en los ojos.

La joven entrecerró la mirada mientras intentaba reconocer a tan conmovida mujer. "¡Nia! Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te vi. ¿Cómo estás?".

"¿Estoy bien y usted?".

"¿Acaso estás en un funeral? ¿Por qué estás llorando de esa manera?", Helen interrumpió disgustada.

Nia inmediatamente limpió las lágrimas de su rostro y se dispuso a ayudarle a Madeline con su equipaje.

En tal caso, la joven tomó su brazo suavemente al mismo tiempo que le decía: "He vuelto, Nia".

La mujer madura le sonrió antes de continuar con su tarea.

Esta inmediatamente se dirigió a su habitación a descansar un poco. Hacía cinco años que se había marchado y sin embargo, las cosas seguían igual en ese lugar. Nia se encargó de limpiar un poco su habitación y de cambiar las sábanas de su cama. Luego de despedirse, la joven se refrescó un poco en el baño y se puso ropa cómoda.

Entonces, se sentó sobre la cama y comenzó a tocar la suavidad de la seda. A pesar de que había estado fuera durante tanto tiempo, su habitación seguía brindándole consuelo.

Dado que no vio a su padre por ningún lado, le preguntó a Emilee su ubicación. Así se enteró de que se encontraba en un viaje de negocios.

La atmósfera del lugar se tornó incómoda debido a que Madeline no había visto a esas personas durante cinco años, lo cual le causó un inexplicable nerviosismo.

El ambiente durante la cena fue igualmente incómodo, pues el único sonido que se escuchaba en el lugar era el de los cubiertos. Nadie parecía estar dispuesto hablar.

Una vez que la cena concluyó, Emilee la llamó al estudio.

"¿Todavía me odias?", le preguntó de pronto, pues no tenía intención de seguir actuando con tanto cuidado a su alrededor.

"Quisiera ver a Rory", Madeline respondió ignorando su pregunta.

"Voy a dejar que lo veas, no obstante, tienes que prometerme algo", le propuso.

La joven no tuvo más remedio que mirar a la hermosa pero intimidante mujer que se encontraba frente a ella. "Dijiste que si me quedaba en Estados Unidos por cinco años nos dejarías estar juntos, ¿no es así?".

Esa mujer había sido la causante de que hubiera tenido que marcharse a la temprana edad de dieciséis años, totalmente sola. La había obligado a hacerlo usando a Rory para amenazarla.

Emilee sonrió. "Él terminó sus estudios universitarios sin problema. Ahora debemos llamarlo 'doctor Fu'. ¿No te alegra saberlo?".

Madeline la miró boquiabierta. "¿En verdad? ¿Obtuvo el título?".

Su madrastra asintió. "¿Acaso piensas que te mentiría?".

"Entonces, ¿qué es lo que deseas?", preguntó con cautela.

Ya había perdido muchas cosas en su vida. Se había mantenido alejada de Rory durante cinco años y tampoco tuvo oportunidad de estudiar una carrera universitaria. Pero ya era una mujer adulta y no volvería a repetir el mismo error de antes.

"Quiero que me trates como si realmente fueras mi hija. A partir de ahora, quiero que me llames mamá". Su voz irradiaba sinceridad.

Las palabras de Emilee la tomaron por sorpresa.

"¿Qué fue lo que dijiste? ¿Acaso no eras tú quién sentía un enorme odio por mí?". La joven frunció el ceño confundida.

"Eso fue antes. La opinión que tenía de ti ha cambiado. Sé que lo que te pido no es fácil, sin embargo, no te haré ninguna otra petición. Lo único que quiero es que me muestres respecto frente a los demás y me llames mamá. Te daré un poco de tiempo para pensarlo. Cuando hayas tomado una decisión, ven a buscarme".

Sin esperar su respuesta, Emilee abrió la puerta e inmediatamente salió del estudio.

Madeline estuvo pensando durante un buen rato. Sin embargo, en su opinión, había algo bastante inusual en la actitud de su madrastra.

Actualmente, se había convertido en la anfitriona de la familia Luo, pues los ancianos ya habían muerto. Madeline estuvo lejos durante cinco años, en los cuales nunca vio a su padre, ya que ambos se conformaban con poder hablar por teléfono esporádicamente. Emilee logró distanciarla exitosamente de él.

Ahora, ¿qué más podría querer de ella?

Sin importar cuánto analizara la situación, no podía entenderlo.

Esa noche se dirigió a la habitación de la mujer, quien le pidió que al día siguiente se vistiera de forma presentable, a lo cual accedió.

Pues asistirían a una fiesta y, así, Madeline finalmente descubriría lo que quería de ella.

¡Su nombre, su ser y su vida entera!

Capítulo 3 Una elección dolorosa

Dada su condición social, asistir a una cena como aquella debería haber sido pan comido para Madeline. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. La joven había dejado su país a la edad de dieciséis años para irse al extranjero y no estaba acostumbrada a ese tipo de actos, ya que la ponían de los nervios.

Era la primera vez que lucía un vestido tan caro y elegante. Le encantaba el tacto de su tela suave y sedosa, cuidadosamente trabajada con finos bordados que dejaban al descubierto algunas partes de su cuerpo.

"Esta es Madeline, mi hija mayor".

Emilee la tomó de la mano para presentarle al hombre que se encontraba frente a ellas. Acarició suavemente a su hija y sonrió, "Este es el señor Li".

Emilee se mostraba cariñosa y amable con ella, como lo haría una verdadera madre.

"Hola señor Li", dijo en voz baja.

Aquel no parecía un hombre mayor sino más bien todo lo contrario, sus canas no casaban con su rostro juvenil.

"No sabía que tenías otra hija. Lamento mucho estar tan mal informado". Miró a Madeline y seguidamente devolvió la atención a su madre.

Emilee respondió con una sonrisa: "Se encontraba estudiando en el extranjero y justo regresó ayer".

El hombre la miró de arriba abajo, con descaro y sin ningún tipo de disimulo.

La fiesta se veía divertida y refinada, con una amplia y exquisita selección de comida occidental y amenizada con guapos y estilizados bailarines y bailarinas.

"Señorita Luo, ¿le gustaría bailar conmigo?".

"Disculpe, pero no sé bailar".

"¡Qué excusa más tonta!".

"De verdad que lo lamento, pero no sé bailar".

Madeline inclinó la cabeza y se retiró rápidamente hacia el extremo opuesto del salón.

Luego lanzó un suspiro de alivio al ver que nadie más pretendía acercarse a ella.

¿Tan bonita estaba esa noche? ¿Por qué esos hombres se acercaban a ella?

"Estarás orgullosa", dijo una voz a su espalda que le resultó familiar. Helen apareció ante ella.

"¿A qué te refieres, Helen?", replicó confundida, frunciendo el ceño.

"Eres el centro de atención de toda la fiesta", dijo con desprecio.

Madeline negó con la cabeza y respondió: "Pues no es para nada mi intención".

"¿Es esa tu manera de mantener las distancias con la gente?", resopló su hermana con rabia.

"Yo no quería venir, y lo sabes", respondió Madeline.

Helen se le acercó con desdén y le susurró al oído: "No me vengas con esas, bonita. Tu apellido Luo no me impresiona para nada, nunca serás más que yo porque aquí la única verdadera Srta. Luo soy yo".

Y dicho esto, se fue sin esperar respuesta.

Madeline siguió a Helen con la mirada mientras se alejaba, y suspiró profundamente.

Echó un vistazo a su escote y descubrió en su interior la marca de un chupón.

Por un instante cruzó por su mente el recuerdo de la embriagadora noche que había pasado con ese hombre.

Volvió a sentir la fuerza y firmeza de sus brazos agarrando su cuerpo. Aún permanecía en su corazón el incesante intercambio de jadeos y excitación que vivieron esa noche.

Mientras tanto en el edificio de Li Group

El timbre del teléfono se escuchó por toda la oficina.

Él levantó la cabeza y lo descolgó para contestar.

"Hola ... Oh, Ethel ... ¿Qué? ¿Que estás en París? ¿Entonces esa noche? Bueno, ya entiendo... Está bien, ¡adiós!".

Tras recibir la llamada, permaneció un largo rato en silencio absorto en sus pensamientos, repasando la conversación que acababa de mantener.

Si no fue con ella, entonces ¿con quién fue?

Su novia acaba de llamarlo desde el extranjero para disculparse por no haber acudido a la cita que tenía con él, ya que al parecer esa noche tenía negocios que atender en París.

Bryan, normalmente un hombre tranquilo y sereno, sintió de pronto una fuerte desazón.

Esa noche Mary le había puesto un afrodisíaco en la bebida, tras lo cual apareció una mujer e hizo el amor con ella locamente. Sin embargo, en ningún momento sospechó que esa mujer no fuera su novia.

¿Quién era ella?

¿Y qué era esa sangre en las sábanas?

Estiró la mano y sacó un colgante del cajón. Bryan no estaba seguro de por qué se quedó con él cuando lo encontró en la cama al día siguiente.

Era un colgante sencillo, un delfín de color azul que, a juzgar por su diseño, debía formar parte de un conjunto de dos. Lo miró con atención y vio que había un nombre grabado.

Maddie, aparecía escrito en cursiva.

Bryan despertó repentinamente de sus pensamientos al escuchar la voz de su secretario Kent Wu: "Jefe, ¡el Sr. Blake fue al hotel con una mujer otra vez!".

"Quiero que lo vigiles".

No pudo evitar suspirar con resignación. Su primo estaba causando demasiados problemas.

Resultó que el señor Li, el hombre a quien Emilee le había presentado a Madeline en la fiesta, era el hombre más rico de Spring City. Su nombre completo era Yosef Li, presidente de Li Group, una de las diez primeras empresas del país.

Su hermana Helen era la prometida de su nieto, Blake Li.

El suyo no era más que un matrimonio de conveniencia entre familias. Madeline se sorprendió al descubrir que Yosef tenía más de setenta años, pues no los aparentaba.

Nia se acercó a ella discretamente para contarle que Blake tenía fama de playboy.

Al escucharlo, no pudo evitar sentir lástima por su hermana, ya que estaba comprometida con él.

Emilee aceptó la invitación para reunirse con Rory al día siguiente. Sin embargo, justo antes de salir, sucedió algo inesperado.

Le llegó la información de que Helen se había acostado con alguien la noche anterior.

La noticia cayó como una bomba sobre Emilee. Estaba tan furiosa que golpeó a Helen hasta decir basta.

Madeline prefería no tomar partido, pero tampoco podía irse, pues quedaría un poco mal.

Una vez se hubo calmado todo, decidió que ahora sí era el momento de irse. Pero se detuvo en seco al escuchar a Emilee decir algo que la dejó completamente helada.

"¿Qué? ¿Que quieres que me case con Blake?", exclamó con incredulidad. "Ni hablar".

Madeline hizo un gesto de rechazo con la mano.

Emilee cambió su tono de voz y decidió hablarle con calma. "No te he contado por qué decidimos prometer a tu hermana con Blake. Y supongo también que crees que tu padre se ha ido de viaje de negocios, ¿verdad?".

Madeline se quedó sin aliento ante esos interrogantes y esperó a que continuara con lo que estaba diciendo.

"Luo Group está envuelto en una demanda y tu padre ha huido al extranjero para eludir responsabilidades. Solo Yosef puede salvar a tu padre y a nuestra empresa. ¿Acaso quieres ver cómo tu padre entra en prisión y cómo se desmorona Luo Group?".

Las fuerzas de la joven flaquearon hasta casi perder el equilibrio.

"No me lo puedo creer", murmuró en voz baja.

"Cuando la familia Li descubra todo lo que ha hecho tu hermana, todo habrá terminado...".

Los ojos de Emilee se llenaron de lágrimas.

"Me da igual, no pienso casarme. ¡Y no voy a cambiar de opinión!", Madeline negó con la cabeza mientras las lágrimas corrían por sus mejillas.

No quería casarse por conveniencia, ella quería casarse con el hombre al que amaba.

Y si no lograba casarse con él, no se casaría con nadie más.

"¿Me estás diciendo que vas a abandonar a tu padre y a Luo Group cuando sabes que tu ayuda puede salvarlos?", dijo Emilee.

"Mi padre me abandonó y Luo Group no me pertenece. ¿Por qué tendría yo que sacrificarme por ellos? Prefiero irme con lo puesto de casa a casarme con ese tipo".

Al ver la determinación en el rostro de su hija, Emilee decidió jugar su última carta. "Rory también está imputado por este asunto", comenzó. "Y ha sido detenido. Puedes ignorar todo lo demás, pero ¿acaso podrás soportar ver a tu salvador pasar el resto de sus días en prisión? Piénsalo bien".

"Lo tenías todo planeado, ¿verdad? No es justo que me pongas en esta situación".

De repente todas las piezas empezaron a encajar claramente. La familia Li quería casar a Blake con una hija de la familia Luo, y Madeline había sido la elegida.

Por eso hubo una reunión entre ellos durante la fiesta.

Ahora veía con claridad lo que representaba ella para su familia. Sin embargo, tenía serias dudas de que fuera algo por lo que alegrarse.

Emilee salió de la habitación para que pudiera pensar a solas. Y sola se quedó en la habitación, o mejor dicho, sola se quedó en el mundo.

Sollozó al pensar y sentir como si la vida le hubiera dado la espalda.

Toda la ilusión por regresar a casa, por comenzar una nueva vida, se había convertido ahora en una pesadilla.

¿Qué se suponía que debía hacer?

Tal vez debería irse y dejar que su padre se ocupara de sus problemas. Al fin y al cabo, la debacle de Luo Group era culpa suya, ¿no? Pero entonces, ¿qué sería de su salvador? No tenía corazón para permitir que pasara el resto de su vida en prisión.

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